15 julio 2004

Monasterios del sur: el alma de serbia (I)


No es fácil llegar a los monasterios medievales serbios. Los más bellos, como el de Gracanica, se encuentran cercados en la provincia de Kosovo, hoy bajo administración de Naciones Unidas pero controlada en los hechos por la población de origen albanés. El más sureño de aquellos a los que se puede tener acceso es Sopocani, aunque probablemente recién sea en Studenica, en el centro de Serbia, donde pueda visitarse con cierta tranquilidad una de esas joyas del arte que iluminó los siglos previos al Renacimiento. Cerca de Belgrado, el complejo monacal de Manasija puede dar una idea aproximada de la belleza que encierran los monasterios que la guerra ha ido alejando de los visitantes.
En el siglo XII, en la actual Sandjak –hoy enclave musulmán dentro de la Serbia moderna, lo que no es la única paradoja de los Balcanes- se originó un reino serbio cristiano que doscientos años más tarde dominaba los actuales Sandjak, Kosovo y Macedonia. El creador fue un jefe tribal llamado Stefan Nemanja, padre de San Saba, una figura clave de la religión ortodoxa, ya que fue quien obtuvo en 1219 la autocefalía de la iglesia serbia. Luego el rey Milutin acercaría el esplendor del reino serbio al espejo en el que siempre se habían mirado estos príncipes eslavos: el Imperio Bizantino. Para probarlo, Milutin no sólo financió la construcción de iglesias en Serbia sino también en Constantinopla y en la propia Jerusalén. Y para que no tuviera necesidad de recurrir a las armas para seguir probándolo, el emperador bizantino le dio a su hija en matrimonio como prueba de alianza y amistad.
Pero quien llevó el reino serbio a su máximo esplendor fue el príncipe Dushan, que en 1345 fue coronado en Skopje, actual capital de Macedonia, como “Emperador de los Serbios, los Griegos y los Albaneses”. Su título y sus tierras conquistadas sirven de base territorial al mapa imaginario de la Gran Serbia que construyeron los nacionalistas serbios modernos. Significativamente el nombre Dushan deriva de la palabra dusha, que puede traducirse como alma. Dushan era, al igual que varios de los reyes medievales serbios, un príncipe sagrado, ya que se trataba de una nobleza que luego de su muerte tenía casi asegurada la canonización por el cristianismo ortodoxo y su pasaje a la iconografía de los monasterios en los que coexistían, en frescos y mosaicos, con Jesús, Juan el Bautista, los apóstoles y la Virgen María.

Gobernantes sagrados

Los muros interiores de los monasterios serbios ortodoxos, igual que los bizantinos, están literalmento cubiertos de estas imágenes que reafirman el carácter sagrado de sus gobernantes. En el monasterio de Studenica, del siglo XIV, se ve al rey Milutin, también rodeado por el halo sagrado, ofrendando a su dios una maqueta de una iglesia que él mandó a construir. O en el monasterio de Gracanica, donde un fresco de 1312 muestra a la mujer de Milutin, la reina Simonida, siendo coronada por un ángel. Es la expresión más palpable de la idea de la monarquía por derecho divino, que no sólo está en los códigos sino también, y sobre todo, en esos abigarrados códices que son los monasterios ortodoxos y sus frescos que responden a una calculada y precisa iconografía. Si son sagrados los gobernantes también es sagrada la lucha que se emprende para hacer triunfar a la cristiandad por sobre sus enemigos terrenales y espirituales, en general identificados con los musulmanes, pero que también llegó a abarcar a los católicos romanos o a los paganos de diversa índole. Los monasterios reflejan esa posición con las habituales figuras de 'guerreros sagrados'. Barbados caballeros en armadura, de rostro enjuto, portadores de lanzas o espadas y rodeados, también ellos, por el halo de la santidad. Son los representantes en la tierra de las fuerzas con las que, de acuerdo a la tradición bíblica, el dios de los cristianos enfrentará al Anticristo en la batalla final por el control del Universo.

==Primera parte de dos. Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en junio de 2004

* 1- El alma de serbia
* 2- Un rostro para un rey.

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09 junio 2004

Atenas: ciudad bizantina

En cada viaje a la zona balcánica, mi obligada peregrinación a Atenas me confirmaba, así estuviera una semana o un par de días, que la ciudad, más allá de sus restos arqueológicos helénicos, sus teatros romanos o su modernidad caótica y refinada, es en su esencia una ciudad bizantina.

Es uno de mis primeros días en Atenas. Salgo del hotel de la calle Mitropoleos sin un plan prestablecido y voy topándome, una tras otra, con innumerables iglesias. Todas tienen la marca de Bizancio: ladrillo a la vista en la fachada, cúpulas de capelina, un interior poblado de frescos o mosaicos. La Pequeña Metrópolis, con sus guardas de piedra representando animales mitológicos. La de Ioannis Kolonastis, con su columna corintia, que ya en tiempos antiguos era un lugar sagrado al que los promesantes iban en busca de sanación (hoy, junto a sus íconos, las placas de latón representando órganos o miembros del cuerpo humano, colocadas allí por quienes han recibido la gracia, testimonian la vigencia de lo que se supone fue un viejo santuario de Esculapio).

En la de Agios Theodori (foto), a un paso de la Plaza de las Penas, veo por primera vez el rito de los oficinistas que suspenden por un instante su agitado deambular de trámite en trámite, entran en la iglesia, besan el vidrio de un ícono, compran una delgada vela color ocre, la encienden y la clavan en un ofertorio con arena, para luego de una plegaria silenciosa seguir camino con naturalidad. También está la iglesia de los Ángeles Incorpóreos, en pleno barrio judío, que tal vez guarde un óleo del Greco a la izquierda de la entrada, aunque los expertos no se han puesto de acuerdo todavía.

