20 junio 2008

Los jóvenes de Allende

Había elegido dejar el Brasil de los setenta y estudiar medicina en el Chile de Allende. Una bata de médico, una ambulancia y una gran dosis de fortuna le permitieron escapar del cerco militar al hospital universitario y dejar el país en el momento del golpe de 1973. Terminó su carrera en Francia y trabajó casi una década en la emergencia de uno de los mayores hospitales de París. Esa dura experiencia fronteriza, trabajando en el filo de la navaja con pacientes que llegaban con riesgo de vida, sería uno de los aprendizajes principales que en los ochenta se llevaría al otro lado del océano, cuando se convirtió en médico de la guerrilla salvadoreña.

Luego vivió unos años en Nicaragua, donde en largas charlas sobre cualquier cosa fue contando, con cuentagotas, parte de esa historia. De todos los lugares en los que podría haber trabajado en la Nicaragua de los noventa (ya no estaban los médicos cubanos y se los necesitaba en todas partes), eligió de nuevo la frontera, esta vez en las selvas del Atlántico, donde cooperativas sandinistas seguían haciendo la guerra a pesar de que la guerra había terminado oficialmente hacía cinco años: defendían sus tierras de las bandas armadas de ex contras que ahora estaban al servicio de los terratenientes que querían volver atrás la reforma agraria.

En medio de esas cooperativas instaló dos clínicas, una de ellas ginecológica, y en sus salas de espera comenzó a tejerse una rara experiencia de reconciliación entre los dos bandos, que luego se consolidaría cuando los antiguos terratenientes se aburrieran de reclamar sus viejas propiedades, y los ex contras, ya definitivamente desempleados, se pusieran a formar sus propias cooperativas, apoyados por los mismos sandinistas con los que se habían estado matando durante años.

Hace dos años volvió a Francia. La mitad del tiempo lo pasa en el Sahara occidental, en clínicas que ayudó a montar en los campamentos de refugiados saharauis. Su nombre no interesa, o si interesa no es posible darlo, ya que todo lo que se acaba de contar fue dicho sin que su protagonista supiera que años después sería publicado. Pero más allá del nombre, lo que está contenido en esa historia casi novelesca, como reconoce el protagonista, es el efecto, el impacto que tuvo como punto de partida de la trayectoria vital de “un joven de otra parte”, uno cualquiera entre centenares, ese sacudimiento colectivo que fue el Chile de Allende.

Fueron muchos los uruguayos que también estuvieron en ese Chile. Jóvenes brigadistas que fueron por unas semanas, o por más tiempo. Que cavaron zanjas en el sur, que cuidaron fábricas en el cinturón de Santiago, que compartieron la construcción de un proyecto político lleno de contradicciones y contradictores, que se educaron, que pudieron salir a tiempo o que ya no salieron. Úrsula –ese era su nombre en las brigadas de la juventud socialista– regresó a Santiago, por primera vez después de tres décadas y media, en setiembre del año pasado. “Voy a pisar las calles nuevamente”, dijo cuando anunció su inesperado viaje, ese que había dicho más de una vez que nunca haría.

Ya desde el aeropuerto se asombró de estar llegando a un país muy distinto al que había dejado. Sabía que sería así, pero el asombro es, precisamente, irracional. Estuvo en el aniversario del golpe, recibió el consejo que se le da a todos los extranjeros, de no pasar cerca de La Moneda esa tarde, de volver temprano al hotel, de no acercarse a las manifestaciones. Apenas la radio de un taxista, que daba el parte de la represión en las poblaciones, le dejó entrever algo del clima real de las protestas, que la ciudad engullía y ocultaba en su trama de vida cotidiana transformada por el paso del tiempo. Ya es otro mundo, pensó. También acá es otro mundo.

