25 junio 2012

Primavera con espinas

Roberto López Belloso

Acosada por un mozo de bar en plena tarde. Manoseada por un delivery que inopinadamente la vio pasar por la calle y detuvo su moto. Atacada a las nueve de la mañana enfrente a la embajada de Rumania. Agredida en el mercado dominical en la sección de mascotas. Esperando el ómnibus junto a su esposo. Saliendo de la universidad junto a dos amigos, los cuales fueron brutalmente golpeados por intentar defenderla. Las situaciones más variadas son campo fértil para el acoso sexual en Egipto, una amplia gama de agresiones que en la mayor parte de los casos incluye la imposición del contacto físico. Ahora se debe agregar la más paradójica de las situaciones: la agresión por parte de una turba a un grupo de mujeres que protestaban en la célebre plaza Tahrir para que el fin de la violencia sexual no quedara en el debe de la primavera árabe.

El Centro de estudios feministas Nazra hizo público un comunicado en el que expresó su “profunda preocupación con respecto al alto índice de acoso y violencia sexual en contra de mujeres manifestantes en la Plaza Tahrir” ya que “pueden estar llevando a algunos a creer que esas prácticas tienen la finalidad de excluir intencionalmente a las mujeres de las manifestaciones y las protestas”.
A tono con esa preocupación, Global Voices reprodujo el testimonio de una joven, Adeena Adel, quien dijo ser “una de las muchas, muchas mujeres que ha dejado de ir a Tahrir casi completamente porque estoy demasiado exhausta de lidiar con el acoso sexual”.
Aunque analistas como Juan Cole o Philip Brenan atribuyen estos ataques a un intento de los partidarios del candidato de los militares de minar el movimiento democrático, el problema (o “cáncer social”, para usar el mismo calificativo que utiliza el Centro Egipcio por los Derechos de la Mujer, ECWR) no es nuevo. Ni en Tahrir ni en la sociedad. Al sonado caso de la periodista de CBS Lara Logan, abusada sexualmente durante las protestas en la propia plaza y ante las narices del equipo de su televisora, se suma una estadística escalofriante. Un estudio del ECWR detectó que el 83 por ciento de las egipcias ha sido víctima de acoso. De estas, la mitad ha sufrido “manoseos” y un 38 por ciento “abusos verbales”, todo esto en reiteradas oportunidades, al punto que un tercio de las encuestadas declaró sufrirlo “casi a diario”. Las violaciones, según la prensa oficialista, alcanzan las 40 mil al año, cifra considerada como subregistro dado que menos del 7 por ciento de las egipcias dijeron denunciar los abusos sexuales de que son víctima.
La productora y camarógrafa de CNN Mary Rogers, que viven en el país desde 1984, no necesita encuestas para asegurar que “si eres una mujer que vive en Cairo, es muy probable que hayas sido acosada sexualmente. Ocurre en las calles, en autobuses concurridos, en el trabajo, en las escuelas, e incluso en consultorios médicos”. Y agrega: ”yo hablo por experiencia propia”.
Para Amnistía Internacional el asunto ha adquirido los ribetes de una “epidemia” cuya propagación se alimenta por el “clima de impunidad” que lo rodea. En un intento por defenderse los colectivos de mujeres han creado sitios para mapear el abuso (http://harassmap.org) y realizado denuncias internacionales. Su lucha, al parecer, será más difícil que la de quienes buscan consolidar el cambio político.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de junio de 2012)

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22 junio 2012

El juicio de Osiris

por Roberto López Belloso

Las elecciones presidenciales debían ser la etapa final de la transición egipcia luego que la versión cairota de la Primavera árabe terminara con tres décadas de gobierno de Hosni Mubarak. La disolución del parlamento el jueves 14 y la dilación en entregar los resultados de la segunda ronda de los comicios realizada el domingo 17, hacen temer que se esté ante un retroceso de varios casilleros.

