26 marzo 2004

Espiral de violencia en Kosovo

"El hecho es que las minorías en Kosovo no han sido bien protegidas". El reconocimiento, que proviene del responsable de la política exterior europea, Javier Solana, puede leerse como el fracaso de la comunidad internacional en la provincia ex yugoslava.

Si hay un sitio donde resulta difícil saber quién tiró la primera piedra, ese lugar es Kosovo. En la escalada de esta semana, sin embargo, todo parece haber comenzado con el asesinato de un joven serbio de 18 años a manos de un francotirador albanés. Un grupo de serbios habrían luego tomado venganza matando a dos niños albanokosovares. Uno y otro bando silenciaron el hecho de sangre cometido por su propia gente, y se dedicaron a clamar venganza por la o las víctimas que pertenecían a su grupo étnico. En un lugar donde una de las partes tiene el 90 por ciento de la población, resulta fácil saber quién va a pasar a la ofensiva cuando la violencia se sale de control. En consecuencia fueron quemadas casas e iglesias serbias, y las monjas de un monasterio cristiano ortodoxo debieron ser evacuadas por helicóptero, obligando al éxodo de unos 3000 no albaneses. Mientras en las aldeas se trató de un pogromo contra la minoría serbia, en la ciudad dividida de Mitrovica, que comparten ambas comunidades, lo que se produjeron fueron enfrentamientos callejeros. Ahí se completó la treintena de muertos y los casi seiscientos heridos, tanto serbios como albanokosovares.

Si se revisan las noticias de los últimos cuatro años, en más de una oportunidad hubo episodios puntuales de asesinatos. En una ocasión, por ejemplo, también hubo niños entre las víctimas. Pero en aquellos casos “la primera víctima” era serbia, y esa minoría sólo podía protestar en las instancias formales del protectorado de Naciones Unidas. Ahora, de manera coordinada o por iniciativa propia, una parte de la prensa albanesa silenció la muerte del joven serbio y presentó a los niños albaneses como víctimas iniciales. Eso desencadenó la furia. El premio Nóbel Elías Canetti describe este tipo de fenómenos en su libro Masa y Poder: “Es el primer muerto el que contagia a todos con el sentimiento de la amenaza. La significación de este primer muerto para atizar las guerras es imponderable. Los detentadores del poder que quieren desatar una guerra saben muy bien que deben conseguir o inventar un primer muerto. No se trata tanto de su peso dentro de su grupo. Puede tratarse de alguien sin ninguna influencia especial, a veces hasta es un desconocido. Lo que importa es su muerte y no otra cosa; hay que creer que el enemigo carga la responsabilidad por ella. Se ocultan todas las razones que podrían haber llevado a matarlo menos una: ha perecido como miembro del grupo al que uno mismo pertenece”

==Primera parte de dos

* 2- El auxilio de la literatura

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 26 de marzo de 2004)

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22 agosto 2003

Crónica de Travnik: La amargura de los cónsules

Hasta fin de año, el dilema sobre la nacionalidad de Ivo Andric se podrá resolver como lo hizo la editorial Debate en la escueta ficha biográfica de la solapa de Crónica de Travnik. Hasta diciembre alcanzará con decir que Ivo Andric es yugoslavo. Pero en enero de 2003, cuando ya esté aprobada la Constitución de la unión de Serbia y Montenegro, y se haya completado el proceso que comenzó este 14 de marzo y que llevará a la extinción de la tercera Yugoslavia, no alcanzará con una respuesta tan simple. ¿Cuál será entonces la nacionalidad de este escritor de familia y educación croata, nacido en una aldea austrohúngara que ahora pertenece a Bosnia-Herzegovina, y que fue diplomático al servicio de la monarquía serbia? De algunas facetas de este problema hablan las páginas de Crónica de Travnik, un libro que el paso de los años ha vuelto todavía más autobiográfico.

La acción, que se inicia el último viernes de octubre de 1806, transcurre en tiempos de las guerras napoleónicas, en una ciudad bosnia bajo control otomano, Travnik, a la que llegan dos cónsules: el francés y el austríaco. En la biografía de Andric es posible rastrear los insumos de los que se valió para crear esta historia. Siendo él mismo cónsul en París del Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, embrión de la primera Yugoslavia, se sabe que leyó en profundidad la correspondencia de Pierre David, que fuera cónsul francés en Travnik. En esos tiempos, Andric combinaba una intensa tarea literaria con su trabajo diplomático, campo en el que en 1935 llegó a ser jefe del Departamento de Asuntos Políticos, paso previo a su designación como Ministro de Relaciones Exteriores de Yugoslavia, en 1937. A pesar de esa doble actividad, Andric no olvidaba el proyecto literario que desembocaría en la Crónica de Travnik, y en 1938 logró obtener toda la documentación correspondiente al trabajo de los cónsules austríacos que sirvieron en Travnik entre 1806 y 1817, Paul von Mittesser y Jakob von Paulich. En su libro, Andric mantuvo los apellidos de estos cónsules.

Crónica de Travnik es un libro amargo. Sus personajes centrales , los cónsules austríacos y el cónsul de Bonaparte, trazan un cuadro de desencanto y pesimismo, que nace tanto del entorno hostil en el que se ven obligados a vivir, como en la convicción de que sus intentos para consolidar la influencia de sus imperios en esa tierra musulmana están condenados al fracaso. Resulta inevitable relacionar este tono sombrío con la última etapa de la vida diplomática de Andric bajo la primera Yugoslavia, que coincidió con el momento en que su investigación sobre “el tiempo de los cónsules” empezó a tomar forma literaria.

==Primera parte de tres

* 2- El pacto con el Eje
* 3- La literatura como refugio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

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15 agosto 2003

Fuentes

-Andric, Ivo. Un puente sobre el Drina.
-Kadaré, Ismail. El Palacio de los sueños.
-Kadaré, Ismail. Tres cantos fúnebres por Kosovo. Alianza. Madrid, 1999.
-Subotic, Dragutin. Yugoslav Popular Ballads: Their Origin and Development. Cambridge University Press. Cambridge, 1932.
-Vuckovic, Vladeta y Mathias, John. Serbian Epic Poems. Ohio University Press. Ohio, 1987.

==Novena parte de nueve

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca

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La mirada turca

Las crónicas turcas han conservado la memoria de la batalla de Kosovo vista desde el lado de los vencedores. Como corresponde a la tradición, el historiador otomano Neshri, cronista al servicio de Murad, comienza su detalle narrando el revés inicial de las fuerzas turcas: “Los arqueros de los fieles lanzaron sus flechas desde ambas orillas. Numerosos serbios se pusieron de pie como si fueran montañas de hierro. Cuando se hizo un pequeño claro en la lluvia de flechas, ellos comenzaron a moverse, y pareció como si las olas del Mar Muerto estuvieran rugiendo...De pronto los infieles arreciaron contra los arqueros del ala izquierda, los atacaron de frente y, habiéndolos dividido, los hicieron retroceder. Los infieles destruyeron también otro regimiento y se pararon detrás del ala izquierda...Así, los serbios empujaron completamente ese flanco, y las confusas novedades del desastre comenzaron a difundirse entre los turcos bajando su moral...Bayazet, con el ala derecha, se había movido tan poco como la montaña que tenía a su lado. Pero vio que era muy poco lo que faltaba para que el Sultán perdiera todo su ejército”.

