06 agosto 2010

El caso Dominic Matei

Es como si El caso de Benjamín Button lo hubiera dirigido Francis Ford Coppola basándose en una historia creada por alguien más versado en lo sobrenatural que Scott Fitgerald, y si en lugar de Brad Pitt su protagonista hubiera sido Tim Roth. Porque la anécdota es casi tan inverosímil como aquélla, pero el resultado obtiene lo que no pudo el niño-anciano de Nueva Orleans condenado a rejuvenecer. En Juventud sin juventud de Coppola, el profesor Dominic Matei, que en 1938 es alcanzado por un rayo al salir de la estación de trenes de Bucarest, logra que el espectador lo acepte como guía (y le perdone algún toque naif que el director acentúa desde los créditos, seguramente a modo de exorcismo). La película acaba de llegar a los videoclubes pero al comprobar que su fecha de producción es 2007, resulta posible pensarla como homenaje al centenario de Mircea Eliade, también profesor, también rumano, también alcanzado por el rayo de la pasión por la India, de cuya imaginación surgió Tiempo de un centenario, la narración que está en la base del filme.

La historia no parece escrita en el 70. O en todo caso, no parece del año 70 del siglo XX. Su duende es decimonónico. Al igual que Señorita Cristina podría haber sido uno de los cuentos del desafío que se hicieron los esposos Mary y Percy Shelley, Lord Byron y John Polidori , en aquella noche de mayo de 1816 que dio origen a la arquetípica Frankenstein. Sólo habría que haberle aderezado la sensualidad con la que Eliade acompaña al horror, como ya había ensayado en La serpiente. Ocurre que el rumano no comulgaba con la literatura de sus contemporáneos, tenía un vínculo de rechazo y atracción con James Joyce (de quien pensaba que escribía “difícil” sólo para hechizar a los críticos) y añoraba a Goethe y Balzac. Sólo veía un poco de esperanza en la ciencia ficción. Le gustaba leer a Arthur C. Clark y buscar en esos mundos imaginados de androides y replicantes el barro original de los mitos antiguos. Ese anacronismo de Eliade al escribir una novela fantástica con un spleen romántico, se entiende mejor si se asume que en realidad escribía de manera desfasada, recuperando el tiempo “perdido” desde la Segunda Guerra Mundial, cuando se dedicó por completo a la historia de las religiones, y sobre todo desde su llegada a Estados Unidos, cuando la vida académica le llenó de tediosas obligaciones administrativas.

Casi siempre vio su tarea científica como algo que le desviaba de su camino principal. En 1946, en París, mientras trata de sobrevivir en una pieza sin calefacción y empeñando sus pocas pertenencias en el Monte de Piedad, anota en su diario que lleva tres años experimentando un “alejamiento real, físico, de la literatura”. Lo amarga la perspectiva de verse al final de la vida “viejo, con una estantería de libros sabios a mi lado: mi obra. ¿Es ése verdaderamente mi destino?”. En Montevideo se encuentran –con dificultad- algunas de sus novelas. La más fácil de hallar es Medianoche en Serampor, de Compactos Anagrama. Aunque aparezca ocasionalmente entre los libros de segunda mano y el título resulte sugerente, La noche bengalí no debería de ser el primer contacto con el autor, ya que éste siempre la consideró una obra de juventud escasamente lograda. Tal vez el mejor Eliade como narrador se encuentre en La noche de San Juan, su obsesivo proyecto de la segunda posguerra. Ahí ya está presente el tema del doble como metáfora de “la superación de los límites ordinarios”, como le cuenta a Claude Henrirocquet en el libro-entrevista La prueba del laberinto. El doble para amar a dos mujeres a la vez a partir de esa noche “en la que se entreabre el cielo y puede verse el más allá”; o el doble para amar doblemente a la misma mujer que es, a su vez, dos mujeres, como le ocurre a Dominic Matei. Que el proceso de duplicación ocurra porque un septuagenario profesor rumano fue rejuvenecido por un rayo, es apenas un medio para lograr otro medio. El fin no es otro que el que ha atravesado toda su obra, “eso” que acepta definir mediante una paráfrasis de San Agustín: “si me pregunto lo que es el ser, no lo sé; pero si no me lo pregunto, lo sé”.

