08 octubre 2010

Mil y una realidades: entrevista con la arabista Gema Martín Muñoz

Aunque desde Occidente se lo suele mirar como un todo uniforme, el mundo árabe e islámico es un mosaico de sociedades muy diferentes entre sí. En esta entrevista, la directora de Casa Árabe, Gema Martín Muñoz, se refiere a cómo se están transformando varios de esos países y cómo las mujeres son un actor central en ese proceso de cambios. La demografía como arma de resistencia en Palestina, la tensión entre la población urbana y las familias rurales, la polémica por el velo que se está viviendo en Europa, son algunos de los temas abordados.

UNA MUJER CUBIERTA de pies a cabeza con una niqab, el velo integral negro, pasea por la explanada de las Torres Petronas de Kuala Lumpur, en Malasia. A su lado camina su esposo, en bermudas y remera de manga corta. Sin embargo, unas cuadras más lejos, en los alrededores de la Mezquita India, casi nadie usa la niqab y las tiendas ofrecen el velo “moderno”, el hiyab, que no es otra cosa que un pañuelo para la cabeza que deja el rostro al descubierto. Pero ni siquiera ese velo es usado por todas las mujeres. En el metro de Kuala Lumpur, un original sistema de transporte elevado que da a la ciudad un aire futurista, la mayor parte de las jóvenes visten al estilo occidental.
Pero ese es sólo uno de los países del mundo islámico. Se mire hacia donde se mire en el planisferio de las sociedades con una mayoría de población musulmana, lo que se encontrará será diverso e imposible de uniformizar. Desde el mundo rural y socialmente atrasado de Yemen hasta una Turquía con un pie en la Unión Europea. O Irán, con la sociedad civil que todavía tiene en la memoria la primavera reformista del cambio de siglo. O Irak y Palestina, donde la transformación social está en segundo plano ante las necesidades que impone la resistencia. Para no mencionar el abismo que separa Somalia de los estados petroleros del Golfo.

GMM—La aproximación que se suele tener sobre la situación de las mujeres en el mundo árabe islámico, un tema tan omnipresente en nuestras sociedades, queda encapsulada en una visión muy esencialista sobre lo que el islam establece acerca de la mujer, como si esas mujeres no fueran individuos con capacidad de transformación y voluntad de cambio en sus sociedades.
—Y como si los países no fueran diferentes entre sí.
—Exacto. Además, se ve la realidad como si el islam tuviese a las mujeres ancladas en el tiempo, cuando el islam, como todas las otras religiones, tiene capacidad de ir absorbiendo los cambios sociales. Porque en esos países ha habido unas transformaciones demográficas y socioeconómicas muy importantes, de largo alcance. Las estructuras patriarcales en el seno de la familia se han ido modificando y desgastando, y las mujeres están asumiendo un papel distinto. Se detecta que la edad del matrimonio se está retrasando porque la realización de estudios superiores y el desarrollo profesional se están convirtiendo en uno de los objetivos fundamentales. También que los matrimonios pactados se van debilitando a favor de la libre elección. Todo esto va cambiando el papel de la mujer en el seno de la familia, pero también como ciudadana en la esfera pública. En general en los países árabes e islámicos –porque hay que integrar también a Turquía e Irán, que no son árabes pero están en la zona islámica y de Oriente Medio– las mujeres han entrado con fuerza en el sistema educativo y en el sistema laboral. El modelo de familia ampliada, en el que varias generaciones viven juntas en la casa grande, es un modelo en decadencia a favor de la familia nuclear, compuesta por el matrimonio y los hijos. Se trata de transformaciones que van a ritmos distintos según los países y, como nos ha ocurrido a todos, con las tensiones entre lo que cambia y lo que quiere permanecer. Esto implica que se viven muchas realidades, pero se está imponiendo el cambio, lo están imponiendo las sociedades al margen de los procesos jurídicos, ya que la evolución de la sociedad es más rápida que la de las leyes.
—Eso pasa también en Occidente.
—También. Lo mismo pasó en España a la salida del franquismo. La sociedad ya había cambiado y las leyes iban décadas por detrás. Es importante entender que no es un proceso distinto al que hemos vivido en las sociedades occidentales. Lo que ocurre es que se está dando a otro ritmo.
—¿Se cambia más fácil en una sociedad laica que en otra con un componente religioso tan fuerte?
—No necesariamente, porque si recordamos la experiencia española, la consolidación de los cambios tuvo lugar en las últimas décadas del franquismo, que era un régimen ultra religioso. Había normas patriarcales muy sacralizadas por la religión católica, y aun así las cambiamos. En el mundo árabe se está viviendo algo similar, evidentemente con actores interesados en que nada cambie.
—Actores de peso.
—Muy poderosos, claro. Pero hay otros que son los actores del cambio. Las mujeres árabes no están cruzadas de brazos. Están modificando su estatuto de derechos y de presencia en la esfera pública, pero evidentemente a ritmos distintos y con tensiones inevitables. Siguen perviviendo una serie de conceptos como la virginidad antes del matrimonio y sigue habiendo fuertes sectores inmovilistas. Además, no es lo mismo lo que puede vivir una mujer de ciudad que haya logrado estudios universitarios, y por lo tanto puede empezar a desarrollar una vida profesional, que lo que vive una mujer en un ámbito rural donde no tiene tantas posibilidades de acceso a la educación. Está todo en movimiento, con un dinamismo enorme, al contrario de lo que solemos percibir.

