05 septiembre 2006

Cartogramas/Aquincum

(Hungría).- Uno de sus gobernadores fue un joven que luego se convertiría en emperador, Adriano. Esta era la frontera del Imperio Romano. De este lado, la Pannonia; más allá las tierras de los bárbaros, el Barbaricum. Cuatro siglos estuvieron allí las legiones, hasta que fueron expulsadas por los hunos. Los húngaros se consideran herederos de estas tribus de jinetes políticamente incorrectos, al punto que Atila es uno de los nombres que las familias actuales eligen con más frecuencia para sus bebés. Ahora el conjunto no es demasiado inspirador. Apenas un fragmento de acueducto y una sección indefinida de anfiteatro, de los que hay que adivinar el viejo semblante.

Una parte de las ruinas puede recorrerse en círculos a través de un camino bordeado por arbustos amarillos, y sería posible encontrar algo de los viejos ecos, si no fuera por el entorno, descuidado y completamente falto de la tan criticada mise-en-scène, y que ahora se me hace necesaria. Toco los muros, miro buscando lo que no encuentro. No hay más remedio que volver a la estación del tren de cercanías. Mientras espero, compro waffles caseros a una vendedora ambulante, que muy seriamente me extiende un recibo como comprobante de mi pago. Todavía lo conservo. Ese papel celeste rellenado a birome en una lengua incomprensible, es mi souvenir de la frontera imperial.

(Artículo de la serie "Cartogramas", de Roberto López Belloso)

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23 julio 2001

Gitanos en Europa del Este: Vivir peor que todos y morir antes de tiempo (II)

En todas las buenas disquerías de Budapest, a mediados de 2000, cuando se solicitaba un disco representativo del paisaje sonoro más profundamente húngaro, lo que se ofrecía era música gitana. Pese a este reconocimiento cultural, los gitanos (que prefieren ser llamados romaníes o romas), son un colectivo discriminado, tanto en Hungría como en buena parte del resto de Europa del Este.

Una discriminación que no sólo se vincula al aspecto étnico sino también a su marginalidad socioeconómica. Son el cinco por ciento de la población húngara, pero datos del 2000 estiman que, al igual que ocurre en Chequia, el 70 por ciento están desempleados. En algunas aldeas esta cifra trepa al 90 por ciento. La información, difundida por la Oficina Húngara para las Minorías Nacionales y Étnicas, afirma que si bien más del 70 por ciento de los niños roma va a la escuela primaria, sólo el 33 por ciento de los adolescentes llega a secundaria y menos del uno por ciento ingresa a la Universidad. El Reporte sobre la Situación de los Roma y Sinti en los países del área de la OSCE, presentado en marzo de 2000 por el Alto Comisionado para las Minorías, da más pistas sobre esta realidad. En primer lugar se aclara que no todos los roma son los mismos roma. Si bien tienen problemas comunes no se los puede unifomizar. En Hungría existen tres grupos lingüísticos diferentes entre los gitanos: los romungros (que hablan húngaro), los beás (que hablan rumano), y los olach (que hablan romaní).

Desde los reportes de prensa sobre la prohibición de la entrada de público gitano a un club nocturno de Békéscsaba, aldea del sudeste de Hungría, hasta la preocupación manifestada por el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura por el número desproporcionado de detenidos romas en las cárceles húngaras, los indicios sobre discriminación contra los miembros de esta minoría son frecuentes. En otro pequeño pueblo, éste situado en el este del país, Tiszavasvári, se descubrió que en 1997 los niños gitanos eran forzados a tomar clases en aulas separadas de los demás alumnos y no se les permitía usar el gimnasio. Esto fue expresamente condenado por una comisión parlamentaria. No se trata de un panorama distinto del que existe en otros países de la región. Lo cual es bueno para la imagen del gobierno húngaro (no es el único sitio donde se discrimina a los roma) pero malo para los gitanos (no sólo los discriminan en Hungría). A veces, sin embargo, no resulta fácil aislar la situación de esta minoría de la del resto del país. Un ejemplo es lo que ocurrió en un pueblo llamado Hajduhadház. La policía de ese lugar fue denunciada por los gitanos. Los maltrataban y los insultaban frecuentemente. El gobierno investigó y expuso sus conclusiones al público: Hajduhadház tenía el mayor índice de abuso policial en el país, ya se tratara de víctimas gitanas o no gitanas. La mitad del departamento de policía local fue expulsado.

