24 diciembre 2010

Potencia bipolar

por RLB

Extramuros, la diplomacia estadounidense se niega a reconocer las evidencias de que sus protegidos albanokosovares cometieron escalofriantes crímenes de lesa humanidad. En el frente doméstico, Obama acaba de aprobar una medida de avanzada: la derogación del “yo no pregunto, usted no diga” que condenaba al silencio a los militares gay.

En su momento fue vendida como “la más justa de las guerras”. Los titulares de prensa decían “la generación del 68 va a la guerra”, para dar cuenta del carácter socialdemócrata y la juventud relativa de los líderes mundiales que autorizaron los bombardeos de la otan sobre Serbia. Bill Clinton y un Tony Blair todavía inmaculado aseguraban que era necesario atacar a Serbia para proteger los derechos humanos de los albanokosovares. Con el tiempo comenzó a descubrirse que la guerrilla albanokosovar estaba involucrada en el narcotráfico y la trata de blancas con destino al mercado europeo. Pecados casi veniales al lado de lo que acaba de tomar estado público: el asesinato de civiles serbios para alimentar el negocio del tráfico de órganos. Crímenes de ahora nomás, ocurridos entre 1999 y 2000, pero que recordaban los de la Segunda Guerra Mundial. Luego de haber sido derrotada en combate abierto por los partisanos serbios en Dibra, la división SS Skanderbeg, formada por albaneses y albanokosovares, tomó represalias contra los civiles serbios que vivían en Kosovo. Su ensañamiento fue tal que llegó a sorprender a los propios oficiales alemanes. Cualquier parecido con la actualidad…

***


Es sabido que casi todos los mapas nacionales que pueblan el planisferio han tenido sus dolores de parto y que en muchos casos hay páginas de las que avergonzarse. Lo que resulta chocante es que en pleno siglo xxi, una independencia surgida de la voluntad de Occidente de “prevenir” una limpieza étnica, haya dado lugar a un Estado que ya antes de nacer cometió, por la mano de sus líderes actuales, una serie escalofriante de crímenes de lesa humanidad. No resulta probable que a muchas cancillerías les queden ganas de reconocer al prospecto de país a partir de ahora. ¿Y Estados Unidos? En enero de 2000, mientras ocurrían las operaciones ilegales de extracción de órganos, en las calles de Pristina se podían ver tantas banderas albanesas como estadounidenses. Allí Clinton es un héroe y “un estadounidense un amigo”, ya que la independencia de Kosovo fue un trabajo diplomático de la entonces potencia hegemónica. Según algunos analistas fue para impedir la influencia de Rusia en esa parte de Europa, con la que la unen lazos culturales y religiosos desde mucho antes de la revolución de 1917. Según otros para evitar quedarse cruzado de brazos como había pasado durante las guerras de Croacia y Bosnia. Más allá de las razones, para Washington parece haber llegado el tiempo de la negación. Apenas se conocieron estas revelaciones sobre aquellos crímenes, el principal esponsor de la independencia de Kosovo dijo, con anticuado cinismo, que habrá que ver las pruebas.

***

Días después la imagen del gobierno de Barack Obama tuvo su momento de reivindicación. Al menos en términos de impulso a los derechos. El miércoles 22, en una ceremonia pública cargada de elementos simbólicos, el presidente derogó el decreto que obligaba a los militares a callar su orientación sexual en caso de ser homosexuales o lesbianas. Dijo que lo importante era si estaban dispuestos a servir a su nación y que en todo momento, desde la guerra de independencia, había habido soldados gay luchando y muriendo a la sombra de la bandera de las barras y estrellas. Con su habitual capacidad para atrapar la atención de su auditorio, Obama se adelantó a los cuestionamientos sobre resistencias al interior de las fuerzas armadas. Una reciente encuesta reveló que 70 por ciento de uniformados no están en contra de la medida. No es que estén decididamente a favor, pero al menos no se oponen. Para ganarse el 30 por ciento restante, o consolidar los apoyos tibios, el mandatario trajo al atril de su discurso varios casos “de la vida real”. Habló del capitán que fue separado de su unidad por ser homosexual, motivando varias cartas de sus subordinados diciendo que por supuesto sabían que el oficial era gay, pero que nunca antes habían tenido mejor jefe en el terreno de operaciones. Contó también su conversación con un militar hetero, quien dijo que uno de sus muchachos era homosexual, pero que lo importante no era eso, sino su habilidad para matar a “muchos de los malos”. Un marxista árabe apuntaría: he aquí las diferencias entre la contradicción principal y la contradicción secundaria.

Obama consagró la derogación rodeado de militantes por los derechos de los militares gay, utilizó una serie de lapiceras para poner su firma, estrechó manos y prodigó abrazos, todo lo que contribuyó a darle un marco simbólico a la ocasión, trasmitida en directo por varias cadenas de noticias. Una promesa de campaña que se cumplía para dolor de los dinosaurios. De inmediato la prensa internacional se hizo eco del acontecimiento. La revista colombiana Semana, por ejemplo, recordó que varios países latinoamericanos fueron pioneros en el tema. Entre ellos Uruguay. Como se recordará, en mayo de 2009, poco antes del Día del Ejército, el gobierno de Tabaré Vázquez aprobó una norma por la cual “la elección sexual de los postulantes a ingresar a las escuelas de formación oficiales, no será considerada causal de no aptitud por las comisiones, tribunales médicos o autoridades actuantes”. De esta manera se dejaba sin efecto un decreto de Julio María Sanguinetti que buscaba impedir el ingreso a las filas castrenses de personas con “desviaciones manifiestas de la sexualidad”. Una pretensión verdaderamente caduca.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 23-XII-2010)

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20 marzo 2006

Milosevic y la vieja herida de la identidad

Las mujeres vestidas de negro lloraban como si su muerte hubiera ocurrido esa misma noche. El cuerpo ennegrecido y arrugado del príncipe Lazar revelaba, a pesar de los esfuerzos de los embalsamadores, que se trataba de una muerte antigua. Seiscientos años no es tanto tiempo para los Balcanes, en cuya historia todavía se sigue hundiendo el mito de los héroes de las novelas de caballería, como Marko Kralievic, dueño de una fuerza descomunal y de un caballo capaz de recorrer enormes distancias tomando impulso, de tanto en tanto, con sus cascos herrados en plata

