09 julio 2012

Entrevista con Tarso Genro: "Hay que reorganizar una teoría socialista para la época"

Por Roberto López Belloso

"Las tareas del gobierno tienden a promover la abdicación de la reflexión teórica por la necesidad empírica de 'resolver cosas'." Ocurre que "la socialdemocracia reformista que asumieron los gobiernos de izquierda en este período hizo que dejaran a un lado la 'utopía socialista' para preservar la 'utopía democrática'". Frases como estas forman el núcleo de un artículo que el gobernador de Río Grande del Sur, Tarso Genro, hombre de confianza de Lula, publicó en abril en Folha de São Paulo y El País de Madrid. A su paso por Montevideo, el político brasileño fue entrevistado acerca de estas ideas.

—Mientras ocupó diversas funciones de gobierno durante la administración de Lula da Silva, ¿le fue posible compaginar la gestión concreta del día a día con esta búsqueda de construcción socialista?
—El de Lula no fue un gobierno típico de izquierda. Fue una experiencia de centroizquierda donde las personas de izquierda tuvieron una participación importante con sustentación en las posiciones del presidente de la República. Nosotros, las personas de izquierda dentro del gobierno, pautábamos nuestras posiciones basados en tres ejes. Primero, la profundización y la radicalización de la democracia, o sea, establecer una relación Estado-sociedad más abierta, más participativa, con más diálogo; esto se hizo muy bien, por ejemplo en la decena, o más, de conferencias temáticas que organizó el gobierno con una enorme participación de las bases. Segundo, disputando la visión de desarrollo económico entre una cooperación soberana interdependiente y una sumisión a la visión tradicional del imperio y del proyecto neoliberal. Tercero, hacer un aporte político importante en cuanto mirada hacia el pasado, respecto del legado del régimen militar, no solamente las cuestiones de seguridad pública sino también las de derechos humanos. Esto fue posible hacerlo con total apoyo del presidente, pese a determinadas ambigüedades que ocurren en esos procesos cuando se sabe que nuestras alianzas para gobernar el país son muy amplias.

—¿Usted considera que en el gobierno de Dilma Rousseff será posible profundizar ese camino?
—El de Dilma es un gobierno de estabilización de las conquistas, de continuidad con cambios de un modelo de desarrollo alternativo. En ese sentido es muy importante porque hay que transformar esa acumulación en cambios concretos en la economía, profundizar el ascenso social de millones de personas que pasan a participar del mercado de consumo interno, de la política, de la educación, de las principales políticas públicas. Lo más importante que hizo el presidente Lula fue el despertar de nuevos sujetos sociales que defienden la democracia y que se contraponen al proyecto neoliberal porque necesitan una recuperación de las funciones públicas del Estado. Para mí la clave de una posición de izquierda hoy no es una postura meramente defensiva, sino ofensiva. En el sentido de proponer cada vez más una recuperación y una ampliación de las funciones del Estado, que es una contraposición, al mismo tiempo material y subjetiva, al proyecto neoliberal.

—El presidente Mujica ha dicho en más de una oportunidad que un Estado que no se transforma es el peor enemigo del socialismo. ¿Coincide con esa mirada?
—Íntegramente, porque la izquierda necesita comprender –y una gran parte de la misma es sorda– que no hay que recuperar el modelo bolchevique de socialismo así como no hay que recuperar la socialdemocracia. Hay que colocar esas dos experiencias socializantes en un nuevo nivel. Estamos en una sociedad que tiene una nueva estructura de clases, en la que la clase obrera tradicional tiene un proyecto muy modesto, muy tímido para hacer propuestas universales de desarrollo con cohesión social y componentes de igualdad. Amplios sectores de la clase obrera y de empleados públicos, por ejemplo, entraron en el juego neoliberal y piensan solamente en sus necesidades inmediatas. No piensan en una transformación profunda que democratice el Estado. Hay que defender el Estado que está bajo el asedio del proyecto neoliberal. Al mismo tiempo que no es posible profundizar la democracia y hacer la transformación necesaria sin que ocurra una participación fuerte de los obreros y de los asalariados del sector público, es necesario comprender también que estos sujetos no son más los sujetos absolutos de la transformación. En algunos aspectos incluso son sujetos de conservación, porque es una cosa muy natural, que entre comillas podemos denominar como muy marxista, ya que defienden sus intereses inmediatos. Entonces la izquierda tiene que trascender esta visión tradicional y tener una propuesta universal basada en la defensa y radicalización de la democracia para buscar que el Estado cumpla funciones públicas que son muy diferentes a las que ha cumplido hasta hoy.

—¿Por ejemplo?
—Me parece que las funciones que el Estado tiene en organizar la investigación (científico técnica), promover las nuevas tecnologías, reorganizar las instituciones para un mayor control público sobre el propio Estado, son mucho más importantes que tener una o dos empresas estatales que en algunos casos son muy importantes pero en otros no. Por ejemplo, una compañía siderúrgica en manos estatales hoy no es tan vital. En cambio el saber científico técnico, el control de la información y de la inteligencia productiva son clave para un Estado democrático que piense en un socialismo adecuado a los tiempos en que vivimos.

—Precisamente, ¿cómo sería en un socialismo adecuado a los tiempos en que vivimos?
—Creo que la clave es la organización en el entorno del Estado de instrumentos de participación directa y virtual a través de consejos que sean instrumentos de deconstrucción de las barreras autoritarias que separan Estado y sociedad. Que sean un cerco democrático sobre el Estado, de la ciudadanía organizada, porque la democracia directa es la democracia de los más interesados, pero que a la vez mantenga una estabilidad de la representación. En esa dialéctica entre presentación directa y representación basada en el proceso electoral universal es posible conformar un nuevo tipo de Estado que aproveche todas las experiencias de la democracia directa que vienen desde la Comuna de París –y que pueden ser potenciadas con los medios tecnológicos actuales– y la representación universal que viene de la experiencia ilustrada iluminista. Esa combinación es la clave de un nuevo tipo de Estado, radicalmente democrático, que promueva un nuevo paso en esta revolución democrática.

—¿Le parece que ha pasado un tiempo suficiente desde el colapso del socialismo real como para que se pueda volver a hablar sin complejos de socialismo, de marxismo?
—Pienso que la discusión respecto del socialismo, la contribución que el marxismo ha hecho a la teoría social como conjunto, nunca estuvieron superadas. Lo que hubo fue una hegemonía ideológica y política de la derecha, de la utopía neoliberal del Estado mínimo, para apropiarse del Estado a través de la fuerza normativa que tiene el capital financiero sobre la vida pública, sobre la vida productiva. En ese barco en crisis la socialdemocracia se va al centro y a la derecha, y la recuperación ilusoria de los valores bolcheviques, que son muy específicos del siglo pasado, no respondieron al desafío. Hay que reorganizar una teoría socialista adecuada a la época, y eso no se hace sin defender la democracia, su continuidad y la radicalización de la democracia. Porque, repito, la destrucción del Estado no es hoy interés de la izquierda ni de las capas populares, es interés del proyecto neoliberal porque no puede mantener su hegemonía con el Estado democrático que hemos conquistado en este período.

—¿Por qué ha sido tan difícil para Brasil resolver el tema de los crímenes de la dictadura en términos de verdad y justicia?
—Porque nuestra transición estuvo basada en la conciliación. Nosotros, la izquierda revolucionaria, la izquierda socialista, la izquierda democrático radical, defendimos un derrocamiento revolucionario de la dictadura militar, y el resultado no fue ese. Hubo un pacto político que involucró personajes importantes de una dictadura que en mi país no fue sólo militar, fue cívico militar, en la que incluso las funciones políticas más importantes fueron cumplidas por los civiles originarios de los grupos políticos de las clases dominantes. Hubo una tecnocracia civil de gran importancia, una parte de la cual transitó hacia la democracia, que tuvo una función política y de gestión del Estado extraordinaria. Cuando la dictadura agotó su modelo en función de las crisis del petróleo hubo una división en el bloque civil de sustentación de la misma que acordó con la oposición democrática amplia. Nosotros, desde la izquierda, acompañamos porque ese era el proceso real, no funcionaba más buscar como buscábamos una constituyente originaria acompañada por el movimiento social para una ruptura con la dictadura militar. Hubo entonces una conciliación que tuvo el mérito extraordinario de no permitir una guerra civil entre hermanos, pero tuvo el demérito de que la transición es muy larga y tiene la tendencia a encubrir los papeles que la derecha civil tuvo en la derecha militar, incluso en las barbaries de la tortura y la violencia.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 1 de junio de 2012)

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04 marzo 2012

Mi vecino es una potencia

La necesidad de tener una mirada estratégica y comprender el mundo, no sólo el actual sino los escenarios de las próximas décadas. Lo inexorable del desarrollo de Brasil y la situación inédita de "ser vecinos, y por tierra, de uno de los centros mundiales". La posibilidad de una confederación sudamericana. La incidencia de la política doméstica argentina en su política exterior. Todos estos asuntos fueron parte de un diálogo con el politólogo Carlos Luján, especialista en temas internacionales.

—El mundo ha cambiado bastante en los últimos 20 años, desde aquel de la inmediata pos Guerra Fría con un solo centro en Estados Unidos, a esta realidad de múltiples centros.
—Sí, hoy vamos hacia una situación de multilateralismo atenuado. Digo atenuado porque no estamos en un mundo de veinte centros sino de cuatro, o a lo sumo cinco. En ese sentido el G 20 es un espejismo, por más que obviamente algunos de sus integrantes, como Argentina, lo viven como estar en la elite mundial. Con menos del 5 por ciento de la población mundial, 300 millones de personas, es muy difícil ser una potencia.

