10 mayo 2005

Los derechos humanos siguen siendo una utopía

Los derechos humanos siguieron siendo víctimas de la “guerra contra el terror”, afirma el informe 2005 de Amnistía Internacional (AI) presentado el pasado miércoles. El reporte revela una doble tendencia: por un lado los gobiernos aplican políticas de seguridad y control que llegan “redefinir la tortura para hacerla admisible” (maquillándola con un discurso de lucha por la libertad y la justicia), y por otra parte los llamados grupos terroristas utilizan un "grado inaudito de brutalidad".

En América, según el Informe 2005 de Amnistía Internacional (AI), "el respeto de los derechos humanos siguió siendo una utopía para muchas personas". Basan su afirmación en la persistencia de "la tortura, los homicidios ilegítimos a manos de la policía y las detenciones arbitrarias", agravados por la acción de bandas de narcotraficantes y delincuentes organizados. A la vez, "la 'guerra contra el terror' dirigida por Estados Unidos continuó socavando los derechos humanos en nombre de la seguridad, a pesar de la creciente indignación internacional producida por la evidencia de los crímenes de guerra –como por ejemplo torturas– perpetrados por Estados Unidos contra detenidos". El director de la Sección Española de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, dijo en declaraciones tomadas por EuropaPress que el gobierno de Estados Unidos intenta, mediante "un lenguaje casi administrativo", suavizar la prohibición absoluta de la tortura".

Sobre África el reporte de Amnesty indica que “los homicidios, los secuestros y las violaciones por parte de las fuerzas gubernamentales y los grupos armados de oposición siguieron teniendo un carácter generalizado en los conflictos armados de la República Democrática del Congo, Somalia, Sudán y Uganda”. Si bien se reconoce que se lograron avances en varios países gracias a la firma de diversos acuerdos de paz, los mismos “continuaron siendo muy frágiles en Burundi, Costa de Marfil y Somalia, donde persistieron los estallidos esporádicos de violencia en zonas localizadas”.

En Europa los principales problemas estuvieron vinculados con el racismo (se menciona que se registraron casos en casi todo el continente, desde Finlandia a Chipre), en especial contra los gitanos. Detrás de la antigua cortina de hierro, “al no haber investigaciones inmediatas, minuciosas e imparciales persistió la impunidad de los responsables de tortura y malos tratos, prácticas que, según los informes, fueron generalizadas en países como Albania, Georgia, Moldavia, Rumania, Rusia, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán (foto)”.

El capítulo dedicado a Asia y Oceanía no muestra un panorama mucho mejor que el del resto del mundo. Se puede leer que "Nepal se sumió en una crisis política y de seguridad cada vez más profunda", en tanto que en Sri Lanka continuaron las ejecuciones por razones políticas cometidas por los Tigres de Liberación de Eelam Tamil, y el uso de "escudos humanos" por parte de guerrilleros indonesios. En la India, sobre todo en Jammu y Cachemira y en varios estados del noreste del país, los abusos contra los derechos humanos por parte del ejército y de los grupos políticos armados, continuaron siendo habituales. "Se siguió reprimiendo la disidencia política en países como China, Corea del Norte, Laos, Myanmar y Vietnam", aunque como contracara, "Bután, Brunéi y Maldivas fueron algunos de los países en los que se realizaron intentos de democratización y perfeccionamiento de la protección de los derechos humanos".

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

==Primera parte de tres

* 2- Mujer
* 3- Migraciones

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05 enero 2005

El petróleo de África y los derechos humanos

La vinculación entre petróleo y violaciones a los derechos humanos no sólo ha estado presente en las cárceles estadounidenses en Irak, o en los centros de detención clandestina que han montado islamistas radicales en ese país. También en África, organizaciones no gubernamentales denuncian abusos de militares en zonas petroleras. El tema salió a la luz pública mientras se conocía el triunfo de la oposición en las presidenciales de Ucrania, y en momentos en que el sudeste asiático vivía su peor terremoto en las últimas cuatro décadas.

La existencia de ricos yacimientos de petróleo en África es una de las tantas paradojas de ese empobrecido continente. Esta semana, Human Rights Watch (HRW) dio a conocer un informe sobre torturas e impunidad en la zona petrolera de Cabinda, en Angola. Precisamente será en ese país y en Nigeria donde Chevron-Texaco realizará sus principales inversiones durante 2005, las que se enfocarán a proyectos de largo aliento.

