10 agosto 2007

Antakya: mosaicos romanos, leones hititas

Siguiendo desde Adana al sur se llega a una de las ciudades construidas a orillas del Orontes. Nada indicaría que se trata del río bíblico. Marrón y sucio corre domesticado dentro de un cauce de concreto, pero es el Orontes. Estamos a un paso de la frontera y la ciudad parece, en efecto, una frontera. Seis horas más allá queda Damasco. Las calles de tierra llevan al mercado. Un charco en el centro. Barro en todas partes. El minarete de una mezquita de provincia apenas se levanta por entre los tejados. Pero allí está lo que justifica venir desde tan lejos.

El sobrio aspecto del museo no anuncia la maravilla que contiene. Hacen pensar en aquella línea de Ezra Pound traducida por Ernersto Cardenal: “son como joyas sitiadas”. Sobre las paredes o debajo de las faraónicas claraboyas, están los mosaicos. Según los arqueólogos, son los mosaicos romanos mejor conservados del mundo. Eran los pisos de las villas de recreo de los altos funcionarios del Imperio que habitaban la vieja Antioquía, una de las ciudades más ricas del mundo antiguo. Son los únicos rastros de aquél esplendor. Neptuno rodeado de sirenas. Un joven cazador y guardas de pavos reales. Un rostro que parece de Alejandro Magno. La perfección de estas alfombras de piedra corta el aliento.

Casi escondidos en una sala lateral cuatro leones de piedra negra esperan que alguien les acaricie el lustroso lomo. Uno de los pares procede del siglo trece antes de cristo; el otro tiene cuatrocientos años menos. Artesanos hititas y asirios tallaron sus rostros amenazantes. Una mujer vestida con una larga túnica color beige y con la cabeza cubierta por un pañuelo de seda recorre las salas deteniéndose largo rato ante cada mosaico. Una imagen piadosa recortada contra las figuras paganas.

Más imágenes del museo

















(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 1 de junio de 2007 - Las fotos son tomadas del web de Dick Osseman)

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23 julio 2001

Gitanos en Europa del Este: Vivir peor que todos y morir antes de tiempo (IV)

Los gitanos que viven en Eslovaquia no son sólo ilegales rumanos, hay una importante comunidad que siempre vivió allí. El antiguo gobierno eslovaco (1994-1998) había abierto ciertas expectativas a través de declaraciones oficiales que luego se tradujeron en lo que los especialistas en el tema calificaron como “enfoques paternalistas”.

Más sensible al tema, el asesor del Primer Ministro para asuntos de minorías e integrante del Partido Húngaro de Coalición (que representa los intereses de los étnicamente húngaros dentro de Eslovaquia), Pál Csáky, puso el acento en algo que no por obvio resulta menos importante para el actual estado de las cosas: una solución a la cuestión gitana sólo puede ser encontrada con la participación de los representantes gitanos. Algo que parece estar en la agenda del nuevo gobierno, que estableció la Oficina del Comisionado Gubernamental para Asuntos Gitanos que tuvo como primera medida la elaboración de una “Estrategia para la Solución de los Problemas de la Minoría Nacional Romaní”. Este enfoque no se limitó a la situación interna de la comunidad romaní, sino que estableció que uno de los puntos claves para avanzar en la dirección correcta es trabajar para superar los prejuicios de la opinión pública en contra de los romaníes. Sin embargo, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, criticó a esta estrategia por lo lento de su implementación y por no distanciarse lo suficiente de la idea de que parte del problema es “el modo de vida gitano”.

Al gobierno, sin embargo, lo critican tirios y troyanos. Para la Unión Europea no va lo suficientemente lejos, en tanto que para la derecha eslovaca sucede todo lo contrario. Más de una vez la comunidad internacional ha escuchado las opiniones del líder del Partido Nacional Eslovaco (SNS), Viasozlav Moric, para quien los romaníes son simplemente “idiotas a los que hay que encerrar en reservaciones”. Los dirigentes romaníes tampoco están totalmente de acuerdo con el Comisionado gubernamental. No sólo le critican no haber sido electo por el voto ciudadano, sino que consideran su existencia como una forma de mantener a los romaníes al margen de los temas que interesan a toda la sociedad y guetizarlos en su propia problemática.