Pero ninguna -repito, ninguna- se acerca ni un poco a la hermosa y delicada iglesia de Karnikarea. Me toma por sorpresa a la altura de la calle Ermou. En un cruce de peatonales, sitiada por edificios modernos, me golpea con su aparición inesperada la más bella de las iglesias bizantinas de Atenas. Insular, se recuesta sobre un naranjo, sin darse por enterada de que está en plena ciudad moderna. Esta minúscula iglesia del siglo XI es una de las imágenes indelebles con las que Atenas suele tatuar las retinas de quien no se conforma con el mármol. Hacia aquí parece dirigirse la estatua dorada de Constantino Paleologos que se levanta un par de cuadras más allá.

El último emperador de Bizancio, viendo a Constantinopla perdida ante el asalto de los otomanos, se quitó las insignias imperiales y se sumergió en el fragor del combate, para morir con sus soldados defendiendo las murallas. Aunque estamos lejos de la actual Estambul, en ningún lugar está mejor guardada que aquí la memoria de Constantino Paleologos. Todavía en Atenas el martes es un día de mala suerte, porque fue un martes el día fatal en que cayó Constantinopla. También la herencia de esa superstición se la debemos a los griegos.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Cuaderno de los Balcanes II: Entre la Grecia clásica y la herencia de Bizancio
* 2- Las otras colinas
* 4- El viejo cementerio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 9 de junio de 2004)

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04 junio 2004

El tiempo de Miroslav

Para llegar al monasterio de Rezevici hay que pasar Kotor, dejar atrás la ciudad amurallada de Budva y el pueblo-hotel de San Stephan. El complejo es pequeño en comparación con otros, pero sus frescos del siglo XIV y el arco de mar que se despeña bajo su patio de montaña compensan la falta de monumentalidad arquitectónica. No están acostumbrados a recibir visitantes, pero uno de los monjes abre las puertas con amabilidad.
Su entusiasmo va creciendo a medida que relata las escenas bíblicas que se despliegan en las paredes de piedra. No le interesan mucho los frescos antiguos, sino que prefiere concentrarse en los más modernos. Son una reproducción casi exacta del plan de pinturas que decora el legendario monasterio de Studenica, en el corazón de Serbia. El guía se llama Miroslav, tiene apenas 28 años y hace tres meses que ingresó como novicio, dejando su carrera de Ingeniería para convertirse en monje. En su conversación el tiempo se mezcla con naturalidad. Pasa fácilmente de los relatos sobre la vida de un santo medieval a la destrucción de iglesias serbias en Kosovo ocurrida hace apenas unos meses. Mientras habla, invita con aguardiente destilada por los propios monjes y con unos dulces de Pascua. Esa hospitalidad es su único nexo con el presente. El eje de su tiempo, sin embargo, no es el pasado. Explica, sin que se le note la menor sombra de duda en la voz, que antes del fin de los tiempos la madre Rusia recuperará Constantinopla para la Cristiandad. Entonces Estambul volverá a tener su nombre de antes de la conquista otomana, y Santa Sofía volverá a ser una iglesia. Para reafirmar sus dichos sale del interior de la iglesia. Teatralmente, pero sin afectación, se toca el pecho y señala hacia el mar que se abre como un territorio interminable montaña abajo y dice: así, como el mar, es la fé.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en junio de 2004)

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Crudo: el nuevo equilibrio

En enero de 2006 asumirá el primer gobierno iraquí electo democráticamente. Esa es la etapa final de la nueva versión del cronograma propuesto por Estados Unidos para la transición en Irak. Si ese dato se lee a la luz de los ataques de islamistas contra objetivos occidentales en Arabia Saudita, y su efecto sobre el precio internacional del petróleo, puede pronosticarse que del carácter de ese nuevo gobierno dependerá una parte del futuro del mercado de crudo.

Al-qaeda va tomando forma en base a los errores de la política de Washington, y se hace fuerte en el sitio donde el ala radical del islam mantiene una relación más ambigua con el poder estatal. Arabia Saudita no es un santuario al estilo del Afganistán de los talibán, pero es la cuna del wahabismo, fuente en la que abreban varias de las concepciones que pueden asociarse a las acciones terroristas. Expulsar a los occidentales de ese reino, no sólo tendrá el efecto de afectar las economías dependientes de la importación de petróleo, sino que significará tomar el control de un territorio donde están los dos lugares más sagrados para los musulmanes, la Meca y Medina. Ante la posibilidad de un recrudecimiento de las acciones destinadas a derrocar a la monarquía de ese apetecible país, Estados Unidos necesita un “plan B” para asegurarse el abastecimiento el día después de que se agoten sus propios pozos, algo que ocurrirá en 2010. El punto de inflexión se producirá, entonces, durante el mandato del nuevo gobierno iraquí.

Por más que se establezcan equilibrios para la participación de minorías, y por más que se hable de un acuerdo no escrito para que los sunníes mantengan la presidencia y los chiitas el cargo de primer ministro, está claro que en Irak, elecciones generales con voto universal se traducirán en un gobierno chiita pro iraní. Por eso el único “plan B” posible para Estados Unidos es apostar a Irán como factor de estabilidad, ya que toda política realista en la zona debe concentrarse en que el petróleo fluya hacia las refinerías de Occidente. Sobre todo teniendo en cuenta que China –considerada la potencia desafiante para mediados de siglo- ha tomado ventaja en el futuro control de los recursos petroleros de las repúblicas de Asia Central, dueñas de mayores reservas incluso que las que poseen los países del Golfo Pérsico.

