22 noviembre 2002

Belgrado, 2001

En Belgrado, en efecto, puede encontrarse información sobre la cuestión clánica albanesa. No es difícil distinguir la propaganda. En general se trata de historias teñidas de un tono truculento, que buscan mostrar la presencia serbia en Kosovo como un rol “civilizador”, que se sumaría a los derechos históricos de Serbia sobre esa provincia hoy habitada mayoritariamente por albaneses.
A pesar del sesgo nacionalista de algunas de esas opiniones que pueden escucharse en la capital de la flamante Serbia y Montenegro (el nuevo nombre de la tercera Yugoslavia) hay versiones académicas que en parte las confirman.

Tal es el caso de la postura de los investigadores franceses Jean Arnault Dérens y Catherine Samary, firmas habituales en las coberturas especiales de Le Monde Diplomatique sobre la cuestión balcánica. Aseguran que el clan no sólo sobrevive en la época actual, sino que es uno de los elementos centrales de la identidad albanesa de Kosovo y del norte de Albania, no así de la zona sur del país, donde las relaciones interpersonales son más flexibles. Los antropólogos, según estos autores franceses, han identificado reglas estables que rigen estas sociedades tradicionales. El individuo se inscribe primero en el fis, un grupo familiar extendido que a la vez se reagrupa en la pleme, o tribu. Son sociedades guerreras, patriarcales, rigurosamente exogámicas (siempre se debe tomar mujer en una tribu separada de la propia) “y funcionan en torno a los valores centrales del honor y la palabra dada”, la besa, que cuando se rompen motivan venganzas de sangre en ese “ciclo infernal de la vendetta”, que los albaneses llaman gjakmarrja. En el siglo XVI un sacerdote católico sistematizó por escrito estas tradiciones en lo que se conoce como el Kanun de Lek Dukagjin.

“Aún hoy el Kanun determina ampliamente la vida de los albaneses de las regiones rurales de Kosovo”, explican Dérens y Samary, al punto que a principios de los noventa el intelectual católico Anton Ceta impulsó una campaña generalizada de “perdones” de los problemas interclánicos para unir a los albanokosovares frente a la represión serbia. Esta postura de la iglesia católica se confirma en los escritos del padre Gian María Polidoro, Delegado General para la presencia franciscana en Albania, quien afirmó en el número de junio de 2000 de la revista de esa orden, que a partir de 1996 "los frailes menores se dedicaron a promover una obra particular: la reconciliación. En Albania rige un código secular que sanciona las venganzas de sangre y alimenta las venganzas personales indefinidas: el Kanun”. Citó el ejemplo del padre Dionisio, un fraile que ha superado los 80 años de edad, quien “en nombre de Cristo realiza la reconciliación de las familias, de aldeas enteras, no sólo entre los católicos sino también entre los cristianos (ortodoxos) y musulmanes".

==Tercera parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 4- Tirana, 1978
* 5- Cumbres malditas
* 6- Sertao, 1910
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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12 julio 2002

Ilegales en su propia isla (I)

La vieja isla de Ayití, hoy está dividida en dos países: Haití y República Dominicana. El ingreso per cápita de los dominicanos cuadruplica al de sus vecinos, lo que hace que miles de haitianos crucen la frontera en busca de un futuro mejor. Del otro lado, además de las plantaciones azucareras, los espera una larga historia de rechazos y deportaciones arbitrarias.

Exactamente al mediodía se desató sobre Santo Domingo una lluvia de proporciones bíblicas. La cortina de agua le daba un aire irreal a la ciudad. Sin un buen sistema de bocas de tormenta, las calles laterales se fueron desbordando rápidamente y ya no era posible distinguir las veredas. En la rambla, el viento agitaba las palmeras. Refugiados precariamente debajo del alero de una parada de autobuses, los dos desconocidos comenzaron hablando, inevitablemente, del clima. Agotado el tema por la fuerza de la evidencia empírica, los enormes carteles de propaganda electoral focalizaron la conversación. En especial uno de ellos, que fue el que primero llamó la atención del forastero. Sobre fondo rojo se veía a un candidato entrado en años, de cuello de boxeador, que en letras blancas proclamaba: “Yo arreglo esto”.

-Optimista el hombre, ¿no?
-¿Ese? Ese no sirve.
-¿Y cuál sirve?
Con un gesto de cabeza mostró a su preferido. No utilizó ese movimiento lateral que señala cabeceando, tan usual en el Río de la Plata, sino que lo señaló con la pera, a la caribeña. Moviendo su cabeza de abajo hacia arriba indicó un anuncio en el que se lee “vote blanco” junto a la fotografía de un candidato negro: José Francisco Peña Gómez.

La imagen de este político también se puede ver en la Feria del Libro, que por esos días de mayo está ubicada en un parque céntrico de Santo Domingo, originando un caos de tráfico que es la pesadilla anual de los automovilistas. Una de las novedades del año es un libro que tiene en la portada una vieja fotografía de un Peña Gómez jovencísimo, con el torso prácticamente volcado sobre una suerte de pupitre, mirando con atención un punto indefinido, tal vez el estrado desde el que está siendo acusado por un funcionario de la dictadura de Trujillo. Junto al escrito testimonial de Peña Gómez, el mismo stand muestra un clásico de la literatura política dominicana, El Río Masacre se cruza a pie, sobre una de las históricas persecuciones de haitianos por parte de autoridades dominicanas. Últimamente, esos hostigamientos han asumido la forma de redadas del Departamento de Migración, y varias de ellas han coincidido con épocas electorales.

Un informe de derechos humanos de 1996 aseguró: “con repetidas referencias a los antepasados del candidato dominicano negro José Francisco Peña Gómez, los candidatos en liza argumentaban que 100.000 nacionales haitianos estaban ilegalmente inscritos en los censos de votantes. En las semanas que precedieron a las elecciones, cerca de 5.000 presuntos haitianos fueron deportados”.

Si bien no existen cifras confiables sobre el número de haitianos y domínico-haitianos que viven actualmente en la República Dominicana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, citando a las autoridades de inmigración dominicanas, informó en 1999 que entre 500.000 y 700.000 personas de origen haitiano estaban viviendo en ese país. Algunos jerarcas, como el Jefe del Ejército, Manuel Polanco Salvador, a mediados del año pasado hablaban de “un millón más o menos”. Cálculos extraoficiales sugieren que al menos la mitad de estas personas nacieron en la República Dominicana. De los nacidos en Haití, sólo cuatro mil estaban en situación legal, con una visa o un permiso de trabajo. Según las autoridades dominicanas, muchos miles de haitianos han traído papeles de identidad falsos, lo que complica la tarea de distinguir a los residentes y ciudadanos legítimos de los inmigrantes indocumentados.

Aunque el lado dominicano de la isla corresponde a un país latinoamericano con dificultades económicas, el abismo que separa a ambos vecinos empuja a muchos haitianos a cruzar la frontera. No los separan solamente 380 kilómetros de línea limítrofe, sino también, y esencialmente, la distancia existente entre el ingreso per cápita de los dominicanos, que en el 2001 era de 2100 dólares, y el de los haitianos, situado en los 510 dólares.

==Primera parte de cinco

* 2- Parte II
* 3- Parte III
* 4- Parte IV
* 5- Parte V

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2002)

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08 marzo 2002

El Multiculturalismo cuestionado (I)

En las últimas semanas, el debate sobre el multiculturalismo renació en las sociedades europeas, condimentado -y enturbiado- por casos judiciales sobre poligamia y venta de esposas en pleno Occidente. Europa se mira en un espejo y ve que su propia diversidad la pone en una disyuntiva ética y política.

Cuando el presidente del Foro para la Integración de los Imigrantes, Mikel Azurmendi (foto), llamó al multiculturalismo “una gangrena de la sociedad democrática”, no estaba instalando ningún debate nuevo, sino agregando leña al fuego mediático de una discusión que Europa procesa, al menos, desde hace una década. Lo nuevo de las declaraciones de Azurmendi, si acaso, no era el contenido sino la procedencia: un funcionario de gobierno con un pasado de izquierda.

El debate calza en una realidad en la que una serie de hechos, que venían tomando estado público de manera fragmentaria, pedían un discurso que los explicara: casos en los tribunales franceses que revelan que varios miles de mujeres africanas viven en Francia dentro de familias polígamas; una niña marroquí que pide la protección del Estado español porque sus padres la vendieron como esposa; cifras oficiales británicas que indican que los inmigrantes tienen una participación en el número de delitos que duplica su porcentaje en la población del país; o las noticias cada vez más frecuentes sobre conflictos originados en que niñas de familias musulmanas llevan velo en escuelas públicas europeas. Un mosaico de situaciones que han puesto de moda la palabra que Azurmendi denostó a fines de febrero: multiculturalismo.