—¿Cuáles son los centros, entonces?
—Estados Unidos, China, India, luego Alemania con Europa...

—No Europa en tanto Unión Europea sino Alemania más el resto de Europa...
—... o una alianza francoalemana más el resto de Europa. Porque ¿qué son los polos o centros? ¿Son estados-naciones o son estados-naciones y sus regiones? Lo mismo pasa con el candidato a ocupar el quinto centro, que es Brasil. A mi modo de ver, para ocuparlo Brasil necesita a Sudamérica.

—¿Por eso el impulso que Brasilia le ha dado a la Unasur?
—Ahí hay una clave que podría sumar a 450 millones de personas, aunque me parece que no está totalmente definido en Brasil si el camino es Sudamérica o si el camino es Brasil en el mundo. Creo que las últimas elecciones mostraron diferencias importantes al respecto entre José Serra y Dilma Rousseff, que son explicadas razonablemente por el clivaje ideológico entre derecha e izquierda. Si bien ganó Dilma, que tiene una continuidad con la política más sudamericanista de Lula, es claro que también hay otra postura. Las diferencias serían entre si Brasil debe consolidarse y liderar Sudamérica, con lo que tendría un espacio que le permitiría ser un actor global, y las otras posturas que dicen que las relaciones deben ser mucho más fuertes con China o India y que el actor global es Brasil con sus 200 millones de habitantes y sus tasas de crecimiento altas, pero solo, aunque luego tenga acuerdos e incluso uniones aduaneras con el resto de Sudamérica.

—¿Cómo juega en eso Itamaraty? Porque vista desde Uruguay, la brasileña parece ser una diplomacia que tiene una política de Estado bastante consistente en relaciones internacionales.
—A mí me parece que la diplomacia brasileña todavía está procesando ese debate. Las políticas de Estado no se determinan en un momento y para siempre. Son construcciones colectivas que lleva muchos años procesar, y más en un país donde se tiene un cuerpo diplomático tan profesionalizado, hasta que en determinado momento se define "vamos para allá". Hoy me parece que no es obvio el rumbo. La prueba del nueve será lo que pase cuando haya alternancia de partidos en el gobierno, que la va a haber, ya sea en cinco años, en diez o en quince. ¿Esta línea se revierte o se mantiene? Esto tiene toda una gama de situaciones intermedias.

—¿Por ejemplo?
—De repente no es Brasil con Sudamérica o Brasil solo, sino Brasil con un Mercosur más Atlántico, ya con una Venezuela incorporada. En Brasil tampoco está claro qué sería lo mejor. Porque se puede decir "va a pasar esto pero lo mejor sería esto otro". No, ni siquiera eso está claro. Porque un liderazgo brasileño en Sudamérica tiene costos. Los demás países le dirán "muy bien, ¿ustedes quieren liderar?, ¿qué va a pasar con las asimetrías?, ¿cómo van a apoyar a los demás y qué es lo que piden a cambio?". Todo eso va a requerir unas dos décadas más de definiciones. Lo que me parece es que en un esquema u otro Uruguay está en una posición muy cercana a Brasil. En una construcción sudamericana estamos adentro. En el Mercosur ampliado estamos adentro. En algo que sea el Mercosur original también. E incluso uno puede decirse: ¿y si se llegara a dar que Brasil se corta solo? En esto me atrevo a hacer una hipótesis quizás un poco audaz: Uruguay es de los países que más condiciones tiene para ser de los que acompañen. Supongamos que mañana no se logra avanzar en un acuerdo Unión Europea-Mercosur y Brasil decide firmarlo solo, no es descabellado pensar que Uruguay se sumara, a diferencia de Argentina, que uno podría imaginar que estaría más distanciada. Obviamente hay que ver cuáles son las condiciones y si es beneficioso para el país. Hay un destino que va muy cerca de Brasil. Eso es una cosa que los uruguayos debemos empezar a pensar. Vamos a ser vecinos, y por tierra, de uno de los centros mundiales. Esa es una situación que nunca hemos vivido como país. Esto tiene sus cosas buenas y sus cosas de otro tipo, si no pregúntenle a México, o a Vietnam por su frontera con China. No es menor esto. Distinto es que se diga "vamos hacia un mundo bipolar entre China y Estados Unidos, con el resto de jugadores secundarios, es decir con un Brasil en la segunda división". Pero para lo que tenemos que prepararnos es para decirnos: ¿y si estamos realmente al lado de una potencia mundial, de uno de los cinco pesados aunque sea el menos pesado de esos cinco? Hay que estar preparados y preguntarse cómo se funciona en esa realidad. (...)

RUSIA Y JAPÓN

—¿Qué sucede con el resto de los países fuertes que no están en ese grupo de cinco que mencionó anteriormente?
—Si miro lo que me queda afuera de estos cinco está, por ejemplo, Rusia. Tiene armas nucleares pero tiene una economía que no está creciendo a los niveles de India o China, una población decreciente y una serie de problemas de vacíos territoriales sin una zona de influencia eslava importante. Eso no quiere decir que no tenga su importancia en el concierto internacional o que no pueda ser una potencia regional.

—También está Japón.
—Japón, tercera economía del mundo, hasta hace algo más de un año la segunda, pero con el problema de que no tiene una región de influencia, una tasa de crecimiento de población muy baja, problemas económicos. Esto le hace difícil dar el salto para ser uno de los polos o centros mundiales. Más bien me parece que la gran pregunta es hacia qué lado de la balanza va a caer, si en la zona de influencia China o en la de Estados Unidos. Esto último me parece lo más plausible. Si el centro del mundo es Eurasia, es como si Estados Unidos tuviera dos grandes "portaaviones": uno es Japón y el otro Gran Bretaña.

—El hecho de que China y Japón hayan comenzado a usar sus respectivas monedas para comerciar entre sí, ¿no implica un inicio de acercamiento? Es cierto que la historia entre ellos ha sido muy difícil.
—Cabría preguntarse si esa historia es más difícil que la que tiene con Estados Unidos, que el 6 y el 9 de agosto de 1945 le lanzó dos bombas nucleares, una en Hiroshima y otra en Nagasaki. Yo creo que la respuesta es que sí: es peor la enemistad entre China y Japón, a raíz de lo que ocurrió con la expansión imperialista japonesa...

—... con la masacre de Nanking, por ejemplo...
—... por ejemplo. Eso no implica que no puedan intensificar su comercio, pero no los veo en un programa de cooperación militar.

—Siguiendo con "lo que queda afuera" de esos cinco centros que mencionó, ¿qué pasa con el mundo musulmán?
—Ahí el punto es cuáles son los candidatos a posibles centros. Uno de ellos es Irán, pero le falta población –70 millones de habitantes me parece que no son suficientes–, y le falta su región de influencia ya que es un país chiita, que es la minoría del mundo musulmán, apenas el 10 por ciento, rodeado de países sunitas. Por otra parte está Indonesia, el país del mundo con mayor cantidad de musulmanes, tiene 200 millones de habitantes pero no son árabes, por lo que le falta nuevamente una zona de incidencia. Arabia Saudita podría ser el otro candidato, pero además de tener una teocracia muy dura posee una relación especial con Estados Unidos que le dificulta las cosas.

—También es compleja la relación de Pakistán con Estados Unidos. Aunque tiene armas nucleares también aparece aislado geográficamente.
—Y con un vecino, como la India, muy poderoso. Si bien la gente dice "hay mil quinientos millones de musulmanes", no aparece una potencia que pueda constituirse en centro. Si se deja de lado el mundo musulmán y se mira hacia África, hay dos potencias regionales, Sudáfrica y Nigeria, pero no me parece que alguna de las dos calce los puntos para liderar al África sub­sahariana. Incluso tomando en cuenta el crecimiento exponencial de la población de Nigeria –que se dice que en 50 años puede llegar a los 700 millones de habitantes–, tiene condiciones de miseria y corrupción que la complican. Esto no quiere decir que si uno piensa en la media docena de potencias regionales no aparezcan estos dos países, y después sean muy relevantes a la hora de las alianzas; uno puede pensar que sería muy importante una alianza de Brasil con Sudáfrica en el eje del Atlántico sur.

LOS BRIC

—Volviendo a los cinco países que sí se vienen conformando como centros o polos, hay tres –China, India y Brasil– que integran el grupo llamado bric. Parecería entonces que este entendimiento es cada vez más importante.
—No todos los bric son iguales. No son un conjunto de centros que se unen. Es un error pensar que los bric pasan a brics cuando se les agrega Sudáfrica y luego bricsi al añadir a Indonesia..., me parece que es un error pensar que eso lo vuelve algo que pasa a ser cada vez más importante. Habría que pensar los equilibrios de poder y las alianzas. Cuanto más fuertes sean los cinco polos más van a pensar en sus políticas de alianzas con independencia de si los une el hecho de ser potencias emergentes, que es lo que une a los bric. En un estadio de desarrollo específico, como puede ser el de la década del 10, podemos asistir a acercamientos de estos tres polos y sus regiones que dicen "bueno, estamos emergiendo, entonces vamos juntos". ¿Pero por qué pensar que van a transitar el mismo camino de la mano en la etapa siguiente? ¿Qué une a la cultura de Brasil con la de China? Para empezar tienen diferencias notorias en términos de sistema político. Un integrante de las elites de Brasil, ¿con quién se siente más cercano en la forma de ver el mundo? ¿Con las elites chinas o con las elites europeas? China es un modelo de mucha libertad (hace una pausa)... de mercado, y nula libertad política. ¿Ese es un modelo que vamos a compartir? Una cosa es que se tengan relaciones comerciales muy intensas y se pelee por lugares en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y otra es decir "acá se comparten valores y visiones de fondo". No necesariamente uno se tiene que alinear con alguno de los polos emergentes para tener más autonomía de los polos que existen desde siempre.