Mientras tanto, las noticias vinculadas al éxito de la economía del Chad, que crecerá cerca del 40 por ciento, no pueden desvincular petróleo y derechos humanos, ya que el mantenimiento de ese crecimiento dependerá de que no se quiebre la frágil paz étnica que se vive en ese país.

La angoleña Cabinda es un ejemplo de cómo estos dos factores pueden inclinar hacia un lado u otro la ecuación del crecimiento económico de un país. Desde fines de 2002, cerca de 30 mil soldados angoleños fueron movilizados en esa aislada provincia, que produce casi el 60 por ciento de las extracciones petrolíferas. En mayo de 2003, según indica HRW, el ejército prácticamente había derrotado al movimiento separatista Frente de Libertação do Enclave de Cabinda (FLEC), que desde hacía 40 años luchaba por la independencia de la región. La derrota militar del FLEC no fue obstáculo para que un importante contingente de soldados del ejército de Angola permaneciera en el lugar.

“A pesar de que el conflicto se ha terminado, los soldados angoleños continúan cometiendo crímenes contra los civiles de Cabinda”, dijo Peter Takirambudde, director ejecutivo de la División de África de Human Rights Watch. El directivo de HRW basó sus afirmaciones en una investigación de campo realizada en agosto de este año, cuando su organización entrevistó a civiles que habían sido detenidos arbitrariamente y torturados por los soldados angoleños bajo sospecha de ser combatientes rebeldes o simpatizantes de la guerrilla.

El informe recogido en el terreno indica que “algunos fueron detenidos por períodos bastante largos o en más de una oportunidad” y fueron encerrados en condiciones inhumanas a la vez que eran amenazados por los soldados de que se les cortarían los órganos genitales o serían violados. Las mujeres de la región, confirmando una tendencia ya comentada en estas páginas a partir de un informe de Amnistía Internacional, no sólo recibieron amenazas sino que fueron efectivamente violadas.

HRW recogió testimonios que indican que soldados angoleños acantonados cerca de las aldeas de Cabinda estuvieron implicados en casos de violencia sexual. Una mujer, por ejemplo, denunció haber sido raptada por militares y haber sido mantenida como esclava sexual de varios soldados durante un período de seis semanas.

Inversiones de Texaco

Angola deberá resolver estas denuncias de violaciones a los derechos humanos si no desea que interfieran con las anunciadas inversiones de Chevron-Texaco, ya que los reportes de organizaciones como HRW tienen mayor eco en Estados Unidos que en la propia sociedad angoleña. Peter Robertson, vicepresidente de Chevron-Texaco, ya anunció que el capital y el presupuesto que la compañía destinará a exploraciones en 2005 se ha establecido en 10 mil millones de dólares, y que el mismo se dirigirá, principalmente, a cuatro países o regiones: Angola, Nigeria, Kazajistán y el Golfo de México.

En Angola, la petrolera estadounidense va a seguir centrándose en las “actuales inversiones en campos de producción tras la reciente renovación de la concesión del Bloque 0”. Sus ejecutivos consideran que las operaciones en Angola y Nigeria son los dos principales proyectos de Chevron-Texaco a nivel mundial. Están entre sus objetivos estratégicos para el período 2006-2009 y se espera que tengan “un impacto significativo en el crecimiento de producción de la compañía”.

En Nigeria, sin embargo, el gigante no está solo. Un total de 23 petroleras han presentado sus ofertas para obtener las licencias de cinco bloques en la zona petrolífera común entre Nigeria y Santo Tomé y Príncipe. Según el gobierno nigeriano, se trata sobre todo de compañías petroleras “pequeñas”. Un informe de la agencia de noticias Afrol indica que, sin embargo, “sigue siendo confuso si la segunda ronda de presentación de licitaciones para las licencias en la prometedora zona común entre Nigeria y Santo Tomé ha sido o no un éxito”.