La primera premisa del razonamiento de Azurmendi (en la foto uno de sus libros) es que la democracia no es sólo un sistema de gobierno sino, esencialmente, un sistema cultural; una libre interacción de iguales para quienes el ejercicio de la determinación individual resulta básica. Esta cultura democrática conviviendo en un mismo Estado junto a otras culturas no democráticas es, en su opinión, lo que “se llama ahora multiculturalismo”. Cuando dice ‘junto’ quiere decir yuxtapuestas y sin interacción. Y cuando dice ‘no democráticas’ se refiere a culturas que promueven “conductas masivas de personas sin igualdad jurídica” que interactúan entre sí “mediante recursos simbólicos de desigualdad y jerarquía”. Desde estas bases, Azurmendi explicó en El País de Madrid la frase que dijo ante el Senado español y que, descontextualización mediante, concentró la artillería de sus enemigos y el fuego antiaéreo de sus defensores:

“El multiculturalismo es hoy una confusión teórica porque imagina que las relaciones son interétnicas, entre nosotros, los de la sociedad mayoritaria, y todos los demás, tomados en bloques étnicos minoritarios. Por eso como proyecto más o menos consolidado de relación interétnica en agrupamientos separados, unos al margen de otros, el multiculturalismo sería una gangrena fatal para la sociedad democrática. Ni nosotros somos cultura mayoritaria ni los inmigrantes son etnias de cultura minoritaria; aquí, de momento y ojalá para siempre, sólo existe una cultura democrática, con bastantes taras y costumbres poco democráticas todavía, en la que ya están integrándose masivamente miles de inmigrantes que hacen en su vida privada lo que buenamente gustan sin menoscabar la dignidad ni el derecho de nadie, como hablar en sus lenguas, rezar a su dios o cubrirse con un pañuelo al ir al colegio”.

==Primera parte de cuatro

* 2- Multiculturalismo (II) A favor y en contra
* 3- Multiculturalismo (III) El factor educación
* 4- Multiculturalismo (IV) Insumos para el análisis

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en marzo de 2002)

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15 febrero 2002

El juicio a Milosevic 2:
Preguntas en Belgrado

"¿Por qué no juzgan también a Clinton y a los mandos de la OTAN?". Cuando se pregunta a los habitantes de Belgrado por su opinión acerca del juicio a Milosevic suelen responder con ese cuestionamiento. Una conocida opositora al régimen de Milosevic lo explicó de este modo: "No se trata sólo de las víctimas de los bombardeos (de la Alianza Atlántica sobre la capital yugoslava en 1999) sino también de los civiles inocentes que murieron por culpa de las sanciones económicas y el bloqueo. A mi madre no la mató ninguna bomba ni la policía secreta, murió porque no había forma de conseguir las medicinas que necesitaba con urgencia".

El profesor de la Facultad de Filología que bajo los bombardeos logró terminar una traducción al serbio de El libro de arena, de Borges, recordaba con estupor los proyectiles que veía surcar en el cielo de Belgrado mientras paseaba a su perro en el parque de la fortaleza de Kalemegdian. Su actitud se parece a la de uno de sus alumnos que asegura: "no conozco a nadie que después de la primera semana de bombardeos se haya escondido en los refugios antiaéreos". Es posible que se trate solamente de una bravuconada de posguerra, o de la prueba de que los ataques de la OTAN fueron, errores aparte, quirúrgicos.

Algo de eso se observa todavía, cuando se ven los viejos edificios de la cancillería o de algunas dependencias militares céntricas, casi en escombros, junto a otras construcciones que no fueron tocadas por la metralla. Ninguno de los entrevistados en esa Belgrado pos Milosevic tenía una opinión positiva del ex hombre fuerte, pero todos se negaban a llamarlo dictador y a considerarlo el único responsable de las guerras que desangraron a la ex Yugoslavia. En ese ámbito universitario había también, junto al sentimiento de incredulidad ("¿cómo fue posible que Europa nos bombardeara, si nosotros también somos Europa? ¿para castigar a Milosevic? ¡pero si nosotros estábamos luchando desde hacía años contra Milosevic!"), una cierta tendencia a tomarse su desgracia colectiva con humor negro. El mismo humor negro de las postales que se venden en la principal calle peatonal de la ciudad: muestran un cielo iluminado por los misiles de la OTAN acompañado por el eslogan turístico de "Belgrado by night".

==Segunda parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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23 julio 2001

Gitanos en Europa del Este: Vivir peor que todos y morir antes de tiempo (I)

En Hungría viven diez años menos que los no gitanos, en la República Checa tienen un desempleo superior al setenta por ciento, en Rumania se asegura que viven casi tan mal como en la Edad Media. La situación de los gitanos es el talón de Aquiles de las democracias nacientes de Europa del Este y uno de los escollos en el difícil camino hacia la ampliación de la Unión Europea.

Una gran luna llena domina el escenario, recortándose contra una escenografía que simula un cielo estrellado. Las cámaras de la televisión checa transmiten para todo el país el Festival Mundial de Música Gitana Khamoro. En las butacas no está la silenciosa y solemne platea que se suele encontrar en otros conciertos del Este de Europa, sino que el público conversa animadamente, va y viene de la cantina con vasos descartables rebosantes de cerveza, o simplemente camina por pasillos en los que se hace difícil abrirse paso. A pesar de que la sala alberga casi un millar de personas, todos parecen conocerse y se saludan con la efusividad de quienes llevan tiempo sin verse. Es una suerte de fiesta popular que en lugar de estar teniendo lugar en un campamento gitano está ocurriendo en una de las principales salas del centro de Praga, la Lucerna, diseñada en estilo art decó por el abuelo del actual presidente checo.

El Festival Khamoro, que formaba parte de los festejos del año 2000, en el que Praga había sido elegida una de las capitales culturales europeas, se celebró poco tiempo después de que la sociedad checa se viera conmovida por una polémica desatada por un muro. La controvertida muralla no estaba en Berlín ni en la lejana China, sino que se erigía en una pequeña localidad de Bohemia llamada Usti nad Labem. La había levantado un grupo de checos para separar su edificio de otro habitado por gitanos. Los organismos pro derechos humanos consideraron el muro una afrenta a la naciente democracia checa, en tanto que sus constructores se defendían alegando el derecho a proteger a sus hijos y a sí mismos mediante una “barrera acústica e higiénica” ubicada dentro de su propiedad. El vocero de los vecinos amurallados, Milan Knotek, explicó que se trataba de una manera de preservar a la “gente decente” de la molesta presencia de la “problemática comunidad gitana”.

En el caso intervino el propio presidente Vaclav Havel (foto) y finalmente se logró desmontar el muro, pero la herida quedó abierta y el debate instalado: ¿es el racismo uno de los nuevos fenómenos que trajo la economía de mercado; o siempre estuvo allí, disimulado bajo el espeso velo de una sociedad de iguales?. Josef Facuna, un lider gitano de la ciudad de Ostrava, en la que viven 200 000 integrantes de esa comunidad, asegura que la situación cambió desde la caída del comunismo. Para peor. “Yo he vivido en Ostrava por 42 años. Al menos durante el régimen totalitario sabía que podía trabajar ocho horas, volver a mi casa, o ir a donde quisiera. Pero ahora no. Ahora estoy todo el tiempo con el temor que alguien me ataque”.
La prensa checa y los reportes internacionales se refieren con frecuencia a casos de discriminación contra los gitanos, desde polémicas leyes de ciudadanía hasta ataques de bandas de neonazis.

Aunque el problema no es nuevo, sí es de suma actualidad, ya que puede constituirse en un escollo en el camino de la integración de la República Checa a la Unión Europea. El reporte 1999 sobre los progresos realizados por el país en esa dirección, ya veía con preocupación el tema. El documento registra que entre 1997 y 1998, el número de miembros de grupos extremistas se duplicó hasta llegar a las diez mil personas, a la vez que en 1998 hubo 133 crímenes motivados por el racismo, la mayoría en contra de gitanos. Un año más tarde, el Ministerio del Interior checo dio a conocer su “Reporte 2000 sobre el Extremismo”, en el que reconoció un aumento en la cantidad de miembros de los grupos xenófobos y la duplicación de los crímenes racistas. El resultado de este diagnóstico fue una campaña estatal contra el racismo, con un presupuesto inicial de un cuarto de millón de dólares.