Si recurrimos al libro de Kadaré (foto) Los tambores de la lluvia, que trata de las campañas de los turcos contra los albaneses en el siglo XV, es posible recrear la difícil tarea que tenían los cronistas imperiales. Acompañaban al ejército en las más duras condiciones, y debían afinar su imaginación para equilibrar la verdad histórica con la necesidad vital de agradar a sus señores. Escribe Kadaré: “Mevla Chelebi, el cronista, se detuvo a cincuenta pasos de la tienda del pachá...Mientras seguía con la mirada a los oficiales superiores, buscaba los epítetos con que habría de describirlos en su crónica, si todos demostraban valor y arrojo en el combate. Pero dichos calificativos eran extraños y débiles y, en su mayor parte, ya habían sido empleados por sus antecesores. Además, si descartaba los que tenía reservados al comandante en jefe, su número se veía aún más reducido, por lo que tenía que reflexionar mucho antes de emplear cualquiera de ellos en forma aislada. Tenía algo así como un puñado de alhajas que debía prodigar con mesura sobre aquellos combatientes sin nombre”.

Veintiseis años después de aquél libro escrito en 1972, Kadaré vuelve a introducirse en un campamento otomano en la víspera de una batalla decisiva. Esta vez no lo hace en la piel de un cronista sino en la del preceptor del hijo del Sultán. Su objetivo es mostrar uno de los aspectos de la batalla de Kosovo que las crónicas de la época no registraron: ese fue más que un choque entre dos ejércitos, fue un choque entre dos mundos que se desconocían, y que luego de ese combate empezarían una pulseada en la que no dejarían de atraerse y de repelerse. Fue un choque que le dio a la península su nombre actual, Balcanes, montaña en lengua turca. La primera vez que los pueblos diversos de la ex Yugoslavia tenían un nombre común, éste provenía del idioma del enemigo. A Kadaré no el pasa inadvertido ese hecho: “Antes incluso de poner pie en ella, los turcos bautizaban de tal suerte la península y a sus pobladeres, y ese nombre parecía amoldárseles lo mismo que las escamas nuevas al cuerpo de un viejo reptil (...) se dieron cuenta entonces de que, divididos como habían estado, nunca habían llegado a ponerle nombre a su península (...) Ahora ya era demasiado tarde para hacer algo y sería en esas condiciones, sin nombre colectivo alguno, incluso con la denominación que les había impuesto el enemigo común, como deberían marchar hacia la guerra y la derrota”.

==Octava parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 9- Fuentes

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La caída del reino de Serbia

...y de Jerusalén, del lugar sagrado,
voló un gran pájaro gris, un halcón,
que en su pico llevaba una golondrina.
¡Pero espera! No es un halcón.
Es un santo. El sagrado San Elías:
y no lleva consigo una golondrina
sino una carta de la madre de Dios.
Lleva la carta ante el Zar en Kosovo
y la coloca en sus rodillas
que se estremecen.

Y es la propia carta la que le habla al Zar:
“Lazar! Lazar! Zar de noble familia,
¿Qué reino es aquél que más deseas?
¿Elegirás hoy una corona celestial?
¿O será terrenal aquella que elijas?
Si elijes la de este mundo,
entonces firmes sillas de montar
tendrán tus caballeros,
haz que desenvainen sus espadas
y que desciendan a la llanura atacando contra
los turcos: tu enemigo será destruido.
Pero si elijes el reino de los cielos
construye una iglesia
-no de piedra, sino de seda y terciopelo-
reúne a tus fuerzas y tomen el pan y el vino,
porque todos deberán perecer, perecer completamete,
y tú, Oh Zar, tú deberás perecer con ellos”.

Y cuando el Zar hubo escuchado estas sagradas
palabras
meditó, pensó en cada una de ellas:
“Oh, Dios adorado, ¿qué debo hacer? ¿y cómo?
¿Debo elegir lo terrenal? ¿Debo elegir
los cielos? Y si elijo el reino,
si elijo el reino de esta tierra ahora,
los reinos terrenales son cosas pasajeras,
y los reinos celestiales,
furiosos en la oscuridad,
duran
eternamente”

Y Lazar eligió el paraíso, no la tierra,
y levantó una iglesia a la medida de Kosovo
-no de piedra, sino de seda y terciopelo-
y convocó al Patriarca de Serbia,
convocó a los doce más altos obispos,
y reunió a sus fuerzas, las trajo consigo
para tomar el pan y el vino.
Y tan pronto como Lazar dio sus órdenes,
ellos cruzaron la planicie de Kosovo,
precipitándose sobre los turcos.


(Traducido por Roberto López Belloso, en base a la versión inglesa de John Mathías y Vladeta Vukovic)

==Septima parte de nueve

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

(publicado en Brecha en agosto de 2003)

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La mirada albanesa

Cuando Milosevic pone a los albaneses como blanco de su intento de vengar la vieja batalla de Kosovo, está manipulando los hechos en base a una verdad a medias. Es cierto que la mayoría de los albanokosovares son de religión musulmana, la cual les valió el favor de los turcos otomanos y los colocó en una posición privilegiada durante los quinientos años de dominio islámico sobre los Balcanes; no en vano veintiocho grandes visires fueron albaneses. Pero también es cierto que durante la batalla de 1389 los albaneses aún eran cristianos y combatieron bajo las órdenes del príncipe serbio. Esta ambigüedad fue recogida mejor por la literatura que por la historia. Suele ocurrir con las ambigüedades.

El escritor albanés Ismail Kadaré (foto) trata el tema en dos de sus libros: en la excelente novela de inspiración kafkiana, El Palacio de los sueños; y en la que tal vez sea una de las obras menores de su producción, Tres cantos fúnebres por Kosovo. Aunque esta última es la que está enteramente dedicada a esa batalla, fue escrita en el contexto de los enfrentamientos que siguieron a la desintegración de Yugoslavia en los años noventa, por lo que está demasiado influida por esos episodios y por el lamento acerca de la perennidad de los odios entre los pueblos balcánicos: “los serbios no cesaban de maldecir a los albaneses y los albaneses a los serbios”.

Por eso es más productivo buscar la lectura albanesa sobre Kosovo en El Palacio de los sueños, donde no es el tema central del libro y donde aparece apenas en el tercio final de la obra. Para empezar, Kadaré no lo llama Kosovo sino Kosova, que es como se dice en albanés, y para seguir no lo sitúa en Serbia del Sur, como está ubicado según la geografía moderna, sino en Albania del Norte, como correspondería al mapa idealizado de la Gran Albania por la que luchan los nacionalistas albaneses radicales. El Palacio de los sueños narra las peripecias de un joven integrante de una familia albanesa al servicio del sultán otomano, quien se enrola como funcionario en el Tabir Saray, una suerte de construcción kafkiana en la que se clasifican y se analizan los sueños de los súbditos del imperio. Los sueños con los que trabaja el Tabir Saray son la materia prima con la que se construyen los mitos balcánicos. “Nuestro Palacio de los Sueños, creado por deseo expreso y personal del Sultán soberano, tiene como misión clasificar y examinar no ya los sueños aislados de personas individuales, las cuales, por una u otra razón, constituían antes una esfera privilegiada y detentaban en la práctica el monopolio de las predicciones mediante la interpretación de los signos divinos, sino el Tabir Total, dicho de otro modo, el sueño de todos los súbditos sin excepción”.

En los archivos del Tabir Saray se guarda un cartapacio con los setecientos sueños soñados la noche antes de la batalla de Kosovo. Cuando el protagonista abre esa carpeta, “la llanura de Kosova, en Albania del Norte, donde él no había estado nunca, se desplegaba lentamente en su imaginación en forma de una visión onírica e inestable, tal como puede ser un decorado concebido por cientos de cerebros dormidos”. Esta es una de las mejores definiciones de lo que es la batalla de Kosovo para los nacionalismos balcánicos, algo tan irreal y a la vez concreto como un decorado producido por los sueños colectivos. “Y por si esto no fuera suficiente, aquellas visiones nebulosas y carentes de sentido iban acompañadas de su correspondiente interpretación, que las tornaba aún más etéreas”. Luego de relatar lo que ocurría antes y después de la batalla, Kadaré hace lo que debe hacer la literatura, pone el mito en duda: “¿cómo habría sido en realidad? ¿resultaría posible reconocer la verdad cuando sus raíces se hundían en el sueño?”.