EL CASO IRANÍ

—También ha habido retrocesos, por ejemplo en 2005 con la llegada al poder de Mahmud Ahmadineyad en Irán, terminando con aquella “primavera reformista” que había tenido a las mujeres y los jóvenes como parte importantísima de la base electoral de Muhammad Jatami (foto).
—Desde el punto de vista de los gobiernos, en efecto, la actitud más liberal o más proclive al inmovilismo de los que tienen el poder marca que las reformas puedan ir acompañando el cambio social o, al contrario, ponerle más trabas. Es cierto que ahí se perdió una gran oportunidad. Las dos legislaturas del gobierno de Jatami (1997-2005) fueron un momento de impulso de una reforma que había despertado grandes expectativas. Había un sistema político que sin hacer reformas radicales tenía una actitud más proclive al cambio, siempre con una sociedad que va muy por delante del sistema político. Con Ahmadineyad ese proceso y ese espíritu de tolerancia ha dado marcha atrás y se ha bloqueado. No por eso debemos perder de vista que los dos grandes actores del cambio en la sociedad iraní, que son los los jóvenes y las mujeres, siguen existiendo, aunque tienen más dificultades para actuar.
—¿A qué atribuye el ascenso de Ahmadineyad?
—Como en todos los procesos políticos hay varios factores. Las expectativas de cambio que generó Jatami se vieron un poco defraudadas, porque para muchos no llegó a cambiar lo suficiente. Y cuando generas una ilusión enorme, la decepción es proporcionalmente grande. Junto a eso, la vieja guardia del sistema que se identifica con Ahmadineyad, con mucha fuerza en el aparato del Estado, jugó la carta populista de subvencionar a los sectores más desamparados en un momento en que la crisis económica era muy fuerte. Eran sectores que no formaban parte de la elite reformista.
—Ahmadineyad basó su campaña en visitas a los barrios más pobres.
-—Se hizo con un nicho electoral muy importante, que si lo sumas a que el nicho reformista, desilusionado, castigó a Jatami con la abstensión o con el voto a sectores más minoritarios, más reformistas que Jatami pero que no podían ganar la elección, entonces ocurrió el resultado que ocurrió.
—Tampoco era bueno el candidato que se había elegido como sucesor de Jatami.
—Tenía muy poco carisma. El sistema político iraní tiene elementos muy homologables a los sistemas políticos internacionales, e impide al presidente presentarse más de dos mandatos. Por eso perder también al líder carismático y no tener a un claro sucesor, generó problemas. Hubo otro componente importante que fue que la comunidad internacional, el mundo occidental, a lo mejor no supo percibir bien la gran importancia de Jatami y darle un apoyo mucho más contundente.
—Mientras él estaba impulsando las reformas, Occidente lo estaba colocando en el “eje del mal”.
—Claro, y cuando se dieron cuenta ya casi habían perdido al actor reformista. Faltó más reflejo internacional.