La educación es uno de los aspectos críticos del vínculo entre gitanos y no gitanos en la República Checa. La Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE), detectó que se trata de una de las peores situaciones de su tipo en toda Europa. En especial se cuestiona que mientras los gitanos son sólo el tres por ciento de la población checa, sus niños constituyen el 70 por ciento del alumnado de las escuelas especiales para discapacitados mentales. Para atacar esta realidad con medidas de fondo e integrales, el gobierno anunció, en junio del 2000, un plan de acción estratégico a implementarse entre el 2001 y el 2010, para promover el acceso justo de los gitanos a la educación en todos los niveles, desde el jardín de infantes a la Universidad.

No es fácil la integración. Décadas de desconfianza mutua y de prejuicios, se suman a estadísticas oficiales que indican que el sesenta por ciento de los crímenes en la República Checa son cometidos por gitanos. Monika Horakova (foto), la primera gitana en obtener un asiento en el Parlamento de ese país, puntualizó que existen ciertos aspectos de la cultura romaní que hacen difícil la integración: “no estamos preparados para pensar en el futuro, vivimos de día en día, lo cual hace difícil la adaptación a los trabajos asalariados”. De acuerdo con un informe dado a conocer en el 2001, entre el 70 y el 90 por ciento de los gitanos checos están desempleados.

==Primera parte de cuatro

* 2- Parte II
* 3- Parte III
* 4- Parte IV

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

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13 julio 2001

Los albaneses en pocas palabras

Los albaneses no sólo viven en la actual República de Albania, sino que también son albaneses el noventa por ciento de los habitantes de Kosovo (formalmente perteneciente a Serbia) y de algunas aldeas del occidente de Macedonia (en el área de influencia de la ciudad de Tetovo); en buena parte del resto de Macedonia y en el sur de Serbia son más del veinte por ciento de la población; en tanto que en el noreste de Grecia existe lo que los geógrafos definen como "presencia albanesa difusa". En total hay más de seis millones de albaneses viviendo en los Balcanes: tres millones y medio en Albania, casi dos millones en Kosovo, seiscientos mil en Macedonia y sesenta mil en Montenegro.

No son, sin embargo, un grupo humano fácil de uniformizar. Presentan diferencias, por ejemplo, en su religión y en su lengua. Muchos habitantes de Albania son ateos mientras que los de Kosovo y de Macedonia son musulmanes; a la vez hay un sector de albaneses católicos (el ejemplo más célebre fue la Madre Teresa de Calcuta) que viven fundamentalmente en Montenegro. Los albaneses del norte y los albanokosovares son del subgrupo geg, diferente de los tosks que habitan el sur de Albania, de quienes los separan sus dialectos diferentes y una desconfianza ancestral. Los tosks consideran a los albanokosovares como materialistas, cínicos y fríos, en tanto que los habitantes de Kosovo ven a sus primos del sur como campesinos primitivos. No sólo es prejuicio; los albanokosovares vivieron durante cuarenta años en la Yugoslavia de Tito, seguramente la más abierta y probablemente una de las más ricas de las piezas del Este de Europa, en tanto que los albaneses de Albania -tanto tosks como gegs- debieron soportar el encierro del régimen de Enver Hoxha. Como resultado, luego de terminada la Guerra Fría, y una vez desmantelada la Cortina de Hierro, los albanokosovares tenían un ingreso per cápita tres veces superior que el de los albaneses de Albania.

Estas diferencias se hicieron evidentes a mediados de 1999, cuando los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia combinados con las presiones de las fuerzas armadas serbias originaron oleadas de refugiados albanokosovares hacia territorio albanés y macedonio. En Albania recibieron a sus connacionales cobrándoles precios exhorbitantes por sus necesidad básicas y luego, cuando Naciones Unidas se hizo cargo de la administración de Kosovo, desde Albania se 'exportaron' bandas organizadas de criminales comunes. El analista en temas balcánicos Sam Varkin escribió: "Ningún macedonio eslavo me habló tan mal de los albaneses de Albania como lo hicieron mis contactos albanokosovares". Problemas de familia.

El clan es uno de los elementos centrales de la identidad albanesa y tal vez ayude a explicar parte de sus peculiaridades dentro del ajedrez balcánico. Los antropólogos han identificado reglas estables que rigen estas sociedades tradicionales. El individuo se inscribe primero en el fis, un grupo familiar extendido que a la vez se reagrupa en la pleme, o tribu. Son sociedades guerreras, patriarcales, rigurosamente exogámicas (siempre se debe tomar mujer en una tribu separada de la propia) "y funcionan en torno a los valores centrales del honor y la palabra dada", la besa, que cuando se rompen motivan venganzas de sangre en ese "ciclo infernal de la vendetta", que los albaneses llaman gjakmarrja. En el siglo XVI un sacerdote católico sistematizó por escrito estas tradiciones en el Kanun de Lek Dukagjin (imagen).

El Kanun permanece en vigor en el norte de Albania y en Kosovo, mientras que en el sur de Albania las relaciones interpersonales son menos rigurosas. Aún hoy el Kanun determina ampliamente la vida de los albaneses de las regiones rurales de Kosovo, al punto que a principios de los noventa el intelectual católico Anton Ceta impulsó una campaña generalizada de perdones de los problemas interclánicos para unir a los albanokosovares frente a la represión serbia. En las antípodas de Ceta están las mafias que en el norte de Albania se aprovechan del Kanun para impulsar verdaderos baños de sangre entre los campesinos y utilizarlos en su provecho, a pesar de que la letra de ese código más que favorecer la vendetta intentaba reglamentarla y, en cierta medida, suavizarla.

==Tercera parte de cuatro

* 1- La pasión compartida (I)
* 2- La pasión compartida (II)
* 4- Breve aproximación a Kadaré

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001, y elaborado en base a los escritos de Jean-Arnault Dérens y Catherine Samary en Le Monde Diplomatique, de Sam Varkin en Central Europe Review, y a entrevistas mantenidas por el autor de esta nota con ciudadanos albaneses y albanokosovares)

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06 julio 2001

¿Siguen siendo héroes?


@lopezbelloso

Una encuestradora basada en Belgrado cuyo nombre podría traducirse como Marketing Estratégico, difundió a comienzos de junio una consulta en la que le preguntó a los serbios acerca de sus héroes. Los tres ganadores del sondeo fueron tres criminales de guerra:, Ratko Mladic,Radovan Karazdic y Arkan. Uno de ellos detenido por el tribunal de La Haya, otro todavía libre pero sin poder salir de los límites de la República Serbia de Bosnia, y el tercero -Arkan- supuestamente muerto, ya que se asegura que fue asesinado en pleno Belgrado. El ex presidente Slobodan Milosevic se ubicó en el cuarto lugar.

La segunda pregunta de la encuesta se refería a quién había sido el culpable de las guerras en la ex Yugoslavia. Coherentemente con la respuesta anterior, los serbios acusaron al fallecido presidente croata Frandjo Tudjman; y al líder de los musulmanes de Bosnia, Alija Izetbegovic; aunque con una coherencia algo menor también señalaron al recientemente extraditado Slobodan Milosevic. Pero si bien llegaron a reconocer la responsabilidad de su ex presidente, los resultados del sondeo no demuestran que los serbios reconozcan la culpabilidad de su propio nacionalismo, ya que a la tercer pregunta, ¿cuál fue la causa principal de las guerras de comienzos de los noventa?, respondieron el nacionalismo croata, los intereses norteamericanos, la desintegración de la URSS y el islamismo de los bonios. Ningún porcentaje significativo respondió "el nacionalismo radical serbio". Por eso no extraña que sólo el diez por ciento de los encuestados haya aceptado que el bando serbio pudiera haber cometido crímenes de guerra, mientras que el ochenta y cinco por ciento aseguró que los serbios fueron víctimas de esos crímenes.

