02 julio 2010

Hace medio siglo nacían 17 nuevos países: el año de África

Los africanos buscan su propia imagen en el espejo del cincuentenario. Este artículo intenta dar cuenta de una parte de ese reflejo: la polémica sobre cuándo situar el punto de la presencia colonial, la identidad común, y los desafíos de un presente lleno de inequidades. Como un destello lateral, aparece el rol de Brasil en un continente no tan lejano. Podría utilizarse la célebre paráfrasis para decir que en este 2010 un fantasma recorre África, aunque tal vez pueda resultar exagerado. Es cierto que en el año en que 17 países de ese continente celebran el cincuentenario de su independencia, hay campo fértil para hablar de la esquiva cuestión de la identidad, cuestión espectral e inasible si las hay. Sin embargo en el momento en que se lo aterriza a nivel local, el debate parece estar demasiado contaminado por las rencillas políticas internas y las facturas se cobran hasta cuando se inaugura un monumento.

La discusión sí ha calado en las usinas de pensamiento de las antiguas metrópolis, que cuando se miran en el espejo africano ven el reflejo de la erosión de la influencia de Europa Occidental en el mundo. Más allá de que este 14 de julio el desfile militar de los Campos Eliseos vaya a contar con la participación de varios ejércitos de África, en una rara y anacrónica exhibición de aquél antiguo (y en muchos aspectos incómodo) vínculo, lo cierto es que cada vez que se habla de presencia extranjera en el continente negro la lista actual se abre con China y continúa con India. Incluso Rusia y Brasil están teniendo más peso que varias de las otrora potencias coloniales. No debería sorprender. Pasa en el mundo, es lógico que también suceda en esa postergada parte del planisferio.

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Nada es inocente cuando se trata de develar un símbolo. La mastodóntica estatua sobre el “renacimiento africano” inaugurada por el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade en abril, estaba pensada para ser el tributo de ese país a las demás naciones de ese continente. Un tributo a una fuerza que aspira a dejar de ser potencialidad y convertirse en algo real, aunque sea con medio siglo de retraso. Como podría suponerse, la de Wade fue una intención que desde el primer momento estuvo cargada de peros. Se le cuestionó, evidentemente, el efecto colateral de autoglorificación. También el estilo elegido por el escultor, de inocultable influencia staliniana: las espaldas anchas y los torsos de marcada musculatura que en su momento reflejaron el invencible poder del proletariado, ahora recicladas para significar la potencia de África. Sí, aquella desmesura en cuanto a la “escala sobrehumana” trae recuerdos demasiado asociados a los “pies de barro” como para que transplantarla a tierra africana no sea un arriesgado ejercicio de analogía. Otro de los “peros” fue la contratación de obreros de Corea del Norte como mano de obra para construir esa alegoría. En parte la decisión del contrato parece lógica, ya que si en algún lugar se mantiene el know how sobre estatuaria faraónica debería de ser en ese país asiático, pero por otro lado encierra una cierta contradicción: si para amasar el cemento que enaltecerá el renacimiento africano se necesita que vengan trabajadores extracontinente, entonces queda disponible más de un “efecto boomerang” en las decodificaciones posibles del símbolo. Como si fuera poco, un imán musulmán hizo su contribución. Literalmente puso el grito en el cielo porque una de las figuras del grupo escultórico luce un seno desnudo. Puede parece exagerado, pero más del 90 por ciento de los senegaleses son musulmanes, así que esa sensibilidad tendría que haberse tenido en cuenta con mayor cuidado.

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Pero si no es a través del músculo del realismo socialista ¿cómo reflejar ese renacimiento africano que buscaba la escultura norcoreana de Dakar? El historiador y politólogo camerunés Achille Mbembe tiene una respuesta que se sitúa en las antípodas. Lo que propone este profesor de la Universidad Witswatervand de Johannesburgo es una solución a la húngara. En Budapest resolvieron la herencia de las demesuras escultóricas creando un parque con cabezas stalinianas y calvas leninistas en las afueras de Budapest. Mbembe sugiere, con provocación dialéctica, que en cada país africano se proceda inmediatamente a una recolección tan minuciosa como sea posible de las estatuas y monumentos coloniales y que se reúnan en un único parque, que servirá al mismo tiempo de museo para las generaciones futuras. “Este parque-museo panafricano se usará como sepultura simbólica del colonialismo de este continente”, dice, y de inmediato apunta sus dardos no hacia las metrópolis de otrora sino hacia sus vecinos de continente: “una vez realizado el entierro, que nunca más nos sea permitido utilizar la colonización como pretexto para justificar nuestras actuales desgracias”. Añade luego sin preocuparse de que alguien interprete, con razón, que está criticando la megalomanía estaturaria de Wade: “prometamos igualmente dejar de erigir estatuas, sea a quien sea, y que, al contrario, florezcan por todos lados bibliotecas, teatros, talleres culturales, en definitiva, todo lo que alimentará la creatividad cultural del mañana”.

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Más allá de la polémica por la estatua que mandó a erigir Wade (foto), el aniversario es importante. Como bien recuerda Ricardo Martínez Vázquez, director general de Casa África, de España, el 1 de enero de 1960, cuando Camerún accedió a la independencia como el primero de los 17 estados que se proclamarían soberanos ese año, sólo había cinco estados independientes en África subsahariana: Etiopía (imperio desde el siglo X antes de Cristo, república desde 1974, pero que nunca fue colonia), Liberia (creada por esclavos estadounidenses libertos en 1847 y tampoco colonizada), la Unión Sudafricana (creada en 1910, aunque hasta 1991 estuvo bajo el régimen del apartheid), y los pioneros de la descolonización en África, Ghana, con Kwame Nkrumah (1957), y Guinea, con Sekou Touré (1958). En los sesenta -agrega Martínez Vázquez- otros 16 estados africanos accedieron a su soberanía plena y nueve más en la década siguiente, incluidas las cinco colonias portuguesas en 1975. Sólo quedarían Namibia (1990) y Eritrea (1993), aparte del Sáhara occidental.

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Las fechas son un problema. ¿Senegal fue independiente en abril cuando integrando una suerte de federación efímera se separó de Francia o en agosto cuando se divorció de Mali? Si para los historiadores orientales la polémica pendula de Florida a la Plaza Constitución, es fácil imaginar las dificultades que presenta un abanico de procesos independentistas con tantos cordones umbilicales superpuestos. Para los malgaches no es tan claro que deba celebrarse el año 60, que es cuando París dio "el permiso". Son muchas las voces que opinan que la independencia de Mozambique en realidad se ganó en las calles doce años más tarde, cuando las manifestaciones populares lograron que el que consideraban "presidente títere", Philibert Tsiranana, dejara el país. Por el momento lo han resuelto diplomáticamente: el 26 de junio es el día de la independencia, por el 60, en tanto que el 13 de mayo es el día de la liberación, por el 72. Menos consenso hay cuando se trata de vaciar el bronce sobre el molde del "padre de la patria". Los críticos del 60, evidentemente se niegan a darle ese título a aquél primer presidente, a quien prefieren llamar "el faldero de París". En su lugar del panteón nacional colocan al que asumió un año después de que hubiera despegado el avión que llevó a Tsiranana hacia el exilio: el izquierdista Richard Ratsimandrava, asesinado a los seis días de estar en el gobierno.

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Como parte de los debates cronológicos –de eso se trata a fin de cuentas un aniversario- hay quien considera que no hay que buscar el inicio más adelante, sino que el verdadero cincuentenario africano debió de haberse festejado hace tres años. El comienzo de ese camino independentista, según Immanuel Wallertein, fue el 6 de abril de 1957, cuando la posesión británica de Costa de Oro se convirtió en el Estado independiente de Ghana, la primera colonia de lo que entonces se llamaba Africa subsahariana que consiguió este estatus. "Yo mismo estuve en Accra en ese momento -recuerda - y puedo atestiguar la muy entusiasta y positiva cualidad de las festividades y del optimismo general acerca del futuro de Africa que se sentía en Ghana y por todo el continente. El líder del movimiento independentista ghanés, Kwame Nkrumah había dicho: "Buscad primero el reino político y todas las otras cosas se le añadirán". El sesenta traería consigo la catarata de soberanías que se mencionó líneas arriba, pero también el inicio de una dramática sucesión de quiebres institucionales que harían el campo fértil para la corrupción y la debilidad de las instituciones democráticas, parte de los ingredientes de la receta de la inequidad.