IRAK, YEMEN Y PALESTINA

—Se ha dicho que las tres sociedades islámicas donde la situación de la mujer es más difícil son Irak, los territorios palestinos y Yemen. No parece casual.
—Yemen, más allá de que ha encontrado petróleo recientemente, ha tenido durante toda su historia contemporánea uno de los índices de pobreza más altos del mundo, además de que tuvo una larga guerra que luego lo dividió entre norte y sur, lo que tampoco le permitió el sosiego de llevar a cabo una política de desarrollo. Esto ha traído consigo situaciones de extrema pobreza y muy poca urbanización, que propiciaron el mantenimiento de estructuras sociales de protección solidaria, lo cual, lejos de potenciar el cambio, lo bloquea. En los casos de Irak y de Palestina estamos hablando de sociedades inmersas en un enorme conflicto, lo que quiebra completamente la dinámica de evolución de una sociedad. Por el contrario la familia, la gran familia, se convierte en una especie de refugio solidario para sobrevivir en el día a día, haciendo pervivir mucho más las estructuras arcaicas patriarcales. Prevalece la supervivencia antes que el cambio social.
—En Palestina también se da la situación de que movimientos como Hamas están impulsando que las familias tengan más hijos, como un elemento de resistencia demográfica.
—Ante las características de este conflicto, que es una guerra por territorio, claramente la demografía ha sido un arma de supervivencia para los palestinos. En tanto que exista una población demográficamente importante en los territorios ocupados, en Gaza y en Cisjordania, se garantiza la existencia de la identidad palestina. No es una política específica de Hamas ni de este conflicto, la demografía siempre se convierte en un arma de los pueblos. Si bien la reducción del número de hijos es parte de los cambios, en estos casos, como Palestina o Irak, las prioridades son otras.
—Aquella diferenciación que hacía Lenin entre la contradicción principal y las contradicciones secundarias.
—Es que son realidades en las que primero hay que resolver el conflicto, y luego, cuando ya las sociedades puedan llevar una vida normalizada y pacífica, el cambio existirá.

EL VELO

—Cuando se habla de la situación de la mujer en el mundo árabe e islámico surge como una constante el tema del velo. Sophie Bessis, que fue su coeditora en el libro Mujer y familia en las sociedades árabes actuales, hablaba de que no se podía asociar de manera automática el velo a la sumisión de la mujer, ya que muchas veces era también una forma de expresar su identidad. Sin embargo en otro libro, que se titulaba Abajo el velo, la escritora iraní Chahdortt Djavann calificaba al velo como imposición, casi como una tortura. ¿Qué opina de esas miradas tan opuestas?
—Sinceramente yo creo que a la cuestión ésta del velo a veces le damos más importancia de la que tiene, es un tema fetiche que tenemos en el mundo occidental. Hay que tener en cuenta que estamos ante realidades muy distintas y muy diversas, por lo que nunca tenemos que hacer una única lectura para todas. No todos son uno en el mundo árabe islámico. Todo lo contrario. A diferencia de lo que solemos pensar, hay realidades y contextos muy diferentes. La diferencia fundamental es entre aquellos lugares donde el velo es voluntario, y aquellos donde el velo es obligatorio. Donde es obligatorio se le está restringiendo a la mujer el derecho a la libertad en su forma de vestir. Pero prohibir el velo es tan antidemocrático como eso, porque a la mujer se le está arrebatando la misma libertad, que es su derecho a elegir la prenda de vestir que quiera.
—¿Qué ocurre en un país donde no es obligatorio por ley llevar el velo, pero la mujer se ve obligada a llevarlo por imposición de su familia?
—Vamos a ver…, los estados democráticos lo que tienen que hacer es legislar para la mayoría, y preservar derechos. Luego, evidentemente, como ocurre, pero no solamente en el caso del velo en una familia musulmana, sino en otros casos…
—… por ejemplo una familia occidental en la que el esposo considera que su mujer lleva una falda demasiado corta.
—Exacto. Hay casos patriarcales en familias no musulmanas donde se sigue imponiendo la autoridad del hombre. Con el velo habrá un porcentaje de mujeres que por imposición familiar o conyugal sean obligadas a llevar el velo, pero lo que nos están diciendo todos los estudios empíricos es que, hoy en día, sobre todo para la generación más joven, hay un porcentaje cada vez más grande de mujeres que se lo ponen voluntariamente. Que se lo ponen sin renunciar a una forma de vida moderna, a la reivindicación de sus derechos a trabajar, a ocupar el espacio público, a estudiar, a tener la tutela de los hijos, etcétera. La cosa es mucho más compleja y más transversal, y la divisoria en absoluto está en “mujer sin velo, mujer moderna” opuesta a “mujer con velo, mujer sumisa y oprimida”. El velo atraviesa tanto la modernidad como el tradicionalismo. Debe tenerse en cuenta que el velo ultramayoritario que encontramos no solamente en el mundo árabe islámico sino también entre los ciudadanos musulmanes que viven en Occidente es el que se denomina hiyab, que es el pañuelo en la cabeza. Un pañuelo que no plantea ni siquiera el debate jurídico sobre dejar la cara al descubierto, porque es sólo un pañuelo en la cabeza. Al que no le gusta ese velo es porque tiene un problema de discriminación ante la libertad de la mujer, ya sea de ponerse un pañuelo o una minifalda.
—¿Qué pasa con el velo integral?
—Lo primerísimo que hay que decir del velo integral, la niqab, es que es ultraminoritario en las sociedades occidentales donde ha surgido el debate sobre su prohibición. Estamos generando una discusión social inmensa sobre una cosa que prácticamente no existe en nuestras sociedades. Son debates, además, que los están introduciendo los actores políticos más populistas (incluida la extrema derecha, que en Europa viene creciendo), en su estrategia de satanización y estigmatización de los musulmanes que viven en nuestros países. Quieren echarlos. Parece que el velo integral fuera la realidad dominante cuando la mayoría de las mujeres musulmanas que viven en nuestros países ni usan ese velo integral ni están de acuerdo con usarlo. Estamos hablando de dos mil o tres mil mujeres que usan niqab en 15 millones de musulmanes. En el caso de este puñado de mujeres la ley ya está, no hay que hacer legislaciones selectivas, nuestros países reglamentan que en una serie de circunstancias administrativas, penales, policiales, etcétera, nadie puede ir con la cara cubierta, se trate de un velo integral, un casco, o un pasamontañas.

