28 diciembre 2005

e-gob: América Latina

En el año 2005 los gobiernos de América Latina terminaron de definir una estrategia hacia la Sociedad de la Información que llamaron eLAC. Una de sus características más positivas es que establece una serie de pasos concretos y de metas escalonadas que pueden tener seguimiento en el tiempo y comprobarse si se están cumpliendo o si quedaron en el papel. El primer momento para evaluar será a mediados de 2007, y allí se verá si se pudieron aplicar algunas medidas comunes de gobierno electrónico para mejorar la transparencia y la gestión pública. La primera de esas acciones concretas, que en los hechos ya está en práctica, es crear o fortalecer mecanismos de intercambio de información que permitan desarrollar “cooperación regional para la transferencia de tecnologías, plataformas, aplicaciones y programas informáticos, así como sus correspondientes conocimientos, habilidades y mejores prácticas”. En otras palabras, no inventar la rueda en cada país sino aprovechar los avances de los vecinos e intercambiarlos por los propios.

También se habla de “promover la integración electrónica de los sistemas de administración pública a través de ventanillas únicas para mejorar la gestión de los trámites y procesos intragubernamentales”. Una frase algo críptica que tiene varios componentes: poner la casa (las oficinas públicas) en orden, que los servicios estén interconectados para que la mano derecha sepa lo que hace la mano izquierda, volver los trámites más ágiles y simples. Pero esto exige también “promover la adopción de modelos de seguridad y preservación de la información en todas las instancias del gobierno con el objetivo de generar confianza en la información digital administrada o brindada por el Estado”. Paralelamente, se impulsará la firma electrónica (para ahorrar el papeleo pero de una manera segura) y establecer “medios de pago electrónicos” para que no sea indispensable la presencia física del contribuyente para que un gobierno pueda recaudar (algo muy útil, por ejemplo, para las Intendencias que tienen zonas turísticas). Se mencionan explícitamente las contrataciones electrónicas (un modo de que las licitaciones y contrataciones de funcionarios sean más transparentes) y la consolidación de información de distinto tipo, en especial georeferenciada, para que “el gobierno y el sector privado cuenten con herramientas para la toma de decisiones”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2005)

==Quinta parte de diez

* 1- Kafka detrás del monitor
* 2- Un enfoque kafkiano
* 3- La construcción
* 4- Liderazgo
* 6- País a país
* 7- Impuestos en línea
* 8- Democratización
* 9- Chile
* 10- México

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06 diciembre 2005

Rescatada del archivo/La equidad como plataforma electoral

(NOTA: Actualmente Michelle Bachelet es presidente de Chile) Un gran pasacalles de color naranja es sostenido por dos jóvenes en el cruce de Paseo Ahumada y la alameda central de Santiago. Su contenido se limita a una sola palabra: Equidad. Este mensaje que estaban levantando seguidores de la candidata oficialista, Michelle Bachelet, refleja uno de los temas centrales de la campaña. Chile ocupa el segundo puesto en desigualdad, detrás de Brasil, en el continente que distribuye peor su riqueza. No es de extrañar entonces que en un país donde el 10 por ciento de la población se queda con el 47 por ciento del resultado del milagro económico, la equidad sea el principal tema de la agenda política.

La candidata de la Concertación, Michelle Bachelet, se posicionó a mitad de camino entre la defensa de los logros de la coalición gobernante a la que representa y la promesa de un enfoque propio que modifique el énfasis y el tono del próximo gobierno. Este domingo los chilenos tendrán elecciones presidenciales y parlamentarias. Aunque hay un 16 por ciento de indecisos, la verdadera incógnita es cuál de los dos candidatos de la derecha disputará la presidencia en una futura segunda vuelta con Bachelet, quien luego de superar las dos pruebas de las urnas será probablemente la nueva presidente de Chile.

Los datos de la realidad parecen darle la razón a su estrategia. Mientras en los últimos quince años sucesivos gobiernos de centroizquierda lograron reducir la pobreza a la mitad, la sociedad todavía sigue percibiendo que hay importantes sectores de la población a los que todavía no le han llegado los beneficios del envidiable desempeño macroeconómico. A la vez, un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concluyó que "para aprovechar las nuevas oportunidades de Chile se requiere más poder para todos". Lo que la sociedad civil anglosajona llama –en su traducción cacofónica al español– empoderamiento. En esta renovada versión del poder popular la centroizquierda chilena se ofrece a sí misma como la única opción capaz de “empoderar” a los ciudadanos en el marco de una política global de desarrollo que vuelva consistente ese énfasis social con el modelo vigente. No sólo eso. Se muestra como la única capaz de sintonizarlos como dos factores de una nueva ecuación. Más poder para el ciudadano no sólo es más justo, sino que también resulta más redituable para el desarrollo económico del país, parece razonarse desde la Concertación. Esto, traducido al lenguaje de la campaña electoral se resume en el eslogan “Estoy contigo”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 6 de diciembre de 2005)

==Primera parte de ocho

* 2- Trato ciudadano
* 3- A la izquierda
* 4- A la derecha
* 5- Situación
* 6- Del programa de Hirsch
* 7- El Estado según Bachelet
* 8- Los candidatos