Más allá de las declaraciones, el peso político de los gitanos no se corresponde con su importancia demográfica. Son el ocho por ciento de la población pero sólo disponen de seis alcaldes en ochenta y seis, y no han logrado marcar con sus partidos una presencia nacional. Por el momento la comunidad está trabajando puertas adentro. Aseguran que primero es necesario que los 14 partidos políticos romaníes y las 29 asociaciones culturales que representan a esa minoría, logren, al menos, establecer una agenda común de prioridades.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Parte I
* 2- Parte II
* 3- Parte III

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

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Gitanos en Europa del Este: Vivir peor que todos y morir antes de tiempo (III)

Los gitanos son el diez por ciento de la población rumana. Dos millones de personas que integran la minoría más numerosa del país, la cual tiene incluso su propio partido político: el Partido Rumano del Pueblo de Roma. Los dirigentes de esta organización aseguran que los prejuicios del resto de la población ayudan a que esa minoría continúe viviendo en niveles de pobreza que no se diferencian demasiado de los que existían en la Edad Media; la ausencia de luz eléctrica y de agua corriente son habituales en los hogares gitanos.

La caída del socialismo real originó rápidos movimientos de grupos gitanos que dejaron Rumania y se mudaron preferentemente a la ex Checoslovaquia, originando lo que el Ministerio de Relaciones Exteriores rumano calificó como una verdadera “red de migración ilegal”. Una vez que se produjo el llamado “divorcio de terciopelo”, que en 1993 separó a checos de eslovacos, y a medida que se hacían más duras las condiciones de admisión en Polonia y Alemania, los gitanos de Rumania establecieron la llamada “ruta verde” para ingresar a Eslovaquia a través de territorio ucraniano.

La policía eslovaca, según el artículo que Marius Dragomir escribió para la Central Europe Review, asegura que una vez en el país se dedican a la venta de pasaportes y a la trata de blancas con destino al lucrativo negocio del sexo en los mercados occidentales. La realidad, apenas se la mira cara a cara, demuestra que si unos pocos lucran, la gran mayoría apenas logra sobrevivir. Tesco es una enorme tienda por departamentos presente en todas las ciudades importantes de la República Checa y de Eslovaquia. Frente a su local de Bratislava suele pedir dinero Zanfira Gindac, una mujer gitana entrevistada por el ya citado Marius Dragomir. En sus declaraciones explicó que logra reunir unos veinte dólares por día, lo que le permite ahorrar en dos meses el dinero suficiente para volver a Rumania y vivir allí durante medio año con sus dos hijos. Las autoridades eslovacas y el consulado rumano en ese país, coinciden en que la emigración ilegal gitana procedente de Rumania se duplicó en el año 2000 con respecto a 1999.

Pero si los gitanos de Rumania son una minoría en Eslovaquia, también hay eslovacos que son una minoría dentro de territorio rumano. Viven con esa mezcla de pertenencia y desarraigo que es tan habitual en el Este de Europa y que cuesta comprender del otro lado del Océano. ¿Cómo una persona que nació en un país en el que su familia vive desde hace generaciones puede considerarse como nacional de otro? Los eslovacos de Rumania son eslovacos porque hablan ese idioma y reconocen esas raíces culturales, independientemente de cuántas generaciones haga que vivan en su ajeno país de nacimiento. Se consideran eslovacos pero legalmente no lo son, ya que las leyes de Eslovaquia no permiten la doble ciudadanía. Pese a esto la mayoría de los hijos de familias étnicamente eslovacas prefieren cursar la universidad en Bratislava (en la que son considerados estudiantes extranjeros por más que llamen a Eslovaquia “la tierra de nuestros abuelos”) antes que hacerlo en Rumania que, de acuerdo con su pasaporte, sería su país. No sólo no se sienten rumanos sino que es habitual escucharlos quejarse de que sufren las consecuencias de que en el exterior vean a Rumania “como un país sólo poblado por gitanos pobres”. Uno más entre los prejuicios que según el Partido Rumano del Pueblo de Roma “impiden que los gitanos progresen, incluso si se esfuerzan para salir de la pobreza”. Prejuicios que los rumanos no gitanos viven de manera contradictoria. Cuando salen del país y las policías fronterizas les discriminan porque asocian el pasaporte rumano con la pertenencia a la minoría gitana, en lugar de solidarizarse con sus compatriotas, viven la situación con resentimiento, lo que contribuye a reafirmar los prejuicios.