VIEJOS Y NUEVOS FANATISMOS

—Usted vino a Montevideo a presentar una película sobre un proceso de expulsión ocurrido hace varios siglos.
—Es un largometraje que hemos elaborado en Casa Árabe, una institución española que dirijo y que ha sido creada a iniciativa del Ministerio de Asuntos Exteriores para trabajar a favor de las relaciones entre las sociedades y los pueblos. La película es un ejercicio de recuperación de memoria histórica, pero en el sentido de que, de aquello que hicieron nuestros antepasados, los responsables son ellos, no nosotros. No soy partidaria de estar todo el día dándonos latigazos diciendo “qué malos fuimos los españoles en el pasado”. No. Todos los estados, todas las naciones, tienen páginas poco loables en su historia. Una de esas páginas de nuestra historia supuso, en el siglo XVII, la expulsión masiva de 300 mil españoles moriscos que eran los herederos de la cultura árabe islámica de Al Andalus. Como se sabe, primero, en 1492, se expulsó a los judíos, y después, en otro ejercicio de intolerancia y fanatismo, se expulsó a los moriscos. Fueron deportados forzosamente y abandonados en las costas del norte de África. Hay que conocer cómo ocurrió y por qué ocurrió para hacer la lectura actual, en el sentido de que no podemos permitir que se desarrollen en nuestras sociedades tendencias fuertes y poderosas que sean racistas, excluyentes, que no admiten la diversidad cultural y religiosa. No sólo porque se genera un daño enorme a todo un colectivo, sino porque quienes ganan son los más radicales. En el mundo occidental se está elaborando un discurso de islamofobia que es racista porque es contra todo el colectivo de los musulmanes, a los que se estigmatiza por el hecho de ser musulmanes. No es la reacción contra una serie de individuos, de personas concretas, que además de pertenecer a la religión musulmana han cometido hechos como los atentados del 11 de setiembre de 2001. De esos actos son responsables los individuos que los cometieron, por más que se proclamen los que tienen a Dios de su parte. No debemos extender el estereotipo y el castigo a la comunidad musulmana simplemente porque es la misma religión a la que pertenecen esos delincuentes y esos terroristas. Esta película quiere llamar la atención sobre cómo se crean esas estigmatizaciones colectivas globales, cómo con eso permitimos que ganen las ideologías más fanáticas, y qué consecuencias dramáticas tiene esto.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 8 de octubre de 2010)

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17 febrero 2007

Las 3 más recientes/La batalla de Saada

Tres días de combates entre tropas gubernamentales y la insurgencia chiita causaron 93 muertos esta semana. No ocurrió en Irak sino en Yemen, país de mayoría sunita ubicado al sur de Arabia Saudita. En Yemen existe un gobierno de inspiración musulmana elegido democráticamente y una oposición socialista (ver Yemen, una vieja rivalidad). Demasiadas herejías juntas en opinión de la familia Al Houthi, líderes clánicos de la Juventud creyente, un grupo armado que busca instaurar una teocracia dirigida por un ayatolá, similar al régimen que existe en Irán. El líder espiritual de esta guerrilla es el clérigo Badruddin al Houthi, quien se siente elegido para conducir a su pueblo por el camino de la sharia, la ley islámica. En el campo de batalla el comando de las fuerzas irregulares recae sobre uno de sus hijos, Abdul Malik al Houthi, que relevó a su hermano Hussein al Houthi, caído en combate hace dos años y medio.

