11 julio 2005

El buen entendedor

La vieja máxima lo asegura. A buen entendedor pocas palabras. A juzgar por la reciente movida del Secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, ese país parecería estar mejorando su capacidad de comprender. Para lo que es habitual en la política exterior de Washington fueron necesarias muy pocas palabras para que Rumsfeld entendiera que debe ponerle fecha a la retirada de sus bases militares en Asia Central. Tal vez haya ayudado el hecho de quién fue que pronunció esas pocas palabras: el Grupo de Shangai, integrado por China, Rusia y varias repúblicas ex soviéticas.

En un artículo publicado por Brecha en la edición del 8 de julio, sobre la alianza estratégica que rusos y chinos habían comenzado a profundizar, se incluía información sobre cómo ambas potencias estaban tratando de neutralizar la presencia estadounidense en su zona de influencia geopolítica. Intención que el 6 de julio habían canalizado mediante la declaración final de la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shangai, OCS, (integrada por Rusia, China, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán). Ese documento reclamaba que “teniendo en cuenta que la fase activa de la operación antiterrorista en Afganistán ha concluido, los miembros de la OCS consideran necesario que los correspondientes países de la coalición (que lidera Estados Unidos) se definan sobre los plazos finales del uso provisional de las citadas infraestructuras y de su presencia militar” en países de la OCS.

La primera reacción estadounidense, a través del portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, fue quitarle entidad al tema y asegurar que el acantonamiento de sus tropas en estos países “está determinada por los términos de nuestros acuerdos bilaterales”. Sólo debieron transcurrir dos semanas para que esa seguridad fuera cambiada por una visita de primer nivel a Kirguizistán. Allí Donald Rumsfeld, antes de que termine julio, fijará una fecha para la retirada de la base militar estadounidense que desde 2001 está establecida en ese territorio.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

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08 julio 2005

Asia Central y la Organización de Cooperación de Shangai

Luego de profundizar su comunión estratégica durante la visita de Hu Jintao a Moscú, China y Rusia dieron un paso decisivo para controlar lo que en términos geopolíticos podrían considerar su “zona de influencia”: el Asia Central ex soviética. Este miércoles la declaración final de la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shangai, OCS, (integrada por Rusia, China, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán) reclamó que “teniendo en cuenta que la fase activa de la operación antiterrorista en Afganistán ha concluido, los miembros de la OCS consideran necesario que los correspondientes países de la coalición (que lidera Estados Unidos) se definan sobre los plazos finales del uso provisional de las citadas infraestructuras y de su presencia militar” en países de la OCS. Por si esto no fuera suficiente para preocupar a Washington, otra de las resoluciones de la cumbre fue aceptar a India, Pakistán e Irán con el estatus de países observadores.

La reacción de los estadounidenses no se hizo esperar. El portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Sean McCormack, dijo en declaraciones citadas por Europa Press que la presencia militar estadounidense en estos países “está determinada por los términos de nuestros acuerdos bilaterales”. Sin embargo, el corresponsal en Moscú de El País de Madrid, Rodrigo Fernández, dijo que las relaciones de Estados Unidos con sus antiguos aliados en la zona han empeorado, en especial con el polémico hombre fuerte uzbeco, Islam Karímov (foto). “El descontento con los norteamericanos –explica Fernández– se debe al apoyo a las revoluciones democráticas desarrolladas en Georgia, Ucrania y Kirguizistán”, por lo que Uzbekistán y Kazajistán “temen que Washington pueda apoyar ahora también a la oposición en sus países”.

==Quinta parte de cinco

* 1- El oso y el dragón
* 2- Angarsk
* 3- Nuevo orden
* 4- El noveno de los ocho

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

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26 mayo 2005

Karimov: “el sol que ilumina a su pueblo”.

Aunque enemigo de los musulmanes, el nombre de pila del hombre fuerte uzbeco es Islam. Primer Secretario del Partido Comunista de su república durante la era soviética, Karimov es presidente desde 1991, a raíz de una serie de elecciones y referéndums de dudosa transparencia en los que se presentaba como único candidato. El calendario electoral está previsto para que se mantenga en el poder hasta 2012, momento en que contará con 74 años de edad.

Enemigo de todo lo ruso (llegó a prohibir a Pushkin en las escuelas) y cuidadoso de que no se conozca su posible ascendencia tayika, Islam Karimov, indiscutible señor del viejo kanato, no está dispuesto a que un hipotético califato islámico vuelva a unir lo que ya estaba unido bajo el puño mogol. Un territorio que hoy ocupan cuatro países, con reservas de hidrocarburos y campos de algodón que, de un modo peculiar, siguieron estando unidos durante parte del período soviético. Tanto es así que las actuales nacionalidades y sus relatos fundadores han debido ser creadas “retrospectivamente”, al decir del especialista en la región Edward Allworth. Mientras el contexto internacional le permita seguir calificando a los musulmanes como terroristas, y mientras Estados Unidos siga necesitando las bases militares instaladas en su territorio, Karimov podrá continuar siendo (como lo ha calificado en más de una oportunidad la prensa oficialista) “el sol que ilumina a su pueblo”.