Por más que los presidentes de Rumania y de Eslovaquia realizaron una declaración conjunta en la que aseguraron que “el problema gitano es un problema de Europa”, varios analistas coincidieron en señalar que estas palabras no deben ser tomadas necesariamente como auspiciosas. No sólo por la acepción del término “problema”, que recuerda el enfoque que tomaba la multiculturalidad de algunas naciones latinoamericanas como “el problema indígena”, sino también porque parece difícil que el tema pueda solucionarse de manera sencilla. La mujer gitana que mendiga frente a Tesco, Zanfira Gindac, resumió de manera descarnada lo complejo de la situación: "En Rumania todos nos odian. No venimos aquí por gusto.¿Usted piensa que me gusta ver a mi hijo tocando el acordeón en el tranvía y recogiendo las monedas de los eslovacos? Yo querría tener un salario en mi país y venir a Bratislava como una turista común y corriente”.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Parte I
* 2- Parte II
* 4- Parte IV

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

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Gitanos en Europa del Este: Vivir peor que todos y morir antes de tiempo (II)

En todas las buenas disquerías de Budapest, a mediados de 2000, cuando se solicitaba un disco representativo del paisaje sonoro más profundamente húngaro, lo que se ofrecía era música gitana. Pese a este reconocimiento cultural, los gitanos (que prefieren ser llamados romaníes o romas), son un colectivo discriminado, tanto en Hungría como en buena parte del resto de Europa del Este.

Una discriminación que no sólo se vincula al aspecto étnico sino también a su marginalidad socioeconómica. Son el cinco por ciento de la población húngara, pero datos del 2000 estiman que, al igual que ocurre en Chequia, el 70 por ciento están desempleados. En algunas aldeas esta cifra trepa al 90 por ciento. La información, difundida por la Oficina Húngara para las Minorías Nacionales y Étnicas, afirma que si bien más del 70 por ciento de los niños roma va a la escuela primaria, sólo el 33 por ciento de los adolescentes llega a secundaria y menos del uno por ciento ingresa a la Universidad. El Reporte sobre la Situación de los Roma y Sinti en los países del área de la OSCE, presentado en marzo de 2000 por el Alto Comisionado para las Minorías, da más pistas sobre esta realidad. En primer lugar se aclara que no todos los roma son los mismos roma. Si bien tienen problemas comunes no se los puede unifomizar. En Hungría existen tres grupos lingüísticos diferentes entre los gitanos: los romungros (que hablan húngaro), los beás (que hablan rumano), y los olach (que hablan romaní).

Desde los reportes de prensa sobre la prohibición de la entrada de público gitano a un club nocturno de Békéscsaba, aldea del sudeste de Hungría, hasta la preocupación manifestada por el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura por el número desproporcionado de detenidos romas en las cárceles húngaras, los indicios sobre discriminación contra los miembros de esta minoría son frecuentes. En otro pequeño pueblo, éste situado en el este del país, Tiszavasvári, se descubrió que en 1997 los niños gitanos eran forzados a tomar clases en aulas separadas de los demás alumnos y no se les permitía usar el gimnasio. Esto fue expresamente condenado por una comisión parlamentaria. No se trata de un panorama distinto del que existe en otros países de la región. Lo cual es bueno para la imagen del gobierno húngaro (no es el único sitio donde se discrimina a los roma) pero malo para los gitanos (no sólo los discriminan en Hungría). A veces, sin embargo, no resulta fácil aislar la situación de esta minoría de la del resto del país. Un ejemplo es lo que ocurrió en un pueblo llamado Hajduhadház. La policía de ese lugar fue denunciada por los gitanos. Los maltrataban y los insultaban frecuentemente. El gobierno investigó y expuso sus conclusiones al público: Hajduhadház tenía el mayor índice de abuso policial en el país, ya se tratara de víctimas gitanas o no gitanas. La mitad del departamento de policía local fue expulsado.

Otros pueblos húngaros tienen mejores antecedentes en relación al tema. Por ejemplo Kiskunhalás. Allí existe una fábrica de vaqueros de una conocida marca internacional en la que se aplica la política de priorizar la contratación de gitanos. Esto va de la mano con otra serie de medidas que nacen de la sociedad civil. Es el caso del instituto de enseñanza Gandhi (foto), situado en Pécs. Fundado en 1992, el Gandhi se ha constituído en un modelo para los activistas romaníes de otros países. Brinda una educación de alta calidad y tiene como principal objetivo “educar un número significativo que profesionales romaníes, que sean devotos por su gente y que sean capaces de reorganizas las desintegradas comunidades gitanas”. Por eso no sólo los prepara para la Universidad, sino que los educa en identidad étnica. Esto último se logra tanto mediante cursos sobre cultura e historia gitana, como por el uso de los idiomas lovári y beás en el proceso educativo. Por el momento sólo gradúan a la mitad de los estudiantes que comienzan las clases, pero la constante adaptación de los planes de estudio busca aumentar esa cifra, la cual igual es alta si se la compara con el resto de las escuelas a las que asisten niños gitanos.