==Sexta parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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La venganza

El 28 de junio de 1988, quinientos noventa y nueve años después de muerto el santificado príncipe serbio Lazar, comenzó el proceso recordatorio que culminaría en el Campo de los Mirlos un año más tarde. No se trataba sólo de un festejo, sino que se llevarían a su tierra nativa los restos de Lazar.

Al finalizar la batalla de 1389 había empezado el exilio del cuerpo del príncipe; para continuar con el paralelismo con la suerte de Cristo que gusta hacer la tradición épica serbia, podría decirse que el cadáver decapitado de Lazar había padecido una suerte de calvario que no había precedido al martirio sino que se había interpuesto en su camino al santo sepulcro. Al morir, los nobles serbios llevaron el cuerpo a la iglesia de Vaznesenje Hristovo, en Prishtina; luego lo trasladaron al monasterio de Ravanica donde la iglesia serbia proclamó a Lazar “santo y sagrado mártir”. Para evitar que su tumba se convirtiera en lugar de peregrinación y en foco de rebeldía contra el poder otomano, los turcos obligaron el traslado de los restos a lo que en aquél entonces era Hungría, al monasterio de Vrdnik en Fruska Gora. Durante la Segunda Guerra Mundial, y para evitar que cayeran en poder de los ustashi croatas, aliados de la Alemania nazi, los custodios de la tumba realizaron otro traslado, esta vez hacia el altar de la catedral ortodoxa de Belgrado.

Finalmente, se decidió que era tiempo que descansara en el monasterio de Ravanica, donde había sido santificado y cerca de su lugar natal, Cuprija. Ese traslado final debía hacerse con toda la pompa. Era todavía la Yugoslavia unida. El cortejo portador de las reliquias sagradas de Lazar recorrió, durante un año, todos los pueblos de Serbia. El periodista estadounidense Robert Kaplan fue testigo de esa procesión: “el paso del ataúd era recibido en cada lugar de parada por una multitud de plañideras desgarradas vestidas de negro”. Era la continuación de la pasión de Lazar crucificado en espera del día de la resurrección que, con fatalismo milenarista, se preparaba a la sombra del cálculo político. Una suerte de segundo advenimiento de aquél príncipe sobre el que los serbios habían colocado buena parte del peso de su svetosavlje, concepto que es uno de los pilares de la religión ortodoxa y que implica la combinación de “la aceptación del evangelio, de la ética de la justicia, y del carácter cristiano, junto a los ideales de libertad y amor”, explica la doctrina. Los nacionalistas croatas tenían una visión diferente del asunto. Dusan Bilandsic comentó el hecho indicando que “la propaganda serbia ha promovido una campaña de necrofilia inaudita”.

El escritor bosnio-croata Predrag Matvejevic también es crítico respecto a este montaje del nacionalismo serbio, pero no se lo toma a risa. “Kosovo tiene su realidad y su mito”, dice. Pero ese mito se ha transformado en “el arma de Milosevic”, porque “ha sido en Kosovo donde este dirigente de segunda fila de la Liga de los comunistas yugoslavos, ha hecho su primera hazaña en la Serbia postitista (...) Ha sabido poner su extraordinaria habilidad o astucia al servicio de un mito del que se sirve en su trabajo diabólico”. La hazaña comenzó en 1987 con una sonada visita de Milosevic a Kosovo, y terminó de delinearse en el acto del seiscientos aniversario de la batalla, en 1989, cuando proclamó abiertamente su nacionalismo serbio señalando el monumento conmemorativo de la derrota de 1389 y exclamando, mientras se dirigía hipotéticamente al príncipe Lazar:“nadie, ni ahora ni en el futuro, tiene el derecho de vencerte”. Es lo que algunos autores ven como la clausura de los caminos del entendimiento con eslovenos, croatas y bosnios al interior de la Federación. Es decir, el comienzo del fin de Yugoslavia.

==Quinta parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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El contexto histórico

La batalla de Kosovo fue la consecuencia inevitable del afán turco por conquistar Europa. Habían iniciado su campaña en 1356, cuando dejaron Asia y comenzaron una serie de luchas que les permitieron obtener las dos principales ciudades griegas del norte: Tesalónica y Adrianópolis, la actual Edirne turca. Teniendo en cuenta que el poder balcánico más importante de la época era la monarquía serbia (en 1345 un príncipe serbio había sido coronado Emperador de Serbios Griegos y Albaneses) resultaba un desenlace natural que fueran estos monarcas los que unieran a los cristianos balcánicos para oponer un ejército poderoso al invasor musulmán.

Pero la de 1389 no fue la única batalla medieval que se libró en Kosovo. Hubo otra, 59 años más tarde, que fue decisiva para el control de los restos del Imperio Bizantino. La segunda batalla de Kosovo duró del 17 al 20 de octubre de 1448, y en ella los cristianos, esta vez comandados por el regente húngaro Janos Hunyadi (foto), resultaron nuevamente vencidos por los otomanos, ahora al mando del sultán Murad II. Se dice que lo que definió el combate fue el cambio de bando de los valacos, habitantes de lo que hoy es Rumania, que abandonaron a los cristianos y reforzaron a los musulmanes. Este gesto les valió a los Príncipes de Valaquia una amplia autonomía en los cinco siglos siguientes durante los cuales fueron dominados por los turcos, pero hizo fracasar el último intento serio de los balcánicos por salvar los jirones de Bizancio.

Cinco años más tarde, caía Constantinopla y terminaba así un período clave de la historia de la humanidad que se había iniciado un mileño antes con la partición del Imperio Romano. Los ecos de la cristiandad bizantina, u ortodoxa, todavía resuenan, sin embargo, en las iglesias eslavas y griega, tal vez porque la religión fue uno de los refugios en el que esas nacionalidades se protegieron de los más de quinientos años de dominio otomano. Todavía flamea la bandera imperial bizantina en los monasterios ortodoxos, y todavía el martes está considerado un día de mala suerte porque fue un martes el día en que cayó Constantinopla.

La segunda batalla de Kosovo (1448), históricamente, fue tanto o más decisiva que la del Campo de los Mirlos (1389), ya que fue gracias a la segunda batalla que los turcos tuvieron el camino libre para conquistar Constantinopla (1453), y fue dos años después de esa caída de la capital de Bizancio que lograron completar la ocupación de Serbia. Si se miran las fechas anotadas entre paréntesis -es difícil hacerlo ya que desde el presente todas parecen entremezcladas en ese borroso magma del pasado remoto- se puede detectar que entre 1389 y la caída total de Serbia mediaron sesenta y seis años, lo que relativiza la trascendencia real de la Batalla de Kosovo y vuelve más evidente que su importancia es esencialmente simbólica.

==Cuarta parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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El rol de la épica

La tradición también registra otras palabras, estas pronunciadas por el yerno de Lazar, Vuk Brankovic. Viendo la superioridad de las fuerzas del Sultán, le habría dicho: “podemos pelear, pero no podremos vencer”. A partir de ese momento comienza a tejerse el destino trágico del príncipe Lazar, que le llevaría a ser considerado santo por la iglesia cristiana ortodoxa. En esa reinterpretación de los hechos está el rol central de la serie de poesías épicas conocida como La Saga de Kosovo.