Por eso la repatriación de los restos de Lazar, organizada por Slobodan Milosevic para conmemorar los seis siglos de la Batalla de Kosovo, pareció más un hecho de la agenda política que una efemérides para historiadores. Durante semanas el ataúd del príncipe hizo una peregrinación, ciudad tras ciudad, para recibir el homenaje postergado. En cada estación las autoridades locales reafirmaban la intencionalidad política del recorrido: Lazar, que al luchar contra los turcos en la batalla de 1389 eligió una muerte honorable y sagrada antes que la efímera victoria terrenal, estaba ahí para decirles que Kosovo era la patria espiritual de los serbios. Que las cosas hubieran cambiado en seis siglos y que ahora el 90 por ciento de los kosovares fueran de origen albanés (musulmanes como aquellos turcos), era un detalle demográfico menor, menos trascendente que el testimonio de los monasterios ortodoxos que salpicaban la geografía de la provincia con su arquitectura bizantina.

“Libre y piadoso”

En esa vieja herida de la identidad fue que Milosevic plantó su bandera del oportunismo nacionalista y se encaramó en el poder. Eran tiempos en que un oscuro dirigente del aparato comunista debía aferrarse a cualquier cosa si no quería terminar abruptamente su carrera política. Sus bravuconadas historicistas se volvieron algo mucho más serio cuando varias repúblicas de la entonces Yugoslavia proclamaron su independencia. La irresponsabilidad de Alemania y Austria, que se apresuraron a reconocer a Croacia y Eslovenia sin asegurar garantías para las poblaciones serbias que allí vivían, desató la primera de las modernas guerras balcánicas. El oportunismo de Milosevic y de los líderes croata y bosniomusulmán hicieron el resto, desangrando al país y desmembrándolo en cuatro años. La historia más reciente es conocida. Llevado al Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, a efectos de ser juzgado por crímenes contra la humanidad y genocidio, su defensa de sí mismo tuvo el efecto de relanzar su arraigo popular. La muerte ocurrida el 11 de marzo en una celda de La Haya, imputable a una genérica negligencia médica, le da la oportunidad a sus seguidores de colocarlo en el santoral de la ortodoxia serbia. Ya comenzaron a aparecer las imágenes en las que un Slobo desafiante presta su rostro a uno de los santos guerreros que adornan las paredes de las iglesias. Como ocurrió antes con Lazar, ahora es el cuerpo de Milosevic el que regresa en busca de homenaje. A cambio lleva consigo, en la rigidez de la muerte, el rejuvenecido mito del martirio serbio. Fue Lazar un mártir (el profeta Elías le anunció su suerte antes de la batalla portando una carta de la Virgen María, y la decisión de Lazar de concurrir a la muerte profetizada fue la que ató el destino de Serbia a la estética cristiana del cordero que se sacrifica por los otros), y ahora es Slobo, cuyo nombre significa “libre y piadoso”, quien cumple con su destino.

Lugares comunes

Este razonamiento no es sólo de los nacionalistas. Hay un pathos serbio que es parte de su identidad nacional, que hace que incluso los opositores a Milosevic miren al Tribunal de La Haya con desconfianza. Para la prensa internacional fue “el carnicero de los Balcanes”. Para los serbios que se opusieron a su régimen, Milosevic fue una desgracia, pero no fue necesariamente un criminal de guerra. Los otros pueblos balcánicos, que sufrieron las guerras de los noventa, hubieran preferido verlo condenado por sus crímenes. Culpable de los cargos de los que se lo acusaban, Milosevic fue uno de los personajes que causaron más muerte y dolor en la ex Yugoslavia. Pero no fue el único, dicen los serbios de cualquier tendencia política. En cierta forma, el rechazo a la simplificación con la que la prensa internacional los vuelve a bombardear desde el 11 de marzo (reciclando los viejos lugares comunes que mostraban a Serbia como único agresor en las guerras de los noventa), contribuye a dar cierto barniz de consenso a la incómoda figura del obediente cuadro de la nomenclatura titista. Cuando esta nota esté impresa, Milosevic estará siendo velado en Belgrado, frente al Parlamento, y luego de dos días se le llevará a su pueblo natal, Pozarevac, donde será enterrado el sábado. El cronograma está pensado para darle a los homenajes el tono simbólico de una pasión cristiana. Sin embargo podemos asegurar, según fuentes confiables, que al tercer día no resucitará.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria el 20 de marzo de 2006)

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26 febrero 2006

Nagorno Karabaj y Kosovo

En cierta forma puede calificárselo como el primer conflicto étnico de la era pos Guerra Fría, ya que surgió en pleno auge de la perestroika. Víctima de la zigzagueante política soviética de “nacionalidades”, el enclave de Nagorno Karabaj fue empujado al abismo a fuerza de decisiones administrativas. Habitado por armenios de religión cristiana, fue puesto bajo jurisdicción de Azerbaiyán, cuya población es mayoritariamente musulmana. Tres años antes de la caída de la Unión Soviética comenzaron los primeros problemas que luego derivaron en actos de “limpieza étnica”, incluyendo una recordada masacre cometida por azeríes en contra de mujeres armenias en la sala de maternidad de un hospital.

Esos antecedentes, y los largos años de una guerra civil que sólo se detuvo en 1994, iniciaron un complejo proceso de negociaciones que siempre se ha mantenido en un tercer plano informativo. Esta semana, una nueva ronda de conversaciones fue dada por terminada sin que se llegara a ningún acuerdo entre las partes. Tanto armenios como azeríes afirman que Nagorno Karabaj les pertenece. Por el momento Armenia controla el enclave y varias zonas cercanas, por lo que se vive en un estado de paz armada.