==Sexta parte de seis

* 1- Masacre en los confines del Khan
* 2- La invasión
* 3- Un anuncio
* 4- Los soviets y después
* 5- Linaje

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

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Uzbekistán: los soviets y después

En octubre de 1924, siete años más de comenzada la experiencia soviética, fue creada por decreto la república de Uzbekistán. Aunque también estaba integrada por el sur del kanato de Khiva y varias regiones que alguna vez habían sido parte de la gobernación general del Turkestán (notoriamente la ciudad legendaria de Samarcanada y el hoy explosivo valle de Ferghana), lo esencial de su composición territorial fue que comprendía el centro del extinguido emirato de Bujara. Otras repúblicas creadas en la época colaboraron a demembrar ese antiguo emirato: el oeste quedó en Turkmenistán y la zona montañosa en Tadjikistán.

Aunque no fue exclusivo de Uzbekistán, el colapso que se vivió luego de la caída de la Unión Soviética originó un descenso en los indicadores sociales que fue calificado internacionalmente como “la Gran Depresión”, algo que es particularmente visible en el derrumbe de los sistemas de salud y el retorno de enfermedades que estaban erradicadas. Según el Informe sobre Condiciones de Vida, que elaboró el Banco Mundial en 2002, se estima que el 27 y medio por ciento de los uzbecos viven debajo de la línea de pobreza, y de éstos, un tercio son considerados “extremadamente pobres”.

==Cuarta parte de seis

* 1- Masacre en los confines del Khan
* 2- La invasión
* 3- Un anuncio
* 5- Linaje
* 6- Karimov

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

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Masacre en los confines del Khan (III)
Un anuncio

Así se haya tratado de la defensa del estado de derecho contra criminales que se disfrazaban de blanca nube, de una masacre contra una protesta de civiles, o de una combinación de ambas versiones, lo cierto es que la posibilidad de que se produjeran episodios como los del fin de semana venía siendo anunciada por organismos defensores de los derechos humanos. Un documento publicado hace dos meses por Human Rights Watch bajo el título “Creando enemigos del Estado, persecución religiosa en Uzbekistán”, afirmaba que con la excusa de la “lucha contra el terrorismo” se reprimía el libre ejercicio de la religión por parte de la población musulmana. Ya en ese reporte, realizado en base a entrevistas de campo, se denunciaban como prácticas habituales “la tortura, el escarnio público que acompaña los arrestos, las armas y drogas ‘plantadas’ en casas de personas inocentes, y juicios en los cuales basta que alguien testifique que el acusado reza cinco veces al día para que lo encaucen por intentar desestabilizar al Estado”.

El desconocimiento a los derechos humanos no es algo que sólo constaten los organismos no gubernamentales. La página en internet del Departamento de Estado de Estados Unidos asegura que en Uzbekistán el uso de la tortura es “rutinario”. Esto a pesar de que, como apuntó la cadena BBC en un informe sobre los lazos uzbeco-estadounidenses, ese país asiático es “todavía un fuerte aliado de Estados Unidos, que utiliza instalaciones militares y el espacio aéreo para sus operaciones en el vecino Afganistán. La presencia militar estadounidense parece permanente y el presidente George W. Bush nunca ha criticado la falta de libertades”

==Tercera parte de seis

* 1- Masacre en los confines del Khan
* 2- La invasión
* 4- Los soviets y después
* 5- Linaje
* 6- Karimov

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

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Masacre en los confines del Khan (II)
La invasión

Un artículo del periódico oficialista La voz del pueblo, reproducido por el servicio de prensa de la presidencia uzbeka, da la versión oficial de los hechos de la semana pasada. “Un grupo de 30 criminales portando armas automáticas y pistolas invadieron Andijan en automóviles, a la medianoche, y atacaron el puesto policial, dispararon contra la milicia, y lanzaron granadas. Usaron el elemento sorpresa para atacar el cuartel militar y matar cinco soldados y oficiales, lo que les reportó más armas automáticas y dos ametralladoras”. El artículo, titulado “Tal como ocurrió”, informa que al otro día llegó el ejército al lugar, y “después de once horas de negociaciones, los criminals intentaron romper el cerco cubriéndose con rehenes y pacíficos ciudadanos. Las autoridades los persiguieron y destruyeron mientras se desplazaban a través de la ciudad”.

En este punto, el vocero es conciente que su mirada difiere claramente de las que han venido circulando a través de las agencias de prensa, por lo que incluye ese punto de vista en su narración e intenta rebatirlo diciendo que “la versión que habla de ‘pacíficos ciudadanos’ que salieron a las calles para una ingenua protesta carece de sustento”. Y agrega: “los terroristas, por supuesto, intentan presentarse como nieve blanca, pero cuando periodistas de respetables medios de comunicación occidentales entran en ese juego, lo hacen para confundir”. Sostiene su afirmación afirmando que muchas de las imágenes de televisión que se vieron en Occidente sobre los episodios uzbecos procedían, en realidad, de los disturbios callejeros que se habían producido en marzo en Kyrgyzstan, o del conflicto armado tayico ocurrido en Khodjand hace siete años.

==Segunda parte de seis

* 1- Masacre en los confines del Khan
* 3- Un anuncio
* 4- Los soviets y después
* 5- Linaje
* 6- Karimov

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

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Masacre en los confines del Khan

Dos veces y media más extenso y casi diez veces más poblado que Uruguay, el viejo territorio organizado alrededor de la figura de un nieto de Genghis Khan fue escenario de una masacre en la que, con la excusa de la lucha contra el extremismo, las fuerzas armadas mataron en un día a varios centenares de personas. Pero no hay un solo extremismo en Uzbekistán. A la innegable presencia de grupos islamistas ligados a la influencia talib, debe sumarse el extremismo de un gobierno que desconoce sistemáticamente los derechos humanos, y el extremismo de la pobreza.