Aunque le dedica varias horas diarias a La noche de San Juan, en 1951 todavía se queja de haberse “entretenido demasiado con la ciencia”. Una década más tarde se resignaría a aceptar que la ciencia que practica tiene un lejano eco literario y que, en el fondo, lo que hace al estudiar los mitos, el chamanismo y la historia de las religiones, es perseguir la fuente original de la inspiración literaria. Está llegando a los sesenta años y todavía faltan diez para que publique la nouvelle que dará origen a la película de Coppola. Es el momento de su encuentro con Borges, con el que inevitablemente habla del Mito del eterno retorno, el breve y célebre ensayo de Eliade. Describe a Borges con economía telegráfica: “casi ciego, el rostro surcado por las arrugas, móvil, innumerables tics”. Luego de una conversación en privado lo escucha disertar en público “sin ninguna pausa, sin buscar ninguna palabra, sin una sola duda, manteniéndose muy cerca del micrófono”.

¿Dos almas gemelas? Sería más prudente decir cercanas. Pese a lo borgiano del personaje que encarna Tim Roth en Juventud sin juventud (el propio Coppola ha reconocido esa influencia), no debe pensarse en Eliade como un espejo del autor de El Aleph. El joven que descubrió a Lautreamont antes que a Rimbaud, que sobrevivió al influjo de sus compatriotas Emile Cioran y Tristán Tzara, es el mismo veterano profesor de campus estadounidense que en plena efervescencia del año 68 no oculta su simpatía por sus estudiantes hippies, a quienes considera “parte del proceso (inconsciente) del redescubrimiento de la sacralidad de la vida”. Algo impensable en el cascarrabias de Palermo.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha el 6 de agosto de 2010)

Etiquetas: ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

10 mayo 2005

Los derechos humanos siguen siendo una utopía

Los derechos humanos siguieron siendo víctimas de la “guerra contra el terror”, afirma el informe 2005 de Amnistía Internacional (AI) presentado el pasado miércoles. El reporte revela una doble tendencia: por un lado los gobiernos aplican políticas de seguridad y control que llegan “redefinir la tortura para hacerla admisible” (maquillándola con un discurso de lucha por la libertad y la justicia), y por otra parte los llamados grupos terroristas utilizan un "grado inaudito de brutalidad".

En América, según el Informe 2005 de Amnistía Internacional (AI), "el respeto de los derechos humanos siguió siendo una utopía para muchas personas". Basan su afirmación en la persistencia de "la tortura, los homicidios ilegítimos a manos de la policía y las detenciones arbitrarias", agravados por la acción de bandas de narcotraficantes y delincuentes organizados. A la vez, "la 'guerra contra el terror' dirigida por Estados Unidos continuó socavando los derechos humanos en nombre de la seguridad, a pesar de la creciente indignación internacional producida por la evidencia de los crímenes de guerra –como por ejemplo torturas– perpetrados por Estados Unidos contra detenidos". El director de la Sección Española de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, dijo en declaraciones tomadas por EuropaPress que el gobierno de Estados Unidos intenta, mediante "un lenguaje casi administrativo", suavizar la prohibición absoluta de la tortura".

Sobre África el reporte de Amnesty indica que “los homicidios, los secuestros y las violaciones por parte de las fuerzas gubernamentales y los grupos armados de oposición siguieron teniendo un carácter generalizado en los conflictos armados de la República Democrática del Congo, Somalia, Sudán y Uganda”. Si bien se reconoce que se lograron avances en varios países gracias a la firma de diversos acuerdos de paz, los mismos “continuaron siendo muy frágiles en Burundi, Costa de Marfil y Somalia, donde persistieron los estallidos esporádicos de violencia en zonas localizadas”.

En Europa los principales problemas estuvieron vinculados con el racismo (se menciona que se registraron casos en casi todo el continente, desde Finlandia a Chipre), en especial contra los gitanos. Detrás de la antigua cortina de hierro, “al no haber investigaciones inmediatas, minuciosas e imparciales persistió la impunidad de los responsables de tortura y malos tratos, prácticas que, según los informes, fueron generalizadas en países como Albania, Georgia, Moldavia, Rumania, Rusia, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán (foto)”.