Si el Cid campeador pudo ganar su última batalla estando ya sin vida, vestido su cuerpo con su armadura y exhibido así, a grupas de la invencibilidad, para espanto de sus enemigos, parecería que Hosni Mubarak, para hacer su último fraude, tuvo que morir al menos un poco.
Cuando la junta militar decretó el miércoles 20 el fallecimiento clínico de Mubarak, el anuncio fue interpretado por algunos analistas como una cortina de humo para distraer la atención de la opinión pública de los retrasos en la proclamación del vencedor en las contestadas elecciones del domingo 17. Esta teoría ganó credibilidad cuando tanto la familia como el abogado del ex dictador desmintieron el carácter terminal de sus estado y dijeron esperar una mejoría en las próximas 72 horas. ¿Qué tanto importa eso, a fin de cuentas, si se está ante una pulseada electoral entre los Hermanos musulmanes que ayudaron a derrocarlo y los militares que no hicieron nada para mantenerlo en el poder? Simbólicamente mucho.
Los Hermanos Musulmanes parecen necesitar que el ex dictador no muera del todo, ya que su planteo de que las maniobras electorales y de cambios institucionales de los uniformados implican un “mubarakismo sin Mubarak” gana en impacto si el ex hombre fuerte sigue viviendo, aunque sea con ayuda. Por el mismo motivo, a los militares les sirve el camino opuesto.
En su columna para The New Yorker Lawrence Wrigth recomendó a Obama: “con Hosni Mubarak con respiración artificial, es tiempo de que Estados Unidos desconecte su apoyo a este régimen militar antidemocrático”.
En un gesto que parece estar destinado a ayudar a Washington a tomar la difícil decisión, los Hermanos musulmanes descartaron seguir el camino de la guerra civil, incluso en el caso de que se materialice el fraude en contra de su candidato a la presidencia, Mohamed Morsi quien, aseguran, derrotó el domingo pasado al candidato de los militares, Ahmed Shafiq, ex premier de Mubarak.
Pero Shafiq también se declaró ganador. De oficializarse la proclamación del ex premier sería el segundo golpe político que recibirían los islamistas en pocos días. El primero fue la disolución del parlamento el jueves 14 debido a un vericueto legal con el que se frenó la asunción de funciones de un legislativo que los hubiera tenido como la mayor de las bancadas.
El legislador que ahora estaría ocupando la presidencia de ese órgano, Saad Katatni (foto), dijo en declaraciones a la agencia EFE que “estamos dando una batalla legal a través de las instituciones y una batalla popular en la calle”. Y recalcó: “ese es el límite” ya que “el pueblo egipcio no está armado”.
Esta pulseada parece haberse transformado en una virtual “tercera vuelta” de las presidenciales egipcias que ya desde la primera ronda habían resultado problemáticas y confusas.
Ese primer turno fue el 23 y 24 de mayo cuando se presentaron 12 candidatos a consideración de los electores. Como era previsible ninguno logró la mayoría absoluta y pasaron al balotaje Mursi, con un 24,8 por ciento de los votos, y Shafik, con el 23,7 por ciento. En un cercano tercer lugar, con el 20,7 quedó Hamdeen Sabbahi, un laico que en su momento fue perseguido tanto por Mubarak como por su antecesor Anwar el Sadat.
Haizam Amirah Fernández, del Real Instituto Elcano, de España, destacó que en los comicios de mayo hubo una abstención del 46,4 por ciento. Eso implica que “el futuro presidente de Egipto sólo habría conseguido en torno al 11% del total de votos potenciales en la primera vuelta, lo que refleja un apoyo muy minoritario del conjunto de la población”.
Haizam Amirah opinó que los dos candidatos que compitieron en segunda vuelta representan “la combinación que más puede polarizar a la sociedad egipcia a corto plazo, y es vista por los sectores revolucionarios como el peor escenario para la transición democrática del país”. En esta frase los revolucionarios son considerados los sectores que participaron de las protestas de la plaza Tahrir que fueron parte de la primavera árabe, movimiento del que los Hermanos musulmanes se habrían mantenido al margen. Una mirada similar es la que tiene el periodista de El País de Madrid, y ocasional colaborador de Brecha, Javier Valenzuela, quien escribió el domingo pasado que “las esperanzas de Tahrir han ido desvaneciéndose, sustituidas por la amarga constatación de que los nuevos faraones surgirán de alguna de las dos fuerzas reaccionarias clásicas del valle del Nilo: militares e islamistas”.
En cuanto a Mubarak, que el sábado 2 había sido sentenciado a cadena perpetua por la represión contra los manifestantes de Tahrir, ahora se prepara para enfrentar otra sentencia, la pautada en el Libro de los muertos. Según lo que demore su agonía –que a esta altura es una carta política– Anubis lo conducirá al juicio donde Osiris verá si su corazón aguanta el peso de una pluma. Parece difícil.