El punta pie inicial de esa serie de derrotas de la esperanza inicial ocurrió, probablemente, con el asesinato del primer ministro del Congo, Patrice Lumumba (foto). "¿Se había equivocado Nkrumah?", se interroga Wallerstein en un artículo publicado en el diario mexicano La Jornada. La respuesta que le da a esa pregunta retórica es que el mismo Nkrumah había alertado que si no se quebraba la dependencia económica de los estados africanos hacia Europa occidental y Estados Unidos, al colonialismo le sucedería un inevitable neocolonialismo. "Es la economía, imbécil", como diría Bill Clinton en un arranque de marxismo involuntario. "La lucha de clases, tarado" parece apostillar Wallerstein cuando recuerda que los ghaneses que luchaban por la independencia eran llamados de manera despectiva "los muchachos del porsche". No era porque tuvieran coches último modelo sino todo lo contrario: los militantes independentistas eran pobladores urbanos relativamente pobres que no tenían una residencia permanente y debían que dormir en las verandas de las casas de otros, relata Wallerstein. "Esto indica hasta qué grado el nacionalismo africano en su momento culminante -reflexiona- tuvo un importante elemento de conflicto de clase, algo que se ha oscurecido en mucha literatura sobre Africa". La conciencia de clase puede de nuevo ser central en la política africana, pronostica, sobre todo a la hora de reunir lo que se ha vuelto disperso.

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El sueño roto de la unidad de África o la necesidad de una "segunda independencia", son algunos de los conceptos que circulan por estos días en los análisis sobre las bodas de oro. Se señalan diversos culpables para aquellas decepciones. Wallertein habló de algunos, los liberacionistas malgaches sugerían otros con su polémica de almanaque, y la ironía de Mbembe aportaba lo suyo. En un artículo sobre el mismo tema, el diario comunista francés L’Humanité hace de Wade, el mandatario senegalés fanático de los símbolos estatuarios, una metáfora de la desilusión, él que hace diez años había representado la esperanza de todo un pueblo, hoy es la encarnación de todos los problemas: desastre económico, prebendas, creación de una clase de nuevos ricos y mantenimiento del nepotismo. Pero el mandatario está decidido a jugar el rol de estadista. Como un oriental en la Piedra Alta, el mismo día de la declaración de "írritos nulos y sin ningún valor para siempre" (o mejor dicho, del aniversario de tal declaración) propuso tras cartón su propia "ley de unión". Para hacer frente a los nuevos desafíos de la globalización –cita L’Humanité- Wade afirma que "sólo una integración política en los Estados Unidos de África nos protegerá de una marginalización que podría resultar fatal".
Palabras como neocolonialismo y dependencia se repiten en el banquillo de los acusados, aunque también se recuerda que todo el proceso del nacimiento de los nuevos Estados se dio en plena Guerra Fría. Una pulseada entre las superpotencias de entonces, Estados Unidos y la hoy desaparecida Unión Soviética que -y este concepto también se reitera con tanta frecuencia que podría tener el estatus de lugar común- que en África distó bastante de ser fría. Un coletazo de aquella vieja brega se puede identificar en las propias celebraciones de este 2010. Mientras el actual jefe de gobierno cubano ya en mayo se preocupó de festejar en La Habana el cincuentenario del continente que tuvo un lugar importante en la política exterior de su hermano Fidel, el nuevo inquilino de la Casa Blanca anunció que en agosto invitará al menos a 18 presidentes africanos para celebrar en Washington el aniversario colectivo.

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Los ancentros africanos de Barak Obama son una carta a jugar cuando se trata de recuperar influencia. La vieja cuestión de la identidad. Un dilema que para los africanos se ha planteado, en varios ensayos, como la necesidad de revisar la relación con Francia, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de los "nuevos 17" fueron colonias francesas. En primer lugar se ha criticado con acidez el viejo concepto de "francáfrica" y se han señalado diversos errores del mandatario galo Nicolás Sarkozy, desde el paternalismo "bwana" de algunas de sus intervenciones hasta el error de cálculo de enviar a su ministro del Interior como representante oficial a los actos de aniversario de la independencia senegalesa, en abril. Radio Francia Internacional, en un análisis sobre la ya mencionada "segunda independencia", destaca que los jóvenes de las antiguas colonias ya no ven a París como la Meca de sus sueños de emigración, sino a Estados Unidos. La pérdida de la influencia de otrora se ve en todos los aspectos de la vida cotidiana, añaden, incluso en el rating televisivo: mientras hasta comienzos de los noventa la pantalla chica africana estaba dominada por los programas de la televisión pública francesa que eran graciosamente cedidos a las televisoras locales, ahora la posibilidad de acceder a televisión satelital ha aumentado la oferta.

En este aspecto Brasil tiene un pie colocado en África, ya que sus telenovelas son un producto de exportación cultural que ha encontrado ávidos consumidores en el continente negro. Un reportaje de la Deutsche Welle sobre la influencia brasileña, además de recordar que Lula es el presidente que más viajes a hecho a esa parte del mundo, y de mencionar la importancia que esto ha tenido, tanto diplomática (votos para el asiento permanente que Brasilia aspira obtener en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas) como económica (los africanos serán pobres pero son muchos), se refirió a la incidencia de las telenovelas en el habla cotidiana de los países lusófonos. "Eu sou chique, bem", una expresión que podría traducirse como “cariño, tengo gustos caros” ya es común en las calles de Maputo, capital de Mozambique, y eso ocurre gracias a la penetración de los productos de la Red Globo, asegura la cadena alemana. No es algo que haya ocurrido por generación espontánea ya que Brasilia casi nunca improvisa cuando se trata de política exterior, por algo a fines de mayo cuando se inauguraron las emisiones de la señal satelital de Brasil Tv Lula dijo que era "la culminación de un sueño". Esa televisora, que tiene su sede en Maputo, empezó transmitiendo hacia los países africanos, antes incluso de dedicarse a sus vecinos de América Latina. Habrá que ver qué sucede con las telenovelas, ya que son series propiedad de los canales privados, pero en todo caso el "canal ciudadano", como lo define el gobierno brasilero, aprovechará la brecha de simpatía que abrieron los culebrones.

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Sea por culpa de las telenovelas o de los hidrocarburos, Occidente mira con preocupación cómo el continente africano está abriendo cada vez más sus puertas a la incidencia de los países del bloque BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Ya no es novedad la penetración china, cuyos intercambios comerciales con África se han multiplicado por diez desde 2001 a esta parte. Los expertos consideran que de los 6 puntos de crecimiento anual que ha tenido la economía del continente, la tercera parte se deben al "efecto China". Para los asiáticos es un excelente negocio, al punto que en 2005 habían superado a Alemania como el principal proveedor de los mercados subsaharianos. El Instituto Montaigne, uno de los principales think tank europeos, llama la atención sobre el hecho de que la presencia china está planificada como una estrategia de largo aliento, tal como lo sugieren las becas a estudiantes africanos que van a estudiar a Beijing como antes iban a la Unión Soviética, y el "florecimiento" de los centros culturales en los que entre otras actividades se puede aprender mandarín gratuitamente.

Brasil no se queda atrás. Desde Luiz Inacio Lula Da Silva asumió la presidencia, ha realizado veinte viajes y contribuyó a que la década muestre números récord de apertura de nuevas embajadas en territorio africano : dieciocho. Con un discurso que pone el énfasis en la cooperación Sur-Sur y en el parentezco cultural de los pueblos de ambos márgenes del Atlántico, Lula ha tenido varias acciones incómodas para occidente, tanto en la polémica de los medicamentos genéricos versus patentados, como por la fuerte apuesta a Petrobras como una de las empresas punteras a la hora de abrir el camino a la incidencia económica brasileña en África.

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Cuando Lula habla del orgullo de que Brasil es el país con más población negra fuera de África, e incluso cuando Wade patina en el despropósito de su escultura norcoreana, se revela el intento de dejar atrás el discurso de "pobre África". Entrevistada por El País de Madrid, la escritora Chimamanda Adichie se queja por la existencia de un "relato único" que lleva, de manera casi inevitable, a que la mayoría de las veces que se habla de África se teja una historia de catástrofes. Nacida en Nigeria hace 33 años, y por lo tanto sin ninguna conexión de trayectoria vital con los tiempos coloniales, esta joven ganadora del prestigioso premio británico Orange Prize for Fiction está considerada una de las promesas de la literatura internacional en inglés, asegura el periódico madrileño. "Demasiada gente ha contado que África se muere y muy poca cómo África vive. Contar lo primero es importante, pero nunca se entenderá al continente si no se escuchan también otros tipos de historias", añade. En la entrevista pone un ejemplo revelador: "Un profesor (norte)americano me dijo que mi libro no era 'auténticamente africano' porque yo hablaba de africanos de clase media que conducían coches. Para él, un 'auténtico' escritor africano tenía que hablar de gente hambrienta y pobre ".