Los enfrentamientos entre el gobierno y el clan Al Houthi no ocuparon mayor espacio en la prensa internacional. Incluso los medios yemenitas los tomaron como parte de la normalidad. El Yemen Times, por ejemplo, al otro día de los combates más cruentos de esta semana eligió para título principal de portada el hallazgo de cuerpos de militantes socialistas muertos en una masacre ocurrida en enero de 1986. Las noticias sobre la batalla de las montañas de Saada estuvieron, eso sí, en la entrelínea de la segunda noticia del día. Aunque parecía una insípida crónica sobre el aniversario de la revolución iraní, se afirmaba que la amistad entre Yemen e Irán se mantiene fuerte “a pesar de los obstáculos transitorios”. Esos obstáculos no parecen ser menores, si se tiene en cuenta que la agencia DPA indicó que funcionarios del gobierno yemenita han acusado al régimen chiita de Irán y al gobierno de Libia de dar apoyo financiero a los rebeldes de la Juventud creyente. Entre los titulares del Yemen Times también se pudieron leer otros potenciales motivos de vinculación entre ese país y la siempre ubicua y a veces resbalosa guerra de Estados Unidos contra la a veces ubicua pero siempre resbalosa Al-qaeda. La tierra natal del casi olvidado Osama bin Laden sería elegida por los líderes prófugos de los tribunales islámicos de Somalia para solicitar asilo político.

Más allá de la tentación de inscribirlo en un escenario global –y más allá de la indudable incidencia de la crisis iraquí en el agravamiento de la situación yemenita- puede asumirse que la insurgencia liderada por el clan Al Houthi tiene raíces autóctonas: luego de la unificación de Yemen del Sur y Yemen del Norte en un solo país, varios grupos chiitas han tenido escaramuzas armadas contra un ejército controlado por la mayoría sunita. En un artículo publicado en Brecha en diciembre de 2001, se daba cuenta de la existencia de decenas de pequeños grupos islamistas activos en el país, entre los cuales los principales eran el Ejército Islámico de Adén y la llamada Yihad Yemení.

Pero no debe hacerse un vínculo directo entre los islamistas de Yemen y la red Al-Qaeda. Según recordó este miércoles la cadena qatarí Al Jazeera, no hay ninguna prueba de que existan lazos entre la red de Bin Laden y las milicias de la Juventud creyente. La otra cara de la moneda es la existencia en el país de bases norteamericanas en Aden, Hodeida y Socotra. Por supuesto, también está el petróleo. Yemen está dividido en 37 zonas de explotación petrolera y en casi todas ellas hay socios estadounidenses.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de febrero de 2007)

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15 septiembre 2006

Yemen: una vieja rivalidad

Si se repasa la prensa yemenita de las últimas semanas, el lector tiene la sensación de estar ante un país en el que la lucha electoral es similar a la que se vive en cualquier democracia que funciona relativamente bien. Nada diría que las urnas reeditarán la pulseada entre un Yemen islámico apoyado por Estados Unidos y un Yemen laico de inspiración socialista.

Las portadas se dedican a las propuestas de los candidatos, y las empresas encuestadoras miden en porcentajes las posibilidades de oficialismo y oposición, como si nada pudiera interferir en la decisión de los electores ni en el posterior conteo de los sufragios (a pesar de que la misma encuesta que da ventaja al oficialismo, revela que el 53 % de los votantes pronostica que habrá fraude). Los medios intentan apuntalar la normalidad electoral quitando importancia incluso a la condición de cuna de la familia Bin Laden. El Yemen Times aprovechó el quinto aniversario de los atentados del 11 de setiembre de 2001 para publicar un informe en el que desvincula a Osama de Yemen, indicando que el único lazo que el prófugo tiene con el país es el hecho de que allí nació su abuelo, en un pequeño poblado que nunca recibió una visita del nieto descarriado.