La primera ronda de ofertas, en 2003, también obtuvo un número relativamente grande de licitadores, pero en aquella oportunidad se decidió que la mayoría no contaba con las capacidades técnicas apropiadas para operar estos exigentes y profundos bloques. Nigeria y Santo Tomé esperaban en concreto que el gigante Exxon-Mobil ejercitase sus derechos preferenciales para los bloques restantes en la zona. La petrolera estatal brasileña Petrobras, aunque había sido invitada especialmente por las autoridades de Santo Tomé, no parece haberse interesado en licitar.

La oportunidad del Chad


Cuando en noviembre de 2003 el Chad recibió sus primeros ingresos petrolíferos, procedentes de una cuenta en Citibank London, se abría para el país una oportunidad soñada. Las primeras exportaciones de petróleo de Chad se habían iniciado en octubre de 2003, a través del oleoducto Chad-Camerún que se había inaugurado apenas tres meses antes. Según la agencia estatal estadounidense Energy Information Administration (EIA), en el mismo 2003 comenzaron a verse los primeros resultados, con un crecimiento del producto bruto interno del 9,3 por ciento.

Para este año 2004, sin embargo, esa cifra ha trepado hasta un casi irreal 39,5 por ciento, lo que hará que para 2005 la renta per cápita se duplique. Esas cifras pueden incluso mejorarse ante las elevadas posibilidades de nuevos descubrimientos de petróleo, como lo demuestra el interés de un consorcio malayo-estadounidense que busca hacerse cargo de tres yacimientos que tendrían unas reservas de 900 millones de barriles.

Esa oportunidad está atada al modo en que se gestionen esos nuevos ingresos y a la forma en que se logre evitar un nuevo estallido de violencia étnica en el país.

De Sudán al Chad

En África no es sencillo hablar de conflictos nacionales, ya que las fronteras de los estados no siempre responden a las lealtades étnicas o tribales de las poblaciones que los habitan. Por ese motivo, por ejemplo, cuando los especialistas se refieren a la violencia en la República Democrática del Congo, prefieren hablar de la zona de los Grandes Lagos más que limitarse a ese país en particular. En el caso de la crisis humanitaria de Darfur, sin embargo, las informaciones parecían concentrarse en esa zona de Sudán y olvidar cómo los enfrentamientos permeaban las fronteras sudanesas.

Considerada de alta prioridad por la comunidad internacional, en especial por el modo evidente en que la población civil y las organizaciones humanitarias eran rehenes de la acción de los grupos armados, la crisis de Darfur fue una de las pocas situaciones de violación de los derechos humanos en suelo africano que llegaron al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (en la foto guerreros junjawid, de Sudán).

Pero como un juego de engaños, mientras la atención se concentraba en la acción de los grupos armados en Sudán, y se tomaban algunas medidas para proteger a la población civil de ese país, las milicias paramilitares cambiaban su zona de influencia y comenzaban a poner en riesgo la estabilidad del vecino Chad. El tema tiene hoy una doble importancia. No sólo por el modo en que afecta a los habitantes de las zonas fronterizas, sino por el modo decisivo en que puede comprometer el despegue económico de ese país luego de los recientes efectos benéficos de la explotación petrolera.

Ya en setiembre de este año la situación de la seguridad en el este de Chad era calificada como “frágil” por trabajadores humanitarios que se desempeñan cerca de la frontera sudanesa. Según el Programa Mundial de Alimentos, que realiza labores de distribución de alimentos entre 180 mil refugiados darfuri en el este de Chad, la situación de los campamentos ha estado marcada por la “incursión de hombres armados y búsqueda de rebeldes”.

Un informe especial de la agencia de noticias Afrol indica que “no debe olvidarse que tanto las temidas milicias janjawid (acusadas de intentar provocar un genocidio en Darfur) como los grupos rebeldes darfuri sla y jem están aumentando sus operaciones en Chad, donde cuentan con apoyos locales y armamento. La población zaghawa es la mayoritaria en el este de Chad, y también un importante objetivo de las milicias janjawid. Los janjawid, por otro lado, se componen de los denominados ‘árabes’ en la región, que también viven a ambos lados de la frontera”.