Formalmente los gitanos húngaros están protegidos por el hecho de que en setiembre de 1995 el gobierno ratificó el Convenio marco sobre las minorías, y suscribió los principios de la Recomendación 1201 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. El reporte de los técnicos de la Unión Europea señala la existencia de una ley húngara de julio de 1993 que define como minoría a todo grupo étnico o nacional que viva en Hungría desde hace más de 100 años y cuyos miembros tengan la ciudadanía húngara. Esta ley reconoce el ejercicio de sus derechos colectivos, que se expresan, en particular, en el establecimiento de gobiernos locales de las minorías, actualmente constituidos en 817 municipios. Estos gobiernos locales disponen de un derecho de veto sobre los asuntos relativos a la educación, la cultura, los medios de comunicación locales, el desarrollo de las tradiciones y el uso de las lenguas minoritarias. Para todo lo demás tienen una función consultiva. Tres años más tarde, en 1996, otra ley categorizó a la discriminación racial como un crimen. Si bien los autogobiernos locales son considerados un ejemplo de participación por parte de varios especialistas en el tema, no gozan de respaldo unánime. Un líder gitano en declaraciones a la prensa húngara aseguró que, en la práctica, “nosotros sólo tenemos el derecho de estar de acuerdo con las propuestas de otros”.

El propio Gobierno húngaro tampoco se engaña con respecto a la distancia que existe entre la ley y la realidad. En un informe sobre la situación de las minorías nacionales y étnicas aprobado por el Parlamento en marzo de 1997, el Ejecutivo húngaro reconoció que los gitanos aún sufren “frecuentes agresiones y medidas discriminatorias”. Esto se refleja en una desigualdad de oportunidades de acceso a la educación y al trabajo, lo que da por resultado que su tasa de desempleo sea cuatro o hasta cinco veces superior a la media nacional. Un problema complejo y de múltiples aristas. Los muchos datos que podrían agregarse callan ante uno que los resume y que revela la realidad en toda su crudeza: en Hungría un gitano vive diez años menos que un no gitano.

==Segunda parte de cuatro

* 1- Parte I
* 3- Parte III
* 4- Parte IV

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

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13 julio 2001

Los albaneses en pocas palabras

Los albaneses no sólo viven en la actual República de Albania, sino que también son albaneses el noventa por ciento de los habitantes de Kosovo (formalmente perteneciente a Serbia) y de algunas aldeas del occidente de Macedonia (en el área de influencia de la ciudad de Tetovo); en buena parte del resto de Macedonia y en el sur de Serbia son más del veinte por ciento de la población; en tanto que en el noreste de Grecia existe lo que los geógrafos definen como "presencia albanesa difusa". En total hay más de seis millones de albaneses viviendo en los Balcanes: tres millones y medio en Albania, casi dos millones en Kosovo, seiscientos mil en Macedonia y sesenta mil en Montenegro.

No son, sin embargo, un grupo humano fácil de uniformizar. Presentan diferencias, por ejemplo, en su religión y en su lengua. Muchos habitantes de Albania son ateos mientras que los de Kosovo y de Macedonia son musulmanes; a la vez hay un sector de albaneses católicos (el ejemplo más célebre fue la Madre Teresa de Calcuta) que viven fundamentalmente en Montenegro. Los albaneses del norte y los albanokosovares son del subgrupo geg, diferente de los tosks que habitan el sur de Albania, de quienes los separan sus dialectos diferentes y una desconfianza ancestral. Los tosks consideran a los albanokosovares como materialistas, cínicos y fríos, en tanto que los habitantes de Kosovo ven a sus primos del sur como campesinos primitivos. No sólo es prejuicio; los albanokosovares vivieron durante cuarenta años en la Yugoslavia de Tito, seguramente la más abierta y probablemente una de las más ricas de las piezas del Este de Europa, en tanto que los albaneses de Albania -tanto tosks como gegs- debieron soportar el encierro del régimen de Enver Hoxha. Como resultado, luego de terminada la Guerra Fría, y una vez desmantelada la Cortina de Hierro, los albanokosovares tenían un ingreso per cápita tres veces superior que el de los albaneses de Albania.