==Primera parte de tres

* 2- El cronograma
* 3- Casi un parlamento

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 12 de octubre de 2004)

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03 abril 2004

La religión como trinchera

Una canonización como la de Santa Inés hubiera sido removedora en Polonia, pero a los checos, mayoritariamente laicos, no les causó mayor sobresalto místico. Fue, eso sí, una oportunidad para mostrar su descontento contra el régimen. Los comunistas locales nunca tuvieron buenas relaciones con los católicos.

Incluso cuando un grupo de fieles norteamericanos aportó el dinero para reconstruir un monasterio que había sido destruido por un error de cálculo de la aviación aliada, el gobierno checo lo usó para levantar de sus escombros un templo protestante. Se trataba de la capilla de Belén, en la que predicaba Jan Hus, rector de la Universidad de Praga, quemado en la hoguera por los católicos y visto por los checos como un héroe nacional. La política oficial de los años de la Checoslovaquia comunista se sentía muy cómoda con la figura de Hus (en la foto su monumento en la plaza de la ciudad vieja de Praga). El reformador religioso les permitía reivindicar una forma de religiosidad popular, anticlerical, y nacional. De cualquier modo, con Hus o contra él, resultaba muy difícil practicar una religión en la época del socialismo real.

No estaba prohibido ir a la iglesia, pero quien lo hacía se buscaba problemas. La religión se había transformado en otro frente de la Guerra Fría. Pero los dividendos de la religión tomada como campo de batalla cambian cuando el tiempo real deja atrás las necesidades de los tiempos políticos. Actualmente, pese a no existir presión oficial, las iglesias checas siguen perdiendo creyentes. Listos a ingresar a la Unión Europea, uno de cada diez checos es creyente activo, tres son creyentes no practicantes, y los seis restantes no son creyentes. En 1991 comulgaba con alguna de las iglesias el 40% de la población, mientras que actualmente tan sólo lo hace el 33%. Los tiempos cambian, es cierto, pero cambian de manera diferente según el cristal con que se miren.

==Segunda parte de dos

* 1- La quijada de Santa Inés

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 3 de abril de 2004)

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La quijada de la Santa Inés

Este 1 de mayo la República Checa ingresa en la Unión Europea. Los discursos oficiales y la prensa checa hablan de ese momento como un día histórico para el país, y no hay quienes recuerden que se cumple el vaticinio de que checos y eslovacos –separados tras la caída del comunismo- volverían a encontrarse en un espacio de integración dentro de las fronteras políticas y económicas de Europa.

El transcurso de los años suele trivializar la historia y dentro de algún tiempo este primero de mayo será una fecha más entre las muchas que atormentan a los liceales. Es, en parte, otra dimensión del vínculo entre el espacio y el tiempo. Cuanto más tiempo pasa, más historia se acumula, pero el espacio para desplegarla no crece. En consecuencia, lo que en su momento ocupaba varias páginas en una enciclopedia, o incluso daba lugar a la producción de decenas de libros que exhibían distintos puntos de vista sobre un mismo tema, termina -en el mejor de los casos- confinado a un párrafo o dos. Esa jibarización de los procesos históricos acaba con sus matices y los reduce a la cáscara de fechas y titulares, a lo sumo el condimento de algún hecho curioso. No sería extraño que más que el posterior “día histórico” de su entrada a Europa, de la transición checa del socialismo al capitalismo permanezcan su nombre -Revolución de Terciopelo- y la canonización de Santa Inés.

El hecho de que el papa polaco que durante su papado llevó adelante una cruzada contra el comunismo ateo, y la caída del régimen checoslovaco cinco días después de que ese mismo Papa canonizara a la hermana de un rey checo que vivió hace seiscientos años, es un episodio que engolosinará a los reductores del futuro con suficiente encanto como para salvarse de la tecla de borrado. En la línea sobre Checoslovaquia en la escueta media página que dará cuenta del final del comunismo, ya no estarán ni Havel ni Kundera, pero permanecerá, probablemente, la mandíbula encontrada en El Escorial. Hueso que pese a las dudas científicas sobre su pertenencia a la hermana de San Wenceslao, permitió al Papa canonizar a Santa Inés de Bohemia en una ceremonia transmitida por la televisión estatal checoslovaca en pleno noviembre del 89.

* 2- La religiión como trinchera

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 3 de abril de 2004)

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29 agosto 2003

Bombas en Bombay

La explosión de dos bombas en la ciudad de Bombay hicieron mucho más que mostrar la actualidad de la tensión entre las comunidades hindúes y musulmanas en ese país. Mostraron, en cierta forma, lo filosos que en ciertos contextos pueden resultar temas que hasta los años previos a la extinción del mundo bipolar se creía confinados de la arena de los conflictos internacionales. Asuntos vinculados a las tradiciones, el patrimonio histórico, la religión, o la cultura en un sentido amplio, hacen estallar enfrentamientos que trascienden los marcos del Estado-nación y que se puede confundir con fenómenos novedosos. Apenas se bucea mínimamente en a historia reciente, se descubre, tras los ropajes de los conflictos ideológicos de la oposición Este-Oeste, o a la sombra de éstos, la textura de problemáticas directamente vinculados a estos clivajes de lo simbólico.

Baste recordar, por ejemplo, el estallido de odio en el Nagorno Karabaj de los tiempos de la Perestroika, cuando milicias de musulmanes azeríes tomaron por asalto un enclave armenio, masacrando a su población y demostrando un siniestro detenimiento en articular con una caligrafía medieval un mensaje claro. Lo inexplicable de aquél episodio en el que, por ejemplo, los atacantes se ocuparon de abrir los vientres de las mujeres armenias que esperaban para dar a luz en la maternidad del hospital del lugar, hoy nos resultaría igualmente repulsivo como entonces, pero ya no lo tildaríamos de inconcebible, sino que rápidamente lo encasillaríamos bajo el concepto de "limpieza étnica".

