15 diciembre 2006

El valle inexplicable

La fuerza de la insurgencia iraquí es tal, que ya no sólo ponen en jaque a las fuerzas de ocupación con su cuota diaria de atentados, sino que están imponiendo la ley islámica en las poblaciones que controlan, incluyendo la tercera ciudad del país, Mosul. Las pocas tiendas de ropa que quedan abiertas en ese lugar han debido encapuchar la cabeza de sus maniquíes para no despertar la ira de los fundamentalistas. Esta directiva no es, sin embargo, la más absurda.

En los baños públicos está prohibido el uso de jabón, ya que este elemento no existía en tiempos del Profeta, en tanto que los restoranes no pueden servir la tradicional ensalada de pepino y tomate, porque una verdura es masculina y la otra femenina, y es sabido que hombres y mujeres no pueden mezclarse en un mismo recinto. “Quieren hacernos retroceder mil cuatrocientos años”, se queja un comerciante entrevistado por Yasmin Ahmed, periodista iraquí que publica en Gran Bretaña. Pero a renglón seguido de la protesta llega la aceptación: “debemos obedecer si queremos seguir con vida”.

Los fundamentalistas sunnitas son la verdadera ley en una ciudad que puede considerarse el bastión de las fuerzas que todavía mantienen ciertos niveles de lealtad con el régimen de Saddam Hussein. En definitiva fue en Mosul donde se escondían los hijos de Saddam mientras dirigían parte de la resistencia en los primeros momentos de la invasión, y fue en Mosul donde se “vio” en varias ocasiones al ex dictador durante la breve temporada en que se mantuvo prófugo. Semanas iniciales de la “posguerra” en la que las milicias kurdas apenas podían mantener alguna forma de control sobre Mosul, aunque pronto fueron sustituidas por tropas del nuevo gobierno iraquí apoyadas por marines, se supone que para no preocupar a la vecina Turquía, aliada clave para la OTAN, que nunca vio con buenos ojos que uno de los efectos colaterales de la caída de Hussein fuera el fortalecimiento kurdo.

Los fundamentalistas que desde las sombras dictan el código de conducta cotidiano de los habitantes de una ciudad que vivió tiempos mejores (la fina tela conocida como muselina se llama así porque es originaria de Mosul) no respetan diferencias religiosas. Las escasas familias cristianas también son obligadas a cumplir los “decretos”, por lo que las mujeres no musulmanas tampoco se libran de llevar velo. Una situación paradójica, si se tiene en cuenta que los sectores que apoyan a la insurgencia sunnita desde las mezquitas de Europa Occidental son los principales defensores del derecho de las niñas musulmanas a llevar velo en las escuelas de París, para citar sólo un caso, a pesar de las voces europeas que lo consideran una práctica violatoria de los principios de la laicidad escolar.

Lo cierto es que Mosul ya no tiene estatuas (dinamitadas por ser “símbolo de idolatría”) y las vidrieras de sus tiendas están pobladas de maniquíes encapuchados. Si fuera un mundo de ficción podría pensarse en uno de los postulados más controversiales de la teorización sobre los androides. La llamada Teoría del valle inexplicable, o Bukimi no tani, acuñada por Masahiro Mori (ver gráfica al pie del artículo) y usada en varias películas, entre las que se destaca Blade Runner, de Ridley Scott. Muy simplificadamente, postula que aquello que se parece mucho a un ser humano pero que sabemos que no es real, amplifica una respuesta emocional de rechazo, temor o desconfianza. Un problema con el que deben lidiar los diseñadores de androides y que está en la base de por qué el cine de terror ha sacado tan buen partido de los maniquíes, los muñecos y los zombis. Pero Japón queda muy lejos de Mosul. Cualquier lugar queda muy lejos de esa ciudad aterrada por quienes cultivan una interpretación zombi del Islam.



(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de diciembre de 2006)

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22 septiembre 2006

Ira (o queja) de ramadán

Para los musulmanes lo importante del mes sagrado de ramadán, que comienza este fin de semana, no es sólo ayunar, sino hacerlo en un estado espiritual de rendición a la divinidad y a los pilares de la fe. La idea de entrega completa a su dios es resaltada por varios estudiosos del Islam, e incluso está presente en los artículos de divulgación que aparecen en la prensa de inspiración musulmana: el Islam “en su sentido más básico significa una total rendición a Allah”, recuerda a sus lectores Melilla Hoy.

No se trata de una aceptación pasiva de la realidad ya que “una dimensión importante de esta rendición es la ayuda al necesitado o a aquel que es víctima del sufrimiento y la persecución”. Por eso el mes de ramadán es propicio para una insistencia de los imanes en la toma de conciencia de sus fieles (“agitarlos interiormente”, dice WebIslam) acerca de las condiciones en que viven otros musulmanes en el mundo que “siguen luchando contra la opresión en muchas partes del planeta: Palestina, Iraq, Chechenia, Afganistán y Cachemira”.

Como todo lo que se vincula al Islam, también en este punto hay matices. Recuérdese, por ejemplo, que ni siquiera hay una única versión entre los musulmanes acerca de cuándo empieza exactamente el mes de ramadán. Lo que para sectores moderados es “agitación interior” para otros implica la necesidad de manifestaciones públicas de solidaridad con sus correligionarios, e incluso el llamado a la lucha armada. En este ramadan en particular esos matices y diferencias se pondrán en evidencia con el contenido que se le dará, por parte de los imanes de las distintas tendencias, al “día de la ira”.

Una jornada convocada para hoy viernes por la cabeza de la Unión Mundial de Ulemas Islámicos, Yusef al Qaradaui, en contra de las recientes expresiones del líder espiritual de los católicos, el Papa Benedicto XVI (foto). Para algunos la jornada es “el día de la ira”, para otros “el día de la queja”. Paralelamente a que al Qaradaui llamaba a la protesta global, la máxima autoridad sunita, el jeque Mohamed Tantawi, recordaba, también desde El Cairo, que “el Islam es una religión de paz” y llamaba a aprovechar el inicio de ramadán como un momento de diálogo entre las religiones.

Como se recordará, en un discurso denominado “Fe, Razón y Universidad”, presentado por Benedicto XVI en la Universidad de Regensburg, en Alemania, el Papa citó al emperador bizantino Manuel II, quien tenía una visión del Islam propia del tiempo de las Cruzadas (por más que serían los cruzados occidentales los que saquearían Constantinopla mucho antes de que la ciudad, debilitada por ese saqueo, cayera en manos de los conquistadores otomanos en 1453). Para quienes analizaron seriamente el polémico discurso, como fue el caso del director del Centro para Investigaciones Políticas de la India, citado por Indian Express, la clave del discurso del Papa no fue la cita de Manuel II, sino la tesis teológica que, según el analista, postula que el cristianismo es la única religión que ha realizado un tipo de aproximación correcto a la vinculación entre fe e investigación filosófica.

Pero no fue esa tesis, sino la cita sobre el carácter violento y estéril del Islam lo que provocó una cadena de protestas en algunos sectores del mundo islámico (poco espontáneas a juzgar por las imágenes de prolijos carteles en inglés que eran portados por una multitud enfurecida) y un verdadero dolor de cabeza para todos los que trabajan por fomentar el llamado “diálogo entre civilizaciones”. El Papa se disculpó diciendo que fue malinterpretado y las aguas empezaron a calmarse. En el camino, como un trágico “daño colateral”, quedó el asesinato de una religiosa italiana en Somalia. Se llamaba Leonella Sgorbati.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de setiembre de 2006)

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24 agosto 2006

El precio de la prosperidad

Bejing tres de la tarde. Es agosto y la Ciudad Prohibida, antiguo palacio del Emperador, rebosa de turistas. Al lado de ese hormiguero humano, separado apenas por una empalizada y una calle angosta, está uno de los múltiples parques que tiene la vibrante capital china. Allí, un grupo de mujeres y hombres, ya entrados en la tercera edad, practican tai-chi con dedicación. Una imagen de tranquilidad interior que parece contrastar con el ruido de las avenidas que están apenas a unos pasos, donde hay cada vez más autos que llevan a los centros comerciales europeizados de Orient Mall, y un estilo de vida saludable que contrasta con una de las facetas de la nueva prosperidad: los jóvenes chinos están cada vez más gordos. La irrupción de la comida chatarra de estilo occidental va volviéndose una crisis con temporizador.