(Artículo publicado en Brecha el 22 de junio de 2012)

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29 diciembre 2011

Balance incompleto: El año de la indignación


Roberto López Belloso

Un zapato envuelto en el polvo de tres décadas y media asomando en la excavación de los antropólogos. Parece un detalle minimalista. Tiene, sin embargo, la materialidad de lo definitivo. Lo que reveló la aparición de los restos de Julio Castro -en la foto- (las características de la ejecución, el lugar donde fue encontrado, la imposibilidad de inscribirlo en la devaluada “teoría de los dos demonios” o en la “lógica de los combatientes”) fue elocuente en muchos planos. Y para muchas audiencias. Tal es así que parece haber abierto varias compuertas (“conciencias que estaban dormidas”, dijo el secretario de la presidencia) para que la información sobre los desaparecidos empiece a fluir desde los militares que estuvieron involucrados en los hechos.
En Uruguay fue el hecho clave de un 2011 que en términos de derechos humanos estuvo pleno de episodios significativos. A nivel político y jurídico fue el año del fin práctico de la ley de impunidad. Pero también fue el año de las denuncias masivas de las víctimas de la dictadura, incluyendo las denuncias de mujeres que, con su rostro y su nombre, pusieron en la agenda pública por primera vez (al menos con esa contundencia) el tema de la violación y el abuso sexual por parte de las fuerzas de seguridad de entonces.

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Fuera de fronteras el 2011 comenzó pautado por la llamada primavera árabe. Rebeliones de masas cansadas del autoritarismo de décadas, no libres de la contaminación del oportunismo político de algunos y de incidencias externas no siempre claras. El primero en sacudirse el yugo de una familia que actuaba como si un país fuera su propia hacienda, fue Túnez. Comparativamente el tunecino, tal vez por ser el primero, sería el más pacífico de esos procesos y también el que llegaría, dentro de los límites artificiales del año, a completar la convocatoria y realización de elecciones, así como el encarcelamiento e inicio del juicio al dictador. Luego vino la fuerza arrolladora de las manifestaciones egipcias, la más mediática de las revueltas, seguramente por la importancia regional del país. Después la inconclusa Yemen y la todavía opaca situación siria, desde donde llegan día a día noticias e imágenes tomadas con celulares que dan cuenta de la represión de las protestas por parte del ejército. Para el final debe dejarse a Libia. Tanto por la reacción violenta de Gaddafi ante las primeras manifestaciones, como por la incidencia de la OTAN que rápidamente sobrepasó su intención declarada de crear una zona de exclusión aérea, pero sobre todo por la represión y caza de brujas que los rebeldes instalaron en las zonas liberadas, el caso Libia se salió de la matriz relativamente pacífica de la caída de los otros regímenes autoritarios. El linchamiento de Gaddafi fue, en ese sentido, el símbolo de cierta “pérdida de la inocencia” de las revueltas del norte de África.

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Si la mirada se amplía, la palabra del año en términos internacionales fue la palabra crisis. Y su respuesta: indignados. En la cobertura de la sección Mundo de este número hay varios artículos que abundan en este particular, y ya en la edición pasada las miradas de nuestro corresponsal en Washington, Jorge Bañales, y de Raúl Zibechi se refirieron al asunto.
Para no abundar sobre lo ya dicho, baste consignar dos aspectos de la indignación global. El primero es que esta ciudadanía trasnacional de la protesta no es nueva. Lleva al menos una década. Tras la inmovilidad que siguió al estupor inicial por el fin del bloque socialista, sectores contrarios a la globalización unipolar y al “reinado de los mercados” comenzaron a organizarse. La sensación de orfandad de los primeros tiempos y el avance de las comunicaciones que corrió en paralelo al crecimiento del movimiento, favoreció, sobre todo en Europa, el nomadismo de la protesta. El “enemigo” se identificaba con las instituciones financieras multilaterales y con los países más poderosos, y donde iban sus cumbres iba la protesta. Lo que ocurrió con la crisis (ayudada por el hecho de que el poder global comenzó a multilateralizarse y cambiar de eje) fue que el centro de aquello contra lo que se quería protestar comenzó a estar en la plaza de la ciudad de cada quien. La crisis multiplicó las anclas locales de la protesta global y también multiplicó a los que protestaban. El puñado de los alter, entonces, se transformó en la multitud de los indignados. Lo segundo que hay que consignar con respecto al fenómeno es precisamente eso: el rol de la crisis como motor para su salto en calidad. Decían los viejos bolcheviques: en los momentos de lucha social es cuando más se crece en cantidad de militantes.

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Ante esos protagónicos, hechos como la retirada de Estados Unidos de Irak, la captura y ejecución de Bin Laden, las novedades en el régimen de propiedad en Cuba, el fin de Berlusconi o la debacle electoral socialista en España, quedan como roles secundarios en la película del 2011. El mundo no se toma vacaciones, por lo que el año, en sus dos últimas semanas, mostró el enfrentamiento entre el Likud y colonos israelíes fundamentalistas y la cíclica violencia de los islamistas nigerianos contra los católicos de ese país. Otro de los hechos de esta recta final del calendario, tal vez el que tiene más potencialidad para generar sus propias transformaciones, es la protesta de los rusos contra el fraude que habría cometido el tándem Putin-Medvjed en las recientes elecciones. En un país donde el 54 por ciento de la población, según las últimas encuestas, dice añorar los tiempos de la Unión Soviética, las voces anti Putin son cada vez más fuertes, tanto desde los nostálgicos de la era roja como desde los que buscan una democratización real del país. ¿Después de la primavera árabe vendrá la primavera rusa? Difícil. Pero no imposible.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29-XII-2011)

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14 enero 2006

Palestina: el plano interno

Mientras la información sobre los resultados de las parlamentarias del miércoles se ha venido concentrando en su efecto en la agenda internacional, los palestinos consultados por los corresponsales o enviados que elaboraban sus reportes desde el terreno tenían otras preocupaciones. Como en cualquier lugar, a los palestinos les importaba que el cambio electoral tuviera efectos concretos en su vida de todos los días. Donald McIntyre, del diario británico The Independent, recogió la opinión de una mujer de 50 años, madre de diez hijos, Nowal Kamal, quien dijo haber votado por Hamas porque "queremos que mejoren nuestras vidas; tener menos desempleo y que mejore nuestra situación económica”. En su opinión, esto podrá lograrse con Hamas, ya que “son religiosos, directos y no son corruptos". Los votantes de Al Fatah también daban argumentos de política doméstica. Un contador de 42 años que vive en una zona cuyo gobierno municipal está en manos de Hamas, dice que no tiene ningún elemento para suponer que el sorpresivo vencedor de las parlamentarias pueda cambiar la situación de los palestinos. Al menos en su ciudad, donde ya son gobierno, “no han cambiado nada , tienen problemas con la limpieza de las calles, las cuotas del servicio de agua y el desempleo, y ahora están contratando a su propia gente para los empleos municipales".


Desde que fue creado en 1987, Hamas ha tenido una posición contraria a los acuerdos de paz con Israel, en especial al proceso de Oslo que fue liderado por Yasser Arafat, el entonces referente indiscutido de los palestinos. La forma de oponerse ha combinado la acción política con la realización de atentados contra objetivos israelíes, tanto civiles como militares. El mecanismo de los atacantes suicidas, que en un número cercano al centenar han llevado sus cargas explosivas al interior del territorio de Israel, motivó a Estados Unidos a incluirlo en su lista de organizaciones terroristas. En sus documentos fundacionales, Hamas se define de esta forma: "El Movimiento de Resistencia Islámica es una de las alas de la Hermandad Musulmana en Palestina. El Movimiento de la Hermandad Musulmana es una organización universal que constituye el mayor movimiento islámico de los tiempos modernos". Su popularidad comenzó a crecer en 2000 con la llamada Segunda Intifada, como se conoció a la rebelión de la población palestina en los territorios ocupados por Israel, y se ha ido consolidando a través de la participación en elecciones municipales. Un factor que impulsó el arraigo de Hamas, en especial entre las generaciones más jóvenes, fue el creciente descontento con episodios de corrupción ocurridos al interior de la Autoridad Nacional Palestina, dominada por Al Fatah. Estas prácticas poco transparentes, que en parte eran disimuladas por el carisma de Arafat, fueron haciendo mella en el oficialismo. Aunque las previsiones pre-electorales adjudicaban a Hamas un segundo lugar con una treintena de bancas, los 75 legisladores obtenidos en su resonante triunfo del miércoles no pueden ser consideradas una completa sorpresa. Fue el propio desgaste de Al Fatah el que cimentó el crecimiento de Hamas, sumado a una tendencia regional que está marcando el crecimiento de las opciones islamistas pro chiitas como ya lo habían demostrado antes la derrota de los reformistas en las presidenciales de Irán, el éxito chiita en las elecciones iraquíes, y el crecimiento de los Hermanos Musulmanes en las parlamentarias de Egipto (que pasaron de 17 a 88 bancas).

==Tercera parte de cuatro

* 1- Palestina: victoria de Hamas consolida el espacio pro iraní
* 2- Tres formas de leer
* 4- ¿Qué es Hamas?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2006)

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Palestina: victoria de Hamas consolida el espacio pro iraní

El gabinete palestino del partido fundado por Yasser Arafat, Al Fatah, derrotado en las elecciones parlamentarias del miércoles, dejó el gobierno y encargó al Movimiento de Resistencia Islámica Hamas formar una nueva coalición. La mayoría absoluta de Hamas se suma a la victoria chiita en las elecciones de Irak y al crecimiento de los Hermanos Musulmanes en Egipto, consolidando un espacio regional que podría definirse como pro iraní.
Hamas habría superado la mayoría absoluta, obteniendo 76 de las 132 bancas disponibles, algo que fue calificado por la derecha israelí como “un terremoto político” en Oriente Medio. Los palestinos tienen un régimen parlamentario similar al de algunos países europeos. Esto implica que el presidente (Mahmud Abbas, de Al Fatah) coexiste con un primer ministro que es el jefe de gobierno. Un primer ministro que, a raíz de los resultados del miércoles, será un miembro de Hamas o de alguna formación política aliada. Como es sabido, ya que así lo destacaron todas las agencias de noticias, la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleeza Rice, pidió a los ganadores un cambio en su postura hacia Israel ya que, dijo, "no se puede tener un pie en la política y otro en el terrorismo". Apenas conocidos los resultados, el partido ganador empezó a dar señales sobre cómo jugará en ambos campos. En el terreno militar, el líder de Hamas, Mahmud Zahar, se mostró dispuesto a mantener el estado actual de cese del fuego que se acordó con Israel en febrero del año pasado, siempre y cuando, obviamente, Israel haga lo mismo. En el terreno político, cuando aun no se había conocido la victoria electoral de su grupo, el primer candidato de una de las listas en el distrito de Hebrón, el sheik Naif Rajub, dijo que "las circunstancias actuales no pueden conducir a negociaciones genuinas" con Israel, pero "no decimos que las descartamos a largo plazo".
Consejos y expectativas sobre cómo manejar la conflictiva relación con su vecino monopolizaron las reacciones de líderes de diversas partes del mundo. Aunque la mayoría de las opiniones aconsejaron a Hamas abandonar su política de desconocerle a Israel el derecho a existir como país, la cancillería iraní expresó su esperanza de que “esta poderosa presencia de Hamas en la escena política” permita “unir a los palestinos en el logro de sus derechos como nación”.


==Primera parte de cuatro

* 2- Tres formas de leer
* 3- Palestina: el plano interno
* 4- ¿Qué es Hamas?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2006)

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¿Qué es Hamas?

Desde que fue creado en 1987, Hamas ha tenido una posición contraria a los acuerdos de paz con Israel, en especial al proceso de Oslo que fue liderado por Yasser Arafat, el entonces referente indiscutido de los palestinos. La forma de oponerse ha combinado la acción política con la realización de atentados contra objetivos israelíes, tanto civiles como militares. El mecanismo de los atacantes suicidas, que en un número cercano al centenar han llevado sus cargas explosivas al interior del territorio de Israel, motivó a Estados Unidos a incluirlo en su lista de organizaciones terroristas. En sus documentos fundacionales, Hamas se define de esta forma: "El Movimiento de Resistencia Islámica es una de las alas de la Hermandad Musulmana en Palestina. El Movimiento de la Hermandad Musulmana es una organización universal que constituye el mayor movimiento islámico de los tiempos modernos". Su popularidad comenzó a crecer en 2000 con la llamada Segunda Intifada, como se conoció a la rebelión de la población palestina en los territorios ocupados por Israel, y se ha ido consolidando a través de la participación en elecciones municipales. Un factor que impulsó el arraigo de Hamas, en especial entre las generaciones más jóvenes, fue el creciente descontento con episodios de corrupción ocurridos al interior de la Autoridad Nacional Palestina, dominada por Al Fatah. Estas prácticas poco transparentes, que en parte eran disimuladas por el carisma de Arafat, fueron haciendo mella en el oficialismo. Aunque las previsiones pre-electorales adjudicaban a Hamas un segundo lugar con una treintena de bancas, los 75 legisladores obtenidos en su resonante triunfo del miércoles no pueden ser consideradas una completa sorpresa. Fue el propio desgaste de Al Fatah el que cimentó el crecimiento de Hamas, sumado a una tendencia regional que está marcando el crecimiento de las opciones islamistas pro chiitas como ya lo habían demostrado antes la derrota de los reformistas en las presidenciales de Irán, el éxito chiita en las elecciones iraquíes, y el crecimiento de los Hermanos Musulmanes en las parlamentarias de Egipto (que pasaron de 17 a 88 bancas).

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Palestina: victoria de Hamas consolida el espacio pro iraní
* 2- Tres formas de leer
* 3- Palestina: el plano interno

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2006)

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Tres formas de leer

Ante la victoria de Hamas se reaccionó de diferente manera, predominando, en proporciones diversas, la esperanza, la cautela y el escepticismo. Como es lógico, la esperanza fue dominante entre quienes votaron al ganador y en las declaraciones públicas de la cancillería iraní. La cautela provino de la centroizquierda israelí, al menos a juzgar por el enfoque del periódico Haaretz, que destacó en primera plana la intención de Hamas de mantener un alto al fuego recíproco con Israel, si bien el líder laborista Amir Peretz pareció alinearse con la tesis estadounidense de que Hamas no es un socio fiable para establecer ningún plan de paz en la región. En declaraciones al diario 'Yediot Ahronot', el actual presidente de Israel, Moshé Katsav, fue más cauto, dejando una puerta abierta a la negociación si Hamas reconoce el derecho del Estado de Israel a existir. La postura de Katsav también coincide con voces llegadas desde Estados Unidos, pero desde tiendas de la oposición demócrata. Por su parte la derecha israelí, representada por el Likud, afirmó que este “terremoto político” fue consecuencia de la política del premier Ariel Sharon, en especial del llamado “plan de desconexión” que implicó una retirada de la franja de Gaza. Ya antes de conocerse las tendencias de las urnas, Jeremy Bowen, analista de la cadena británica BBC, pronosticó que esta votación extenderán sus efectos hacia los comicios israelíes de marzo. Un resultado fuertemente favorable a Hamas –aseguraba entonces– podría empujar a los israelíes a la derecha cuando voten en sus elecciones generales en marzo próximo. El escepticismo, mientras tanto, combinado con una profunda decepción, estaba del lado de los dirigentes del histórico movimiento Al Fatah. Luego de haber conducido a los palestinos con la guía de su dirigente emblemático Yasser Arafat, ahora Al Fatah se veía relegado en las urnas. “Dejaremos que Hamas asuma sus responsabilidades, si es que puede”, dijo a la agencia Reuters uno de los cuadros medios de Al Fatah.

==Segunda parte de cuatro

* 1- Palestina: victoria de Hamas consolida el espacio pro iraní
* 3- Palestina: el plano interno
* 4- ¿Qué es Hamas?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2006)

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05 abril 2002

El mundo árabe y sus matices (III)
El plan de paz saudí

El príncipe heredero de Arabia Saudita basó su plan en una fórmula que es tan sencilla en su enunciado como compleja en su aplicación: retirada total de Israel de los territorios que ocupó en 1967 durante la Guerra de los Seis Días y reconocimiento pleno del mundo árabe al Estado israelí y normalización completa de relaciones diplomáticas y económicas en Medio Oriente.

La primera reacción de Estados Unidos fue de esepticismo, aunque pronto modificó su postura y pasó a brindarle su apoyo, al igual que la Unión Europea. También hubo señales positivas desde tiendas israelíes y palestinas. Una receptividad que despierta sospechas en algunos analistas pro-palestinos. En un artículo publicado en el diario argelino Le quotidien d’Orán, K. Selim hace la siguiente reflexión: “Demasiada unanimidad en torno a una iniciativa que no sobresale precisamente por su singularidad. Porque ‘la iniciativa’ del príncipe Abdallah no tiene nada de novedosa; en sí misma, constituye el núcleo de las propuestas árabes y palestinas, es decir, ‘paz a cambio de territorios’. La propuesta que el príncipe Abdallah pretende ‘sacar de su cajón’ es un clásico de las posturas árabes: retirada total [israelí] de los territorios ocupados, Jerusalén incluida, a cambio de una normalización plena. Cosa que Israel ha venido rechazando durante décadas con el apoyo de Estados Unidos”.

Una mirada menos escéptica puede encontrar dos aspectos que justificarían la acogida positiva que recibió la propuesta de Abdallah (foto). Uno parte del contexto de escalada de violencia en que se encuentra el conflicto, que genera la necesidad real de una vía de escape que saque el problema del campo bélico y lo sitúe nuevamente en la mesa de negociaciones. El otro aspecto es de la identidad del autor de la propuesta. Por un lado resulta confiable para Estados Unidos, debido al papel tradicional de aliado que ha jugado Arabia Saudita para Occidente. Pero por otro lado, el príncipe Abdallah, al ser heredero del trono saudita, es el futuro custodio de los lugares sagrados del Islam. Y más allá de los discursos encendidos del islamismo radical, que considera que la familia real saudí traicionó al Islam al permitir la presencia de un ejército infiel en tierra sagrada, el príncipe Abdallah sigue siendo un árabe que ha dado señales favorables a la causa palestina.