Por eso hoy, puede leerse sin mayor asombro que un grupo fundamentalista coloque dos bombas en una ciudad de India, en lugares especialmente concurridos, como forma de argumentación paracientífica con la que se pretendería responder a un informe arqueológico sobre un templo anterior al siglo XVI.

En este punto es imposible no recordar lo que Jean-Arnault Dérens y Catherine Samary escribían acerca de la producción académica balcánica. Ellos no confían en la historia de producción local a la hora de analizar las crisis yugoslavas, ya que en la región “la historiografía está movilizada por los discursios nacionalistas para legitimar pretenciones exclusivas”. Los distintos enfoques “seleccionan hechos reales” y en menor medida se apoyan “en mentiras patentadas” o “toman distancia buscando la luz adecuada” para lograr el claroscuro que convenga a los diferentes intereses nacionales. En otras palabras: “el debate histórico adquiere demasiado a menudo el aire de un extraño pugilato”. Algo, que por otra parte, no parece ser exclusivo de esa región: “prácticamente no existe pueblo que no proceda a una reescritura gloriosa e idealizada de su pasado; las derrotas se vuelven victorias, personajes a veces legendarios se transforman en los padres fundadores de la nación moderna, episodios míticos adquieren un estatus de actos fundadores de la patria".

Visto desde esta perspectiva, es probable que un informe arqueológico sobre un templo del siglo XVI adquiera la suficiente importancia política como para que un grupo fundamentalista esté dispuesto a matar por ello. Sobre todo porque ese informe puede permitir "datar" la pre-existencia de una comunidad en un lugar con respecto a otra. La arqueología, y a su través la dimensión histórica de la religión, pasa a transformarse en una cuestión política.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de agosto de 2003)

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15 agosto 2003

La caída del reino de Serbia

...y de Jerusalén, del lugar sagrado,
voló un gran pájaro gris, un halcón,
que en su pico llevaba una golondrina.
¡Pero espera! No es un halcón.
Es un santo. El sagrado San Elías:
y no lleva consigo una golondrina
sino una carta de la madre de Dios.
Lleva la carta ante el Zar en Kosovo
y la coloca en sus rodillas
que se estremecen.

Y es la propia carta la que le habla al Zar:
“Lazar! Lazar! Zar de noble familia,
¿Qué reino es aquél que más deseas?
¿Elegirás hoy una corona celestial?
¿O será terrenal aquella que elijas?
Si elijes la de este mundo,
entonces firmes sillas de montar
tendrán tus caballeros,
haz que desenvainen sus espadas
y que desciendan a la llanura atacando contra
los turcos: tu enemigo será destruido.
Pero si elijes el reino de los cielos
construye una iglesia
-no de piedra, sino de seda y terciopelo-
reúne a tus fuerzas y tomen el pan y el vino,
porque todos deberán perecer, perecer completamete,
y tú, Oh Zar, tú deberás perecer con ellos”.

Y cuando el Zar hubo escuchado estas sagradas
palabras
meditó, pensó en cada una de ellas:
“Oh, Dios adorado, ¿qué debo hacer? ¿y cómo?
¿Debo elegir lo terrenal? ¿Debo elegir
los cielos? Y si elijo el reino,
si elijo el reino de esta tierra ahora,
los reinos terrenales son cosas pasajeras,
y los reinos celestiales,
furiosos en la oscuridad,
duran
eternamente”

Y Lazar eligió el paraíso, no la tierra,
y levantó una iglesia a la medida de Kosovo
-no de piedra, sino de seda y terciopelo-
y convocó al Patriarca de Serbia,
convocó a los doce más altos obispos,
y reunió a sus fuerzas, las trajo consigo
para tomar el pan y el vino.
Y tan pronto como Lazar dio sus órdenes,
ellos cruzaron la planicie de Kosovo,
precipitándose sobre los turcos.


(Traducido por Roberto López Belloso, en base a la versión inglesa de John Mathías y Vladeta Vukovic)

==Septima parte de nueve

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

(publicado en Brecha en agosto de 2003)

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La venganza

El 28 de junio de 1988, quinientos noventa y nueve años después de muerto el santificado príncipe serbio Lazar, comenzó el proceso recordatorio que culminaría en el Campo de los Mirlos un año más tarde. No se trataba sólo de un festejo, sino que se llevarían a su tierra nativa los restos de Lazar.

Al finalizar la batalla de 1389 había empezado el exilio del cuerpo del príncipe; para continuar con el paralelismo con la suerte de Cristo que gusta hacer la tradición épica serbia, podría decirse que el cadáver decapitado de Lazar había padecido una suerte de calvario que no había precedido al martirio sino que se había interpuesto en su camino al santo sepulcro. Al morir, los nobles serbios llevaron el cuerpo a la iglesia de Vaznesenje Hristovo, en Prishtina; luego lo trasladaron al monasterio de Ravanica donde la iglesia serbia proclamó a Lazar “santo y sagrado mártir”. Para evitar que su tumba se convirtiera en lugar de peregrinación y en foco de rebeldía contra el poder otomano, los turcos obligaron el traslado de los restos a lo que en aquél entonces era Hungría, al monasterio de Vrdnik en Fruska Gora. Durante la Segunda Guerra Mundial, y para evitar que cayeran en poder de los ustashi croatas, aliados de la Alemania nazi, los custodios de la tumba realizaron otro traslado, esta vez hacia el altar de la catedral ortodoxa de Belgrado.