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20 octubre 2005

Nicaragua: deseo y decepción

La segunda mitad de los años ochenta fue para Nicaragua el tiempo de la guerra. Eran los años en que la contra, un ejército irregular financiado por Estados Unidos, intentaba doblegar por las armas al gobierno surgido de la Revolución Sandinista. Para los lectores de Brecha, Nicaragua era uno de los temas centrales de la actualidad internacional. Los que contaban con más años la integraban en una larga cadena de revoluciones victoriosas o derrotadas, o veían los ecos de la Guerra Civil Española en el posterior combate de un ejército popular contra una fuerza invasora más o menos irregular. Los que venían de vivir una década de cárcel no tenían muchas dificultades en conectar a los sandinistas con la Revolución Cubana, protagonista central de los años sesenta. La generación de la resistencia y los más jóvenes no necesitaban puentes. Para ellos había sido Nicaragua, vista por el ojo de la cerradura de los flashes informativos de la controlada televisión uruguaya, la grieta más evidente en los muros que cercaban el Cono Sur.
Ya sea por esta rápida conexión con distintas generaciones, o por los viejos ecos de la gesta de Sandino en la década del treinta, Nicaragua integraba con facilidad el imaginario de lo utópico independientemente de edades y nacionalidades. Y como el internacionalismo también es un atajo para la realización en otros de la utopía propia, Nicaragua se llenó de gente de todas partes. Llegaban brigadas recolectoras de café, médicos, ingenieros, maestros, gente de teatro, milicianos. Los que no podía estar en el lugar organizaban campañas para enviar dinero o lápices, o simplemente le daban su atención a toda noticia que proviniera de aquél país centroamericano.
En el momento en que Brecha hizo su aparición pública, Nicaragua estaba promediando la década de gobierno Sandinista. Ya había vivido la Campaña de Alfabetización, había comenzado la Reforma Agraria, y había organizado la primer elección libre de su historia, en 1984, en la que un 64 por ciento de la población le renovó su confianza al Frente Sandinista (FSLN). Disminuido su efecto por el ruido amplificado de la agresión, por las historias de crueldad y heroísmo que toda guerra trae consigo, esas primeras elecciones han sido arrojadas a un lado. En 1990 hubo nuevas elecciones y esta vez los sandinistas perdieron. Es probable que los lectores de Brecha recibieran la noticia con incredulidad y asombro. Igual se recibió en Nicaragua. En sus memorias, Ernesto Cardenal asegura que sólo Fidel Castro y Tomás Borge habían previsto la derrota. En todo caso, reconocer la victoria de Violeta Chamorro fue, según el ex comandante Luis Carrión, el momento más glorioso del FSLN desde la toma del poder en 1979. No es cierto que las elecciones de 1990 hayan sido una condición impuesta a un gobierno tambaleante. Si bien la guerra estaba desangrando al país y la obligatoriedad del Servicio Militar Patriótico estaba separando al FSLN de buena parte de la población, la contra no tenía capacidad militar de hacerse con el poder, en especial desde la Operación Danto de 1988.
Luego de ese quiebre en el proceso político nicaragüense, el sandinismo siguió teniendo un enorme arraigo popular, tal como lo sugiere el persistente cuarenta por ciento que en cada elección obliga a la derecha a formar alianzas para evitar un regreso del FSLN al poder, o la insistencia de las ciudades del norte, como las legendarias Estelí o Jalapa, en darle la victoria al sandinismo en cada elección municipal. Un arraigo que es a su vez un quiebre, en este caso con el ciclo de deseo y decepción con el que se suelen ver los procesos de cambio desde fuera de fronteras. ¿Por qué esa persistencia? Tal vez una respuesta esté en la combinación de factores que la hicieron única desde el primer día: a la vez que se tenía una voluntad indeclinable de cambiarlo todo, se mantenía un contexto democrático con alianzas impensablemente inclusivas, elecciones plurales, economía mixta, prensa opositora, libertad religiosa.
Luego de esa derrota electoral, la década del noventa fue el momento en que comenzaron a llegar de Nicaragua las peores noticias. Tenían un nombre: “la Piñata”. Con la excusa de que las casas y empresas nacionalizadas no podían dejar a miles de sandinistas en la calle y al FSLN en la pobreza, se aprobaron dos polémicas leyes antes de entregar el gobierno, en las cuales se benefició a los legítimos y justos propietarios de las viviendas que habitaban sin papeles, pero mediante las cuales también se permitió que los dirigentes de la Revolución, con excepciones, comenzaran a enriquecerse a costa de propiedades que eran del Estado. Con la corrupción llegó la decepción y los quiebres y alejamientos del FSLN. También de eso ha pasado casi una década. Enmarcada en esos extremos permanece la atracción de Nicaragua. Una atracción que pauta su cíclica reaparición en el escenario internacional como territorio del deseo y de la decepción.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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09 julio 2004