Pero por detrás de esa normalidad que parece trabajosamente construida como si fuera una “marca país”, asoma el pasado de un lugar que fue uno de los primeros campos de batalla del “despertar de la jihad” que se produjo tras el desmoronamiento de la contención soviética. Es posible que cuando se mire con suficiente perspectiva la historia de los últimos treinta años se termine dando más importancia a la retirada soviética de Afganistán que a la caída de las torres gemelas. Fue en Yemen donde la parte sur del país que tenía un gobierno de corte socialista, surgido en su momento con el sostén de Moscú, libró una guerra con el norte. Un norte cuyo ejército, aliado de bajo perfil de Estados Unidos, recibió el caudal de las milicias integristas apoyadas por las tribus en su lucha por la unificación de los dos Yemen en un único Estado gobernado por la ley islámica. El resultado de esa unificación, lograda entre 1990 y 1994, no resolvió las tensiones entre ambas partes, pero vio surgir otras: grupos minoritarios de inspiración chiita han tenido ocasionales escaramuzas contra la mayoría sunnita, favoreciendo un contexto en el que células islamistas radicales han logrado realizar algunas acciones de impacto publicitario, como el atentado contra un barco de guerra estadounidense.

Hacia las elecciones del domingo próximo, las encuestas no se alejan de lo previsible. El favorito es el actual presidente, Ali Abdallah Saleh (foto), que si se cuentan sus períodos de antes y después de la unificación lleva treinta años en el poder, que tiene un pasado golpista, y que se apoya en la alianza que forjó con las tribus durante la guerra civil. Con ese pedigree no le resultó difícil obtener nuevamente el apoyo estadounidense en armas y entrenamiento, posicionándose otra vez como dique de contención, ya no de los rojos del sur, sino de los islamistas radicales. Con el apoyo de las fuerzas armadas, de las tribus, y de la potencia hegemónica, resulta difícil que Saleh pierda las elecciones. Enfrente está Faisal Ben Shamlan, un cuadro político surgido del Yemen comunista, dirigente del Partido Socialista y actual miembro del Parlamento. Un mano a mano que a muchos trae recuerdos de la vieja guerra civil de principios de los noventa.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de setiembre de 2006)

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30 diciembre 2001

Yemen: el factor petróleo

Yemen está dividido en 37 zonas de explotación petrolera y en casi todas ellas hay socios estadounidenses. Allí están, por ejemplo, la Chevron (compartiendo con la Agip de Italia una concesión de casi tres mil kilómetos cuadrados en Ariq, en el centrosur del país), la Exxon (en Janna), la Union Oil de California (en Shabwa), la Phillips Petroleum Company (en Wadi al-Jawf), o la Red Eagle (disfrutando en soledad de la concesión de 7.200 kilómetros cuadrados en Ramah).

Las grandes petroleras europeas también tienen una importante presencia en Yemen, como la Shell, la British Petroleum, o la Elf. Esta última dispone de la zona de explotación más amplia: 42.217 kilómetros cuadrados en Sirr-Hazar. Una de las áreas más inestables por la presencia de islamistas radicales, Marib, es la zona petrolera número 18, que la Exxon comparte con cuatro compañías surcoreanas: Yukong, Korean Petroleum Development Corporation, Hyundai y Samwhan.

El atlas de los intereses extranjeros en el petróleo de Yemen también muestra presencia canadiense (Petro Canadá está en Habrout, en la frontera este con Omán), noruega (la Norsk Hydro está en Hoowarin, en el centro desértico del país), japonesa (Idemitsu Oil and gGas), irlandesa (la Tullow Oil tiene su propia esquina en el extemo noreste, fronterizo con Arabia Saudita y Omán), francesa, kuwaití, saudita, egipcia, ex soviética, y hasta de las camaleónicas Islas Caymán.

==Quinta parte de cinco

* 1- Escenario 2002: Yemén y Somalía
* 2- La sombra de Osama
* 3- Islamismo yemení
* 4- Osama: el mito necesario

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2001)

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Osama: el mito necesario

En agosto de 1996, el experto británico en asuntos yemeníes, Brian Withaker, escribió en Middle East International, un artículo titulado “El mito de Bin Laden”, en el que analizaba la carrera del llamado “banquero de la yihad” y pasaba revista a alguno de sus vínculos con Yemen. Luego de referirse a la dificultad de separar la realidad de la leyenda, Withaker escribió que tanto los rebeldes locales como los gobiernantes, se valen de la figura del ex saudí, ya sea, según se trate de unos o de otros, para sentirse parte de una red poderosa o para explicar que los guerrilleros que combaten dentro de fronteras no son otra cosa que mercenarios del terrorismo importado.

Otra fuente británica, en este caso Reuters, aplica una lógica similar para explicar la reciente redada militar del gobierno yemení en la búsqueda de cómplices de Bin Laden. Es posible que la movida no esté ligada a una presencia preocupante de Al-Qaeda, sino a un intento de “lavado de imagen”. No debe olvidarse que Yemén apoyó diplomáticamente a Irak durante la Guerra del Golfo, y durante años fue enemigo de Arabia Saudita, principal aliado estadounidense en la región.