No alcanza que los parques públicos estén en óptimas condiciones, o que los espacios verdes que están junto a los complejos de viviendas de Beijing tengan, en lugar de hamacas y toboganes para niños, aparatos de gimnasio y bicicletas fijas que pueden ser usados libremente. Pese a estos esfuerzos, el 15 por ciento de los chinos tienen sobre peso. Y bien es sabido que cuando se trata de los chinos, un 15 por ciento es mucha gente. Ciento ochenta y cuatro millones para ser más precisos, de los cuales treinta y un millones son directamente obesos. Un problema que, de acuerdo con un artículo del diario británico The Guardian, tiene mayor incidencia en los jóvenes. El porcentaje de menores de 18 años con sobrepeso se ha multiplicado por 28 desde 1985 a la fecha. Cifras que describen el avance de una crisis que en pocos años podría sumir la país en una epidemia de diabetes y en un aumento sustancial de las enfermedades cardiovasculares, con consecuencias poco agradables para la vida de las personas y para las cuentas del Estado.

Pero no sólo de comida chatarra vive una potencia emergente. También necesita petróleo. Esta semana se conocieron algunos movimientos estratégicos en ese terreno por parte de los dos grandes jugadores de las ligas asiáticas. India acaba de anunciar que invertirá mil millones de dólares en proyectos petroleros y mineros en Costa de Marfil, con lo que intenta asegurarse algo más de 60 mil barriles diarios de la producción actual, y estar en primer lugar de la fila cuando estén disponibles los resultados de la prospección en el Golfo de Guinea. Mientras la India busca su seguridad energética realizando inversiones estratégicas en África, China podría encontrar una buena dosis de ambrosía en el comercio con Venezuela.

La visita del presidente venezolano Hugo Chávez llega en un momento inmejorable: China quiere diversificar sus compras de petróleo (debido a la crisis de Oriente Medio y a la inestabilidad relativa de la ex Unión Soviética) y Venezuela quiere diversificar sus ventas (por ahora focalizadas en Estados Unidos, un país con el que no tiene las mejores relaciones políticas). El inconveniente de la distancia podría resolverse con un descuento por barril que aplicaría Chávez para compensar los costos de transporte, obteniendo a cambio un contrato con China superior al medio millón de barriles diarios. Algo así como la décima parte de lo que estará produciendo en 2012. Para contextualizar esta diversificación a futuro de los mercados que está buscando Caracas, debe recordarse un dato ya manejado en otras oportunidades en Brecha: según el experto en geopolítica de los recursos naturales, Michael Klare, para 2010 está pronosticado un agotamiento de los principales pozos de petróleo de Estados Unidos.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 24 de agosto de 2006)

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13 mayo 2006

Metáforas de un referéndum

Este domingo los montenegrinos definirán en referéndum si continúan formando un único país con los serbios, o si se independizan. Dos ciudades de la costa del Adriático parecen reflejar, en su trazado medieval, el dilema que plantea esta difícil decisión para estos dos pueblos que comparten la religión ortodoxa y la etnicidad eslava.

Las murallas medievales de Kotor parecen proteger al pequeño casco urbano a medida que cae la noche. Una puerta casi escondida conduce a una escalera irregular. Sus gastados escalones de piedra llevan montaña arriba hasta los bastiones defensivos y las iglesias en ruinas mientras un muro acompaña las líneas defensivas. Todo eso queda en la oscuridad. Parece amenazar más que proteger. En el llano las murallas son menos opresivas y casi pueden resultar agradables, aunque nunca llegan a tener el menor atisbo de “atractivo turístico”. Están a unos pocos kilómetros de las que rodean la ciudad de Budva, el segundo balneario más exclusivo de Montenegro, pero estas murallas de Kotor no buscan agradar al visitante. La diferente atmósfera de esas dos ciudades podría casi imaginarse como una metáfora de las dos posiciones que se enfrentarán en el referéndum de este domingo sobre el futuro de Montenegro.

La postura de quienes buscan la independencia y desde la independencia una inserción en Europa y en la comunidad internacional, se parece un poco a Budva. Ahí las calles medievales no hacen otra cosa que agregar encanto a la ciudad volcada sobre el turquesa del Adriático, y las murallas pueden recorrerse en un paseo que no exige mayor esfuerzo y recompensa con una vista que permite abarcar toda la costa. Las montañas son un marco lejano. El pequeño museo de Budva es otra joya, bien cuidado a pesar de los pocos visitantes que recibe, guarda algunos objetos que dan cuenta de un pasado ilirio y helénico, incluyendo un yelmo del siglo V antes de cristo, perfectamente conservado, que es la pieza estrella del lugar.

Kotor en cambio...

Kotor tiene exactamente los mismos elementos que Budva, pero los vive de manera diferente. Para empezar, no los escenifica para el turismo. Las murallas de Kotor no pueden visitarse con facilidad y las calles medievales no están formando parte de ningún “paseo histórico”; son, simplemente, calles que están ahí desde fines de la Edad Media. Al contrario que en Budva, la montaña no está lejos sino que Kotor se construyó al abrigo de la montaña. Lo lejano es el mar, aunque esté a un paso. Y no hay museo. Los principales objetos históricos que atesoran no son restos ilirios ni helénicos, sino íconos de tradición serbo-bizantina. No están a la vista del visitante, sino que se pueden ver solamente durante los servicios religiosos. De la iglesia principal pende, como un palio medieval, una bandera serbia de enormes proporciones. En el centro se le agregó un emblema que no está en el símbolo oficial. Es una cruz que tiene en cada cuadrante una “ce” del alfabeto cirilico, letra que suena como la “ese” de las lenguas de raíz latina. Las cuatro “ce” representan la frase más repetida por los partidarios de la unión con sus vecinos serbios: “Sólo la Unidad salva a Serbia”.

Ecos de Tito

Cerca de aquella iglesia, en la puerta principal de las murallas de Kotor, todavía puede leerse una inscripción en homenaje a Tito, el constructor de la Yugoslavia federal. Como un eco de esas otras cuatro letras puede citarse el otro eslogan que han reciclado quienes no llegan al campo de los unionistas desde posturas vinculadas al nacionalismo sino desde el terreno opuesto: “Yugoslavia es la única certeza”. Esta yugonostalgia, habitual entre los sectores progresistas de Serbia, es parte del debate político vinculado al referéndum. Algunos sectores radicales del nacionalismo serbio ven incluso a la independencia de Montenegro como un mal menor, ya que serviría como un antídoto contra lo que consideran “el veneno yugoslavo”. Desde esas tiendas, la separación de Montenegro le permitiría a los serbios “librarse finalmente de Tito” y construir su destino en solitario. Estos nacionalistas radicales consideran que el simple hecho de que la mitad de los montenegrinos estén a favor de la independencia ya es traición suficiente como para no querer seguir viviendo juntos. “Si quieren irse que se vayan”, aseguran en los numerosos foros electrónicos que se han abierto sobre este tema. “Los políticos dicen que con la separación de Montenegro los serbios perderemos la salida al mar y los balnearios de la costa, no importa, iremos a Grecia o a Bulgaria, donde las playas y los precios son mejores”, agregan.