Finalmente, se decidió que era tiempo que descansara en el monasterio de Ravanica, donde había sido santificado y cerca de su lugar natal, Cuprija. Ese traslado final debía hacerse con toda la pompa. Era todavía la Yugoslavia unida. El cortejo portador de las reliquias sagradas de Lazar recorrió, durante un año, todos los pueblos de Serbia. El periodista estadounidense Robert Kaplan fue testigo de esa procesión: “el paso del ataúd era recibido en cada lugar de parada por una multitud de plañideras desgarradas vestidas de negro”. Era la continuación de la pasión de Lazar crucificado en espera del día de la resurrección que, con fatalismo milenarista, se preparaba a la sombra del cálculo político. Una suerte de segundo advenimiento de aquél príncipe sobre el que los serbios habían colocado buena parte del peso de su svetosavlje, concepto que es uno de los pilares de la religión ortodoxa y que implica la combinación de “la aceptación del evangelio, de la ética de la justicia, y del carácter cristiano, junto a los ideales de libertad y amor”, explica la doctrina. Los nacionalistas croatas tenían una visión diferente del asunto. Dusan Bilandsic comentó el hecho indicando que “la propaganda serbia ha promovido una campaña de necrofilia inaudita”.

El escritor bosnio-croata Predrag Matvejevic también es crítico respecto a este montaje del nacionalismo serbio, pero no se lo toma a risa. “Kosovo tiene su realidad y su mito”, dice. Pero ese mito se ha transformado en “el arma de Milosevic”, porque “ha sido en Kosovo donde este dirigente de segunda fila de la Liga de los comunistas yugoslavos, ha hecho su primera hazaña en la Serbia postitista (...) Ha sabido poner su extraordinaria habilidad o astucia al servicio de un mito del que se sirve en su trabajo diabólico”. La hazaña comenzó en 1987 con una sonada visita de Milosevic a Kosovo, y terminó de delinearse en el acto del seiscientos aniversario de la batalla, en 1989, cuando proclamó abiertamente su nacionalismo serbio señalando el monumento conmemorativo de la derrota de 1389 y exclamando, mientras se dirigía hipotéticamente al príncipe Lazar:“nadie, ni ahora ni en el futuro, tiene el derecho de vencerte”. Es lo que algunos autores ven como la clausura de los caminos del entendimiento con eslovenos, croatas y bosnios al interior de la Federación. Es decir, el comienzo del fin de Yugoslavia.

==Quinta parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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29 diciembre 2002

Nigeria: el riesgo del glamour

No hay episodios que tengan una única lectura. Cuando se los narra, es sabido, nunca se transmite un hecho desnudo sino una construcción mediada acerca de lo ocurrido. Del mismo modo, el lector hace una decodificación en la que pone en juego sus valores, su información previa sobre el tema, y hasta su estado de humor circunstancial. Esto, que es cierto para todo mensaje que tenga un poco más de complejidad que una señal de tránsito, lo es mucho más para la información internacional. Quien la recibe tiene pocas posibilidades de contrastarla por sus propios medios, en general no dispone del mismo background que para una noticia doméstica y, sobre todo, su sistema de valores puede no coincidir con la escala de valores que se puso en juego por parte de los protagonistas del episodio.

Lo que estos días está ocurriendo en Nigeria tensan hasta el extremo esta relación siempre difícil entre lo que realmente ocurre y el producto cultural mediado que es una información. Estamos hablando de Nigeria, un país que apenas está saliendo de un largo gobierno militar, habitado por 250 grupos étnicos –lo que se traduce, por ejemplo, en decenas de formas distintas de ver la realidad- que desde el año 2000 tiene a sus provincias del norte viviendo bajo la sharia, la estricta ley islámica, y al resto del país en un régimen laico. Cualquier suceso que tenga por escenario su territorio será complejo de analizar, mucho más si tiene alguna vinculación con el clivaje religioso que enfrenta a musulmanes y cristianos.

En una descripción superficial y “ascéptica” de los hechos, puede decirse que se produjo una sangrienta revuelta musulmana, que decenas de cristianos fueron asesinados, y que la chispa del incendio fue un artículo de un medio local que defendía la realización en el país del certamen de belleza Miss Mundo. En consecuencia, las concursantes fueron embarcadas rumbo a Londres, nueva sede del evento internacional, y la autora del artículo de la discordia debió refugiarse en Estados Unidos luego de ser condenada a muerte por uno de los gobiernos provinciales del norte de Nigeria que viven de acuerdo con la sharia. La articulista había defendido la realización de Miss Mundo en el país, argumentando que si el Profeta Mahoma viviera, seguramente elegiría una nueva esposa entre las aspirantes al cetro.
Una línea de interpretación posible insistirá en la intolerancia islamista radical, pero lo matizará diferenciando el islam tolerante que profesan la mayoría de las naciones musulmanas, del fundamentalismo de unas pocas. Otra línea de análisis, se afiliará a la tesis de la escritora pakistaní Taslima Nasrin, actualmente condenada a muerte por un tribunal religioso disconforme con su novela “Vergüenza”, la cual considera que la intolerancia y el fanatismo son consecuencia inevitable del mundo islámico.

Los hechos de Nigeria, sin embargo, pueden leerse también desde otra óptica, preguntándose sobre cómo a alguien pudo ocurrírsele realizar la edición 2002 de Miss Mundo en una Nigeria con una alta volatilidad religiosa. O al menos, sin pretender un exceso de detalle en el conocimiento de la realidad africana por parte de los entreperneurs del negocio de los certámenes de belleza, preguntarse si haber fijado como sede del glamour a un país con el grado de exclusión social que tiene Nigeria (no hablemos de pobreza, ya que desde el punto de vista de los recursos naturales Nigeria es un país rico), no es una broma de mal gusto.
Sea como sea, resulta lógico inferir que ni el concurso ni el artículo de la periodista Isiome Daniel fueron más que una excusa que alguien aprovechó para ajustar cuentas en el marco de una situación pre-existente. Un grupo de muchachas en traje de baño recorriendo una pasarela no pueden tener la culpa de que se cuelgue un neumático del cuello de un cristiano atado de pies y manos, se lo empape con nafta, y se le arrime un fósforo.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de diciembre de 2002)

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13 enero 2002

Los Balcanes según Rebecca West (VI)

Dos símbolos para un título

Al momento de su publicación, en 1941, Cordero negro, halcón gris* fue comparado por The New Yorker con Los siete pilares de la sabiduría,de T.E. Lawrence. El título Cordero negro, halcón gris está formado por la yuxtaposición de dos símbolos. El del halcón gris procede de la poesía épica medieval serbia, y es la clave de una de los principales textos que integran la llamada Saga de Kosovo, tema sobre el que Brecha publicó un extenso artículo en su número del 6 de julio de 2001.