(Entrevista de Roberto López Belloso publicada en Brecha el 3-II-2012. Para leerla completa haga click aquí. La foto es de Oscar Bonilla)

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02 julio 2010

Hace medio siglo nacían 17 nuevos países: el año de África

Los africanos buscan su propia imagen en el espejo del cincuentenario. Este artículo intenta dar cuenta de una parte de ese reflejo: la polémica sobre cuándo situar el punto de la presencia colonial, la identidad común, y los desafíos de un presente lleno de inequidades. Como un destello lateral, aparece el rol de Brasil en un continente no tan lejano. Podría utilizarse la célebre paráfrasis para decir que en este 2010 un fantasma recorre África, aunque tal vez pueda resultar exagerado. Es cierto que en el año en que 17 países de ese continente celebran el cincuentenario de su independencia, hay campo fértil para hablar de la esquiva cuestión de la identidad, cuestión espectral e inasible si las hay. Sin embargo en el momento en que se lo aterriza a nivel local, el debate parece estar demasiado contaminado por las rencillas políticas internas y las facturas se cobran hasta cuando se inaugura un monumento.

La discusión sí ha calado en las usinas de pensamiento de las antiguas metrópolis, que cuando se miran en el espejo africano ven el reflejo de la erosión de la influencia de Europa Occidental en el mundo. Más allá de que este 14 de julio el desfile militar de los Campos Eliseos vaya a contar con la participación de varios ejércitos de África, en una rara y anacrónica exhibición de aquél antiguo (y en muchos aspectos incómodo) vínculo, lo cierto es que cada vez que se habla de presencia extranjera en el continente negro la lista actual se abre con China y continúa con India. Incluso Rusia y Brasil están teniendo más peso que varias de las otrora potencias coloniales. No debería sorprender. Pasa en el mundo, es lógico que también suceda en esa postergada parte del planisferio.

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Nada es inocente cuando se trata de develar un símbolo. La mastodóntica estatua sobre el “renacimiento africano” inaugurada por el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade en abril, estaba pensada para ser el tributo de ese país a las demás naciones de ese continente. Un tributo a una fuerza que aspira a dejar de ser potencialidad y convertirse en algo real, aunque sea con medio siglo de retraso. Como podría suponerse, la de Wade fue una intención que desde el primer momento estuvo cargada de peros. Se le cuestionó, evidentemente, el efecto colateral de autoglorificación. También el estilo elegido por el escultor, de inocultable influencia staliniana: las espaldas anchas y los torsos de marcada musculatura que en su momento reflejaron el invencible poder del proletariado, ahora recicladas para significar la potencia de África. Sí, aquella desmesura en cuanto a la “escala sobrehumana” trae recuerdos demasiado asociados a los “pies de barro” como para que transplantarla a tierra africana no sea un arriesgado ejercicio de analogía. Otro de los “peros” fue la contratación de obreros de Corea del Norte como mano de obra para construir esa alegoría. En parte la decisión del contrato parece lógica, ya que si en algún lugar se mantiene el know how sobre estatuaria faraónica debería de ser en ese país asiático, pero por otro lado encierra una cierta contradicción: si para amasar el cemento que enaltecerá el renacimiento africano se necesita que vengan trabajadores extracontinente, entonces queda disponible más de un “efecto boomerang” en las decodificaciones posibles del símbolo. Como si fuera poco, un imán musulmán hizo su contribución. Literalmente puso el grito en el cielo porque una de las figuras del grupo escultórico luce un seno desnudo. Puede parece exagerado, pero más del 90 por ciento de los senegaleses son musulmanes, así que esa sensibilidad tendría que haberse tenido en cuenta con mayor cuidado.

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Pero si no es a través del músculo del realismo socialista ¿cómo reflejar ese renacimiento africano que buscaba la escultura norcoreana de Dakar? El historiador y politólogo camerunés Achille Mbembe tiene una respuesta que se sitúa en las antípodas. Lo que propone este profesor de la Universidad Witswatervand de Johannesburgo es una solución a la húngara. En Budapest resolvieron la herencia de las demesuras escultóricas creando un parque con cabezas stalinianas y calvas leninistas en las afueras de Budapest. Mbembe sugiere, con provocación dialéctica, que en cada país africano se proceda inmediatamente a una recolección tan minuciosa como sea posible de las estatuas y monumentos coloniales y que se reúnan en un único parque, que servirá al mismo tiempo de museo para las generaciones futuras. “Este parque-museo panafricano se usará como sepultura simbólica del colonialismo de este continente”, dice, y de inmediato apunta sus dardos no hacia las metrópolis de otrora sino hacia sus vecinos de continente: “una vez realizado el entierro, que nunca más nos sea permitido utilizar la colonización como pretexto para justificar nuestras actuales desgracias”. Añade luego sin preocuparse de que alguien interprete, con razón, que está criticando la megalomanía estaturaria de Wade: “prometamos igualmente dejar de erigir estatuas, sea a quien sea, y que, al contrario, florezcan por todos lados bibliotecas, teatros, talleres culturales, en definitiva, todo lo que alimentará la creatividad cultural del mañana”.

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Más allá de la polémica por la estatua que mandó a erigir Wade (foto), el aniversario es importante. Como bien recuerda Ricardo Martínez Vázquez, director general de Casa África, de España, el 1 de enero de 1960, cuando Camerún accedió a la independencia como el primero de los 17 estados que se proclamarían soberanos ese año, sólo había cinco estados independientes en África subsahariana: Etiopía (imperio desde el siglo X antes de Cristo, república desde 1974, pero que nunca fue colonia), Liberia (creada por esclavos estadounidenses libertos en 1847 y tampoco colonizada), la Unión Sudafricana (creada en 1910, aunque hasta 1991 estuvo bajo el régimen del apartheid), y los pioneros de la descolonización en África, Ghana, con Kwame Nkrumah (1957), y Guinea, con Sekou Touré (1958). En los sesenta -agrega Martínez Vázquez- otros 16 estados africanos accedieron a su soberanía plena y nueve más en la década siguiente, incluidas las cinco colonias portuguesas en 1975. Sólo quedarían Namibia (1990) y Eritrea (1993), aparte del Sáhara occidental.

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Las fechas son un problema. ¿Senegal fue independiente en abril cuando integrando una suerte de federación efímera se separó de Francia o en agosto cuando se divorció de Mali? Si para los historiadores orientales la polémica pendula de Florida a la Plaza Constitución, es fácil imaginar las dificultades que presenta un abanico de procesos independentistas con tantos cordones umbilicales superpuestos. Para los malgaches no es tan claro que deba celebrarse el año 60, que es cuando París dio "el permiso". Son muchas las voces que opinan que la independencia de Mozambique en realidad se ganó en las calles doce años más tarde, cuando las manifestaciones populares lograron que el que consideraban "presidente títere", Philibert Tsiranana, dejara el país. Por el momento lo han resuelto diplomáticamente: el 26 de junio es el día de la independencia, por el 60, en tanto que el 13 de mayo es el día de la liberación, por el 72. Menos consenso hay cuando se trata de vaciar el bronce sobre el molde del "padre de la patria". Los críticos del 60, evidentemente se niegan a darle ese título a aquél primer presidente, a quien prefieren llamar "el faldero de París". En su lugar del panteón nacional colocan al que asumió un año después de que hubiera despegado el avión que llevó a Tsiranana hacia el exilio: el izquierdista Richard Ratsimandrava, asesinado a los seis días de estar en el gobierno.

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Como parte de los debates cronológicos –de eso se trata a fin de cuentas un aniversario- hay quien considera que no hay que buscar el inicio más adelante, sino que el verdadero cincuentenario africano debió de haberse festejado hace tres años. El comienzo de ese camino independentista, según Immanuel Wallertein, fue el 6 de abril de 1957, cuando la posesión británica de Costa de Oro se convirtió en el Estado independiente de Ghana, la primera colonia de lo que entonces se llamaba Africa subsahariana que consiguió este estatus. "Yo mismo estuve en Accra en ese momento -recuerda - y puedo atestiguar la muy entusiasta y positiva cualidad de las festividades y del optimismo general acerca del futuro de Africa que se sentía en Ghana y por todo el continente. El líder del movimiento independentista ghanés, Kwame Nkrumah había dicho: "Buscad primero el reino político y todas las otras cosas se le añadirán". El sesenta traería consigo la catarata de soberanías que se mencionó líneas arriba, pero también el inicio de una dramática sucesión de quiebres institucionales que harían el campo fértil para la corrupción y la debilidad de las instituciones democráticas, parte de los ingredientes de la receta de la inequidad.