Los lejanos

Neruda, que escribió toda la poesía, jamás podría haber escrito, sin embargo, una de las líneas más logradas de Rimbaud: “Una noche senté a la Belleza en mis rodillas. –Y la encontré amarga. –Y la injurié”. Todo lo contrario a ese verso es la poesía de Neruda. Por eso en tiempos recientes fue bien visto nombrarlo con la superficialidad del menosprecio. Jugada a lo bello, la poesía de Neruda encuentra detractores en el parnaso casi con la misma facilidad con la que encuentra lectores en las librerías. En cambio Nicanor Parra, con quien, a pesar de las apariencias, Neruda comparte más que patria y aniversario, se protege a sí mismo con el guiño del poeta que se viste de antipoeta, y amparado en el atuendo lanza el golpe bajo de su conocida cuarteta: “Durante medio siglo la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne./ Hasta que vine yo/ y me instalé con mi montaña rusa”. Pérdida de tiempo es oponer a los lejanos.
Así como Parra protege su hueso tras la supuesta simpleza de, pongamos un ejemplo, sus Canciones rusas, Neruda se protege tras la epidermis casi empalagosa de sus ráfagas de imágenes. Casi todo el que escribe poesía se ha escondido alguna vez detrás de uno de esos dos escudos, o ha intentado mirarse en alguno de esos dos espejos. Ya lo hizo Parra antes que nadie: se busca a Neruda como se busca al padre, aunque se esconda la daga del parricidio al pie de página. Pero según dónde se busque será el Neruda que se encuentre. No es recomendable buscar al poeta centenario en la cansadora letanía de sus Odas elementales o de su Canto General. Allí sólo se encontrará al tonto solemne que todo poeta lleva consigo. El verdadero Neruda está en la montaña rusa de los Veinte poemas, escritos con la inalterada maestría de los veinte años, o en Residencia en la tierra, esa joya. Pero las visitas de cárceles son rápidas y el preso sólo tiene un par de frases para convencer al ministro de corte que le reduzca la condena. Démosle esa chance, entonces, al poeta centenario, y dejemos que se defienda de su propia imagen con esa pieza magistral de la poesía política que es “El barco” (en Navegaciones y Regresos) o con su mejor poema de amor, “Rangoon 1927”, contenido en uno de los tomos del Memorial de Isla Negra. Aunque antes de que el lector busque en su biblioteca o pida prestado, y se encuentre o reencuentre con cualquiera de esos dos poemas de Neruda, conviene recordar la advertencia de Parra: “Suban, si les parece./ Claro que yo no respondo si bajan/ echando sangre por boca y narices”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha con motivo del centenario del bardo)

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11 junio 2004

Abuso infantil: oídos sordos

El documento de HRW, titulado "Oídos sordos", realizó entrevistas de campo con los niños y niñas que trabajan en las plantaciones salvadoreñas, y recopiló datos de otras fuentes. Cita un estudio del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la Organización Internacional del Trabajo, donde se afirma que hay unos 5.000 menores directamente empleados en la zafra de la caña de azúcar en El Salvador. Otros estudios han concluido que otros 25.000 están “indirectamente involucrados”, es decir “que acompañan a sus padres o familiares y les ayudan en los diferentes trabajos en la zafra".

Las investigación constata que la edad de los trabajadores comienza a los 9 años, en jornadas que comienzan a las cinco y media de la madrugada, aunque en muchos casos se deben agregar dos horas de caminata desde las humildes comunidades campesinas en las que habitan los niños empleados en labores que, aún para un adulto, resultan sumamente duras. “Hay un alto nivel de riesgo en el azúcar”, dijo Benjamin Smith, principal asesor técnico de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en El Salvador, citado por el informe. El experto señaló, entre otros riesgos, la acción directa de los rayos del sol, los accidentes con machetes y otras herramientas afiladas, y la inhalación de humo y quemaduras en los pies resultantes de la práctica de quemar la caña antes de cortarla.

Estas tareas además de ser peligrosas son ilegales, ya que El Salvador ha ratificado los principales instrumentos que protegen a la infancia. La Convención sobre los Derechos del Niño prohíbe que los niños desempeñen cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo. Según recuerda HRW, el trabajo infantil en el cultivo de la caña de azúcar también puede considerarse "una de las peores formas de trabajo infantil", según las disposiciones del Convenio 182 de la OIT sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación.

Abusos en el Congo

Los abusos contra menores no son una exclusividad de El Salvador. Como “vergonzosos secretos sexuales en la República Democrática del Congo”, titula la cadena británica BBC su informe sobre abusos a menores en ese país. Elaborado por la periodista Kate Holt, se basa en testimonios de niñas que habitan el campo de desplazados de Bunia, las cuales en algunos casos son a la vez madres. “ Si voy a ver a los soldados por la noche y duermo con ellos, a veces me dan comida, tal vez una fruta o un pastel”, explica una niña de 13 años cuyo testimonio abre el reporte de la BBC.

Lo que allí se afirma es muy delicado, ya que, como destaca Holt, no se trata de soldados que integren las milicias rebeldes, de las que existe un amplio prontuario de abusos sexuales contra población civil. Lo alarmante es que los soldados a que se refiere la niña son algunos de los cascos azules de Naciones Unidas que supuestamente están a cargo de la protección de sus derechos.

La periodista británica cita declaraciones de una niña, Faela, quien dice que “es fácil llegar a (algunos) soldados de la ONU. Nosotras saltamos la valla cuando oscurece, a veces una vez por noche, a veces más”. Durante una estadía de cinco días en el campamento, Holt entrevistó a unas 30 niñas, “la mitad de las cuales admitieron que cruzaron los límites adentrándose en las instalaciones de la ONU”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en junio de 2004)

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14 noviembre 2003

En el pueblo de Pedro Páramo I

Cuando Juan Rulfo llegó a Comala, el pueblo mexicano en el que unos años atrás había situado la acción de Pedro Páramo, nadie lo recibió triunfalmente. Encontró caras adustas, silencio, y una atmósfera de rechazo de la que trató de refugiarse en la casa parroquial. El cura lo invitó a sentarse y conversar de asuntos de familia. No lo recibía como escritor sino como pariente. Al fin de cuentas, él fue quien le hizo conocer Comala, y fue en su casa en la que pasó algunas vacaciones que le dieron la inspiración necesaria para escribir Pedro Páramo.