(Artículo de Roberto López Belloso, publicado en el semanario Brecha de Uruguay, el 2 de julio de 2010)

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25 mayo 2007

Gorilas en la guerra

La reserva natural Virunga toma su nombre de una cordillera que forma la espina dorsal de las fronteras de Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo. Allí viven los gorilas de montaña, cuya situación está calificada como crítica por la lista de especies en peligro de extinción. La opinión pública internacional tomó contacto con el verdadero carácter de este primate vegetariano de metro y medio de altura, gracias a la película Gorilas en la niebla, protagonizada en 1988 por Sigourney Weaver. Ahí se narraba la vida de la naturista Dian Fossey, asesinada en Ruanda tres años antes de la realización del filme.
Ahora los gorilas, al menos los 350 que viven en la zona de Virunga, se han convertido en rehenes del conflicto del Congo. Una columna de doscientos guerreros mai-mai amenazó con matar a los gorilas si el ejército decide perseguirlos montaña adentroEste mismo grupo es el que la semana pasada asesinó a varios guardaparques negándose a tomar parte en el proceso de desarme que intenta ayudar a desmontar el largo conflicto que ha marcado la historia moderna de ese país africano.

Louise Arbour, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, pidió a la comunidad internacional que no deje al país librado a su suerte, pese a los retrocesos que ha sufrido el proceso de paz congoleño. La decisión del Consejo de Seguridad de prorrogar hasta fin de año la misión de los cascos azules (la mayor de las que están actualmente en curso en distintas partes del mundo), brindó apoyo institucional a las palabras de Arbour. En el terreno, sin embargo, la situación parece lejos de estabilizarse. Los principales problemas no los representan los mai-mai sino los ex rebeldes que el gobierno, en un fallido plan de reconciliación, integró a grupos militares del ejército congoleño en Kivu Norte, dando lugar a las “brigadas mixtas”. Como se recordará (ver Brecha del 4 de mayo de 2007) varias de estas brigadas fueron acusadas de asesinatos y violaciones cometidos en contra de la población civil, lo que llevó a Arbour a reconocer, la semana pasada, que su creación constituyó “un serio error”.

Kivu Norte fue uno de los centros de la fase del conflicto que se desarrolló entre 1998 y 2003. Luego de finalizados los principales combates, la calma pareció retornar a esa zona fronteriza con Ruanda, pero desde febrero de este año el número de desplazados aumentó en 113 mil personas, lo que sumado al casi medio millón que existían hasta entonces da por resultado una cifra de 600 mil “refugiados internos” .
Naciones Unidas espera tener mejor suerte con la integración de rebeldes al ejército que está ensayándose desde comienzos de mes en Costa de Marfil. En ese país ex combatientes irregulares se fundieron con dos brigadas del ejército nacional. A mediados de mes este proceso parecía haberse encaminado positivamente debido a la entrega de un millar de armas que estaban en manos de los “señores de las guerra”, aunque debe tenerse presente que se trata de una paz frágil que tuvo varias marchas y contramarchas en los últimos años. Por el momento lo único concreto, según la agencia afrol news, es que existe una zona desmilitarizada separando el sur, controlado por el gobierno, y el norte, que está en manos de los rebeldes.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 25 de mayo de 2007)

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16 febrero 2007

Rescatada del archivo/La fragilidad como amenaza

Estados Unidos no está tan preocupado por los Estados fuertes que puedan disputarle su hegemonía como por los llamados Estados frágiles, potenciales santuarios para redes que planifican atentados o se dedican al narcotráfico. La crisis en la que viven medio centenar de países alimenta un debate sobre cómo enfoca la comunidad internacional el fracaso de alguno de sus miembros, cuyas dificultades para proveer bienes públicos básicos (desde salud hasta justicia) afectan a unos 900 millones de personas. Uruguay está presente con fuerzas de paz en dos de esos “Estados en riesgo de colapsar”: República Democrática del Congo y Haití. La terminología que se usa para calificarlos, sin embargo, no siempre resulta inocente.

Generalmente se los llama Estados frágiles. También se los define como débiles, precarios, fallidos, colapsados. Incluso se ha llegado a utilizar el término de “no constituidos” para algunos casos extremos. Los calificativos varían según los indicadores (y el tono) que elija el centro de investigaciones o el organismo que elabore la lista de Estados en crisis. Aunque frecuentemente los términos se utilicen como sinónimos, no es igual una categoría que la otra, ni la cuestión se reduce a un debate semántico. La inclusión de un país en una de estas listas de la desesperanza tiene consecuencias económicas, políticas y emocionales sobre sus habitantes.

Sobre todo teniendo en cuenta que la potencia hegemónica, Estados Unidos, ha colocado a los Estados frágiles como una de sus preocupaciones de seguridad. Y aunque la principal potencia emergente, China, prefiere hablar de “zonas de inestabilidad”, las cancillerías de ambos centros de influencia han encontrado puntos de convergencia en relación a este resbaloso asunto de política exterior, sobre todo en el campo de “las medidas preventivas a largo plazo” que permitan mejorar las condiciones de pobreza, falta de gobernabilidad, violencia crónica, redes criminales, debilitamiento de las infraestructuras, y extremismos étnicos o religiosos “que están creciendo hasta volverse nuevas amenazas a la seguridad”.

En Europa, mientras tanto, se abre camino la postura de utilizar una definición que no implique una solidificación de las crisis sino que de la idea de una situación transitoria, de la que se puede salir o a la que se puede entrar, generando la categoría más flexible de “Estados que están fallando”. Más allá de la categorización que se elija, actualmente existen en el mundo alrededor de 50 Estados que tienen dificultades más o menos serias para cumplir con las condiciones esenciales para ser considerados una unidad estatal: monopolio de la fuerza legítima, control territorial, provisión de servicios básicos a su población, legitimidad institucional.

==Primera parte de nueve

* 2- Dos enfoques
* 3- Seguridad para el desarrollo
* 4- Desarrollo para la seguridad
* 5- El riesgo
* 6- La polémica
* 7- El caso congoleño
* 8- Gamberros, desestructurados y sin ley
* 9- Fuentes

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2005)

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12 enero 2007

Expectativas razonables

La República Democrática del Congo, escenario de una de las más largas y graves crisis humanitarias de África, comienza a jugarse esta semana, en tres escenarios diferentes y simultáneos, la difícil partida de la profundización de su estabilidad. En el escenario militar se esperan los resultados de la mediación ruandesa para resolver la difícil situación de Kivu NorteEn el escenario diplomático las expectativas están centradas en el éxito que pueda lograr el jefe de las operaciones de la ONU para el mantenimiento de la paz, Jean Marie Guéhenno, en su intento de convencer al Consejo de Seguridad de que debe continuar el apoyo internacional a la misión en el Congo (MONUC). Mucho menos visible, pero clave para que no fracasen los esfuerzos en los otros dos campos, es el escenario político interno. Ahí los reflectores están dirigidos al comienzo de actividades del parlamento que surgió de las elecciones del año pasado.

La importancia de resolver rápidamente la situación de Kivu Norte radica en la identidad de los rebeldes. No es uno más entre los grupos armados que mantienen una existencia relativamente intermitente en el país, sino que quienes allí operan, el autodenominado Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), está liderado por un ex general del ejército congoleño, Laurent Nkunda, quien se alzó en armas hace menos de dos meses liderando a un sector de renegados del ejército opuesto a la reforma de las Fuerzas Armadas. El lunes pasado se supo oficialmente que el gobierno de Ruanda está trabajando para “facilitar” (según el término usado por el portavoz del gobierno ruandés) un acercamiento entre rebeldes y ejército.

Al otro día de conocerse las gestiones de Ruanda se produjo la intervención de Jean Marie Guéhenno (foto) ante el Consejo de Seguridad de la ONU. El jefe de las operaciones de mantenimiento de la paz fue directo. Dijo que Naciones Unidas no puede repetir errores del pasado y que ahora, una vez iniciado el proceso democrático en el Congo, debe renovarse el apoyo para que el mismo no fracase. Explicó que por su rol histórico, el Congo es un fiel de la balanza en la región de los Grandes Lagos, pudiéndose convertir –con igual impacto- en factor de estabilidad o inestabilidad. De acuerdo con el reporte de Afrol News, Guéhenno sostuvo que “resolver la crisis en esa nación beneficiará al continente más que la resolución de cualquier otro conflicto en esa parte del mundo”.