Otros pueblos húngaros tienen mejores antecedentes en relación al tema. Por ejemplo Kiskunhalás. Allí existe una fábrica de vaqueros de una conocida marca internacional en la que se aplica la política de priorizar la contratación de gitanos. Esto va de la mano con otra serie de medidas que nacen de la sociedad civil. Es el caso del instituto de enseñanza Gandhi (foto), situado en Pécs. Fundado en 1992, el Gandhi se ha constituído en un modelo para los activistas romaníes de otros países. Brinda una educación de alta calidad y tiene como principal objetivo “educar un número significativo que profesionales romaníes, que sean devotos por su gente y que sean capaces de reorganizas las desintegradas comunidades gitanas”. Por eso no sólo los prepara para la Universidad, sino que los educa en identidad étnica. Esto último se logra tanto mediante cursos sobre cultura e historia gitana, como por el uso de los idiomas lovári y beás en el proceso educativo. Por el momento sólo gradúan a la mitad de los estudiantes que comienzan las clases, pero la constante adaptación de los planes de estudio busca aumentar esa cifra, la cual igual es alta si se la compara con el resto de las escuelas a las que asisten niños gitanos.

Formalmente los gitanos húngaros están protegidos por el hecho de que en setiembre de 1995 el gobierno ratificó el Convenio marco sobre las minorías, y suscribió los principios de la Recomendación 1201 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. El reporte de los técnicos de la Unión Europea señala la existencia de una ley húngara de julio de 1993 que define como minoría a todo grupo étnico o nacional que viva en Hungría desde hace más de 100 años y cuyos miembros tengan la ciudadanía húngara. Esta ley reconoce el ejercicio de sus derechos colectivos, que se expresan, en particular, en el establecimiento de gobiernos locales de las minorías, actualmente constituidos en 817 municipios. Estos gobiernos locales disponen de un derecho de veto sobre los asuntos relativos a la educación, la cultura, los medios de comunicación locales, el desarrollo de las tradiciones y el uso de las lenguas minoritarias. Para todo lo demás tienen una función consultiva. Tres años más tarde, en 1996, otra ley categorizó a la discriminación racial como un crimen. Si bien los autogobiernos locales son considerados un ejemplo de participación por parte de varios especialistas en el tema, no gozan de respaldo unánime. Un líder gitano en declaraciones a la prensa húngara aseguró que, en la práctica, “nosotros sólo tenemos el derecho de estar de acuerdo con las propuestas de otros”.

El propio Gobierno húngaro tampoco se engaña con respecto a la distancia que existe entre la ley y la realidad. En un informe sobre la situación de las minorías nacionales y étnicas aprobado por el Parlamento en marzo de 1997, el Ejecutivo húngaro reconoció que los gitanos aún sufren “frecuentes agresiones y medidas discriminatorias”. Esto se refleja en una desigualdad de oportunidades de acceso a la educación y al trabajo, lo que da por resultado que su tasa de desempleo sea cuatro o hasta cinco veces superior a la media nacional. Un problema complejo y de múltiples aristas. Los muchos datos que podrían agregarse callan ante uno que los resume y que revela la realidad en toda su crudeza: en Hungría un gitano vive diez años menos que un no gitano.