El punta pie inicial de esa serie de derrotas de la esperanza inicial ocurrió, probablemente, con el asesinato del primer ministro del Congo, Patrice Lumumba (foto). "¿Se había equivocado Nkrumah?", se interroga Wallerstein en un artículo publicado en el diario mexicano La Jornada. La respuesta que le da a esa pregunta retórica es que el mismo Nkrumah había alertado que si no se quebraba la dependencia económica de los estados africanos hacia Europa occidental y Estados Unidos, al colonialismo le sucedería un inevitable neocolonialismo. "Es la economía, imbécil", como diría Bill Clinton en un arranque de marxismo involuntario. "La lucha de clases, tarado" parece apostillar Wallerstein cuando recuerda que los ghaneses que luchaban por la independencia eran llamados de manera despectiva "los muchachos del porsche". No era porque tuvieran coches último modelo sino todo lo contrario: los militantes independentistas eran pobladores urbanos relativamente pobres que no tenían una residencia permanente y debían que dormir en las verandas de las casas de otros, relata Wallerstein. "Esto indica hasta qué grado el nacionalismo africano en su momento culminante -reflexiona- tuvo un importante elemento de conflicto de clase, algo que se ha oscurecido en mucha literatura sobre Africa". La conciencia de clase puede de nuevo ser central en la política africana, pronostica, sobre todo a la hora de reunir lo que se ha vuelto disperso.

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El sueño roto de la unidad de África o la necesidad de una "segunda independencia", son algunos de los conceptos que circulan por estos días en los análisis sobre las bodas de oro. Se señalan diversos culpables para aquellas decepciones. Wallertein habló de algunos, los liberacionistas malgaches sugerían otros con su polémica de almanaque, y la ironía de Mbembe aportaba lo suyo. En un artículo sobre el mismo tema, el diario comunista francés L’Humanité hace de Wade, el mandatario senegalés fanático de los símbolos estatuarios, una metáfora de la desilusión, él que hace diez años había representado la esperanza de todo un pueblo, hoy es la encarnación de todos los problemas: desastre económico, prebendas, creación de una clase de nuevos ricos y mantenimiento del nepotismo. Pero el mandatario está decidido a jugar el rol de estadista. Como un oriental en la Piedra Alta, el mismo día de la declaración de "írritos nulos y sin ningún valor para siempre" (o mejor dicho, del aniversario de tal declaración) propuso tras cartón su propia "ley de unión". Para hacer frente a los nuevos desafíos de la globalización –cita L’Humanité- Wade afirma que "sólo una integración política en los Estados Unidos de África nos protegerá de una marginalización que podría resultar fatal".
Palabras como neocolonialismo y dependencia se repiten en el banquillo de los acusados, aunque también se recuerda que todo el proceso del nacimiento de los nuevos Estados se dio en plena Guerra Fría. Una pulseada entre las superpotencias de entonces, Estados Unidos y la hoy desaparecida Unión Soviética que -y este concepto también se reitera con tanta frecuencia que podría tener el estatus de lugar común- que en África distó bastante de ser fría. Un coletazo de aquella vieja brega se puede identificar en las propias celebraciones de este 2010. Mientras el actual jefe de gobierno cubano ya en mayo se preocupó de festejar en La Habana el cincuentenario del continente que tuvo un lugar importante en la política exterior de su hermano Fidel, el nuevo inquilino de la Casa Blanca anunció que en agosto invitará al menos a 18 presidentes africanos para celebrar en Washington el aniversario colectivo.

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Los ancentros africanos de Barak Obama son una carta a jugar cuando se trata de recuperar influencia. La vieja cuestión de la identidad. Un dilema que para los africanos se ha planteado, en varios ensayos, como la necesidad de revisar la relación con Francia, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de los "nuevos 17" fueron colonias francesas. En primer lugar se ha criticado con acidez el viejo concepto de "francáfrica" y se han señalado diversos errores del mandatario galo Nicolás Sarkozy, desde el paternalismo "bwana" de algunas de sus intervenciones hasta el error de cálculo de enviar a su ministro del Interior como representante oficial a los actos de aniversario de la independencia senegalesa, en abril. Radio Francia Internacional, en un análisis sobre la ya mencionada "segunda independencia", destaca que los jóvenes de las antiguas colonias ya no ven a París como la Meca de sus sueños de emigración, sino a Estados Unidos. La pérdida de la influencia de otrora se ve en todos los aspectos de la vida cotidiana, añaden, incluso en el rating televisivo: mientras hasta comienzos de los noventa la pantalla chica africana estaba dominada por los programas de la televisión pública francesa que eran graciosamente cedidos a las televisoras locales, ahora la posibilidad de acceder a televisión satelital ha aumentado la oferta.

En este aspecto Brasil tiene un pie colocado en África, ya que sus telenovelas son un producto de exportación cultural que ha encontrado ávidos consumidores en el continente negro. Un reportaje de la Deutsche Welle sobre la influencia brasileña, además de recordar que Lula es el presidente que más viajes a hecho a esa parte del mundo, y de mencionar la importancia que esto ha tenido, tanto diplomática (votos para el asiento permanente que Brasilia aspira obtener en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas) como económica (los africanos serán pobres pero son muchos), se refirió a la incidencia de las telenovelas en el habla cotidiana de los países lusófonos. "Eu sou chique, bem", una expresión que podría traducirse como “cariño, tengo gustos caros” ya es común en las calles de Maputo, capital de Mozambique, y eso ocurre gracias a la penetración de los productos de la Red Globo, asegura la cadena alemana. No es algo que haya ocurrido por generación espontánea ya que Brasilia casi nunca improvisa cuando se trata de política exterior, por algo a fines de mayo cuando se inauguraron las emisiones de la señal satelital de Brasil Tv Lula dijo que era "la culminación de un sueño". Esa televisora, que tiene su sede en Maputo, empezó transmitiendo hacia los países africanos, antes incluso de dedicarse a sus vecinos de América Latina. Habrá que ver qué sucede con las telenovelas, ya que son series propiedad de los canales privados, pero en todo caso el "canal ciudadano", como lo define el gobierno brasilero, aprovechará la brecha de simpatía que abrieron los culebrones.

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Sea por culpa de las telenovelas o de los hidrocarburos, Occidente mira con preocupación cómo el continente africano está abriendo cada vez más sus puertas a la incidencia de los países del bloque BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Ya no es novedad la penetración china, cuyos intercambios comerciales con África se han multiplicado por diez desde 2001 a esta parte. Los expertos consideran que de los 6 puntos de crecimiento anual que ha tenido la economía del continente, la tercera parte se deben al "efecto China". Para los asiáticos es un excelente negocio, al punto que en 2005 habían superado a Alemania como el principal proveedor de los mercados subsaharianos. El Instituto Montaigne, uno de los principales think tank europeos, llama la atención sobre el hecho de que la presencia china está planificada como una estrategia de largo aliento, tal como lo sugieren las becas a estudiantes africanos que van a estudiar a Beijing como antes iban a la Unión Soviética, y el "florecimiento" de los centros culturales en los que entre otras actividades se puede aprender mandarín gratuitamente.

Brasil no se queda atrás. Desde Luiz Inacio Lula Da Silva asumió la presidencia, ha realizado veinte viajes y contribuyó a que la década muestre números récord de apertura de nuevas embajadas en territorio africano : dieciocho. Con un discurso que pone el énfasis en la cooperación Sur-Sur y en el parentezco cultural de los pueblos de ambos márgenes del Atlántico, Lula ha tenido varias acciones incómodas para occidente, tanto en la polémica de los medicamentos genéricos versus patentados, como por la fuerte apuesta a Petrobras como una de las empresas punteras a la hora de abrir el camino a la incidencia económica brasileña en África.

***

Cuando Lula habla del orgullo de que Brasil es el país con más población negra fuera de África, e incluso cuando Wade patina en el despropósito de su escultura norcoreana, se revela el intento de dejar atrás el discurso de "pobre África". Entrevistada por El País de Madrid, la escritora Chimamanda Adichie se queja por la existencia de un "relato único" que lleva, de manera casi inevitable, a que la mayoría de las veces que se habla de África se teja una historia de catástrofes. Nacida en Nigeria hace 33 años, y por lo tanto sin ninguna conexión de trayectoria vital con los tiempos coloniales, esta joven ganadora del prestigioso premio británico Orange Prize for Fiction está considerada una de las promesas de la literatura internacional en inglés, asegura el periódico madrileño. "Demasiada gente ha contado que África se muere y muy poca cómo África vive. Contar lo primero es importante, pero nunca se entenderá al continente si no se escuchan también otros tipos de historias", añade. En la entrevista pone un ejemplo revelador: "Un profesor (norte)americano me dijo que mi libro no era 'auténticamente africano' porque yo hablaba de africanos de clase media que conducían coches. Para él, un 'auténtico' escritor africano tenía que hablar de gente hambrienta y pobre ".

(Artículo de Roberto López Belloso, publicado en el semanario Brecha de Uruguay, el 2 de julio de 2010)

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18 septiembre 2009

Caminata armamentista: Los aviones de Lula y los tanques de Chávez

Los equívocos han estado a la orden del día luego de que se instalara en la agenda internacional el titular de que se relanzó una carrera armamentista en América Latina: ni Venezuela es el país que más gasta en asuntos militares ni Brasil cerró su compra de cazas a Francia, todavía.