En ese poema, titulado “La caída del Reino de Serbia”, el profeta Elías disfrazado de halcón gris, se planta ante el soberano con una carta de la mismísima Virgen María. La víspera antes de la batalla decisiva contra los turcos, la carta le da a elegir entre un reino terrenal, en cuyo caso obtendrá la victoria, o un reino celestial, en cuyo caso obtendrá la salvación espitirual de su pueblo. De elegir el cielo, igual deberá pelear la batalla, sabiendo de antemano que morirá en ella. Esa leyenda hace de la derrota de Kosovo una victoria espiritual, y transforma ese lugar en tierra sagrada para los serbios.

La autora encadena este sacrificio voluntario con otro que, según ella, sólo en apariencia es menos consciente. El sacrificio del cordero. Así lo narra en las páginas 1038 y 1039 de su libro: “Se les había unido un viejo albanés tocado con el casquete blanco que equivale al fez de los musulmanes. Le habían invitado a compartir nuestra comida y ahora estaba sentado en el suelo, de espaldas a mí. Al acercarme, se volvió para saludarme con la risueña gentileza de los albaneses, y vi que tenía en brazos un cordero negro como el que yo había visto sacrificar en el Campo de la Oveja: y el significado de Kosovo me pareció meridiano.

“El cordero negro y el halcón gris habían trabajado aquí en comandita. En este crimen, como en casi todos los crímenes históricos y en la mayoría de los crímenes personales, habían sido cómplices. Tuve que venir a Yugoslavia, un país que vuelve fácil lo difícil, que aporta símbolos a lo no formulado aún intelectualmente, para aprenderlo. Había tenido ocasión de presenciar el sacrificio en su versión más repugnante y falsa, y en su sorprendente autoridad sobre la imaginación. En el Campo de la Oveja había aprendido cuán repugnante podía ser la creencia de que el derramar sangre animal redunde en un crecimiento personal, que haciéndole un regalo a la muerte recibimos un regalo de la vida. Había comprendido que esta creencia formaba parte de mí, porque era consustancial a la mente primitiva en tanto en cuanto daba una respuesta fácil a diversas dudas, y la mente primitiva es justamente la base sobre la que se apoya la mente moderna.

“Viendo ahora al cordero en su intento de sacar su pequeño y blando hocico negro de entre el endeble cobijo de los brazos atrofiados del anciano, no pude apartar de mí por más tiempo lo que era tan evidente. Ninguno de nosotros, occidentales o no, podía resistir la tentación de aceptar este sacrificio como un símbolo válido. En el fondo de nuestros corazones estábamos convencidos de que la vida era esto y nada más, que un hombre le rebane el pescuezo a un cordero encima de una roca para complacer a Dios y ganar la felicidad; y cuando la inteligencia nos decía que ese hombre estaba haciendo algo repugnante y carente de todo sentido, nuestra reacción no era desechar la idea como una pesadilla sino decir: ‘si está mal ser el sacerdote que sacrifica al cordero, seré cordero y me dejaré sacrificar por el sacerdote’. De ahí establecimos el principio de que la condenación era honorable para cosas inocentes, y concedimos que si hablábamos de bondad y recomendábamos la paz, lo siguiente era que nos rebanasen el pescuezo con un cuchillo”.

==Sexta parte de seis

* 1- Los Balcanes según Rebecca West (I)
* 2- Los Balcanes según Rebecca West (II)
* 3- Los Balcanes según Rebecca West (III)
* 4- Los Balcanes según Rebecca West (IV)
* 5- Los Balcanes según Rebecca West (V)

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

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Los Balcanes según Rebecca West (II)

Bosnia-Herzegovina

“Desperté una sola vez por la noche y oí a los muecines pregonar que hay un solo Dios y Mahoma es su profeta desde el centenar de alminares de la ciudad”. Así comienza uno de los ocho capítulos que el libro dedica a Sarajevo. Un occidental nunca olvida la primera vez que escuchó la letanía del muecín. La reacción inicial es una forma reverencial de la sorpresa. No es un canto que uno vaya a escuchar especialmente a alguna parte, sino que el sonido surge de improviso entre los edificios de la ciudad. Una voz que se alarga arrastrándose y que parece que no va a detenerse jamás hasta que, de pronto, se para en seco. Tras esa puñalada de silencio la voz resurge fortalecida y deja de lado la monotonía inicial para quebrarse en cada sílaba, pero sin llegar nunca a perder su continuo. En una gran ciudad el efecto es sobrecogedor. No comienzan todas las mezquitas a la vez, sino que parecen estar sincronizadas, de tal modo que luego que se lanza una de ellas, las demás la repiten una tras otra. Cuando regresa el silencio, una suerte de recogimiento queda instalado en el alma. “Es un grito de una tristeza tremenda” dice Rebecca West hablando de esa “sencilla afirmación de su cosmogonía” que hacen los muecines desde su minarete.