(Publicado en Brecha en enero de 2005)

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14 julio 2004

Darfur: apoyo oficial para los Janjawid

En base a esos testimonios, los delegados de Amnistía Internacional han podido afirmar que "nuestra investigación ha confirmado una vez más la destrucción de pueblos y el saqueo sistemáticos y bien organizados, que han provocado el desplazamiento forzado de la población rural de Darfur. Las Janjawid, cuyos miembros muchas veces visten de uniforme, acompañadas por soldados, atacaron cada pueblo, no una vez, sino en muchos casos tres o cuatro veces, hasta que la población huyó. Los habitantes de la zona nos han dado más detalles sobre las dos ejecuciones extrajudiciales a gran escala llevadas a cabo en Murli y Deleij por las fuerzas de seguridad y las Janjawid". El trabajo de Santiago Tazón coincide con esa versión: “el apoyo del Gobierno de Sudán, sosteniendo y armando a estas milicias, podría ponerse en duda si no fueran sus ataques precedidos en muchos casos por bombardeos de aviones militares de Sudán. Se han empleado aviones Antonov-12 para bombardear las aldeas de Darfur con bombas de fragmentación”.
Por eso no es extraño que ahora la Liga Árabe solicite al gobierno sudanés que se esfuerce en controlar a los “jinetes armados”. "Los árabes deben permanecer alerta, porque el conflicto en la región de Darfur puede servir de excusa para intervenir en los asuntos internos sudaneses", dijo Abdelhalim, embajador sudanés, durante una rueda de prensa en El Cairo, ciudad que acoge la sede de la Liga Arabe, de acuerdo con los despachos de agencias internacionales. "El problema de Darfur podría ser el pretexto para nuevas conspiraciones contra Sudán y su integridad territorial", agregó.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Los jinetes armados de Sudán
* 2- Testimonios
* 3- La situación actual

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 14 de julio de 2004)

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La situación actual de Darfur

Casi un año después, la situación no ha cambiado: “Vine del pueblo de Suju. Los árabes llegaron a las cuatro de la mañana y empezaron a disparar al aire, y después dispararon contra la gente que huía. A mi hijo y a mi hermano los mataron entre la multitud, como a tantos vecinos. Muchos cadáveres estaban desperdigados por el suelo y no los pudimos enterrar. Los árabes se fueron a las diez de la mañana tras incendiar las casas y robar el ganado. La mayoría de las víctimas fueron hombres."

Amnistía Internacional asegura que más de 80 personas resultaron muertas durante los ataques perpetrados por los Janjawid contra al menos 10 poblados del distrito de Tawila, entre Kabkabiya y Al-Fasher, en Darfur septentrional, entre el 27 y el 29 de febrero. La Fuerza Especial Humanitaria de la ONU que visitó los poblados tras las incursiones describió la situación como de miedo y devastación. A la vez, agrega el organismo, hay informes que indican que se produjeron secuestros de niñas.

El 6 de marzo, en Darfur occidental, los Janjawid atacaron con tres vehículos todoterreno y alrededor de 60 hombres a caballo la localidad de Al-Kureinik, una población de gran tamaño al este de Al-Jeneina repleta de refugiados. Al parecer, mataron a 15 personas, todas ellas civiles, incluido un niño. Según los informes, dos días más tarde, el 8 de marzo, hubo tres niños entre las doce víctimas mortales de 'Aish Barra, un poblado al oeste de Al-Jeneina, próximo a la frontera con el Chad.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Los jinetes armados de Sudán
* 2- Testimonios
* 4- Apoyo oficial

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 14 de julio de 2004)

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Testimonios sobre Darfur

El conflicto de Darfur no es nuevo. Pero tampoco es un conflicto completamente silenciado. Amnistía Internacional, entre otros organismos, se había encargado de difundir tanto la realidad global de la zona como varias historias individuales relatadas por sobrevivientes de las cíclicas masacres que allí se producían. Esto movilizó a organismos de Naciones Unidas, y también a algunos gobiernos, como el estadounidense, que puso a su Secretario de Estado a trabajar brevemente en el asunto.