EL ANUNCIO DEL acuerdo entre Lula Da Silva y su par francés Nicolás Sarkozy tuvieron como marco los actos por el Grito de Ipiranga (lunes 7), y desde el oficialismo brasileño se aprovechó la metáfora: “el acuerdo con Francia reduce la influencia de Estados Unidos y aumenta la autonomía brasileña en términos militares”, decía Valter Pomar, secretario de Relaciones Internacionales del gobernante Partido de los Trabajadores, en declaraciones a la agencia ANSA recogidas por el diario argentino Página 12. Estas adquisiciones “así como el nuevo marco regulatorio del petróleo, concediendo más poder a Petrobras, refuerzan la soberanía nacional, el papel del Estado y favorece las condiciones para el desarrollo (…) Ambos hechos son parte de una misma estrategia global que no busca sólo la soberanía nacional, sino también la democratización del país y la igualdad social”, aseguró Pomar. El negocio incluye cinco submarinos (uno de ellos nuclear), medio centenar de helicópteros y una treintena de aviones de combate, con una factura final cercana a los 14 mil millones de dólares.

Pero el entusiasmo dio lugar rápidamente a la cautela, sobretodo en lo referido a la compra de los cazas, ya que el Comando de Aeronáutica brasileño que tuvo que salir a calmar a los otros dos contendientes de la licitación (empresas de Estados Unidos y Suecia). El Comando recordó que el proceso de compra sigue, y que el objetivo es dotarse de una flota de cazas de “multiple función” (el detalle no es menor, ya que en su momento se aclaró que propuestas de aviones sólo de ataque no eran bien vistas, porque podían generar incomodidad en gobiernos vecinos) que estén operativos en 2015 y que tengan una vida útil de aproximadamente 30 años.
Un artículo de Tania Monteiro publicado en O Estado do Sao Paulo indicó que “al día siguiente al comunicado conjunto (entre Lula y Sarkozy), el ministro de Defensa Nelson Jobim, en la reunión de coordinación política del gobierno, advirtió que era preciso ‘dar solución jurídica’ a la ‘decisión política’ tomada el día anterior”. Seguramente la presencia de Sarkozy contribuyó a crear un clima para un anuncio que todavía está en discusión, afirmó el martes 8 el diputado opositor Rodrigo Rollemberg.

El negocio tiene, evidentemente, mucho de político (además de lo que implica en términos de transferencia de tecnología), y no parece que vaya a dirimirse solamente en una política de precios. El analista Federico Merke, consultado por BBC, vinculó esta negociación con el apoyo de Francia para que Brasil ingrese en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, condimentado con la propuesta de Sarkozy de convertir el G-8 en un G-14. Esta ampliación, según BBC, “tendría un efecto directo en el equilibrio regional: la formación de un grupo de 14 naciones poderosas haría irrelevante al G-20 y dejaría fuera de los foros de toma de decisión a otros países, como el vecino Argentina”.

UNA VIEJA POLEMICA La supuesta carrera armamentista fue uno de los puntos espinosos en la reciente reunión de ministros de Defensa y cancilleres de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) que culminó esta semana en Ecuador. Algunos países querían poner el acento en la instalación de bases estadounidenses en Colombia, en tanto Bogotá se defendía pidiendo que también se analizara la compra de armas rusas realizada por Venezuela. El tema de la carrera no es nuevo y suele tener relación con la simpatía o antipatía que despierta cada corredor. A fines de 2006 llegaban a Venezuela los primeros 30 cazas rusos con los que el gobierno de Hugo Chávez remplazaba 24 aviones de combate estadounidenses. Ya entonces se alertaba sobre los gastos militares de Caracas, que se situaban en el orden de los 3000 millones de dólares según fuentes rusas citadas por la agencia EFE. Los aviones habían sido precedidos por 100 mil fusiles Kalashnikov. Uno de los puntos relevantes de las adquisiciones de los militares venezolanos al otro lado de la rasgada cortina de hierro, fue que se presentó como alternativa –mejor dicho desafío- a los obstáculos que Estados Unidos había puesto a mediados de ese mismo 2006 para que Chávez pudiera llenar su carrito de compras con aviones brasileños. En realidad la alternativa no fue tal, y casi seguramente el mandatario bolivariano ya había resuelto su compra en Rusia, sobre todo teniendo en cuenta que el trato con Brasil estaba más orientado a aeronaves de entrenamiento. Pero lo cierto es que el golpe de efecto que tuvieron por esos días las imágenes de Chávez tocando con fruición las aspas de un helicóptero ruso mientras aseguraba que eran “ideales para la guerra de resistencia” ante una potencial invasión (ya puede suponerse de quién) dejaron la “sensación térmica” de que algo parecido a un rearme estaba consolidándose en América del Sur.

Es cierto que por esa época las alertas sobre la carrera armamentista no apuntaban tanto a Chávez como a las armas que estaban siendo compradas por los gobiernos de Chile y Perú. En setiembre de 2006 el diaro limeño El Comercio señalaba que “durante los últimos cinco años, Chile ha invertido más del doble que el Perú en compras de armamento europeo y se ha consolidado así como el segundo importador de equipo militar de América Latina, únicamente superado por Brasil”.
La pregunta que surge apenas se conocen cifras sobre compra de armas, es si esos números implican mucho o poco. Muchas veces para responder esa primera pregunta es necesario hacerse otra: ¿se está gastando más o menos en relación a otros países y a otros momentos de la vida política del mismo país? Uno de los centros de investigación más serios en términos de análisis de gastos militares es el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés). El centro no sólo recopila información sino que la sistematiza y la transparente a través de una base de datos abierta. Si con la información disponible en esa herramienta se elabora un cuadro del gasto en la región, se descubre que tanto Venezuela como Brasil gastaron en 2008 menos de la mitad que los dos países más gastadores de la región, que fueron Chile y Colombia. Si se dejan de lado los porcentajes y se miran las cifras en términos absolutos, el gasto militar de Venezuela fue tres veces menor que el de Colombia.

En el caso de la compra de Brasil a Francia (o a Francia y a quien sea de los otros dos potenciales proveedores a quienes le adquiera los cazas) un reportaje del diario Folha de San Pablo publicado la semana pasada señala que sólo India puede compararse (compraría 11 mil millones de dólares en aviones en breve), aunque se aclara que lo que gastará Brasil en 20 años equivale a 10 días del presupuesto militar estadounidense de 2008.

LOS GASTOS DE CHAVEZ La otra sensación que queda luego de los alardes de Chávez, es que el gobierno bolivariano ha aumentado el gasto militar de su país. Esa también es una sensación equivocada. Mientras Chávez ha estado en el poder, de 1999 a la fecha, los gastos militares han representado un promedio anual del 1,4 por ciento del crecimiento del producto bruto interno (PBI) de Venezuela, mientras que en la década anterior, entre 1991 y 1998, el promedio anual era de 1,86 %. Incluso el año 2006, cuando a raíz de la compra de aviones de combate rusos la gráfica chavista tuvo un leve repunte (1,6), el porcentaje estuvo por debajo del promedio de lo que gastaban los gobiernos anteriores. Con la nueva compra que anunció Chávez para fines de este año y comienzos del próximo, es probable que estos números aumenten, pero aunque dupliquen los de 2008, igual seguirán siendo bastante menos que el 4 % colombiano.

Ocurre que en términos de gastos y presupuesto todo es relativo. Por ejemplo este martes 15, el diario mexicano La Jornada destacaba que los 2200 millones de dólares que Venezuela planifica gastar en la compra de tanques y defensas antiáreas rusas, y que tanto preocuparon esta semana a Estados Unidos, son apenas un tercio de lo que Washington ha gastado en la última década para fortalecer a Colombia (en la foto, el presidente Álvaro Uribe).

Si lo que se toma en cuenta no son los gastos militares en general, sino sólo la compra de armas, durante la “década chavista” (de 1999 a esta parte), Venezuela está en segundo lugar en América del Sur y en el puesto 25 en el mundo**. El líder regional en el acumulado es Chile, que está en el número 18 en el mundo, Brasil es tercero (29 en el mundo) y Colombia cuarto (44 en el mundo).

Pero las carreras no sólo necesitan corredores, sino también proveedores, y en este campo, los dos principales actores siguen siendo Estados Unidos y Rusia. El primero lidera el ranking*** con 6.159 millones de dólares vendidos, en tanto que los rusos, en un segundo puesto, facturaron 5.953. El principal exportador sudamericano no es Brasil sino Chile. El gobierno de Bachelet vende armas por 133 millones de dólares, mientras que Lula no ha logrado ingresar más que 48 millones en 2008.

RECUADRO
Gastos militares


País Millones de Dólares % del crecimiento del PBI
Brasil 15.477 1,5
Chile 4.778 3,4
Colombia 6.568 4
EEUU 548.531 4
Perú 1.301 1,2
México 3.938 0,4
Rusia 38.238 3,5
Venezuela 1.987 1,3


* La foto de Lula en el avión fue tomada de Defesanet.
** Indicador de valor de compra de armamento correspondiente a 2008, elaborado por el SIPRI.
*** Indicador de valor de exportación de armamento correspondiente a 2008, elaborado por el SIPRI.



Fuente: Elaboración propia a partir de datos del SIPRI.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 18 de setiembre de 2009)

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19 octubre 2007

Lula fortalece lazos con India y África:
Hombre mirando al sudeste

“De poco sirve ser invitados para el postre en el banquete de los poderosos”. La frase del presidente brasileño Luis Inacio Lula Da Silva, seguramente preparada de manera cuidadosa por sus asesores para que fuera “reproducible” por el tam-tam de los medios de comunicación internacionales, no fue sólo un golpe de efecto. El juego de Brasil en la II Cumbre India-Brasil-Sudáfrica (IBSA), realizada el miércoles 17 en la capital administativa sudafricana, Pretoria, tuvo la marca de fábrica de una política exterior caracterizada por la coherencia.