El capítulo dedicado a Asia y Oceanía no muestra un panorama mucho mejor que el del resto del mundo. Se puede leer que "Nepal se sumió en una crisis política y de seguridad cada vez más profunda", en tanto que en Sri Lanka continuaron las ejecuciones por razones políticas cometidas por los Tigres de Liberación de Eelam Tamil, y el uso de "escudos humanos" por parte de guerrilleros indonesios. En la India, sobre todo en Jammu y Cachemira y en varios estados del noreste del país, los abusos contra los derechos humanos por parte del ejército y de los grupos políticos armados, continuaron siendo habituales. "Se siguió reprimiendo la disidencia política en países como China, Corea del Norte, Laos, Myanmar y Vietnam", aunque como contracara, "Bután, Brunéi y Maldivas fueron algunos de los países en los que se realizaron intentos de democratización y perfeccionamiento de la protección de los derechos humanos".

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

==Primera parte de tres

* 2- Mujer
* 3- Migraciones

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

23 julio 2001

Gitanos en Europa del Este: Vivir peor que todos y morir antes de tiempo (III)

Los gitanos son el diez por ciento de la población rumana. Dos millones de personas que integran la minoría más numerosa del país, la cual tiene incluso su propio partido político: el Partido Rumano del Pueblo de Roma. Los dirigentes de esta organización aseguran que los prejuicios del resto de la población ayudan a que esa minoría continúe viviendo en niveles de pobreza que no se diferencian demasiado de los que existían en la Edad Media; la ausencia de luz eléctrica y de agua corriente son habituales en los hogares gitanos.

La caída del socialismo real originó rápidos movimientos de grupos gitanos que dejaron Rumania y se mudaron preferentemente a la ex Checoslovaquia, originando lo que el Ministerio de Relaciones Exteriores rumano calificó como una verdadera “red de migración ilegal”. Una vez que se produjo el llamado “divorcio de terciopelo”, que en 1993 separó a checos de eslovacos, y a medida que se hacían más duras las condiciones de admisión en Polonia y Alemania, los gitanos de Rumania establecieron la llamada “ruta verde” para ingresar a Eslovaquia a través de territorio ucraniano.

La policía eslovaca, según el artículo que Marius Dragomir escribió para la Central Europe Review, asegura que una vez en el país se dedican a la venta de pasaportes y a la trata de blancas con destino al lucrativo negocio del sexo en los mercados occidentales. La realidad, apenas se la mira cara a cara, demuestra que si unos pocos lucran, la gran mayoría apenas logra sobrevivir. Tesco es una enorme tienda por departamentos presente en todas las ciudades importantes de la República Checa y de Eslovaquia. Frente a su local de Bratislava suele pedir dinero Zanfira Gindac, una mujer gitana entrevistada por el ya citado Marius Dragomir. En sus declaraciones explicó que logra reunir unos veinte dólares por día, lo que le permite ahorrar en dos meses el dinero suficiente para volver a Rumania y vivir allí durante medio año con sus dos hijos. Las autoridades eslovacas y el consulado rumano en ese país, coinciden en que la emigración ilegal gitana procedente de Rumania se duplicó en el año 2000 con respecto a 1999.

Pero si los gitanos de Rumania son una minoría en Eslovaquia, también hay eslovacos que son una minoría dentro de territorio rumano. Viven con esa mezcla de pertenencia y desarraigo que es tan habitual en el Este de Europa y que cuesta comprender del otro lado del Océano. ¿Cómo una persona que nació en un país en el que su familia vive desde hace generaciones puede considerarse como nacional de otro? Los eslovacos de Rumania son eslovacos porque hablan ese idioma y reconocen esas raíces culturales, independientemente de cuántas generaciones haga que vivan en su ajeno país de nacimiento. Se consideran eslovacos pero legalmente no lo son, ya que las leyes de Eslovaquia no permiten la doble ciudadanía. Pese a esto la mayoría de los hijos de familias étnicamente eslovacas prefieren cursar la universidad en Bratislava (en la que son considerados estudiantes extranjeros por más que llamen a Eslovaquia “la tierra de nuestros abuelos”) antes que hacerlo en Rumania que, de acuerdo con su pasaporte, sería su país. No sólo no se sienten rumanos sino que es habitual escucharlos quejarse de que sufren las consecuencias de que en el exterior vean a Rumania “como un país sólo poblado por gitanos pobres”. Uno más entre los prejuicios que según el Partido Rumano del Pueblo de Roma “impiden que los gitanos progresen, incluso si se esfuerzan para salir de la pobreza”. Prejuicios que los rumanos no gitanos viven de manera contradictoria. Cuando salen del país y las policías fronterizas les discriminan porque asocian el pasaporte rumano con la pertenencia a la minoría gitana, en lugar de solidarizarse con sus compatriotas, viven la situación con resentimiento, lo que contribuye a reafirmar los prejuicios.