==Segunda parte de cuatro

* 1- Parte I
* 3- Parte III
* 4- Parte IV

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

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23 febrero 2001

Bartok: Un musicólogo en Transilvania

Así como existe una leyenda sobre la caída de una manzana que inspiró en Isaac Newton el enunciado de la Ley de la Gravedad, también se dice que fue una manzana la que impulsó al húngaro Béla Bartok a una titánica tarea de rescate de la música tradicional de su país. En este caso no fue una fruta de piel y pulpa sino una canción llamada "La manzana roja cayó en el barro" que escuchó por azar a una muchacha de Transilvania, zona que aunque pertenece a Rumania tiene una fuerte herencia húngara.Corría el año 1904 y había un abismo cultural separando al círculo social de clase media al que pertenecía Béla Bartok y a los campesinos entre quienes realizó su sistemático trabajo musicológico. No estuvo solo, sino que en parte de sus investigaciones lo acompañó su colega y amigo Zoltán Kodály, con quien compartiría tanto la pasión por evitar la extinción de los sonidos de su país, como la característica de incluir en las composiciones propias elementos folklóricos dialogando con formas musicales cultas.

El grupo húngaro Muzsikás editó recientemente un disco compacto en el que se recogen algunas de las grabaciones originales que Bartók tomó de campesinos y gitanos, a la vez que se incluyen versiones modernas que respetan las transcripciones que hizo el musicólogo en la primera parte del siglo XX y las formas tradicionales de tocar que existen en las aldeas campesinas. El compacto Bartók Album está acompañado de un libro de bolsillo bilingüe que reproduce parte de la historia del trabajo de Bartók junto a fotografías de época y opiniones del compositor. Allí puede leerse que el investigador no tomó su recolección sonora como un peso difícil de sobrellevar: "La gente se equivoca cuando cree que este es un trabajo horriblemente cansador, que demanda grandes sacrificios. En lo que a mi concierne, yo sólo puedo decir que el tiempo que ocupé en este trabajo fue la parte más feliz de mi vida".

==Primera parte de cuatro

* 2- Hungría y Transilvania
* 3- Al otro lado de los Cárpatos
* 4- Folklore rumano

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )el 23 de febrero de 2001

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Folklore rumano

Béla Bartók no sólo recopiló música tradicional húngara. Sus archivos contienen un trabajo de tres volúmenes titulado Música Folklórica Rumana, en el que están contenidos miles de melodías y que está considerado parte central de su legado musicológico.

Dejó otra obra, ésta en un solo tomo, dedicada exclusivamente al folklore rumano de la zona de Máramaros (o Maramures), que es el área del Valle de los Cárpatos en la que las tradiciones folklóricas están mejor preservadas. El disco de Muzsikás incluye la grabación original que hizo Bartók en 1913 en la aldea de Pátrova, que marcó el comienzo de sus investigaciones en Máramaros. La cantan dos campesinas hermanas: Ileana y Nita Ardelean. Una de las melodías de Máramaros fue usada por Bartók en el número 32 de los 44 Dúos que compuso. Sobre estos Dúos, el Bartók Album apunta que aunque el compositor "los escribió como material de enseñanza, cada una es una obra maestra en miniatura". El Dúo 44 también está inspirado en una melodía tradicional, pero en este caso no procede de Máramaros sino de Transilvania, más concretamente de la zona de Torontál; una variación de esta melodía que Bartók recogió en 1912 en la aldea de Petre, aparecerá en su primer rapsodia.

El disco de Muzsikás incluye otras formas folklóricas húngaras, tales como las danzas de Ardelean en las que los violines se acompañan con un instrumento de percusión llamado broanca; los dúos de violines de Ördöngosfüzes; la pieza que en 1915 inspiró su Danza Folklórica Rumana para piano (Sz56) ; o la música del sur transilvano que exige un toque de violín viejo y arcaico que parcialmente puede reconocerse en la cuarta de sus Quince Canciones Campesinas Húngaras (Sz71). El resultado del trabajo de Bartók, que está registrado en 78 discos, es el resultado de la sistematicidad científica combinada con la pasión. No en vano, como se indica en el Bartók Album, recogió músicas "en virtualmente toda área en la que se hablaba húngaro", tanto entrevistando a intérpretes campesinos y gitanos, como ocupando la mayoría de los fines de semana de más de una década de su vida en los bailes de campaña de un amplio territorio que abarca las actuales Hungría, Rumania y Moldavia.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Bartok: Un musicólogo en Transilvania
* 2- Hungría y Transilvania
* 3- Al otro lado de los Cárpatos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )

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Al otro lado de los Cárpatos

Sólo el estallido de la Primera Guerra Mundial detuvo momentáneamente el trabajo de Bartók, quien en su búsqueda por registrar toda aquella música folklórica que existiera en cualquier parte en la que se hablara húngaro, había llegado hasta las aldeas de lo que ahora se conoce como Moldavia.

Bartók era conciente de sus limitaciones. No sólo las que le imponían circunstancias externas sino aquellas inherentes a lo titánico de la tarea que se había autoimpuesto. Estas dificultades le llevaron a aceptar la colaboración de otros investigadores y a alentarlos en sus propios caminos de búsqueda. Así fue que terminada la guerra su camino se encontró con el de Pél Péter Domokos (foto), considerado uno de los etnólogos más importantes de Hungría, sobre todo a raíz de sus estudios sobre el pueblo Csango (gitano). En enero de 1930 Domokos le mostró sus transcripciones a Bartók y éste recomendó entusiastamente su publicación. Los csangos eran vistos por los no gitanos de la época como un enigmático grupo humano, que en los años 30 aún sumaban 120 mil personas, de las cuales las dos terceras partes hablaban una antigua forma del húngaro como lengua materna.

En los años siguientes Bartók colaboró, impulsó, transcribió o supervisó las grabaciones de música del pueblo Csango que realizaron tanto Domokos como Sándor Varess o Péter Balla. En 1938 el trabajo estaba lo suficientemente avanzado como para que Bartók presentara en la radio a los intérpretes csangos que llevó a Budapest para que presentaran las formas musicales de estos húngaros de Moravia que, al decir de Domokos, "usan un vestido único y son católicos".

Otra de las joyas del disco de Muzsikás son las melodías de flauta que proceden de los pastores húngaros, y que también llegaron a Bartók por una colaboración. Pese a que se asegura que "prácticamente cada pastor tiene su instrumento favorito", la banda Muzsikás eligió concentrarse en las melodías para flauta porque "evoca las tranquilas noches de verano en las que los pastores se vuelven uno con las colinas, las montañas y el propio cielo". Pero en este cuidado disco no hay lugar para los caprichos. Se eligieron exactamente aquellas canciones para flauta que fueron captadas por Béla Vikár, quien fue el primer musicólogo del mundo en usar el recientemente inventado fonógrafo para recoger música folklórica.

Bartók incluyó estos trabajos en sus catálogos y los usó como parte de su obra Tres canciones folklóricas húngaras...para piano, en tanto que algunas están presentes en sus series de piano "Para niños" (Sz42). Seis surcos más adelante, el disco de Muzsikás incluye más música de pastores que luego Bartók llevaría a sus composiciones del grupo "Para niños". En este caso procede de otra región, de las colinas de Somogy. Una vez más el grupo se basa en el trabajo de Bartók, e interpreta la melodía que el musicólogo recogió de un pastor en setiembre de 1907, en el condado de Tolna.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Bartok: Un musicólogo en Transilvania
* 2- Hungría y Transilvania
* 4- Folklore rumano

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )

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Hungría y Transilvania

En Bartók Album puede leerse la historia de cada una de las veintidos canciones que lo integran. El disco comienza por el principio. Al menos hasta donde le es posible. No incluye "La manzana roja cayó en el barro", ya que no existen documentos que prueben su real influencia en Bartók; pero sí se reproduce la grabación de "Yo dejé mi tierra" que András Borek cantó en 1906 para que fuera registrada por Bartók y que marcó el comienzo de su reunión sistemática de músicas tradicionales húngaras.