Yugoslavias

Las encuestas dan un 53 % a la opción independentista y un 47 % a los que desean mantener la unión con Serbia. Para que el referéndum tenga efecto, los votantes por la separación deben alcanzar el 55 %. Si eso ocurre, la dirigencia montenegrina ya anunció que en setiembre pedirán ingresar a Naciones Unidas como nuevo país. De concretarse, habrá sido, en efecto, el tiro de gracia al experimento yugoslavo, la patria única para los eslavos del sur que tuvo en la primera posguerra una versión monárquica, y que luego de la Segunda Guerra Mundial adquirió su forma federal y socialista que duró hasta 1991. Después de las guerras balcánicas de los noventa (de las que surgieron Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia), quedó reducida a una efímera tercera Yugoslavia que ahora, y al menos hasta este domingo, se llama Serbia y Montenegro.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en mayo de 2006)

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20 marzo 2006

Milosevic y la vieja herida de la identidad

Las mujeres vestidas de negro lloraban como si su muerte hubiera ocurrido esa misma noche. El cuerpo ennegrecido y arrugado del príncipe Lazar revelaba, a pesar de los esfuerzos de los embalsamadores, que se trataba de una muerte antigua. Seiscientos años no es tanto tiempo para los Balcanes, en cuya historia todavía se sigue hundiendo el mito de los héroes de las novelas de caballería, como Marko Kralievic, dueño de una fuerza descomunal y de un caballo capaz de recorrer enormes distancias tomando impulso, de tanto en tanto, con sus cascos herrados en plata

Por eso la repatriación de los restos de Lazar, organizada por Slobodan Milosevic para conmemorar los seis siglos de la Batalla de Kosovo, pareció más un hecho de la agenda política que una efemérides para historiadores. Durante semanas el ataúd del príncipe hizo una peregrinación, ciudad tras ciudad, para recibir el homenaje postergado. En cada estación las autoridades locales reafirmaban la intencionalidad política del recorrido: Lazar, que al luchar contra los turcos en la batalla de 1389 eligió una muerte honorable y sagrada antes que la efímera victoria terrenal, estaba ahí para decirles que Kosovo era la patria espiritual de los serbios. Que las cosas hubieran cambiado en seis siglos y que ahora el 90 por ciento de los kosovares fueran de origen albanés (musulmanes como aquellos turcos), era un detalle demográfico menor, menos trascendente que el testimonio de los monasterios ortodoxos que salpicaban la geografía de la provincia con su arquitectura bizantina.

“Libre y piadoso”

En esa vieja herida de la identidad fue que Milosevic plantó su bandera del oportunismo nacionalista y se encaramó en el poder. Eran tiempos en que un oscuro dirigente del aparato comunista debía aferrarse a cualquier cosa si no quería terminar abruptamente su carrera política. Sus bravuconadas historicistas se volvieron algo mucho más serio cuando varias repúblicas de la entonces Yugoslavia proclamaron su independencia. La irresponsabilidad de Alemania y Austria, que se apresuraron a reconocer a Croacia y Eslovenia sin asegurar garantías para las poblaciones serbias que allí vivían, desató la primera de las modernas guerras balcánicas. El oportunismo de Milosevic y de los líderes croata y bosniomusulmán hicieron el resto, desangrando al país y desmembrándolo en cuatro años. La historia más reciente es conocida. Llevado al Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, a efectos de ser juzgado por crímenes contra la humanidad y genocidio, su defensa de sí mismo tuvo el efecto de relanzar su arraigo popular. La muerte ocurrida el 11 de marzo en una celda de La Haya, imputable a una genérica negligencia médica, le da la oportunidad a sus seguidores de colocarlo en el santoral de la ortodoxia serbia. Ya comenzaron a aparecer las imágenes en las que un Slobo desafiante presta su rostro a uno de los santos guerreros que adornan las paredes de las iglesias. Como ocurrió antes con Lazar, ahora es el cuerpo de Milosevic el que regresa en busca de homenaje. A cambio lleva consigo, en la rigidez de la muerte, el rejuvenecido mito del martirio serbio. Fue Lazar un mártir (el profeta Elías le anunció su suerte antes de la batalla portando una carta de la Virgen María, y la decisión de Lazar de concurrir a la muerte profetizada fue la que ató el destino de Serbia a la estética cristiana del cordero que se sacrifica por los otros), y ahora es Slobo, cuyo nombre significa “libre y piadoso”, quien cumple con su destino.

Lugares comunes

Este razonamiento no es sólo de los nacionalistas. Hay un pathos serbio que es parte de su identidad nacional, que hace que incluso los opositores a Milosevic miren al Tribunal de La Haya con desconfianza. Para la prensa internacional fue “el carnicero de los Balcanes”. Para los serbios que se opusieron a su régimen, Milosevic fue una desgracia, pero no fue necesariamente un criminal de guerra. Los otros pueblos balcánicos, que sufrieron las guerras de los noventa, hubieran preferido verlo condenado por sus crímenes. Culpable de los cargos de los que se lo acusaban, Milosevic fue uno de los personajes que causaron más muerte y dolor en la ex Yugoslavia. Pero no fue el único, dicen los serbios de cualquier tendencia política. En cierta forma, el rechazo a la simplificación con la que la prensa internacional los vuelve a bombardear desde el 11 de marzo (reciclando los viejos lugares comunes que mostraban a Serbia como único agresor en las guerras de los noventa), contribuye a dar cierto barniz de consenso a la incómoda figura del obediente cuadro de la nomenclatura titista. Cuando esta nota esté impresa, Milosevic estará siendo velado en Belgrado, frente al Parlamento, y luego de dos días se le llevará a su pueblo natal, Pozarevac, donde será enterrado el sábado. El cronograma está pensado para darle a los homenajes el tono simbólico de una pasión cristiana. Sin embargo podemos asegurar, según fuentes confiables, que al tercer día no resucitará.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria el 20 de marzo de 2006)

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05 febrero 2006

El Oloffson de Green

Las noches de Puerto Príncipe recuperan algo del brillo perdido de la perla de Francia. Para comprobarlo es necesario dejar atrás la seguridad relativa de Petion-Ville, bajar a la capital y dejarse envolver, por ejemplo, por la leyenda del hotel Oloffson, un antiguo hospital de los marines en el que parecen superponerse las épocas en varios planos. Un espejo contenido por un grueso marco de madera tallada, escorado sobre la barra del bar, refleja una atmósfera de otro tiempo en el azogue gastado. Dos minúsculos ventiladores de techo intentan batir el aire en la sala de fiestas del hotel Oloffson, de Puerto Príncipe. La capital haitiana tiene en esa vieja mansión uno de sus lugares más emblemáticos. Sin el brillo de antaño, la luz del día lo muestra rodeado por un barrio hundido en la pobreza, aunque por las noches mantiene esa atmósfera refinada y decadente que atrajo huéspedes ilustres, incluyendo al rolling stone Mick Jagger.

Una mujer negra, encanecida, cruza la sala apoyada en su bastón y se coloca detrás de una caja registradora de los años de la Ley Seca. Afuera, en las galerías de madera labrada, algunos huéspedes toman el célebre ron Barbancourt, de espaldas a la piscina en la que fue encontrado el cadáver del doctor Philipot, en "Los comediantes", de Graham Green. Pero más allá de los trazos que recuerdan los años cincuenta, hay otra escenificación que coexiste con el Oloffson de Green. Porque encima de la misma barra del bar del hotel hay un enorme televisor que sintoniza la trasmisión en directo de un partido de básquetbol de la NBA; y además de los huéspedes que toman ron haitiano en la galería, adentro, en las mesas de la sala de fiestas, una veintena de japoneses, casi adolescentes, descansan después de un largo día recorriendo los proyectos de cooperación internacional financiados por su gobierno.