El paralelismo con el sacrificio de Jesús es intencionado y permanente. De acuerdo con la llamada Crónica del Monje Pahomije, la noche antes del combate Lazar tuvo su Ultima Cena. Le dijo a sus generales: “tres de ustedes están pensando en desertar de mis filas y pasar al bando de los turcos”. Miró a los sospechosos y les obsequió un copón de oro en prueba de amistad y les pidió que no lo traicionaran. Esa noche, Lazar fue a dormir convencido de que sería abandonado en lo peor del combate, y de que sólo podía confiar en su yerno, Brankovic, por lo que le encomendó las tropas de reserva para que fuera a cubrir el lugar que el supuesto traidor dejaría indefenso. En el momento decisivo la reserva debía entrar en combate. Pero no lo hizo. Vuk Brankovic mantuvo a sus doce mil hombres al margen de la batalla. Aunque Lazar se sintió perdido, en lugar de retroceder reunió en torno de sí a lo que quedaba de sus tropas y lideró un nuevo ataque, que también fracasó. Lazar fue tomado prisionero y la batalla estuvo perdida para los serbios. El noble que en un principio Lazar había pensado que lo traicionaría, en verdad se comportó con lealtad; se hizo conducir a la tienda del Sultán con la excusa de besar sus pies en señal de rendición, y lo apuñaló hasta matarlo. Y aquél en quien Lazar más confiaba, su yerno Brankovic, fue el que lo traicionó en el momento crucial de la batalla.

El destino trágico de Lazar continúa cuando, en cautiverio, es condenado a muerte por los otomanos en venganza por la muerte del Sultán. Uno de sus nobles, Krajimir de Toplica, pidió que le permitieran colocar su túnica debajo del lugar en el que sería decapitado el príncipe, para que su cabeza no cayera a la tierra. Antes de morir, cuenta la leyenda que Lazar pronunció sólo cinco palabras: “Dios mío, recibe mi alma”. Así Lazar tuvo su última cena, su traidor, sus leales, su pasión, sus últimas palabras, y su muerte. Su martirio, prefiere decir la tradición serbia.: “Las palabras de Cristo acerca del camino de sufrimiento que conduce al Reino de los Cielos, tiene su culminación en el martirio de Knez Lazar en Kosovo”.

El poema épico que reproducimos en recuadro aparte, responde a la interpretación que la tradición cristiana ortodoxa hace del “destino histórico de Serbia”. O para decirlo en palabras del Obispo ortodoxo Atanasije Jevtic, “la opción espiritual del pueblo serbio a favor del Paraíso aun por encima de la vida en la tierra se manifestó de la manera más completa y evidente en la opción trascendental hecha en la batalla de 1389. Esa opción implicó luchar a pesar de saberse derrotados de antemano por la más elemental lógica militar y fundó lo que el Obispo Jevtic ha llamado “la ética de Kosovo”. Esta visión está presente en la saga de poemas épicos sobre Kosovo, como en el poema llamado “La caída del Reino Serbio”, en el cual de acuerdo con la interpretación del citado religioso, “la derrota física de Kosovo fue transformada en una victoria espiritual, una filosofía cristiana del sacrificio trágico convertida en la base moral de la mentalidad de un pueblo”. Por eso el nacionalismo serbio da tanta importancia a esa derrota como elemento fundacional de su identidad.

==Tercera parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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La batalla

La batalla de Kosovo se libró el 28 de junio de 1389, cerca de Prishtina, en la llamada Llanura de los Mirlos. Las crónicas de la época permiten imaginar el campo de batalla de aquel 28 de junio. Las tropas serbias comandadas por el príncipe Lazar estaban acampadas en la orilla derecha del río Lab. El ala izquierda estaba dirigida por Dimitrije Vukovic, el ala derecha por el enviado del rey bosnio Tvrtko, y el centro a cargo del príncipe Lazar en persona; la reserva quedaba en manos del yerno del príncipe, Vuk Brankovic. No habían podido obtener ayuda del rey de Hungría por falta de tiempo, y varios de los señores feudales serbios estaban prestando servicios -paradojalmente- a órdenes del Sultán otomano en otros puntos del imperio en virtud de acuerdos previos de vasallaje.

El que se preparaba era un combate entre dos fuerzas que ya habían medido su pulso. Lazar había derrotado a los turcos en dos oportunidades, en 1381 y 1386. Su aliado, el rey Tvrtko de Bosnia, también los había vencido en 1386 y 1388. Por eso los otomanos habían decidido formar un ejército invencible al mando del propio Sultán para castigar esas afrentas. Su avance fue incontenible. Tomaron la ciudad de Nish luego de un sitio de 25 días, y el soberano otomano envió un mensaje al príncipe serbio que, de acuerdo con la literatura épica balcánica, decía: “Oh Lazar! Zar! Señor de todos los serbios, lo que nunca ha sido nunca podrá ser:una única tierra en manos de dos señores,un único pueblo tributando doblemente; No podemos reinar juntos,entonces envíame todas las llaves y todos los tributos,las llaves de oro que abren todas las ciudades,todos los tributos de estos siete años,y si tú no me envías todo esto de una sola vez,lleva tus ejércitos a la llanura de Kosovo,y allí nos dividiremos el país con nuestras espadas”

Un capitán griego al servicio de los otomanos, Evrenos Bey, conocía las costumbres cristianas ortodoxas por lo que aconsejó al Sultán atacar en las primeras horas de la mañana, cuando los nobles serbios estarían participando del servicio religioso. Así lo hicieron y tomaron al enemigo por sorpresa. A pesar de eso, el comienzo no fue favorable a los turcos. El historiador otomano Neshri, cronista al servicio de Murad, escribió: “Los arqueros de los fieles lanzaron sus flechas desde ambas orillas. Numerosos serbios se pusieron de pie como si fueran montañas de hierro. Cuando se hizo un pequeño claro en la lluvia de flechas, ellos comenzaron a moverse, y pareció como si las olas del Mar Muerto estuvieran rugiendo...De pronto los infieles arreciaron contra los arqueros del ala izquierda, los atacaron de frente y, habiéndolos dividido, los hicieron retroceder. Los infieles destruyeron también otro regimiento y se pararon detrás del ala izquierda..Así, los serbios empujaron completamente ese flanco, y las confusas novedades del desastre comenzaron a difundirse entre los turcos bajando su moral...Bayazet, con el ala derecha, se había movido tan poco como la montaña que tenía a su lado. Pero vio que era muy poco lo que faltaba para que el Sultán perdiera todo su ejército”. Pero fue el propio Sultán el que volcó las cosas a su favor (algo muy adecuado para alimentar mitologías). Atacó el flanco de las fuerzas serbias y les causó considerables pérdidas.

==Segunda parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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10 mayo 2002

Cuaderno de los Balcanes 10: Kalemegdam

Si hay una construcción que es símbolo de Belgrado, ésa es la fortaleza de Kalemegdan. Está a un paso del agitado tráfico de la capital, pero la paz de un parque le sirve de amortiguador, al punto que cuando se llega al pie de su entrada la calma es absoluta. Arcos, puentes y torretas de piedra, le dan un sabor inconfudiblemente medieval, aunque varias de sus partes fueron reconstruidas en el Renacimiento y en el siglo XIX. Mientras avanza por sus senderos, el visitante, que en general es un único visitante, tiene la sensación de haber ingresado a un montaje pensado para dar la imagen de un paisaje bucólico y pastoril. Entre las piedras sepulcrales del medioevo que están sembradas estratégicamente, corren grupos de ardillas, y sobre unas rocas que quedan bajo una arboleda, siempre dentro de los muros de la fortaleza, ancianas tejedoras ofrecen carpetas blancas y manteles bordados. Es difícil saber para quién es que montan sus puestos en esta ciudad vacía de turistas.