A la luz de las insistentes versiones que vinculaban a Bin Laden con todo tipo de acciones irregulares, tanto grandes como minúsculas, Whitaker concluía su artículo de 1996 diciendo: Si Bin Laden no existiera, tendría que ser inventado. O resucitado, podríamos acotar cinco años y medio después. Los cultores de las teorías de la conspiración pueden tejer todas las hipótesis posibles al abrigo de los escombros de las cuevas de Tora-Bora.

==Cuarta parte de cinco

* 1- Escenario 2002: Yemén y Somalía
* 2- La sombra de Osama
* 3- Islamismo yemení
* 5- Yemen: el factor petróleo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2001)

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La sombra de Osama

Ya el 23 de agosto de 1998, el gobierno de Yemen tuvo que negar oficialmente la presencia de Osama Bin Laden en su territorio. No era una hipótesis descabellada. En primer lugar, el padre de Bin Laden es originario de Yemen, al igual que una de sus esposas. En segundo término, Osama posee intereses económicos en el país, ya que controla las redes de abastecimiento de qat, una sustancia alucinógena que los yemeníes consumen con la misma naturalidad con la que los indígenas del altiplano sudamericano mastican hojas de coca.

Esto sin contar que el país aloja fuertes grupos de guerrilleros de inspiración musulmana tanto en el norte como en el sureste, que tienen como uno de sus alicientes para la “guerra santa” la existencia de bases norteamericanas en Aden, Hodeida y Socotra. Además de las bases, Estados Unidos posee en Yemen fuertes intereses económicos vinculados al petróleo. Precisamente, la provincia en la que ocurrieron los combates del 18 de diciembre, Marib, produce el 40 por ciento del petróleo del país y es un punto clave de un oleoducto que es blanco de frecuentes ataques de beduinos rebeldes.

En los últimos seis años allí han sido secuestrados 157 extranjeros. El rescate va desde exigencias esperables, como la liberación de militantes encarcelados o ciertas sumas de dinero, hasta otras sumamente peculiares, como la construcción de escuelas en la provincia, puestos en el ejército o la adminitración civil para miembros del clan, o la entrega de camionetas cuatro por cuatro que, de acuerdo con el periódico The Guardian, se pide expresamente que sean Toyota LandCruiser, las mismas que utilizaban los talibán.

En el mismo 1998 en que la sombra de Bin Laden planeaba sobre Yemen, se produjeron en ese país dos episodio violentos vinculados a turistas procedentes de Gran Bretaña. Dieciseis británicos que habían contratado una excursión para conocer los monumentos culturales de un país que se supone que albergó al célebre reino de Saba de los tiempos del Antiguo Testamento, fueron tomados como rehenes. Terminó en tragedia: cuatro de los secuestrados murieron en el fuego cruzado que se produjo cuando las fuerzas de seguridad efectuaron el rescate. Otros diez turistas que salieron de Inglaterra con la intención de aprender árabe y experimentar la vida en un país musulmán, terminaron en la cárcel al ser acusados de terrorismo. Ambos casos, previsiblemente, se transformaron en shows mediáticos, y todos los dardos apuntaron contra un iman de una mezquita del Finsbury Park de Londres.

Pero sin duda el hecho más impactante entre las acciones islamistas que se produjeron en territorio de Yemén, fue el atentado contra el destructor estadounidense Uss Cole, anclado en aguas del puerto de Aden. El 12 de octubre de 2000, una lancha-bomba conducida por dos atacantes suicidas, impactó contra el barco matando a 17 tripulantes e hiriendo a 39. Osama Bin Laden fue señalado como sospechoso número uno de haber planeado y financiado el atentado. Él negó estas afirmaciones, pero expresó su alegría por el atentado, y según el periódico Al Hayat, “dio gracias a Alá por esa operación”.

==Segunda parte de cinco

* 1- Escenario 2002: Yemén y Somalía
* 3- Islamismo yemení
* 4- Osama: el mito necesario
* 5- Yemen: el factor petróleo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2001)

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28 diciembre 2001

Escenario 2002: Yemén y Somalía

Luego de la desmaterialización de Bin Laden en las montañas de Tora-Bora, la difusa guerra contra el terrorismo necesita volver a ajustar el foco. Estados Unidos amenazó a Somalía, en tanto que Yemén comenzó su operación de “lavado de imagen” con un raíd militar contra tribus acusadas de proteger a militantes de Al-Qaeda.