Karaoke y Dessalines

En la misma escena del Oloffson es posible, incluso, descubrir un tercer juego de imágenes. Sobre la barra no sólo están el espejo y el televisor, los acompaña una talla en madera de un general negro, tocado con un sombrero de aire napoleónico, a la que le han esculpido unas mazorcas de maíz en el lugar en que irían las charreteras. Tal vez se trate de una imagen de Jean Jaques Dessalines, un esclavo nacido en Guinea que se autoproclamó emperador y se rebeló contra Napoleón, cuando Bonaparte inentó restablecer la esclavitud en la isla. Frente a las mesas, un escenario. Un cantante local, Ticoca, agita una tela turquesa al ritmo de una música que recuerda en algo el calypso panameño. Su banda se completa con un acordeonista, una batería y un bajo eléctrico. La voz, aguda, arrastra canciones tradicionales escritas en creole, ese idioma nacido de las plantaciones cuya raíz combina algo del francés antiguo y de las lenguas de los esclavos africanos. No son, sin embargo, mundos irreconciliables. Un japonés de larga melena rubia deja la barra, y empieza a bailar en el centro de la sala. Los que se quedaron en las mesas aplauden y lo alientan. Quienes tomaban ron en la galería se acercan, para observar de qué se trata ese griterío en un idioma que seguramente les resulta incomprensible. Ticoca termina su canción, agradece en francés y hace una pausa. Para llenar el vacío, de los parlantes surge música de discoteca. Ahora sí los japones dejan sus mesas masivamente y se ponen a bailar en el centro del salón. Uno de ellos, tal vez algo borracho, entra al escenario, toma un micrófono y canta, como si estuviera en un bar de karaoke. Al personal del hotel no parece llamarle la atención.

Después de las nueve de la noche el público del Oloffson cambia. La sala comienza a llenarse de haitianos que llegan atraídos por el recital que cada jueves ofrece una banda de vodoo-rock, Ram, que alcanzó la celebridad cuando una de sus canciones fue elegida por Jonathan Demme para la banda sonora de la película Philadelphia. Se apretan contra el escenario, y parecen estar en ritual más que en un concierto. La música combina cantos vodoo acompañados de percusión y unas enormes cornetas tribales, con una base pop y un trabajo de sintetizador que recuerda los clichés más obvios del rock sinfónico. La combinación, sin embargo, hace delirar a su público. La popularidad de Ram, de cualquier modo, es mínima si se la compara con el verdadero ídolo de la música haitiana: Micky Maravilla, una suerte de bailantero local que mueve multitudes. Con una escena música vibrante, galerías de arte cargadas de cuadros de cotizados pintores que no sólo practican el estilo naïf que le valió la fama internacional a la plástica local, y con una decena de escritores que publican asiduamente en editoriales francesas, la riqueza cultural de Haití parece estar en las antípodas de su miseria económica.

==Quinta parte de cinco

* 1- Todas las fronteras del mundo
* 2- Puerto Príncipe
* 3- El brillo perdido
* 4- Petion-Ville

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha, de Uruguay, 2002)

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Petion-Ville (Haití, parte 4)

Nombrada en honor a Alexandre Sabés Petión, un hijo de padre francés y madre mulata que instauró la república en Haití y apoyó las campañas libertadoras de su amigo Simón Bolívar, Petion-Ville más que una ciudad parece un barrio de Puerto Príncipe. Situada en una elevación, allí se concentran los principales hoteles, las sucursales de las librerías francesas, los restaurantes y las galerías del cotizado arte haitiano. Aunque contrasta con Puerto Príncipe, la primera impresión de Petion-Ville no es la de un barrio próspero, sino que incluso allí lo predominante es la pobreza generalizada en la que vive la inmensa mayoría de la población haitiana. Si se camina por Petion-Ville se tiene la sensación de ir bordeando una yuxtaposición de fortalezas. Las veredas son delgados senderos situados al pie de altos muros que protegen las residencias de los hatianos acomodados (los verdaderamente ricos viven varios kilómetros montaña arriba), muros que en cada esquina tienen garitas, y a veces pequeñas torretas, en las que se asoman hombres armados.
En la puerta del hotel Kinam también hay un guardia de seguridad que cuida la entrada con una escopeta de caño recortado. Dentro de los muros de la casona, y protegidos del calor de la tarde por las galerías de madera labrada, los huéspedes parecen llevar su vida al margen del entorno. Un grupo de cubanos de más de cincuenta años, funcionarios de gobierno en misión de cooperación técnica, bromean en el bar del hotel sobre la reciente ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y Uruguay. No saben exactamente de qué lado está el periodista, y para no ser descorteses cambian la conversación hacia el terreno de la emulación pacífica entre el ron haitiano y el Havana Club. Algo alejados de nuestro grupo, al borde de la piscina, media docena de preadolescentes mulatos comen langosta a las tres de la tarde, mientras mojan con pistolas de agua al camarero de frac que los atiende, solícito, ante la mirada de los padres que sonríen desde una mesa cercana.

==Cuarta parte de cinco

* 1- Todas las fronteras del mundo
* 2- Puerto Príncipe
* 3- El brillo perdido
* 5- El Oloffson de Green

(Publicada en el semanario Brecha, de Uruguay, 2002)

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El brillo perdido (Haití, parte 3)

El mercado parece haber crecido entre las ruinas del viejo esplendor de la ciudad. Todavía se adivinan los edificios sólidos de fines del siglo diecinueve, con sus amplias pasivas conformadas por enormes columnatas de granito. Están ocultos, debajo de un enjambre de puestos callejeros, algunos literalmente ambulantes, ya que los vendedores se transforman ellos mismos en vitrinas, mostrando las mercancías, ropas o relojes, sobre su cabeza o entre sus brazos mientras caminan para buscar al cliente imposible. Las ruinas del viejo esplendor de Puerto Príncipe albergan, ahora, esa hilera de mujeres que han clavado sus braseros entre el barro o sobre el contrapiso roto de veredas que perdieron sus baldosas hace décadas. Sobre los braseros hay enormes ollas de hierro en las que trozos de cerdo y plátano se fríen en aceite hirviendo, llenando el ambiente con un olor penetrante. Braseros que en otro contexto parecerían improvisados pero que acá, en este campamento colectivo, dan la sensación de estar mucho más en su lugar que los propios edificios decimonónicos, patéticamente presuntuosos, cáscaras vacías utilizadas, en el mejor de los casos, como depósito de mercancías baratas. Pegados a esos fogones, una fila de hombres comen en silencio sus porciones de cerdo con arroz, recostados a las paredes de hormigón que alguna vez estuvieron revestidas por planchas de mármol.
En el mercado, toda negociación de precios que quiera realizar un visitante comienza en los cien dólares, no importa qué tipo de producto o servicio se quiera comprar. Ya se trate de un diccionario creole-inglés, un par de zapatos, un viaje en taxi o una talla de madera, el primer precio que se escuchará será ese. El segundo precio es cinco veces menor. La mutación se produce por un acto de prestidigitación monetaria. Ante el asombro del potencial comprador por tan violenta rebaja, el vendedor aclara que el precio inicial no estaba expresado en dólares americanos, sino haitianos. Esta última es una moneda virtual. El dinero local son las gourdas, pero el uso ha mantenido la existencia de los dólares haitianos para las transacciones con extranjeros, aunque nunca sea posible ver algún billete que responda a esa divisa. Vale cinco veces menos que su pariente estadounidense, y cinco veces más que la gourda. Luego de que los cien dólares del comienzo quedan reducidos a veinte, empieza la verdadera negociación, que en general termina en precios de un dígito. No se trata de negociaciones estáticas, sino que el vendedor no suele conformarse con la primera negativa, y sigue ofertando sus productos mientras acompaña al cliente durante algunas cuadras.