Para que esa crisis se resuelva de una manera sostenible, sin embargo, el nuevo parlamento no puede fracasar en su intento de apuntalar un funcionamiento institucional democrático y transparente. Este tercer escenario quedó instalado el martes 9, con el inicio de las funciones de la Oficina Ejecutiva de la Asamblea Nacional. Dos días antes, el equipo de prensa de la MONUC entrevistó a Christophe Lutundula, vicepresidente de esa oficina. Los periodistas se mostraron preocupados por el equilibrio entre oficialismo y oposición, ya que una misma coalición detenta todos los cargos en la referida oficina ejecutiva (la cual cumple funciones que en cierta forma pueden verse como técnicas pero que tienen amplia incidencia política). Lutundula respondió que al tratarse de un sistema democrático mayoritario, el observador no debe “sentirse shockeado porque la mayoría dirija la Asamblea Nacional”. Agregó que “cuando se considera nuestra cultura política en relación a una democracia tradicional, debemos ser razonables en nuestras expectativas democráticas”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de enero de 2007)

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08 diciembre 2006

Congo: diez veces peor

La cifra se ha repetido con insistencia en las últimas dos semanas. Cada día mueren cien personas a causa de la violencia en Irak. Con una cierta mueca de monotonía las cadenas internacionales muestran a diario imágenes que parecen calcadas de las que mostraron el día anterior. Sin embargo es muy poco lo que se dice de lo que ocurre en otra parte del planeta en la que, cada día, un conflicto militar mata –directamente o aliada con la pobreza– diez veces más personas que las que mueren en Irak. Pese a ser escenario de la peor catástrofe humanitaria que se vive en el mundo de hoy a raíz de un conflicto armado, la República Democrática del Congo apenas motiva algún flash informativo cuando los partidarios de un candidato perdedor queman las instalaciones de algún tribunal electoral (en la foto J.P.Bemba). Muy poco más es lo que se difunde sobre el país más afectado por la larga Guerra de los Grandes Lagos, calificada más de una vez como la “primera guerra mundial africana”.

El miércoles 6 se produjo la asunción del primer presidente electo democráticamente en cuarenta años. El ganador fue Joseph Kabila (hijo del legendario y polémico Laurent Kabila) tras derrotar en segunda vuelta a Jean-Pierre Bemba, del Movimiento por la Liberación del Congo (MLC). Precisamente los seguidores de Bemba fueron quienes el mes pasado quemaron las instalaciones del organismo electoral ante sospechas de fraude. Sin embargo, el propio Bemba bajó los decibeles al diferendo. El último martes de noviembre, un día después que la Corte Suprema hubiera declarado a su rival como ganador, Bemba dio un discurso televisado en el que señaló su disposición a participar en la vida democrática del país como líder de la oposición. El resumen de prensa de la misión de Naciones Unidas permite ver cómo los diarios locales reflejaron de diferente manera las declaraciones de Bemba. El más optimista fue el períodico La Tempête des Tropiques, que haciendo honor a su nombre (tempestad de los trópicos) vaticinó que "la tormenta ha pasado".

La turbulencia que todavía no se ha superado es la que proviene de la vecina Uganda. Recientemente Koffi Annan, Secretario General de la ONU, se refirió con preocupación a la incidencia desestabilizadora que tiene para la región el Ejército del Señor (LRA), una guerrilla integrista cristiana que pretende derrocar al gobierno ugandés.
Según Annan, en la parte final del año aumentaron las tensiones entre la República Democrática del Congo y Uganda, especialmente tras la entrada de tropas de la guerrilla ugandesa en territorio congoleño. No es algo nuevo, sino que a lo largo de 2006 han venido detectándose diversas incursiones de distinta entidad, a veces agravadas por el ingreso de unidades del ejército ugandés que venía persiguiendo a los irregulares.

El Congo también ha sido elegido como refugio por líderes de las LRA perseguidos por la justicia internacional. Como ejemplo de esto puede recordarse el enfrentamiento entre guerrilleros ugandeses y cascos azules guatemaltecos durante los procedimientos en los que se intentó capturar a Vincent Otti (foto), acusado de crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional.

Mientras tanto, el país espera que Kabila lidere los esfuerzos de pacificación (para lo que la cooperación de Bemba será esencial) y que comience a resolver problemas como la pobreza (que afecta al 80 por ciento de los 56 millones de habitantes) y la mortalidad infantil (uno de cada cinco niños mueren antes de cumplir los cinco años). Como contracara de su persistente crisis económica, el Congo es uno de los territorios más ricos en codiciados recursos minerales, como es el caso del coltán, imprescindible para la industria de las telecomunicaciones

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 8 de diciembre de 2006)

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13 marzo 2006

África, el lugar ausente

África es esa parte del mundo que habitualmente está ausente de las noticias internacionales. Aparece como lugar de crisis humanitarias o como fugaz nota de actualidad, sin que luego haya un seguimiento de la información o una preocupación de ahondar en el contexto. Este informe especial se concentra en la zona de los Grandes Lagos, con especial atención a la República Democrática del Congo.

Algunos analistas la llamaron la “Primera Guerra Mundial Africana”. Ocurre que la zona de los Grandes Lagos, donde está la República Democrática del Congo, asiento de una de las principales misiones de cascos azules africanos, es escenario de una serie de disputas armadas en las que intervienen ejércitos y grupos irregulares de media decena de países. Ahora, las elecciones congoleñas a realizarse el 30 de junio, y el proceso de paz en Burundi, están comenzando a fortalecer los estados nacionales y a instalar tímidas formas de control fronterizo y cooperación oficial. El compromiso de Naciones Unidas, materializado en el envío de fuerzas de paz y en la reciente visita del Secretario General, Koffi Annan, ha dado el marco político para que se sumen otros actores como la Unión Europea. Lo que no siempre está claro en las cuatro líneas que se difunden acerca de las acciones de la comunidad internacional, es el fangoso terreno en el que esas acciones de cooperación deben hacer pie. Un terreno donde la lucha por el control del poder político muchas veces implica lograr el control de recursos naturales de alto valor en el mercado. Tal vez el caso más conocido sea el del coltán, un mineral escaso que se utiliza para componentes esenciales de la industria electrónica, y cuyos yacimientos están, precisamente, en esta parte de África. Hay otros ejemplos, pero todos apuntan en la misma dirección: las zonas africanas que más han sufrido de largos y sangrientos conflictos, son zonas sumamente ricas, aunque su población viva en la extrema pobreza.

==Primera parte de cuatro

* 2- Kabila vs Mobutu
* 3- Congo: Cambios de bando
* 4- Congo: el primer acusado

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en marzo de 2006)

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Congo: el primer acusado

El 17 de marzo de este año, día de la detención de Thomas Lubanga y su sometimiento a la Corte Criminal Internacional, puede ser el inicio del fin de la impunidad en la República Democrática del Congo. Cierto es que el grupo de Lubanga tuvo que matar a nueve cascos azules de Naciones Unidas para que su nombre -largamente asociado a crímenes contra la población africana- se convirtiera en un “caso judicial”.

Si bien la muerte de los soldados de Bangladesh fue el disparador de su captura, a Lubanga (foto, sentado)se le está aplicando el artículo 8 del Estatuto de Roma, y se lo enjuicia por crímenes de guerra cometidos desde julio de 2002, incluido el de "alistar y reclutar a menores por debajo de los 15 años de edad y utilizarlos para intervenir activamente en las hostilidades". Amnistía Internacional reaccionó ante este hecho diciendo que “considera que la detención de Thomas Lubanga –a quien se debe presumir inocente en tanto no se demuestre su culpabilidad– no sólo constituye un paso en la dirección correcta sino también una señal innegable para todos los autores de violaciones de derechos humanos en la República Democrática del Congo, pero sigue pensando que son necesarias más medidas”.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- África, el lugar ausente
* 2- Kabila vs Mobutu
* 3- Congo: Cambios de bando

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en marzo de 2006)

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Congo: Cambios de bando

A medida que los años pasaban y los bloques del pasado dejaban de tener sentido, Ruanda y Uganda empezaron abandonaron a Kabila y empezaron a darle armas a una de las guerrillas que intentaba derrocarlo. En 1999 comenzaron las conversaciones de paz, en 2001 Kabila fue asesinado y el poder pasó a manos de su hijo (actual presidente y ya inscrito como candidato presidencial para los comicios de junio).

La presencia de Naciones Unidas empezó a poner algo de contención en esa situación de posguerra. Lo que era parte del problema comenzó a ser parte de la solución, y en 2002 Ruanda aceptó retirar sus treinta mil efectivos del Congo (todo un ejército) a cambio de que las nuevas autoridades congoleñas desarmaran a los grupos armados rwandeses de origen hutu que luego de haber cometido el genocidio contra los tutsis habían establecido su base de operaciones en el país vecino. Esto recién pudo tener progresos importantes en 2005.

Obviamente la principal perjudicada en esta proyección internacional del Congo fue la población congoleña. Y como se explica en un recuadro adjunto, dentro de esa población el sector más afectado fue el que era más vulnerable, las mujeres. El cálculo más difundido, dice que durante todo el conflicto han muerto cuatro millones de personas, lo que lo vuelve la guerra internacional que más personas ha matado desde la Segunda Guerra Mundial.