Sin conformarse con su rol ya indiscutido de potencia regional, Brasil ha venido consolidando un bloque consistente de tres países que ya no sólo aspiran a tener “un diálogo estructurado” con centros de poder como el grupo de las ocho naciones más industrializadas (G-8), sino que quieren lograr, juntos, que “nuestra voz tenga una influencia real en el tratamiento de los grandes temas mundiales”.

Pero así como Brasil sabe que necesita de India y Sudáfrica para amplificar su influencia internacional, también es conciente que negociar en solitario no es una solución ni siquiera dentro del IBSA. Por eso cuando piensa en estrechar relaciones con India quiere hacerlo como parte del Mercado Común del Sur (Mercosur), tal como lo aseguró en las páginas de The Hindu un día antes de iniciarse la cumbre. Ahí se pronunció por “un impulso poderoso” a la cooperación Sur-Sur. Tal como lo destacó el diario mexicano Milenio, Lula dijo que esto debe hacerse “en respuesta a un orden internacional lleno de desigualdades y claramente incapaz de afrontar cuestiones urgentes de desarrollo y seguridad colectiva”. En su discurso inaugural el mandatario propuso un acuerdo de libre comercio Mercosur- IBSA, el cual, según pronosticó, será “el mayor espacio de comercio libre del mundo, reuniendo a 1500 millones de personas y más de 2000 millones de dólares del Producto Bruto Interno (PBI)”. Cuando “o mais grande” se junta con otros el resultado nunca es de escala moderada.

Es posible continuar citando cifras, por ejemplo de cuánto ha aumentado el comercio entre los tres países, y todas serán generosas en ceros a la derecha, pero lo más trascendente de la consolidación de este espacio nacido en 2003, es que los avances en intercambio comercial y el reclamo de mayor peso político en la escena internacional han ido de la mano. Mientras un análisis de Paul Simao para Reuters fue titulado “Cumbre de Sudáfrica fortalece alianza que desafía al mundo rico”, la agencia de noticias de Portugal encabezó su despacho sobre IBSA diciendo que “Lula pide una nueva geografía del comercio”.

En realidad pidió más que eso. Reclamó aire fresco para Naciones Unidas y dio un paso más hacia la obtención de asientos permanentes en un Consejo de Seguridad ampliado por parte de los socios de este G3 de potencias regionales. “Somos capaces, lentamente, de renovar las instituciones multilaterales, desarrollando metodologías de participación que involucren más a la sociedad civil”, comprobó. (En la foto, cascos azules brasileños en Haití)

DOHA. Antes de llegar a Sudáfrica Lula visitó el Congo (que no debe confundirse con la República Democrática del Congo) y aprovechó para llamar a resolver las trabas de las negociaciones de la Ronda de Doha de la OMC (Organización Mundial do Comercio), instancia en la que Brasil e India representan a los países en desarrollo. Según la crónica del enviado especial de BBC que cubrió la gira africana de Lula, Rogério Wassermann, el mandatario indicó que los objetivos de los negociadores brasileños son conseguir ”un acuerdo amplio para que la Unión Europea facilite la entrada de los productos agrícolas de los países en desarrollo, para que Estados Unidos disminuya los subsidios que paga a su producción interna” y, en un renglón autocrítico, para que “países como Brasil flexibilicen las barreras a la entrada de productos industrializados y servicios de los países desarrollados”.

Pero Lula fue claro en señalar que todo debe hacerse tomando en cuenta la situación de cada país, ya que aquellos que “estamos en desarrollo no podemos abdicar de tener una política industrial”. Pero pedir flexibilidad no debe ser confundido con mendicidad. “Los países más pobres necesitan entender que una actitud servil no ayuda. O levantamos cabeza ahora y exigimos un acuerdo justo, o vamos a tener que pasar más de 20 años en un mundo comercialmente injusto”, vaticinó el mandatario según las declaraciones recogidas por la cadena británica.

RENACIMIENTO AFRICANO. Además de enviar un periodista acompañando los pasos de Lula en Africa, la BBC complementó su cobertura con análisis y entrevistas realizados desde Brasilia. Según Dense Baccocina, la gira por varios países africanos antes y después de la cumbre de Pretoria, no tuvo solamente el objetivo de impulsar la “diplomacia del etanol”. Brasil no quiere quedar afuera de lo que ya es conocido como el “renacimiento africano”, caracterizado por una estabilidad política relativo y un crecimiento económico que en los últimos años ha sido superior al de América Latina. Bacocina añade que ahora Brasilia está siguiendo los pasos de Washington y Pekín, que en el cambio de siglo comenzaron una ofensiva comercial y diplomática para ganar terreno en el continente africano.

Se trata, según el historiador José Flavio Sombra Saraiva, profesor de la Universidad de Brasilia, de un proceso de “nueva partición de África”, que hace imposible no pensar en el que efectuaron las potencias coloniales europeas a finales del siglo XIX. El interés en un continente que es “una de las últimas fronteras del capitalismo”, se canaliza ahora a través de acuerdos comerciales e inversiones, acotó Sombra Saraiva en declaraciones incluidas en el reporte de BBC.

INDIA NUCLEAR. Las preocupaciones del jefe de gobierno indio, el premier Manmohan Singh, no se limitaron esta semana al encuentro del IBSA. El lunes 15 se supo que el centroizquierdista Partido del Congreso de India dejó en suspenso la negociación por el polémico acuerdo de cooperación nuclear con Estados Unidos, por dudas dentro de sus filas y las de la coalición de gobierno que encabeza, la Alianza Progresista Unida, de acuerdo con la información difundida por ips La citada agencia indicó que el principal obstáculo radica en que los partidos de izquierda –y en especial el Partido Comunista- señalaron que si no se suspenden las negociaciones con Estados Unidos retirarán su apoyo parlamentario, lo que podría precipitar elecciones legislativas antes de 2009, la fecha prevista.

Recién este lunes 22 se sabrá si Singh logra destrabar este nudo político, cuando se reúna un comité multipartidario para analizar el tema. Como es sabido, India tiene armas atómicas y las probó sin haber firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, protagonizando una mini guerra fría con su vecino Pakistán. Ahora que esa otra potencia regional está dando ciertos signos de inestabilidad, Washington acentúa sus acercamientos con India, un país que en los viejos tiempos bipolares estuvo en las cercanías de la Moscú soviética.

Microcosmos
El barco



La relación casi programática entre el discurso de Lula en IBSA y un poema de Pablo Neruda escrito en 1959, sugiere que en momentos de información instantánea y homogeneizada, nada resulta más actual que una vieja poesía para contextualizar un evento como la cumbre de Pretoria..


Nosotros no sabíamos
que ya todo lo tenían ocupado,
las copas, los asientos,
las camas, los espejos,
el mar, el vino, el cielo (...)

Por qué tantas ventajas para ustedes?
Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido?

Aquí no están contentos,
así no andan las cosas (...)

Sin mesa dónde vamos a comer,
dónde nos sentaremos si no tenemos silla?
Si es una broma triste, decídanse, señores,
a terminarla pronto,
a hablar en serio ahora (...)


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 19 de octubre de 2007)

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06 julio 2007

Derecho de admisión
Brasil ungido en Europa

Si tal como establece la premisa marxiana* la calidad de un club se mide en función de la calidad de sus socios, es posible saber cómo es valorado un país de acuerdo con el club que le abre las puertas. Los jefes de gobierno de España, Francia e Italia se apresuraron a reservar silla en la mesa de la cena que la flamante presidencia portuguesa de la Unión Europea (UE) preparó para homenajear al mandatario brasileño, Luis Inacio Lula Da Silva.

* “No deseo pertenecer a ningún club que acepte como socio a alguien como yo”, (Groucho Marx)

“Estamos reconociendo la cualidad de Brasil como actor esencial para entrar en el restringido club de nuestros socios estratégicos”, dijo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. El jueves 5 de julio la prensa europea relató el hecho con entusiasmo. El País de Madrid, por ejemplo: “Brasil es desde ayer nuevo socio estratégico de la Unión Europea. La potencia emergente de Suramérica, el quinto país del mundo en tamaño y población, obtiene el mismo estatus que China, Rusia o India. La ue repara una vieja carencia en política exterior, y Brasil será su llave para avanzar en el acuerdo con el Mercosur, el Mercado Común del Sur, bloqueado durante diez años. La base de la alianza es más cooperación, más intercambio económico, frente común contra el cambio climático y promoción del comercio justo”.

Un entusiasmo que contrasta con la combinación de autocrítica y amargura con la que la unción de Lula fue comentada por diarios argentinos como Ámbito Financiero. “Se sabe que la Argentina ha perdido presencia internacional. Pero ese retroceso se hace más flagrante en la medida en que Brasil ha seguido una trayectoria inversa. Primero con Fernando Henrique Cardoso, y ahora con Luiz Inácio Lula da Silva, el país vecino ha aplicado políticas de Estado que no fueron barridas por devaneos populistas ni veleidades ideológicas (...). Desde ahora, para Europa, la de Brasil será la única voz de la región que escuchará en el intento de relanzar el diálogo por la liberalización del comercio mundial y de cerrar un pacto con el Mercosur”.