==Tercera parte de cinco

* 1- Todas las fronteras del mundo
* 2- Puerto Príncipe
* 4- Petion-Ville
* 5- El Oloffson de Green

(Publicada en el semanario Brecha, de Uruguay, 2002)

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Puerto Príncipe

Frente al Parlamento, cruzando la rambla, un pequeño parque descuidado es un oasis en medio del caos urbano de la capital. Grupos de jóvenes descansan entre el pasto. Estudian o simplemente miran la copa de los árboles mientras se dejan refrescar por la brisa del golfo de Gonaïves. No miran el mar. Si lo hicieran sólo verían una bahía sucia, contaminada por un puerto en el que no parece haber nada más que cargueros herrumbrados, y por el ir y venir de pequeñas lanchas desvencijadas que reproducen el tráfico que la ciudad despliega a sus espaldas. Puerto Príncipe era la perla más preciada de la Francia colonial. Hoy, esta ciudad, que debió haber sido hermosa, se ha transformado en la contracara de lo que su nombre sugiere.

Haití es diferente por completo al resto del continente americano. Esta singularidad puede palparse cuando se visita el Mercado de Hierro de Puerto Príncipe. Cuando el país todavía recibía turismo, las guías de viaje lo recomendaban con entusiasmo. Ahora, las mismas publicaciones lo desaconsejan. La estructura cerrada del mercado es un colorido y enorme galpón metálico de aire oriental, que originalmente estaba destinado a una ciudad de la India y fue embarcado hacia Puerto Príncipe por error. A su alrededor se levanta un enjambre de puestos callejeros que forman una feria permanente al aire libre, situada a pocas cuadras del palacio de gobierno.

Ingresar a la zona de mercado es entrar a un espacio de irrealidad. No hay un sólo turista, y aparentemente tampoco hay compradores. Es un montaje casi onírico a la espera de nadie. Una maraña humana voceando mercancías agrupadas en un caos aparente, pero en el que se pueden identificar ciertas lógicas: una calle de zapateros, otra en la que se reparan relojes, la acera de los libreros. Todo dispuesto sobre mesas precarias y rodeado de basura. Como no existe ningún sistema de recolección pública, los deshechos se amontonan en los callejones que quedan entre los puestos, por lo que se debe caminar pisando directamente por sobre una capa de basura que va siendo aplastada por los pasos hasta ir formando una alfombra semi-orgánica de la que parece desprenderse un vapor, casi sólido, que enturbia la atmósfera volviéndola irreal. Llega un momento en que sólo se ve la espalda de quien camina adelante, y se confía ciegamente en que ese punto de referencia sabrá la dirección correcta, y sólo queda dejarse arrastrar por el movimiento ondulante de ese ser colectivo que es el mercado.

==Segunda parte de cinco

* 1- Todas las fronteras del mundo
* 3- El brillo perdido
* 4- Petion-Ville
* 5- El Oloffson de Green

(Publicada en el semanario Brecha, de Uruguay, 2002)

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20 diciembre 2005

La otra gran muralla

Naciones Unidas confirmó que el gran desafío de China es enfocar los resultados del crecimiento de su economía hacia el combate contra las desigualdades sociales que existen entre el campo y la ciudad. Actualmente los chinos urbanos tienen una esperanza de vida cinco años mayor que sus compatriotas rurales.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer el viernes pasado el reporte anual de desarrollo humano correspondiente a la República Popular China. Allí se constataron varios de los resultados contradictorios del último cuarto de siglo de apertura económica. El organismo internacional destacó que en ese período China logró que 250 millones de personas salieran de la pobreza, pero, como contracara, duplicó la desigualdad en materia de ingresos, que hoy es una de las mayores del mundo. Como ejemplo, el PNUD dijo que “una persona que vive en una ciudad percibe un promedio de 1000 dólares por año, en tanto que los habitantes de zonas rurales ganan sólo 300 dólares”. Esta inequidad también se refleja en términos regionales (en el Tibet, sólo la mitad de la población sabe leer y escribir, mientras que más del 97 por ciento de los habitantes de Beijing, Shangai o Tianjin están alfabetizados) y de género (la tasa nacional de analfabetismo de la mujer duplica la del hombre). En el informe se hace “un llamamiento a la adopción de nuevas reformas financieras para alentar a más personas a establecer sus propias empresas, y se recomienda otorgar pequeños préstamos a los empresarios chinos para que abran pequeñas empresas”. A la vez se propone hacer las reformas que permitan el establecimiento de “un sistema de seguridad social y seguro de pensiones que abarque a todos y garantice redes de seguridad social para todos los trabajadores del país”, que permitirá “mejorar los derechos laborales, especialmente de los 150 millones de trabajadores migrantes”.
En cuanto a la incidencia del analfabetismo en las brechas campo-ciudad, los autores del informe enfatizaron que mejorar el nivel educacional de los agricultores contribuye en gran medida a aumentar sus niveles de competencia y, en última instancia, sus ingresos. Algo que no por sabido se incluye siempre como componente de las políticas públicas de desarrollo. Para que eso se refleje en la realidad el equipo de expertos indica que tiene que haber pasos concretos que vuelvan los programas de estudio y el sistema de educación “más pertinentes a las necesidades del mercado laboral”. En esa dirección el estudio recomienda “el establecimiento de universidades de la comunidad para la formación profesional a grupos en situación desfavorecida, y capacitación en empresas”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2005)

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04 noviembre 2005

Traducción defectuosa

Ya es sabido que las situaciones que ocurren en diversos contextos, y que a veces se agrupan en un mismo artículo, como en este caso, son siempre situaciones únicas. Pero cuando se las “traduce” de su compleja realidad interna (que sería incomprensible para el lejano “público” y muchas veces incomprensible hasta para sus propios actores) y se las encapsula en algunas de las categorías conocidas –saqueo, disturbio, protesta social, etc– el significado de esas situaciones, ahora mediáticamente expuestas, deja de depender de su contexto, y el modo en que son recibidas y juzgadas por la “opinión pública” se va alejando del soporte concreto de los hechos que realmente ocurrieron en el terreno y pasa a depender de factores tales como la intencionalidad de quien pronuncia el término y el talante de quien lo recibe. Por ejemplo, el soporte material de la palabra “saqueadores” es un grupo de personas ingresando por la fuerza a un edificio donde hay bienes que no les pertenecen y llevándoselos de manera desordenada y caótica.

Cuánta distancia hay, sin embargo, en la forma en que se reciben, por un lado, las noticias de esta semana sobre los saqueos que siguieron al desabastecimiento provocado por el huracán que azotó Cancún y, por otra parte, sobre los saqueos que acompañaron la protesta por los retrasos de trenes en Buenos Aires. Mejor en forma de pregunta: ¿cuánta distancia hay? Si lo que se toma en cuenta para medirla es el hecho que respalda el uso técnico de la palabra saqueo, hay una distancia enorme. Si lo que se toma en cuenta es el modo en que se recibe la “traducción periodística” de esos hechos disímiles retratados por la misma palabra, entonces dependerá de qué sillón hayamos estado ocupando en el momento de ver el informativo del día: si el del espectador atento o el del espectador superficial. A veces esta suerte de azar de la recepción mediática no depende de otra cosa que de la ergonomía: no se puede ver todo el informativo desde el mismo sillón todo el tiempo, ni todos los días.