(Clik en el mapa para agrandar)

La masacre ocurrida el viernes pasado cuando las fuerzas armadas uzbekas dispararon sobre una manifestación en Andijan, una ciudad ubicada al sureste de Uzbekistán donde horas antes se había producido una toma de instalaciones policiales por parte de treinta rebeldes, fue seguida de otro confuso episodio el día sábado, cuando un grupo de “seguidores del Corán” tomaron control de una población más pequeña, Kara-Suu, en la frontera con Kyrgyzstan. Ambos hechos estarían vinculados a la vieja aspiración de algunos grupos musulmanes de la zona del conflictivo Valle de Ferghana, en Asia Central, quienes por medios pacíficos o violentos han venido intentando la creación de un califato en la región.

El intento y su represión se producen en un área donde el colapso de la Unión Soviética dejó gobernantes autoritarios a cargo de los asuntos de pueblos que carecían de tradición democrática. Las autoridades uzbekas rápidamente colocan lo ocurrido en el contexto de la supuesta “lucha global contra el terrorismo”. El resultado es el escenario ideal para que desde el poder estatal se acalle la disidencia interna sin que exista la posibilidad de un real control de parte de la comunidad internacional.

Los hechos más graves ocurrieron en Andijan, aunque al cierre de esta edición todavía no se había producido una acción militar sobre Kara-Suu. En la primera de las ciudades, la chispa que encendió la mecha puede colocarse en el arresto de varios hombres de negocios musulmanes acusados de terrorismo, o también puede situarse en el operativo armado que liberó a esos detenidos y atacó la comisaría local. Se coloque el acento en uno u otro episodio, lo cierto es que el viernes llegaron los soldados a Andijan, retomaron el control a costa de centenares de muertos. Ochocientos de acuerdo con la oposición, menos de 200 según el gobierno. A las muertes ocurridas durante enfrentamientos o durante el ametrallamiento de la multitud, le habrían seguido ejecuciones sumarias.

Un testigo citado por el periódico británico The Independent aseguró que “alrededor de las cinco de la tarde, en la calle Bainal Minal, un hombre de edad mediana, que aparentemente estaba herido, se escondió tras un horno de barro. Hasta allí fue seguido por un soldado, quien le dijo que se levantara. Cuando el herido se levantó, el soldado le disparó en la frente”.

==Primera parte de seis

* 2- La invasión
* 3- Un anuncio
* 4- Los soviets y después
* 5- Linaje
* 6- Karimov

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

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15 septiembre 2003

Después del Muro

Durante la Guerra Fría, la mayoría de lo que occidente y el mundo socialista sabían sobre “el otro lado”, estaba teñido por la propaganda. La visibilidad era tan baja, que las metáforas que se acuñaron en ese tiempo hablaban de cortinas de hierro y telones de acero. Cuando a mediados de los ochenta se comenzó a vivir un proceso de cambios internos en la Unión Soviética, una de las palabras de moda, glasnot, también refería a la opacidad, aunque por negación. Esta transparencia era más una expresión de deseo que una realidad. Ni siquiera los expertos estaban a salvo de la omnipresente opacidad, como quedó demostrado cuando los servicios de inteligencia occidentales no supieron prever el desplome del viejo enemigo soviético.

Esa difusa neblina dio paso, en los primeros años de los noventa, a una claridad cegadora. De pronto las cámaras de las grandes cadenas de televisión franqueaban las fronteras antiguamente vedadas, y estaban en cada ciudad en la que se tiraba abajo una estatua de Lenin. Esa atención, arrolladora y superficial, sufrió el proceso natural de todo hecho noticioso: aparición abrupta, desarrollo, clímax y desaparición. Los países del antiguo bloque socialista habían ingresado uno tras otro al esquema de economía de mercado y democracia representativa, y lo habían hecho, con la sola excepción de Yugoslavia, de un modo pacífico. Historia terminada.

Pero la realidad es más compleja. Hace quince días el Banco Mundial presentó su informe “Transición, los diez primeros años”. Como ya lo había reconocido el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1999, esa transición fue, en muchos casos, una depresión. Ahora, a comienzos del 2002, el Banco Mundial cuantificó las pérdidas en producto bruto, calidad de vida y nivel de equidad, que sufrieron los países del ex bloque socialista en el salto a la economía de mercado. Para que se entendiera exactamente de qué se estaba hablando, el Banco Mundial comparó esta situación con la más conocida de las crisis de la economía moderna: la Gran Depresión de los años treinta, que siguió al derrumbe de Wall Street de 1929. En aquel momento Estados Unidos vio como su producción acumulaba pérdidas porcentuales de 27 puntos. Hoy, los países de la ex Unión Soviética, con excepción de los Bálticos, perdieron el doble de lo que los norteamericanos habían perdido en aquel período crítico. Algunas repúblicas ex soviéticas, como Georgia, perdieron casi el triple de su nivel de producción anterior al fin del socialismo.