==Tercera parte de cuatro

* 1- África, el lugar ausente
* 2- Kabila vs Mobutu
* 4- Congo: el primer acusado

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en marzo de 2006)

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Kabila vs Mobutu


Aunque la situación militar no está completamente controlada, el país está encaminado en un proceso político que llevará a las elecciones generales a realizarse el último día de junio. Serán las primeras votaciones democráticas a realizarse en 40 años y marcarán el comienzo del fin de una transición iniciada en 2003. Alguna vez visto como campo de batalla de los dos bandos de la guerra fría, el Congo –llamado Zaire entre 1965 y 1997- siempre involucró en sus conflictos a los países vecinos, o fue involucrado con ellos. La fase pos Muro de Berlín, en la que ya no importaba tanto el interés de Washington de contener la influencia soviética en África, sino que comenzaron a emerger causas de control de minerales y de enfrentamientos tribales, puede decirse que comenzó a tejerse en 1994, con la llegada de refugiados rwandeses que huían del genocidio que estaba ocurriendo en su país, y tuvo su punto de inflexión en 1997 cuando Laurent Kabila se alzó en armas contra el presidente Mobutu.

Lo que complicó la situación fue que Kabila estaba apoyado por los ejércitos de Uganda y Ruanda. Esto internacionalizó el problema, y con el tiempo fue haciendo del Congo un teatro de operaciones en las que habían varios ejércitos extranjeros, y en el que las oposiciones armadas de los países vecinos instalaban campamentos-santuarios para sus grupos guerrilleros. Las deserciones de un bando a otro eran habituales, al punto que Kabila pronto perdió sus apoyos iniciales y pasó a ser sostenido por Angola, Zimbabwe y Namibia. No debe olvidarse que el apellido Kabila –luego devaluado- está ligado a la alianza con el guerrillero cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara, mientras que en el pasado de Mobutu está su participación en las operaciones de la contrarrevolución armada antiangoleña y su entendimiento con el gobierno sudafricano pro-Apartheid.

==Segunda parte de cuatro

* 1- África, el lugar ausente
* 3- Congo: Cambios de bando
* 4- Congo: el primer acusado

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en marzo de 2006)

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18 noviembre 2005

El caso congoleño

El tema de este informe adquiere en estos momentos mayor interés para el público uruguayo debido, entre otras razones, a la participación del país en misiones de paz en dos lugares que aparecen citados en todos los índices sobre fragilidad del Estado: Haití y la República Democrática del Congo. En varios de los reportes internacionales este país africano ocupa el segundo lugar en el índice de Estados frágiles. Según Foreing Policy, en la República Democrática del Congo “el hundimiento es visible desde hace años y se manifiesta en conflictos armados, hambruna, brotes de enfermedades y oleadas de refugiados”. La pregunta que se dibuja con mayor claridad en el momento de intentar analizar situaciones como ésta, es si existe alguna posibilidad de torcer ese rumbo.

BRECHA entrevistó a Jean Paul Marthoz, Director de Información de Human Rights Watch (HRW), quien se refirió a las posibles salidas que tiene la sociedad congoleña para comenzar un proceso de recuperación. La primera carta, en su opinión, se juega durante las próximas elecciones. “Visto desde Bruselas, que es una de las capitales desde las que se sigue con más atención la situación de la República Democrática del Congo, hay una gran esperanza de que con el proceso electoral se puedan dar los primeros pasos para recrear este país que en las últimas décadas no ha tenido una coherencia ni nacional ni democrática”, señaló Marthoz. El vocero de este organismo defensor de los derechos humanos dijo que “los últimos años han sido tiempos de fragmentación con guerras étnicas y con la intervención de países vecinos”. En ese sentido el país “es casi la caricatura de las crisis africanas de la última fase del poscolonialismo”.

Por eso la próxima elección tiene “que ser tomada muy seriamente” tanto por los actores locales como por la comunidad internacional, lo que implica “el aumento de los medios que se entrega a la Misión de Naciones Unidas (MONUC)”. Marthoz indicó que cuando desde HRW se ha criticado a la MONUC, la crítica siempre se hizo de manera constructiva, reconociendo el rol positivo de esta presencia internacional, “pero sin esconder las cosas que pasaron, como algunos casos de abusos sexuales o la pasividad de algunos momentos ante episodios de violencia”. Pese a esto, reclamó mayor coherencia de la comunidad internacional, en especial de la Unión Europea, en proveer más recursos financieros para reforzar a la MONUC para que tenga el número de soldados y el equipamiento necesarios para cumplir con su misión, lo que debe complementarse con “el mandato claro de poder intervenir de forma fuerte y firme contra todos los actores que tratan de obstaculizar el proceso electoral y el proceso de paz”.

El riesgo, según explicó Marthoz, proviene de la existencia de actores que no se benefician del proceso de paz. Como en muchos conflictos hay quienes sacan de la guerra sus recursos, en especial usando la violencia para generar zonas en las que ejercer el poder de manera arbitraria y controlar, así, sectores de la población que luego sirve a fines económicos. Es por eso, dijo el especialista, que la comunidad internacional tiene que tener una actuación mucho más firme. Esto adquiere vital importancia en el caso del Congo, ya que es un país en el que no se está ante las guerras étnicas tradicionales. Si bien “hay un elemento local muy fuerte, la participación de actores internacionales en el conflicto es obvia”, pautada por la presencia de los países vecinos que entraron en la disputa “para aprovecharse de los recursos mineros” congoleños. Agregó que también se tiene que perseguir “con dureza” a los actores privados negativos, mediante investigaciones internacionales sobre blanqueo de dinero, y siguiendo el rastro del tráfico de oro, diamantes y coltán. Pero así como están estos sectores privados negativos, Marthoz recordó que también existen sectores privados que tiene un rol muy positivo, en particular la sociedad civil organizada en torno, por ejemplo, a la defensa de los derechos humanos. La MONUC tiene un papel importante que cumplir en la protección de esta sociedad civil “que en estos años de masacres ha podido lograr al menos un nivel mínimo de protección para la gente”, dijo el experto.

==Septima parte de nueve

* 1- La fragilidad como amenaza
* 2- Dos enfoques
* 3- Seguridad para el desarrollo
* 4- Desarrollo para la seguridad
* 5- El riesgo
* 6- La polémica
* 8- Gamberros, desestructurados y sin ley
* 9- Fuentes

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2005)

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10 septiembre 2005

Congo: el peor conflicto

Es algo que se sabe que ocurre: una guerra afecta el desarrollo humano de un país. Una vecindad con el lugar común que parece volver redundante cualquier cuantificación sobre los perjuicios que la guerra le ocasiona al desarrollo. Pero cuando la cuantificación se hace y las pérdidas se contextualizan, el panorama adquiere una materialidad inusitada. El reporte del PNUD puso a la República Democrática del Congo como uno de los ejemplos donde el saldo negativo de este impacto se puede ver con más claridad. En ese país, donde se encuentran tropas uruguayas integrando los cuerpos de paz de Naciones Unidas, se desarrolla un enfrentamiento que es calificado en el reporte como “el conflicto más nefasto desde la Segunda Guerra Mundial”.

La afirmación se sostiene en la comparación entre las víctimas reales y las que hubieran ocurrido en el mismo lugar de no existir la condicionante bélica. El saldo muestra que entre 1998 y 2004 murieron 3,8 millones de personas que, de no existir los enfrentamientos, seguirían vivas. No se trata solamente de quienes perecieron a causa de la metralla, sino que, según las cifras que maneja el organismos internacional, alrededor de 31.000 personas siguen muriendo cada mes por sobre los niveles promedio del África Subsahariana como resultado de enfermedades, desnutrición y situaciones violentas. Las consecuencias no sólo cuestan vidas en el presente, sino que trazan un arco de agravamiento de las condiciones de vida que es muy difícil de revertir.

Los acuerdos de paz no son un remedio de efecto instantáneo. En la República Democrática del Congo, a pesar de los avances que se han venido logrando en materia de seguridad desde 2002, la llamada tasa de mortalidad bruta del país siguió siendo un 67% más alta que aquella anterior al conflicto; y duplicó a la de África Subsahariana. Eso en un país donde tres de cada cuatro habitantes sufre desnutrición. Estas vulnerabilidades, sumadas al desplazamiento de casi tres millones y medio de personas son los que dan sustento estadístico a la afirmación de que se trata del “peor desastre humanitario del mundo desde 1945”.

==Segunda parte de cuatro

* 1- Tres faltas que llevan al infierno
* 3- Números
* 4- ¿Por qué ahí?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2005)

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08 julio 2005

Armas balcánicas para el Congo

Un estudio de Amnistía Internacional (AI) reveló el comercio de armas y municiones procedentes, principalmente, de Europa del este y los Balcanes, que tiene como clientes a los gobiernos de la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda y su posterior distribución a grupos armados y milicias de la región oriental de la República Democrática del Congo “que han participado en atrocidades constitutivas de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad”.