Por más que los presidentes de Rumania y de Eslovaquia realizaron una declaración conjunta en la que aseguraron que “el problema gitano es un problema de Europa”, varios analistas coincidieron en señalar que estas palabras no deben ser tomadas necesariamente como auspiciosas. No sólo por la acepción del término “problema”, que recuerda el enfoque que tomaba la multiculturalidad de algunas naciones latinoamericanas como “el problema indígena”, sino también porque parece difícil que el tema pueda solucionarse de manera sencilla. La mujer gitana que mendiga frente a Tesco, Zanfira Gindac, resumió de manera descarnada lo complejo de la situación: "En Rumania todos nos odian. No venimos aquí por gusto.¿Usted piensa que me gusta ver a mi hijo tocando el acordeón en el tranvía y recogiendo las monedas de los eslovacos? Yo querría tener un salario en mi país y venir a Bratislava como una turista común y corriente”.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Parte I
* 2- Parte II
* 4- Parte IV

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

Etiquetas: , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

23 febrero 2001

Folklore rumano

Béla Bartók no sólo recopiló música tradicional húngara. Sus archivos contienen un trabajo de tres volúmenes titulado Música Folklórica Rumana, en el que están contenidos miles de melodías y que está considerado parte central de su legado musicológico.

Dejó otra obra, ésta en un solo tomo, dedicada exclusivamente al folklore rumano de la zona de Máramaros (o Maramures), que es el área del Valle de los Cárpatos en la que las tradiciones folklóricas están mejor preservadas. El disco de Muzsikás incluye la grabación original que hizo Bartók en 1913 en la aldea de Pátrova, que marcó el comienzo de sus investigaciones en Máramaros. La cantan dos campesinas hermanas: Ileana y Nita Ardelean. Una de las melodías de Máramaros fue usada por Bartók en el número 32 de los 44 Dúos que compuso. Sobre estos Dúos, el Bartók Album apunta que aunque el compositor "los escribió como material de enseñanza, cada una es una obra maestra en miniatura". El Dúo 44 también está inspirado en una melodía tradicional, pero en este caso no procede de Máramaros sino de Transilvania, más concretamente de la zona de Torontál; una variación de esta melodía que Bartók recogió en 1912 en la aldea de Petre, aparecerá en su primer rapsodia.

El disco de Muzsikás incluye otras formas folklóricas húngaras, tales como las danzas de Ardelean en las que los violines se acompañan con un instrumento de percusión llamado broanca; los dúos de violines de Ördöngosfüzes; la pieza que en 1915 inspiró su Danza Folklórica Rumana para piano (Sz56) ; o la música del sur transilvano que exige un toque de violín viejo y arcaico que parcialmente puede reconocerse en la cuarta de sus Quince Canciones Campesinas Húngaras (Sz71). El resultado del trabajo de Bartók, que está registrado en 78 discos, es el resultado de la sistematicidad científica combinada con la pasión. No en vano, como se indica en el Bartók Album, recogió músicas "en virtualmente toda área en la que se hablaba húngaro", tanto entrevistando a intérpretes campesinos y gitanos, como ocupando la mayoría de los fines de semana de más de una década de su vida en los bailes de campaña de un amplio territorio que abarca las actuales Hungría, Rumania y Moldavia.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Bartok: Un musicólogo en Transilvania
* 2- Hungría y Transilvania
* 3- Al otro lado de los Cárpatos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

12 diciembre 2000

La crisis demográfica país por país

Albania. La tasa de abortos se triplicó entre 1989 y 1994 (de 18 cada cien nacidos vivos pasó a 54), implica que en la década de la transición dejaron de nacer más de un cuarto millón de niños.. Entre 1990 y 1997 se estima que el 40 por ciento de la población que tenía entre 19 y 40 años había emigrado.