En la situación opuesta está el conflicto de Kosovo. El lunes 20 las delegaciones serbia y albanokosovar se sentarán ante una mesa de negociaciones que se instalará en Viena para tratar el futuro de esa provincia balcánica. Aunque también en este caso las partes comienzan con posiciones muy claras y en apariencia antagónicas, hay un mejor horizonte para la flexibilidad. Los kosovares de raíz albanesa parecen estar proclives a negociar una fórmula de autonomía, si es que abarca todos los aspectos de la administración de la provincia, y siempre y cuando no implique renunciar a la posibilidad de la independencia. Para los serbios, mientras tanto, la independencia de Kosovo resulta una hipótesis “impensable”, según lo afirmó el primer ministro Vojislav Kostunica. Desde Albania, el canciller Besnik Mustafaj aclaró –para despejar eventuales expectativas– que su país no tiene ningún interés en que se produzca una unión con Kosovo.

Puestas todas las cartas sobre la mesa, la solución de otorgar a la provincia una autonomía importante pero manteniéndola dentro de Serbia presenta dos caras de una solución que es triple. La tercer arista es la expectativa del ingreso de Serbia a la Unión Europea, por lo que los albanokosovares podrían convertirse en ciudadanos comunitarios y tendrían la garantía de que Belgrado debería cumplir con los estándares europeos en materia de respeto a los derechos humanos. Ya en 1999, en plena crisis balcánica, el escritor bosnio Predrag Matvejevic había dicho que la mejor solución para los pueblos balcánicos era vivir bajo un “arbitraje internacional”. En su opinión, el rol que en su momento cumplieron los imperios otomano y austríaco, que además de ser fuerzas de ocupación actuaron como elementos de contención ante los nacionalismos locales, podría en un futuro cumplirlo Bruselas, en un marco que fuera respetuoso de las soberanías y al que se llegara de común acuerdo. Por el momento, el protectorado de Kosovo, habitado en más de un 90 por ciento por personas de origen albanés, sigue siendo en los papeles una provincia serbia, aunque está bajo administración de las Naciones Unidas.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

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15 julio 2004

Monasterios del sur: el alma de serbia (I)


No es fácil llegar a los monasterios medievales serbios. Los más bellos, como el de Gracanica, se encuentran cercados en la provincia de Kosovo, hoy bajo administración de Naciones Unidas pero controlada en los hechos por la población de origen albanés. El más sureño de aquellos a los que se puede tener acceso es Sopocani, aunque probablemente recién sea en Studenica, en el centro de Serbia, donde pueda visitarse con cierta tranquilidad una de esas joyas del arte que iluminó los siglos previos al Renacimiento. Cerca de Belgrado, el complejo monacal de Manasija puede dar una idea aproximada de la belleza que encierran los monasterios que la guerra ha ido alejando de los visitantes.
En el siglo XII, en la actual Sandjak –hoy enclave musulmán dentro de la Serbia moderna, lo que no es la única paradoja de los Balcanes- se originó un reino serbio cristiano que doscientos años más tarde dominaba los actuales Sandjak, Kosovo y Macedonia. El creador fue un jefe tribal llamado Stefan Nemanja, padre de San Saba, una figura clave de la religión ortodoxa, ya que fue quien obtuvo en 1219 la autocefalía de la iglesia serbia. Luego el rey Milutin acercaría el esplendor del reino serbio al espejo en el que siempre se habían mirado estos príncipes eslavos: el Imperio Bizantino. Para probarlo, Milutin no sólo financió la construcción de iglesias en Serbia sino también en Constantinopla y en la propia Jerusalén. Y para que no tuviera necesidad de recurrir a las armas para seguir probándolo, el emperador bizantino le dio a su hija en matrimonio como prueba de alianza y amistad.
Pero quien llevó el reino serbio a su máximo esplendor fue el príncipe Dushan, que en 1345 fue coronado en Skopje, actual capital de Macedonia, como “Emperador de los Serbios, los Griegos y los Albaneses”. Su título y sus tierras conquistadas sirven de base territorial al mapa imaginario de la Gran Serbia que construyeron los nacionalistas serbios modernos. Significativamente el nombre Dushan deriva de la palabra dusha, que puede traducirse como alma. Dushan era, al igual que varios de los reyes medievales serbios, un príncipe sagrado, ya que se trataba de una nobleza que luego de su muerte tenía casi asegurada la canonización por el cristianismo ortodoxo y su pasaje a la iconografía de los monasterios en los que coexistían, en frescos y mosaicos, con Jesús, Juan el Bautista, los apóstoles y la Virgen María.

Gobernantes sagrados

Los muros interiores de los monasterios serbios ortodoxos, igual que los bizantinos, están literalmento cubiertos de estas imágenes que reafirman el carácter sagrado de sus gobernantes. En el monasterio de Studenica, del siglo XIV, se ve al rey Milutin, también rodeado por el halo sagrado, ofrendando a su dios una maqueta de una iglesia que él mandó a construir. O en el monasterio de Gracanica, donde un fresco de 1312 muestra a la mujer de Milutin, la reina Simonida, siendo coronada por un ángel. Es la expresión más palpable de la idea de la monarquía por derecho divino, que no sólo está en los códigos sino también, y sobre todo, en esos abigarrados códices que son los monasterios ortodoxos y sus frescos que responden a una calculada y precisa iconografía. Si son sagrados los gobernantes también es sagrada la lucha que se emprende para hacer triunfar a la cristiandad por sobre sus enemigos terrenales y espirituales, en general identificados con los musulmanes, pero que también llegó a abarcar a los católicos romanos o a los paganos de diversa índole. Los monasterios reflejan esa posición con las habituales figuras de 'guerreros sagrados'. Barbados caballeros en armadura, de rostro enjuto, portadores de lanzas o espadas y rodeados, también ellos, por el halo de la santidad. Son los representantes en la tierra de las fuerzas con las que, de acuerdo a la tradición bíblica, el dios de los cristianos enfrentará al Anticristo en la batalla final por el control del Universo.

==Primera parte de dos. Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en junio de 2004

* 1- El alma de serbia
* 2- Un rostro para un rey.