Pero es necesario seguir caminando para llegar al verdadero corazón de Kalemegdan: sus muros sobre la confluencia de los ríos Saba y Danubio. Sentado en ese plano inclinado, se tiene una panorámica única de la ciudad, y la agradable ilusión de tener, también, una panorámica de la propia historia de Serbia. Más modestamente, lo que se descubre desde esta perspectiva es para quien estaban montados los puestos de las tejedoras: hoy el Kalemegdan no es un sitio turístico, sino el lugar de paso que utilizan los lugareños cuando dejan sus oficinas y regresan a los barrios que están al otro lado de la ciudad. Internándose un poco más entre sus laberintos se descubre una escalinata que lleva colina abajo, e incluso una familia de mendigos que viven entre las ruinas de la última de las heridas que sufrieron los muros: una bomba de la OTAN. La delgada escalinata se separa de la fortaleza y parece querer llegar al propio Danubio.

Una pareja comienza a bajar los escalones. La sigo. En cada quiebre de la larga escalera esperan mujeres gitanas mendigando una moneda. El descenso parece sacado de una litografía veneciana, nunca se tiene la perspectiva completa del panorama. No los pierdo de vista. Al final llegan a una explanada, a mitad del camino de descenso, y detienen su marcha. Iban a una iglesia. Entran a un recinto inconfundiblemente bizantino, besan un ícono que está a la entrada, se sientan un instante, en la sacristía compran una delgada vela color ocre. Salen hacia un pequeño altar al aire libre. Encienden la vela y la clavan en un suelo de arena en el que hay otros siete cirios. Se quedan unos minutos, probablemente rezando una plegaria.

Para los exyugslavos la religión es una cuestión de identidad, algo que no se elige. Si se nace serbio, se es ortodoxo; si se nace croata, se es católico. Cada vez hay menos lugar para el viejo ateísmo. Sin embargo, algunos de los símbolos de la Yugoslavia comunista todavía están presentes. Los nombres de las calles han cambiado, pero varias de las placas muestran el nombre antiguo y el nombre nuevo, para evitar confusiones. La tumba de Tito también está en pie, aunque su museo se ha cerrado y, dicen, está prácticamente vacío. El tranvía 41 es el que lleva desde el centro de la ciudad hasta el mausoleo del único croata que todavía es venerado por algunos serbios, aunque no se nota. No hay un solo visitante, y los dos soldados que montan guardia ante la última morada del padre del socialismo yugoslavo no se lo toman demasiado en serio. En el trayecto del 41 se pasa por varios de los edificios destruidos por los bombardeos de la OTAN.

Hoy, todos quienes viven en Belgrado tienen alguna historia de aquellos dos meses de miedo y coraje. Un profesor universitario que habla español a la perfección, recuerda que el día en que empezaron los ataques estaba paseando a su perro en Kalemegdan. “¿Qué iba a hacer? ¿Volver a casa? Imposible. Además no había forma de librarse, los misiles pasaban con tanta velocidad que no tenía tiempo de verlos que ya estaba escuchando cómo estallaban en su blanco. Así que seguí paseando a mi perro y me dediqué a mirar el espectáculo”. Probablemente estaba mintiendo, pero es una buena anécdota.

==Decima parte de diez

* 1- Split/ Croacia
* 2- Camino a Sarajevo
* 3- En Sarajevo
* 4- La dama y el cellista
* 5- El río de Ulises
* 6- El lado serbio de la ciudad
* 7- Rumbo a Belgrado
* 8- En la frontera
* 9- La ciudad blanca

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 10 de mayo de 2002)

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Cuaderno de los Balcanes 09: La ciudad blanca

Ocho horas más adelante está Belgrado. Mientras se avanza lenta y trabajosamente, trepando la cadena montañosa que da nombre a esta península, el viajero tiene la sensación de estar adentrándose todavía más en el corazón de los Balcanes. Todo aquí es más primitivo, si cabe esa palabra para nombrar lo que se ha detenido en el tiempo, no para adquirir un aire nostálgico, sino para irse descascarando por el uso, la pobreza o la desidia. La carretera es mala y angosta. Ovejas. Heno. La primera vaca balcánica. Grandes extensiones de pasturas. Un carro tirado por caballos en medio de la ruta. Aserraderos. Parece bastante claro que aquí la riqueza procede de la tierra. Todo lo que es construído por el hombre está gastado o semiborrado. Contra la roca gris de la montaña se dibujan los árboles con los colores del otoño. Algunos son rojo intenso. Otra vaca solitaria.

El ómnibus va pasando junto a pequeños pueblos de aire apacible y hasta prósperos, en el sentido de esa prosperidad relativa que nace de una buena cosecha. Es como si la Serbia profunda emergiera de la niebla y se mostrara entre los hierros retorcidos de siete autos quemados al borde del camino. Doce hieráticas ovejas en un corral. Niebla. Pasturas y montaña. Dos medallones funerarios muestran los rostros de dos soldados caídos en una emboscada. Gracias a lo fugaz de esa visión, sus rostros, tal vez entrados en años, parecen jóvenes. Sobre el mármol negro se llega a ver la gastada imagen de un águila de dos cabezas, herencia eslava de la vieja Constantinopla. Bueyes arando. Huertas. Más y más parvas de heno.

Sound track

Para llegar hay que sortear, en los últimos kilómetros, una espiral de autopistas. Recién cuando se desenredan los múltiples cruces de sus accesos, se arriba a destino. El nombre Belgrado significa ciudad blanca. Se levanta, aproximadamente, en el sitio de la Singidunum de los tiempos romanos. Este origen histórico, sumado a las bombas de la OTAN que cayeron sobre sus edificios a mediados de 1999, hizo nacer unas peculiares postales que se venden en las peatonales del centro. Se reproduce el dibujo inicial de la historia de Asterix, sólo que la aldea gala se cambia por Belgrado, y el estandarte romano se clava en Zagreb, coronándolo con una bandera estadounidense y un medallón con el rostro de Hitler. La postal luce una adaptación de la leyenda característica del personaje más célebre del comic europeo: “el año es 1999 DC. Europa está enteramente ocupada por los americanos...bueno, no enteramente...un pequeño país de indomables serbios resiste ahora y siempre al invasor”.

Belgrado no es peculiar solamente por sus postales. También lo es por la mutación que sufre cada anochecer. De día, es una ciudad venida a menos, sucia, con tranvías destartalados en los que nadie cobra ni paga boleto, con calles destruidas no por las bombas enemigas sino por interminables obras municipales. Pero de noche, la ciudad se transforma en una vibrante capital europea. Sus peatonales se llenan de gente, de las calles laterales surgen bares y pubs repletos de jóvenes, los alrededores de la zona universitaria se transforman en una réplica eslava de lo que debió haber sido Barrio Latino de París antes de ser bastardeado por el envoltorio para turistas. El corazón de esa transformación es la peatonal Kneza Mihailova. En uno de sus bares hay un espectáculo de jazz, en otro ofrecen música cubana interpretada por una banda enteramente serbia, y bajando algunos escalones hacia el café Plato, se puede escuchar el inconfundible sonido de una fanfarria gitana. El sound track se complementa con un surco inusual: una mujer que vocea periódicos desde una esquina, con una entonación que recuerda un canto coral de la liturgia ortodoxa.

En cada bar es fácil entablar conversación. Los más jóvenes hablan inglés con fluidez, y no debería ser difícil encontrar a alguno de los muchos estudiantes de letras hispanoamericanas de la Facultad de Filología. Jelena es una de esas estudiantes. Accede a contestar todas las preguntas que una década de noticias fragmentadas han construído en el imaginario de los forasteros. Uno de los temas inevitables es el de la identidad: “Yo era yugoslava, y como yugoslava me sentía europea; pero ahora Europa nos ha dado la espalda, y yo estoy aprendiendo a reconocerme como serbia”.

