08 julio 2012

Esquilo el balcánico


por Roberto López Belloso

Nietzsche estaba equivocado. Los orígenes de la tragedia griega no tienen que buscarse en los cultos dionisíacos sino que su magma original debe rastrearse en las bodas y funerales de los Balcanes. La tesis corresponde al escritor albanés Ismaíl Kadaré y es refutada por el filólogo español Carlos García Gual. Al margen de esa polémica, la Comedia Nacional acaba de estrenar la Orestíada en el Solís.

Lo mataron de un balazo en el pecho. Fue una muerte que no asombró a nadie. Todos en el pueblo esperaban que ocurriera en cualquier momento. Tal vez por eso las plañideras, profesionales del oficio de llorar, arribaron enseguida desde una aldea cercana. El muerto está en la habitación de al lado. El padre está sentado a la cabecera de la mesa. Los hermanos parecen retorcerse por la inquietud. Las mujeres de la casa sirven la comida de difuntos. Nadie necesita preguntar quién ha disparado. El que apretó el gatillo está entre los comensales con una cinta negra en el brazo para que todos sepan quien ha sido.
Escenas como esta eran comunes en las montañas del norte de Albania hasta que se abolió el Kanun, código que regía las venganzas de sangre, cosa que recién sucedió al final de la Segunda Guerra Mundial.
También podría haber ocurrido en la Grecia de hace dos mil quinientos años, solo sustituyendo la bala por una lanza. A fin de cuentas, postula el escritor Ismaíl Kadaré, premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2009, esa forma de lidiar con los momentos límite era parte del espacio cultural balcánico que se extendía desde Grecia hasta el norte de la ex Yugoslavia. Pero poco a poco “el viejo código” que normaba las deudas de sangre fue limando sus aristas. Primero en Grecia, ya sea por el énfasis democrático de la Atenas clásica o más adelante por el avance del derecho bizantino, y luego en el resto de la península por el efecto combinado de los derechos bizantino, otomano y austrohúngaro. Pero no se limó su filo en Albania.
Cuenta Kadaré en su novela Abril quebrado, y luego lo retoma en sus ensayos sobre Esquilo, que las venganzas de sangre tenían un mecanismo tan reglamentado que más que una venganza parecían una representación. Por eso el que “se cobra una sangre” matando al que ha matado a un pariente, tiene que ir al velorio de su víctima con una cinta negra y luego queda protegido por una tregua de un mes. Pasado ese tiempo los deudos saldrán a darle caza y la historia recomenzará una vez más envolviendo a las familias rivales durante generaciones.

TESIS. La Orestíada, formada por Agamenón, Las coéforas y Las euménides, es la única trilogía que se conserva completa de la obra de Esquilo, de quien se han perdido 70 de las 77 tragedias que se le atribuyen. Debido a su trama, Kadaré la vincula a la venganza de sangre balcánica. A partir de esa conexión el novelista albanés traza un itinerario conceptual audaz: si se quiere entender la tragedia clásica hay que indagar en las costumbres de los montañeses de Albania. Así lo postula en Esquilo. El gran perdedor, un pequeño pero contundente librito publicado por Siruela en 2006.
Indica que el origen de la tragedia griega no está en las fiestas dionisíacas sino que debe rastrearse analizando las bodas y los funerales de su país, en especial de las zonas más alejadas. Los primeros que se han enterado de una muerte por vendetta se han arañado el rostro antes de ir a anunciarla a los familiares más cercanos, y en esos arañazos habría estado la primera máscara. En el velorio las plañideras lloran y formulan “preceptivamente el dolor desordenado y espontáneo de los allegados del difunto, para ‘representar’ más que para sentir realmente ese dolor”, como un ancestro del coro antiguo. Pero el actor principal, ese que según Kadaré de verdad “dio el paso” de convertir el rito en teatro, es el muerto. “Al principio las plañideras, es decir, el coro, conformaban el drama en su totalidad. Después, los participantes en el duelo, cansados del silencio del muerto, comenzaron a soñar con algo absolutamente temerario, pecaminoso quizás: con que él mismo tomara la palabra. El retorno del difunto, su resurrección, ha constituido sin duda el anhelo supremo del género humano. Ante la imposibilidad de lograrlo, los primeros poetas trágicos crearon su imitación: levantaron al personaje (el difunto) del ataúd para hacerle moverse en escena, para que hablara y diera testimonio”. Por eso, afirma, Nietzsche equivocó el tiro en El origen de la tragedia, de 1871.

ANTÍTESIS. Tal audacia tenía que traer algunos lodos y no todo fueron aplausos en la recepción crítica a la versión española de Esquilo. El gran perdedor. Carlos García Gual, catedrático de filología griega en la Universidad Complutense de Madrid, lo refuta en un artículo publicado en el número de noviembre de 2006 de la Revista de Libros, que edita la Fundación Caja Madrid. El filólogo defiende a su gremio sin ocultar el sarcasmo: “durante siglos los pobres filólogos se han quemado, al parecer, las cejas meditando sobre textos antiguos, contextos históricos, sobre los mitos y los héroes, las máscaras y Dioniso, cuando todo eso era innecesario”. Sostiene que atribuirle a las plañideras un lugar en la genealogía del coro del teatro “es una trivial simpleza” ya que “la tragedia se nutre de sagas míticas y héroes de antaño y no de cantos funerarios de aldea”.
Lo “local” es un guijarro que molesta en el almohadón de la tradición filológica sobre el que se asienta la argumentación de García Gual. Rechaza de plano que se pueda atribuir “a los griegos en general” el origen de la tragedia, cuando en realidad “el teatro es una invención de la polis ateniense de un momento histórico bien definido” y no de “esos griegos vecinos de los balcánicos”. Cabe recordar que para un ateniense o un espartano de la época clásica, los habitantes de la franja norte de la Grecia actual, los macedonios, eran lisa y llanamente bárbaros.
García Gual remata su artículo con un golpe directo a la mandíbula: “no sé si Nietzsche pecó gravemente al no viajar por los montes de Albania y dedicarse sólo al estudio de la filología según la tradición universitaria germánica; pero frecuentar sólo funerales y bodas albanesas para lanzar fáciles hipótesis sobre los orígenes de la tragedia no me parece, a estas alturas, un método recomendable”.