Por detrás de los titulares acerca de los pasos para instalar en Afganistán algún intento de normalidad, dos noticias permiten intuir hacia dónde apuntarán las cámaras a comienzos del nuevo año: el gobierno de Yemén atacó supuestas bases de militantes islamistas en su territorio el 18 de diciembre, en tanto que Estados Unidos anunció que Somalía podría ser su nuevo blanco en la campaña para desarticular las redes fundamentalistas que amenazan intereses occidentales.
Nada para sorprenderse.

En Yemen y Somalía existen grupos que han estado ligados a Bin Laden desde mucho antes del atentado contra las Torres Gemelas. Además, ambos países guardan similitudes con el Afganistán talib en que se refugió el millonario ex saudita: fuerte influencia tribal, existencia de grupos radicales activos, un gobierno que no controla completamente su territorio ni tiene el monopolio de las armas, una historia reciente con violentos episodios antinorteamericanos, pobreza, recursos naturales, importancia en los esquemas de tráficos ilegales, una situación geopolítica estratégica.

Yemen tienen aun otra semejanza con Afganistán: la existencia de un importante contingente de islamistas que pelearon su “guerra santa” contra un ejército comunista de un país que ya no existe, en este caso Yemen del Sur, y que luego se transformaron en incómoda mano de obra desocupada para sus antiguos mentores. Estos antiguos mujaidines suelen encontrar refugio en las tribus semi-autónomas que controlan porciones del fragmentado país. Cuando un jefe tribal acepta proteger a una persona, queda obligado a cumplir su palabra incluso en el caso de que el Estado lo conmine a entregar al huésped. Los recientes combates, aunque fueron presentados como choques entre el gobierno y Al-Qaeda, en verdad enfrentaron al ejército con la tribu Abida, que se negaba a entregar a cinco sospechosos de pertenecer a la red terrorista.

En una ponencia presentada al coloquio “Islam y cambio social” que organizó la universidad suiza de Lausanne, Elham Manea analizó las relaciones tribu-Estado, y subrayó que ahí está el eje del dilema político en el Yemen contemporáneo. Tribus con un poder fuertemente centralizado en su jefe, con una ancestral animosidad en contra del Estado, y con una percepción de la identidad nacional como algo ajeno al concepto de soberanía estatal. Una realidad que genera amplias zonas que son “tierra de nadie”, tanto en el mapa como en la lealtad de los ciudadanos.

==Primera parte de cinco

* 2- La sombra de Osama
* 3- Islamismo yemení
* 4- Osama: el mito necesario
* 5- Yemen: el factor petróleo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2001)

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20 diciembre 2001

Islamismo yemení

El islamismo radical yemení no necesita importar combatientes. Antes que eso los exporta. Fueron centenares los yemeníes que pelearon la ‘guerra santa’ contra los soviéticos en Afganistán, y se calcula que algunas decenas de nacionales de Yemen están como “comandos durmientes” de Al-Qaeda en distintos países en los que existe presencia de la llamada “Hermandad Bin Laden”.

Un ejemplo pueden ser los líderes de dos centros espirituales de inspiración indopaquistaní, estrechamente ligados a Bin Laden, que existen en la capital de Azerbaiyan, Bakú. Uno está a cargo de ciudadanos yemeníes, y el otro, aunque dirigido por un somalí, tiene varios yemeníes en su plana mayor. Fuentes occidentales aseguran que en esos establecimientos se preparan predicadores con destino a las repúblicas rusas rebeldes de Chechenia y Daguestán.
Actualmente las decenas de pequeños grupos islamistas que existen en Yemen se dividen entre los leales al jeque Zin Abidin Al-Mundar, líder del Ejército Islámico de Adén, y los leales a Tarik Al-Fazli, cabeza de la llamada Yihad Yemení.

Estos “señores de la guerra” se mueven como peces en el agua en un país donde la mayoría de los habitantes salen de la adolescencia con su kalashnikov bajo el brazo, dando forma a un arsenal disperso que llega a los cincuenta millones de armas: cinco por habitante. En esa variopinta yuxtaposición de poderes, no faltan quienes apoyan explícitamente a Bin Laden, como el jeque Mohamen Bin Chayáa, de la tribu wahila, quien en 1998 ofreció, públicamente, sumar su ejército privado de veinte mil hombres a las fuerzas de Al-Qaeda.

==Tercera parte de cinco

* 1- Escenario 2002: Yemén y Somalía
* 2- La sombra de Osama
* 4- Osama: el mito necesario
* 5- Yemen: el factor petróleo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2001)

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