==Tercera parte de tres

* 1- Días de furia(s)
* 2- Palabras iguales, hechos diversos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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Palabras iguales, hechos diversos

Saqueos, terrorismo, agresión, elecciones limpias, son algunos de los múltiples términos que se repiten en el guión informativo de cada día. Dan forma al limitado vocabulario noticioso, una suerte de código con el que el periodista intenta abrirse paso en la babélica maleza de la realidad. El desmalezamiento, sin embargo, no es inocuo. El uso permanente de algunos términos en la producción cotidiana de información genera efectos distintos según el carácter del receptor. Al usar las mismas palabras para tratar situaciones diferentes, esta uniformidad logra que el receptor superficial intercambie percepciones y procese las situaciones que desconoce con el tamiz cómodo de aquello que conoce, “tomando prestadas” las ideas que se formó sobre algo con lo que está familiarizado y adjudicándoselas a esa nueva realidad neblinosa que le muestra un flash informativo.

Es una cuestión de economía. No puede saberse todo sobre todos los temas que ocurren en todas partes. Ni mucho menos tener una postura “ecuánime” sobre esa multiplicidad de asuntos. En el otro extremo está el espectador o lector activo, que se niega a depositar en las imágenes de los medios, que necesariamente son imágenes fugaces, el rol de uniformizar con el limitado vocabulario noticioso los puentes entre su concepción del mundo y lo que ocurre extramuros. Ambos tipos de lectores no son necesariamente personas diferentes. Todo receptor es, a lo largo del zapping informativo de cada día, alternativamente un espectador superficial y un espectador activo.

==Segunda parte de tres

* 1- Días de furia(s)
* 3- Traducción defectuosa

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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Días de furia(s)

Disturbios en barrios de inmigrantes de París, saqueos y quema de trenes en Buenos Aires, enfrentamientos entre la policía y la oposición por los resultados electorales en Etiopía, fueron algunos de los episodios de la semana que pusieron en evidencia las dificultades de narrar hechos diferentes con palabras iguales.

Los hechos son conocidos. En especial los que ocurrieron en Buenos Aires. Un grupo de pasajeros cansados de las demoras e incumplimientos de servicio habituales en una línea de trenes bajo administración privada, protestaron de manera violenta incendiando vagones a la vez que se producían algunos saqueos de comercios. En París la ira colectiva tuvo una tonalidad un poco menos puntual, y los disturbios de Seine-Saint-Denis, lugar habitado por pobres e inmigrantes, recogieron las frustraciones sembradas por la exclusión social, aunque formalmente se estuviera protestando contra la muerte de dos jóvenes que perdieron la vida accidentalmente mientras escapaban de la policía.

En Etiopía la pedradas contra los uniformados venían de un territorio más familair: la sospecha del fraude electoral. Aunque fue la menos difundida, la crisis etíope fue la que ocasionó mayor cantidad de víctimas, con al menos catorce muertos y decenas de heridos. La etíope es también la situación de más larga data de las tres, ya que los disturbios por el supuesto fraude se han venido registrando con mayor o menor intensidad desde la segunda mitad de mayo. Si a estos eventos se le suman las informaciones sobre saqueos en Cancún luego del paso del reciente huracán, las pantallas han mostrado en los últimos días diversos momentos de furia en los que grupos de personas, más o menos organizados, reaccionaban violentamente a la exclusión que sufrían en el terreno social (París), en el terreno político (Etiopía), en tanto consumidores (Buenos Aires), o como víctimas de un desastre natural.

==Primera parte de tres

* 2- Palabras iguales, hechos diversos
* 3- Traducción defectuosa

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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10 octubre 2005

China: las contradicciones de una potencia emergente

Señalada repetidamente como la potencia emergente que a mediados de siglo le disputará a Estados Unidos su actual hegemonía, China es un país lleno de contradicciones. Aunque vive una desaceleración de su crecimiento, su buen desempeño económico permitió resultados impactantes en el abatimiento de la pobreza, pero también produjo profundas desigualdades sociales. Mientras los expertos piensan que su futuro predominio se basará más en la fuerza natural de su economía que en la expansión imperialista, mantiene un desarrollo militar permanente y avanza en un programa espacial que, asegura, tiene fines pacíficos. Sus ciudadanos todavía reverencian públicamente a Mao Zedong, pero son los terceros consumidores mundiales de artículos de lujo.

Treinta y cuatro horas después de salir de Montevideo, en un viaje que deja atrás los Estados Unidos para sobrevolar el Ártico y entrar a China por la puerta de Siberia, Beijing recibe a los primeros visitantes de la mañana con su media jornada de diferencia horaria. Quien se sienta en el final del día comprobará que apenas está amaneciendo, y esa será sólo la primera de las múltiples contradicciones que deberá enfrentar durante su estancia. El hombre o la mujer de negocios que llegue a disfrutar del paraíso de las oportunidades, tendrá que olvidar que está en una sociedad sin libertades políticas. Quien busque la nostalgia de la revolución maoísta deberá vérselas con las enormes estructuras destinadas al consumo de bienes de lujo. Hasta el mapa es diferente: con Africa a la izquierda y América a la derecha, el planisferio deja a China convenientemente en el centro del mundo.

Los trámites de migración son rápidos y al cabo de unos pocos minutos de cola ya está el sello de entrada estampado en un rojo brillante. Al otro lado del hall de arribos del aeropuerto, una larga autopista conduce a una ciudad moderna y vibrante. La sensación general produce el espejismo de que todo se hubiera empezado a construir hace diez años. La ciudad responde con su arquitectura vertical a la exigencia de situar en el tejido urbano la generación de riqueza de su economía, pero en sus costuras, oculto al primer golpe de vista, permanece un Beijing más antiguo, de callejones angostos, sobre los que todavía no llega a derramarse aquella modernidad que queda enredada en las alturas.

El centro geográfico e histórico de la ciudad está en la Plaza de Tiananmen, conocida en Occidente por haber sido escenario de la masacre que en 1989 costó la vida a un número indeterminado de manifestantes opositores. Allí se encuentra el mausoleo de Mao Zedong, que guió al país en su larga –y accidentada– marcha hacia una forma peculiar de socialismo, y allí está también el edificio del Parlamento, donde se aprueban formalmente los planes quinquenales que, especialmente en las últimas dos décadas, dispusieron una apertura a la economía de mercado sin renunciar al régimen de partido único. Al atravesar Tiananmen se llega a la Ciudad Prohibida, principal testimonio del rol de la ciudad como capital imperial durante más de quinientos años.

Ahora que el país es señalado como potencia emergente capaz de construir una alternativa al mundo unipolar que sucedió a la implosión de la Unión Soviética, los 999 edificios de la Ciudad Prohibida que se extienden laberínticos con sus muros rojo micénico, hacen inevitable la pregunta de cuál será la China que asumirá el nuevo rol que su propio crecimiento le reserva para mediados de siglo. Si será la China volcada hacia sí misma que sugieren los espacios íntimos de la Ciudad Prohibida, con los jardines minimalistas de su parte doméstica, o si tendrá la vocación imperial que permanece como un eco en las dimensiones monumentales de las escalinatas y patios destinados a las audiencias en las que se buscaba resaltar el poder del emperador.

==Primera parte de doce

* 2- Riqueza y desigualdad
* 3- Wangfujing
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 6- Desarrollo humano
* 7- Una sociedad armoniosa
* 8- Protestas campesinas
* 9- De Mao a Beckham
* 10- Souvenir Rouge
* 11- Xidan
* 12- En el lugar de los hechos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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Xidan: fiebre de consumir

Es habitual escuchar decir que, en términos comerciales, Wangfujing es para los extranjeros y Xidan es para los chinos. Pero tampoco en Xidan disminuye la fiebre consumista. La primera diferencia entre ambas zonas está en los letreros. En Xidan todos están escritos en caracteres chinos. Sin embargo, por debajo de esa piel el músculo es el mismo. Una avenida vibrante flanqueada por otra decena de centros de compras, más grandes incluso que los de Wangfujing, en los que se suceden locales de las grandes marcas europeas y estadounidenses. Y aquí sí, muchos más paseantes colmando, a toda hora, la capacidad urbana de contener a quienes peregrinan de tienda en tienda.