RUIDO. Varios analistas reconocieron que la designación de ese país sudamericano como socio clave puede generar problemas con el otro gigante latinoamericano, México. Bruselas solía tratar a ambas naciones con cuidada ecuanimidad, y con esta nueva postura, según la BBC, se dispone a romper con ese equilibrio histórico, otorgándole a Brasil el título de “potencia global”. No es capricho, sino que responde a la actitud proactiva de Brasil. Nicolás Pascual de la Parte, jefe de gabinete del alto representante de la UE, Javier Solana (foto), dijo que el país de Lula “viene empujando fuerte en las relaciones porque desde hace algunos años tomó la decisión estratégica de convertirse en un actor internacional en igualdad con las grandes naciones del mundo”.

Un editorial del Diario de Noticias, de Portugal, indica que “detrás de palabras amables y gestos simpáticos hay una difícil negociación. Lo que la ue quiere de Brasil es que abra más sus fronteras a las exportaciones, reduciendo las barreras aduaneras. Lo que Brasil quiere de la ue es que los países europeos abandonen la política de subvenciones agrícolas, abriendo el mercado a la competencia legítima de los brasileños”.

Según el periódico portugués, la lista de comensales mencionada líneas arriba tenía una explicación clara. “No es una casualidad que la presencia de Lula en Lisboa atraiga también la de José Luis Zapatero y la de Nicolás Sarkozy (foto), el guardián de la política agrícola común (PAC). La agricultura europea no está disponible para negociar las subvenciones que la mantienen viv.a. Las razones de un club para ampliar su membresía suelen ser interesadas.

Pero las económicas no son las únicas motivaciones. La agencia ips consultó a la analista Teresa Sousa, que está considerada una de las más destacadas expertas portuguesas en política comunitaria, quien evaluó que en la decisión de Bruselas influyó la necesidad europea de “apoyar a una gran democracia que cuenta con peso e influencia como para no dejar que el péndulo de la balanza latinoamericana se incline hacia el lado de (el presidente de Venezuela) Hugo Chávez”.

CANSADO DE ESPERAR. Chávez dio tres meses de plazo a los parlamentos de Brasil y Paraguay para que ratifiquen el ingreso venezolano al bloque. Una postura que originó una dura reacción por parte del gobierno de Lula. Primero, la ministra jefe del gabinete, Dilma Rousseff (foto), aseguró que nadie le pone plazos a Brasil. Luego, fue el propio mandatario quien desde Bruselas dijo que si Chávez no quiere permanecer en el Mercosur, entonces que no se quede.

Los episodios más recientes de esta telenovela en entregas comenzaron con las críticas realizadas en mayo por parlamentarios brasileños ante la no renovación en Venezuela de la licencia que poseía una televisora opositora. Continuaron con Chávez calificando de “loros” a los senadores que le criticaron desde Brasilia, y se profundizaron cuando desde el gobierno de Lula se le pidió al mandatario venezolano “un gesto” para apaciguar las aguas. El pedido vino del canciller de Brasil, Celso Amorim, y se realizó desde Asunción, donde se desarrollaba una cumbre del Mercosur a la que Chávez no concurrió. El gesto llegó, pero no fue precisamente pacificador. Desde Irán, Chávez dijo que no le “desespera” ingresar “a un viejo Mercosur que no quiera cambiar”. La antítesis de la concepción marxiana mencionada al comienzo de esta nota.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 6 de julio de 2007)

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20 mayo 2006

Presos de una pasión

Bengala Occidental es un estado de la India donde recientemente el Partido Comunista obtuvo el gobierno estadual por séptima vez consecutiva. Hicieron méritos suficientes, a juzgar por una información que circuló durante el mundial de Corea-Japón. Para esa ocasión, en las cárceles de la India bolchevique se colocaron televisores para que los presos pudieran ver el mundial, a pesar de que el deporte nacional indio es el críquet.

Aquella medida de los bengalíes fue una verdadera política preventiva, a juzgar por las recientes rebeliones carcelarias en el estado brasileño de San Pablo: se especula que una de las razones del descontento de la narcomafia paulista por el traslado de sus líderes a una cárcel de máxima seguridad fue la inexistencia de televisores en su nuevo alojamiento. La especulación ganó en verosimilitud debido al ingreso a las cárceles de 60 aparatos de tv luego que las autoridades retomaran el control. El gobernador negó el rumor de que se trate de televisores con pantalla de plasma.

De este lado de la frontera es habitual pensar a Brasil en términos de los tres días de carnaval, la bolsa paulista, los músicos bahianos, las desigualdades sociales y el jogo bonito. Pero Brasil es mucho más que el azar que hizo que Branco y Ronaldinho fueran lanzados por la cigüeña unos kilómetros más al norte de lo que marcaba el plan de vuelo original. No es, en extensión territorial, o mais grande do mundo, pero está en quinto puesto. Tiene el primer lugar, eso sí, en cantidad de descendientes de italianos (25 millones) y de japoneses viviendo fuera de Japón (un millón y medio). En el océano demográfico de 185 millones de personas eso puede parecer poco, pero un uruguayo que quiera practicar alemán puede cruzar la línea limítrofe y encontrará un millón y medio de brasileños hablando la lengua de sus ancestros germanos. Brasil fabrica submarinos, tanques de guerra, tiene más cabezas de ganado que gente, es autosuficiente en materia de petróleo y acaba de pagar diez millones de dólares por tener -durante diez días- su propio astronauta en el espacio. También tuvo en las canchas a Garrincha y a Sócrates.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en mayo de 2006)

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22 febrero 2006

Haití visto desde Argentina

Una de las voces que se han levantado en contra de la participación argentina en Haití es la del académico Juan Gabriel Tokatlián. En un artículo publicado en junio de 2004 en el diario Página 12, el especialista dio diez argumentos para sostener su posición. El noveno está directamente relacionado con el eje de este artículo. Ante quienes opinan que es primordial para Argentina operar con Chile y Brasil “en el despliegue conjunto de efectivos en contextos de crisis en el hemisferio”, Tokatlián hace dos precisiones. Por una parte, afirma que los motivos que impulsaron la decisión de enviar tropas fueron distintos en los tres casos. “Brasil, con el aliento de Francia, concibe la operación militar en Haití como una forma de proyección que legitime su aspiración de acceder a un asiento permanente en el evento de una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU; Chile, con el respaldo de Canadá, opera más en términos de persuasión para mostrar su disposición a usar la fuerza en el hipotético caso de mayores conflictos cercanos, y Argentina, bajo demanda de Estados Unidos, actúa por presión ante la creciente debilidad interna y vulnerabilidad externa del país”, asegura. Tras esto se pregunta si este triple entendimiento es un ensayo previo a lo que podría ocurrir con la participación de las fuerzas armadas en el combate contra el narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro o es, por ejemplo, el anticipo de una fuerza multilateral que pueda responder a un pedido de Colombia para asistirla en el combate contra el terrorismo. En síntesis, si bien opina que “es muy bueno que tres democracias vecinas como Argentina, Chile y Brasil coordinen mejor alguna parte de sus respectivas políticas de defensa”, acota que “no es tan claro que los tres compartan metas ni que sea aconsejable que se conviertan en gendarmes regionales”.

Al otro lado de los Andes, la posición oficial chilena fue resumida el pasado 18 de diciembre por un vocero presidencial, Osvaldo Puccio. Dijo que estar en Haití es para su país “un compromiso superior con América Latina, con el sistema internacional”, y agregó que tiene que ver con los compromisos más profundos de Chile “con el sistema multilateral y con Naciones Unidas en especial". Otra vez esa palabra: multilateralismo. Su sombra es, precisamente, la que impide que el caso haitiano pueda ser iluminado por la brillante luz de los lugares comunes.

==Quinta parte de siete

* 1- Los Contradicciones del lejano y del cercano Norte
* 2- El pecado original
* 3- Liderazgo regional
* 4- Apoyo y oposición
* 6- Características de la crisis
* 7- Matices de una Misión de Paz

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

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Apoyo y oposición

Las particularidades de la forma en que Brasil está encabezando la misión de paz en Haití no sólo se registran en términos de paradojas geopolíticas, sino también en el modo en que se lleva adelante el trabajo en el terreno. Uno de los hechos que pueden parecer más novedosos es el rol que están teniendo las organizaciones no gubernamentales brasileñas.

Viva Río, una de las más prestigiosas asociaciones civiles del país del cercano norte, está involucrada en la campaña de desarme que se está llevando adelante en los barrios más peligrosos de Puerto Príncipe, capital haitiana. Esta organización, que aprovecha una experiencia ganada en las favelas de Río de Janeiro, se ha convertido en un importante factor de legitimidad de la misión de paz brasileña ante una parte de la opinión pública de centroizquierda en ese país. Uno de los referentes de Viva Río, Rubem César Fernández, dijo en diciembre que “el batallón brasileño logró pacificar Bel Air, barrio en guerra del centro de Puerto Príncipe, haciéndolo con firmeza pero también con inteligencia y respeto a la población local”. Dijo categóricamente haber sido testigo directo de esa realidad durante un trabajo de campo en el que visitó el lugar varias veces “conversando con agentes comunitarios y habitantes, viendo que la gente reconocía el buen desempeño” de los cascos azules. En su opinión, la acción que ha venido llevando adelante la Minustah es raramente buena en el contexto de las Misiones de Paz.

No todo son elogios en el interior de Brasil. La voz más crítica es la del diputado del Partido de los Trabajadores Iván Valente, el mismo que recientemente afirmara que el mandatario venezolano, Hugo Chávez, había desplazado al presidente brasileño Luis Ignacio “Lula” Da Silva como referente de la izquierda regional. Ya en el momento inicial de la misión de paz Valente hizo declaraciones contrarias al envío de efectivos, y en enero de 2005 volvió a reclamar la salida de Brasil de un país caribeño al que calificó de “pantano” para los cascos azules.