Estas diferencias se hicieron evidentes a mediados de 1999, cuando los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia combinados con las presiones de las fuerzas armadas serbias originaron oleadas de refugiados albanokosovares hacia territorio albanés y macedonio. En Albania recibieron a sus connacionales cobrándoles precios exhorbitantes por sus necesidad básicas y luego, cuando Naciones Unidas se hizo cargo de la administración de Kosovo, desde Albania se 'exportaron' bandas organizadas de criminales comunes. El analista en temas balcánicos Sam Varkin escribió: "Ningún macedonio eslavo me habló tan mal de los albaneses de Albania como lo hicieron mis contactos albanokosovares". Problemas de familia.

El clan es uno de los elementos centrales de la identidad albanesa y tal vez ayude a explicar parte de sus peculiaridades dentro del ajedrez balcánico. Los antropólogos han identificado reglas estables que rigen estas sociedades tradicionales. El individuo se inscribe primero en el fis, un grupo familiar extendido que a la vez se reagrupa en la pleme, o tribu. Son sociedades guerreras, patriarcales, rigurosamente exogámicas (siempre se debe tomar mujer en una tribu separada de la propia) "y funcionan en torno a los valores centrales del honor y la palabra dada", la besa, que cuando se rompen motivan venganzas de sangre en ese "ciclo infernal de la vendetta", que los albaneses llaman gjakmarrja. En el siglo XVI un sacerdote católico sistematizó por escrito estas tradiciones en el Kanun de Lek Dukagjin (imagen).

El Kanun permanece en vigor en el norte de Albania y en Kosovo, mientras que en el sur de Albania las relaciones interpersonales son menos rigurosas. Aún hoy el Kanun determina ampliamente la vida de los albaneses de las regiones rurales de Kosovo, al punto que a principios de los noventa el intelectual católico Anton Ceta impulsó una campaña generalizada de perdones de los problemas interclánicos para unir a los albanokosovares frente a la represión serbia. En las antípodas de Ceta están las mafias que en el norte de Albania se aprovechan del Kanun para impulsar verdaderos baños de sangre entre los campesinos y utilizarlos en su provecho, a pesar de que la letra de ese código más que favorecer la vendetta intentaba reglamentarla y, en cierta medida, suavizarla.

==Tercera parte de cuatro

* 1- La pasión compartida (I)
* 2- La pasión compartida (II)
* 4- Breve aproximación a Kadaré

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001, y elaborado en base a los escritos de Jean-Arnault Dérens y Catherine Samary en Le Monde Diplomatique, de Sam Varkin en Central Europe Review, y a entrevistas mantenidas por el autor de esta nota con ciudadanos albaneses y albanokosovares)

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06 julio 2001

Poesía épica serbia: La saga de Kosovo

Traducida al alemán por Goethe, al ruso por Alexander Pushkin, y al inglés por Sir Walter Scott, la poesía épica serbia de temas medievales llamó la atención de la Europa romántica desde que el viajero italiano Alberto Fortis transcribió algunos textos en su libro Viajes por Dalmacia. Estos traductores de lujo participaban del espíritu de su época, influido notoriamente por la cruzada de Lord Byron a favor de la libertad de Grecia, que al igual que las otras naciones balcánicas intentaba expulsar de su territorio a los turcos otomanos.

Mientras esto ocurría en Occidente, en los Balcanes el siglo XIX abría el ciclo de las interpretaciones nacionalistas de los episodios de la Edad Media que en la década final del siglo XX darían la excusa a la tercera de las guerras que siguieron a la desintegración de Yugoslavia: la guerra de Kosovo entre serbios y albaneses. Cuando las tropas serbias realizaban su limpieza étnica contra la población albanesa en 1999, lo hacían movidos por los discursos del presidente yugoslavo de entonces, Slobodan Milosevic, que había prometido vengar la batalla que perdieron en Kosovo un 28 de junio de 1389 (15 de junio, para el calendario actual) y recuperar el control del territorio que se considera “el corazón de la nación serbia”.

Al decir del escritor bosnio Predrag Matvejevic (foto), lo que Milosevic estaba haciendo era utilizar el mito como arma. Y no habría mito si la batalla no estuviera inscrita “en una poesía nacional de tipo homérico que se halla entre las más bellas de nuestro continente”, asegura Matvejevic. Si bien la épica medieval serbia que llegó a nuestros días está integrada por una decena de temas, su núcleo es la llamada Saga de Kosovo. Una serie de poemas escritos en líneas de entre catorce y dieciseis sílabas que aparentemente comenzaron a escribirse a finales del siglo XV en la República de Ragusa (la actual ciudad de Duvrovnik, en Croacia) por parte de los nobles serbios y sus cortes, que habían sido obligados al exilio por la derrota ante los turcos.