Esa tarde había estado en el museo de Bellas Artes, para ver lo que quedaba del monumento a los brigadistas que hizo Félix Maruenda, y el día antes en la casa de Neruda en Isla Negra, y dos días antes en la otra, La Sebastiana, la que había sido despedazada por los soldados en busca de manuscritos o venganza. En Isla Negra no sólo vio las estanterías con sus copas de vidrios de colores, su escritorio traído por el mar o sus mascarones de proa, sino también una foto de Neruda, en la que se parecía al “Pije” (así llamaba Úrsula a Allende, porque así le decían, cariñosamente, los brigadistas). No se parece físicamente, aclara, pero tiene la misma mirada. Se compró una reproducción. La muestra a su regreso. El poeta está atravesando la cordillera de los Andes, a caballo, clandestino. En efecto, no se parece en nada a Allende. Salvo en la mirada, puede ser.

El jueves próximo, 26 de junio, se cumplen cien años del nacimiento del “compañero presidente”. Las conmemoraciones repetirán su nombre más de cien veces en más de cien lugares. Y cuando se acallen los justos homenajes seguirá, sin calendario, el homenaje de los justos, que como el médico, o como Úrsula, seguirán llevando en sus puntuales trayectorias individuales el efecto movilizador de aquello que vivieron en los años de Allende. Son sus vidas, al fin de cuentas, aquellas anchas alamedas.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 20 de junio de 2008)

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12 octubre 2005

Sahara Occidental: posición incómoda

El nuevo gobierno español está en una situación difícil. Los tradicionales lazos de simpatía con la causa saharaui que existen en la sociedad española, y en especial en la base electoral del actual gobierno, empujan el émbolo de su política exterior a llenar de contenido el “vacío diplomático” que pareció caracterizar la actitud de la administración del Partido Popular. Sin embargo, y debido a que es mucho el vacío a desplazar (aderezado incluso de intereses empresariales y lazos entre las monarquías), los primeros pasos de esta nueva actuación se parecen, en sus resultados, a la inacción de aquella.

El miércoles pasado el embajador español en Marruecos, Luis Planas intentó explicar la nueva política española. De acuerdo con lo que reprodujo un cable de Europa Press, su opinión es que España ha superado la "neutralidad con respecto a los acontecimientos y las posiciones que se daban en la ONU" para convertirse en una "política de acompañamiento". Esta nueva postura, demasiado críptica para empujar el émbolo con la claridad que los sectores pro-saharauis desearían, se caracteriza por lo que casi parece un juego de palabras: “España apoya a las partes implicadas en el conflicto para que haya, en primer lugar, un diálogo entre ellos con el fin de que luego, ‘eventualmente’, se produzca una solución”, intentó resumir el cable de la agencia europea.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Intifada saharaui
* 2- Recursos naturales
* 3- Derechos Humanos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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Sahara Occidental: derechos Humanos

La llamada intifada saharaui, como ocurre con todos los episodios de alto contenido político, también tiene sus detractores entre la sociedad civil. Por ejemplo, la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos (ASADEDH) envió una carta al secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, en la que denuncia que el Frente Polisario ha incumplido varios tratados y convenios de Naciones Unidas desde el pasado 10 de mayo.

En uno de sus párrafos, publicados por el diario español El Mundo, la nota asegura que “el Frente Polisario se halla reclutando adolescentes con fines bélicos en institutos de secundaria, universidades y en los propios campamentos de refugiados de Argelia, creando una situación de alerta general a la ciudadanía y la oposición”. El quiebre generacional que se estaría viviendo en el Sahara Occidental es mencionado por la citada organización cuando denuncia "la alerta general y toque de queda decretado en los campamentos de refugiados que regenta el Polisario sobre territorio argelino desde el pasado día 20 de mayo, en un intento por parte de su cúpula de coaccionar a las familias de los menores y mitigar cualquier manifestación de rechazo de estos familiares de militarizar a sus hijos".

==Tercera parte de cuatro

* 1- Intifada saharaui
* 2- Recursos naturales
* 4- Posición incómoda

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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Sahara Occidental: recursos naturales

Donde hay un conflicto, en general hay un recurso natural disputado, ya sea que el recurso sea la causa del conflicto o que su explotación sea utilizada para financiar a uno o varios de los bandos en disputa (hasta que las causas políticas o sociales comienzan a confundirse con los negocios). Entre los recursos el que tiene un mayor prontuario como causante de enfrentamientos es el petróleo.