Bulgaria. El número de abortos disminuyó de 132 mil en 1990 a 98.600 en 1996. Sin embargo, el saldo demográfico es negativo ya que hubo una caída aún más pronunciada en el número de hijos concebidos (que cayó de 1,9 a 1,24 por mujer) por lo que entre 1990 y 1996 la población decreció en lugar de crecer, registrándose un “faltante” de 400 mil personas.

Croacia. Registró un descenso radical de la tasa de abortos, a consecuencia de la cual en la década de la transición nacieron 288 mil niños que no hubieran nacido durante el comunismo. La incidencia de los refugiados que abandonaron el país por la guerra, que actualmente superan los 200 mil, relativiza el peso de este buen desempeño demográfico.


Eslovaquia. Hay 26.000 nacimientos y 10.640 abortos menos por año, por lo que el saldo de la década es de 153.600 niños que dejaron de nacer.

Eslovenia. Aunque hay menos nacimientos también disminuyó la mortalidad, por lo que la tasa de crecimiento mejoró hasta llegar casi a nivel cero (estaba en -1,73).

Fyrom (Ex República Yugoslava de Macedonia). Menor número de abortos por año, y mayor índice de ancianos en situación de dependencia familiar. El saldo es favorable en 120 mil nacimientos.

Hungría. Crecimiento negativo (-3,7) y 21.260 nacimientos menos por año, lo que en la década suma 212.600 niños que nunca llegaron a nacer.

Polonia. Aunque casi desaparecieron los abortos de las cifras oficialmente admitidas (la tasa bajó de 14,6 a 0,1 cada 100 nacidos vivos), lo cual implica 60.610 abortos menos por año, cayó dramáticamente el número de nacimientos (111.639 menos cada año); lo que da por resultado un déficit demográfico mayor al medio millón de personas en la década (510.297).

República Checa. A pesar de que el crecimiento demográfico global es negativo (-2,1), el descenso en la tasa de abortos (que en 1989 casi equivalían a los nacimientos) compensó el descenso en la cantidad de hijos por mujer.Actualmente hay 29.333 nacimientos menos que en 1989, pero también 29.304 abortos anuales menos que en aquel momento.

Rumania. Es el que presenta un peor desempeño, tanto en abortos (292.900 más por año) como en nacimientos (186.461 menos por año). El total de la década muestra un “faltante” de casi cinco millones de personas (4:793.610).

Yugoslavia. La tasa de abortos bajó de 130,5 a 84,6 cada cien nacidos vivos, lo que da un resultado positivo de 620.424 niños en la década de la transición.

Nota: Las cifras aquí presentadas no toman en cuenta las pequeñas variaciones de población de un año a otro, a la vez que simplifican el complejo cálculo estadístico necesario para obtener el número exacto de “población faltante”; sin embargo, este trabajo con promedios no contradice sino que confirma el panorama general de la región que fue calificado por Naciones Unidas como de “catástrofe demográfica”.

==Quinta parte de siete

* 1- Después del Muro, una cortina de cristal
* 2- El espejo austríaco
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

Etiquetas: , , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Después del Muro, una cortina de cristal

En 1989 quienes vivían con menos de cuatro dólares por día en el campo socialista eran 14 millones. A mediados de los noventa, según datos del Banco Mundial, esa cifra se había multiplicado por diez, llegando a 142 millones de personas en los mismos países. Las Naciones Unidas ya hablan de una nueva cortina: una cortina de cristal que ha sustituido a la vieja cortina de hierro, y que no aisla fronteras afuera sino que separa ricos de pobres al interior de países.

Alcanzó una década para que se produjera lo que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calificó de “catástrofe demográfica”, que tiene como uno de sus ejemplos más elocuentes a los casi cinco millones y medio de niños que nunca llegaron a nacer, y que lo hubieran hecho de haberse mantenido las reglas de juego socioeconómicas previas a la caída del socialismo real. Los habitantes de Europa del Este, sin embargo, no desean un retroceso en los derechos civiles recientemente conquistados, según lo han mostrado las encuestas de opinión.