También fue la primera canción que el compositor retrabajó hasta volverla parte de su creación, originando su Canción folklórica húngara para voz femenina y piano (Sz33). Fue tan importante para Bártok que la incluyó en el último concierto que dio en su país antes de emigrar a Estados Unidos; y estaba tan identificada con él que cuando en esa presentación de despedida salió por última vez al escenario para recibir la ovación final, el público comenzó a cantarla a capella. "Por un instante Bartók se detuvo y retrocedió unos pasos; luego se quedó quieto", escribió Klára Huszár comentando ese momento.

En el disco de Muzsikás se pueden descubrir diferentes melodías que aparecen, en muchos casos, introducidas por algunos segundos de las grabaciones originales que se conservan en el Museo Etnográfico de Budapest. Allí están, por ejemplo, las danzas de Kalotaszeg, una zona de Transilvania que se asegura tuvo una profunda influencia en la sensibilidad de Bartók, al punto que una de las habitaciones de su apartamento de Budapest estaba decorado enteramente con muebles de madera pintada de Kalotaszeg. Aunque en la época de Bartók casi cada aldea de esta zona tenía su propio conjunto de cuerdas, esta tradición ha desaparecido casi completamente. El resultado que aparece en el surco dos del Bartók Album es una mezcla de una grabación hecha en 1937, con otra de 1912 en la que Bartók registró a un violinista de la aldea de Méra, con una interpretación actual del grupo Muzsikás que no sólo siguió las transcripciones de Bartók sino también los consejos de ancianos músicos transilvanos que les transmitieron su forma de tocar.

Otras músicas de Kalotaszeg, como la llamada Forgácskúti (probablemente intraducible ya que el autor de la versión inglesa del libro que acompaña el cd la mantuvo con ese nombre), han sido catalogadas por los especialistas en la obra de Bartók como "las más perfectas" entre las que recogió en Transilvania; esta opinión se basa en las posibilidades de improvisación que permiten, posibilitando diferentes construcciones en cada interpretación.

==Segunda parte de cuatro

* 1- Bartok: Un musicólogo en Transilvania
* 3- Al otro lado de los Cárpatos
* 4- Folklore rumano

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )

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29 enero 2001

Gitanos del Este

El Festival Khamoro de Música del Pueblo de Roma (que es como se autodenominan los gitanos), fue uno de los principales eventos que se realizaron bajo el sello Praga Capital Cultural Europea 2000. Transcurrió en la sala de la galería Lucerna, un laberinto art nouveau situado en el centro de la ciudad al que se entra pasando por debajo de una estatua de espuma plast que desacraliza al padre espiritual de los checos, San Wenceslao, a quien se lo muestra montando un caballo colgado del cielo raso en un conjunto ecuestre. De no ser por el detalle de que el jinete no parece darse cuenta que su caballo está patas arriba y que en lugar de estar sentado en el lomo lo está en la barriga, sería una copia exacta del monumento que corona la principal avenida de la ciudad.

La noche final, que fue televisada en directo para todo el país, pasaron por el escenario grupos gitanos de toda Europa del Este y los Balcanes, de la ex Unión Soviética, de España, de la India, y hasta de Noruega. Pero la República Checa no es el pais del área donde puede encontrarse una mayor presencia musical gitana, a pesar del éxito de los discos de Bera Vila o Gothart. El predominio de lo gitano debe buscarse en Eslovaquia, Rumania y Hungría. Los dependientes de varias disquerías de Budapest coincidieron en señalar que los grupos gitanos húngaros más rigurosos son Kalyi Jag (Fuego Negro, foto), Androdom, y Muzsikás.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Después de Kusturica: Tiempo de música balcánica
* 2- Dalaras y Alexiu
* 3- Los oídos alerta

(Publicado en Brecha en enero de 2001)

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12 diciembre 2000

La crisis demográfica país por país

Albania. La tasa de abortos se triplicó entre 1989 y 1994 (de 18 cada cien nacidos vivos pasó a 54), implica que en la década de la transición dejaron de nacer más de un cuarto millón de niños.. Entre 1990 y 1997 se estima que el 40 por ciento de la población que tenía entre 19 y 40 años había emigrado.