¿Qué significan estas cifras en la vida cotidiana de las personas? Peor calidad de vida y más inequidad. El mismo documento del Banco Mundial asegura que en el momento final de la economía comunista, uno de cada sesenta soviéticos era tan pobre que debía vivir con un dólar por día. Tras diez años de reformas económicas de mercado, esta cifra de pobres se multiplicó por tres. En Armenia, en Rusia, en Tayikistán y en Ucrania, el nivel de inequidad, medido por el llamado coeficiente Gini, se duplicó. Estas cifras, sin embargo, encierran su propia opacidad. Los autores del informe reconocen que la situación puede ser incluso peor que lo que sugieren los estándares internacionales para medir la pobreza.

Hay otros hilos más sutiles que se han perdido para siempre en la trama de la economía de las sociedades del Este, y que son difíciles de leer con los indicadores habituales de la economía. Hilos de una trama que ofrecía lo que ha quedado enterrado en el pasado: seguridad vitalicia dentro de los limitados horizontes de la economía soviética. Al analizar las causas posibles del alarmante crecimiento en el índice de suicidios, el PNUD se acercó más que el Banco Mundial a los efectos concretos de esta seguridad perdida.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

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12 diciembre 2000

Después del muro 3:
la inseguridad básica

Tener trabajo seguro para toda la vida es uno de los logros de las economías socialistas que los ciudadanos de los países en transición más añoran. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los países de Europa del Este y de la ex Unión Soviética tenían, antes del colapso del sistema socialista, “un alto grado de seguridad básica”. Se incluye en ese concepto el pleno empleo de por vida, salarios bajos pero seguros y estables, bienes básicos subsidiados, seguridad en la alimentación, seguridad en la vestimenta y la vivienda, acceso gratuito a la salud y la enseñanza, pensiones de retiro previsibles y otro tipo de seguridad social.

Como contrapartida, además del cambio medular que significa la plena vigencia de los derechos civiles (libertad de expresión, libertad de circulación, pluralismo político),entre los logros de la transición se deben destacar los bajos niveles de inflación, la todavía comparativamente alta equidad social, y la disminución de los gastos de defensa. Sin embargo, esto ha estado acompañado por “la pérdida de muchos de los derechos económicos y sociales básicos”, como la del empleo seguro.
El panorama que traza el informe del PNUD sobre los diez primeros años de la transición es desalentador. Millones de personas están sin empleo o subempleadas. Un alto número de trabajadores han sido conducidos al inseguro y mal pago sector informal. Aún aquellos que están formalmente empleados, no tienen seguridad de que se les pague su salario. Y en el caso de que el trabajador esté formalmente empleado y cobre su sueldo en fecha, éste ha pérdido buena parte de su poder de compra, lo que se suma a la desaparición o reducción drástica de otro tipo de beneficios no monetarios.

No es fácil de cuantificar el número real de desempleados, ya que en muchos países no existen estadísticas confiables. Otro factor que atenta contra la posibilidad real de medir la incidencia del desempleo en las sociedades del antiguo bloque comunista, es la importancia del sector informal en la economía. En la ex República Yugoslava de Macedonia y en Armenia, el 40 por ciento de la economía está compuesta por el sector informal. En Hungría esto ocurre con un 30 por ciento de la actividad económica. Sin pago de impuestos, sin aportes sociales, sin reglas claras a la hora del empleo, y prácticamente incontrolada, la economía informal es el primer paso, y a veces la metáfora, de las prácticas mafiosas. Luego de años moviéndose en las sombras a través del mercado negro al que obligaba la escacez de ciertos productos en los países socialistas, las mafias y otro tipo de formas de crimen organizado han encontrado en la economía de transición un ámbito de desarrollo prácticamente ideal.

==Tercera parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 2- El espejo austríaco
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

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01 septiembre 2000

No todo lo prohibido se puede hacer

Como ya es costumbre, la política internacional no estará ausente de los Juegos Olímpicos que comenzarán este 15 de setiembre. Lo confirman la prohibición de competir que pesa sobre Afganistán y el veto cubano a que dos de sus atletas concurran bajo bandera española. La guerra de Bosnia, los derechos de los indígenas, y la participación de estrellas de la comunidad gay en las ceremonias olímpicas, son otros factores extra deportivos presentes en la agenda de Sidney 2000.

En 1980 Estados Unidos y sus aliados se negaron a concurrir a los Juegos Olímpicos de Moscú, como protesta por la invasión soviética a Afganistán. Veinte años más tarde, el que no participa de los juegos de Sidney 2000, por decisión del Comité Olímpico Internacional (COI), es el país entonces invadido. En 1980 la intervención soviética intentaba impedir que los talibanes, fundamentalistas islámicos, tomaran el poder en Afganistán; hoy la razón para prohibir a los afganos tomar parte de la competencia se basa tanto en aspectos formales como en características del gobierno talibán que resultarían incompatibles con las normas olímpicas.