Hoy las cosas han cambiado en Sarajevo, pero el canto del muecín sigue repitiendo la misma profesión de fe. No todas las mezquitas de Bosnia conservan sus minaretes. Pero las que escaparon del cañoneo de las artillerías serbia o croata, cumplen con su ritual puntualmente. La puntualidad es importante para los musulmanes. En la vidriera de una tienda que vende objetos de culto en el mercado del barrio antiguo de Sarajevo, hay una prueba de esa afirmación: una pequeña estructura de plástico blanco que semeja una mezquita y que puede colocarse sobre la mesa de luz. En lugar de puerta tiene un reloj despertador exactamente igual a los que se venden en cualquier puesto callejero de 18 de Julio. En sus extremos están los dos minaretes. Presionando sobre uno de ellos se puede detener el sonido del despertador. A la hora señalada, el reloj dará su alarma: el canto del muecín. Es posible seleccionar el canto matinal o el vespertino. Cuesta el equivalente a ciento ochenta pesos uruguayos.

==Segunda parte de seis

* 1- Los Balcanes según Rebecca West (I)
* 3- Los Balcanes según Rebecca West (III)
* 4- Los Balcanes según Rebecca West (IV)
* 5- Los Balcanes según Rebecca West (V)
* 6- Los Balcanes según Rebecca West (VI)

(Publicado en Brecha en enero de 2002)

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21 diciembre 2000

Eslovenia y Macedonia: los dos polos

Eslovenia es un pequeño país, que equivale en superficie a los territorios de Rocha y Lavalleja sumados, y que tiene algo menos de dos millones de habitantes. Macedonia es un poco más grande, a Rocha y Lavalleja se le debe sumar Maldonado para obtener una equivalencia, pero tiene prácticamente la misma cantidad de población que Eslovenia. Aquí terminan las similitudes, ya que Eslovenia es la más rica entre las repúblicas nacidas de la Yugoslavia comunista, y Macedonia la más pobre. Desde el punto de vista étnico y religioso también presentan realidades muy diferentes: mientras Eslovenia es prácticamente homogénea (un 91 por ciento de eslovenos, el 71 por ciento de los cuales son católicos), Macedonia tiene en este aspecto uno de sus factores de inestabilidad, con un 66 por ciento de macedonios y un 23 por ciento de albaneses, cristianos ortodoxos los primeros y musulmanes estos últimos.

Oficialmente el país se llama Ex República Yugoslava de Macedonia (mapa). Ese nombre fue la única salida que se encontró para lograr el reconocimiento internacional en abril de 1993, casi dos años después de la independencia, ya que Grecia se opuso a que el nuevo país se llamara Macedonia, igual que la provincia del norte de la Grecia moderna. Los griegos temían que el uso del nombre Macedonia se utilizara en un futuro para justificar aspiraciones territoriales sobre Grecia. Aún hoy resulta imposible cambiar dinares macedonios en ninguna casa de cambios de la próspera y moderna capital del norte griego, Tesalónica, y las comunicaciones terrestres entre los vecinos están limitadas a un único tren diario, en el que la policía griega confisca los pasaportes de los pasajeros y sólo los devuelve en la frontera.
La capital macedonia, Skopje, muestra la división entre macedonios y albaneses con claridad. Cada comunidad ocupa una de las orillas del río Vardar, que aleja el Skopje cristiano del barrio musulmán. Los que se encuentran del lado equivocado se mudan de casa.

Esta separación que comienza en la infancia, cuando los niños son matriculados en escuelas "étnicamente puras", continúa durante la edad adulta. Un estudio del Instituto Nacional de Estadística reveló que de los 15 mil matrimonios anuales, sólo 250 podrían ser calificados como mixtos. Un reporte del Instituto de la Guerra y la Paz de mayo de este año, citó la historia de uno de estos matrimonios interétnicos; cuando el marido macedonio visitó su aldea natal acompañado de su esposa albanesa, "nadie me dirigió la palabra, murmuraban a mis espaldas que yo había llevado los albaneses al pueblo".

==Sexta parte de nueve

* 1- El lugar del odio (Guía para entender la ex Yugoslavia)
* 2- Yugoslavia: “no existe más que en teoría”
* 3- Montenegro busca su lugar
* 4- Croacia y el camino de la tolerancia
* 5- Bosnia-Herzegovina: dos países en uno
* 7- Las tres Yugoslavias
* 8- Problemas pendientes
* 9- Sandjak: el país que nunca existió

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Quepasa en diciembre de 2000)

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El lugar del odio (Guía para entender la ex Yugoslavia)

Las elecciones yugoslavas de este 24 de setiembre mostrarán, por primera vez, a un candidato único de la oposición disputándole el poder al actual mandatario Slobodan Milosevic; sin embargo, estarán empañadas por el anunciado boicot de Montenegro, el único socio de Serbia que aún permanece en la Federación. El resto de las antiguas repúblicas yugoslavas, nueve años después de la desintegración del país y a un año de finalizada la última guerra que lo tuvo por escenario, forman un mosaico de cinco estados independientes, cuatro de los cuales aún no han podido resolver las tensiones étnicas entre sus siete colectividades principales.

Los reclamos de autonomía de los albaneses de Macedonia, la pulseada por el control del norte de Kosovo, y el deseo de independencia de Montenegro, son los factores que al momento actual tienen más posibilidades de desencadenar un nuevo conflicto. Mientras el difícil avance de las posiciones moderadas en Croacia y Bosnia favorece la estabilidad de la región, sólo Eslovenia parece haber consolidado el camino de la paz.