Pero si los malls de Oriental Plaza son una versión faraónica del esquema tradicional de los shopping center occidentales, algunos de los de Xidan se parecen a versiones urbanas de los mercados de provincia. En el que lleva el nombre del barrio, por ejemplo, cada piso es una enorme planta sembrada de puestos que venden un mismo tipo de productos, dando la sensación de que se tratara de una feria vecinal bajo techo. En el cuarto piso está la sucursal del Bank of China, uno de los pocos lugares del área en el que puede cambiarse dinero. Para encontrarla es necesario abrirse paso entre un magma de mesas que venden bijouterie, osos de peluche, juegos de computadora y bull terriers de plástico. Al final del camino, en la minúscula sucursal bancaria tres cajas son suficiente para el escaso número de clientes. Casi no hay que esperar para obtener los yuanes que, sin importar su denominación, llevan impresa la imagen de Mao.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

==Onceava parte de doce

* 1- Las contradicciones de una potencia emergente
* 2- Riqueza y desigualdad
* 3- Wangfujing
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 6- Desarrollo humano
* 7- Una sociedad armoniosa
* 8- Protestas campesinas
* 9- De Mao a Beckham
* 10- Souvenir Rouge
* 12- En el lugar de los hechos

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China: souvenir Rouge

No es necesario entrar al mausoleo para encontrar a Mao. Incontables objetos con su imagen se venden en comercios para turistas y en tiendas por departamentos frecuentadas exclusivamente por chinos. La oferta es variada e imaginativa. A los célebres relojes despertadores en los que un líder sonriente acompaña el tic-tac moviendo su brazo a perpetuidad, se le suman peculiares cajas de fósforos que en lugar de los delgados palitos de madera tienen un único fósforo de metal -coronado por una mecha- que se puede encender incontables veces tras pasarlo, con decisión y pulso firme, por la ranura de una caja que muestra al conductor de la larga marcha fumando frente a un idílico paisaje de montaña.

También están las cigarreras con su imagen, o las billeteras de cuero con su nombre repujado en caracteres chinos. Los más nostálgicos pueden encontrar réplicas del morral revolucionario de los viejos tiempos, que se vende en todas partes acompañado de camisetas con distintos motivos maoístas impresos en fondo rojo, negro o blanco. Cuando se sale del circuito turístico y se ingresa en las laberínticas tiendas de los barrios comerciales que frecuenta el público local, aquellos morrales verde olivo conviven con trajes militares con insignias del ejército estadounidense, camisetas del FBI, y hasta con cascos que parecen ser réplicas de los que utilizan los pilotos de guerra.

Lo más auténtico, sin embargo, está en los hutones cercanos a la puerta de Qianmen, en especial en los callejones que se apartan de las arterias más comerciales. Allí es posible encontrar puestos improvisados en los que se venden afiches algo empercudidos que muestran la estética de los años de la Revolución Cultural, e incluso algun que otro poster con la imagen del denostado José Stalin. Los precios de estos especímenes sobrevivientes de las purgas del tiempo varían según el lugar en que se compren. Un “Revolución Cultural auténtico”, que en los hutones de Qianmen se consigue a cincuenta pesos uruguayos, puede valer diez veces más en la calle Liulichang donde abundan las casas de antigüedades.

==Decima parte de doce

* 1- Las contradicciones de una potencia emergente
* 2- Riqueza y desigualdad
* 3- Wangfujing
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 6- Desarrollo humano
* 7- Una sociedad armoniosa
* 8- Protestas campesinas
* 9- De Mao a Beckham
* 11- Xidan
* 12- En el lugar de los hechos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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China: de Mao a Beckham

La valoración oficial sobre el líder histórico de la República Popular de China, Mao Zedong, dice que su gestión tuvo un 70 por ciento de aciertos y un 30 por ciento de errores. Una mirada superficial sobre Beijing parece indicar que la forma en que la ciudad guarda su memoria es un 70 por ciento de reverencia y un 30 por ciento de comercialización. El mejor ejemplo de solemnidad está en el mausoleo donde se encuentra su cuerpo embalsamado. Ingresar es una tarea casi imposible.

Desde primeras horas de la mañana una fila compacta de medio kilómetro espera turno para pasar sus dos minutos junto al antiguo líder. Todos son turistas, pero es muy difícil encontrar un extranjero. Los grupos de chinos que llegan de provincia a visitar la capital siguen a sus guías quienes, como es usual, levantan un paraguas o un banderín para conducir a sus huestes, que no suelen bajar del medio centenar, todos usando gorras del mismo color para lograr identificarse: De ese modo, en caso de que alguien se pierda, no debería ser difícil ubicar a la distancia a la escama despistada de ese dragón de varios cuerpos que serpentea en la inmensa explanada de Tian An Men. Pero son tantos los grupos que pronto el color de las gorras comienza a repetirse. No usan sus cámaras fotográficas con desesperación. Tampoco parecen abrumados por la inmensidad de esos espacios públicos.

Luego del ritual del mausoleo atravesarán la plaza, la más grande del mundo, cruzarán la avenida principal de Beijing y franquearán la primera de las entradas a la Ciudad Prohibida. Una vez más es Mao Zedong –en este caso su retrato– quien les recibe. Los que luego del ritual del mausoleo elijan un recorrido turístico más acorde a la búsqueda de la mística revolucionaria, podrán encaminar sus pasos al casi desierto Museo de Historia. En reparaciones de cara a los Juegos Olímpicos de 2008, su planta baja ofrece apenas algunos artefactos menores que no le hacen justicia a la rica y larga historia del país, pero la decepción se compensa en parte con una interesante muestra sobre los 600 años de la navegación de Zhenghe.

Escaleras arriba, sin embargo, está una de las sorpresas que la ciudad reserva para quien busque su pasado maoista. Luego de ver réplicas algo siniestras de algunos emperadores y de figuras que representan la diversidad étnica del país, el visitante se encuentra de frente con un podio en el que un sonriente Mao de cera, estudiadamente despeinado, mira con satisfacción el venturoso porvenir dorado de su pueblo. Algunos metros más allá, en la zona central de la exhibición, Lenin señala el futuro junto a un pensativo binomio que representa a los inseparables Marx y Engels. Detrás de esta tríada, y tras pasar por un grupo poco inspirador que muestra una decena de condecorados generales, la nueva China homenajea a las nuevas estrellas. Es el espacio en el que basquetbolistas, atletas, el director de cine Zhang Yimou, y el actor Jackie Chan, se mezclan con Albert Einstein, Marilyn Monroe y el futbolista inglés David Beckham.

==Novena parte de doce

* 1- Las contradicciones de una potencia emergente
* 2- Riqueza y desigualdad
* 3- Wangfujing
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 6- Desarrollo humano
* 7- Una sociedad armoniosa
* 8- Protestas campesinas
* 10- Souvenir Rouge
* 11- Xidan
* 12- En el lugar de los hechos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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China: una sociedad armoniosa

Como es fácil suponer, estas desigualdades sociales son la principal preocupación política del momento para el gobernante Partido Comunista (PCCh). Hasta el martes pasado se realizó la reunión plenaria del Comité Central del PCCh, en la que 500 altos dirigentes tuvieron como eje del diseño del próximo plan quinquenal (2006-2010) la búsqueda de la “sociedad armoniosa” que pregona su máximo líder, Hu Jintao (foto). Alineada con esta postura, la agencia de noticias estatal resumió el desafío en una frase: “el desarrollo de la economía y de la sociedad, de las ciudades y del campo, así como de las diferentes regiones, tiene que ser más equilibrado y armonioso de acuerdo a este próximo plan quinquenal”.