Los talibanes fueron en sus orígenes un grupo guerrillero formado por estudiantes de teología islámica, mayoritariamente integrantes de la etnia pashtún que habita el sur del país. Aunque en 1996 tomaron el control de la capital afgana, Kabul, y actualmente controlan el 90 por ciento del territorio del país, no han logrado reconocimiento internacional para su Emirato Islámico de Afganistán, y no tienen un Comité Olímpico nacional en funcionamiento. Las autoridades olímpicas, sin embargo, no se han limitado a estos aspectos formales para justificar su decisión, sino que han hecho referencia a la posición afgana que prohíbe a las mujeres practicar deportes, en la que tal vez sea la más inocente de una serie de medidas en contra de los derechos de las mujeres que han despertado indignación en Occidente y provocado varias campañas de denuncia por parte de organizaciones defensoras de los derechos humanos y de activistas en temas de género.

Afganistán, empobrecida nación de 21 millones de habitantes con una renta per cápita inferior a los 220 dólares, sólo podrá enviar dos observadores a Sidney -sin que ésto implique "ninguna promesa de reconocimiento futuro", aclaró el COI-, pero deberá dejar en casa a sus atletas, quienes a pesar de no poder usar pantalones cortos y usar barba obligatoria aseguran ser competitivos en lucha, boxeo y fútbol. El origen de estas habilidades hay que buscarlo en sus deportes tradicionales: el ghosai y el buzkashi. El primero es una forma colectiva de la lucha; el buzkashi (foto), en un ejercicio de imaginación, podría asimilarse al fútbol, con la diferencia de que en lugar de una pelota, los equipos deben embocar una vaca muerta en la meta.

==Primera parte de ocho

* 2- La veté porque era mía
* 3- "Robo de atletas"
* 4- Enemigos en la villa olímpica
* 5- Aborígenes y drag-queens
* 6- Timor Oriental
* 7- Sobornos
* 8- Ecos de Vietnam

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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29 agosto 2000

Chechenos: los peores enemigos

El sitio en Internet de los rebeldes chechenos está dominado por una frase escrita en grandes caracteres: “Los chechenos somos los mejores amigos de nuestros amigos, pero los peores enemigos de nuestros enemigos”. Los ejércitos zaristas, los soviéticos y ahora los rusos, pueden dar fe al menos de la última parte de este postulado. Veinticinco años le llevó a las tropas del zar someter al estado checheno e islámico Shamil, que en 1839 desafió la autoridad imperial.

Después de la Revolución Bolchevique de 1917, los chechenos declararon un emirato independiente y su territorio fue escenario del fuego cruzado entre los zaristas que querían la restauración de la monarquía, los bolcheviques que buscaban consolidar el poder soviético, y los chechenos que intentaban mantener su independencia. Cada uno de los otros dos bandos acusaron a estos últimos de apoyar al enemigo; según el general zarista Denikin (foto), los chechenos de las montañas resistieron a las tropas Blancas permitiendo al Ejército Rojo reacomodarse y lograr la victoria final, pero los soviéticos prefirieron tomar en cuenta la militancia antibolchevique de los chechenos de las llanuras, por lo que las relaciones entre los chechenos y el naciente poder soviético no comenzaron con buen pie y se registraron varias rebeliones hasta que en 1921 se apagó el último foco de resistencia.

Entre 1920 y 1930 hubo aisladas actividades guerrilleras antisoviéticas, pero en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, se agudizó el conflicto. Los líderes chechenos declararon su independencia y llamaron a su pueblo a “recibir a los alemanes como huéspedes”, ya que los nazis, en su intento de ganar aliados en su invasión a la URSS, se habían manifestado favorables a la existencia de una República Chechena. Este llamamiento fue utilizado por Stalin para deportar en masa a los chechenos, medida que también afectó a los ingushes.

La disolución de la URSS favoreció los deseos de independencia. Aunque en junio de 1991, el 80 por ciento de los chechenos votó por Boris Yeltsin en las elecciones generales rusas, un mes más tarde los clanes ya habían colocado a un ex general soviético, Dzhojar Dudáev(foto), como su líder y habían comenzado a formar sus milicias. El fallido golpe de estado contra Mijail Gorbachov que la línea dura del Partido Comunista propició en agosto de ese año, consolidó el poder de Dudaév al desviar la atención de los grupos de poder rusos. Una serie de decretos de Yeltsin que intentaban controlar la situación institucional en la naciente República Chechena, revirtieron su popularidad y alimentaron el ancestral sentimiento anti-ruso, prologando una larga sucesión de enfrentamientos que desembocaron en dos largas guerras, la última de las cuales arrasó la capital chechena, Grozni, sin que aún las tropas rusas hayan podido controlar totalmente la situación en las montañas. Dudaév fue asesinado en 1996.

Pese a que los yacimientos petrolíferos de Chechenia no son atractivos para Moscú, esta riqueza es clave en la actual estructura económica de la república rebelde. Según Xulio Ríos, del Centro de Investigación para la Paz, de España, “la exportación ilegal de petróleo, y el comercio ilegal de armas y drogas, en manos de las mafias, son los principales factores de acumulación capitalista”. Si no se puede comprender Chechenia sin la acción de las mafias, tampoco se la puede entender sin conocer el eje de su organización social, los clanes. Se trata de extensos grupos familiares, con vínculos matrimoniales y territoriales, con un gran peso en la toma de decisiones colectivas; se calcula que existen 131 clanes, entre los cuales hay por lo menos 28 que tienen un rol importante en la vida política de esta colectividad que es, mayoritariamante, de religión musulmana.