Frente a la iglesia está la plaza. Y frente a la plaza una galería colonial en la que se suceden la oficina del alcalde y algunos comercios. A la sombra de esa galería estaban reunidos los hombres jóvenes del pueblo, hablando de la visita que para algunos resultaba indeseable. No les había gustado que Rulfo poblara su pueblo de fantasmas. En eso estaban hasta que aquel que tenía más ascendencia entre todos, y que se había mantenido callado, como era su costumbre, alzó la vista, los miró de a uno, y aprovechando el silencio que su mirada acababa de labrar les dijo: "Vamos a saludar al señor Rulfo". Ahogó las voces de protesta con el argumento de que "gracias al señor Rulfo Comala entró en la historia de la literatura mexicana".

Tal vez las cosas no ocurrieron exactamente como acaban de ser contadas. Pero así la recuerdan sus protagonistas, sentados a la sombra de la misma galería en la que estaban cuando resolvieron romper el hielo con el que el pueblo estaba castigando al partero de su posteridad. El que motivó a los otros escucha el relato; no puede evitar que se le note un gesto de satisfacción mientras calibra el efecto que las palabras de sus paisanos producen en los oídos del forastero. Hoy es un personaje político del lugar. "Acá, él es el tigre", dice el más locuaz de los narradores para rematar su historia. Al ver que los demás lo miran en busca de su aprobación, sonríe y desestima el halago. "No, apenas un gatito".

Muchos de los que estaban dispuestos a aplicarle el código de silencio a Juan Rulfo, ofendidos porque el pueblo de muertos de Pedro Páramo era su Comala, hoy se han convertido en los principales defensores de esta tesis. Para comprender el motivo hay que estar en Comala entre las tres y las cinco de la tarde. Es en ese horario en el que se entiende qué es lo que hacen esos tres restaurantes con capacidad para unas cien personas cada uno, ubicados frente a la plaza de un pueblo minúsculo situado a unas quince horas de la capital mexicana. Un pueblo casi desierto hasta la hora en que, movidos por una extraña sincronía, llegan ómnibus de turismo y coches particulares, desembarcando en Comala a decenas de personas. Los restaurantes se animan con la música de mariachis, y sirven comidas o las célebres "cervezas a la Comala". En realidad allí se piden simplemente como cervezas, pero en el resto del país se les agrega el apellido que indica el origen de una costumbre según la cual, con cada botella, el mozo acerca a la mesa una serie de platitos con tacos, bacadillos y menudencias. Pero son sólo un par de horas. Al irse los fugaces visitantes, el pueblo vuelve a su calma de siempre. Probablemente estos fugaces visitantes no van a Comala en busca del recuerdo de Juan Rulfo. En todo caso, y por las dudas, nadie quiere matar a la gallina de los huevos de oro. Por eso la posibilidad de que Comala no sea Comala, es una historia de la que no se habla.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 14 de noviembre de 2003)

==Primera parte de tres

* 2- En el pueblo de Pedro Páramo II
* 3- En el pueblo de Pedro Páramo III

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22 noviembre 2002

Sertao, 1910

El título original de la película de Salles es la traducción literal de la novela de Kadaré, Abril Despedaçado, aunque a Montevideo llegó como Detrás del sol, debido a la versión internacional del filme: Behind the sun. La historia trata sobre las venganzas de sangre entre dos clanes del sertao brasileño de principios del siglo pasado, los Ferreira y los Breves, eligiendo el punto de vista de dos hermanos de esta última familia, la más pobre, uno de los cuales debe cargar sobre sus hombros el peso de la vendetta.

Tal como se asegura en las notas de producción, el director tomó muy en cuenta para su película otro libro, este escrito en Brasil en los años ’40: Lutas de Família no Brasil, de Luiz Aguiar Costa Pinto. Analizando algunos enfrentamientos interclánicos paradigmáticos del Brasil de comienzos del siglo pasado, como el ocurrido entre las familias Pires y Camargo, en San Pablo, o el que enfrentó a las familias Feitosa y Montes, en Ceará, el libro de Costa Pinto hace una radiografía de un código que en algo se parece al albanés, aunque está menos estructurado y parece carecer de la honda raíz histórica de su antecedente balcánico. Más que una opción ancestral, las “luchas de familia” brasileñas aparentan ser una reacción de los habitantes de las zonas campesinas ante la ausencia de una autoridad legal capaz de impartir justicia.