Bulgaria. El número de abortos disminuyó de 132 mil en 1990 a 98.600 en 1996. Sin embargo, el saldo demográfico es negativo ya que hubo una caída aún más pronunciada en el número de hijos concebidos (que cayó de 1,9 a 1,24 por mujer) por lo que entre 1990 y 1996 la población decreció en lugar de crecer, registrándose un “faltante” de 400 mil personas.

Croacia. Registró un descenso radical de la tasa de abortos, a consecuencia de la cual en la década de la transición nacieron 288 mil niños que no hubieran nacido durante el comunismo. La incidencia de los refugiados que abandonaron el país por la guerra, que actualmente superan los 200 mil, relativiza el peso de este buen desempeño demográfico.


Eslovaquia. Hay 26.000 nacimientos y 10.640 abortos menos por año, por lo que el saldo de la década es de 153.600 niños que dejaron de nacer.

Eslovenia. Aunque hay menos nacimientos también disminuyó la mortalidad, por lo que la tasa de crecimiento mejoró hasta llegar casi a nivel cero (estaba en -1,73).

Fyrom (Ex República Yugoslava de Macedonia). Menor número de abortos por año, y mayor índice de ancianos en situación de dependencia familiar. El saldo es favorable en 120 mil nacimientos.

Hungría. Crecimiento negativo (-3,7) y 21.260 nacimientos menos por año, lo que en la década suma 212.600 niños que nunca llegaron a nacer.

Polonia. Aunque casi desaparecieron los abortos de las cifras oficialmente admitidas (la tasa bajó de 14,6 a 0,1 cada 100 nacidos vivos), lo cual implica 60.610 abortos menos por año, cayó dramáticamente el número de nacimientos (111.639 menos cada año); lo que da por resultado un déficit demográfico mayor al medio millón de personas en la década (510.297).

República Checa. A pesar de que el crecimiento demográfico global es negativo (-2,1), el descenso en la tasa de abortos (que en 1989 casi equivalían a los nacimientos) compensó el descenso en la cantidad de hijos por mujer.Actualmente hay 29.333 nacimientos menos que en 1989, pero también 29.304 abortos anuales menos que en aquel momento.

Rumania. Es el que presenta un peor desempeño, tanto en abortos (292.900 más por año) como en nacimientos (186.461 menos por año). El total de la década muestra un “faltante” de casi cinco millones de personas (4:793.610).

Yugoslavia. La tasa de abortos bajó de 130,5 a 84,6 cada cien nacidos vivos, lo que da un resultado positivo de 620.424 niños en la década de la transición.

Nota: Las cifras aquí presentadas no toman en cuenta las pequeñas variaciones de población de un año a otro, a la vez que simplifican el complejo cálculo estadístico necesario para obtener el número exacto de “población faltante”; sin embargo, este trabajo con promedios no contradice sino que confirma el panorama general de la región que fue calificado por Naciones Unidas como de “catástrofe demográfica”.

==Quinta parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 2- El espejo austríaco
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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El espejo austríaco

Para los habitantes de varios de los países del este europeo, Austria es el modelo occidental en el que mirarse. Sus fronteras con la República Checa, Eslovaquia, Hungría y Eslovenia, han puesto a los austríacos en la vidriera, y su nivel de vida es el que tienen en mente sus vecinos cuando van de compras en busca de una imagen para su ideal de sociedad capitalista. Más allá de las implicancias históricas de esta identificación que vienen, al menos, desde la época del imperio de los Hasburgo en el que varios de esos países estuvieron integrados en distintos momentos, hay una identificación que debe leerse por el deseo de crecimiento económico. Los involuntarios propagandistas de esta situación no son los potentados austríacos sino la clase media e incluso trabajadora que, amparada en la poca fortaleza de las monedas de los países en transición, visitan en masa los pequeños pueblos checos de la frontera, como el encantador Cesky Krumlov, o van a atenderse con los dentistas húngaros de Sopron, más baratos y tan buenos como los de Viena. El impacto del choque de estos dos mundos es considerable.