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15 junio 2004

Monasterios del Sur: Un rostro para un rey (II)

El aspecto del rostro del emperador Dushan el Poderoso se ha conservado en uno de los frescos más emblemáticos de la tradición serbio ortodoxa. Fue realizado en 1347 y está en el monasterio del Arcángel Miguel. En una pintura de tres metros de alto se puede observar una figura majestuosa del monarca mientras que en un segundo plano y pintada de menor tamaño aparece su esposa Jelena. Ambos están ataviados con un lujo que recuerda el fasto bizantino. .El fresco tiene la virtud de darle un rostro a la figura emblemática de la Gran Serbia. Los ojos con bolsas, la mirada frontal, una barba que no llega a taparle las mejillas sino que crece en el borde de la cara, un fino bigote y una melena rojiza que cae por detrás sin tapar las orejas, como si el soberano acabara de mojarse el pelo y acomodárselo para ese pasaje iconográfico a la posteridad. La vestimenta es de tonos rojos y naranjas sobre un fondo negro, y parece estar tapizada de piedras preciosas. Es, sin embargo, un soberano guerrero. La forma en la que sostiene su bastón imperial, la dureza de la mirada, la corona encasquetada que parece ser parte de la cabeza y no un elemento del atuendo, todo refleja que estamos ante un rey que está forjando su imperio en ese momento. Lo principal del retrato aparece por detrás: el halo sagrado que indica que se trata de un santo cristiano y no sólo de un gobernante terrenal. Ni más ni menos que la idea bizantina. Por eso no extraña que los impulsores de la Tercera Roma, en pleno siglo XIX, hayan recurrido a su figura y a la idea de la Gran Serbia como fórmula para hacer realidad el renacimiento de Bizancio.

Kosovo

El reino forjado por Dushan comenzó a desintegrarse cuando el príncipe Lazar perdió ante los turcos la Batalla de Kosovo. El enfrentamiento de junio de 1389 fue la consecuencia inevitable del afán turco por conquistar Europa. Habían iniciado su campaña en 1356, cuando dejaron Asia y comenzaron una serie de luchas que les permitieron obtener las dos principales ciudades griegas del norte: Tesalónica y Adrianópolis, la actual Edirne turca. Teniendo en cuenta que el poder balcánico más importante de la época era la corona serbia (en 1345 un príncipe serbio había sido coronado Emperador de Serbios Griegos y Albaneses) resultaba un desenlace natural que fueran estos monarcas los que unieran a los cristianos balcánicos para oponer un ejército poderoso al invasor musulmán. Pero el nacionalismo serbio hizo de esa derrota una de sus piedras fundacionales. Desarrollando esta idea, el periodista estadounidense Robert Kaplan anota que los serbios tienen “dos pilares de fuego que definen su actitud nacional y su difícil situación histórica”. El más arraigado de estos pilares serían los monasterios, “cajas de seguridad de arte y magia”, pero el más grande es la batalla de Kosovo. Kaplán estaba haciendo referencia a lo que Canetti llamó los símbolos de masas, esa unidad mayor con la que el individuo se siente en relación con los suyos y en la cual descansa la continuidad del sentimiento nacional. Por eso, explican los académicos eslavos Dragnich y Todorovich, “el problema de Kosovo es complicado y complejo para la mitad de la población de Yugoslavia, pero para los serbios no lo es. Para ellos Kosovo es tierra sagrada. Es la cuna de su condición nacional, donde ellos eran virtualmente los únicos ocupantes. Fue el centro del imperio serbio de la Edad Media, en su tiempo el imperio más fuerte de los Balcanes, y es también el lugar donde están localizados los principales monumentos históricos y religiosos de Serbia”.

==Segunda parte de dos. Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en junio de 2004

* 1- El alma de serbia
* 2- Un rostro para un rey.

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26 marzo 2004

Espiral de violencia en Kosovo

"El hecho es que las minorías en Kosovo no han sido bien protegidas". El reconocimiento, que proviene del responsable de la política exterior europea, Javier Solana, puede leerse como el fracaso de la comunidad internacional en la provincia ex yugoslava.

Si hay un sitio donde resulta difícil saber quién tiró la primera piedra, ese lugar es Kosovo. En la escalada de esta semana, sin embargo, todo parece haber comenzado con el asesinato de un joven serbio de 18 años a manos de un francotirador albanés. Un grupo de serbios habrían luego tomado venganza matando a dos niños albanokosovares. Uno y otro bando silenciaron el hecho de sangre cometido por su propia gente, y se dedicaron a clamar venganza por la o las víctimas que pertenecían a su grupo étnico. En un lugar donde una de las partes tiene el 90 por ciento de la población, resulta fácil saber quién va a pasar a la ofensiva cuando la violencia se sale de control. En consecuencia fueron quemadas casas e iglesias serbias, y las monjas de un monasterio cristiano ortodoxo debieron ser evacuadas por helicóptero, obligando al éxodo de unos 3000 no albaneses. Mientras en las aldeas se trató de un pogromo contra la minoría serbia, en la ciudad dividida de Mitrovica, que comparten ambas comunidades, lo que se produjeron fueron enfrentamientos callejeros. Ahí se completó la treintena de muertos y los casi seiscientos heridos, tanto serbios como albanokosovares.

Si se revisan las noticias de los últimos cuatro años, en más de una oportunidad hubo episodios puntuales de asesinatos. En una ocasión, por ejemplo, también hubo niños entre las víctimas. Pero en aquellos casos “la primera víctima” era serbia, y esa minoría sólo podía protestar en las instancias formales del protectorado de Naciones Unidas. Ahora, de manera coordinada o por iniciativa propia, una parte de la prensa albanesa silenció la muerte del joven serbio y presentó a los niños albaneses como víctimas iniciales. Eso desencadenó la furia. El premio Nóbel Elías Canetti describe este tipo de fenómenos en su libro Masa y Poder: “Es el primer muerto el que contagia a todos con el sentimiento de la amenaza. La significación de este primer muerto para atizar las guerras es imponderable. Los detentadores del poder que quieren desatar una guerra saben muy bien que deben conseguir o inventar un primer muerto. No se trata tanto de su peso dentro de su grupo. Puede tratarse de alguien sin ninguna influencia especial, a veces hasta es un desconocido. Lo que importa es su muerte y no otra cosa; hay que creer que el enemigo carga la responsabilidad por ella. Se ocultan todas las razones que podrían haber llevado a matarlo menos una: ha perecido como miembro del grupo al que uno mismo pertenece”

==Primera parte de dos

* 2- El auxilio de la literatura

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 26 de marzo de 2004)

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15 agosto 2003

Fuentes

-Andric, Ivo. Un puente sobre el Drina.
-Kadaré, Ismail. El Palacio de los sueños.
-Kadaré, Ismail. Tres cantos fúnebres por Kosovo. Alianza. Madrid, 1999.
-Subotic, Dragutin. Yugoslav Popular Ballads: Their Origin and Development. Cambridge University Press. Cambridge, 1932.
-Vuckovic, Vladeta y Mathias, John. Serbian Epic Poems. Ohio University Press. Ohio, 1987.