John Mathías, co-traductor junto a Vladeta Vuckovic de la más reciente de las versiones inglesas de esos textos, asegura que los poetas anónimos balcánicos estaban influidos por los romances españoles sobre la lucha entre la Cristiandad y el Islam. Otro estudioso del tema, Svetozar Koljevic, refuta cualquier influencia externa y asegura que se trataba de canciones épicas escritas por campesinos y pastores que luego fueron adaptadas por las cortes en el exilio a la métrica con la que se conocen actualmente. Todos coinciden, sin embargo, en dos aspectos: la versión más autorizada que puede leerse hoy en día es la del polémico musicólogo y lingüista serbio Vuk Stefanovic Karadzic, considerado el ideólogo de la lengua serbocroata y, por lo tanto, visto por los croatas como el negador de la especificidad de su idioma nacional en favor del expansionismo cultural serbio; y un elemento indisoluble de estos cantares es el acompañamiento con la gusla.

Se trata de un instrumento de una única cuerda, de sonido monótono y lastimero, símbolo de supervivencia cultural para los serbios. De la gusla habla Ivo Andric en su libro Un puente sobre el Drina, a la gusla le cabe un papel simbólico en Tres cantos fúnebres por Kosovo de Ismail Kadaré y, para no desmentir la idea de Matvejevic sobre la utilización del mito en beneficio de los nacionalismos radicales, una gusla era el amuleto de varias de las unidades paramilitares serbias en los años noventa mientras cometían crímenes contra la población civil en las guerras de Bosnia y de Kosovo.

==Primera parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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23 febrero 2001

Bartok: Un musicólogo en Transilvania

Así como existe una leyenda sobre la caída de una manzana que inspiró en Isaac Newton el enunciado de la Ley de la Gravedad, también se dice que fue una manzana la que impulsó al húngaro Béla Bartok a una titánica tarea de rescate de la música tradicional de su país. En este caso no fue una fruta de piel y pulpa sino una canción llamada "La manzana roja cayó en el barro" que escuchó por azar a una muchacha de Transilvania, zona que aunque pertenece a Rumania tiene una fuerte herencia húngara.Corría el año 1904 y había un abismo cultural separando al círculo social de clase media al que pertenecía Béla Bartok y a los campesinos entre quienes realizó su sistemático trabajo musicológico. No estuvo solo, sino que en parte de sus investigaciones lo acompañó su colega y amigo Zoltán Kodály, con quien compartiría tanto la pasión por evitar la extinción de los sonidos de su país, como la característica de incluir en las composiciones propias elementos folklóricos dialogando con formas musicales cultas.

El grupo húngaro Muzsikás editó recientemente un disco compacto en el que se recogen algunas de las grabaciones originales que Bartók tomó de campesinos y gitanos, a la vez que se incluyen versiones modernas que respetan las transcripciones que hizo el musicólogo en la primera parte del siglo XX y las formas tradicionales de tocar que existen en las aldeas campesinas. El compacto Bartók Album está acompañado de un libro de bolsillo bilingüe que reproduce parte de la historia del trabajo de Bartók junto a fotografías de época y opiniones del compositor. Allí puede leerse que el investigador no tomó su recolección sonora como un peso difícil de sobrellevar: "La gente se equivoca cuando cree que este es un trabajo horriblemente cansador, que demanda grandes sacrificios. En lo que a mi concierne, yo sólo puedo decir que el tiempo que ocupé en este trabajo fue la parte más feliz de mi vida".

==Primera parte de cuatro

* 2- Hungría y Transilvania
* 3- Al otro lado de los Cárpatos
* 4- Folklore rumano

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )el 23 de febrero de 2001

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Folklore rumano

Béla Bartók no sólo recopiló música tradicional húngara. Sus archivos contienen un trabajo de tres volúmenes titulado Música Folklórica Rumana, en el que están contenidos miles de melodías y que está considerado parte central de su legado musicológico.