Todos los informes tomados en el terreno sobre las violaciones a los derechos humanos en Darfur, coincidían en darle protagonismo a las milicias Janjaweed, cuyo nombre significa “jinetes armados”. Una mujer de 20 años, originaria del pueblo de Dasa, actualmente viviendo como refugiada en un campamento en el vecino Chad, relató su experiencia para uno de los informes de Amnistía Internacional: "El ataque se produjo al amanecer, en septiembre de 2003, cuando muchos Janjawid llegaron en camellos, caballos y vehículos. Con ellos venían algunas mujeres árabes, montadas en burros y camellos. Ellas tomaron parte en el saqueo. Cuando empezó el ataque yo estaba durmiendo. Los invasores, vestidos de soldados y de civil, me llevaron junto con decenas de mujeres. Tuvimos que caminar tres horas. Durante el día nos golpearon y los Janjawid nos dijeron: 'A vosotras las negras os vamos a exterminar; vosotras no tenéis Dios'. Nos llevaron al monte y allí los Janjawid nos violaron varias veces durante la noche. Pasaron tres días sin que nos dieran comida y prácticamente nada de agua. Después tuvieron que irse a otro lugar y nos dejaron libres. 'La próxima vez que vengamos por aquí os vamos a exterminar a todas y ni siquiera vamos a perdonar la vida de los niños', nos dijeron".

==Segunda parte de cuatro

* 1- Los jinetes armados de Sudán
* 3- La situación actual
* 4- Apoyo oficial

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 14 de julio de 2004)

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Los jinetes armados de Sudán

La Liga Árabe está preocupada por la situación de Darfur. Más allá de la catástrofe humanitaria que mantiene alerta a la comunidad internacional, la Liga teme que ese antiguo conflicto le de a Estados Unidos un pretexto para intervenir en Sudán, y lo coloca como el tercer punto de su agenda, sólo superado por los temas palestino e iraquí. Lo cierto es que agitando ese fantasma, se busca controlar a las milicias árabes que están efectuando una limpieza étnica contra la población negra cristiana y animista.

La noticia del llamado de la Liga Árabe a que el gobierno de Sudán controle a las milicias Janjaweed, es un reconocimiento explícito de las denuncias que han venido realizando desde hace meses organismos defensores de los derechos humanos primero, y agencias de Naciones Unidas después. Darfur ha ingresado al mapa de la información internacional debido al riesgo de hambruna que pende sobre centenares de miles de refugiados, que han escapado de una guerra que lleva, con intermitencias, más de veinte años. Sin embargo, el hambre de los que escapan no es la única cara de una situación difícil de imaginar. También debe tenerse en cuenta que con motivo de la violencia étnico-religiosa ya han muerto un millón de personas en Sudán, y que día tras día, los que no han podido escapar se enfrentan a ataques constantes que provocan una cuota diaria de muerte y terror. Porque como se ha hecho costumbre en los conflictos modernos, no sólo se mata a los civiles, sino que también se emplea la quema de casas y la violación como un arma de guerra, utilizándola para aterrorizar a poblaciones enteras con una política de tierra arrasada. De ese modo, los grupos perseguidos se ven obligados a abandonar su territorio, y la limpieza étnica se consuma.

Santiago Tazón, en un análisis sobre Darfur, indica que allí se encuentra el punto más grave de la línea de tensión que divide África, trazando una frontera imaginaria entre un norte árabe e islámico y un sur negro de religión cristiana o animista. Para complicar las cosas un poco más, y como también ocurre en otros conflictos africanos, la divisoria no es sólo étnico-religiosa, sino también de formas de producción, ya que los árabes son pastores ganaderos y los negros son agricultores sedentarios. Una divisoria que reproduce la vieja división entre amos y esclavos en los tiempos de la esclavitud que se registraba en el interior de las tierras africanas. Tazón explica que las políticas oficiales de arabización “habían conseguido un Sudán más árabe e islámico, con asentamientos de tribus árabes dónde antes vivían sólo tribus no arabes”. Pero en la zona de Darfur las tribus negras de las etnias Fur, Zaghawa y Massaleet se resistieron a la arabización, y fueron encontrando en sus religiones, ya fuera cristiana o animista, una fortaliza para oponerse al avasallamiento que se les pretendía imponer desde el poder. No se trataba de definir qué dios sería adorado en los templos o de un asunto de raíz integrista como el que enfrenta a musulmanes y cristianos en Nigeria, sino que en Darfur estaba en juego la posesión de la tierra, que por el proceso de desertificación que vive Sudán se está volviendo cada vez un bien más escaso.