Comparando el libro de Kadaré y el de Costa Pinto, las venganzas de sangre balcánica y sudamericana coinciden en aspectos centrales, tales como el convencimiento de que si no se venga la muerte, la desgracia recaerá no sólo en el dorera, para usar un término albanés, sino sobre el clan en su conjunto. Más allá de estos aspectos normativos, que por otra parte parecen bastante lógicos en el caso de un código de honor, lo que más asombra son algunas similitudes rituales que se producen a pesar de las indudables diferencias culturales entre los habitantes del sertao brasileño y los del Rrafish albanés. En este aspecto, el principal punto de contacto es el alto valor simbólico que se le otorga a la ropa que la víctima vestía en el momento de su muerte. Escribe Costa Pinto: “si es una lucha de sangre entre familias, exhiben las ropas ensangentadas del difunto, viven en luto permanente, permanecen en su casa lamentando noche y día la muerte de su pariente y recordando exageradamente sus cualidades. Así se alimentan la nostalgia, el remordimiento y el deseo de venganza”.

Una afirmación que adquiere su correlato en la novela de Kadaré: “Decían que cuando las manchas de sangre de la camisa comenzaban a amarillear era signo evidente de que el muerto se inquietaba por no haber sido aún vengado (...) Las estaciones frías o cálidas influirían sobre el color de la sangre seca, la clase de tejido también, pero a nadie le importaría nada de eso, y cualquier transformación sería interpretada únicamente como un misterioso mensaje, que nadie se atrevería a poner en duda”. Las camisas ensangrentadas, según averiguó el propio Salles a sugerencia de Kadaré, aparecen ya en la Orestíada de Esquilo y fueron utilizadas por los habitantes de Creta como elementos fundamentales para la comunicación con aquellos que hubieran sido asesinados. Por lo tanto tenían un valor fundamental en la venganza de sangre desde los tiempos de la Grecia clásica.

==Sexta parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 3- Belgrado, 2001
* 4- Tirana, 1978
* 5- Cumbres malditas
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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20 noviembre 2002

Todas las fronteras del mundo

Sumergirse en la realidad del país más pobre de América, puede implicar un golpe tan fuerte que la experiencia se tiñe de una irrealidad casi onírica, mientras se recorren los jirones del viejo esplendor de la perla más preciada del imperio colonial francés. En Haití, cada imagen es una frontera.

Quienes llegan por avión a la isla de La Española, que Haití comparte con República Dominicana, aseguran que la división entre ambos países puede adivinarse desde el aire. La porción verde es República Dominicana, el gris amarronado es Haití. La postración económica de la ex colonia francesa prácticamente acabó con la vegetación. Los dominicanos comentan con cierta amargura que su propia crisis, o el pasaje furtivo de la frontera que realizan los contrabandistas de carbón vegetal, ya han ido desdibujando este remedo cartográfico. Pero si se arriba a Haití por vía terrestre, el impacto es todavía más fuerte.

La capital dominicana, Santo Domingo, tiene ciertos destellos de prosperidad, algunos basados en el auge de la construcción de infraestructura turística, otros que surgen de las inversiones realizadas en algunos monumentos de la ciudad antigua, como consecuencia de las celebraciones del quinto centenario de la llegada de Colón. Esto cambia apenas se sale de la ciudad y se pasa por los barrios de lata que se apretan en los cerros circundantes, o por las comunidades campesinas salpicadas entre los platanales. Pasan las horas y a medida que se acerca Haití, la pobreza se vuelve más extrema. Los signos de la modernidad relativa de Santo Domingo van dejando paso a pequeños poblados que muestran, al borde de la ruta, unos curiosos coliseos de madera reservados a las riñas de gallos. Unos kilómetros antes de llegar a la línea divisoria, la carretera simplemente se extingue, y es sustituída por un pedregal bordeado de casuchas miserables. El trayecto se hace trabajoso y el lado dominicano se parece a cualquier zona fronteriza de cualquier empobrecido país de América Central.

Pero a pesar de ese prólogo, que supuestamente debería preparar al viajero para llegar al país más pobre de América, no es posible estar listo para el impacto que se recibe al ingresar en Haití. Decenas de personas esperan el paso del ómnibus detrás de una pesada reja de metal verde, que sólo se abre para permitir la entrada o salida de los vehículos. Están prácticamente colgadas del portón. Un guardafronteras lo abre y el ómnibus traza una herida entre la muchedumbre, por la que avanza lentamente. Las imágenes se asemejan a la Ruanda de los noticieros. Niños negros, desnudos, mirando con los ojos desorbitados. Una enramada desvencijada bajo la cual decenas de mujeres -la piel sobre los huesos- dan vida a una feria fronteriza en la que los puestos, montados sobre estructuras de madera blanqueada por el sol y la lluvia, casi no tienen nada que ofrecer en sus cuarteadas mesas vacías. Una impresión de estar entrando en un lugar donde la pobreza extrema es la norma. A diferencia de otras, la frontera haitiana no es un lugar por el que se pasa, sino que es un lugar al que se entra.

==Primera parte de cinco

* 2- Puerto Príncipe
* 3- El brillo perdido
* 4- Petion-Ville
* 5- El Oloffson de Green

(Publicada en el semanario Brecha, de Uruguay, 2002)

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12 julio 2002

Ilegales en su propia isla (I)

La vieja isla de Ayití, hoy está dividida en dos países: Haití y República Dominicana. El ingreso per cápita de los dominicanos cuadruplica al de sus vecinos, lo que hace que miles de haitianos crucen la frontera en busca de un futuro mejor. Del otro lado, además de las plantaciones azucareras, los espera una larga historia de rechazos y deportaciones arbitrarias.