“Decisiones individuales por excelencia, como formar una familia o tener un bebé, están invariablemente influidas por las condiciones generales del momento en que se toman, incluidas las circunstancias económicas y políticas, las cuales pueden ser percibidas como elementos de incertidumbre”, asegura la Comisión Económica Europea de las Naciones Unidas (ECE) en su último informe anual. Sostiene esta afirmación en el hecho de que la cantidad de hijos que tenía una mujer de Europa del Este a mediados de los ochenta, un promedio de dos, descendió drásticamente a 1,35 hijos por mujer, colocando a la región aún por debajo de la Europa Occidental que presenta un promedio de 1,53 hijos por cada mujer.

Estudios conducidos por los investigadores de la Universidad de Oxford, H Moore y R.Palomba, atribuyeron el descenso en las tasas natalidad al “miedo al futuro”, por lo que la ECE traza la hipótesis de que la situación en el ex bloque socialista se debe a que las expectativas de futuro de los jóvenes se vieron reducidas “a veces drásticamente”. El estudio internacional encuentra “evidencias claras” de esta hipótesis en la ex Alemania del Este (RDA) y en Rumania. En la antigua RDA la tasa de nacimientos cayó a la mitad con respecto a la existente un año antes de la eliminación del Muro de Berlín, en tanto que en Rumania nacieron cuatro veces menos niños que los que habían venido al mundo seis meses antes del alzamiento popular que derrocó al régimen autocrático de Ceausescu (foto).

Intranquilidad familiar

Esta “inmediata y masiva reacción” a los cambios políticos, que llevó a las parejas “a detener drásticamente los nacimientos”, se mantuvo en los años posteriores en la medida en que persistió “la ansiedad con respecto al futuro inmediato”, indica el citado documento de la ECE, que también reconoce que el lazo entre la transición y la baja de la natalidad en otros países de la región es “menos fácilmente demostrable”. Los expertos citaron a las transiciones relativamente ordenadas y pacíficas que tuvieron lugar en Hungría, Polonia y, especialmente, en la República Checa, como las que causaron menos intranquilidad en sus ciudadanos. No en vano se reconoce que estos tres países son los que presentan mejores posibilidades de ser aceptados en la Unión Europea luego de un proceso de reordenamiento económico e institucional actualmente en curso.

Las parejas del antiguo bloque comunista no sólo resuelven concebir menos hijos, sino que toman con mayor frecuencia la decisión de abortar un nacimiento, a excepxión de las que viven en países como Polonia y Croacia en los que la religión católica, contraria al aborto, es parte esencial de la identidad nacional. En algunos casos, como en el rumano, la tasa de embarazos voluntariamente interrumpidos directamente se invirtió: en los años de la sociedad comunista había un aborto por cada dos nacimientos, en tanto que actualmente hay dos abortos por cada nacimiento. En Albania este indicador social se triplicó, en tanto que disminuyó en Bulgaria, República Checa y Eslovaquia.

La menor cantidad de niños que nacen hoy en la Europa del Este con respecto a la época comunista no sólo se debe al “miedo al futuro”, sino que se vincula con el descenso real en los estándares de vida y con la influencia de las costumbres familiares occidentales caracterizadas por parejas con pocos hijos. Este último, por ejemplo, se estima como el factor que más incide en la caída de las tasas de fertilidad de un país como Eslovenia, que se ha despegado de sus antiguos compatriotas de la ex Yugoslavia alcanzando un nivel de vida emparentado al de Europa Occidental. Si se toma en cuenta que los Balcanes, a pesar de la guerra, es la única subregión en la que no se ha dado esta disminución del número de nacimientos, el caso Esloveno es aún más excepcional.

==Primera parte de siete

* 2- El espejo austríaco
* 3- La inseguridad básica
* 4- Dos casos: Eslovaquia y Chequia
* 5- La crisis país por país
* 6- Los niños que no nacieron
* 7- Los costos humanos de la transición

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de diciembre de 2000)

Etiquetas: , , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo