20 marzo 2006

Milosevic y la vieja herida de la identidad

Las mujeres vestidas de negro lloraban como si su muerte hubiera ocurrido esa misma noche. El cuerpo ennegrecido y arrugado del príncipe Lazar revelaba, a pesar de los esfuerzos de los embalsamadores, que se trataba de una muerte antigua. Seiscientos años no es tanto tiempo para los Balcanes, en cuya historia todavía se sigue hundiendo el mito de los héroes de las novelas de caballería, como Marko Kralievic, dueño de una fuerza descomunal y de un caballo capaz de recorrer enormes distancias tomando impulso, de tanto en tanto, con sus cascos herrados en plata

Por eso la repatriación de los restos de Lazar, organizada por Slobodan Milosevic para conmemorar los seis siglos de la Batalla de Kosovo, pareció más un hecho de la agenda política que una efemérides para historiadores. Durante semanas el ataúd del príncipe hizo una peregrinación, ciudad tras ciudad, para recibir el homenaje postergado. En cada estación las autoridades locales reafirmaban la intencionalidad política del recorrido: Lazar, que al luchar contra los turcos en la batalla de 1389 eligió una muerte honorable y sagrada antes que la efímera victoria terrenal, estaba ahí para decirles que Kosovo era la patria espiritual de los serbios. Que las cosas hubieran cambiado en seis siglos y que ahora el 90 por ciento de los kosovares fueran de origen albanés (musulmanes como aquellos turcos), era un detalle demográfico menor, menos trascendente que el testimonio de los monasterios ortodoxos que salpicaban la geografía de la provincia con su arquitectura bizantina.

“Libre y piadoso”

En esa vieja herida de la identidad fue que Milosevic plantó su bandera del oportunismo nacionalista y se encaramó en el poder. Eran tiempos en que un oscuro dirigente del aparato comunista debía aferrarse a cualquier cosa si no quería terminar abruptamente su carrera política. Sus bravuconadas historicistas se volvieron algo mucho más serio cuando varias repúblicas de la entonces Yugoslavia proclamaron su independencia. La irresponsabilidad de Alemania y Austria, que se apresuraron a reconocer a Croacia y Eslovenia sin asegurar garantías para las poblaciones serbias que allí vivían, desató la primera de las modernas guerras balcánicas. El oportunismo de Milosevic y de los líderes croata y bosniomusulmán hicieron el resto, desangrando al país y desmembrándolo en cuatro años. La historia más reciente es conocida. Llevado al Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, a efectos de ser juzgado por crímenes contra la humanidad y genocidio, su defensa de sí mismo tuvo el efecto de relanzar su arraigo popular. La muerte ocurrida el 11 de marzo en una celda de La Haya, imputable a una genérica negligencia médica, le da la oportunidad a sus seguidores de colocarlo en el santoral de la ortodoxia serbia. Ya comenzaron a aparecer las imágenes en las que un Slobo desafiante presta su rostro a uno de los santos guerreros que adornan las paredes de las iglesias. Como ocurrió antes con Lazar, ahora es el cuerpo de Milosevic el que regresa en busca de homenaje. A cambio lleva consigo, en la rigidez de la muerte, el rejuvenecido mito del martirio serbio. Fue Lazar un mártir (el profeta Elías le anunció su suerte antes de la batalla portando una carta de la Virgen María, y la decisión de Lazar de concurrir a la muerte profetizada fue la que ató el destino de Serbia a la estética cristiana del cordero que se sacrifica por los otros), y ahora es Slobo, cuyo nombre significa “libre y piadoso”, quien cumple con su destino.

Lugares comunes

Este razonamiento no es sólo de los nacionalistas. Hay un pathos serbio que es parte de su identidad nacional, que hace que incluso los opositores a Milosevic miren al Tribunal de La Haya con desconfianza. Para la prensa internacional fue “el carnicero de los Balcanes”. Para los serbios que se opusieron a su régimen, Milosevic fue una desgracia, pero no fue necesariamente un criminal de guerra. Los otros pueblos balcánicos, que sufrieron las guerras de los noventa, hubieran preferido verlo condenado por sus crímenes. Culpable de los cargos de los que se lo acusaban, Milosevic fue uno de los personajes que causaron más muerte y dolor en la ex Yugoslavia. Pero no fue el único, dicen los serbios de cualquier tendencia política. En cierta forma, el rechazo a la simplificación con la que la prensa internacional los vuelve a bombardear desde el 11 de marzo (reciclando los viejos lugares comunes que mostraban a Serbia como único agresor en las guerras de los noventa), contribuye a dar cierto barniz de consenso a la incómoda figura del obediente cuadro de la nomenclatura titista. Cuando esta nota esté impresa, Milosevic estará siendo velado en Belgrado, frente al Parlamento, y luego de dos días se le llevará a su pueblo natal, Pozarevac, donde será enterrado el sábado. El cronograma está pensado para darle a los homenajes el tono simbólico de una pasión cristiana. Sin embargo podemos asegurar, según fuentes confiables, que al tercer día no resucitará.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria el 20 de marzo de 2006)

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13 marzo 2006

Congo: el primer acusado

El 17 de marzo de este año, día de la detención de Thomas Lubanga y su sometimiento a la Corte Criminal Internacional, puede ser el inicio del fin de la impunidad en la República Democrática del Congo. Cierto es que el grupo de Lubanga tuvo que matar a nueve cascos azules de Naciones Unidas para que su nombre -largamente asociado a crímenes contra la población africana- se convirtiera en un “caso judicial”.

Si bien la muerte de los soldados de Bangladesh fue el disparador de su captura, a Lubanga (foto, sentado)se le está aplicando el artículo 8 del Estatuto de Roma, y se lo enjuicia por crímenes de guerra cometidos desde julio de 2002, incluido el de "alistar y reclutar a menores por debajo de los 15 años de edad y utilizarlos para intervenir activamente en las hostilidades". Amnistía Internacional reaccionó ante este hecho diciendo que “considera que la detención de Thomas Lubanga –a quien se debe presumir inocente en tanto no se demuestre su culpabilidad– no sólo constituye un paso en la dirección correcta sino también una señal innegable para todos los autores de violaciones de derechos humanos en la República Democrática del Congo, pero sigue pensando que son necesarias más medidas”.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- África, el lugar ausente
* 2- Kabila vs Mobutu
* 3- Congo: Cambios de bando

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en marzo de 2006)

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15 julio 2005

Srebrenica: el factor Oric

Sin embargo, la historia de Srebrenica se cuenta por la mitad. Aunque la exposición completa de los hechos no reduce en lo más mínimo la atrocidad cometida por los serbobosnios, sí evita la simplificada atribución étnica de los roles de víctimas y victimarios. En estos momentos en La Haya se está juzgando a un criminal de guerra bosniomusulman, conocido como Oric. Sus crímenes, ampliamente documentados, consistían en incursiones militares contra la población civil de las aldeas campesinas serbias. Esas incursiones, que incluían robo, asesinato, violaciones y quema de casas, se hacían desde el enclave protegido de Srebrenica.

Culminada cada operación de “limpieza étnica”, Oric (foto) regresaba a Srebrenica donde el escudo de los casos azules holandeses impedía que las tropas serbobosnias le persiguieran. Dentro de la ciudad, según el expediente por el que está siendo juzgado, Oric se comportaba como un dictador del bajo mundo, aterrorizando a la población civil bosniomusulmana que teóricamente decía representar. Cuando las tropas serbias atacaron, no fueron los cascos azules holandeses los únicos que abandonaron a su suerte a los bosniomusulmanes: antes de que Mladic llegara a imponer el sitio, las milicias de Oric escaparon por la puerta trasera.

La masacre de Srebrenica no puede justificarse por los crímenes cometidos antes del cerco por Oric, sino que los crímenes de unos y de otros no hacen otra cosa que confirmar que siempre es la población civil la víctima central de los conflictos. Juan Goytisolo lo explica con claridad: “el comentario del inefable mediador de la ONU, Yasoshi Akashi, a los acontecimientos -"los serbios tenían motivos justificados para atacar el enclave"- ponía la guinda al nauseabundo pastelón de mentiras, manipulaciones y complicidades inconfesables con el que se ocultó la verdad de la limpieza étnica de la población musulmana de Bosnia: el mayor genocidio ocurrido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”.

==Tercera parte de cinco

* 1- Srebrenica: el riesgo de la simplificación
* 2- Efectos
* 4- Los musulmanes bosnios
* 5- Exodo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

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Srebrenica: efectos

El caso Srebrenica sirvió para consolidar la imagen de los serbobosnios como agresores y de los bosniomusulmanes como víctimas y fue –junto al genocidio ruandés– el mayor fracaso de las operaciones de paz de Naciones Unidas. Años después seguía teniendo efectos políticos y hacía caer a un gobierno holandés debido a la acumulación de pruebas sobre la defección de los militares de ese país en la protección de la ciudad que tenían a su cargo. Uno de los participantes en las conmemoraciones de esta semana, el canciller británica Jaques Straw fue claro al caracterizar lo que esa masacre representa para la comunidad internacional: “sucedió ante nuestras narices y no hicimos nada”. El autor intelectual, Radovan Karadzic, y el comandante militar que llevó adelante la operación, Mladco Radic, todavía son los criminales de guerra más buscados por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

==Segunda parte de cinco

* 1- Srebrenica: el riesgo de la simplificación
* 3- El factor Oric
* 4- Los musulmanes bosnios
* 5- Exodo

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15 febrero 2002

El juicio a Milosevic 3:
Teorías de la conspiración

"El deporte favorito en Belgrado es la teoría de la conspiración", aseguró el joven filólogo español que da clases en la universidad local a los yugoslavos que se interesan en la lengua de Cervantes. Luego de diez años de guerras, bloqueos, mercado negro, y de paramilitares codeándose con las barras bravas del fútbol y las pop-stars, hay mucho material para tejer.

La conspiración favorita de la hora actual es la que vincula a la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Carla del Ponte, con la ex Secretaria de Estado de la Administración Clinton, Madelaine Albright. Esos lazos habrían estado en la base de la negativa de la fiscal de La Haya a iniciar un proceso contra la OTAN por los noventa incidentes en los que murieron civiles durante los bombardeos contra Yugoslavia de mediados de 1999. Los recordados "daños colaterales". Esta tesis cierra su círculo cuando se conecta este "sobreseimiento a priori" con la falta de apoyo de Estados Unidos al Estatuto de Roma para una Corte Penal Internacional, aprobado por una conferencia de plenipotenciarios de Naciones Unidas el 17 de julio de 1998.

Frente a una propuesta de jurisdicción universal para juzgar crímenes de lesa humanidad, la posición estadounidense parecería ser la de limitar los juicios a tribunales puntuales sobre situaciones como la yugoslava o la ruandesa, en las que no haya demasiado riesgo de que se juzguen acciones llevadas adelante por las fuerzas de seguridad norteamericanas. El senador Jesse Helms (foto) lo dijo muy claro en el Financial Times de Londres, al advertir sobre los peligros del Estatuto de Roma: "Esta Corte pretende someter a juicio la política de seguridad nacional de los Estados Unidos. ¿Pueden ustedes imaginar lo que hubiera ocurrido si este tribunal hubiera estado ya en funcionamiento durante la invasión estadounidense de Panamá?, ¿o la de Granada?, ¿o el bombardeo de Trípoli?. En ninguno de estos casos los Estados Unidos solicitaron el permiso de las Naciones Unidas para defender nuestros intereses. Y mientras yo siga respirando, los Estados Unidos nunca permitirán -y repito, nunca- que sus decisiones sobre seguridad nacional sean juzgadas por una Corte Penal Internacional".

==Tercera parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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El juicio a Milosevic 1:
¿Criminales o héroes?

Hace cuatro horas que el ómnibus partió rumbo a Belgrado. Atrás quedaron las colinas que sirvieron de asiento a la artillería serbobosnia para bombardear Sarajevo durante los meses años del sitio. Atrás quedó la avenida de los francotiradores, hoy convertida en una insulsa vía de tránsito de cuatro carriles, dos para los autos y dos para los tranvías.

El ómnibus, que se adentra más y más en la República Serbia de Bosnia, una de las dos entidades en las que se dividió el mapa de Bosnia-Herzegovina tras la paz de Dayton, se detiene frente a un parador. Como si se tratase de una película para consumo occidental, el lugar se llama Balkan Restaurant. Pero no es un guión barato. El pequeño comedero en el que sirven humeantes platos de sopa especiada está realmente allí, esperando a los pasajeros que bajan a reponer fuerzas a mitad de camino.

En las paredes, junto a un ícono de San Jorge, hay dos cuadros. El más grande es un retrato sepia autografiado por el general Mladic; el otro es una pequeña fotografía de Radovan Karadzik. Ambos encabezan la lista de "más buscados" por el Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, que los acusa de haber cometido atrocidades contra la población civil musulmana. Ambos reciben, en ese pequeño restaurante perdido en medio de la carretera, y en buena parte de ese 51 por ciento del territorio de Bosnia que está en poder de los serbios, un trato de héroes nacionales.

Del mismo modo, aunque con menor resonancia en los grandes medios de comunicación, reacciona el nacionalismo croata cuando se pretende encausar judicialmente a sus mandos militares. Este problema de punto de vista, que se transforma, a ojos de parte de la opinión pública balcánica, en un tema de legitimidad, es una de las mayores dificultades que enfrentan los jueces de La Haya a la hora de enjuiciar a los sospechosos de crímenes de guerra, incluido su acusado estrella: Slobodan Milosevic (foto).

==Primera parte de cuatro, publicado en Brecha el 15 de febrero de 2002

* 1- ¿Criminales o héroes?
* 2- Preguntas en Belgrado.
* 3- Teorías de la conspiración.
* 4- La culpa del otro.

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06 julio 2001

¿Siguen siendo héroes?


@lopezbelloso

Una encuestradora basada en Belgrado cuyo nombre podría traducirse como Marketing Estratégico, difundió a comienzos de junio una consulta en la que le preguntó a los serbios acerca de sus héroes. Los tres ganadores del sondeo fueron tres criminales de guerra:, Ratko Mladic,Radovan Karazdic y Arkan. Uno de ellos detenido por el tribunal de La Haya, otro todavía libre pero sin poder salir de los límites de la República Serbia de Bosnia, y el tercero -Arkan- supuestamente muerto, ya que se asegura que fue asesinado en pleno Belgrado. El ex presidente Slobodan Milosevic se ubicó en el cuarto lugar.

La segunda pregunta de la encuesta se refería a quién había sido el culpable de las guerras en la ex Yugoslavia. Coherentemente con la respuesta anterior, los serbios acusaron al fallecido presidente croata Frandjo Tudjman; y al líder de los musulmanes de Bosnia, Alija Izetbegovic; aunque con una coherencia algo menor también señalaron al recientemente extraditado Slobodan Milosevic. Pero si bien llegaron a reconocer la responsabilidad de su ex presidente, los resultados del sondeo no demuestran que los serbios reconozcan la culpabilidad de su propio nacionalismo, ya que a la tercer pregunta, ¿cuál fue la causa principal de las guerras de comienzos de los noventa?, respondieron el nacionalismo croata, los intereses norteamericanos, la desintegración de la URSS y el islamismo de los bonios. Ningún porcentaje significativo respondió "el nacionalismo radical serbio". Por eso no extraña que sólo el diez por ciento de los encuestados haya aceptado que el bando serbio pudiera haber cometido crímenes de guerra, mientras que el ochenta y cinco por ciento aseguró que los serbios fueron víctimas de esos crímenes.

La desmemoria, o la autojustificación colectiva, parece haber borrado de la faz de la tierra el bombardeo del hospital de Vukovar que mató a cientos de pacientes en noviembre de 1991, o la masacre de Srebenica durante la cual murieron seis mil musulmanes en julio de 1995. Una explicación posible puede estar en el ferreo control que el régimen de Milosevic impuso a los medios de comunicación, y en la manipulación de todos los mensajes que se emitieron por esos medios durante más de una década. En ese sentido puede resultar ilustrativo lo que cuenta Peter Handke (en la foto junto a una campoesina serbia) en su libro Justicia para Serbia, donde relata su visita a un pueblo serbio fronterizo con Bosnia, muy cercano a Srebenica, y en el que asegura que la población no tenía idea -o decía no tenerla- de la matanza que acababa de ocurrir a pocos kilómetros de sus casas. Ahora que la oposición democrática controla el país desde octubre de 2000, la información probablemente llegará con menores velos, en especial la relacionada con el juicio a Milosevic en La Haya, que tendrá como dos de sus ejes, precisamente, su responsabilidad en el bombardeo de Vukovar y en la matanza de Srebenica.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha, de Uruguay, el 6 de julio de 2001)

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15 septiembre 2000

Jurisdicción universal

Juristas vinculados a Amnistía Internacional difundieron, a propósito de la detención en Londres del ex dictador chileno Augusto Pinochet, una lista de “Catorce Principios Fundamentales sobre el Ejercicio Eficaz de la Jurisdicción Universal”.

1- Los Estados deben garantizar que sus tribunales nacionales pueden ejercer la jurisdicción universal y otras formas de jurisdicción extraterritorial sobre las violaciones y los abusos graves contra los derechos humanos y contra el derecho humanitario internacional.
2. El cargo oficial no exime de responsabilidad penal.
3. Ausencia de inmunidad por delitos cometidos en el pasado.
4- Los delitos de lesa humanidad no prescriben.
5. Las ordenes de superiores, la coacción y la necesidad no deben ser circunstancias eximentes permisibles.
6. Las leyes y decisiones internas adoptadas con objeto de impedir el procesamiento de una persona no pueden ser vinculantes para los tribunales de otros países.
7. Ausencia de intromisiones políticas.
8. En los casos de delitos graves comprendidos en el derecho internacional, se deben emprender investigaciones y procesamientos sin esperar a que se presenten denuncias de las víctimas o de otras personas con interés suficiente en el caso.
9. Respeto de las garantías de juicio justo internacionalmente reconocidas.
10. Juicios públicos y con la asistencia de observadores internacionales.
11. Se deben tener en cuenta los intereses de las víctimas, de los testigos y de sus familias.
12. Prohibición de la pena de muerte y de otras penas crueles, inhumanas o degradantes.
13. Cooperación internacional en las investigaciones y procesamientos.
14. Formación eficaz de los jueces, fiscales, investigadores y abogados defensores, en normas de derechos humanos, derecho humanitario internacional y derecho penal internacional.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de setiembre de 2000)

==Septima parte de siete

* 1- Ruanda: los expedientes del genocidio
* 2- Periodistas y religiosos
* 3- Víctimas de segunda
* 4- Cien días de horror
* 5- Criminales de guerra
* 6- Otros tribunales

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Otros tribunales

A mediados de este año se dieron pasos fundamentales, por parte de Naciones Unidas, en la puesta en marcha de Tribunales Internacionales para juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos en Sierra Leona en los últimos tres años, y para juzgar a los responsables del genocidio ocurrido en Camboya entre 1975 y 1979 y que costó la vida a dos millones de personas.

Mientras tanto, subsiste la polémica en torno al establecimiento de una Corte Internacional permanente para juzgar todos los delitos contra la humanidad cometidos en cualquier parte del mundo. Si bien en la Conferencia Diplomática de Roma de junio y julio de 1998, se avanzó en la creación de una jurisdicción universal respecto del genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra, la necesidad de buscar concenso entre los países llevó al establecimientos de límites a sus potestades. El artículo 12 del Estatuto reduce la jurisdicción de la Corte a los delitos cometidos dentro del territorio de un Estado Parte o a bordo de buques o aeronaves suyos y a los delitos cometidos por los nacionales de un Estado Parte, a menos que un Estado que no sea Parte haga, en virtud de ese artículo, una declaración especial en la que admita la jurisdicción de la Corte sobre delitos cometidos en su territorio o a bordo de buques o aeronaves suyos o por sus nacionales. Sin embargo, el Consejo de Seguridad, actuando de conformidad con el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas para mantener o restablecer la paz o en un caso de agresión, puede remitir a la Corte una situación relacionada con delitos cometidos en el territorio de un Estado que no sea Parte.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de setiembre de 2000)

==Sexta parte de siete

* 1- Ruanda: los expedientes del genocidio
* 2- Periodistas y religiosos
* 3- Víctimas de segunda
* 4- Cien días de horror
* 5- Criminales de guerra
* 7- Jurisdicción universal

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Zejnil Delalic, musulmán

En 1992 Zejnil Delalic (foto) estaba a cargo de la coordinación de las fuerzas militares croatas y musulmanas en una zona de Bosnia conocida como Konjic; también comandó el Primer Grupo Táctico de las fuerzas musulmanas de Bosnia. Sus responsabilidades incluían autoridad sobre e campo de concentración de Celebici, para prisioneros serbios, en el que se llegaron a cometer sacrificios humanos. Según consta en los numerales 13 y 14 del expediente del ICTY, Delalic es responsable del asesinato del serbio Milorad Kuljanin en junio de 1992, víctima que de acuerdo al testimonio de uno de los guardias fue utilizada como sacrificio para el festival musulmán de Bairaim; un hecho alejado de las costumbres musulmanas que no incluyen este tipo de ritos. El expediente incluye otros homicidios de prisioneros, con nombre y apellido, atribuidos a órdenes directas de Delalic.

Junto a Delalic será juzgado otro musulmán, Hazim Delic (foto), a quien no sólo se le acusa de homicidios sino también de violaciones y torturas. Tanto Delalic como Delic son acusados de haber instaurado en el campo de concentración de Celebici “una atmósfera de terror creada por el asesinato y el abuso de los detenidos, y las condiciones inhumanas de vida pautadas por la insuficiencia de comida, agua, cuidados médicos, y por dormitorios y baños inadecuados. Esto causó en los detenidos severos daños físicos y psicológicos”. Junto a los delitos contra la humanidad, ambos acusados enfrentan cargos comunes como el robo, ya que además de torturar y asesinar se quedaban con el dinero y los relojes de los detenidos.

* Slobodan Milosevic, serbio
* Tihomir Blasik, croata

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de setiembre de 2000)

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Tihomir Blasik, croata

"Los hechos que usted ha cometido, general Blaskic, son de una extrema gravedad. Estas acciones de guerra llevadas a cabo en contra del derecho internacional humanitario por el odio a terceros, esos pueblos reducidos al estado de ruinas, esas casas y esos establos incendiados y destruidos, esas personas obligadas a abandonar sus casas, esas vidas perdidas, son inaceptables". Las palabras del magistrado francés Claude Jorda estaban dirigidas al general croata Tihomir Blasik, un gélido oficial que tomaba notas en silencio mientras escuchaba la sentencia que lo condenó a 45 años de cárcel, por los cargos de crímenes contra la humanidad. Blasik se convirtió en marzo de este año en el oficial de más alto rango condenado por el Tribunal Penal Internacional (ICTY) que juzga crímenes cometidos en la ex Yugoslavia.

El principal hecho por el que se condenó a Blasik fue la matanza, el 16 de abril de 1993, de 116 musulmanes de la aldea bosnia de Ahmici, donde sus subordinados incendiaron 169 viviendas y dos mezquitas. Por ese mismo episodio el ICTY ya había condenado a cinco participantes directos: Vladimir Santic a 25 años de prisión, Drago Josipovic a 15 años, y a 10 años a tres miembros de la familia Kupreskic (Zoran, Mirjan y Vlatko). Esta masacre, según el juez italiano Antonio Cassese, “es una de las más crueles ilustraciones de la inhumanidad del hombre con el hombre”, y comparó el sufrimiento vivido por la aldea de Ahmici con el que en su momento debieron soportar Soweto en la Sudáfrica del apartheid, o la pequeña población vietnamita de My Lai en la que tropas de Estados Unidos asesinaron a civiles indefensos.

El general Blasik comandó, desde 1992 hasta 1994, las fuerzas croatas que combatían en la zona central de Bosnia. Esa ex república yugoslava fue escenario de un triple enfrentamiento, entre croatas, serbios, y musulmanes bosnios. La guerra de Bosnia-Herzegovina sólo terminó con los acuerdos de paz de Dayton, que en 1995 dividieron el país en dos entidades diferentes, la Federación de croatas y musulmanes con capital en Sarajevo, y la República Serbia de Bosnia con capital en Banja Luka.

* Slobodan Milosevic, serbio
* Zejnil Delalic, musulmán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de setiembre de 2000)

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Slobodan Milosevic, serbio

Los números suelen ser traicioneros. Para comprender la verdadera dimensión de un criminal de guerra es necesario tomar cada una de las muertes como lo que es, un caso único, pero a la vez relacionarlas entre sí en un contexto más amplio que el individual.Brecha accedió a varios expedientes del ICTY, entre éstos el que acusa al actual presidente yugoslavo Slobodan Milosevic (Nota 2006: el acusado falleció en La Haya, durante el juicio).

Allí se indica, por ejemplo, que en la aldea de Bela Crkva, en la provincia de Kosovo, el 25 de marzo del año pasado fueron aniquiladas tres familias. Puestos uno a continuación del otro, en el frío ordenamiento alfabético de muertos en que inevitablemente se transforma un expediente judicial, los nombres muestran cómo el apellido Popaj se repite 22 veces; desde el abuelo, Hazer de 77 años, hasta el nieto de 14, Belul. El apellido Zhuniqui se reitera en 23 oportunidas, con la particularidad de que en este caso no sólo fueron asesinados los hombres y adolescentes, sino también mujeres y niños de 8, de 6 y de 4 años. La familia Spahiu perdió menos miembros, seis, pero de este núcleo no se dejaron sobrevivientes; fue asesinado Xemal Spahiu, su mujer Fnu, y sus cuatro hijas.

Lo sucedido en Bela Crkva no fue un hecho aislado. Las ordenes de Milosevic, según el expediente del ICTY, fueron cumplidas con similares características en otras aldeas. Un día después de cometida aquella matanza, el 26 de marzo, en dos aldeas gemelas, Velika Krusa y Mali Krusa, se acabó con treinta y seis miembros de la familia Shehu y con veintidos de apellido Batusha. El mismo día, en Dakovica, los serbios mataron a seis personas, la mitad de ellas del mismo núcleo familiar. Y al día siguiente, el 27, fueron asesinadas 19 personas en la aldea de Crkolez, todas ellas de apellido Imeraj, incluido un niño de dos años de edad.