Dejó otra obra, ésta en un solo tomo, dedicada exclusivamente al folklore rumano de la zona de Máramaros (o Maramures), que es el área del Valle de los Cárpatos en la que las tradiciones folklóricas están mejor preservadas. El disco de Muzsikás incluye la grabación original que hizo Bartók en 1913 en la aldea de Pátrova, que marcó el comienzo de sus investigaciones en Máramaros. La cantan dos campesinas hermanas: Ileana y Nita Ardelean. Una de las melodías de Máramaros fue usada por Bartók en el número 32 de los 44 Dúos que compuso. Sobre estos Dúos, el Bartók Album apunta que aunque el compositor "los escribió como material de enseñanza, cada una es una obra maestra en miniatura". El Dúo 44 también está inspirado en una melodía tradicional, pero en este caso no procede de Máramaros sino de Transilvania, más concretamente de la zona de Torontál; una variación de esta melodía que Bartók recogió en 1912 en la aldea de Petre, aparecerá en su primer rapsodia.

El disco de Muzsikás incluye otras formas folklóricas húngaras, tales como las danzas de Ardelean en las que los violines se acompañan con un instrumento de percusión llamado broanca; los dúos de violines de Ördöngosfüzes; la pieza que en 1915 inspiró su Danza Folklórica Rumana para piano (Sz56) ; o la música del sur transilvano que exige un toque de violín viejo y arcaico que parcialmente puede reconocerse en la cuarta de sus Quince Canciones Campesinas Húngaras (Sz71). El resultado del trabajo de Bartók, que está registrado en 78 discos, es el resultado de la sistematicidad científica combinada con la pasión. No en vano, como se indica en el Bartók Album, recogió músicas "en virtualmente toda área en la que se hablaba húngaro", tanto entrevistando a intérpretes campesinos y gitanos, como ocupando la mayoría de los fines de semana de más de una década de su vida en los bailes de campaña de un amplio territorio que abarca las actuales Hungría, Rumania y Moldavia.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Bartok: Un musicólogo en Transilvania
* 2- Hungría y Transilvania
* 3- Al otro lado de los Cárpatos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en El País Cultural )

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29 enero 2001

Sonidos de Macedonia

La ex República Yugoslava de Macedonia está en el ojo de la tormenta. Limita con Grecia, país con el que mantiene un diferendo por el nombre (ya que Macedonia es también una provincia griega) y por la herencia cultural de Alejandro Magno; con Bulgaria, algunos de cuyos académicos consideran a los macedonios como étnicamente búlgaros; con Serbia, a la que la une y separa una relación pautada por el común denominador de la religión cristiana ortodoxa; y con Albania, en la que conforma su frontera más difícil debido a que los nacionalistas albaneses más radicales opinan que el área del territorio macedonio que rodea la ciudad de Tetovo formaría parte, al igual que Kosovo, de una idealizada Gran Albania. Estos conflictos políticos, que son el lado negativo de su situación geográfica, tienen como contracara un carácter de encrucijada cultural que también se refleja en su música.

"Bregovic hace mucho mixed", sentencia Ljubco Konstantinov, un autor de músicas para teatros cuyo elenco fue calificado por El País de Madrid como la revelación del más reciente festival de teatro de Bogotá. Lo auténtico dentro de la música macedonia no debe buscarse en el grupo más célebre de ese país, Anastasia, que aunque cultiva una línea más new age que Bregovic (foto) también alcanzó su reconocimiento internacional por una banda sonora, la de la película Antes de la lluvia.

La autenticidad a que se refiere Konstantinov puede encontrarse en la serie de discos compactos que la Radio y Televisión Macedonia editó a mediados de 1999. Lo hizo con la clara intención de presentar internacionalmente a los nombres mayores de su folklore, según se desprende de las biografías bilingües que incluyen y del propio hecho de que lo lujoso de la edición no concuerda con el empobrecido mercado interno macedonio. Junto a dos discos de música litúrgica grabada por un coro de monjes, la serie incluye tres antologías de Ilieva Vaska, Aleksandar Sarievski, y Nikola Badev. Aunque con sus particularidades, especialmente en el caso del más urbano Nicola Badev, los tres compactos ofrecen una de las esencias que están presentes en la música de Bregovic; pero la muestran en estado puro, desprovista de la fusión con el pop y el rock -o incluso las mornas del lejano Cabo Verde- que acostumbra incluir el yugoslavo.

Aleksandar Sarievski, nacido en Galichnik, es el principal representante de la música tradicional del oeste de Macedonia. Desde la propia portada del compacto se subraya este carácter folklórico: se lo ve ataviado con un chaleco bordado en vivos colores y un sombrero negro sin visera (estilo cosaco) recortado sobre la imagen de un monasterio cristiano ortodoxo. En la biografía que acompaña el disco se califica a sus letras como minimalistas y vinculadas a la pobreza, la esperanza y el amor tal como son vividos por su pueblo. Sarievski debutó en 1941 como cantante de Radio Skopje y, según este trabajo grabado en los estudios de la Radio y Televisión de Macedonia, "hay muy pocos cantantes como él".