En el camino que siguió la propuesta de Abdallah puede rastrearse el olfato político de alguien. Para los críticos del príncipe heredero, tanto la idea como la trayectoria son parte del juego de Estados Unidos, que vuelve a usar a los gobernantes saudíes como peones de su ajedrez en Medio Oriente. Para quienes se alejan de esta teoría conspirativa, Abdallah mostró un amplio conocimiento de ambos mundos: sorprendió a Occidente poniendo su propuesta en la mesa de debate desde las páginas de un medio de gran prestigio, como el New York Times, pero que no deja de ser un medio de prensa, por lo que pudo evitar dar demasiados detalles. Después que había obtenido el apoyo occidental, y que los bandos en conflicto habían manifestado su beneplácito, negoció con los demás países árabes algunos puntos específicos. Cedió a las presiones de Siria para incluir los altos del Golán, contempló la necesidad libanesa de no dejar de lado el tema de los refugiados palestinos, pero al final del camino se había asegurado el apoyo de esos países, además del de Egipto y de Jordania.

==Tercera parte de cuatro

* 1- El mundo árabe y sus matices (I)
* 2- El factor sirio-libanés
* 4- Dos miradas sobre Oriente Medio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en abril de 2002)

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El mundo árabe y sus matices (II)
El factor sirio-libanés

No todo el mundo árabe se sitúa del mismo modo ante el tema palestino. Egipto, que acaba de suspender relaciones diplomáticas con Israel, tiene muy presente el peso histórico de la paz firmada por el ex presidente Saddat con ese país, y que durante un tiempo marginó a los egipcios de la Liga Árabe. El otro gran jugador, Arabia Saudita, debe conciliar su intención de liderazgo regional con el estatus de aliado de Estados Unidos y cargar sobre sus espaldas con el peso de haber servido de base para los ataques contra Irak durante la Guerra del Golfo.

Pero ni Egipto ni Arabia Saudita viven el tema tan de cerca como lo hacen Siria y el Líbano. El primero mantiene con Israel la disputa por los altos del Golán (un área de 1250 kilómetros cuadrados, ocupada por Israel en 1967) y está a cargo de parte de la seguridad del territorio libanés con una presencia de 20 mil soldados, en tanto que el Líbano tiene en su territorio entre 150 mil y 250 mil refugiados palestinos viviendo en casas precarias o en tiendas de campaña.

Por eso la importancia de esa visita casi teatral de Assad al Líbano. Las veintiun salvas de cañones estaban llamando la atención sobre un tema que Siria sólo podía volver explícito en Beirut. Visitando a su aliado menos de un mes antes de la cumbre de la Liga Árabe, que se celebraría precisamente en esa ciudad, el presidente sirio estaba dando la señal que debía ser leída por alguno de los jugadores clave del tablero árabe. La identidad del destinatario del mensaje se aclaró cuando el príncipe heredero saudí explicitó que su propuesta de “paz por territorios” incluía los altos del Golan.

Por si hubiera quedado alguna duda luego de los movimientos de salón de su presidente, Siria mostró sus cartas dos días antes de la realización de la cumbre de la Liga Árabe de este 27 de marzo, ahora inequívocamente. El día 25, un cuarto de millón de sirios manifestaron en las calles a favor de los palestinos y en contra de Israel y de las políticas estadounidenses en la región. Las palabras del analista Robert Fisk de que “nada, absolutamente nada, ocurre en Siria sin permiso del gobierno”, quedaron confirmadas por el hecho de que los estudiantes y los empleados públicos tuvieron el día libre para poder concurrir a la demostración.

==Segunda parte de cuatro

* 1- El mundo árabe y sus matices (I)
* 3- El plan de paz saudí
* 4- Dos miradas sobre Oriente Medio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en abril de 2002)

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