==Novena parte de diez

* 1- Split/ Croacia
* 2- Camino a Sarajevo
* 3- En Sarajevo
* 4- La dama y el cellista
* 5- El río de Ulises
* 6- El lado serbio de la ciudad
* 7- Rumbo a Belgrado
* 8- En la frontera
* 10- Kalemegdam

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 10 de mayo de 2002)

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20 marzo 2002

La extinción de Yugoslavia (I)

En este blog hay disponibles numerosos artículos sobre la serie de hechos que llevaron a la extinción de Yugoslavia. Además del que motiva este post, sugerimos leer El lugar del odio: guía para entender la ex Yugoslavia.

En cuanto a la información desde el terreno recomendamos Cuaderno de los Balcanes, crónica sobre la saituación de las ex repúblicas yugoslavas. En una línea similar también puede leerse Los Balcanes según Rebecca West.

Si busca artículos sobre el espacio balcánico, puede visitar los post El juicio a Milosevic, ¿criminales o héroes?, Milosevic y la vieja herida de la identidad, Monasterios del sur: el alma de serbia, Montenegro: la tierra nunca conquistada, El ciclo de hierro de la venganza de sangre.

Hay más opciones disponibles. Para acceder a las mismas puede usar las etiquetas Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro, Serbia 2004-2007, Serbia 2002-2003, y Serbia 2000-2001..

A continuación, el artículo de 2002 titulado "La extinción de Yugoslavia"

Este 14 de marzo comenzó formalmente el proceso de extinción de la tercera Yugoslavia, que antes de finales de junio dará por resultado un nuevo país, llamado Serbia y Montenegro, cuya constitución deberá ser aprobada antes de diciembre. Será el final de ochenta y cuatro años de historia.

El mapa de los Balcanes volvió a cambiar. Donde decía Yugoslavia ahora deberá leerse Serbia y Montenegro. Dentro de tres años, según lo pauta el acuerdo firmado en Belgrado a mediados de mes, el mapa podría llegar a modificarse una vez más. En ese caso no se trataría de un rebautismo, sino del nacimiento de una nueva frontera: en el 2005 tanto Serbia como Montenegro tendrán derecho a separarse de la unión recientemente creada. Este cronograma, sin embargo, deberá sortear las aguas agitadas de las pugnas políticas internas de ambos socios, ya que carecerá de validez si los parlamentos de Serbia, de Montenegro, y de la agonizante Federación Yugoslava, no lo ratifican en un plazo de dos meses y medio. No será un proceso fácil. El presidente montenegrino, Milo Djukanovic (foto), no sólo debe convencer a sus adversarios políticos, que quieren mantener a Yugoslavia con vida, sino también a sus partidarios, el llamado bloque “soberanista”, que desde un comienzo propuso ir directamente a un referéndum de independencia en lugar de pasar por un nuevo intento de matrimonio con Serbia.

No debe olvidarse que la sustitución de la tercera Yugoslavia por la unión de Serbia y Montenegro, es el resultado de una larga negociación que tiene como finalidad principal amortiguar el impacto de la voluntad de independencia que existe en un porcentaje importante del electorado y de la dirigencia montenegrina. El 3 de febrero, en una entrevista concedida al periódico Koha Ditore, el canciller de Montenegro, Branko Lukovac, fue categórico: “lo que ayer nos unía, hoy nos separa”. Pero a renglón seguido despejó los temores de la comunidad internacional, pronunciándose a favor de una “separación amigable” como la que tuvo lugar en Checoslovaquia a través del llamado “divorcio de terciopelo”.

==Primera parte de tres

* 2- Parte II
* 3- Parte III

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en marzo de 2002)

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La extinción de Yugoslavia (III)


@lopezbelloso

La desaparición del nombre de Yugoslavia (“tierra de los eslavos del sur”) del mapa mundial, pone fin a más de ocho décadas de historia. En 1918 nació el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que once años más tarde pasaría a llamarse Yugoslavia. Se trataba de una monarquía constitucional federada, bajo la dinastía de origen serbio de los Karagjorgjevic. Montenegro se sumó al nuevo Estado en noviembre de 1918, por resolución de su Asamblea Nacional. Esta primera Yugoslavia duró hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando la invadió el ejército nazi.

En 1944 los alemanes fueron expulsados de Belgrado por las acciones conjuntas de los ejércitos aliados y de los partisanos conducidos por el dirigente comunista Josip Broz, ‘Tito’. El 29 de noviembre de 1945, la Asamblea Constituyente nacida de unas elecciones en las que los comunistas y sus aliados del Frente de Unión Nacional lograron el 80 por ciento de los votos, proclamó la República Popular Federal de Yugoslavia, de orientación socialista. Había nacido la segunda Yugoslavia.
Esta nueva formación política tuvo una vida de casi medio siglo, y comenzó a desintegrarse a comienzos de los años noventa. En junio de 1991 Eslovenia y Croacia se declararon independientes. Luego siguieron las independencias de Macedonia y de Bosnia-Herzegovina. Estas rupturas originaron una guerra relámpago en Eslovenia, y conflictos de más largo aliento y con mayor número de víctimas en Croacia y en Bosnia.

Al desmembrarse la Yugoslavia socialista, las repúblicas de Serbia y de Montenegro decidieron crear, el 27 de abril de 1992, la República Federal de Yugoslavia, o tercera Yugoslavia, que comenzó a desaparecer este 14 de marzo.

El nuevo país

Serbia y Montenegro no será una federación sino una unión. En caso de que sus bases sean aprobadas, tendrá un parlamento unicameral, un presidente elegido por ese parlamento, un consejo de cinco ministros (Relaciones Internacionales, Defensa, Relaciones Económicas Internacionales, Comercio Interior, y de Protección de los derechos humanos y de las minorías) y una corte de justicia. El ejército estará comandado por un Consejo Supremo de Defensa formado por tres miembros que actuarán por el mecanismo del consenso.

El documento firmado por los actuales presidentes y primeros ministros de Montenegro y de Serbia, incluye una “cláusula de reexamen”, según la cual, al término de un período de tres años, ambos Estados miembros tienen derecho a salir de la unión, pero el que lo haga no tendrá derecho a considerarse “Estado sucesor” de la unión en ninguno de los organismos internacionales que ésta integre. Una fórmula para que, en caso de Montenegro obtenga su independencia, Serbia quede como heredera de las tres Yugoslavias.

==Tercera parte de tres

* 1- Parte I
* 2- Parte II

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en marzo de 2002)

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La extinción de Yugoslavia (II)

La fórmula de este 14 de marzo, acordada bajo los auspicios de la Unión Europea, parece un intento de sincerar una situación política que, de tan artificial, se volvía peligrosa. Ya en junio de 2000, Djukanovic había afirmado que "hace tres años ninguna institución federal funciona en Yugoslavia, y el país no existe más que en teoría”. Una fórmula de sinceramiento que además intenta destrabar el virtual empate técnico entre los soberanistas y los partidarios de mantener a Montenegro dentro de la Federación. Si se toman en cuenta los resultados de las elecciones legislativas del 22 de abril del año pasado y se realiza un cálculo matemático, los resultados muestran que los soberanistas serían el 55 por ciento y los federalistas el 45. Un resultado que llevó a la prensa balcánica a declarar a la tercera Yugoslavia “clínicamente muerta”, pero que consolidó un bloque federalista lo suficientemente fuerte como para alejar a la comunidad internacional del apoyo a la vía rápida a la independencia.