El sitio en internet de ese organismo defensor de los derechos humanos publica el reporte titulado “Democratic Republic of Congo: Arming the east”, que aporta datos sobre el papel que siguen desempeñando el traficante de armas ruso Victor Bout y sus asociados cercanos, a través de operadores locales, que han vendido en secreto armas a todas las partes en el conflicto de la República Democrática del Congo. En ese sentido AI reconoce que no necesariamente se producen violaciones evidentes a los embargos internacionales de armas, aunque luego en la propia región se registran los cambios de manos de armas pequeñas que son las principales responsables de la violencia contra la población civil.

El informe tiene revelaciones que seguramente despertarán polémicas en los países mencionados. Se dice, por ejemplo, que hay acuerdos de armas por diamantes “en los que están involucrados el gobierno de la República Democrática del Congo y empresas de la República Checa, Israel y Ucrania”. A la vez se presentan datos sobre la existencia en 2004 “de una red de tráfico de armas entre la República Democrática del Congo y Liberia y en la que participan empresas internacionales de transporte de mercancías”, y de la transferencia de más de 200 toneladas de armas a un grupo armado progubernamental en Kivu Septentrional por una empresa local, “utilizando aviones de una compañía sudafricana que abasteció a fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en 2003”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

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10 mayo 2005

Los derechos humanos siguen siendo una utopía

Los derechos humanos siguieron siendo víctimas de la “guerra contra el terror”, afirma el informe 2005 de Amnistía Internacional (AI) presentado el pasado miércoles. El reporte revela una doble tendencia: por un lado los gobiernos aplican políticas de seguridad y control que llegan “redefinir la tortura para hacerla admisible” (maquillándola con un discurso de lucha por la libertad y la justicia), y por otra parte los llamados grupos terroristas utilizan un "grado inaudito de brutalidad".

En América, según el Informe 2005 de Amnistía Internacional (AI), "el respeto de los derechos humanos siguió siendo una utopía para muchas personas". Basan su afirmación en la persistencia de "la tortura, los homicidios ilegítimos a manos de la policía y las detenciones arbitrarias", agravados por la acción de bandas de narcotraficantes y delincuentes organizados. A la vez, "la 'guerra contra el terror' dirigida por Estados Unidos continuó socavando los derechos humanos en nombre de la seguridad, a pesar de la creciente indignación internacional producida por la evidencia de los crímenes de guerra –como por ejemplo torturas– perpetrados por Estados Unidos contra detenidos". El director de la Sección Española de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, dijo en declaraciones tomadas por EuropaPress que el gobierno de Estados Unidos intenta, mediante "un lenguaje casi administrativo", suavizar la prohibición absoluta de la tortura".

Sobre África el reporte de Amnesty indica que “los homicidios, los secuestros y las violaciones por parte de las fuerzas gubernamentales y los grupos armados de oposición siguieron teniendo un carácter generalizado en los conflictos armados de la República Democrática del Congo, Somalia, Sudán y Uganda”. Si bien se reconoce que se lograron avances en varios países gracias a la firma de diversos acuerdos de paz, los mismos “continuaron siendo muy frágiles en Burundi, Costa de Marfil y Somalia, donde persistieron los estallidos esporádicos de violencia en zonas localizadas”.

En Europa los principales problemas estuvieron vinculados con el racismo (se menciona que se registraron casos en casi todo el continente, desde Finlandia a Chipre), en especial contra los gitanos. Detrás de la antigua cortina de hierro, “al no haber investigaciones inmediatas, minuciosas e imparciales persistió la impunidad de los responsables de tortura y malos tratos, prácticas que, según los informes, fueron generalizadas en países como Albania, Georgia, Moldavia, Rumania, Rusia, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán (foto)”.

El capítulo dedicado a Asia y Oceanía no muestra un panorama mucho mejor que el del resto del mundo. Se puede leer que "Nepal se sumió en una crisis política y de seguridad cada vez más profunda", en tanto que en Sri Lanka continuaron las ejecuciones por razones políticas cometidas por los Tigres de Liberación de Eelam Tamil, y el uso de "escudos humanos" por parte de guerrilleros indonesios. En la India, sobre todo en Jammu y Cachemira y en varios estados del noreste del país, los abusos contra los derechos humanos por parte del ejército y de los grupos políticos armados, continuaron siendo habituales. "Se siguió reprimiendo la disidencia política en países como China, Corea del Norte, Laos, Myanmar y Vietnam", aunque como contracara, "Bután, Brunéi y Maldivas fueron algunos de los países en los que se realizaron intentos de democratización y perfeccionamiento de la protección de los derechos humanos".

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

==Primera parte de tres

* 2- Mujer
* 3- Migraciones

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17 julio 2003

El cambiante espesor de la cartografía

Aunque estén dibujados en un papel, los mapas no son planos. Tienen un espesor aluvional que va construyéndose cada día en la agenda informativa internacional. En ese cambiante relieve hay momentos en que se ven más unos países que otros. No hay día en que el mundo sea el mismo que el anterior. Ayer existía Pakistán, por ser vecino de los afganos, hoy su lugar lo toman Irán o Corea del Norte, y mañana será Indonesia. Pero ese mapa cambiante de la actualidad no sólo depende de la evolución de los acontecimientos, sino también del punto del globo en que viva el observador. No hay ciudad desde la que se vea el mismo tramo de mundo que desde otra. Por vecindad, intereses económicos, o hechos puntuales como la integración de las misiones de paz, los uruguayos ven con nitidez zonas del planisferio que para los daneses o los vietnamitas resultan inexistentes.

Desde hace algunas semanas, África ya no queda tan lejos. La presencia de los cascos azules uruguayos puso a la República Democrática del Congo en el cono de visibilidad que se alcanza desde Montevideo. A casi nadie le son ajenos nombres como Bunia o Ituri. Un tajo abierto en la frente de un niño soldado congoleño para que la cocaína que se pone sobre la herida haga un efecto más rápido y profundo, es sólo una de las historias de horror que se cuentan en las barracas de los cuarteles y que ya comienzan a filtrarse, extendiendo al resto del tejido social algo de lo que debieron ver desde sus destacamentos las fuerzas de paz del Batallón Uruguay IV. Además, el Congo llega a nuestro horizonte cotidiano acompañado de la percepción de que eso que allí pasa no ocurre porque sí (ya se habló en estas mismas páginas del rol de las mafias que trafican con el coltán, un mineral imprescindible para las telecomunicaciones), ni se circunscribe exclusivamente a las fronteras de un país.

En otras palabras, hace que buena parte de la sociedad coloque la mirada sobre África. Ahora se combate en Burundi. Es difícil leer esa noticia al pasar. Se quiere saber un poco más. Se sigue leyendo. O se pone un poco más de atención al reporte de la BBC. En Burundi combaten los hutus contra los tutsis. Se recuerda entonces que ésos eran los bandos en pugna en los tiempos del reciente genocidio en Ruanda. Y eso trae a la mente lo que se había leído sobre el Congo, que en verdad se trataba de una guerra internacionalizada en la que estaban involucrados, entre otros, Ruanda y Uganda. Se pone un mapa sobre la mesa. Se ven todos esos países rodeándose entre sí.

Se recuerdan las palabras de Madeleine Albright. ¿Qué habrá sido de esta mujer nacida en la vieja Checoslovaquia, secretaria de Estado de William Clinton? Es inevitable sentir que en sus manos el barrio era más seguro que ahora. Madeleine Albright dijo que el mundo no se estaba dando cuenta, pero que en la región de África que comparten la República Democrática del Congo, Uganda, Ruanda y Burundi, estaba peleándose la Primera Guerra Mundial africana. La habían originado una combinación de intereses económicos y políticos que se servían de los odios tribales y de la chapucería del trazado de las fronteras para poner los recursos naturales en manos de las mafias trasnacionales.

Ahora se pelea en Burundi. Es lógico pensar que se trata de otra batalla de esa misma guerra. La capital, Bujumbura, ha sido asaltada por los rebeldes del Frente de Liberación Nacional (FNL). Recién va poco más de una semana de combates, pero ya han muerto 170 personas. Los rebeldes son de la etnia hutu, igual que el 85 por ciento de la población. El ejército intenta detenerlos. La mayoría de los oficiales, al igual que la clase dirigente del país, es de la etnia minoritaria tutsi. Los eternos rivales de los hutus. En abril, un plan de paz que propiciaba un gobierno mixto, con un presidente hutu, parecía haber encontrado una mecánica institucional para salir de la crisis y había sido aceptado por la principal guerrilla, las Fuerzas para la Defensa de la Democracia.