==Quinta parte de cinco

* 1- El Cáucaso, un viejo campo de batalla
* 2- Secuestro de militares uruguayos
* 3- La Gran Depresión
* 4- Cáucaso: El factor islámico

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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Cáucaso: El factor islámico

Aunque el 75 por ciento de los musulmanes que habitan en la ex URSS viven en las repúblicas de Asia central (Usbekistán, Kazajstán, Kisguistán, Tayikistán, Turkmenistán), el 10% en las regiones del Volga Medio-Ural (Bashkortostán, Tatarstán), y sólo el 15% se encuentran en el Cáucaso (Azerbaiyán, Daguestán, Chechenia, Ingusetia, Georgia), el factor islámico es una de las claves a la hora de comprender la conflictividad caucásica. Exceptuando los de Azerbaiyán (azeríes) que son chiítas duodecimanos, emparentados a los iraníes, y a excepción también de algunos ismaelitas de rito nizarí y de algunos pequeños grupos heréticos como los ali illahis y los yezidis (que significa "adoradores del diablo"), los musulmanes de la ex URSS son sunnitas de rito hanefí, por lo que su familia religiosa es la misma que agrupa a los musulmanes de Turquía.

Durante el período soviético, en el que la práctica religiosa había sido perseguida o en el mejor de los casos desalentada, el Islam gozó de cierta protección gracias al alineamiento de sus jefes religiosos con la política estatal dominante. Fruto de esta alianza fue la fundación de dos universidades coránicas, la no persecusión del matrimonio religioso ni de los ritos funerarios islámicos y la autorización para algunos privilegiados de realizar la peregrinación ritual a la Meca. Sin embargo, al margen de este Islam oficial existía un Islam paralelo, que formaba un sistema religioso complejo, semiclandestino, dominado por las ideas sufíes. De acuerdo con la investigadora Chantal Lemercier, la acción “constante y sistemática” de las cofradías sufíes, “con sus escuelas coránicas, sus casas de oración, su mantenimiento de los lugares santos”, permitió al Islam “permanecer como una religión viva y popular” en la antigua URSS.

La guerra de Afganistán a comienzos de los ochenta, con una guerrilla islámica fundamentalista enfrentando a las tropas soviéticas, deterioró las relaciones entre comunistas y musulmanes llevándolas a un punto que ni siquiera pudo ser superado por las primeras medidas de liberalización de la Perestroika que impulsara el premier soviético Mijail Gorbachov desde 1986. En noviembre de ese año, Gorbachov pronunció un discurso en Uzbekistán, tierra musulmana, en el que llamaba a los militantes del Partido Comunista "a combatir resueltamente y sin compromisos los fenómenos religiosos, a multiplicar los esfuerzos de propaganda en materia de ateísmo y de política de masas". La crisis económica de fines de esa década, y el crecimiento de los movimientos islámicos al interior de la ex URSS motivaron a Gorbachov a realizar ciertas concesiones en 1989, reconociendo la importancia de las lenguas locales y autorizando el uso del alfabeto árabe, generando un contexto en el cual el Islam paralelo se autolegalizó, destituyendo a parte del clero oficial y tomando el control de la vida religiosa.

==Cuarta parte de cinco

* 1- El Cáucaso, un viejo campo de batalla
* 2- Secuestro de militares uruguayos
* 3- La Gran Depresión
* 5- Chechenos: los peores enemigos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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La Gran Depresión

“Más de cien millones de personas empujadas a la pobreza, a veces a la mera economía de subsistencia”. Esa es la conclusión de los expertos en desarrollo de Naciones Unidas, para quienes la llamada Transición del socialismo al capitalismo es un mero eufemismo que esconde la Gran Depresión que se está viviendo en el territorio de la ex Unión Soviética.

En el Cáucaso, por ejemplo, dos de cada tres familias georgianas son pobres y, aunque el departamento gubernamental de estadísticas de Armenia ha fijado una modesta canasta básica para definir la línea de la pobreza, más de la mitad de los hogares armenios son pobres, y la cuarta parte son muy pobres. Las cifras armenias resultan particularmente desorbitantes. En los primeros cinco años de la transición, los precios de los alimentos subieron un 24 mil por ciento. Comparando esta suba con el aumento de productos que no son de primera necesidad, o directamente suntuosos, se comprueba que la nueva economía ha tenido la clara consecuencia de aumentar la brecha entre ricos y pobres: el precio de los productos que no son de primera necesidad aumentó a un ritmo tres veces menor que el de los alimentos. A la hora de las cifras astronómicas, no puede dejar de mencionarse la inflación de los primeros años de vida independiente de Georgia, que en 1994 era del 18 mil por ciento.

De cualquier modo, los expertos se niegan a evaluar estos desempeños como la fatídica consecuencia del pasaje de una economía planificada a un sistema de mercado. En la Gran Depresión intervienen numerosos factores, entre los cuales la aplicación de políticas equivocadas no es el menor. El triunfalismo que siguió a la caída del Muro de Berlín, la sensación de las poblaciones de que obtendrían rápidamente un nivel de vida similar al de los países occidentales, llevó a que se aceptaran las medidas económicas más extremas sin pesar seriamente sus consecuencias. Una de las más catastróficas de estas decisiones de política económica, según un análisis del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicado en 1999, fue la liberalización descontrolada de los precios. Al 24 mil por ciento de aumento en los precios de los alimentos que se registró en Armenia, y al 18 mil por ciento de inflación que vivía Georgia en 1994, los analistas oponen el desempeño de otras economías en las que la transición se realizó de manera más controlada, como China, país que comenzó su silenciosa batería de cambios en 1978. Durante los primeros seis años la inflación china se mantuvo en el 3 por ciento, y si bien en 1988 creció a un 20.7 por ciento, ya en 1990 se había bajado al 2.2 por ciento. En otras palabras, las autoridades nunca perdieron el control.