==Novena parte de nueve

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca

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30 septiembre 2002

Guerrilla albanesa:
de héroes a villanos (I)

Ligada al tráfico de heroina y a la trata de blancas, armada por países que se consideran enemigos entre sí, supuestamente entrenada por cuerpos de elite alemanes, reforzada por combatientes afganos, la Ushtria Clirimtare e Kosoves, UCK, no es una guerrilla como cualquier otra.

Hasta mediados de 1999 los irregulares albaneses eran, a ojos de los poderes occidentales, combatientes por la libertad. Hoy, en palabras del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, son la principal amenaza para la estabilidad en los Balcanes. El Ejército para la Liberación de Kosovo, que eso significa UCK, pasó de víctima a victimario según los informes de los organismos de derechos humanos. Cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) bombardeó Yugoslavia y obligó al Ejército Federal a abandonar Kosovo, la UCK ocupó el momentáneo vacío de poder e inició una limpieza étnica contra los serbios que habían quedado en la provincia. Sus víctimas fueron, en su mayoría, mujeres, niños y ancianos, ya que los que responsables de la limpieza étnica contra los albanokosovares que la UCK teóricamente estaba vengando, habían partido junto con los tanques yugoslavos y estaban a buen recaudo del otro lado de la frontera.

Pero el sector radical de la UCK no se conformó con eso. Su objetivo no confesado era la Gran Albania, el territorio que uniría a todos los albaneses balcánicos, por lo que en marzo de 2001 atacó Macedonia, una ex república yugoslava de dos millones de habitantes y poco más grande que Tacuarembó, que tiene un 23 por ciento de albaneses conviviendo con una mayoría eslava que está emparentada a los serbios desde el punto de vista étnico y religioso. Una jugada que mostró la desorientación de la UCK: creyeron que la victoria de Kosovo, esencialmente política, había sido una victoria militar. La campaña militar sobre Macedonia les quitó el apoyo político de Occidente, que era lo único que tenían para sostener sus pretenciones de crear una República de Kosovo, primer paso hacia la Gran Albania. Atacando Macedonia, la UCK perdió Kosovo.

Sin embargo, los partidos políticos que representan a los albaneses de Macedonia demostraron tener la sabiduría que le faltó a la guerrilla. Llamaron a sus bases a no sumarse al alzamiento, lo que tuvo el doble efecto de evitar una guerra civil y de crear un espacio de legitimidad para negociar los derechos para la minoría albanesa, incluido el estatus oficial del idioma albanés y una mayor equidad en la composición étnica de las fuerzas de seguridad.

==Primera parte de dos

* 2- Parte II

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2002)

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13 enero 2002

Los Balcanes según Rebecca West (VI)

Dos símbolos para un título

Al momento de su publicación, en 1941, Cordero negro, halcón gris* fue comparado por The New Yorker con Los siete pilares de la sabiduría,de T.E. Lawrence. El título Cordero negro, halcón gris está formado por la yuxtaposición de dos símbolos. El del halcón gris procede de la poesía épica medieval serbia, y es la clave de una de los principales textos que integran la llamada Saga de Kosovo, tema sobre el que Brecha publicó un extenso artículo en su número del 6 de julio de 2001.

En ese poema, titulado “La caída del Reino de Serbia”, el profeta Elías disfrazado de halcón gris, se planta ante el soberano con una carta de la mismísima Virgen María. La víspera antes de la batalla decisiva contra los turcos, la carta le da a elegir entre un reino terrenal, en cuyo caso obtendrá la victoria, o un reino celestial, en cuyo caso obtendrá la salvación espitirual de su pueblo. De elegir el cielo, igual deberá pelear la batalla, sabiendo de antemano que morirá en ella. Esa leyenda hace de la derrota de Kosovo una victoria espiritual, y transforma ese lugar en tierra sagrada para los serbios.

La autora encadena este sacrificio voluntario con otro que, según ella, sólo en apariencia es menos consciente. El sacrificio del cordero. Así lo narra en las páginas 1038 y 1039 de su libro: “Se les había unido un viejo albanés tocado con el casquete blanco que equivale al fez de los musulmanes. Le habían invitado a compartir nuestra comida y ahora estaba sentado en el suelo, de espaldas a mí. Al acercarme, se volvió para saludarme con la risueña gentileza de los albaneses, y vi que tenía en brazos un cordero negro como el que yo había visto sacrificar en el Campo de la Oveja: y el significado de Kosovo me pareció meridiano.

“El cordero negro y el halcón gris habían trabajado aquí en comandita. En este crimen, como en casi todos los crímenes históricos y en la mayoría de los crímenes personales, habían sido cómplices. Tuve que venir a Yugoslavia, un país que vuelve fácil lo difícil, que aporta símbolos a lo no formulado aún intelectualmente, para aprenderlo. Había tenido ocasión de presenciar el sacrificio en su versión más repugnante y falsa, y en su sorprendente autoridad sobre la imaginación. En el Campo de la Oveja había aprendido cuán repugnante podía ser la creencia de que el derramar sangre animal redunde en un crecimiento personal, que haciéndole un regalo a la muerte recibimos un regalo de la vida. Había comprendido que esta creencia formaba parte de mí, porque era consustancial a la mente primitiva en tanto en cuanto daba una respuesta fácil a diversas dudas, y la mente primitiva es justamente la base sobre la que se apoya la mente moderna.