==Primera parte de cuatro

* 2- Testimonios
* 3- La situación actual
* 4- Apoyo oficial

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 14 de julio de 2004)

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09 enero 2004

La guerra como excusa para la esclavitud

Petróleo, fundamentalismo islamista, tráfico de esclavos, y presiones de la derecha cristiana. Cuatro elementos con suficiente peso como para motivar que el Secretario de Estado estadounidense, Colin Powell se implique directamente en una negociación relámpago para apurar la firma de un tratado de paz en Sudán luego de veinte años de enfrentamientos. Ese país tiene petróleo, alguna vez sirvió de santuario a Bin Laden, y tiene una guerra civil alimentada por un componente religioso entre el norte islamista y el sur cristiano. El interés de Bush de implicarse directamente en la salida negociada del conflicto, que parece haberse obtenido en esta primer semana del año, no parece tener relación con los recursos naturales ni con la guerra contra el terrorismo, sino que estaría vinculada a un tema más doméstico: su reelección como presidente de Estados Unidos.

El alto costo que está teniendo la paz virtual en Afganistán e Irak, la desmaterialización de Bin Laden, y lo rápido que se han diluido los ecos positivos de la captura de Saddam Hussein, han obligado a los republicanos a centrar en la política interior sus estrategias para la inminente campaña electoral. Una prueba de esto son los recientes anuncios de Bush en políticas migratorias, que fueron recibidos con simpatía por parte de la cada vez más influyente comunidad hispana de Estados Unidos. Pero si bien es cierto que para crecer en número de votos, Bush debe disputar terreno en temas donde puede tener competencia de los demócratas, no puede descuidar las tradicionales fuentes de apoyo republicanas. En este término de la ecuación es donde entra el aparentemente lejano proceso de paz sudanés.

Varias organizaciones cristianas de Estados Unidos y Europa se han implicado en la defensa de los habitantes del sur de Sudán, denunciando internacionalmente situaciones de violaciones de los derechos humanos por parte de un gobierno que parece responder exclusivamente al sentir de los islamistas del Norte. Uno de los lados más siniestros de esta guerra, es la práctica sistemática por parte de los sectores islamistas de redadas contra la población cristiana, como resultado de las cuales grandes cantidades de personas son secuestradas de sus aldeas para luego ser obligadas a trabajar sin paga para los terratenientes pro gubernamentales. Estas razzias, justificadas como parte de las medidas de contrainsurgencia que se realizan para neutralizar a los grupos guerrilleros (potencialmente separatistas) del sur del país, camuflan un lucrativo tráfico de esclavos. Algunas de las iglesias que forman parte del lobby republicano han llegado a negociar con los "propietarios" de esclavos, aprovechado diferentes momentos de cese al fuego para "liberar" a miles de esclavos pagando una media de cien dólares por cada persona. En la fotografía (tomada del web de CSI), puede verse a miembros de Christian Solidarity International tomando impresiones digitales de personas recientemente rescatadas, a los efectos de iniciar un proceso de documentación que dificulte su recaptura.
Si bien el resultado inmediato es muy positivo para las víctimas, ya que pueden volver a sus aldeas y abandonan campos de trabajo en los que son maltratados de diversas formas, hay quienes critican estas políticas de los grupos cristianos estadounidenses y europeos porque -opinan- contribuyen a mantener con vida el mercado de esclavos. Si hay quien pague por "liberar", habrá más incentivos para capturar esclavos nuevos. Se calcula que entre 1995 y 2001, sólo Christian Solidarity International "redimió" (para usar sus palabras) a unos sesenta mil esclavos. Tal vez haciéndose eco de estas críticas, el Dr. John Eibner, Director Ejecutivo de Christian Solidarity International, urgió al Presidente Bush a aprovechar la "ventana de oportunidad" que ofrecían los indicios de alto al fuego para conseguir una solución al conflicto que implicara la eliminación de esta práctica y la liberación voluntaria de los esclavos remanentes ante el temor de sus "propietarios" de ser castigados por crímenes contra la humanidad. Los avances conseguidos en esta primer semana del 2004, parecen ser una respuesta de la administración republicana a ese reclamo, luego de dos décadas de conflicto entre el gobierno sudanés y el Ejército Popular de Liberación de Sudán (EPLS). Los términos del acuerdo no se reducen a cuestiones humanitarias, e incluyen un reparto de las ganancias petroleras entre el norte y el sur.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 9 de enero de 2004)

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