La desmemoria, o la autojustificación colectiva, parece haber borrado de la faz de la tierra el bombardeo del hospital de Vukovar que mató a cientos de pacientes en noviembre de 1991, o la masacre de Srebenica durante la cual murieron seis mil musulmanes en julio de 1995. Una explicación posible puede estar en el ferreo control que el régimen de Milosevic impuso a los medios de comunicación, y en la manipulación de todos los mensajes que se emitieron por esos medios durante más de una década. En ese sentido puede resultar ilustrativo lo que cuenta Peter Handke (en la foto junto a una campoesina serbia) en su libro Justicia para Serbia, donde relata su visita a un pueblo serbio fronterizo con Bosnia, muy cercano a Srebenica, y en el que asegura que la población no tenía idea -o decía no tenerla- de la matanza que acababa de ocurrir a pocos kilómetros de sus casas. Ahora que la oposición democrática controla el país desde octubre de 2000, la información probablemente llegará con menores velos, en especial la relacionada con el juicio a Milosevic en La Haya, que tendrá como dos de sus ejes, precisamente, su responsabilidad en el bombardeo de Vukovar y en la matanza de Srebenica.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha, de Uruguay, el 6 de julio de 2001)

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Guerra y cerveza

Los rostros de los Bad Blue Boys reciclados como paramilitares quedaron registrados en las ilustraciones que acompañan el libro "Guerra y cerveza", de Steve Gaunt, un inglés de 44 años que en 1993 se alistó como voluntario en las fuerzas croatas y que al ser herido se convirtió en fotoreportero. Esta obra muestra una de las caras menos ideologizadas de las guerras que desintegraron la ex Yugoslavia: la de aquellos que peleaban porque no tenían nada mejor que hacer.

El mismo día que Steve llegó a Zagreb, se apersonó en el cuartel de las milicias y pidió que le permitieran combatir contra los serbios. Lo colocaron en una unidad junto a otros tres ingleses y un francés con los que aprendió su primera palabra en croata: pivo, que al igual que en casi todas las lenguas eslavas significa cerveza. Tres días más tarde partía rumbo al frente. Las milicias derechistas croatas le entregaron su primer granada y desde ese momento el diario de Steve es una sucesión de borracheras, combates y aburrimiento. Un día están obsesionados con obtener más armas y al otro se lo pasan en la casa de una muchacha mirando televisión y sumergidos en charlas intrascendentes.

El rumbo de su vida cambia cuando comienza a sacar fotos con una cámara barata de 35 milímetros (son suyas las dos primeras fotos que acompañan este post). Las imágenes que capta tienen el mismo tono que su diario: dos sonrientes jóvenes uniformados jugando al ajedrez mientras se apuntan con sus pistolas; otros dos en un descanso del combate empinándose una botella de cerveza y mostrando la felicidad de un pie desnudo que acaba de liberarse de su bota militar; una formación marcial en la que hay algunos hombres de casco, otros con un pañuelo colocado en la cabeza a la usanza pirata, y hasta alguno que ni siquiera en esa situación deja de beber. No es el fanatismo por una idea, ni la postura cínica de quienes están más allá de cualquier idea; es más bien una forma alegre de la violencia, que hace pensar en las barras bravas de los equipos de fútbol antes que en una patrulla de mercenarios. Una aparente contradicción que se revela como falsa apenas se descubre que muchos de los paramilitares eran hooligans en ropa de combate.

El lazo entre el nacionalismo radical y las barras bravas también tuvo su expresión durante el Campeonato Mundial de 1998. La selección de fútbol de Croacia se convirtió en la revelación del torneo. Los medios especializados de Occidente, y la opinión pública occidental en general, recibían con simpatía cada noticia de los éxitos de los croatas. Era la habitual identificación con los débiles. Resultaba difícil no regocijarse con el hecho insólito de que ese pequeño país recién salido de una guerra, con una extraña camiseta a cuadros rojos y blancos (que pocos sabían que era el símbolo de la Croacia medieval usado durante la Segunda Guerra Mundial por los ustachi fascistas), hubiera podido llegar a la semifinal de una Copa del Mundo.

Pero había una realidad menos agradable por detrás de las victorias croatas. Mientras el aficionado occidental se alegraba inocentemente con los goles de Croacia, en el pueblo de Mostar, en Bosnia-Herzegovina, los nacionalistas croatas festejaban esos mismos goles desatando una verdadera cacería étnica contra la población musulmana al término de cada partido ganado por su escuadra.

Haga clik aquí para ver la tercera parte de esta nota


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha, de Uruguay, el 6 de julio de 2001)

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Los tigres de Arkan


@lopezbelloso

"Ya se blanden las hachas, ya salieron los cuchillos, pronto se verá el color de la sangre". Esta declaración de guerra no está tomada de una batalla sino que es un canto de tribuna. Mientras Yugoslavia entraba en la segunda mitad de los años ochenta, los encuentros de la Liga Nacional de Fútbol entre el Estrella Roja o el Partisano de Belgrado (serbios) contra equipos croatas como el Dinamo de Zagreb o el Hajduk de Split, eran batallas campales en potencia. Si en alguno de esos partidos estaba Slobodan Milosevic en el palco oficial, los hooligans serbios cantaban con solemnidad: "De Kosovo a Knin no hay más que serbios, Slobo el serbio, Serbia está contigo...".

Entrados los noventa, controlar los clubes más populares y sus barras bravas era casi una tarea política y militar. No en vano el hombre que simbolizó el fútbol yugoslavo de los años noventa no fue ningún jugador, sino que este rol le cupo al líder de los paramilitares serbios y criminal de guerra, Zeljko Raznatovic, alias Arkan (foto). "Este delincuente común y agente de los servicios secretos, supo desplegar un talento inigualado para movilizar a los hinchas y a los hooligans en las aventuras guerreras de la Gran Serbia", indica la periodista de Le Monde Diplomatique Claude Samary. En su Guardia de voluntarios serbios, la mayoría eran miembros de la barra brava del Estrella Roja de Belgrado.

Cuando volvió de sus campañas de Bosnia y de Croacia, donde sus hombres llevaron el peso de varios de los peores crímenes contra la población civil, Arkan compró una pequeña confitería que estaba frente al estadio de fútbol de Belgrado y pronto la convirtió en un establecimiento de lujo. Hizo lo mismo con Obilic, un modestísimo club de provincia al que volvió campeón de Yugoslavia. Su táctica consistía en fichar a los mejores jugadores, intimidar a los contrarios y presionar a los árbitros. Eran los tiempos en que el sociólogo serbio Ivan Colovic constataba con amargura: "cuando los jefes de los hooligans se vuelven los héroes nacionales, la subcultura de los hooligans tiende a convertirse en la cultura dominante, la de la elite social,".

El fútbol no era el único componente de la cultura de masas serbia. Iba de la mano con la fusión de hardcore y música popular yugoslava conocida como turbo folk. Una unión que en 1995 se materializaba en la pareja que formaban Arkan y la pop-star Ceca (Svetlana Ražnatović). Este matrimonio (foto) también simboliza otra cercanía: la de la música turbo folk y el paramilitarismo. El turbo fusiona la música anglosajona de discoteca con canciones de amor y viejas tonadas folkóricas. Era tan representativo de la sensibilidad serbia de los noventa, que cuando en enero de 2000 el autor de esta nota entró a una disquería yugoslava y pidió un compacto de música tradicional serbia, no se le ofreció otra cosa que una grabación de turbo folk.

El éxito del turbo folk, que en una de sus canciones más populares proclamaba Mila bracho, doshlo novo doba/ Radio se Miloshevich Sloba (queridos hermanos llega una nueva era/ Milosevic Slobo ha nacido), se basaba en su carácter de "música perfecta para paramilitares que necesitan tanto del nacionalismo kitsch como de formas musicales de alta adrenalina", explica Alexei Monroe en un artículo publicado en Central Europe Review. La música turbo se inscribe, junto a las barras bravas del fútbol y al despliegue de imágenes porno-soft en medios amarillistas, en lo que Monroe llama hardcore balcánico. Una cultura popular que implica un apocalíptico retorno a lo real, forzado por la dureza de la época en la que ha tocado vivir, un retorno a lo real que vuelve imperativo el consumismo. Debe consumirse el nacionalismo y debe consumirse al otro. "Las ejecuciones y las violaciones masivas serían el punto extremo del disfrute apocalíptico de este hardcore balcánico", sugiere Monroe.

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(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha, de Uruguay, el 6 de julio de 2001)

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Serbia-Croacia: la guerra de los hooligans

En la Yugoslavia de los noventa, las limpiezas étnicas estaban en manos de los hooligans. Hoy, terminada la guerra, regresan a la tribuna para su tarea de siempre, o al bronce para cumplir con la amarga profecía de un sociólogo balcánico: "los jefes de las barras bravas se vuelven los héroes nacionales".