Para lograr dicha armonía las autoridades no sólo necesitan ajustar sus políticas distributivas, sino que deben lograr reducir la corrupción al interior de sus filas. Este miércoles se conoció un informe de la Oficina Nacional de Auditoria que reveló que treinta y ocho instituciones oficiales hicieron “mal uso de sus fondos presupuestarios” durante el pasado año fiscal. No es la primera vez que este tipo de episodios toman estado público. De acuerdo con un reporte de la agencia EFE de comienzos de semana, entre 2000 y 2004 el país perdió 1300 millones de dólares debido a la corrupción o la ineptitud de funcionarios de la provincia sureña de Cantón, quienes malversaron más de 500 millones y desperdiciaron el resto en operaciones mal gestionadas. Las denuncias, que alcanzaron a 400 personas, incluyen malversación de fondos, gasto de dinero público en cenas y regalos, y desvío de fondos públicos a cuentas personales. La fuente es Zeng Shouxi, director del Departamento de Auditoría de Cantón.

La publicidad de estas denuncias, y sobre todo el momento en que se producen –la plenaria del Comité Central- alientan la esperanza de que el régimen avance hacia una mayor apertura política. Wang Xiangwei, editor del South China Morning Post, opina lo contrario: “las autoridades están aumentando el control sobre internet y los medios de comunicación, así como redoblando la represión sobre la disidencia política”. Xiangwei basa sus apreciaciones en que él último mes se cerraron tres páginas en internet que informaban sobre el caso más emblemático de corrupción rural, protagonizado por Chen Jinsheng en Taishi.

==Septima parte de doce

* 1- Las contradicciones de una potencia emergente
* 2- Riqueza y desigualdad
* 3- Wangfujing
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 6- Desarrollo humano
* 8- Protestas campesinas
* 9- De Mao a Beckham
* 10- Souvenir Rouge
* 11- Xidan
* 12- En el lugar de los hechos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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China: desarrollo humano

Los números de un país no pueden reducirse a la macroeconomía, pero tampoco es completo el panorama que se traza desde las pinceladas más desoladoras. Probablemente el índice de desarrollo humano que desde 1990 viene elaborando el PNUD sea una de las herramientas más equilibradas para medir la situación de un país. En ese sentido, el organismo de Naciones Unidas indica que China ha registrado uno de los más rápidos avances en desarrollo humano desde que éste se mide en forma sistemática. Desde 1990 hasta 2005, su índice de desarrollo humano ha mejorado en un 20 por ciento, con enormes logros en reducción de la pobreza, lo que le ha valido ser calificado como "el mayor éxito mundial en términos de desarrollo de las últimas décadas".

Como en todos los rubros, también en esto los números de China tienen una escala difícil de imaginar. Liu Jian, director de la Oficina del Consejo de Estado para la Ayuda a las Zonas Pobres, señaló que desde el inicio de la reforma y apertura económicas del país, la población pobre de China se ha reducido de 250 millones de habitantes a poco más de 26 millones, lo que representa el 70% de la reducción de la población pobre del mundo en el mismo período. El mismo artículo del diario El Pueblo en que se cita a Liu Jian, se recuerda que en cada uno de los primeros cuatro años del presente plan quinquenal, disminuyó el número de pobres en un millón y medio de personas. Seis millones de pobres menos en un momento en que la pobreza global del mundo aumentó en trescientos millones de personas.

Estos éxitos no van de la mano de la equidad, ya que el ritmo de crecimiento de la riqueza del diez por ciento más acomodado supera el ritmo de reducción de la pobreza. E incluso cuando las cifras de pobreza bajan, esconden realidades humanas como el cuadro del que fue testigo Ríos en las cercanías de Shanghai, donde observó “a numerosos jóvenes trabajadores procedentes del campo, jugando al billar o gozando de la música o de los vídeos de Hong Kong. Son mozos que soportan jornadas de 12 a 14 horas diarias, siete de cada siete días. Viven en el entorno de la fábrica, no pueden salir durante la semana, y solo pueden disfrutar del domingo por la tarde de tiempo libre, organizado en forma de ocio por la propia empresa. Y no protestan, ni se sienten maltratados ni tienen, muchos de ellos, el sentimiento o la percepción de estar explotados. Es más, se consideran a sí mismos unos privilegiados por haber abandonado el ingrato trabajo de la tierra, en las zonas más remotas del país, donde sus familias apenas consiguen sobrevivir”.

==Sexta parte de doce

* 1- Las contradicciones de una potencia emergente
* 2- Riqueza y desigualdad
* 3- Wangfujing
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 7- Una sociedad armoniosa
* 8- Protestas campesinas
* 9- De Mao a Beckham
* 10- Souvenir Rouge
* 11- Xidan
* 12- En el lugar de los hechos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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China: Wangfujing

La zona de Wangfujing, que las guías de viaje comparan generosamente con los Campos Eliseos de París, muestra sin complejos un lujo y una serie de alternativas de consumo que las capitales occidentales suelen disimular. Uno de los ejemplos más paradigmáticos es el que ofrecen los centros de compras de Oriental Plaza, ultramodernas estructuras de varios pisos en las que se suceden las tiendas de las marcas más cotizadas de la moda europea. Allí los precios son abrumadoramente altos, lo que no parece ser un obstáculo para un público que está formado casi exclusivamente por locales. De hecho los extranjeros prefieren concentrar sus compras en el distrito de las embajadas, donde se encuentran “outlets” de las mismas marcas a un precio mucho menor.

Esto hace pensar que lo que realmente encuentran los beijineses en los malls de Oriental Plaza es la experiencia estética del consumo, en la cual el intercambio de dinero por una prenda de ropa es apenas uno de los componentes. Un estudio de la consultora Ernst & Young publicado la semana pasada por la agencia EFE pronostica que en la próxima década China podría convertirse en el segundo mayor consumidor de productos de lujo del planeta, tras los Estados Unidos. Hoy ya ocupa el tercer lugar, con un 13 por ciento de su población (algo más que el 10 por ciento privilegiado) accediendo a bienes suntuarios

Wangfujing no es sólo esa esquina. Esta avenida, peatonal en algunos tramos, se extiende por casi un kilómetro. A las posibilidades de consumo se suman algunas expresiones culturales, como la exposición de esculturas sobre la Guerra y la Paz, que con una inusual vigilancia policial muestra representaciones sobre los principales conflictos bélicos del siglo pasado, incluyendo la versión naturalista de la conferencia de Yalta que trae de regreso, fugazmente, la figura de Stalin a la estatuaria pública. Puestos callejeros de gastronomía tradicional, locales de cadenas de comidas rápidas, callejones arreglados para el turismo que imitan los callejones reales de la zona de Qianmen, una decena de tiendas por departamentos con menos glamour que los malls de Oriental Plaza pero que en ningún caso tienen menos de cuatro pisos, varias librerías, algunas casas de baratijas con el reconocible anuncio de “Todo a 10” (yuanes), y multitudes de paseantes. También estos paseantes son esencialmente chinos, y todavía parecen pertenecer al 10 por ciento de los sectores acomodados.

==Tercera parte de doce

* 1- Las contradicciones de una potencia emergente
* 2- Riqueza y desigualdad
* 4- Pobreza rural
* 5- Horizonte 2010
* 6- Desarrollo humano
* 7- Una sociedad armoniosa
* 8- Protestas campesinas
* 9- De Mao a Beckham
* 10- Souvenir Rouge
* 11- Xidan
* 12- En el lugar de los hechos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en octubre de 2005)

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