* Tihomir Blasik, croata
* Zejnil Delalic, musulmán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de setiembre de 2000)

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Criminales de guerra

Además del Tribunal para el genocidio ruandés, Naciones Unidas creó un Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (ICTY por sus siglas en inglés). Los tres criminales de guerra más buscados por el ICTY son el jefe del Ejército serbobosnio Ratko Mladic, el político radical serbobosnio Radovan Karadzic, y el ex presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic. Los militares de mayor rango capturados hasta el momento son Mladen Naletilic, jefe de las milicias croatas en Bosnia; el general serbio Stanislav Galix, responsabilizado del sangriento cerco de Sarajevo con su sistemático asesinato de civiles por parte de francotiradores; y el también general serbio Radislav Krstic (foto), a quien se le acusa de conducir la matanza de Srebrenica en julio de 1995. A pesar del predomio serbio (5 a 1 sobre los croatas, 10 a 1 sobre los musulmanes), los detenidos por el ICTY pertenecen a los tres bandos que participaron de la guerra de Bosnia.

* Slobodan Milosevic, serbio
* Tihomir Blasik, croata
* Zejnil Delalic, musulmán


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 setiembre de 2000)

==Quinta parte de siete

* 1- Ruanda: los expedientes del genocidio
* 2- Periodistas y religiosos
* 3- Víctimas de segunda
* 4- Cien días de horror
* 6- Otros tribunales
* 7- Jurisdicción universal

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Ruanda: los expedientes del genocidio

Este 18 de setiembre comenzarán dos nuevos juicios por crímenes contra la humanidad en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. En uno de los procesos se acusa a tres ex jerarcas que actuaban en la provincia de Cyangugu; en el otro se trata de periodistas que enfrentan cargos de incitación al genocidio. La masacre de los tutsis a manos de los hutus, ocurrida en 1994, costó la vida a más de medio millón de personas.

Acosados por las milicias hutus, decenas de tutsis se refugiaron en la catedral de Cyangugu. Sabían que estaban en un callejón sin salida, pero creyeron avizorar una luz de esperanza cuando el alcalde de la ciudad en persona se presentó en el templo, y se ofreció a escoltarlos hasta un lugar más seguro. Confiaron en él y fueron conducidos a un estadio, el Kamarampaka, en el que el alcalde los dejó en manos de autoridades civiles y militares. Allí, varios de los refugiados tutsis fueron fusilados en base a una lista que las autoridades ya tenían preparada. Aquel alcalde se llama Emmanuel Bagambiki (foto), y seis años después del episodio del estadio Kamarampaka está detenido en Tanzania y este 18 de setiembre será juzgado por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (ICTR, por sus siglas en inglés) por crímenes contra la humanidad.

Otras tres personas involucradas en el llamado “caso Cyangugu” compartirán el banquillo con Bagambiki. Se trata de Andre Ntagerura, Ministro de Transporte en 1994, y que autorizó el uso de vehículos oficiales, en especial ómnibus, para llevar armas y milicias a la ciudad de Cyangugu; y de Samuel Imanishimwe, que era el jefe militar de Cyangugu y dio las órdenes a sus tropas para que éstas cometieran las ejecuciones en masa de que se los acusa.

Ruanda es un pequeño país del centroeste de Africa, de menos de 25 mil kilómetros cuadrados y con fronteras con Uganda, Tanzania, Burundi y el Congo. Sus más de siete millones de habitantes son en un 84 por ciento hutus, en un 15 por ciento tutsis y en un 1 por ciento pigmeos. Los problemas entre hutus y tutsis no se limitan a Ruanda; también están en el centro de la guerra civil que afecta a la vecina Burundi, y a la que se intenta poner fin aprovechando el impulso que significó la reciente visita a ese país del presidente de Estados Unidos Bill Clinton.

==Primera parte de siete

* 2- Periodistas y religiosos
* 3- Víctimas de segunda
* 4- Cien días de horror
* 5- Criminales de guerra
* 6- Otros tribunales
* 7- Jurisdicción universal

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 15 de setiembre de 2000)

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