El Dínamo de Zagreb se consagró este 23 de mayo como el nuevo campeón de fútbol de Croacia. A primera vista sólo se trataría de un dato más en esa permanente estadística que es la cíclica historia deportiva de un país. Pero en los Balcanes nada es inocente. La consagración del equipo capitalino se dio en un contexto de renacimiento nacionalista que mostraba al derechista HDZ recuperando terreno frente a los socialdemócratas (SDP) en las elecciones municipales del 20 de mayo. En la campaña electoral, dura y plagada de golpes bajos, no faltaron los actos públicos que recordaron los momentos en que las barras bravas de los dos equipos más populares de la ex Yugoslavia formaban el núcleo de las fuerzas paramilitares tanto croatas como serbias.

Diez días antes de la segunda final, los hooligans del Dínamo conocidos como The Bad Blue Boys realizaron un homenaje a sus mártires al pie del monumento dedicado a los miembros de esa barra brava "caídos en defensa de Croacia durante la guerra de liberación". La fecha elegida fue el 13 de mayo, aniversario número once de un célebre partido entre el Dínamo de Zagreb y el Estrella Roja de Belgrado. Si la guerra de Bosnia comenzó cuando un grupo de desconocidos abrieron fuego sobre una boda serbia, la pulseada étnica sobre Croacia había empezado en las tribunas de los estadios de fútbol. Más de un año antes de que Croacia declarara su independencia de Yugoslavia y se iniciara la guerra de cuatro años entre croatas y serbios, en aquel encuentro de fútbol de mayo de 1990 se produjo una batalla campal. En el minuto once del primer tiempo, los Bad Blue Boys empezaron a cantar el himno nacional croata. Los seguidores del Estrella Roja (serbios) respondieron rompiendo todo lo que podía romperse en el estadio Maksimir de Zagreb y tirándolo contra la hinchada local.

Según fuentes croatas, la policía yugoslava se alineo junto a los hooligans serbios y la batalla descendió de las tribunas al campo de juego. De ese partido procede una foto que recorrió las páginas de los principales medios occidentales, en la que se mostraba al capitán del Dínamo, Zvonimir Boban, defendiendo a un bad blue boy que estaba siendo golpeado por un policía.

Luego del acto de homenaje de este año, los actuales Bad Blue Boys, que ya no miden sus fuerzas con los hooligans serbios debido a la división de la antigua liga yugoslava, se dedicaron a golpear a otros croatas. Este año, la primera final de las dos que a la postre consagrarían al Dínamo, transformó la hermosa ciudad costera de Split "en un símil de Belfast o Medio Oriente", según podía leerse en el diario local Slobodna Dalmacija. La que fuera sede del palacio del emperador romano Diocleciano vivió las consecuencias de la refriega entre las hinchadas del Hajduk y del Dínamo, los dos clásicos rivales del fútbol profesional de Croacia. A la invasión de la cancha en el minuto ochenta y ocho, que fue dispersada con carros lanza-agua y que no impidió que el partido se reanudara tras un intervalo obligado de veinte minutos, le siguió un intenso combate en las afueras del estadio entre los seguidores del Dínamo y los de Hajduk. Estos últimos han asumido últimamente el abrasilerado nombre de Torcida.

Mientras todo esto ocurría, los croatas vivían el tramo final de la campaña electoral para los comicios municipales que el domingo 20 de mayo mostraron el retorno a los primeros planos del principal partido nacionalista, la Unión Democrática Croata (HDZ), que había sido derrotado en las últimas elecciones parlamentarias por los socialdemócratas pero que ahora resultó vencedor en la mayoría de los departamentos. El HDZ ha estado en los últimos años estrechamente ligado al Dínamo de Zagreb. Uno de sus dirigentes, Zlatko Canjuga (foto), apodado "el César", llevó las riendas del equipo siguiendo las órdenes del hombre fuerte de la Croacia independiente y fundador del HDZ, Frandjo Tudjman. Incluso los avatares de la política nacionalista estuvieron detrás de los frecuentes cambios de nombre del equipo, originalmente llamado Dínamo, luego Hask Gracanski, después Croacia, y ahora nuevamente Dínamo.

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(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha, de Uruguay, el 6 de julio de 2001)

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05 enero 2001

El amable pueblo de los taxistas honrados

Si no fuera porque el suyo es un país con renombrados festivales de poesía, de música clásica y de traducción literaria, los macedonios serían el buen salvaje. Allí los taxistas desconocen el significado del verbo timar. Llevan a sus pasajeros recién llegados por el camino más directo y con el contador encendido, y cuando se llega al final de un viaje de diez o quince minutos que no ha costado más de un dólar y medio, redondean la cifra hacia abajo y no hacia arriba, como un gesto de amabilidad.

Da lo mismo si esto ocurre a plena luz del día en el centro de la ciudad, o a la una de la mañana en la estación de trenes. Tampoco importa que el pasajero le diga que aún no tiene moneda macedonia y que sólo puede pagarle en dólares, e incluso aceptan moneda griega sin beneficiarse del tipo de cambio. Un país de Europa del Este en el que los taxistas no estafan a los forasteros merece ser estudiado con detenimiento.

Pero en la Ex República Yugoslava de Macedonia no hay tiempo de detenerse en esto. La esposa del dueño del hotel recibe a los huéspedes con un plato de queso local y un vaso de rakía y los hace pasar a la sala de su propia casa mientras terminan de preparar la habitación, los restaurantes no tienen precios distintos para locatarios y visitantes como sí ocurre en otros países, la empleada de una tienda de souvenirs envuelve la compra en dos y tres papeles de regalo sin que sea necesario pedírselo, el joyero desarma un collar de madreperla y lo rehace pieza tras pieza porque a su cliente le gustó más un broche que estaba en otro colgante, y la adolescente que atiende un café internet se niega a cobrarle la conexión a un turista que acaba de revisar su correo electrónico. No es fácil de entender, pero los habitantes de este país empobrecido por una superposición intermitente de embargos comerciales, no intentan aprovecharse de cada extranjero como si fuera el último, aunque bien podría serlo, ya que cada vez reciben menos turistas por el temor que despierta la sóla mención de la palabra Balcanes.

La primera duda que surge de esta exótica manera de comportarse es cómo es posible que estén al borde de la guerra civil. O más difícil todavía, si Macedonia tiene una composición étnica similar a sus vecinos ex Yugoslavos que se desangraron en luchas internas, ¿este amable pueblo de taximetristas honestos también será capaz de producir asesinos? "La guerra es sólo un negocio; los croatas, los serbios, los macedonios, somos todos iguales", es la respuesta general. Si se insiste un poco comienzan a verse los matices: "somos todos iguales...pero no nos mezclemos". Es inútil preguntar a una madre serbia o macedonia si permitiría a su hija casarse con un albanés. Primero mirará con extrañeza a su interlocutor, segura de que la barrera idiomática le impidió entender correctamente la pregunta. Cuando comprueba que efectivamente fue eso lo que se le preguntó, contestará que no, por supuesto que no, con un dejo de condescendencia hacia la ignorancia del extranjero, ya que a su hija jamás se le ocurriría casarse con un albanés. Ni siquiera se dejará impresionar cuando se le recuerden las cifras de matrimonios interétnicos en la época de la Yugoslavia unida.

La "Gran Yugoslavia", le llaman los serbios ocultando con dificultad las similudes de ese concepto con el de la "Gran Serbia". Pero aún los que siguen entusiasmados con la independencia de Macedonia sienten algo de nostalgia. Al cabo de estar unos días en el país se pierde el miedo de preguntarle a cualquiera sobre cualquier cosa. Nadie se molestará con un forastero aunque la pregunta sea la más inoportuna; el odio se reserva a los del otro bando. Un taxista que decía ser ingeniero y que hablaba en un inglés correctísimo, no ocultaba su animosidad contra el pasado, más concretamente contra el régimen de Tito, ya que su padre había sido uno de los empresarios expropiados por los comunistas. Sin embargo, reconocía que entre la situación actual y la anterior a la independencia mediaba un abismo. Antes de 1991 él podía ejercer su profesión y no tenía que sobrevivir como chofer de taxi; su esposa, doctorada en economía, ganaba 2000 marcos alemanes en los últimos años de la Yugoslavia unida, mientras que ahora debe conformarse con trabajar como empleada de boutique por un sueldo seis veces menor. "Pero al menos tenemos trabajo", aclara.

Otro taxista debía llevar a unos visitantes hasta uno de los monasterios de la capital. Un hombre al que conocían desde hacía menos de dos días se ofreció a indicar el camino; luego de unos minutos de charla en idioma macedonio, que los forasteros no entendían, se puso de acuerdo con el conductor y subió al taxi. En otro país esto podría ser el prólogo de un robo; en Macedonia, sin embargo, todo culminó en un bar cercano en el que todos, conductor incluido, tomaron algo y conversaron durante media hora, hasta que el taxi partió con los visitantes camino al monasterio sin cargar ese tiempo en el precio del viaje.