==Tercera parte de cinco

* 1- El Cáucaso, un viejo campo de batalla
* 2- Secuestro de militares uruguayos
* 4- Cáucaso: El factor islámico
* 5- Chechenos: los peores enemigos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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Secuestro de militares uruguayos

El conflicto georgiano es tan poco conocido en Uruguay como el que enfrenta a osetios e ingushes, a pesar de que tuvo como involuntarios protagonistas a militares uruguayos que en 1998 cumplían funciones de observadores internacionales en Georgia y fueron secuestrados. Si bien existen dudas acerca del móvil político de los secuestradores, y se llegó a sospechar que se trataba de personas que sólo querían obtener dinero amparándose en el contexto de conflicto que vive el país, la relación entre el secuestro y la guerra civil georgiana es estrecha, al menos en lo que respecta a la situación general de inseguridad y a la ausencia de un estado fuerte que ostente el monopolio de las armas.

En plena etapa de la perestroika de Gorbachov, período de revisión económico y político de la URSS que comenzó en 1986, los nacionalistas de las colectividades abjasias y osetia de Georgia demandaron obtener un estatuto de autonomía y una serie de derechos culturales, que incluían la no imposición del georgiano como idioma oficial. El enfrentamiento armado estalló en 1990 los osetios se declararon independientes con su propia república dentro de territorio georgiano: Osetia del Sur. La revuelta, que tuvo sus períodos de tregua, recién fue controlada en 1994. Para ese entonces ya había surgido otro conflicto, debido a que en 1992 los abjasios declararon la formación de otra república independiente a costa de la integridad territorial de Georgia, a la que llamaron República Abjasia. La guerra fue cruenta y en 1993 los abjasios tenían casi derrotado al ejército georgiano, y habían iniciado su “limpieza étnica”, expulsando a 200.000 georgianos que vivían en la tierra reclamada por los abjasios como parte de su nuevo país.

Georgia imprimió un giro político a la situación, fruto de la habilidad de su presidente, Eduard Shevardnadze (que fuera canciller de Gorbachov), y se unió a la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en cierta forma heredera de la URSS pero basada en lazos menos fuertes. De este modo Georgia obtuvo ayuda militar de Rusia aunque debió ceder a los rusos el derecho a instalar tres bases militares en territorio georgiano y olvidar las acusaciones que, meses atrás, había realizado en contra de su nuevo aliado, al que había señalado como sostén de los rebeldes. Los fuerzas rusas lograron detener el conflicto, y la CEI impuso sanciones económicas a Abjasia hasta que desista de su independencia y resuelva volver a formar parte de Georgia con estatus de República Autónoma.

Con una superficie que equivale a menos de la mitad del territorio uruguayo, Georgia, antigua República soviética y país independiente desde 1991, agrupa casi un centenar de grupos étnicos, varios de ellos sumergidos en disputas religiosas o territoriales. La mayoría de los cinco millones y medio de habitantes son étnicamente georgianos (70%), seguidos por los armenios (8,1%), rusos (6,3%) y azeríes (5,7%); aunque en menor porcentaje hay colectividades importantes de osetios, griegos y abjasios. La religión mayoritaria es la cristiana ortodoxa, aunque hay algunos grupos islámicos y judíos.


==Segunda parte de cinco

* 1- El Cáucaso, un viejo campo de batalla
* 3- La Gran Depresión
* 4- Cáucaso: El factor islámico
* 5- Chechenos: los peores enemigos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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18 agosto 2000

El Cáucaso, un viejo campo de batalla

El Cáucaso, conflictivo habitat en el que coexisten tres países independientes y seis de las veintiuna repúblicas de la Federación Rusa, es un territorio más chico que el de Paraguay, que apenas duplica la superficie uruguaya. Allí viven, sin embargo, 21 millones de habitantes que integran más de cien colectividades étnicas, varias de ellas involucradas en los diez enfrentamientos principales que desestabilizan el área y que han tenido como método la “limpieza étnica”.La guerra civil que entre 1917 y 1921 enfrentó al recién formado Ejército Rojo soviético y a los Guardias Blancos del zar de Rusia, aún no ha terminado. En una remota región del Cáucaso, en la frontera natural entre Europa y Asia, los modernos fusiles de asalto han sustituido a las viejas carabinas, pero grupos étnicos que integraron ambos bandos siguen luchando por la misma causa por la que combatieron en aquella oportunidad: la tenencia de la tierra.

Los osetios habían recibido un tratamiento privilegiado durante la etapa monárquica, y eran leales al zar; esa base social firme sumada a las ventajas geográficas que otorgaba el terreno montañoso, fue una de las razones que llevó a los Guardias Blancos a elegir el Cáucaso como foco de resistencia a la Revolución Bolchevique. Pero el Ejército Rojo no tardó en encontrar sus aliados naturales: los ingushes, otro pueblo que habitaba el área y que se sentía postergado a causa de los privilegios agrarios de que gozaban los osetios, por lo que veía con buenos ojos la propuesta bolchevique de socialización de las propiedades rurales. La victoria del Ejército Rojo tuvo sangrientas consecuencias para los osetios, quienes actualmente llaman a los días posteriores a esa guerra civil “la masacre de los osetios a manos de los ingushes”.