Exactamente al mediodía se desató sobre Santo Domingo una lluvia de proporciones bíblicas. La cortina de agua le daba un aire irreal a la ciudad. Sin un buen sistema de bocas de tormenta, las calles laterales se fueron desbordando rápidamente y ya no era posible distinguir las veredas. En la rambla, el viento agitaba las palmeras. Refugiados precariamente debajo del alero de una parada de autobuses, los dos desconocidos comenzaron hablando, inevitablemente, del clima. Agotado el tema por la fuerza de la evidencia empírica, los enormes carteles de propaganda electoral focalizaron la conversación. En especial uno de ellos, que fue el que primero llamó la atención del forastero. Sobre fondo rojo se veía a un candidato entrado en años, de cuello de boxeador, que en letras blancas proclamaba: “Yo arreglo esto”.

-Optimista el hombre, ¿no?
-¿Ese? Ese no sirve.
-¿Y cuál sirve?
Con un gesto de cabeza mostró a su preferido. No utilizó ese movimiento lateral que señala cabeceando, tan usual en el Río de la Plata, sino que lo señaló con la pera, a la caribeña. Moviendo su cabeza de abajo hacia arriba indicó un anuncio en el que se lee “vote blanco” junto a la fotografía de un candidato negro: José Francisco Peña Gómez.

La imagen de este político también se puede ver en la Feria del Libro, que por esos días de mayo está ubicada en un parque céntrico de Santo Domingo, originando un caos de tráfico que es la pesadilla anual de los automovilistas. Una de las novedades del año es un libro que tiene en la portada una vieja fotografía de un Peña Gómez jovencísimo, con el torso prácticamente volcado sobre una suerte de pupitre, mirando con atención un punto indefinido, tal vez el estrado desde el que está siendo acusado por un funcionario de la dictadura de Trujillo. Junto al escrito testimonial de Peña Gómez, el mismo stand muestra un clásico de la literatura política dominicana, El Río Masacre se cruza a pie, sobre una de las históricas persecuciones de haitianos por parte de autoridades dominicanas. Últimamente, esos hostigamientos han asumido la forma de redadas del Departamento de Migración, y varias de ellas han coincidido con épocas electorales.

Un informe de derechos humanos de 1996 aseguró: “con repetidas referencias a los antepasados del candidato dominicano negro José Francisco Peña Gómez, los candidatos en liza argumentaban que 100.000 nacionales haitianos estaban ilegalmente inscritos en los censos de votantes. En las semanas que precedieron a las elecciones, cerca de 5.000 presuntos haitianos fueron deportados”.

Si bien no existen cifras confiables sobre el número de haitianos y domínico-haitianos que viven actualmente en la República Dominicana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, citando a las autoridades de inmigración dominicanas, informó en 1999 que entre 500.000 y 700.000 personas de origen haitiano estaban viviendo en ese país. Algunos jerarcas, como el Jefe del Ejército, Manuel Polanco Salvador, a mediados del año pasado hablaban de “un millón más o menos”. Cálculos extraoficiales sugieren que al menos la mitad de estas personas nacieron en la República Dominicana. De los nacidos en Haití, sólo cuatro mil estaban en situación legal, con una visa o un permiso de trabajo. Según las autoridades dominicanas, muchos miles de haitianos han traído papeles de identidad falsos, lo que complica la tarea de distinguir a los residentes y ciudadanos legítimos de los inmigrantes indocumentados.

Aunque el lado dominicano de la isla corresponde a un país latinoamericano con dificultades económicas, el abismo que separa a ambos vecinos empuja a muchos haitianos a cruzar la frontera. No los separan solamente 380 kilómetros de línea limítrofe, sino también, y esencialmente, la distancia existente entre el ingreso per cápita de los dominicanos, que en el 2001 era de 2100 dólares, y el de los haitianos, situado en los 510 dólares.

==Primera parte de cinco

* 2- Parte II
* 3- Parte III
* 4- Parte IV
* 5- Parte V

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2002)

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25 enero 2002

El Plan Colombia (I)
El cascabel y el gato

Los acuerdos del domingo pasado destrabaron, al menos hasta abril, un trabajoso proceso de paz que desde hace un año tiene un nuevo actor: el polémico Plan Colombia, patrocinado por Estados Unidos. Una respuesta con un fuerte componente militar, que ahora se quiere usar también contra la guerrilla.

El 13 de julio de 2000, el entonces Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, sancionó una ley del Congreso que consagraba el “Plan Colombia: Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado”. Una iniciativa elaborada en conjunto con el gobierno colombiano y que era presentada como un esfuerzo integral para dar reespuestas de fondo a los grandes problemas colombianos: la guerra interna, el narcotráfico, la fragilidad institucional y la crisis económica. Hoy la polémica está instalada alrededor de su capítulo de ayuda militar. El gobierno colombiano solicitó poder usar las armas del Plan Colombia también contra la guerrilla. En Estados Unidos no hay consenso. La presencia de un antiguo asesor de Reagan al frente de los asuntos hemisféricos en la administración Bush podría hacer pensar en una respuesta favorable, pero otros sectores de poder, cuyas opiniones pueden leerse, por ejemplo, en la página editorial de The New York Times, opinan que esa medida no ayudará a la pacificación y que el verdadero problema es la entente Ejército-paramilitares.