Esta vez el coche se limitó a dejarlos en la puerta; no pasó lo que a los mismos visitantes les había sucedido una semana antes con otro taxista que los llevaba a otro monasterio y que bajó con ellos, consiguió que un sacerdote les explicara la historia del lugar, sirvió de intérprete e hizo las limosnas rituales con dinero de su propio bolsillo.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2001)

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21 diciembre 2000

Yugoslavia: “no existe más que en teoría”

La situación al interior de la Federación Yugoslava es tan tirante, que el presidente de Montenegro, Milo Djukanovic, dijo que "hace tres años que ninguna institución federal funciona en Yugoslavia, y el país no existe más que en teoría", de acuerdo con una entrevista publicada por el semanario yugoslavo Nin este 29 de junio.

Una semana después, el Parlamento aprobó enmiendas a la Constitución de la Federación, que disminuyen el protagonismo de Montenegro y que habilitan la reelección del presidente Slobodan Milosevic. En este contexto no extraña el boicot montenegrino a las elecciones federales de este 24 de setiembre, postura a la que podría sumarse el principal partido serbio de oposición, el Movimiento de Renovación Serbio encabezado por el político disidente Vuk Draskovic (foto), quien afirma que los comicios carecen de garantías. Si Draskovic cumple su amenaza, se verían seriamente comprometidas las posibilidades de éxtito de la alianza opositora que a fines de julio resolvió presentar un candidato único contra Milosevic.

Pero los problemas entre Serbia y Montenegro van más allá de lo electoral. En un artículo publicado por El Correo de los Balcanes a principios de julio de este año, el periodista montenegrino Zoran Radulovic aseguró que se está produciendo una "huida en masa" de ciudadanos serbios hacia Montenegro "para escapar de la cruel realidad del régimen de Milosevic". No sólo se trasladan personas individuales sino también colectivos, como es el caso del diario serbio de mayor tiraje, Blic, que se escribe en Belgrado pero se imprime en Montenegro debido a que las imprentas estatales se negaron a dejarlo ingresar a las rotativas. Los redactores del principal medio opositor, Glas javnosti, aspiran a ser los próximos en mudarse de ciudad.

Muchos de los nuevos refugiados también buscan una mejoría en su situación económica. Radulovic cuenta la historia de Jelena, una psicóloga de treinta años de edad que cambió su consultorio en el norte de Serbia por un puesto de mesera en un balneario montenegrino, lo que le permitió quintuplicar sus ingresos mensuales, que cuando vivía en Novi Sad equivalían a 420 pesos uruguayos; una historia inversa a la que se registraba antes de la guerra de los noventa, cuando los montenegrinos emigraban a Serbia en busca de trabajo. Pero no todos los que realizan el cambio de residencia por razones económicas lo hacen para huir de la pobreza. "Las reglamentaciones montenegrinas son más liberales que las serbias. Las licencias de importación y exportación son más simples o directamente no son necesarias, y los controles de impuestos y financieros son raros y menos rigurosos", dijo el empresario Goran Vesic.

==Segunda parte de nueve

* 1- El lugar del odio (Guía para entender la ex Yugoslavia)
* 3- Montenegro busca su lugar
* 4- Croacia y el camino de la tolerancia
* 5- Bosnia-Herzegovina: dos países en uno
* 6- Eslovenia y Macedonia: los dos polos
* 7- Las tres Yugoslavias
* 8- Problemas pendientes
* 9- Sandjak: el país que nunca existió

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Quepasa en diciembre de 2000)

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12 diciembre 2000

Los costos humanos de la transición

-Disminución en la esperanza de vida, especialmente en la Federación Rusa y entre los hombres de mediana edad.
-Crecimiento y persistencia de los niveles de morbilidad, con alta incidencia de enfermedad comunes y repunte de otras, como la tuberculosis, que habían sido abatidas en el pasado.
-Un extraordinario crecimiento en los niveles de pobreza.
-Aumento de la inequidad y las desigualdades sociales.
-Aumento de las desigualdades de género.
-Considerable deterioro de la educación.
-Crecimiento del desempleo, subempleo y de la economía informal.

Fuente: PNUD, 1999.

==Septima parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 2- El espejo austríaco
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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Dos casos: Eslovaquia y Chequia

Dos de cada tres eslovacos opinan que los niños de hoy tienen menos condiciones de calidad de vida que aquellos que crecieron durante el régimen comunista. Resulta ocioso anotar cuál fue el resultado de la misma encuesta del Instituto de Asuntos Públicos cuando intentó conocer lo que piensan los ciudadanos acerca del rumbo económico y político: un porcentaje similar opinó que el país estaba encaminado en la dirección equivocada. De acuerdo con la empresa Eurobarometer, los eslovacos son los más críticos entre sus vecinos del este de Europa a la hora de valorar la transición.

Esta actitud crítica, sin embargo, no se traduce en activismo político. Tres de cada cuatro eslovacos aseguran no saber cómo defenderse a sí mismos en los casos en que el gobierno o el parlamento toman decisiones que afectan sus intereses. Las conclusiones de la Agencia Estadounidense de Información (USIA) al analizar estas encuestas, es que los ciudadanos "aún tienen dudas sobre cómo los cambios contribuirán a resolver los actuales problemas sociales y económicos". Se trata de una interpretación francamente optimista.

La opinión de los eslovacos acerca de la situación nacional es más clara si se la desglosa tema por tema. La seguridad ciudadana ha empeorado para la visión del 84 por ciento, en tanto que sólo mejoró para un 1 por ciento de los consultados. La justicia en la sociedad empeoró para el 70 por ciento y mejoró para el 2 por ciento. Las oportunidades para los jóvenes son menores que antes según el 66 por ciento, y mayores según el 10 por ciento. Algo similar ocurría a fines de 1997, cuando el Institute for Public Affairs, preguntaba a los eslovacos sobre su estatus de vida personal y el de su familia: el 41 por ciento consideraban que estaban peor, el 42 por ciento que estaban igual y el 15 por ciento que estaban mejor.

Comparando encuestas similares a lo largo de tres años (1995 a 1997), el porcentaje de personas que opinan que su situación personal empeoró se mantiene en el rango del 40 por ciento, mientras que nunca es superior al 17 por ciento el porcentaje de aquellos que piensan que están mejor. El más negativo de los tres años analizados fue 1995, cuando casi la mitad de los habitantes de Eslovaquia (47 por ciento) vio empeorar su nivel de vida.

La USIA también analizó las expectativas de futuro de los eslovacos. El 44 por ciento no esperaba cambios en su situación en los próximos cinco años, el 31 por ciento pronosticaba una mejora, y el 21 por ciento creía que las cosas iban a seguir empeorando. Los resultados demostraron que la población era más pesimista que la mayoría de sus vecinos, pero más optimista que los checos. Un contrasentido, ya que los checos tienen un nivel de vida un 20 por ciento mejor que el de los eslovacos,según los estudios de Gfk publicados por Slovenský Profit. En los hogares de la República Checa hay más televisores a color, más videocaseteros, más computadoras, más hornos a micro-ondas y más freidoras que en los eslovacos; sólo están igualados en el número de familias que tienen automóvil (en ambos casos la mitad de la población) y máquinas de fax (uno por ciento en cualquiera de los dos países). Eslovaquia sólo lleva la delantera en el número de freezers por habitante y en la cantidad de casas que tienen jardín.

Luego que las encuestas que mostraban al Partido Comunista en el primer lugar de la intención de voto en la República Checa, empañaran parcialmente los festejos por los diez años de su pacífica transición llamada Revolución de Terciopelo, las opciones de centro recuperaron terreno. Sin embargo, las consultas de opinión no han dejado de demostrar que un buen porcentaje de la población en el ex bloque socialista añora la seguridad de los viejos tiempos. En casi todos los casos esta nostalgia está matizada por el rechazo de regresar al sistema político del pasado. Los especialistas en el Este europeo no deben esforzarse demasiado para calificar este estado de ánimo como el deseo de combinar lo mejor de los dos sistemas. Por el momento, los resultados socioeconómicos de la mayoría de los países (excepto Polonia y la República Checa) y las dificultades para crear una cultura democrática, parecen sugerir que se está en la situación opuesta.