Pese a esta oposición, el gobierno brasileño está dispuesto a jugar todo su prestigio en el éxito de esta misión. La medida para el éxito, bien lo sabe el país del cercano norte, está en el grado de cumplimiento de sus objetivos iniciales. Celso Amorim los resumió "en tres pilares interdependientes e igualmente importantes: el mantenimiento del orden y la seguridad; el aliento al diálogo político con miras a la reconciliación nacional; y la promoción del desarrollo económico y social". Por eso señaló que se deben conyugar los proyectos de impacto inmediato, “que devuelvan la esperanza a los pobres y desocupados”, con la asistencia a las instituciones haitianas para planificar una estrategia de largo plazo.

==Cuarta parte de siete

* 1- Los Contradicciones del lejano y del cercano Norte
* 2- El pecado original
* 3- Liderazgo regional
* 5- Desde Argentina
* 6- Características de la crisis
* 7- Matices de una Misión de Paz

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

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Liderazgo regional

Aunque las declaraciones de la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleeza Rice, califiquen como "un avance importante" tener en Haití una misión de la ONU "encabezada por un líder regional como Brasil, y además contar con la participación de varios países de la región", a nadie escapa que en Washington se está mirando con mayor interés que en otros casos el desempeño brasileño en esta misión.

Es que como dijo el canciller del gobierno de Lula, Celso Amorim, "no es posible declararse en favor del multilateralismo y no actuar en ese marco cuando la oportunidad se presenta". ¿Qué ocurre si la situación de Haití desemboca en un resultado positivo? Será una ocasión de comprobar que los llamados “líderes regionales” pueden hacerse cargo de crisis muy complejas sin necesidad de participación de los poderes globales. Si por el contrario fracasa, la conclusión no será necesariamente la opuesta, ya que todo dependerá del grado del fracaso. Si se trata de un fracaso ordenado, en el que se cumplen algunos objetivos mínimos –como las elecciones del martes- y luego se produce una salida gradual de las tropas de paz, al menos se habrá demostrado que Brasil estuvo en condiciones de conducir una fuerza de paz con un importante componente subregional.

Si se analiza el peso real de Brasil en América del Sur, y se lo compara con el de otras potencias regionales de otras partes del mundo, se comprueba fácilmente que no hay rivalidad posible en esta zona del mapa, a menos que se eleve la mirada hacia México (un actor complejo, que no necesariamente debe ser visto como un seguidor incondicional de todas las pautas que dicte Estados Unidos en política exterior). Pero si la mirada se queda en el sur, el clásico Argentina versus Brasil es apenas una cuestión de balompié. Brasil tiene el 49 por ciento de la población sudamericana, genera la mitad del producto bruto y tiene un gasto militar igual al del resto de los países sudamericanos sumados. En los mismos rubros, Argentina debe conformarse con un 11 por ciento, tanto de la población como del producto bruto, y con un 7 por ciento del gasto militar. La relación es casi tan aplastante como la que tiene India sobre Pakistán. En África Subsahariana, sin embargo, la oposición entre Sudáfrica y Nigeria es mucho más equilibrada. Los sudafricanos son superados en población (21 % sobre 7) pero compensan con un mayor producto bruto (35 por ciento sobre 14). Así las cosas, si alguien se fortalece de un éxito en Haití será Brasil mucho más que Argentina o Chile, y si alguien puede llevar a la región a la cancha grande del multilateralismo, también será Brasil.

==Tercera parte de siete

* 1- Los Contradicciones del lejano y del cercano Norte
* 2- El pecado original
* 4- Apoyo y oposición
* 5- Desde Argentina
* 6- Características de la crisis
* 7- Matices de una Misión de Paz

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

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El pecado original

Más allá de las causas profundas y del encadenamiento de circunstancias que llevaron a la crisis de gobernabilidad de la mitad más pobre de la isla La Española, es inocultable que las tropas de paz están en Haití para zurcir las heridas que quedaron luego de la intervención estadounidense que derrocó al presidente constitucional Bertrand Aristide en febrero de 2004.

En el mejor de los casos la Minustah logrará generar condiciones de estabilidad que permitan ir hacia la reorganización política del país o, en la que podría ser la peor de las hipótesis, habrán colocado un amortiguador de responsabilidades que dificulte vincular los problemas actuales con la intervención de Estados Unidos ocurrida hace dos años. Un punto de partida tan cargado de connotaciones para el debate de la política latinoamericana que puede hacer olvidar, por ejemplo, que las situaciones en las que se necesita la presencia de cascos azules son, por regla, situaciones creadas por la acción directa o indirecta de poderes internos o externos que actuaron agrediendo a los sectores más vulnerables.

En el análisis del caso haitiano, y en el debate que genera al interior de los países que participan de la fuerza de paz, esta zona de complejidad inicial está condimentada por un elemento en apariencia paradójico: el país que lidera la Minustah es Brasil. Un actor de la escena internacional que ha jugado las cartas más fuertes del multilateralismo en los últimos años, aliado de otras potencias regionales como Sudáfrica e India. Una tríada incómoda para el poder unilateral de Estados Unidos, ya que Brasil emerge como el líder real de una América del Sur que ha virado a la centroizquierda, la Sudáfrica mandelista es el contrapeso africano a otros actores menos comprometidos con las “buenas causas” como la polémica Nigeria, en tanto que India es el antagonista histórico del principal aliado de los estadounidenses en esa región luego del 11-S (Pakistán). En cierta medida parecería que uno de los tres países que han dado la mayor batalla para que el Sur tenga asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y cuya alianza con India y Sudáfrica es un referente esencial cuando se habla de multilateralismo, está siendo funcional, en el caso de Haití, a los intereses del poder hegemónico. A menos que las apariencias engañen.

==Segunda parte de siete

* 1- Los Contradicciones del lejano y del cercano Norte
* 3- Liderazgo regional
* 4- Apoyo y oposición
* 5- Desde Argentina
* 6- Características de la crisis
* 7- Matices de una Misión de Paz

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

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Contradicciones del lejano y del cercano Norte

Para las cancillerías de Brasil y Chile, las elecciones del martes fueron un factor clave de la ecuación que busca superar la crisis haitiana. La participación de esos dos países en el anillo de legitimidad colocado alrededor de los comicios, se suma al rol protagónico de sus fuerzas armadas en la Misión de Paz de Naciones Unidas en Haití. Criticada como funcional a Estados Unidos o defendida como una oportunidad para el multilateralismo, la Minustah abre la posibilidad de un debate sobre el alcance y las limitaciones de las potencias regionales.

Los primeros resultados de las elecciones presidenciales y legislativas de Haití dan como ganador a René Preval, aunque persistía la duda sobre si será necesario realizar una segunda vuelta el 19 de marzo. Considerado por sus rivales como un continuador de las políticas del derrocado presidente Jean-Bertrand Aristide, esa cercanía con el controvertido líder de Lavalas puede haber sido el secreto de su buena votación. Sin embargo Preval, que ya fue primer ministro y que adquirió notoriedad como opositor a la dictadura de Jean Claude Duvalier en los tempranos años ochenta, dice no querer ser identificado con nadie más que consigo mismo. Si se confirman los resultados, este experimentado político de 63 años deberá gobernar el país más pobre de América, donde la crisis social se une a la polarización política. La expectativa de que su elección permita comenzar a resolver al menos el problema de la polarización, se reflejaba el miércoles en las declaraciones de satisfacción emitidas por las cancillerías de Brasil y de Chile. En toda elección que se realiza en contextos críticos, sobre todo si se registran hechos aislados de violencia como ocurrió en Haití, las declaraciones de actores internacionales de primer orden son un factor importante de legitimación de los resultados.

En ese sentido, la actuación de Brasilia y Santiago de Chile parece haber estado ligada al convencimiento de que estas elecciones ayudarán al éxito de la Minustah, y a la intención de hacer notar que si se pudo votar fue gracias a la presencia de esa misión. "Para Chile esta es una jornada donde comienzan a verse los frutos de un trabajo intenso", fue el mensaje del comunicado del servicio exterior trasandino. Que el núcleo del contingente de cascos azules esté formado por ejércitos de países que tienen gobiernos de centroizquierda, en especial Brasil y Chile, y que el origen de la crisis haitiana sea el derrocamiento de un presidente constitucional por parte de Estados Unidos, son dos elementos que, combinados, vuelven polémica una misión que dice tener el objetivo de generar un contexto de seguridad para que Haití “retorne al camino de la democracia”.

Por un lado el éxito de la Minustah podría disimular los efectos de lo que muchos consideran que fue una intervención más de Estados Unidos en los asuntos internos haitianos, y por esa razón sus críticos consideran que los cascos azules resultan funcionales a Washington. Pero por otra parte, quienes defienden el rol protagónico de los militares brasileños en la misión, aseguran que ese mismo éxito podría servir para fortalecer los esfuerzos que Brasil y otras potencias medianas (como India y Sudáfrica) vienen realizando para modificar el actual orden internacional unipolar.

==Primera parte de siete

* 2- El pecado original
* 3- Liderazgo regional
* 4- Apoyo y oposición
* 5- Desde Argentina
* 6- Características de la crisis
* 7- Matices de una Misión de Paz

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006. Fotos: NU)

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