La polémica también se ha instalado en Colombia. Mientras el gobierno defiende su estrategia combinada de negociar la paz, prepararse para la guerra y atacar el narcotráfico en base a los lineamientos del Plan Colombia, existe una corriente académica que opina que esta iniciativa tiene más de maquillaje que de sustancia. La pregunta ya no es, entonces, quien le pone el cascabel al gato, sino que, tanto en Estados Unidos como en Colombia, hay cada vez más voces que se preguntan si estamos ante el cascabel más conveniente para una paz duradera y, a la vez, no queda claro si todos quienes participan del debate están hablando del mismo gato.
Por el momento Colombia está un poco más cerca que hace quince días, cuando una crisis en la negociación hizo temer el final de la zona de despeje y el reinicio de las hostilidades. Este último domingo se acordó entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia, FARC, extender hasta el 10 de abril la vigencia de la zona desmilitarizada que ocupa la guerrilla, y dar plazo hasta el 7 de ese mismo mes para debatir una tregua general y temas de fondo.

==Primera parte de cuatro

* 2- Una estrategia cuestionada
* 3- Empuje al Sur
* 4- El factor Reich

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

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18 enero 2002

Colombia: la paz en el filo de la guerra

Los tres años de la zona de despeje, la apuesta más arriesgada de la estrategia de paz del presidente Andrés Pastrana, pudieron haber terminado en fracaso y Colombia pudo haber entrado de lleno en la guerra abierta entre el ejército y la guerrilla.

El 29 de setiembre del año que acaba de terminar, mientras el mundo estaba pendiente de las consecuencias, en ese momento inciertas, de los atentados a las Torres Gemelas, en Colombia se estaba produciendo un hecho que meses después pondría al país al borde de la guerra. El grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) asesinaba a la ex ministra de Cultura, Consuelo Araujo Noguera, conocida como ‘la Cacica’, luego de haberla secuestrado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Una fuente gubernamental citada por la revista colombiana Cambio, aseguró que ahí se inció la crisis más grave que ha vivido el proceso de paz impulsado por la administración Pastrana. Ese episodio agitó los fantasmas de otra ejecución, la del ex ministro Argelino Durán, ultimado por las Farc en 1992, que llevó al entonces presidente César Gaviria a finalizar abruptamente el diálogo con la guerrilla que se estaba desarrollando en México.

A pesar del impacto que causó la muerte de Consuelo Araujo Noguera (foto), seis días después de ocurrida se logró firmar el Acuerdo de San Francisco de la Sombra, que retomaba la línea de negociación surgida en febrero de 2001 en el llamado Acuerdo de Los Pozos. Los nubarrones, sin embargo, no se despejaron totalmente. Se avanzó en la búsqueda de un alto al fuego de seis meses, pero surgió el escollo de los controles alrededor de la zona de distensión.

En octubre, ya con las bombas estadounidenses cayendo sobre Afganistán, el proceso de paz colombiano entró en lo que parecía ser una crisis definitiva. La causa circunstancial de este empantanamiento fueron los vuelos de aviones sobre el área de distensión, pero había motivos de fondo que tenían que ver con qué elementos del plan de paz son negociables y cuáles no.

==Primera parte de cinco

* 2- Los controles de la discordia
* 3- Momento crítico
* 4- El fiasco y el engaño
* 5- Breve cronología del diálogo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

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23 marzo 2001

Nicaragua: tres instantáneas de la posguerra (1)

Jalapa

Para los habitantes de Jalapa el sonido de la vieja motocicleta de Ramón Rivera se parece al batir de alas del ángel de la muerte. Ramón Rivera nunca le hizo daño a nadie. Ni siquiera está de acuerdo con la venganza. Acodado sobre una mesa de madera en su taller de fabricación de guitarras, este hombre de hablar pausado parece dotado de una rara paz espiritual. En realidad se trata de una amargura que a pesar del tiempo transcurrido no se le ha quitado del rostro. Dotado de una inusual habilidad para construir unas guitarras que -según los entendidos- tienen un sonido perfecto, Ramón Rivera toca en un cuarteto de músicos que lleva el nombre de un sacerdote asturiano que murió combatiendo en las filas del Frente Sandinista, Gaspar García Laviana. Tres años les costó a los otros músicos convencerlo de que aceptara ocupar el lugar que era de su hermano, Cristino, asesinado a golpes de machete, por la espalda, en la puerta de su casa. "¿Que cómo se hace para convivir con el dolor? Es como cuando se trabaja la tierra. Primero se lastiman las manos y sangran. Después se forman callos". A pesar del tiempo transcurrido, la corona de flores de plástico que acompañó el entierro de Cristino todavía está en el living de la sencilla casa de los Rivera. Pero nada de eso tiene relación con el sonido de la vieja motocicleta con aspecto de reliquia de la Segunda Guerra Mundial. Ese ruido todavía espanta en varios kilómetros a la redonda, ya que Ramón Rivera era el encargado de llevar la noticia a las familias de los adolescentes que morían cumpliendo su Servicio Militar durante la guerra entre los sandinistas y la 'contra'. Todavía hoy existen quienes culpan al mensajero de la suerte de su hijo. Ese dolor es el que se lee en el rostro de Ramón Rivera.