==Cuarta parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 2- El espejo austríaco
* 3- La inseguridad básica
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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Después del muro 3:
la inseguridad básica

Tener trabajo seguro para toda la vida es uno de los logros de las economías socialistas que los ciudadanos de los países en transición más añoran. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los países de Europa del Este y de la ex Unión Soviética tenían, antes del colapso del sistema socialista, “un alto grado de seguridad básica”. Se incluye en ese concepto el pleno empleo de por vida, salarios bajos pero seguros y estables, bienes básicos subsidiados, seguridad en la alimentación, seguridad en la vestimenta y la vivienda, acceso gratuito a la salud y la enseñanza, pensiones de retiro previsibles y otro tipo de seguridad social.

Como contrapartida, además del cambio medular que significa la plena vigencia de los derechos civiles (libertad de expresión, libertad de circulación, pluralismo político),entre los logros de la transición se deben destacar los bajos niveles de inflación, la todavía comparativamente alta equidad social, y la disminución de los gastos de defensa. Sin embargo, esto ha estado acompañado por “la pérdida de muchos de los derechos económicos y sociales básicos”, como la del empleo seguro.
El panorama que traza el informe del PNUD sobre los diez primeros años de la transición es desalentador. Millones de personas están sin empleo o subempleadas. Un alto número de trabajadores han sido conducidos al inseguro y mal pago sector informal. Aún aquellos que están formalmente empleados, no tienen seguridad de que se les pague su salario. Y en el caso de que el trabajador esté formalmente empleado y cobre su sueldo en fecha, éste ha pérdido buena parte de su poder de compra, lo que se suma a la desaparición o reducción drástica de otro tipo de beneficios no monetarios.

No es fácil de cuantificar el número real de desempleados, ya que en muchos países no existen estadísticas confiables. Otro factor que atenta contra la posibilidad real de medir la incidencia del desempleo en las sociedades del antiguo bloque comunista, es la importancia del sector informal en la economía. En la ex República Yugoslava de Macedonia y en Armenia, el 40 por ciento de la economía está compuesta por el sector informal. En Hungría esto ocurre con un 30 por ciento de la actividad económica. Sin pago de impuestos, sin aportes sociales, sin reglas claras a la hora del empleo, y prácticamente incontrolada, la economía informal es el primer paso, y a veces la metáfora, de las prácticas mafiosas. Luego de años moviéndose en las sombras a través del mercado negro al que obligaba la escacez de ciertos productos en los países socialistas, las mafias y otro tipo de formas de crimen organizado han encontrado en la economía de transición un ámbito de desarrollo prácticamente ideal.

==Tercera parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 2- El espejo austríaco
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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El espejo austríaco

Para los habitantes de varios de los países del este europeo, Austria es el modelo occidental en el que mirarse. Sus fronteras con la República Checa, Eslovaquia, Hungría y Eslovenia, han puesto a los austríacos en la vidriera, y su nivel de vida es el que tienen en mente sus vecinos cuando van de compras en busca de una imagen para su ideal de sociedad capitalista. Más allá de las implicancias históricas de esta identificación que vienen, al menos, desde la época del imperio de los Hasburgo en el que varios de esos países estuvieron integrados en distintos momentos, hay una identificación que debe leerse por el deseo de crecimiento económico. Los involuntarios propagandistas de esta situación no son los potentados austríacos sino la clase media e incluso trabajadora que, amparada en la poca fortaleza de las monedas de los países en transición, visitan en masa los pequeños pueblos checos de la frontera, como el encantador Cesky Krumlov, o van a atenderse con los dentistas húngaros de Sopron, más baratos y tan buenos como los de Viena. El impacto del choque de estos dos mundos es considerable.

Para entender el impacto del choque entre estos dos mundos, es necesario imaginar la situación de dos trabajadores, uno eslovaco y uno austríaco que se dedican a la misma actividad y que viven en las capitales de sus respectivos países, situadas a una hora de distancia. El austríaco entra a su empleo por la mañana, y veintidos minutos más tarde ya produjo el salario necesario para comprar un kilo de carne de cerdo. El eslovaco necesitará tres horas y cuarto para lograr la misma proeza. Si en la misma balanza se colocan otras nacionalidades, se comprobará que el checo necesitará dos horas y media, el húngaro dos horas y diez minutos, el polaco una hora y tres cuartos, y el croata una hora y media; pero el que deberá realizar un esfuerzo mayor será el ucraniano, que necesitará cinco horas para lograr el mismo kilo de carne de cerdo que a su colega austríaco le costó veintidos minutos de trabajo. La hora en automóvil que separa Viena de Bratislava es casi nueve veces más valiosa para un eslovaco que para un austríaco si se toma como elemento de comparación el kilo de carne de cerdo, la más común en la dieta centroeuropea.

Si se lo que se toma en cuenta es la canasta básica en su totalidad, se aprecia que el eslovaco y el checo tienen que trabajar todo el mes (24 días) para alcanzar ese nivel de subsistencia que al austríaco le cuesta sólo una semana de idéntico trabajo, pudiendo gastar el salario de las tres semanas restantes en bienes y servicios que mejoren su calidad de vida. Cuando se hacen estas cuentas globales el polaco está más cerca del nivel de vida occidental, necesitando apenas algo más que el doble de trabajo que el austríaco para obtener el mismo resultado, dos semanas y dos días. Un poco peor que la realidad del polaco, pero mejor que la del checo y que la del eslovaco, es la situación del húngaro y del croata, que necesitan de 20 días de trabajo al mes para obtener lo básico para vivir. Si quiere lograr el mismo resultado, el ucraniano deberá trabajar todo el mes incluyendo sábados y la mitad de los domingos, ya que necesitará de 28 días de salario.

De todos los ciudadanos de los páises analizados en esta comparación basada en cálculos propios a partir de tablas de HGV, una institución especializada en monitorear las economías en transición, el polaco es el único que además de cubrir su canasta básica puede comprarse un traje y un par de zapatos con el salario de un mes; para eso deberá destinar el pago recibido por diez días de trabajo. Nuevamente el doble de lo que debe trabajar un austríaco para la misma compra, pero esta vez la mitad de lo que necesitan trabajar los checos y los eslovacos, con la diferencia sustancial que si los checos o los eslovacos quieren comprarse un traje y un par de zapatos deberán renunciar a parte de aquellos alimentos y servicios imprescindibles para vivir. Esta comparación, sin embargo, no es suficiente para visualizar la diferencia en la calidad de vida de los austríacos y sus vecinos de las economías en transición, ya que no incluye uno de los elementos de análisis más importantes: el desempleo.

==Segunda parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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08 septiembre 2000

En el túnel del tiempo

La guía de viajes Lonely Planet recomienda visitar un bar lácteo ubicado cerca de la estación de trenes de Varsovia para hacer una regresión en el tiempo e internarse en lo que era un restaurante popular de la Polonia comunista. Resulta una experiencia impactante. Se llega atravesando una gran avenida, hoy dominada por un hotel cinco estrellas y una tienda británica por departamentos, en la que el intenso tráfico habla de una ciudad próspera y vibrante. Sin embargo, una vez que se traspasa el umbral del bar lácteo, una atmósfera de opresión se apodera del visitante. La comida se recibe en una estrecha ventana que comunica la cocina con el comedor. Los cubiertos son de latón ordinario y tienen el desgaste de años de uso ininterrumpido.

Hasta ese momento, el visitante se ha concentrado en la tarea de elegir qué comer entre una lista de platos escrita en polaco en una pared, y en completar la operación de pre-pago y autoservicio. No ha prestado mayor atención al entorno. Por eso el principal golpe lo recibe cuando le da la espalda a la ventanilla en la que le acaban de servir un humeante guisado y se encuentra de frente con el resto de los clientes. Es una insólita mezcla de mendigos, estudiantes y algún que otro empleado de tienda en busca de un plato barato. Al comienzo predomina la sensación de que está en una institución de caridad para indigentes, pero al sentarse a una mesa e integrarse a esa comunidad de comensales, esta impresión cambia y el visitante siente que se encuentra en el comedor de un hospital psiquiátrico. Varios de los que sorben su sopa ruidosamente hacen, a intervalos regulares, ruidos guturales y golpean la mesa con la cuchara; un anciano habla con su vaso en tono de confidencia. Las batas que visten las mujeres que sirven la comida contribuyen a darle al lugar su aspecto de viejo manicomio. No es fácil terminar el plato tranquilamente.