El influyente periódico Monitor, sin embargo, ha visto la fórmula de la sustitución de Yugoslavia por una unión de Estados iguales, como “una trampa para Montenegro”. En tres años, asegura un artículo firmado por Milka Tadic-Mijovic, la Unión Europea presionará para mantener la unión de Serbia y Montenegro y bloquear cualquier intento de independencia; lo hará con el recurso de agitar el fantasma de un retroceso en los mecanismos de admisión al club de Europa. Es una jugada arriesgada ya que, según Monitor, debilitar los sectores independentistas montenegrinos, implica fortalecer a los políticos más reaccionarios y nacionalistas, tradicionales aliados del ex líder serbio Slobodan Milosevic.

==Segunda parte de tres

* 1- Parte I
* 3- Parte III

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en marzo de 2002)

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15 febrero 2002

El juicio a Milosevic 4:
La culpa del otro

Como si tampoco el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia pudiera sustraerse al mito colectivo que asocia las guerras balcánicas a supuestos odios étnicos que hunden sus raíces en la Edad Media, este 12 de febrero la fiscalía comenzó el juicio contra Slobodan Milosevic acusándolo de "crímenes medievales".

En su defensa, el ex hombre fuerte serbio cuestiona la legitimidad de un tribunal al que llama "animal", e intenta inculpar, a su vez, a Estados Unidos. Milosevic sabe que ya está condenado, y por eso juega esta carta. La estrategia no es nueva. La estrenaron los nacionalistas de Croacia cuando el mismo Tribunal Penal Internacional que ahora juzga a Milosevic pidió la captura de varios generales croatas acusados de crímenes de lesa humanidad cometidos contra civiles serbios en 1991. El silogismo de la defensa era el siguiente: el ejército croata actuó con apoyo aéreo y de inteligencia de Estados Unidos; como Estados Unidos jamás participaría de una operación en la que se violen los derechos humanos, entonces el ejército croata no violó los derechos humanos.

Milosevic mejora esta técnica. Por un lado presentar como argumento de defensa su papel de gestor de la paz de Dayton codo a codo con el ex presidente Clinton. Pero a la vez que pretende utilizar a Clinton como testigo de la defensa, intenta sentarlo en el banquillo de los acusados: si no hay un juicio contra la OTAN, él transformará su juicio en una acusación contra Occidente. Con esta jugada quiere presentarse como el defensor del honor nacional serbio, de cara a la interna yugoslava, ya que sabe que la batalla ante la opinión pública internacional la tiene perdida de antemano. Como un Montesinos balcánico, Milosevic agita fantasmas para lograr alguna ventaja menor: si ya se sabe que es culpable, al menos tratará de demostrar que no es el único culpable.

Crímenes de San Vito

Como en todo juicio con un fuerte componente mediático, en este proceso sobran los calificativos, mientras que las pruebas reales permanecen en un segundo plano. Pero existen. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia unificó el primero de febrero las tres causas que se seguían contra Milosevic. Ahora deberá responder en un solo juicio a las acusaciones de crímenes contra la humanidad cometidos en Croacia, Bosnia y Kosovo. Como cabeza de la Federación Yugoslava, y como líder máximo de los serbios, se le acusa de ser el cerebro detrás de las atrocidades cometidas por la efímera República Serbia de Krajina (Croacia, 1991), por los serbobosnios en la sangrienta guerra de Bosnia (1992-1995), y por las fuerzas de seguridad yugoslavas en la limpieza étnica contra la población albanesa de Kosovo (1999).

Las actas de acusación abundan en nombres y en episodios concretos, aunque la fiscalía deberá ligar esas masacres a la responsabilidad palpable de Milosevic. Una de las posibles explicaciones de la insistencia en unificar las causas, estaría en que es mucho más fácil probar su responsabilidad en los hechos de Kosovo que en los anteriores. A lo largo de los dos años que se supone que durará el juicio que comenzó el 12 de febrero, se verán una y otra vez las imágenes de los campos de concentración de Bosnia, de las fosas comunes de Kosovo, de los disparos contra la población civil de Sarajevo, y de la matanza de Srebenica.

Será, sin duda, un juicio histórico. Y cuando ingrese definitivamente en los libros de historia, agregará un eslabón más a la cadena de episodios clave que suelen ocurrir en los Balcanes los 28 de junio, día de San Vito. Fue un 28 de junio de 1389 que los serbios perdieron la mítica Batalla de Kosovo frente a los turcos, episodio fundacional de su sentimiento nacional; fue también un 28 de junio cuando un serbobosnio asesinó, en 1914, al heredero del trono austrohúngaro dando la excusa para el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial; y fue un 28 de junio de 2001 que Slobodan Milosevic fue enviado a La Haya para ser juzgado por genocidio.

==Cuarta parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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El juicio a Milosevic 3:
Teorías de la conspiración

"El deporte favorito en Belgrado es la teoría de la conspiración", aseguró el joven filólogo español que da clases en la universidad local a los yugoslavos que se interesan en la lengua de Cervantes. Luego de diez años de guerras, bloqueos, mercado negro, y de paramilitares codeándose con las barras bravas del fútbol y las pop-stars, hay mucho material para tejer.

La conspiración favorita de la hora actual es la que vincula a la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Carla del Ponte, con la ex Secretaria de Estado de la Administración Clinton, Madelaine Albright. Esos lazos habrían estado en la base de la negativa de la fiscal de La Haya a iniciar un proceso contra la OTAN por los noventa incidentes en los que murieron civiles durante los bombardeos contra Yugoslavia de mediados de 1999. Los recordados "daños colaterales". Esta tesis cierra su círculo cuando se conecta este "sobreseimiento a priori" con la falta de apoyo de Estados Unidos al Estatuto de Roma para una Corte Penal Internacional, aprobado por una conferencia de plenipotenciarios de Naciones Unidas el 17 de julio de 1998.

Frente a una propuesta de jurisdicción universal para juzgar crímenes de lesa humanidad, la posición estadounidense parecería ser la de limitar los juicios a tribunales puntuales sobre situaciones como la yugoslava o la ruandesa, en las que no haya demasiado riesgo de que se juzguen acciones llevadas adelante por las fuerzas de seguridad norteamericanas. El senador Jesse Helms (foto) lo dijo muy claro en el Financial Times de Londres, al advertir sobre los peligros del Estatuto de Roma: "Esta Corte pretende someter a juicio la política de seguridad nacional de los Estados Unidos. ¿Pueden ustedes imaginar lo que hubiera ocurrido si este tribunal hubiera estado ya en funcionamiento durante la invasión estadounidense de Panamá?, ¿o la de Granada?, ¿o el bombardeo de Trípoli?. En ninguno de estos casos los Estados Unidos solicitaron el permiso de las Naciones Unidas para defender nuestros intereses. Y mientras yo siga respirando, los Estados Unidos nunca permitirán -y repito, nunca- que sus decisiones sobre seguridad nacional sean juzgadas por una Corte Penal Internacional".

==Tercera parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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El juicio a Milosevic 2:
Preguntas en Belgrado

"¿Por qué no juzgan también a Clinton y a los mandos de la OTAN?". Cuando se pregunta a los habitantes de Belgrado por su opinión acerca del juicio a Milosevic suelen responder con ese cuestionamiento. Una conocida opositora al régimen de Milosevic lo explicó de este modo: "No se trata sólo de las víctimas de los bombardeos (de la Alianza Atlántica sobre la capital yugoslava en 1999) sino también de los civiles inocentes que murieron por culpa de las sanciones económicas y el bloqueo. A mi madre no la mató ninguna bomba ni la policía secreta, murió porque no había forma de conseguir las medicinas que necesitaba con urgencia".