Jalapa no es una excepción. Toda Nicaragua vivió durante los últimos sesenta años de su historia -desde que Somoza mandó fusilar a traición a Augusto Calderón Sandino luego de haber firmado la paz, hasta el más reciente asesinato en el colombianizado triángulo minero- temiendo escuchar el sonido de la motocicleta de Ramón Rivera. Paradojalmente son las vetustas minas de oro de Siuna, Bonanza y Rosita, que fueron el símbolo de la lucha de Sandino contra la invasión de Estados Unidos en los años treinta, las que hoy se convirtieron en teatro de operaciones de la violencia contra los empobrecidos campesinos del área por parte de los narcotraficantes locales que responden al cartel de Sinaloa. Pero nada es sencillo en un país en el que se mezclan tantos años de enfrentamientos y tantas lealtades cruzadas. Este artículo, que no pretende explicar el fenómeno, muestra tres instantáneas de esa realidad. Una de 1992, tomada en una zona en la que los sandinistas son una fuerza marginal, casi simbólica. Otra de 1995 y procedente de una aislada población del noreste, cercana al triángulo minero. La tercera es del 2000, y ya no procede de una experiencia directa del autor de la nota sino que refleja la investigación de dos sociólogos sobre la violencia campesina y recoge crónicas de la prensa de aquel país. Las tres pueden ser vistas como ejemplos de una violencia que se ha transformado en atemporal.

==Primera parte de tres

* 2- Parte II
* 3- Parte III

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en marzo de 2001)

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29 septiembre 2000

Retrato de escritor con vicepresidencia

Una orden de canje por dos botellas de ron Cañita fue el primer premio literario ganado por Sergio Ramírez. Tenía once años y lo obtuvo al enviar un guión para el programa de Don Cándido Suave y Doña Robustina Roncafuerte, que se emitía a mediados de los cincuenta por Radio Mundial de Managua. Por esa misma época apareció en letra de molde su primer cuento, que recreaba una leyenda popular de aparecidos y fue publicado por La Prensa Literaria. "Mi nombre estaba allí, y no sé porqué me llené de horror, y de vergüenza, como si se tratara de un pecado capital que había sido revelado a todos para mi desgracia; y ya me decidía a esconder el periódico, o a huir, cuando una empleada llegó de parte de mi abuela Petrona a proclamar la noticia como si de tratara de una alegre catástrofe", escribe en Retrato de Familia con volcán.

Quien visite Masatepe, el pueblo natal de Sergio Ramírez, puede reconstruir la escena al detalle y no se equivocará por mucho. El pueblo conserva su antiguo ritmo de provincias, con sus casas de techo de tejas y pisos siempre relucientes, con la sala ventilada y en semipenumbras para sentarse en una mecedora a la hora en la que el calor hace difícil estar en la calle. Basta con preguntar a cualquiera para enterarse enseguida de dónde queda su casa materna. En la respuesta resultará fácil descubrir la dicotomía entre el orgullo local que se siente por el Ramírez escritor, y la aceptación o el rechazo que se tiene, según el color de cada quien, por el Ramírez político. Recorrer Nicaragua en las semanas previas a los comicios presidenciales de 1996 equivalía a recoger las evidencias de la inevitable debacle electoral de Sergio Ramírez. Integrante de la Junta de Gobierno en 1979 cuando el dictador Somoza fue derrocado por la guerrilla, vicepresidente del país desde 1984 a 1990, y jefe de la bancada de izquierda cuando le tocó estar en la oposición de 1990 a 1994, Ramírez dejó el Frente Sandinista (FSLN) en 1995 y fundó el Movimiento Renovador Sandinista. Esa ruptura se hizo evidente durante un Congreso partidario realizado en el Centro de Conferencias Olof Palme. Para muchos, una ruptura previsible.

Pero lo que se leía en las conversaciones cotidianas de la Nicaragua de 1996 era más diáfano todavía. Nadie parecía estar con Ramírez, como efectivamente casi nadie estuvo el día de las votaciones. Un episodio más en un proceso político con características únicas: una revolución armada dirigida por una guerrilla marxista, que colocó a sacerdotes en ministerios claves, que no aplastó totalmente las libertades, que realizó profundas reformas económicas y sociales en un país sumido en la miseria, y que entregó el poder cuando perdió unas elecciones democráticas.

De perseguido político a vicepresidente del país, de jefe de la bancada de izquierda a excomulgado por el partido que ayudó a consolidar en el poder, Sergio Ramírez es uno de los testigos más lúcidos de la Nicaragua de hoy; o al menos uno de los que puede contar la historia desde la perspectiva de quien estuvo en el poder y, sin renegar de sus convicciones, sí reniega de sus anteriores compañeros de ruta. Esa visión es la que ilumina su libro Adios muchachos (Aguilar, Madrid, 1999, 291 páginas, aún no disponible en Montevideo), que apareció en España y México en setiembre de 1999 . Pero como si el acto de contar el lado más público de su vida lo hubiera llevado a buscar más atrás en sus memorias, Ramírez tiene un nuevo libro en preparación, en el que rescata historias de su familia y de su niñez. Se titulará Retrato de familia con volcán, y ya se han conocido algunos adelantos.

==Primera parte de cinco

* 1- Retrato de escritor con vicepresidencia
* 2- Niño estrábico con lentes.
* 3- La música, los libros y la risa .
* 4- La margarita.
* 5- FSLN: Amargura e inocencia.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el suplemento El País Cultural, de Montevideo - 29 de setiembre de 2000 -- Foto del autor)

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