Al salir, el aire de Varsovia se siente más puro que nunca; hasta el enorme Palacio de Cultura, un edificio de arquitectura estalinista ubicado en el centro de la ciudad, parece hermoso. Rodeando la manzana de la estación, en la avenida que corre perpendicular a la que aloja al bar lácteo, y apenas a trescientos metros de éste, un Mc Donald’s de dos pisos se alza más como una tabla de salvación que como un contraste. Aunque la ciudad ofrece un abanico de opciones gastronómicas que van mucho más allá del dilema bar lácteo o fast food, vale la pena detenerse en la versión polaca de la célebre cadena norteamericana, cuya promoción del mes es una hamburguesa con panceta que se anuncia en la entrada por intermedio de una gran fotografía de John Wayne, uno de los íconos del reaganismo durante la Guerra Fría.

Se equivocan quienes piensan que los Mc Donald’s son iguales en todas partes. Las pequeñas diferencias que la franquicia internacional permite a sus socios de cada país, puede enseñar algo sobre cada sociedad. En París, cuna de la excelencia gastronómica, resultaría impesable una cadena de hamburguesas monótona y uniforme que simplemente ofreciera lo mismo que en el resto del mundo; por ese motivo, en los Campos Elyseos la legendaria Big Mac convive con promociones que permiten a los jóvenes parisinos disfrutar de hamburguesas exóticas, una distinta para cada día de la semana, bautizadas con nombres como Mc Hawai, Mc Corfú, o Mc Arabia, y aderezadas con ingredientes de las cocinas típicas de esos lugares. En Grecia la decoración busca integrar algo del pasado clásico, y la que está ubicada en la Plaza Wenceslao de Praga permite encontrar molduras art-nouveau en su interior para no desentonar con la bella arquitectura de la capital checa.

En Varsovia es diferente. La decoración del Mc Donald’s polaco está compuesta por fotografías de otros Mc Donald’s ubicados a lo largo y ancho del mundo, desde Estados Unidos hasta el Lejano Oriente. Podría leerse que los polacos no necesitan que el fast food símbolo de Occidente les ofrezca otra cosa que la sensación de que al fin forman parte de ese Occidente. El gran cow-boy John Wayne (foto), que en alguno de sus filmes supo incluso ser un aguerrido boina verde en la guerra de Vietnam, reafirma este mensaje.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2001)

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29 agosto 2000

Cáucaso: El factor islámico

Aunque el 75 por ciento de los musulmanes que habitan en la ex URSS viven en las repúblicas de Asia central (Usbekistán, Kazajstán, Kisguistán, Tayikistán, Turkmenistán), el 10% en las regiones del Volga Medio-Ural (Bashkortostán, Tatarstán), y sólo el 15% se encuentran en el Cáucaso (Azerbaiyán, Daguestán, Chechenia, Ingusetia, Georgia), el factor islámico es una de las claves a la hora de comprender la conflictividad caucásica. Exceptuando los de Azerbaiyán (azeríes) que son chiítas duodecimanos, emparentados a los iraníes, y a excepción también de algunos ismaelitas de rito nizarí y de algunos pequeños grupos heréticos como los ali illahis y los yezidis (que significa "adoradores del diablo"), los musulmanes de la ex URSS son sunnitas de rito hanefí, por lo que su familia religiosa es la misma que agrupa a los musulmanes de Turquía.

Durante el período soviético, en el que la práctica religiosa había sido perseguida o en el mejor de los casos desalentada, el Islam gozó de cierta protección gracias al alineamiento de sus jefes religiosos con la política estatal dominante. Fruto de esta alianza fue la fundación de dos universidades coránicas, la no persecusión del matrimonio religioso ni de los ritos funerarios islámicos y la autorización para algunos privilegiados de realizar la peregrinación ritual a la Meca. Sin embargo, al margen de este Islam oficial existía un Islam paralelo, que formaba un sistema religioso complejo, semiclandestino, dominado por las ideas sufíes. De acuerdo con la investigadora Chantal Lemercier, la acción “constante y sistemática” de las cofradías sufíes, “con sus escuelas coránicas, sus casas de oración, su mantenimiento de los lugares santos”, permitió al Islam “permanecer como una religión viva y popular” en la antigua URSS.

La guerra de Afganistán a comienzos de los ochenta, con una guerrilla islámica fundamentalista enfrentando a las tropas soviéticas, deterioró las relaciones entre comunistas y musulmanes llevándolas a un punto que ni siquiera pudo ser superado por las primeras medidas de liberalización de la Perestroika que impulsara el premier soviético Mijail Gorbachov desde 1986. En noviembre de ese año, Gorbachov pronunció un discurso en Uzbekistán, tierra musulmana, en el que llamaba a los militantes del Partido Comunista "a combatir resueltamente y sin compromisos los fenómenos religiosos, a multiplicar los esfuerzos de propaganda en materia de ateísmo y de política de masas". La crisis económica de fines de esa década, y el crecimiento de los movimientos islámicos al interior de la ex URSS motivaron a Gorbachov a realizar ciertas concesiones en 1989, reconociendo la importancia de las lenguas locales y autorizando el uso del alfabeto árabe, generando un contexto en el cual el Islam paralelo se autolegalizó, destituyendo a parte del clero oficial y tomando el control de la vida religiosa.

==Cuarta parte de cinco

* 1- El Cáucaso, un viejo campo de batalla
* 2- Secuestro de militares uruguayos
* 3- La Gran Depresión
* 5- Chechenos: los peores enemigos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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26 agosto 2000

Aborígenes y drag-queens

Es muy probable que Cathy Freeman obtenga una de las medallas en la prueba de 400 metros, y tal vez sea la de oro. Si eso ocurre es probable que haga lo mismo que cuando ganó los Juegos de la Commonwealth en 1994, es decir, que festeje envolviendo su cuerpo en la bandera de los aborígenes en lugar de dar la vuelta olímpica haciendo flamear la enseña nacional australiana. Este hecho, que debería ser penalizado según las reglas olímpicas que impiden a los atletas promover mensajes políticos o religiosos, no tendrá consecuencias para Freeman. El Comité Olímpico australiano ya anunció que si Freeman toma esa "impulsiva decisión" no recibirá ninguna sanción.

La medida, que desde un punto de vista reglamentarista puede parecer insólita (anticipar que no se sancionará a alguien por romper impulsivamente una regla antes que la transgresión tenga lugar), fue saludada por el líder aborígen Geoff Clark como "una victoria del sentido común y un avance en la reconciliación entre los indígenas y no indígenas de Australia". La bandera roja, amarilla y negra, representa la tierra, el sol y los pueblos aborígenes, y es símbolo de las colectividades que integran el 2,1 por ciento de los 20 millones de australianos, y que continúan siendo su sector más desfavorecido en términos de desarrollo social.
Además de los elogios de los líderes indígenas, las autoridades olímpicas australianas se hicieron acreedoras, en la recta final de la organización de los juegos, a las felicitaciones de la comunidad homosexual de su país. El motivo fue la decisión de permitir que la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos incluya un número de drag-queens, lo que ocasionó una verdadera tormenta en la sociedad y la política australianas.

Las drag-queens no son travestis en un sentido técnico, pero se les parecen. Son hombres que se disfrazan de mujeres y realizan shows de cabaret ; pese a que no son necesariamente homosexuales, gozan de un considerable éxito entre la comunidad gay que las considera parte integrante de su corriente. En Uruguay se las vio en la película "Las aventuras de Priscilla, reina del desierto", que obtuvo un premio Oscar de la Academia de Hollywood por Mejor Vestuario, aunque la mayoría de la crítica confundió a los personajes con travestis.

En Australia son consideradas casi un símbolo nacional; no tanto como los canguros o los koalas pero sí a un nivel similar que Cocodrilo Dundee. Esto al menos es lo que se desprendde de las declaraciones del parlamentario federal, Bob Katter, oficialista, quien dijo que "si Los Angeles tiene a Hollywood y la India al Taj Mahal, Sidney tiene sus drag-queens". El opositor de derecha David Oldfield, se preguntó públicamente si quienes resolvieron autorizar la presencia de las drag-queens en la ceremonia olímpica habían "desayunado LSD con sus cereales". Si bien la cabeza de los juegos, Michael Knight, negó que la decisión implicara una "celebración de la cultura gay", una de las más célebres drag-queens del país, Sally (Trevor) Bunney dijo a la agencia Reuters que la medida "saca al pueblo de las edades oscuras y demuestra que la gente es cada vez más tolerante hacia los homosexuales".

==Quinta parte de ocho

* 1- No todo lo prohibido se puede hacer
* 2- La veté porque era mía
* 3- "Robo de atletas"
* 4- Enemigos en la villa olímpica
* 6- Timor Oriental
* 7- Sobornos
* 8- Ecos de Vietnam

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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