El profesor de la Facultad de Filología que bajo los bombardeos logró terminar una traducción al serbio de El libro de arena, de Borges, recordaba con estupor los proyectiles que veía surcar en el cielo de Belgrado mientras paseaba a su perro en el parque de la fortaleza de Kalemegdian. Su actitud se parece a la de uno de sus alumnos que asegura: "no conozco a nadie que después de la primera semana de bombardeos se haya escondido en los refugios antiaéreos". Es posible que se trate solamente de una bravuconada de posguerra, o de la prueba de que los ataques de la OTAN fueron, errores aparte, quirúrgicos.

Algo de eso se observa todavía, cuando se ven los viejos edificios de la cancillería o de algunas dependencias militares céntricas, casi en escombros, junto a otras construcciones que no fueron tocadas por la metralla. Ninguno de los entrevistados en esa Belgrado pos Milosevic tenía una opinión positiva del ex hombre fuerte, pero todos se negaban a llamarlo dictador y a considerarlo el único responsable de las guerras que desangraron a la ex Yugoslavia. En ese ámbito universitario había también, junto al sentimiento de incredulidad ("¿cómo fue posible que Europa nos bombardeara, si nosotros también somos Europa? ¿para castigar a Milosevic? ¡pero si nosotros estábamos luchando desde hacía años contra Milosevic!"), una cierta tendencia a tomarse su desgracia colectiva con humor negro. El mismo humor negro de las postales que se venden en la principal calle peatonal de la ciudad: muestran un cielo iluminado por los misiles de la OTAN acompañado por el eslogan turístico de "Belgrado by night".

==Segunda parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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El juicio a Milosevic 1:
¿Criminales o héroes?

Hace cuatro horas que el ómnibus partió rumbo a Belgrado. Atrás quedaron las colinas que sirvieron de asiento a la artillería serbobosnia para bombardear Sarajevo durante los meses años del sitio. Atrás quedó la avenida de los francotiradores, hoy convertida en una insulsa vía de tránsito de cuatro carriles, dos para los autos y dos para los tranvías.

El ómnibus, que se adentra más y más en la República Serbia de Bosnia, una de las dos entidades en las que se dividió el mapa de Bosnia-Herzegovina tras la paz de Dayton, se detiene frente a un parador. Como si se tratase de una película para consumo occidental, el lugar se llama Balkan Restaurant. Pero no es un guión barato. El pequeño comedero en el que sirven humeantes platos de sopa especiada está realmente allí, esperando a los pasajeros que bajan a reponer fuerzas a mitad de camino.

En las paredes, junto a un ícono de San Jorge, hay dos cuadros. El más grande es un retrato sepia autografiado por el general Mladic; el otro es una pequeña fotografía de Radovan Karadzik. Ambos encabezan la lista de "más buscados" por el Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, que los acusa de haber cometido atrocidades contra la población civil musulmana. Ambos reciben, en ese pequeño restaurante perdido en medio de la carretera, y en buena parte de ese 51 por ciento del territorio de Bosnia que está en poder de los serbios, un trato de héroes nacionales.

Del mismo modo, aunque con menor resonancia en los grandes medios de comunicación, reacciona el nacionalismo croata cuando se pretende encausar judicialmente a sus mandos militares. Este problema de punto de vista, que se transforma, a ojos de parte de la opinión pública balcánica, en un tema de legitimidad, es una de las mayores dificultades que enfrentan los jueces de La Haya a la hora de enjuiciar a los sospechosos de crímenes de guerra, incluido su acusado estrella: Slobodan Milosevic (foto).

==Primera parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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13 enero 2002

Los Balcanes según Rebecca West (VI)

Dos símbolos para un título

Al momento de su publicación, en 1941, Cordero negro, halcón gris* fue comparado por The New Yorker con Los siete pilares de la sabiduría,de T.E. Lawrence. El título Cordero negro, halcón gris está formado por la yuxtaposición de dos símbolos. El del halcón gris procede de la poesía épica medieval serbia, y es la clave de una de los principales textos que integran la llamada Saga de Kosovo, tema sobre el que Brecha publicó un extenso artículo en su número del 6 de julio de 2001.

En ese poema, titulado “La caída del Reino de Serbia”, el profeta Elías disfrazado de halcón gris, se planta ante el soberano con una carta de la mismísima Virgen María. La víspera antes de la batalla decisiva contra los turcos, la carta le da a elegir entre un reino terrenal, en cuyo caso obtendrá la victoria, o un reino celestial, en cuyo caso obtendrá la salvación espitirual de su pueblo. De elegir el cielo, igual deberá pelear la batalla, sabiendo de antemano que morirá en ella. Esa leyenda hace de la derrota de Kosovo una victoria espiritual, y transforma ese lugar en tierra sagrada para los serbios.

La autora encadena este sacrificio voluntario con otro que, según ella, sólo en apariencia es menos consciente. El sacrificio del cordero. Así lo narra en las páginas 1038 y 1039 de su libro: “Se les había unido un viejo albanés tocado con el casquete blanco que equivale al fez de los musulmanes. Le habían invitado a compartir nuestra comida y ahora estaba sentado en el suelo, de espaldas a mí. Al acercarme, se volvió para saludarme con la risueña gentileza de los albaneses, y vi que tenía en brazos un cordero negro como el que yo había visto sacrificar en el Campo de la Oveja: y el significado de Kosovo me pareció meridiano.

“El cordero negro y el halcón gris habían trabajado aquí en comandita. En este crimen, como en casi todos los crímenes históricos y en la mayoría de los crímenes personales, habían sido cómplices. Tuve que venir a Yugoslavia, un país que vuelve fácil lo difícil, que aporta símbolos a lo no formulado aún intelectualmente, para aprenderlo. Había tenido ocasión de presenciar el sacrificio en su versión más repugnante y falsa, y en su sorprendente autoridad sobre la imaginación. En el Campo de la Oveja había aprendido cuán repugnante podía ser la creencia de que el derramar sangre animal redunde en un crecimiento personal, que haciéndole un regalo a la muerte recibimos un regalo de la vida. Había comprendido que esta creencia formaba parte de mí, porque era consustancial a la mente primitiva en tanto en cuanto daba una respuesta fácil a diversas dudas, y la mente primitiva es justamente la base sobre la que se apoya la mente moderna.

“Viendo ahora al cordero en su intento de sacar su pequeño y blando hocico negro de entre el endeble cobijo de los brazos atrofiados del anciano, no pude apartar de mí por más tiempo lo que era tan evidente. Ninguno de nosotros, occidentales o no, podía resistir la tentación de aceptar este sacrificio como un símbolo válido. En el fondo de nuestros corazones estábamos convencidos de que la vida era esto y nada más, que un hombre le rebane el pescuezo a un cordero encima de una roca para complacer a Dios y ganar la felicidad; y cuando la inteligencia nos decía que ese hombre estaba haciendo algo repugnante y carente de todo sentido, nuestra reacción no era desechar la idea como una pesadilla sino decir: ‘si está mal ser el sacerdote que sacrifica al cordero, seré cordero y me dejaré sacrificar por el sacerdote’. De ahí establecimos el principio de que la condenación era honorable para cosas inocentes, y concedimos que si hablábamos de bondad y recomendábamos la paz, lo siguiente era que nos rebanasen el pescuezo con un cuchillo”.

==Sexta parte de seis

* 1- Los Balcanes según Rebecca West (I)
* 2- Los Balcanes según Rebecca West (II)
* 3- Los Balcanes según Rebecca West (III)
* 4- Los Balcanes según Rebecca West (IV)
* 5- Los Balcanes según Rebecca West (V)

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

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