La suerte de los ingushes cambió durante la Segunda Guerra Mundial. El premier soviético de entonces, José Stalin, los acusó de colaborar con las tropas invasoras de la Alemania nazi, y los deportó en masa a la inhóspita Siberia. Esto fue aprovechado por los osetios, quienes -según fuentes ingushes- ocuparon las propiedades que habían pertenecido a la colectividad recién caída en desgracia. El historiador Zamanho, citado por el periodista ruso experto en temas caucásicos Alan Kasaev, atribuyó esta deportación a las intrigas de ciudadanos osetios que integraban el círculo más cercano de asesores del premier Stalin. No se debe olvidar que Stalin era de origen georgiano, república en la que habita una significativa colectividad osetia.

Aunque el nuevo mandatario soviético Nikita Krushov “perdonó” en 1957 a los ingushea, y a otros pueblos como los chechenos que habían sufrido un castigo similar, no se les restituyeron todas sus tierras, sino que la zona de Prigorodny nunca volvió a la República Checheno-Ingusheta que entonces era una de las integrantes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), sino que permaneció en manos de la también soviética República Autónoma de Osetia del Norte. Hoy, Prigorodny, situada en las riberas del río Terek, es el eje del enfrentamiento entre ingushes y osetios. Ambos pueblos ahora integran la Federación Rusa, los primeros son parte de la República de Ingushetia, y los osetios controlan la República de Alana, que es el nombre que tomó Osetia del Norte desde la primavera de 1995. El resultado inicial del conflicto entre ambas repúblicas fue el abandono de sus hogares por parte de 40 mil ingushes que vivían en Osetia del Norte y que pasaron a vivir en campamentos situados en Ingushetia. Pero en el Cáucaso los conflictos se entrecruzan, y las viviendas y tierras que los ingushes dejaron en Osetia del Norte, fueron ocupadas por osetios del sur, en este caso refugiados del enfrentamiento interno que vive la vecina Georgia.

==Primera parte de cinco

* 2- Secuestro de militares uruguayos
* 3- La Gran Depresión
* 4- Cáucaso: El factor islámico
* 5- Chechenos: los peores enemigos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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29 enero 2000

Armenia, primer Estado cristiano

Considerada como uno de los primeros lugares en el mundo antiguo en el que se logró fundir el hierro y el cobre, Armenia se convirtió, en el año 301después de Cristo, en el primer Estado cristiano de la historia. A lo largo del tiempo sufrió una serie de invasiones, desde la romana que acabó con el reinado de Tigranes el Grande en el siglo primero de nuestra era, hasta la de los turcos, quienes provocaron grandes huidas de población y una masacre conocida como el primer genocidio del siglo veinte. Integrada a la Unión Soviética en 1922, catorce años más tarde alcanzó su estatus de república separada dentro de la URSS. En 1991 eligió su primer presidente de la era post-soviética, y un año más tarde Armenia ya era un estado miembro de las Naciones Unidas.

El profesor Robert F. Melson, de la Universidad estadounidense de Purdue, afirma que el genocidio de los armenios a manos del Gobierno de los Jóvenes Turcos fue «el primer genocidio total del siglo XX» y «el prototipo de los genocidios que se cometieron después», incluido el Holocausto del pueblo judío. Entre 1915 y 1916, según indica un especial del diario español ABC, al menos 1 millón y medio de armenios, del total de 2 millones que vivían en los lindes del Imperio Otomano, fueron exterminados.

Al igual que ocurrió con los judíos, un número importante de armenios llegaron al Uruguay como refugiados y se establecieron en el país. En un estudio sobre la forma en que la colectividad armenia uruguaya asumió su memoria histórica, la Licenciada Vania Markarián, integrante del proyecto Equipaje de Ilusiones, escribió: “Ninguno fue testigo de los sucesos referidos. Los padres de la mayor parte eran niños entonces y sufrieron los efectos directos de esos incidentes. Muchos perdieron a sus parientes durante la expulsión de sus tierras y fueron criados en orfanatos en Siria y el Líbano o por familias árabes. Otros habían sido guerrilleros durante la resistencia contra los turcos. Algunos lograron salir hacia otros países, perseguidos por el miedo, la inseguridad o la pobreza. En algún caso, incluso, fueron ayudados por los vecinos turcos. Todos perdieron lo poco o mucho que tenían sus familias y en los países que los acogieron trabajaron en los más diversos oficios hasta que decidieron venirse para América. Acá se establecieron, aprendieron el idioma y se integraron. Pero también conservaron sus costumbres, sus tradiciones y fundaron sus propios ámbitos de socialización”.

La diáspora convirtió la peripecia de la colectividad armenia en la más conocida en Uruguay entre las que han vivido los pueblos del Cáucaso, una región en la que el uso de la “limpieza étnica” como método político y militar no se ha interrumpido desde la Antigüedad, cuando era una de las formas habituales de garantizar el control de un territorio.

(Publicado en Brecha en enero de 2000)

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