Sin embargo, el menor de los dos grupos hutus alzados en armas, el FNL, quiere la renuncia incluso de este presidente hutu en el gobierno de coparticipación étnica. Sólo aceptarán un régimen sin presencia tutsi de ningún tipo. Este 14 de julio, el Burundi Quotidien anunciaba que los combates se habían extendido a las zonas de Gihosha y de Rohero. Nombres de una geografía destinada a extinguirse en la efímera atención de la opinión pública. Apenas una delgada capa en la cambiante cartografía de la información. Nadie anunciará desde ningún portaviones el final de esta larga guerra de los Grandes Lagos.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 17 de julio de 2003 )

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18 mayo 2003

La conexión Uganda

La zona de Ituri estaba bajo el control de 7.000 efectivos del ejército ugandés, los cuales se retiraron como parte del proceso de pacificación del país, y fueron sustituídos por 400 cascos azules uruguayos. Esta diferencia de fuerzas fue vista con preocupación por “observadores” citados por el diario sudafricano Sunday Times. El artículo también se refirió a “fuentes diplomáticas occidentales” que manifestaban el temor de que el vacío de poder produjera un genocidio, lo que coincide con los argumentos por los cuales Uganda no quería retirarse de Ituri.

Sin embargo, el gobierno congoleño tiene otra visión de las cosas. El Ministro para Asuntos de Paz, Vital Kamerhe, acusó a Uganda de doble discurso, y consideró que las declaraciones de funcionarios de ese país sobre la posibilidad de un baño de sangre étnico, no hicieron más que empeorar la situación. “Uganda no quiere abandonar Ituri –dijo Kamerhe- ellos han inflamado las tensiones diciendo que los lendu podrían asesinar a los hemas”, lo que en su opinión habría colaborado al ataque preventivo de los hemas sobre los lendu.

El Presidente de Uganda, Yoweri Museveni (foto), no se quedó en silencio ante estas tensiones en la zona que hasta hace poco tiempo estaba bajo control de su país, y criticó la debilidad de Naciones Unidas. Dijo que las fuerzas de paz estacionadas en Ituri están haciendo “turismo aventura” y deberían regresar a su país ya que son “inútiles”. Las duras declaraciones del mandatario, publicadas en el periódico ugandés The Monitor, no parecían estar dirigidas a los cascos azules uruguayos en particular, sino que criticaban en términos generales las limitaciones del mandato de la misión de paz. En su lugar, Museveni propuso crear un contingente de tropas de varios países africanos que tuvieran las manos libres para involucrarse en los combates si eso llegaba a ser necesario para el restablecimiento de la seguridad en la zona. Aunque con matices, el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, sucesor y correligionario de Nelson Mandela, opinó de manera similar. Solicitó al Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, que la organización autorice a los cascos azules “a ser más agresivos en la defensa de civiles”, o que abra el camino para una fuerza de intervención africana.

Las motivaciones de ambos mandatarios parecen ser diferentes. Mientras Mbeki (foto) está comprometido en el proceso de paz como uno de los principales apoyos de la ONU en la región, las palabras de Museveni tuvieron la apariencia de una respuesta indirecta al llamado a responsabilidad que le hizo Annan al gobierno ugandés. Annan reclamó que Uganda utilice su influencia política sobre las milicias que están peleando en Ituri, para obligarlas a respetar el alto al fuego. El portavoz del Ejército de Uganda, el Mayor Shaban Bantariza, pidió sarcásticamente que alguien le explique cómo es posible influenciar a dos bandos que están peleando. “Lo que debe hacerse es pelear, no hacer lobby”, se respondió a sí mismo. Negó que sus tropas estuvieran en la zona, y devolvió la responsabilidad a Naciones Unidas: “lo que se necesita es sumar fuerza con influencia, la ONU dispone de ambas, por lo tanto pueden usarlas”. También del lado sudafricano, los mandos militares hablaron con mayor libertad que su mandatario. Billy Masethla, asesor en seguridad del presidente Mbeki, dijo al Sunday Times que “el mandato de Naciones Unidas es suficiente como para autorizar a los cascos azules a usar la fuerza, pero no ha sido implementado de la forma requerida”. El embajador congolés en Sudáfrica salió al cruce de estas declaraciones e indicó que la misión de paz ha sido muy útil, pero que tienen las limitaciones de su mandato, lo que hace que las fuerzas en conflicto sepan que los cascos azules no están autorizados a disparar.

Sin embargo, estas presiones diplomáticas de los países de la región, sumadas al ya mencionado “fantasma de Ruanda”, pueden llevar al Consejo de Seguridad a modificar ese mandato de un momento a otro. Analistas locales, como Carolyne Nakazibwe, periodista del The Monitor, presumen que la solución se encaminará más a autorizar el envío de una fuerza africana de despliegue rápido que no tenga las manos tan atadas como los cascos azules, lo que infiere del toque de alerta de Annan relativo a evitar una catástrofe humanitaria en Ituri.

==Cuarta parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 3- Agricultores vs ganaderos
* 5- Asuntos de familia
* 6- Una tarea difícil
* 7- Un escándalo geológico
* 8- Mosaico de conflictos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2003)

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16 mayo 2003

Mosaico de conflictos

Además del conflicto étnico entre los hema y los lendu, el país debe afrontar los ecos de los enfrentamientos entre el gobierno y la Coalición Congoleña para la Democracia (CCD), y entre el gobierno y el Movimiento de Liberación del Congo, en ambos casos relativamente controlados por diversos acuerdos de paz parcialmente respetados. Se deben sumar los diversos grupos armados que actúan en la zona oriental del país ejerciendo el terror sobre la población civil.Las provincias de Kivu septentrional y meridional y territorios enteros (Ubwari, Fizi, los alrededores de Walikalé, Shabunda o Isiro) están, de hecho, en poder de grupos armados en los cuales es difícil distinguir a los milicianos mai-mai de los milicianos interahamwes, excombatientes o jóvenes reclutas rwandeses y burundeses. En las mesetas de Kivu meridional, los congoleños de origen rwandés, los tutsi congoleños, que frecuentemente se niegan a aceptar su pertenencia a la nación congoleña, suelen cometer actos de violencia en las provincias donde ha habido enfrentamientos entre los mai-mai y las fuerzas de la CCD y sus aliados rwandeses en Maniema, lo que provoca desplazamientos masivos de la población que huye a refugiarse en la selva.
Según el informe elaborado a fines de 2002 por la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, la rumana Iulia Motoc, “reina una gran inseguridad en los territorios controlados por la oposición armada, donde violentos combates oponen a las diferentes milicias armadas que luchan por el control o la reconquista de los territorios perdidos en los enfrentamientos anteriores”.

==Octava parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 3- Agricultores vs ganaderos
* 4- La conexión Uganda
* 5- Asuntos de familia
* 6- Una tarea difícil
* 7- Un escándalo geológico

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de mayo de 2003)

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Un escándalo geológico

Con motivo del asesinato del ex hombre fuerte congolés, Laurent Kabila, el autor de este artículo publicó un informe especial en la edición de Brecha del 26 de enero de 2001. De allí extractamos este recuadro sobre el antiguo Zaire:

Habitada originariamente por pigmeos, avistada por primera vez por exploradores europeos una década antes de la llegada de Colón a América, dominada por un rey bantú que hablaba un correcto portugués, cristianizada a medias, y finalmente controlada por un rey belga que se asoció con un ambicioso periodista, la historia de la actual República Democrática del Congo desembocó de manera zigzagueante en los procesos de descolonización de finales de los cincuenta. Tiene dentro de sus fronteras la mitad de la superficie de bosques de África, y un octavo del potencial hidroeléctrico mundial. Es el mayor productor del mundo de cobalto y diamantes de uso industrial, pero su principal fuente de riquezas es el cobre; también tiene importantes yacimientos de uranio, estaño, oro, plata, zinc, manganeso, volframio, petróleo y cadmio. Según Roberto Garreton, relator de Naciones Unidas para ese país, estas riquezas naturales sumadas a su posición geográfica, hacen del antiguo Zaire "un escándalo geológico". En un territorio algo más chico que el de Argentina viven 44 millones de habitantes divididos en 12 grandes grupos étnicos y unos 340 grupos menores. El 80 por ciento de los habitantes son bantúes, principalmente de los subgrupos kongo, mongo, baluba y balunda. La mitad de los congoleños son católicos, un 30 por ciento protestantes, un 17 por ciento sigue cultos sincréticos africanos, y el resto practica el judaismo o el islamismo. Se hablan más de doscientas lenguas aunque el francés es el idioma oficial. La República Democrática del Congo, no debe confundirse con otro país africano de nombre similar, República del Congo, con el que linda en una frontera formada por el río Congo que aún no está completamente demarcada.