Para entender el impacto del choque entre estos dos mundos, es necesario imaginar la situación de dos trabajadores, uno eslovaco y uno austríaco que se dedican a la misma actividad y que viven en las capitales de sus respectivos países, situadas a una hora de distancia. El austríaco entra a su empleo por la mañana, y veintidos minutos más tarde ya produjo el salario necesario para comprar un kilo de carne de cerdo. El eslovaco necesitará tres horas y cuarto para lograr la misma proeza. Si en la misma balanza se colocan otras nacionalidades, se comprobará que el checo necesitará dos horas y media, el húngaro dos horas y diez minutos, el polaco una hora y tres cuartos, y el croata una hora y media; pero el que deberá realizar un esfuerzo mayor será el ucraniano, que necesitará cinco horas para lograr el mismo kilo de carne de cerdo que a su colega austríaco le costó veintidos minutos de trabajo. La hora en automóvil que separa Viena de Bratislava es casi nueve veces más valiosa para un eslovaco que para un austríaco si se toma como elemento de comparación el kilo de carne de cerdo, la más común en la dieta centroeuropea.

Si se lo que se toma en cuenta es la canasta básica en su totalidad, se aprecia que el eslovaco y el checo tienen que trabajar todo el mes (24 días) para alcanzar ese nivel de subsistencia que al austríaco le cuesta sólo una semana de idéntico trabajo, pudiendo gastar el salario de las tres semanas restantes en bienes y servicios que mejoren su calidad de vida. Cuando se hacen estas cuentas globales el polaco está más cerca del nivel de vida occidental, necesitando apenas algo más que el doble de trabajo que el austríaco para obtener el mismo resultado, dos semanas y dos días. Un poco peor que la realidad del polaco, pero mejor que la del checo y que la del eslovaco, es la situación del húngaro y del croata, que necesitan de 20 días de trabajo al mes para obtener lo básico para vivir. Si quiere lograr el mismo resultado, el ucraniano deberá trabajar todo el mes incluyendo sábados y la mitad de los domingos, ya que necesitará de 28 días de salario.

De todos los ciudadanos de los páises analizados en esta comparación basada en cálculos propios a partir de tablas de HGV, una institución especializada en monitorear las economías en transición, el polaco es el único que además de cubrir su canasta básica puede comprarse un traje y un par de zapatos con el salario de un mes; para eso deberá destinar el pago recibido por diez días de trabajo. Nuevamente el doble de lo que debe trabajar un austríaco para la misma compra, pero esta vez la mitad de lo que necesitan trabajar los checos y los eslovacos, con la diferencia sustancial que si los checos o los eslovacos quieren comprarse un traje y un par de zapatos deberán renunciar a parte de aquellos alimentos y servicios imprescindibles para vivir. Esta comparación, sin embargo, no es suficiente para visualizar la diferencia en la calidad de vida de los austríacos y sus vecinos de las economías en transición, ya que no incluye uno de los elementos de análisis más importantes: el desempleo.

==Segunda parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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Después del Muro, una cortina de cristal

En 1989 quienes vivían con menos de cuatro dólares por día en el campo socialista eran 14 millones. A mediados de los noventa, según datos del Banco Mundial, esa cifra se había multiplicado por diez, llegando a 142 millones de personas en los mismos países. Las Naciones Unidas ya hablan de una nueva cortina: una cortina de cristal que ha sustituido a la vieja cortina de hierro, y que no aisla fronteras afuera sino que separa ricos de pobres al interior de países.

Alcanzó una década para que se produjera lo que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calificó de “catástrofe demográfica”, que tiene como uno de sus ejemplos más elocuentes a los casi cinco millones y medio de niños que nunca llegaron a nacer, y que lo hubieran hecho de haberse mantenido las reglas de juego socioeconómicas previas a la caída del socialismo real. Los habitantes de Europa del Este, sin embargo, no desean un retroceso en los derechos civiles recientemente conquistados, según lo han mostrado las encuestas de opinión.