La Yugoslavia comunista que surgió después de la Segunda Guerra Mundial desapareció en 1991. Hoy existen en su antiguo territorio cinco países diferentes: Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, la Ex República Yugoslava de Macedonia (FYROM, por sus siglas en inglés), y una nueva Federación Yugoslava. Dos de esos países están a su vez divididos, por lo que el conjunto de cinco estados equivale a siete repúblicas. En uno de los casos, Bosnia-Herzegovina, la división del país en mitades surgió como único medio para detener la guerra y dio lugar a la existencia de la República Sprska (de mayoría serbia), y de la Federación de Croatas y Musulmanes.

En el otro caso no se trata de una división sino de una alianza, ya que las repúblicas de Montenegro y Serbia resolvieron permanecer dentro del marco de una nueva Federación Yugoslava. En el mosaico de la ex "tierra de los eslavos del sur", que es lo que significa el nombre Yugoslavia, existen aún otras dos entidades políticas, en este caso con un estatuto de provincias autónomas dentro de Serbia: Vojvodina, habitada por una importante minoría húngara, y Kosovo, actualmente bajo administración de las Naciones Unidas y cuya reintegración a Serbia parece la opción menos probable para su futuro.

La desarticulación de un país en el que convivían siete grupos étnicos principales (albaneses, croatas, eslovenos, macedonios, montenegrinos, musulmanes bosnios, y serbios) y su transformación en siete repúblicas puede parecer, a primera vista, una solución definitiva. Sin embargo, cada uno de los países, a excepción de Eslovenia, conserva en su interior por lo menos alguno de los factores de inestabilidad que ocasionaron las tres guerras que después de 1991 terminaron con la existencia de la Yugoslavia comunista.

Los croatas y los eslovenos son católicos, los serbios son cristianos ortodoxos al igual que los macedonios y los montenegrinos, en tanto que los bosnios son musulmanes y comparten esa fe con los albaneses de Kosovo y Macedonia aunque no con los de Albania que son mayoritariamente no creyentes. Esta realidad religiosa está en el origen de las divisiones y alianzas que se han tejido durante los últimos cinco siglos, desde que la derrota del reino serbio a mano de los turcos otomanos transformó los Balcanes en una fuente permanente de rebeliones y enfrentamientos; durante ese período las distintas colectividades nacionales encontraron en la religión el refugio para no perder su identidad y la fuerza para luchar por su existencia como nación.

==Primera parte de nueve

* 2- Yugoslavia: “no existe más que en teoría”
* 3- Montenegro busca su lugar
* 4- Croacia y el camino de la tolerancia
* 5- Bosnia-Herzegovina: dos países en uno
* 6- Eslovenia y Macedonia: los dos polos
* 7- Las tres Yugoslavias
* 8- Problemas pendientes
* 9- Sandjak: el país que nunca existió

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Quepasa en diciembre de 2000)

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29 agosto 2000

Cáucaso: El factor islámico

Aunque el 75 por ciento de los musulmanes que habitan en la ex URSS viven en las repúblicas de Asia central (Usbekistán, Kazajstán, Kisguistán, Tayikistán, Turkmenistán), el 10% en las regiones del Volga Medio-Ural (Bashkortostán, Tatarstán), y sólo el 15% se encuentran en el Cáucaso (Azerbaiyán, Daguestán, Chechenia, Ingusetia, Georgia), el factor islámico es una de las claves a la hora de comprender la conflictividad caucásica. Exceptuando los de Azerbaiyán (azeríes) que son chiítas duodecimanos, emparentados a los iraníes, y a excepción también de algunos ismaelitas de rito nizarí y de algunos pequeños grupos heréticos como los ali illahis y los yezidis (que significa "adoradores del diablo"), los musulmanes de la ex URSS son sunnitas de rito hanefí, por lo que su familia religiosa es la misma que agrupa a los musulmanes de Turquía.

Durante el período soviético, en el que la práctica religiosa había sido perseguida o en el mejor de los casos desalentada, el Islam gozó de cierta protección gracias al alineamiento de sus jefes religiosos con la política estatal dominante. Fruto de esta alianza fue la fundación de dos universidades coránicas, la no persecusión del matrimonio religioso ni de los ritos funerarios islámicos y la autorización para algunos privilegiados de realizar la peregrinación ritual a la Meca. Sin embargo, al margen de este Islam oficial existía un Islam paralelo, que formaba un sistema religioso complejo, semiclandestino, dominado por las ideas sufíes. De acuerdo con la investigadora Chantal Lemercier, la acción “constante y sistemática” de las cofradías sufíes, “con sus escuelas coránicas, sus casas de oración, su mantenimiento de los lugares santos”, permitió al Islam “permanecer como una religión viva y popular” en la antigua URSS.

La guerra de Afganistán a comienzos de los ochenta, con una guerrilla islámica fundamentalista enfrentando a las tropas soviéticas, deterioró las relaciones entre comunistas y musulmanes llevándolas a un punto que ni siquiera pudo ser superado por las primeras medidas de liberalización de la Perestroika que impulsara el premier soviético Mijail Gorbachov desde 1986. En noviembre de ese año, Gorbachov pronunció un discurso en Uzbekistán, tierra musulmana, en el que llamaba a los militantes del Partido Comunista "a combatir resueltamente y sin compromisos los fenómenos religiosos, a multiplicar los esfuerzos de propaganda en materia de ateísmo y de política de masas". La crisis económica de fines de esa década, y el crecimiento de los movimientos islámicos al interior de la ex URSS motivaron a Gorbachov a realizar ciertas concesiones en 1989, reconociendo la importancia de las lenguas locales y autorizando el uso del alfabeto árabe, generando un contexto en el cual el Islam paralelo se autolegalizó, destituyendo a parte del clero oficial y tomando el control de la vida religiosa.

==Cuarta parte de cinco

* 1- El Cáucaso, un viejo campo de batalla
* 2- Secuestro de militares uruguayos
* 3- La Gran Depresión
* 5- Chechenos: los peores enemigos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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