El Sahara Occidental no es la excepción. El Observatorio Internacional de los Recursos del Sáhara Occidental denunció que una empresa estadounidense, Kerr-McGee, prorrogó hasta el próximo 29 de octubre 2005 su contrato con Marruecos para buscar petróleo en el mar territorial que corresponde a laz zonas en disputa del Sáhara Occidental. Los saharuis no se quedaron atrás, y el 17 de este mes anunciaron formalmente un llamado a interesados en realizar esas prospecciones petroleras. Reconocida por la Unión Africana y setenta países, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), formación proto-estatal de los saharauis, actúa en varios frentes de política exterior.

Por eso no es de extrañar que la RASD haya iniciado anunciado "formalmente el inicio del proceso de otorgamiento de licencias para permitir que compañías internacionales participen en la exploración de su territorio offshore". En el mismo comunicado se lee que “el gobierno de la RASD ha tomado nota de los informes sobre tareas propuestas por Kerr McGee en su territorio offshore bajo un acuerdo contrario a la intención de la opinión legal de la ONU”, y se advierte que “el gobierno de la RASD tomará en cuenta todas las opciones necesarias para desalentar cualquier acción ilegal y provocadora como la antedicha”.

==Segunda parte de cuatro

* 1- Intifada saharaui
* 3- Derechos Humanos
* 4- Posición incómoda

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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03 junio 2005

Intifada saharaui

Civiles desarmados enfrentándose con la policía y reclamando el respeto a los derechos políticos de su pueblo. Por detrás la amenaza de un regreso a las armas si la represión aumenta. Ese panorama, que se registra en el del Sahara Occidental desde hace casi diez días y que tuvo uno de sus episodios más recientes el martes pasado, en la pequeña población de Dajla, está cambiando la calificación mediática del conflicto. De estar entre los ‘conflictos olvidados’ ha pasado a ser la ‘intifada saharaui’.

Los voceros de los grupos pro derechos humanos cercanos a los saharaius advirtieron, durante una ronda de prensa, que “una represión continuada en el Sahara Occidental podría empujar al Frente Polisario a retomar las armas contra Marruecos”. La causa algunos la ponen en la política equivocada de los países vecinos (los pro-saharauis culpan a España de inacción, en tanto que los pro-marroquíes acusan a Argelia de “alimentar los odios”), otros en el interés de Marruecos en las riquezas del territorio (fosfato, prospecciones pretroleras y la pesca al alcance de la mano), o en cierto “adormecimiento” de la comunidad internacional. Pero incluso si no se retoma el frente militar, la crisis del Sahara está en un camino de resurgimiento a partir de las demostraciones del pasado 23 de mayo. En esta nueva etapa los jóvenes, que nacieron durante los años del estancamiento, están asumiendo un protagonismo que agrega otro ingrediente muy a gusto del paladar de quienes comparan la nueva situación saharaui con la intifada palestina. Los propios independentistas colaboran a esta “toma en préstamo” y ya no sólo apelan al término aislado de intifada sino que se nutren de todo su abanico conceptual. A través de los despachos del Sahara Presse Service, por ejemplo, denominan como “territorios ocupados” a las zonas del Sahara que están en poder de Marruecos.

Brahim Noumria (foto), militante saharaui que estuvo en prisión durante los años ochenta, recibió junto con varios de sus colegas a un grupo de periodistas españoles que quisieron visitar el lugar de los disturbios de la semana pasada. Numria, según lo recogido por EFE, insistió en que el problema de los saharauis no es con la población marroquí sino con el régimen de Marruecos, pero manifestó su temor de que las autoridades 'integren en la represión' a los civiles marroquíes y se puedan producir enfrentamientos entre ambas comunidades. Esta comprobación sobre el terreno coincide con la columna que publicó Carlos Ruiz en El Semanal Digital: “La población (saharaui) en contacto con los ‘hermanos marroquíes’, lejos de ‘marroquinizarse’, es aún más radicalmente independentista que la que vive en el exilio de Tinduf o Mauritania”, lo que suma a sus demás argumentos para concluir su alineamiento con la postura que afirma que “el pueblo saharaui es un hecho cultural, social, jurídico y político innegable”.

==Primera parte de cuatro

* 2- Recursos naturales
* 3- Derechos Humanos
* 4- Posición incómoda

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de octubre de 2005)

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