==Septima parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 3- Agricultores vs ganaderos
* 4- La conexión Uganda
* 5- Asuntos de familia
* 6- Una tarea difícil
* 8- Mosaico de conflictos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de mayo de 2003)

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Una tarea difícil

Teóricamente, este 23 de mayo debería instalarse el gobierno de transición de la República Democrática de Congo, con representantes de todas las facciones en conflicto. El gabinete será presidido por Joseph Kabila, hijo del asesinado Laurent Kabila, y tendrá cuatro vicepresidentes: Azarias Ruberwa, un tutsi-banyamulenge, secretario general de la Alianza Congoleño para la Democracia (ACD), principal grupo rebelde; Abdoulaye Yerodia Ndombasi, comprometido con los episodios que en 1998 masacraron a los tutsis congoleños; Jean-Pierre Bemba, líder del Movimiento de Liberación del Congo (MLC), quien ha sido denunciado ante el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra cometidos en la República Centroafricana y el noreste de la República Democrática de Congo; y Arthur Zahid Ngoma, candidato de la “oposición política” aunque con poco respaldo entre la propia oposición. Para el Observatorio de conflictos, "el nombramiento de los cuatro vicepresidentes es el reflejo de un país desangrado por la guerra y la avidez de sus líderes por expoliar los recursos naturales de su país". Los acuerdos de paz establecen que en dos años deberán realizarse elecciones generales.

==Sexta parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 3- Agricultores vs ganaderos
* 4- La conexión Uganda
* 5- Asuntos de familia
* 7- Un escándalo geológico
* 8- Mosaico de conflictos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de mayo de 2003)

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Asuntos de familia

Salin Saleh es hermanastro de Museveni, actual presidente de Uganda. Salin Saleh fue citado en octubre de 2002, en un informe de expertos de Naciones Unidas, como uno de los personajes más notorios que integrarían una red de explotación ilegal de recursos naturales congoleses en zonas que hasta la llegada de los cascos azules uruguayos estaban bajo control de Uganda. Junto al general retirado Salin Saleh, operan el general de división James Kazini, y los coroneles Noble Mayombo y Kahinda Otafiire.

El documento de los expertos internacionales afirma que los militares no están solos en esta red de tipo mafioso, sino que tienen como socios a empresarios y rebeldes. Entre estos últimos se destacan Roger Lumbala y Mbusa Nyamwisi, del Movimiento de Liberación del Congo, aliados de uno de los personajes principales de la tragedia de Ituri: Jean Pierre Bemba Gombo, uno de los cuatro vicepresidentes del país, acusado de crímenes de guerra. Protegido de los ugandeses, durante la guerra el principal objetivo de Bemba fueron las minas de oro y los bosques de Ituri. Como no lo pudo lograr por la fuerza, intentó hacerlo manipulando los conflictos étnicos entre los hema y los lendu. En 2001 se reunió en Bunia con los jefes de ambas tribus, y los llamó a la reconociliación para generar, de cara a los acuerdos de 2002, una zona segura en la que tanto su movimiento como Uganda pudieran mostrar credenciales "pacificadoras" y tener el campo libre para el manejo de los recursos naturales. Nada de esto fue obstáculo para que en marzo de 2003 el control de la ciudad se dirimiera a sangre y fuego.
El juego de alianzas no es lineal. Los acuerdos y traiciones parecen sucederse en espiral, y quien hoy es rival de aquél, mañana vuelve a encontrarse de su lado cuando las condiciones sobre el terreno político o militar cambian. En marzo de este año, sin ir más lejos, Bemba y Lumbala estaban en bandos opuestos a Nyamwisi, pero aunque combatían en el plano militar, esto no les impedía continuar colaborando en algunos aspectos de las redes financieras. Muchas veces, incluso, tener repartidas las fichas en el inestable tablero político, es una de las estrategias de sobrevivencia de los grupos que explotan los recursos naturales en zonas de conflicto.
El sector empresarial está representado en esta trilateral por varias compañías pantalla del grupo Bout. Conocido por sus conexiones con las mafias africanas, Victor Bout regentea, entre otras firmas, una empresa de aviación basada en Kampala, la cual comparte frecuencias de vuelo con la Planet Air, aerolínea que pertenece a la esposa del general Salim Saleh, cuñada del presidente Museveni, lo que parecería completar el círculo de los intereses ugandeses en Ituri.

==Quinta parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 3- Agricultores vs ganaderos
* 4- La conexión Uganda
* 6- Una tarea difícil
* 7- Un escándalo geológico
* 8- Mosaico de conflictos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de mayo de 2003)

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Agricultores vs ganaderos

Todos los documentos y análisis coinciden en situar uno de los ejes del conflicto de Ituri en la oposición entre los lendu y los hema. Un clivaje étnico que estaría fundamentado en las distintas estrategias económicas que históricamente han desarrollada cada una de las tribus. Mientras los hema han sido siempre pastores, los lendu son agricultores, lo que les ha llevado a cíclicos enfrentamientos que comienzan cuando el ganado de los unos requiere el espacio vital que viene siendo ocupado por las tierras de cultivo de los otros. No son conflictos marginales, si se toma en cuenta las grandes masas de población que involucran. Se calcula que los lendu son alrededos de dos millones de personas, casi la mitad de los cuatro millones y medio que habitan la región de Ituri. Su mayor número no ha implicado un dominio sobre los hema. Por el contrario. Las políticas coloniales belgas, que privilegiaron a los hema bajo el supuesto de que algunas tribus serían más inteligentes que otras, reafirmó un mito de tinte racista que no ha podido desterrarse del todo, y que ha llevado a los hema a ocupar los principales puestos de la administración y a perpetuar luego de la independencia el poder que ya tenían como "cercanos a los blancos".
Este odio étnico ha sido aprovechado por quienes tienen objetivos que van más allá de la supremacía de una tribu sobre la otra, y sirvió de caldo de cultivo -y cortina de humo- para intereses políticos y económicos que a lo largo de la historia reciente han venido instrumentalizando esta rivalidad entre los ancestrales habitantes de Ituri.
Según Amnistía Internacional, la fase más reciente del conflicto hema-lendu, tuvo su origen en una disputa de tierras ocurrida en junio de 1999. Durante el segundo semestre de 1999 -explica AI- unos grupos armados de la etnia hema llevaron a cabo una campaña dirigida a expulsar a los lendus de sus hogares en la región de Ituri, rica en productos minerales. A principios del 2000, el conflicto se había cobrado unas 7.000 vidas civiles y había causado el desplazamiento de más de 180.000 personas. Durante todo el curso del conflicto se recibieron informes reiterados que indicaban que las tropas ugandesas y sus aliados se habían puesto de parte de los hema y habían participado en asesinatos y otros abusos cometidos contra los lendu.
Este reavivamiento de la vieja enemistad tuvo consecuencias dantescas en la ciudad de Bunia. Según los informes recibidos por activistas pro derechos humanos, al menos 150 civiles de la etnia lendu murieron a manos de grupos armados civiles de la etnia hema que atacaron distritos de Bunia el 19 de enero de 2001. De acuerdo con Amnesty, "las víctimas, entre las que había mujeres y niños, fueron asesinadas con machetes y, en algunos casos, fueron decapitadas. Muchos cadáveres fueron arrojados a letrinas abiertas". Los asesinatos se habrían cometido como represalia por un ataque lanzado en horas de la mañana del propio 19 de enero por un grupo armado de la etnia lendu y su aliada la etnia ngiti contra posiciones militares ugandesas y zonas residenciales de la ciudad, durante el cual, según informes, los agresores lendus y ngitis mataron a unos 50 civiles hemas con lanzas y flechas o quemándolos vivos en sus casas. En ese momento se indicaba, asimismo, que al menos 60 agresores lendus y ngitis habían muerto durante el ataque, que fue repelido por las fuerzas ugandesas.
Uno de los expertos en asuntos congoleses, Onesphore Sematumba, del Pole Institute, ha señalado con amargura que la clave del drama en Ituri no es un asunto de un enfrentamiento entre una y otra comunidad, sino que "existen personas que sacan provecho de esto: los traficantes de armas, las redes mafiosas de explotación de materias preciosas que no tienen escrúpulos a la hora de delimitar su territorio, imponiendo un clima de terror para acallar a cuantos promueven o predican la paz en este far west donde los señores de la guerra, los lobbies mafiosos y los oficiales ugandeses se mueven a sus anchas". La región es rica en madera, oro, diamantes y, como siempre que hay olor a pólvora, petróleo.

==Tercera parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 4- La conexión Uganda
* 5- Asuntos de familia
* 6- Una tarea difícil
* 7- Un escándalo geológico
* 8- Mosaico de conflictos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de mayo de 2003)

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