“Decisiones individuales por excelencia, como formar una familia o tener un bebé, están invariablemente influidas por las condiciones generales del momento en que se toman, incluidas las circunstancias económicas y políticas, las cuales pueden ser percibidas como elementos de incertidumbre”, asegura la Comisión Económica Europea de las Naciones Unidas (ECE) en su último informe anual. Sostiene esta afirmación en el hecho de que la cantidad de hijos que tenía una mujer de Europa del Este a mediados de los ochenta, un promedio de dos, descendió drásticamente a 1,35 hijos por mujer, colocando a la región aún por debajo de la Europa Occidental que presenta un promedio de 1,53 hijos por cada mujer.

Estudios conducidos por los investigadores de la Universidad de Oxford, H Moore y R.Palomba, atribuyeron el descenso en las tasas natalidad al “miedo al futuro”, por lo que la ECE traza la hipótesis de que la situación en el ex bloque socialista se debe a que las expectativas de futuro de los jóvenes se vieron reducidas “a veces drásticamente”. El estudio internacional encuentra “evidencias claras” de esta hipótesis en la ex Alemania del Este (RDA) y en Rumania. En la antigua RDA la tasa de nacimientos cayó a la mitad con respecto a la existente un año antes de la eliminación del Muro de Berlín, en tanto que en Rumania nacieron cuatro veces menos niños que los que habían venido al mundo seis meses antes del alzamiento popular que derrocó al régimen autocrático de Ceausescu (foto).

Intranquilidad familiar

Esta “inmediata y masiva reacción” a los cambios políticos, que llevó a las parejas “a detener drásticamente los nacimientos”, se mantuvo en los años posteriores en la medida en que persistió “la ansiedad con respecto al futuro inmediato”, indica el citado documento de la ECE, que también reconoce que el lazo entre la transición y la baja de la natalidad en otros países de la región es “menos fácilmente demostrable”. Los expertos citaron a las transiciones relativamente ordenadas y pacíficas que tuvieron lugar en Hungría, Polonia y, especialmente, en la República Checa, como las que causaron menos intranquilidad en sus ciudadanos. No en vano se reconoce que estos tres países son los que presentan mejores posibilidades de ser aceptados en la Unión Europea luego de un proceso de reordenamiento económico e institucional actualmente en curso.

Las parejas del antiguo bloque comunista no sólo resuelven concebir menos hijos, sino que toman con mayor frecuencia la decisión de abortar un nacimiento, a excepxión de las que viven en países como Polonia y Croacia en los que la religión católica, contraria al aborto, es parte esencial de la identidad nacional. En algunos casos, como en el rumano, la tasa de embarazos voluntariamente interrumpidos directamente se invirtió: en los años de la sociedad comunista había un aborto por cada dos nacimientos, en tanto que actualmente hay dos abortos por cada nacimiento. En Albania este indicador social se triplicó, en tanto que disminuyó en Bulgaria, República Checa y Eslovaquia.

La menor cantidad de niños que nacen hoy en la Europa del Este con respecto a la época comunista no sólo se debe al “miedo al futuro”, sino que se vincula con el descenso real en los estándares de vida y con la influencia de las costumbres familiares occidentales caracterizadas por parejas con pocos hijos. Este último, por ejemplo, se estima como el factor que más incide en la caída de las tasas de fertilidad de un país como Eslovenia, que se ha despegado de sus antiguos compatriotas de la ex Yugoslavia alcanzando un nivel de vida emparentado al de Europa Occidental. Si se toma en cuenta que los Balcanes, a pesar de la guerra, es la única subregión en la que no se ha dado esta disminución del número de nacimientos, el caso Esloveno es aún más excepcional.

==Primera parte de siete

* 2- El espejo austríaco
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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