“Viendo ahora al cordero en su intento de sacar su pequeño y blando hocico negro de entre el endeble cobijo de los brazos atrofiados del anciano, no pude apartar de mí por más tiempo lo que era tan evidente. Ninguno de nosotros, occidentales o no, podía resistir la tentación de aceptar este sacrificio como un símbolo válido. En el fondo de nuestros corazones estábamos convencidos de que la vida era esto y nada más, que un hombre le rebane el pescuezo a un cordero encima de una roca para complacer a Dios y ganar la felicidad; y cuando la inteligencia nos decía que ese hombre estaba haciendo algo repugnante y carente de todo sentido, nuestra reacción no era desechar la idea como una pesadilla sino decir: ‘si está mal ser el sacerdote que sacrifica al cordero, seré cordero y me dejaré sacrificar por el sacerdote’. De ahí establecimos el principio de que la condenación era honorable para cosas inocentes, y concedimos que si hablábamos de bondad y recomendábamos la paz, lo siguiente era que nos rebanasen el pescuezo con un cuchillo”.

==Sexta parte de seis

* 1- Los Balcanes según Rebecca West (I)
* 2- Los Balcanes según Rebecca West (II)
* 3- Los Balcanes según Rebecca West (III)
* 4- Los Balcanes según Rebecca West (IV)
* 5- Los Balcanes según Rebecca West (V)

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

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06 julio 2001

Poesía épica serbia: La saga de Kosovo

Traducida al alemán por Goethe, al ruso por Alexander Pushkin, y al inglés por Sir Walter Scott, la poesía épica serbia de temas medievales llamó la atención de la Europa romántica desde que el viajero italiano Alberto Fortis transcribió algunos textos en su libro Viajes por Dalmacia. Estos traductores de lujo participaban del espíritu de su época, influido notoriamente por la cruzada de Lord Byron a favor de la libertad de Grecia, que al igual que las otras naciones balcánicas intentaba expulsar de su territorio a los turcos otomanos.

Mientras esto ocurría en Occidente, en los Balcanes el siglo XIX abría el ciclo de las interpretaciones nacionalistas de los episodios de la Edad Media que en la década final del siglo XX darían la excusa a la tercera de las guerras que siguieron a la desintegración de Yugoslavia: la guerra de Kosovo entre serbios y albaneses. Cuando las tropas serbias realizaban su limpieza étnica contra la población albanesa en 1999, lo hacían movidos por los discursos del presidente yugoslavo de entonces, Slobodan Milosevic, que había prometido vengar la batalla que perdieron en Kosovo un 28 de junio de 1389 (15 de junio, para el calendario actual) y recuperar el control del territorio que se considera “el corazón de la nación serbia”.

Al decir del escritor bosnio Predrag Matvejevic (foto), lo que Milosevic estaba haciendo era utilizar el mito como arma. Y no habría mito si la batalla no estuviera inscrita “en una poesía nacional de tipo homérico que se halla entre las más bellas de nuestro continente”, asegura Matvejevic. Si bien la épica medieval serbia que llegó a nuestros días está integrada por una decena de temas, su núcleo es la llamada Saga de Kosovo. Una serie de poemas escritos en líneas de entre catorce y dieciseis sílabas que aparentemente comenzaron a escribirse a finales del siglo XV en la República de Ragusa (la actual ciudad de Duvrovnik, en Croacia) por parte de los nobles serbios y sus cortes, que habían sido obligados al exilio por la derrota ante los turcos.

John Mathías, co-traductor junto a Vladeta Vuckovic de la más reciente de las versiones inglesas de esos textos, asegura que los poetas anónimos balcánicos estaban influidos por los romances españoles sobre la lucha entre la Cristiandad y el Islam. Otro estudioso del tema, Svetozar Koljevic, refuta cualquier influencia externa y asegura que se trataba de canciones épicas escritas por campesinos y pastores que luego fueron adaptadas por las cortes en el exilio a la métrica con la que se conocen actualmente. Todos coinciden, sin embargo, en dos aspectos: la versión más autorizada que puede leerse hoy en día es la del polémico musicólogo y lingüista serbio Vuk Stefanovic Karadzic, considerado el ideólogo de la lengua serbocroata y, por lo tanto, visto por los croatas como el negador de la especificidad de su idioma nacional en favor del expansionismo cultural serbio; y un elemento indisoluble de estos cantares es el acompañamiento con la gusla.

Se trata de un instrumento de una única cuerda, de sonido monótono y lastimero, símbolo de supervivencia cultural para los serbios. De la gusla habla Ivo Andric en su libro Un puente sobre el Drina, a la gusla le cabe un papel simbólico en Tres cantos fúnebres por Kosovo de Ismail Kadaré y, para no desmentir la idea de Matvejevic sobre la utilización del mito en beneficio de los nacionalismos radicales, una gusla era el amuleto de varias de las unidades paramilitares serbias en los años noventa mientras cometían crímenes contra la población civil en las guerras de Bosnia y de Kosovo.

==Primera parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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24 marzo 2001

El mito de la ‘Gran Albania’ (parte 1)

La incursión de una guerrilla albanokosovar en territorio macedonio confirmó el carácter precario de la paz en los Balcanes. Al igual que sus compatriotas que combaten al norte de Kosovo, buscan liberar un país que sólo existe en su mitología: la ‘Gran Albania’.

A dos horas de la zona de Macedonia en la que vive una importante minoría albanesa, grupos paramilitares montaban guardia en un pequeño y pacífico poblado macedonio. Cuando se les preguntaba de qué era de lo que se protegían la respuesta era directa: de los albaneses. La escena de los civiles armados con rifles de asalto cuidando la entrada del barrio cristiano ortodoxo mientras los niños jugaban sin prestarles atención, era parte del paisaje en la Ex República Yugoslava de Macedonia cuando se escribió un artículo publicado por este suplemento el 19 de agosto de 2000 sobre la situación de los Balcanes. Aunque el cuerpo central del informe estaba compuesto por la mirada in situ de un periodista uruguayo sobre la crisis de Kosovo, se incluía un pequeño recuadro en el que se leía que "la próxima crisis puede ser en Macedonia".