Ilieva Vaska, en la opinión del crítico macedonio Djoko Georgiev, se caracteriza por "su garganta dorada y su voz fuerte y energética". Esta artista nacida en la capital Skopje en 1923, impulsó desde 1950 una carrera en la que no sólo interpretó el folklore sino que lo enriqueció con una serie de composiciones de su autoría generando una tendencia que fue calificada como "folk-blues". Transformada en una leyenda viva luego de cincuenta años de carrera, Vaska acumuló una larga discografía y varias giras internacionales.

El disco de Nikola Badev plantea, desde su propia tapa, un registro diferente. Ya no viste el atavío tradicional sino que luce un impecable traje gris de cuyo bolsillo superior derecho sobresale un pañuelo blanco. La estampa hace pensar en un cantante de tangos, o incluso en Alfredo Zitarrosa. El impacto cuando se escucha su trabajo es grande: la voz está en las antípodas de los modelos a los que recuerda; la voz es dulce y en lugar de imponerse parece acariciar desde detrás de la música. También es diferente la presentación que del artista hace la Radio Televisión Macedonia. Le llaman "bardo" y ya no lo califican como músico campesino sino como exponente "de la colorida paleta de las canciones urbanas macedonias"; paleta que "pasó a través de numerosas décadas desde el siglo XIX hasta el XX, acompañando el tiempo en el que el lenguaje y la sensibilidad nacionales dejaron la rústica expresión de la vida de campo para volverse más modernas tanto desde los puntos de vista musical como temático". Vivió 58 años y sus nostálgicas vocalizaciones adquirieron renombre nacional desde que en 1952 cautivó al jurado de un concurso de Radio Skopje.

(Publicado en Brecha en enero de 2001)

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19 enero 2001

Después de Kusturica: Tiempo de música balcánica

El auge de la música balcánica no es exclusivo del Uruguay. La apoteósica participación de la banda de Bregovic en el espectáculo callejero que la RAI montó en Roma el último Primero de Mayo, la portada de la versión polaca de la revista Hola dedicada a mostrar la nueva casa del compositor, y la elección de los bronces yugoslavos para cerrar el festival mundial de música gitana Khamoro que se celebró en Praga a mediados del año 2000, son sólo algunos elementos que permiten hablar de una tendencia globalizada.

La balcánica es una conflictiva región europea que desde la Edad Media ha estado en la frontera entre Oriente y Occidente, y que modernamente dio lugar a la dos guerras internacionales que prologaron la Primera Guerra Mundial, que estuvo en el eje de la desaparición del imperio otomano, y que en los noventa volvió al centro de la atención pública con los conflictos de Bosnia y de Kosovo. Los Balcanes están conformados por prácticamente la totalidad de la ex Yugoslavia (excepto Eslovenia), Bulgaria, Albania, Grecia y Turquía. En su música, además de la influencia otomana originada en cinco siglos de dominio, se produce el cruce cultural de casi una decena de nacionalidades entre las que se destaca una fuerte nota gitana.
Dentro de esa corriente mestiza, el nombre más conocido internacionalmente es el de Goran Bregovic.

A partir de su figura, a través de sus diferentes colaboraciones con músicos de los diferentes países del área, puede construirse un boceto de ese complejo mapa sonoro. Nacido en Sarajevo en 1950 de una madre croata y un padre serbio, y casado con una musulmana, Bregovic encarna la conflictiva multiculturalidad de la ex Yugoslavia. Luego de llegar a la música como guitarrista de la banda de rock "Bestias", inició una carrera de compositor que lo ha situado como uno de los músicos balcánicos más célebres, sobre todo a raíz de su participación en las bandas sonoras de los filmes dirigidos por su amigo y compatriota Emir Kusturica. Fue la sound track de Tiempo de Gitanos la que le permitió editar su primer disco para un sello internacional (Polygram) en 1990, luego de 16 años de trabajar con las productoras de fonogramas Jugoton y Kamarad de Belgrado. Esta entrada en el mundo de la música para cine de la mano de Kusturica, director dos veces premiado en Cannes, le permitió llegar a la banda de sonido de superproducciones como La Reina Margot.

==Primera parte de cuatro

* 2- Dalaras y Alexiu
* 3- Los oídos alerta
* 4- Gitanos del Este

(Publicado en Brecha en enero de 2001)

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