Allí se hablaba de las tensiones entre albaneses y macedonios, que comparten el país en una tensa convivencia que se refleja en la división de la capital por el río Vardar, una de cuyas orillas está habitada por los macedonios cristianos, en tanto que la otra es la de los albaneses musulmanes. Siete meses después la predicción parece haberse cumplido. Una guerrilla formada por ex combatientes del Ejército para la Liberación de Kosovo (ELK) penetró en el territorio de Macedonia y tomó la ciudad de Tanuseva este 7 de marzo. En la mitología de los sectores radicales albaneses, Macedonia Occidental integra, al igual que Kosovo y que una parte de Grecia, la llamada ‘Gran Albania’, un país que nunca existió como tal pero que justifican por la presencia de población emparentada étnicamente y por las supuestas raíces ilirias de los albaneses de hoy.

Ampliando el mapa

Fuentes de la Alianza Atlántica (OTAN) calculan que no fueron menos de doscientos los guerrilleros albanokosovares que tomaron la localidad macedonia de Tanuseva, situada dos kilómetros al sur de Kosovo. Al mismo tiempo, pero cinco kilómetros al norte de Kosovo, en pleno territorio serbio, otra guerrilla albanokosovar busca imponer su control sobre una zona desmilitarizada. El objetivo parece ser claro: ampliar el mapa de Kosovo a las zonas de Serbia y de Macedonia que están habitadas por albaneses.

El tema no es nuevo. Dejando de lado los alegatos históricos que remontan el problema a la época de las invasiones otomanas de hace más de quinientos años, es posible encontrar en la última década numerosas advertencias sobre la situación precaria de la nueva cuestión macedonia, que en este caso no enfrenta a los macedonios yugoslavos con los búlgaros como ocurrió a principios de siglo, sino con los albaneses. En 1993 Zlato Bajer, redactor en jefe de Vecher -el diario de mayor circulación en Skopje- le decía a un periodista estadounidense: "Esta es la zona más volátil de los Balcanes, somos una nueva nación rodeada de viejos enemigos. Tenga usted en cuenta que somos un Kosovo pacífico: el 23 por ciento de la población macedonia es albanesa y su tasa de natalidad es mucho más elevada que la nuestra. Nos aguarda un destino parecido al de los serbios en su patria histórica". La patria histórica de los serbios es Kosovo, provincia que fue la cuna de su nación y en la que una minoría albanesa con una tasa de natalidad muy superior se conviritió con el paso de las décadas en el noventa por ciento de la población; los nacionalismos radicales hicieron el resto. Bajer agregaba en aquella entrevista: "Con el derrumbamiento de Yugoslavia, Macedonia vuelve a ser un peligroso y tentador vacío".

La actual Ex República Yugoslava de Macedonia se independizó en 1991 y tiene ese largo e insólito nombre de compromiso ya que Grecia se negó a que el nuevo país fuera reconocido internacionalmente como Macedonia, por ser ese el nombre de la provincia griega del norte. La separación de la antigua Yugoslavia fue la única que se produjo de modo pacífico. Tomando en cuenta el fuerte componente religioso de los nacionalismos balcánicos, una de las razones pudo haber sido que los serbios preferían concentrar sus fuerzas en las guerras contra los bosnios musulmanes y contra los croatas católicos, que enfrentarse a los macedonios con los que compartían la religión cristiana ortodoxa. También puede haber ayudado a la secesión pacífica que la comunidad internacional hiciera lo que no hizo en Bosnia ni en Croacia: enviar una fuerza preventiva de cascos azules a la frontera del país recién creado. Y sin duda no fue menor el hecho de que el sur de Serbia esté poblado por una base social hostil a los propios serbios; seguramente Belgrado temió que los albanokosovares pudieran aliarse a los albaneses de Macedonia y provocar una guerra civil al estilo de la de Bosnia, obligando a los serbios a pelear en dos frentes.

* Haga clik aquí para ver la segunda parte de esta nota

Artículo de Roberto López Belloso publicado en el suplemento Quepasa (Diario El País) el 24 de marzo de 2001

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19 agosto 2000

Kosovo y su laberinto

En este blog hay disponibles numerosos artículos sobre Kosovo y el espacio balcánico. Además del que motiva este post, sugerimos leer El lugar del odio: guía para entender la ex Yugoslavia.

En cuanto a la información desde el terreno recomendamos Cuaderno de los Balcanes, crónica sobre la situación de las ex repúblicas yugoslavas. En una línea similar también puede leerse Los Balcanes según Rebecca West.

Si busca artículos sobre el espacio balcánico que incluyan tanto la mirada serbia como la albanesa sobre Kosovo, puede visitar los post El juicio a Milosevic, ¿criminales o héroes?, Milosevic y la vieja herida de la identidad, Monasterios del sur: el alma de serbia, Poesía épica: la saga de Kosovo, El ciclo de hierro de la venganza de sangre.

A continuación, el artículo de titulado "Kosovo y su laberinto"


Un año después de terminada la guerra de Kosovo, las tropas de la OTAN, que llegaron para proteger a los albanokosovares de los serbios, se ven obligadas a cumplir el rol inverso. Hoy, con la mayoría de los serbios expulsados por la revancha que se tomaron los albanokosovares apenas terminados los bombardeos de junio de 1999 , la conflictiva ciudad de Mitrovica es, paradojalmente, la única esperanza de construir una paz a la medida de lo que desea la comunidad internacional, es decir, en el marco de una sociedad multiétnica. Si los serbios de Mitrovica abandonan sus hogares, Kosovo quedará habitada sólo por albaneses y, tarde o temprano, deberá reconocerse a la provincia como un país independiente. Cuarenta explotaciones mineras aún en manos serbias demuestran que el conflicto no sólo se alimenta de odio.

La primer impresión que se tiene cuando se ingresa a Kosovo desde la Ex República Yugoslava de Macedonia, es la de un paso de intenso tráfico comercial. La frontera es congestionada y caótica. Mucho antes de llegar a la línea divisoria la carretera se va haciendo cada vez más estrecha debido a la fila de más de un centenar de camiones de carga que esperan, a un lado, con los motores apagados y los conductores pacientemente reclinados en sus asientos. Junto a ellos pasa una interminable caravana de vehículos oficiales, militares y de organismos internacionales, que intentan rebasarse unos a otros y discuten sus prioridades con los policías macedonios que tratan de poner orden en ciertos cruces de camino.

A medida que se acerca el límite internacional la marcha se hace más lenta, y ya comienzan a verse los adolescentes, casi niños, que con una carretilla pasan mercadería de un lado a otro, o que caminan abrazados a grandes bolsas de las que sobresalen cartones de cigarrillos americanos. Estos productos luego se venderán en algunos de los numerosos puestos ambulantes del centro de Prishtina; quince pesos uruguayos el paquete de cigarrillos, veinticuatro pesos un reloj chino de malla de plástico.

Del lado kosovar no hay ni un solo rastro del estado yugoslavo al que teóricamente pertenece la provincia. La frontera está controlada por soldados alemanes y polacos que integran las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y la imagen que se recibe parece un juego de espejos con la que se tuvo del lado macedonio: otra vez la larga fila de camiones esperando por sus trámites aduaneros con los motores apagados, otra vez la caravana de vehículos de organismos internacionales, y una vez más los adolescentes kileros con sus carretillas para introducir o sacar mercancías en pequeña escala.

El resto del camino hasta llegar a la ciudad de Prishtina, capital de la provincia, está pautado por una sucesión de pueblos, casi todos alejados medio kilómetro de la carretera, en los que los principales signos de la destrucción que se vivió hace poco más de un año son los esqueletos retorcidos de decenas de autos incendiados. A la entrada de alguno de esos pueblos, y en la cabecera de todos los puentes, vehículos blindados de la OTAN montan guardia. No es la ruta tensa y desolada que se espera encontrar en un territorio que sufrió una catástrofe humanitaria de gran repercusión en los medios de comunicación.

A comienzos de los noventa la antigua Yugoslavia se dividió en cinco países independientes: Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Fyron (Ex República Yugoslava de Macedonia), y la Federación Yugoslava formada por Serbia y Montenegro. En ese momento Kosovo, del tamaño de Rocha, quedó integrado como provincia autónoma dentro de Serbia. Su autonomía fue eliminada en 1991, confirmando el viraje que el presidente Milosevic venía imprimiendo desde 1989 a la política oficial de la entonces Yugoslavia unida, que había pasado de la histórica defensa de la multiplicidad étnica a un decidido alineamiento con el sector serbio.

Las raíces del enfrentamiento entre serbios y albanokosovares se remontan a las invasiones turco-otomanas, y más concretamente a la batalla que el reino serbio perdió en Kosovo en 1389. Ese hecho es considerado fundacional por los serbios, para quienes Kosovo es el centro espiritual de su nación, a pesar de que al momento de estallar el conflicto de 1999 estaba habitado en un 90 por ciento por personas de origen albanés. En estos 610 años, la convivencia nunca fue fácil. Los serbios se refugiaron en la religión cristiana ortodoxa para no perder su identidad nacional y como forma de organizar su resistencia al poder imperial turco que recién fue expulsado hace un siglo. Los albaneses que habitan Kosovo son de religión musulmana, por esa razón aquellos serbios que se han convertido en propagandistas del odio étnico los señalan como herederos del invasor turco-otomano.

Ni los serbios ni los albanokosovares tienen que ir tan atrás para buscar justificaciones a sus enfrentamientos. Según el voluminoso informe sobre derechos humanos preparado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE), entre octubre de 1998 y junio de 1999 existió "una clara estrategia" en las violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas serbias. "Los paramilitares y civiles armados cometieron actos de extrema ilegalidad con la tolerancia y la complicidad de las fuerzas militares y de seguridad, cuyas propias acciones eran generalmente altamente organizadas y sistemáticas", indica el documento. Los hechos registrados van desde el asesinato al incendio de viviendas, pasando "por el uso de la violación como arma de guerra". Esta operación que fue calificada de "limpieza étnica" y que buscaba el insólito objetivo de expulsar de una provincia al 90 por ciento de sus habitantes, fue la causa original de las largas filas de refugiados que abandonaban la región, y que pudieron verse a diario en las imágenes de los noticieros de televisión entre marzo y mayo del año pasado.

Esta situación, sumada al fracaso de las conversaciones de paz desarrolladas en territorio francés, desembocó en una campaña de bombardeos de aviones de la OTAN sobre objetivos militares yugoslavos, la cual no sólo no estuvo libre de errores que causaron víctimas entre la población civil, sino que agravó las presiones serbias sobre los albanokosovares originando un número mayor de refugiados. Un mes más tarde, se llegó a un acuerdo que incluía la retirada total de las tropas yugoslavas de la provincia kosovar, y la instalación de una administración civil de Naciones Unidas apoyada por fuerzas de la OTAN. Esto no acabó con las violaciones de los derechos humanos, según lo demuestra la segunda parte del informe de la OSCE que analiza el período posterior a junio de 1999. Hubo sí, un cambio: las víctimas se convirtieron en victimarios. "Una motivación emerge claramente de este reporte: venganza. Por todas las regiones de Kosovo el deseo de venganza creó el clima para la vasta mayoría de las violaciones de los derechos humanos. A través de los ojos de los agresores albanokosovares, las víctimas habían participado de la violencia, o ellos creían que habían, tácita o activamente, colaborado con las fuerzas de seguridad serbias y yugoslavas. Dentro de ese clima de ansia de venganza emergió una tercera categoría de victimas: aquellos individuos o grupos que fueron perseguidos simplemente porque no se los había visto sufrir antes".

Artículo de Roberto López Belloso publicado en el suplemento 'Qué pasa', del diario El País de Montevideo - 19 de agosto de 2000

==Primera parte de tres

* 1- Kosovo y su laberinto
* 2- Los signos de la guerra.
* 3- Extranjeros en su propia ciudad.

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