¿SÍNTESIS? Parecería necesario preguntarle al propio Kadaré qué opina de esta refutación. Y además de necesario parecería posible. Brecha entrevistó en 2001 a su traductor al español, Ramón Sánchez Lizarralde (foto) y de esa entrevista había quedado una dirección de correo electrónico y un par de intercambios posteriores de mensajes. No sería un trabajo ciclópeo enviar un e-mail y plantear una pregunta que pudiera ser trasladada al escritor. Pero el intento se frustra apenas comenzado: Sánchez Lizarralde murió en julio del año pasado. Es una pérdida de una magnitud esquílea que sólo puede calibrarse si se piensa que a él se deben las versiones españolas de 30 novelas de Kadaré. No en vano en el obituario de El País de Madrid escribió Carlos Fortea, decano de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca: “el domingo, en Asturias, se nos murió a los traductores Ramón Sánchez Lizarralde, e Ismail Kadaré se quedó sin voz, presa de una súbita afonía, y como en una extraña interferencia sus lectores de lengua española pensaron que había enmudecido”.
Hay que buscar otra ayuda entonces. En primer lugar (y para actuar luego por analogía) se puede recurrir a una de las novelas de Kadaré, El expediente H, que narra la visita a Albania de dos doctorandos irlandeses que con el desparpajo de la juventud están seguros de poder descubrir “algo nuevo” sobre la tantas veces batida y rebatida “cuestión homérica”. La ficción tiene un soporte en hechos reales. Un estadounidense, Milman Parry, considerado el padre de los estudios sobre la tradición oral, hizo ese viaje junto a su entonces estudiante Albert Lord, que luego se convertiría en un respetado catedrático de Harvard hasta su retiro ocurrido en 1983.
Hacía poco que un Parry de tan solo 26 años había publicado un artículo que, según los entendidos, revolucionó los estudios homéricos. Más o menos decía que podía encontrarse en Homero el uso de algo parecido a los leit motiv en la música. Su profesor en la Sorbonne, Antoine Meillet, lejos de lanzarle un anatema le presentó a un colega búlgaro, Matija Murko, especialista en épica oral balcánica. Fue Murko quien lo puso en contacto con la única parte del mundo en el que el “taller homérico” podía encontrarse todavía “en funcionamiento”, creando y recreando viejos cantos: los Balcanes.
Si se hace la analogía con el Homero que encontraron los filólogos anglosajones, se entiende lo que busca Kadaré en Esquilo. Una lectura superficial (o enojada) de Esquilo. El gran perdedor puede llevar a la interpretación literal de que la tragedia surgió de los velorios y bodas balcánicas y desde ahí llegó a los teatros de la Atenas clásica. Pero en verdad el libro dice otra cosa: que es en los velorios y bodas balcánicas donde hasta más o menos la Segunda Guerra mundial podía verse todavía, en funcionamiento, la materia prima que, en otro contexto, el de la Atenas clásica, dio origen a la tragedia. Porque tampoco en El expediente H Kadaré dice que Homero fuera un recopilador de mitos balcánicos, sino que dice aquello que Parry, Lord y Murko descubrieron con todas las herramientas de la ciencia: que es en los rapsodas de los Balcanes donde podía verse aquella materia prima homérica todavía en la línea de producción.

DE ARGOS A MONTEVIDEO. La segunda ayuda puede pedírsele al propio Esquilo. La Orestíada comienza a las puertas de Argos. Una puerta, la de Esquilo, que en definitiva es siempre más que la puerta material alguna vez existente en alguna ciudad concreta. Y si la guerra de Troya, mediada por Homero, puede ser vista como el símbolo de todas las guerras y su asedio como el símbolo de todos los asedios, también esa puerta trágica, mediada por Esquilo, es símbolo de todos los umbrales donde se produce –desde que se teje hasta que se concreta– una venganza de sangre. Por eso Pier Paolo Pasolini puede situarla en una nación africana “algo maoísta” en Apuntes para una Orestíada africana, o un elenco mexicano puede trasladarla a la época actual en una “narcotragedia” muy comentada por la prensa de ese país en abril de 2010, o Theo Angelopoulos en El viaje de los comediantes puede colocarla en la Grecia de posguerra con un Orestes partisano y una Clitemnestra amancebada con un Egisto colaboracionista.
Esa puerta de Argos también se ha abierto en Montevideo. En estos momentos la Comedia Nacional, con dirección de Levón, pone en escena (foto) la trilogía esquiliana en el Teatro Solís.
Ya desde el comienzo, cuando el vigía del palacio divisa la hoguera que marca el fin de la guerra de Troya, se escucha uno de los elementos que Kadaré destaca en su “tesis balcánica”: el verso que habla de “la mesa deshonrada” como excusa para esa guerra. “Lo que tuvo de especial, aquello que transformó el rapto (de Helena) en una verdadera calamidad , no fue la proeza del rapto en sí, sino la vulneración de los deberes de la hospitalidad, la deshonra de la mesa”, escribe en Esquilo. El gran perdedor. El Kanun albanés indica que la casa es un lugar sagrado porque “pertenece a Dios y al huésped”, por lo tanto si había una deshonra imperdonable (jurídicamente imperdonable) era la producida contra el huésped. O, en espejo, por el huésped contra el anfitrión. Fue esa ofensa, y no el adulterio en sí, la excusa para la guerra de Troya.
Curiosamente Kadaré no hace ninguna referencia a otro elemento que podría haber aportado para sostener su tesis. Cuando los príncipes griegos disputaban la mano de Helena juraron que quien la obtuviera recibiría el apoyo de los otros para defenderla. No imaginaban a un príncipe troyano raptándola sino que se protegían de sí mismos y de la tentación de obtener por la fuerza lo que no habían logrado por la persuasión. Al igual que la hospitalidad, esa “palabra empeñada” es un elemento central de la literatura tradicional balcánica. Si un joven balcánico llegó a levantarse de su tumba para no dejar una promesa sin cumplir (leyenda que se repite en las tradiciones de todos los pueblos del área), ¿cómo no iba a servir como excusa para que los caudillos griegos fueran a la guerra en auxilio de Menelao?
La obra sigue. El coro griego que interpreta un puñado de actores de la Comedia Nacional tiene algo de aquellos comediantes del viaje de Angelopoulos, en su vestuario, en el tono, en la naturalidad con que dicen su parte como si fueran un grupo de griegos tertuliando en las sillas de una ouzerie en un pueblo cualquiera. Consultado por Brecha Levón reconoce que ya se lo han dicho, pero la referencia no fue consciente. Si Esquilo “es la catedral”, dice el director, el coro “es como un mosaico y yo pensé un poco más en Eurípides que trabaja sobre la individuación y los puse en esa especie de plaza contando la espera y eso dio, sin pensar en Angelopoulos, la posibilidad de un vínculo que hizo que el público escuchara lo que se dice; en un momento en que el teatro es imagen, fuerza, violencia y movimiento, quise correr ese riesgo”.
Luego la trama conocida se va desarrollando ante el espectador. El asesinato de Agamenón apenas regresa de Troya, cometido por Clitemnestra para vengar a su hija Ifigenia que Agamenón había sacrificado como víctima propiciatoria para tener el favor de los dioses en el viaje a Asia y la campaña militar (“pudo no haberlo hecho -comenta Levón- pero las ansias de poder lo llevaron a hacerlo”), y luego las maquinaciones de Electra y Orestes para vengar a su vez a su padre, dando por resultado la muerte de Clitemnestra a manos de su hijo varón.
En más de una oportunidad, en las tres partes de la trilogía, se hace referencia a una túnica, una red, la que envolvía a Agamenón al momento de morir, la que luego Orestes encuentra, tiempo después, en casa de su madre, la que va envolviendo a los personajes en el ciclo interminable de la venganza de sangre. Escribe Kadaré: “el hecho de que Orestes halle la túnica de forma inmediata (a pesar del tiempo transcurrido desde el crimen) acredita que no se la ha hecho desaparecer, y no porque estuviera oculta o quedara olvidada en cualquier lugar, sino porque, al contrario, ha permanecido colocada en un lugar visible del palacio”. Una situación por demás curiosa, por lo que postula que “es perfectamente perceptible que algo se ha perdido aquí. Algo que los hombres de aquel tiempo sabían y que nosotros ignoramos”. Al igual que ha ocurrido por siglos en las venganzas de sangre de los balcánicos, “Clitemnestra está atenta a las manchas de sangre sobre la túnica, dado que constituyen la única información que ella recibe acerca de las tentativas de la víctima de enviar mensajes sobre la tierra”, plantea Kadaré. Y cuando tan lejos de Albania como de la Atenas de Pericles, con un café de por medio en un bar ubicado frente al teatro Solís, se le pregunta a Levón, dice que esa túnica, esa red, le habla de “algo que se está tejiendo desde muy atrás”. Por eso la tuvo como una carta fundamental que debía ser jugada. Por ejemplo “en ese terremoto que yo creo artificialmente para descubrir la tumba de Agamenón y que Electra se aferre a su padre, que es parte también de otra red”. El novelista albanés no podría estar más de acuerdo con esa afirmación del director uruguayo: “según los griegos –recuerda Kadaré– una venganza de sangre no podía coronarse con éxito sin contar con el beneplácito y la ayuda del muerto desde su morada subterránea”.
¿Debe Orestes cobrarse la sangre de su padre matando a Clitemnestra? ¿O matando a su madre cometerá un crimen sin perdón? Esa parte final de la obra, con las erinias pidiendo la cabeza del vengador hasta que son calmadas por Atenea dando paso al imperio de la ley por encima del imperio de la venganza, también se conecta con la tesis kadaretiana. Allá, “en las cumbres de Albania” había hasta hace poco “ancianas que hacían recordar a las erinias, con sorprendentes vestidos semejantes a los de las ánforas micénicas, vigilaban no fuera a ser que los jóvenes eludieran la venganza de sangre”, escribe en Esquilo. El gran perdedor.
Las erinias son otra de las claves de la puesta del Solís. “En el entreacto –apunta Levón– la sangre de Agamenón es lavada por tres mujeres, y luego son esas mismas esclavas a las que yo hago que sean como las erinias o vengadoras de Casandra (la esclava que trajo Agamenón de Troya viviendo a su lado) y más tarde se vuelven las vengadoras de la tierra devastada por los griegos… me parecía interesante que ese tejido estuviera presente”.
El tejido de la venganza de sangre, diría Kadaré. En realidad el de la búsqueda de la justicia, matizaría Levón.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de junio de 2012)

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25 julio 2009

Una mirada sobre Ismail Kadaré


Prishtina, la capital de Kosovo, es una ciudad que no llega a ser kafkiana. Aunque es la capital de un país en vías de reconocimiento, su ritmo es indudablemente provinciano. El olor ácido de la envejecida central eléctrica que recuerda los años del socialismo real, se contradice con el olor a grasa chamuscada que sale de los locales de comidas rápidas, con los que se pretende reafirmar la alianza con Occidente. Unos quilómetros al norte, el puente de Mitrovica separa los barrios albaneses de los serbios. El puente roto, dividido, ha sido siempre una metáfora de los Balcanes. Puentes que recuerdan, en su tensión metálica o de hormigón, que hay dos orillas y que esas dos orillas, que podrían estar unidas, están quebradas la una para la otra. La obra de Kadaré también tiene su puente.

Con sus limitaciones incluso podría decirse que es una obra que se planteó a sí misma como puente, entre la tradición occidental y el aislamiento de Albania (El expediente H), entre la Albania que todavía no estaba aislada y el resto del campo socialista (Los dioses de la estepa), entre el carácter cristiano originario y el bando musulmán finalmente escogido en los cinco siglos de dominio turco (Los tambores de la lluvia). Aunque los puentes concretos de Kadaré, por ejemplo el de la novela El puente de tres arcos, tienen menos de la épica de El puente sobre el Drina del yugoslavo Ivo Andric y, al menos a primera vista, son a su vez un puente con otras construcciones metafóricas, como la muralla china, de Kafka. Podría decirse de ese modo si el adjetivo kafkiano, tantas veces usado para la obra de Kadaré, no le quedara algo grande a un autor tan desparejo como el albanés. En cierta forma Kadaré es a Kafka lo que el alma de Prishtina al alma de Praga. Una versión menor pero que no por eso deja de ser un recordatorio, una referencia.

El Príncipe de Asturias de este año es un reconocimiento que sabe a poco para un autor que en el 2000 era señalado como casi seguro candidato al Nobel., y que le llega una década después de terminada la guerra de Kosovo, a consecuencia de la cual todavía hay 3000 albanokosovares y de 800 serbokosovares desaparecidos. Es difícil tener ese dato ante los ojos y no pensar en algunas de las novelas de Kadaré donde el mundo de los muertos que interactúa con el de los vivos para cuestionarlo, para ayudarlo a mirarse sin velos, para darle valor o aleccionarlo. Puede ser, por supuesto, el hermano que sale de su tumba y hace una larga travesía para cumplir con la “besa”, esa sagrada palabra empeñada del ámbito balcánico, y que es el eje de El viaje nupcial, pera también la batalla casi surrealista que libra el protagonista de El general del ejército muerto, que intenta encontrar los cuerpos de los soldados que murieron en una guerra indefinida que parece que acaba de terminar, pero que en realidad no terminará nunca hasta que él encuentre la última tumba sin nombre del último soldado anónimo.

Sin embargo, es en Spiritus donde este diálogo entre muertos y vivos adquiere su voz mejor lograda. Como casi todas las novelas de Kadaré esta es despareja, contiene momentos brillantes y otros que parecen haberse escrito de apuro, y obliga a superar unas primeras páginas que son lo suficientemente maniqueas como para desalentar a cualquier lector riguroso. Pero es necesario seguir adelante, como hacen los personajes de Kadaré. A medida que el lector se interna en el libro encuentra esa combinación típicamente kadaretiana de trama policial, literatura fantástica y novela política. Algo tan concreto como el miedo a una dictadura, en la narrativa de Kadaré se deconstruye, se vuelve un gas (en el sentido que le da Christian Ferrer a las nuevas formas de dominación de la era posindustrial) y se cuela en todas partes, al punto que también la resistencia puede volverse incorpórea y los servicios de seguridad pueden encontrarse, de pronto, persiguiendo la huella de una voz en una grabación sin saber si es la voz de alguien vivo o del hombre que acaban de matar. En esas circunstancias, los pequeños micrófonos que se instalan en las solapas de los abrigos en la ropería de un teatro donde está teniendo lugar la representación de una obra de Chejov, se vuelven fetiches animados.

Pese a lo desparejo, pese a la sobreproducción, pese incluso a cierta necesidad de “trabajar de escritor” en un medio hostil, Kadaré, al menos literariamente, nunca se traicionó a sí mismo. Y lo que no es poco, prohijó un puñado de libros que cualquiera puede leer con la seguridad de que le dejarán con la sensación de estar ante libros únicos y potentes. La maestría de Kadaré está en cómo en todos sus libros, los buenos y los menores, logra mantener un estilo, un tono, en escenarios tan disímiles como la Albania del régimen de Enver Hoxa en plena doble guerra fría (la de Occidente con la Unión Soviética pero también esa de menor duración –pero en la que los albaneses quedaron congelados como si no se hubieran enterado de su final- entre soviéticos y chinos) o la larga noche de la resistencia balcánica a la dominación turca. No hay duda de que Kadaré hizo más libros de los que debía en caso de que quisiera atenerse a un concepto de “obra sólida”. Nada menos rulfiano que la catarata de libros que con ritmo de best seller produjo Kadaré durante la mayor parte de sus años de “escritor en activo”. La razón puede encontrarse en el modo en que los regímenes autoritarios de Europa del Este coptaban a los escritores, les borraban sus aristas más críticas y los ponían (con una combinación a veces sutil y a veces burda de amenazas y lisonjas) a “trabajar de escritores”. Entonces pasar un año sin producir podía implicar perder el empleo, o sea, todo. Por eso Kadaré era aceptado. Por supuesto que era una presencia incómoda porque escribía con cierto aire que daba la posibilidad del siempre peligroso doble sentido, pero necesaria por el modo en que daba una voz literaria a la nación albanesa, esa que Hoxa quería exaltar no sólo por tic de gobernante autoritario sino para levantar una “peculiaridad nacional” frente a la generalización internacionalista que dominaba en las partituras que desde Moscú se quería hacer tocar.

Si Hoxa estaba haciendo una experiencia política paranoica, sociopática y aislada, no sólo necesitaba casamatas de hormigón sino también casamatas que actuaran a nivel de lo simbólico. Pero incluso en esos contextos los servicios de control político ejercían con maestría una de las funciones que históricamente se les ha dado mejor: la crítica literaria. No extraña entonces que uno de sus mejores libros, El Palacio de los sueños, haya sido prohibido cuando ya estaba en las librerías, debido a que alguno de los funcionarios de Hoxa encontró en sus páginas lo que efectivamente había: una crítica dura a un régimen sin alma.

Probablemente si en vez de haber nacido en Albania lo hubiera hecho en el seno de una familia serbia o montenegrina, la tonalidad de su literatura hubiera tendido naturalmente hacia la épica. La tragedia de su pueblo que refleja en sus libros, nunca es la epopeya de Migraciones de Milos Cernianski, el mayor novelista serbio. Mientras en Cernianski los derroteros individuales apenas son un medio para narrar la singladura de un pueblo, en Kadaré lo colectivo es una luz que permite mostrar de un modo diferente los claroscuros de la peripecia individual. Si en El viaje nupcial todo se construye en torno a la palabra que un hijo da a su madre de que irá a buscar a la hija pródiga y la traerá de regreso, y ni siquiera la muerte podrá contra el valor de esa promesa, en Tres cantos fúnebres por Kosovo la “besa” es una “besa étnica”, esa palabra que se empeña desde antes de la cuna sólo por haber nacido de un lado u otro en la interminable repetición de la batalla de 1389, esa que “del otro lado” lleva a los serbios a no olvidar la derrota porque olvidarla sería olvidarse como serbios. Los rapsodas de Tres cantos saben que esa batalla en la que los turcos derrotaron a los serbios y empezaron un dominio de cinco siglos, que también fue dominio del islam sobre la cristiandad, dejó el drama y la épica para los serbios y le reservó a los albaneses un destino trágico. Pudieron prosperar bajo el dominio turco (El palacio de los sueños es una excelente novela sobre una familia de visires albaneses al servicio de los otomanos) a pesar de mantener como héroe nacional a un caballero rebelde contra esos mismos turcos (Kadaré también tuvo tiempo para este momento histórico en Los tambores de la lluvia, una obra menor). Kadaré no olvida que haber estado del lado de los otomanos fue también un gesto de sobrevivencia. “Qué oscura niebla nos envuelve, levantaos albaneses o Kosovo se lo queda el eslavo” dice el rapsoda de Tres cantos, como contracara de la otra mirada, que él mismo es el que canta cuando había dicho, instantes antes, ”espesa niebla cubre el campo de los Mirlos; alzaos serbios, los albaneses nos arrebatan Kosovo”.

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15 junio 2007

Kosovo y la cuestión albanesa
El riesgo de simplificar


La situación de Kosovo involucra a dos de los principales grupos étnicos de los balcanes: eslavos y albaneses. Una problemática regional que, a su vez, se inscribe en la relación, usualmente traumática, entre los espacios de influencia de Rusia y Occidente. El informe 2007 de Amnistía Internacional advierte que el probable futuro país está violando los derechos humanos antes de nacer.

Kosovo es considerado “el corazón de la nación serbia”, ya que ahí los príncipes serbios al mando de un ejército de varios reinos cristianos balcánicos (incluidos los albaneses) perdieron una batalla decisiva con el imperio otomano. Esa batalla, y sobre todo el posterior rechazo a someterse cultural y religiosamente, se consideraron como una prueba del carácter sagrado de la alianza entre el dios cristiano y el estado serbio. Por eso el príncipe que lideraba ese ejército fue santificado por la religión ortodoxa y Kosovo fue llenado de monasterios durante la Edad Media. Los albaneses, sin embargo, una vez derrotados se aliaron con los turcos y comenzaron a dominar la demografía de Kosovo (hoy son el 90 por ciento) ayudados por las persecusiones que el Imperio Otomano realizaba contra el irredentismo serbio.

Luego, cada vez que Serbia lograba ser independiente, la población albanesa volvía a estar en problemas. Y cada vez que Serbia era atacada, los albaneses hacían lo mismo que ante la reciente visita del mandatario estadounidense: se aliaban con el poder externo que les garantizara un Kosovo sin serbios. La más emblemática de esas alianzas fue la que establecieron con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, al punto que llegó a crearse una brigada de las SS con paramilitares albaneses (la SS Skanderberg) que se ensañó partuicularmente en la persecusión de los partisanos serbios.

Con el fin de Yugoslavia, el régimen de Slobodan Milosevic comenzó un nuevo ajuste de cuentas. Primero las violaciones a los derechos humanos de los albanokosovares realizados por las tropas de Milosevic. Luego, la “limpieza étnica” a la que se dedicaron los paramilitares albanokosovares cuando los bombardeos de la OTAN contra Belgrado obligaron al ejército serbio a dejar la provincia en manos de Naciones Unidas.

LA GRAN ALBANIA. Si para los serbios Kosovo es el símbolo de su pasado, para los albaneses es la prueba de su futuro. Los Balcanes están plagados de fantasías nacionalistas. Una de esas construcciones utópicas es la Gran Albania. Tiene su referente nacional en el estado albanés actual, pero aspira a conformar una unidad con Kosovo, Preshevo, el noroeste de Grecia y buena parte de Macedonia. Todos los dirigentes políticos albaneses moderados rechazan la idea, pero la misma tiene el respaldo de los nacionalistas radicales.

Por eso no extraña el reciente documento de Human Rights Watch (HRW), donde se advierte de las consecuencias que podría tener la independencia de Kosovo. Según Fred Abrahams, investigador de HRW especializado en situaciones de emergencia, el eje del problema será la ciudad de Mitrovica. Ante una declaración de independencia, los serbokosovares que ahí son mayoría podrían declarar, a su vez, independiente esa zona y unirse a Serbia. Esto, en opinión de Abrahams, puede hacer que los albaneses que son mayoría en el valle de Preshevo, zona sur de Serbia, se declaren también independientes y se unan a Kosovo. El experto recuerda que todavía persiste en actividad un grupo paramilitar, el Ejército Albanés de Liberación, que reúne albaneses de Kosovo, Preshevo y Macedonia.

HRW no es el único organismo defensor de los derechos humanos preocupado por Kosovo. Amnistía Internacional asegura en su informe 2007 que en esa provincia, a pesar de la administración internacional “continúa la impunidad en los crímenes contra serbios y otras minorías” cometidos por albanokosovares. El documento registra “ataques con granadas contra ómnibus y casas”, así como la vandalización de iglesias y monasterios serbios, y otros crímenes “étnicamente motivados”. Un tema no menor es la constatación por parte de Amnistía Internacional del uso de territorio kosovar por parte de las mafias albanesas que manejan redes de prostitución en Europa occidental.

FALTA DE CARIÑO. Es en este contexto que Estados Unidos ha decidido dar su apoyo a la independencia (ver recuadro) y se ha hecho eco de las voces europeas que proponen que Serbia acepte la independencia kosovar a cambio de ingresar a la Unión Europea. El presidente serbio Boris Tadic respondió públicamenmte que Serbia, “como país democrático que es”, no aceptará ninguna contrapartida “a cambio de la pérdida de territorios”. Y añadió: “no renunciaremos nunca a Kosovo, así como no renunciaremos a nuestro futuro europeo”.

Por su parte el primer ministro serbio Vojuslav Kostunica dejó que se filtrara cierta ironía en sus declaraciones al decir que “Estados Unidos debe encontrar otra forma de mostrar su afecto y su amor por los albaneses, sin ofrecer territorios serbios”. Una frase que recuerda la dicha la semana pasada por el líder cubano Fidel Castro, quien desde su ya larga convalescencia, afirmó que la actitud de Bush se debió a que “necesita cariño”. La postura del mandatario estadounidense motivó que se lo recibiera como un héroe en Tirana, capital albanesa (que, valga la paradoja, está gobernada por la oposición socialista), donde se le reservó un baño de multitud que incluyó un polémico episodio en el que llegó a decirse que le habría sido robado el reloj mientras era saludado por enfervorizados simparizantes

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de junio de 2007)

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10 mayo 2005

Los derechos humanos siguen siendo una utopía

Los derechos humanos siguieron siendo víctimas de la “guerra contra el terror”, afirma el informe 2005 de Amnistía Internacional (AI) presentado el pasado miércoles. El reporte revela una doble tendencia: por un lado los gobiernos aplican políticas de seguridad y control que llegan “redefinir la tortura para hacerla admisible” (maquillándola con un discurso de lucha por la libertad y la justicia), y por otra parte los llamados grupos terroristas utilizan un "grado inaudito de brutalidad".

En América, según el Informe 2005 de Amnistía Internacional (AI), "el respeto de los derechos humanos siguió siendo una utopía para muchas personas". Basan su afirmación en la persistencia de "la tortura, los homicidios ilegítimos a manos de la policía y las detenciones arbitrarias", agravados por la acción de bandas de narcotraficantes y delincuentes organizados. A la vez, "la 'guerra contra el terror' dirigida por Estados Unidos continuó socavando los derechos humanos en nombre de la seguridad, a pesar de la creciente indignación internacional producida por la evidencia de los crímenes de guerra –como por ejemplo torturas– perpetrados por Estados Unidos contra detenidos". El director de la Sección Española de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, dijo en declaraciones tomadas por EuropaPress que el gobierno de Estados Unidos intenta, mediante "un lenguaje casi administrativo", suavizar la prohibición absoluta de la tortura".

Sobre África el reporte de Amnesty indica que “los homicidios, los secuestros y las violaciones por parte de las fuerzas gubernamentales y los grupos armados de oposición siguieron teniendo un carácter generalizado en los conflictos armados de la República Democrática del Congo, Somalia, Sudán y Uganda”. Si bien se reconoce que se lograron avances en varios países gracias a la firma de diversos acuerdos de paz, los mismos “continuaron siendo muy frágiles en Burundi, Costa de Marfil y Somalia, donde persistieron los estallidos esporádicos de violencia en zonas localizadas”.

En Europa los principales problemas estuvieron vinculados con el racismo (se menciona que se registraron casos en casi todo el continente, desde Finlandia a Chipre), en especial contra los gitanos. Detrás de la antigua cortina de hierro, “al no haber investigaciones inmediatas, minuciosas e imparciales persistió la impunidad de los responsables de tortura y malos tratos, prácticas que, según los informes, fueron generalizadas en países como Albania, Georgia, Moldavia, Rumania, Rusia, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán (foto)”.

El capítulo dedicado a Asia y Oceanía no muestra un panorama mucho mejor que el del resto del mundo. Se puede leer que "Nepal se sumió en una crisis política y de seguridad cada vez más profunda", en tanto que en Sri Lanka continuaron las ejecuciones por razones políticas cometidas por los Tigres de Liberación de Eelam Tamil, y el uso de "escudos humanos" por parte de guerrilleros indonesios. En la India, sobre todo en Jammu y Cachemira y en varios estados del noreste del país, los abusos contra los derechos humanos por parte del ejército y de los grupos políticos armados, continuaron siendo habituales. "Se siguió reprimiendo la disidencia política en países como China, Corea del Norte, Laos, Myanmar y Vietnam", aunque como contracara, "Bután, Brunéi y Maldivas fueron algunos de los países en los que se realizaron intentos de democratización y perfeccionamiento de la protección de los derechos humanos".

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

==Primera parte de tres

* 2- Mujer
* 3- Migraciones

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15 agosto 2003

La mirada albanesa

Cuando Milosevic pone a los albaneses como blanco de su intento de vengar la vieja batalla de Kosovo, está manipulando los hechos en base a una verdad a medias. Es cierto que la mayoría de los albanokosovares son de religión musulmana, la cual les valió el favor de los turcos otomanos y los colocó en una posición privilegiada durante los quinientos años de dominio islámico sobre los Balcanes; no en vano veintiocho grandes visires fueron albaneses. Pero también es cierto que durante la batalla de 1389 los albaneses aún eran cristianos y combatieron bajo las órdenes del príncipe serbio. Esta ambigüedad fue recogida mejor por la literatura que por la historia. Suele ocurrir con las ambigüedades.

El escritor albanés Ismail Kadaré (foto) trata el tema en dos de sus libros: en la excelente novela de inspiración kafkiana, El Palacio de los sueños; y en la que tal vez sea una de las obras menores de su producción, Tres cantos fúnebres por Kosovo. Aunque esta última es la que está enteramente dedicada a esa batalla, fue escrita en el contexto de los enfrentamientos que siguieron a la desintegración de Yugoslavia en los años noventa, por lo que está demasiado influida por esos episodios y por el lamento acerca de la perennidad de los odios entre los pueblos balcánicos: “los serbios no cesaban de maldecir a los albaneses y los albaneses a los serbios”.

Por eso es más productivo buscar la lectura albanesa sobre Kosovo en El Palacio de los sueños, donde no es el tema central del libro y donde aparece apenas en el tercio final de la obra. Para empezar, Kadaré no lo llama Kosovo sino Kosova, que es como se dice en albanés, y para seguir no lo sitúa en Serbia del Sur, como está ubicado según la geografía moderna, sino en Albania del Norte, como correspondería al mapa idealizado de la Gran Albania por la que luchan los nacionalistas albaneses radicales. El Palacio de los sueños narra las peripecias de un joven integrante de una familia albanesa al servicio del sultán otomano, quien se enrola como funcionario en el Tabir Saray, una suerte de construcción kafkiana en la que se clasifican y se analizan los sueños de los súbditos del imperio. Los sueños con los que trabaja el Tabir Saray son la materia prima con la que se construyen los mitos balcánicos. “Nuestro Palacio de los Sueños, creado por deseo expreso y personal del Sultán soberano, tiene como misión clasificar y examinar no ya los sueños aislados de personas individuales, las cuales, por una u otra razón, constituían antes una esfera privilegiada y detentaban en la práctica el monopolio de las predicciones mediante la interpretación de los signos divinos, sino el Tabir Total, dicho de otro modo, el sueño de todos los súbditos sin excepción”.

En los archivos del Tabir Saray se guarda un cartapacio con los setecientos sueños soñados la noche antes de la batalla de Kosovo. Cuando el protagonista abre esa carpeta, “la llanura de Kosova, en Albania del Norte, donde él no había estado nunca, se desplegaba lentamente en su imaginación en forma de una visión onírica e inestable, tal como puede ser un decorado concebido por cientos de cerebros dormidos”. Esta es una de las mejores definiciones de lo que es la batalla de Kosovo para los nacionalismos balcánicos, algo tan irreal y a la vez concreto como un decorado producido por los sueños colectivos. “Y por si esto no fuera suficiente, aquellas visiones nebulosas y carentes de sentido iban acompañadas de su correspondiente interpretación, que las tornaba aún más etéreas”. Luego de relatar lo que ocurría antes y después de la batalla, Kadaré hace lo que debe hacer la literatura, pone el mito en duda: “¿cómo habría sido en realidad? ¿resultaría posible reconocer la verdad cuando sus raíces se hundían en el sueño?”.

==Sexta parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 7- La caída del reino de Serbia
* 8- La mirada turca
* 9- Fuentes

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06 diciembre 2002

El ciclo de hierro de la venganza de sangre

Con el disparador del estreno en Montevideo de una película brasileña basada en una novela de Ismail Kadaré, este artículo intenta reconstruir el mecanismo de las cíclicas vendettas que arrastran a familias enemigas por generaciones, y que están estrictamente reglamentadas y ritualizadas en el código de honor albanés.

Una camisa blanca ondeando al viento en una cuerda de ropa junto a una casa, con una mancha de sangre en el centro que comienza a ponerse amarilla. Con esta imagen se inicia la historia de la película Detrás del Sol, del director Walter Salles. Aunque la acción transcurre en el nordeste de Brasil, se trata de una historia inspirada en las tradiciones albanesas de la venganza de sangre, un componente esencial para entener la lógica de una parte de la violencia que viven las sociedades balcánicas.

A través de entrevistas con albaneses y con serbios, de la búsqueda de referencias escritas en textos históricos y literarios –en especial en la obra del escritor albanés Ismail Kadaré-, y de la consulta de fuentes más o menos independientes como las congregaciones franciscanas en Albania, este artículo se interna en el Kanun de Lek Dukagjin, en su mitología y en lo que todavía sobrevive de sus prescripciones. Una tradición que establece un círculo de hierro del que los individuos aislados raramente pueden escapar.

==Primera parte de nueve

* 2- Praga, 2000
* 3- Belgrado, 2001
* 4- Tirana, 1978
* 5- Cumbres malditas
* 6- Sertao, 1910
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 6 de diciembre de 2002)

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22 noviembre 2002

La palabra empeñada

Como en todo código de honor, el albanés da un valor especial a la palabra empeñada, la llamada besa. En Abril quebrado hay una referencia lateral al momento en que, según la tradición, las disposiciones del Kanun comenzaron a tomar forma: “Y ésta es una vieja historia que comenzó con Kostandin , el hermano muerto que se levantó de la tumba para proclamar otro derecho. Fue en ese momento, con aquella nueva ley, la besa, cuando se inició todo”.

Kadaré tiene una novela, El viaje nupcial, en la que se concentra en ese episodio. Para darle más verosimilitud al relato fantástico, lo narra como una historia policial, desde la perspectiva de un comisario de policía de una vieja Arbería inmmemorial. Una muchacha que estaba casada en las lejanas tierras de Bohemia ha regresado inexplicablemente a su casa en Albania, ella y su madre mueren poco después, aparentemente a causa de la conmoción del reencuentro. La única pista de que dispone el capitán Stres es el rumor de que la joven ha sido traída a casa por uno de sus hermanos, quien había muerto tiempo atrás. Comienza entonces una investigación en la que intenta encontrar una explicación racional al fenómeno, y su primer hipótesis es que la mujer huyó con un amante, inventando la historia sobrenatural para evitar la sanción de los suyos y lograr que éstos la defiendan cuando la familia de su marido venga a buscarla.

Poco a poco el capitán Stres va convenciendose de su equivocación. Lo que tiene delante de sí es el nacimiento de la base moral del Kanun. Konstandin había prometido a su madre que iría a buscar a su hermana para traerla a casa, y ni siquiera la muerte pudo evitar que cumpliera ese compromiso. El valor de la palabra empeñada en oposición al derecho positivo y como piedra fundacional de un derecho basado en la costumbre. Uno de sus ayudantes le dice al capitán Stres que Konstandin, el hermano que se levantó de la tumba para no quebrar una promesa, “estaba contra las leyes, las instituciones, los decretos, las prisiones, la policía y los tribunales. Decía: todo eso son leyes coercitivas que se descargan sobre los hombres desde el exterior, como el pedrisco, por eso deben desaparecer y ser sustituidas por otras, internas, de las que se dote el hombre mismo”.

Ese nuevo orden jurídico, esencialmente oral hasta ser recogido por el Kanun, daría origen a otras instituciones, “invisibles, inmanentes, sombrías y trágicas”, las que “se establecerían en el interior del hombre, no como un sentimiento de culpa o algo parecido, sino como algo bien delimitado, una idea, una convicción, una norma aceptada y conocida por todos, pero cumplida según la voluntad de cada cual. Algo interiorizado por cada hombre, pero no secreto, sino conocido de todos como si el pecho del hombre fuese transparente y sus penas, tragedias, determinaciones o vacilaciones, su grandeza o su miseria, pudieran ser contempladas por todo el mundo. Así deberían ser las claves sobre las que se asentara dicho régimen. Y la besa sería una de ellas, quizá la más importante”.

Referencias

-Dérens et Samary. Les conflits Yougoslaves. Les editions de l’atelier. Paris, 2000.
-Kadaré, Ismail. Abril Quebrado. Alianza. Madrid, 2001.
-Kadaré, Ismail. El expediente H. Anaya. Madrid, 1993.
-Kadaré, Ismail. El viaje nupcial. Ediciones B. Bilbao, 1990.

==Novena parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 3- Belgrado, 2001
* 4- Tirana, 1978
* 5- Cumbres malditas
* 6- Sertao, 1910
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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Iliria, 1300 AC

La insistencia en el carácter ancestral de las disposiciones básicas del Kanun albanés se entronca con otra de las obsesiones de la obra de Kadaré: certificar literariamente la propia antigüedad de los albaneses y su cultura, lo que en el contexto de la lucha ideológica entre los nacionalismos balcánicos se vuelve un arma política. Tal vez la novela en la que Kadaré refleja de manera más directa esta temática es El expediente H, donde sigue a dos estudiosos irlandeses que buscan las raíces de la épica homérica en las tradiciones orales de los rapsodas albaneses.

Pero, como ya es sabido, en los Balcanes la historia no está ajena a la política, en especial en lo que se refiere a la pulseada acerca de si los actuales albaneses son o no descendientes de los antiguos ilirios. Los académicos serbios, griegos y macedonios tienen muy clara la respuesta: no. Los estudiosos albaneses tienen una opinión exactamente opuesta. Fuentes independientes aceptan el origen ilirio pero con una salvedad: los albaneses descenderían de los ilirios de las tierras altas, no de los que habitaban en las tierras bajas y que fueron los que desarrollaron lo esencial de la civilización iliria de la que los albaneses de hoy se consideran herederos y en cuyo nombre colocan sus raíces más hondas, las raíces homéricas que parecen habitar parte de la obra de Kadaré. Raíces que darían verosimilitud simbólica a cierta reminiscencia helénica de la venganza de sangre albanesa.

Los ilirios fueron un pueblo que alrededor del 1300 antes de Cristo se asentó en toda la franja Occidental de los Balcanes, ocupando parte de las actuales Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Albania, Macedonia y Grecia. En los siglos IV y III AC, perdieron parte de su territorio a manos de los macedonios comandados por Filipo y luego por Alejandro Magno, pero fue en el 229 cuando comenzó su verdadero declive ante el avance de las legiones romanas. Quinientos años más tarde, en el 732 de nuestra era, la actual Albania estaba dividida y cristianizada: el norte sometido a la autoridad del Papa y el sur a la del Patriarca de Constantinopla, en lo que fue un grano de arena más en la muralla que comenzó a dividir a los albaneses al punto de separarlos en zonas dialectales diferentes. De aceptarse la tesis de que los albaneses de hoy descienden de los ilirios de ayer, entonces debería admitirse que renombrados emperadores romanos como Diocleciano, Aureliano, e incluso Constantino el Grande (foto), forman parte de su árbol genealógico.

Esto último sería una verdadera paradoja histórica, ya que fue el emperador Constantino el que situó al Cristianismo en el corazón del Imperio, lo que le valió el estatus de Santo para los cristianos ortodoxos que son, en la actualidad, los principales enemigos de los albaneses musulmanes. Para los serbios y los macedonios, ambos cristianos de raíz eslava, esta tesis del origen ilirio resulta inaceptable, esencialmente por razones políticas: si los albaneses son ilirios modernos, entonces los usurpadores serían los eslavos que, en definitiva, llegaron a los Balcanes como una más de las oleadas bárbaras que asoló la zona cuando los ilirios ya hacía dos mil años que estaban afincados en esa tierra.

==Septima parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 3- Belgrado, 2001
* 4- Tirana, 1978
* 5- Cumbres malditas
* 6- Sertao, 1910
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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Cumbres malditas

La novela de Kadaré, además de seguir la historia de Gjorg y dar abundante información sobre las distintas soluciones que los intérpretes del Kanun encuentran para situaciones imprevistas, grafica este destino trágico de los Berisha y los Kryeqyqe a través del punto de vista de una siniestra aristocracia montañesa, los “guardianes de la sangre” de la Casa de Orosh. Un príncipe y una burocracia que conforman uno de esos cuadros kafkianos a los que Kadaré es tan afecto (y de los que extrajo los mejores frutos en la que tal vez sea su mejor novela, El Palacio de los sueños), que tienen la tarea de controlar que nunca deje de fluir la sangre: “Sabía que el mecanismo de la muerte se encontraba allí, erigido en tiempos inmemoriales, como un molino antiquísimo que molía día y noche y cuyos secretos él, el intendente de la sangre, conocía mejor que nadie”.

Paralelamente al vagar de Gjorg por los caminos del Rrafsh (las “cumbres malditas” en las que está en vigor el Kanun) en dirección a la kulla de Orosh para pagar la tasa de sangre, una suerte de tributo que legaliza el crimen de honor, Kadaré sitúa otros personajes, un escritor de la capital que arrastra a su joven esposa camino a Orosh, para vivir una suerte de viaje de bodas dictado por una fascinación de salón que le despierta el modus vivendi de los montañeses. De las historias con las que el escritor intenta entusiasmar a su apática mujer –y con las que arriesga perderla para siempre una vez que el misterio del Rrafsh también la seduzca a ella- se vale Kadaré para vehiculizar el costado antropológico de su libro sin que pierda su vigor narrativo.

==Quinta parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 3- Belgrado, 2001
* 4- Tirana, 1978
* 6- Sertao, 1910
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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Tirana, 1978

En ese año y en esa ciudad, Ismail Kadaré (foto) pone el punto final a su novela Abril quebrado, construida en torno a la tradición de la venganza de sangre, y en la que se inspira la película de Salles. El libro cuenta la historia de Gjorg Berisha, un joven que debe matar a un miembro de un clan rival, los Kryeqyqe, para cobrarse una deuda de sangre surgida caprichosamente varias generaciones atrás, y que ya había costado la vida de decenas de hombres de ambas familias. Comienza el día del ajusticiamiento y culmina en el momento en que el propio Gjorg cae bajo las balas del Kryeqyqe encargado de vengar a quien Gjorg había matado un mes antes, continuando el ciclo trágico y recurrente de la vendetta.
Esos treinta días, ese abril quebrado en la vida de un joven que sabe que probablemente no llegue a ver el comienzo de mayo, sirven de excusa a Kadaré para referirse de manera sistemática al Kanun, el código de honor albanés que había estado presente en el trasfondo de varios de sus libros anteriores.

Muestra primero la vacilación del joven, la presión de su familia para que ejecute la venganza antes de que la sangre de la camisa de su pariente muerto se vuelva amarilla, y luego la decisión de Gjorg de asumir su rol de dorera, que es como el Kanun llama a aquél que tiene la misión de matar por una deuda de honor. Debe hacerlo siguiendo un ritual, sin usar otro medio que un arma de fuego, y luego de ultimar a su víctima debe acomodarla boca arriba y poner el fusil del muerto junto a su cuerpo. Consumada la venganza, se anuncia a viva voz por toda la aldea, y el matador debe ir a la comida de difuntos y al entierro del hombre que acaba de matar. Nadie puede tocarlo en ese momento. La familia del dorera pide una tregua a los dolientes, que en general es de un mes y que suele ser concedida. Comienza entonces una cuenta regresiva que llevará casi irremediablemente a la muerte del reciente matador, alimentando nuevamente la noria de la sangre.

==Cuarta parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 3- Belgrado, 2001
* 5- Cumbres malditas
* 6- Sertao, 1910
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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Belgrado, 2001

En Belgrado, en efecto, puede encontrarse información sobre la cuestión clánica albanesa. No es difícil distinguir la propaganda. En general se trata de historias teñidas de un tono truculento, que buscan mostrar la presencia serbia en Kosovo como un rol “civilizador”, que se sumaría a los derechos históricos de Serbia sobre esa provincia hoy habitada mayoritariamente por albaneses.
A pesar del sesgo nacionalista de algunas de esas opiniones que pueden escucharse en la capital de la flamante Serbia y Montenegro (el nuevo nombre de la tercera Yugoslavia) hay versiones académicas que en parte las confirman.

Tal es el caso de la postura de los investigadores franceses Jean Arnault Dérens y Catherine Samary, firmas habituales en las coberturas especiales de Le Monde Diplomatique sobre la cuestión balcánica. Aseguran que el clan no sólo sobrevive en la época actual, sino que es uno de los elementos centrales de la identidad albanesa de Kosovo y del norte de Albania, no así de la zona sur del país, donde las relaciones interpersonales son más flexibles. Los antropólogos, según estos autores franceses, han identificado reglas estables que rigen estas sociedades tradicionales. El individuo se inscribe primero en el fis, un grupo familiar extendido que a la vez se reagrupa en la pleme, o tribu. Son sociedades guerreras, patriarcales, rigurosamente exogámicas (siempre se debe tomar mujer en una tribu separada de la propia) “y funcionan en torno a los valores centrales del honor y la palabra dada”, la besa, que cuando se rompen motivan venganzas de sangre en ese “ciclo infernal de la vendetta”, que los albaneses llaman gjakmarrja. En el siglo XVI un sacerdote católico sistematizó por escrito estas tradiciones en lo que se conoce como el Kanun de Lek Dukagjin.

“Aún hoy el Kanun determina ampliamente la vida de los albaneses de las regiones rurales de Kosovo”, explican Dérens y Samary, al punto que a principios de los noventa el intelectual católico Anton Ceta impulsó una campaña generalizada de “perdones” de los problemas interclánicos para unir a los albanokosovares frente a la represión serbia. Esta postura de la iglesia católica se confirma en los escritos del padre Gian María Polidoro, Delegado General para la presencia franciscana en Albania, quien afirmó en el número de junio de 2000 de la revista de esa orden, que a partir de 1996 "los frailes menores se dedicaron a promover una obra particular: la reconciliación. En Albania rige un código secular que sanciona las venganzas de sangre y alimenta las venganzas personales indefinidas: el Kanun”. Citó el ejemplo del padre Dionisio, un fraile que ha superado los 80 años de edad, quien “en nombre de Cristo realiza la reconciliación de las familias, de aldeas enteras, no sólo entre los católicos sino también entre los cristianos (ortodoxos) y musulmanes".

==Tercera parte de nueve

* 1- El ciclo de hierro de la venganza de sangre
* 2- Praga, 2000
* 4- Tirana, 1978
* 5- Cumbres malditas
* 6- Sertao, 1910
* 7- Iliria, 1300 AC
* 8- Austro-Hungría, 1816
* 9- La palabra empeñada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2002)

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30 septiembre 2002

Guerrilla albanesa:
de héroes a villanos (I)

Ligada al tráfico de heroina y a la trata de blancas, armada por países que se consideran enemigos entre sí, supuestamente entrenada por cuerpos de elite alemanes, reforzada por combatientes afganos, la Ushtria Clirimtare e Kosoves, UCK, no es una guerrilla como cualquier otra.

Hasta mediados de 1999 los irregulares albaneses eran, a ojos de los poderes occidentales, combatientes por la libertad. Hoy, en palabras del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, son la principal amenaza para la estabilidad en los Balcanes. El Ejército para la Liberación de Kosovo, que eso significa UCK, pasó de víctima a victimario según los informes de los organismos de derechos humanos. Cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) bombardeó Yugoslavia y obligó al Ejército Federal a abandonar Kosovo, la UCK ocupó el momentáneo vacío de poder e inició una limpieza étnica contra los serbios que habían quedado en la provincia. Sus víctimas fueron, en su mayoría, mujeres, niños y ancianos, ya que los que responsables de la limpieza étnica contra los albanokosovares que la UCK teóricamente estaba vengando, habían partido junto con los tanques yugoslavos y estaban a buen recaudo del otro lado de la frontera.

Pero el sector radical de la UCK no se conformó con eso. Su objetivo no confesado era la Gran Albania, el territorio que uniría a todos los albaneses balcánicos, por lo que en marzo de 2001 atacó Macedonia, una ex república yugoslava de dos millones de habitantes y poco más grande que Tacuarembó, que tiene un 23 por ciento de albaneses conviviendo con una mayoría eslava que está emparentada a los serbios desde el punto de vista étnico y religioso. Una jugada que mostró la desorientación de la UCK: creyeron que la victoria de Kosovo, esencialmente política, había sido una victoria militar. La campaña militar sobre Macedonia les quitó el apoyo político de Occidente, que era lo único que tenían para sostener sus pretenciones de crear una República de Kosovo, primer paso hacia la Gran Albania. Atacando Macedonia, la UCK perdió Kosovo.

Sin embargo, los partidos políticos que representan a los albaneses de Macedonia demostraron tener la sabiduría que le faltó a la guerrilla. Llamaron a sus bases a no sumarse al alzamiento, lo que tuvo el doble efecto de evitar una guerra civil y de crear un espacio de legitimidad para negociar los derechos para la minoría albanesa, incluido el estatus oficial del idioma albanés y una mayor equidad en la composición étnica de las fuerzas de seguridad.

==Primera parte de dos

* 2- Parte II

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2002)

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13 enero 2002

Los Balcanes según Rebecca West (VI)

Dos símbolos para un título

Al momento de su publicación, en 1941, Cordero negro, halcón gris* fue comparado por The New Yorker con Los siete pilares de la sabiduría,de T.E. Lawrence. El título Cordero negro, halcón gris está formado por la yuxtaposición de dos símbolos. El del halcón gris procede de la poesía épica medieval serbia, y es la clave de una de los principales textos que integran la llamada Saga de Kosovo, tema sobre el que Brecha publicó un extenso artículo en su número del 6 de julio de 2001.

En ese poema, titulado “La caída del Reino de Serbia”, el profeta Elías disfrazado de halcón gris, se planta ante el soberano con una carta de la mismísima Virgen María. La víspera antes de la batalla decisiva contra los turcos, la carta le da a elegir entre un reino terrenal, en cuyo caso obtendrá la victoria, o un reino celestial, en cuyo caso obtendrá la salvación espitirual de su pueblo. De elegir el cielo, igual deberá pelear la batalla, sabiendo de antemano que morirá en ella. Esa leyenda hace de la derrota de Kosovo una victoria espiritual, y transforma ese lugar en tierra sagrada para los serbios.

La autora encadena este sacrificio voluntario con otro que, según ella, sólo en apariencia es menos consciente. El sacrificio del cordero. Así lo narra en las páginas 1038 y 1039 de su libro: “Se les había unido un viejo albanés tocado con el casquete blanco que equivale al fez de los musulmanes. Le habían invitado a compartir nuestra comida y ahora estaba sentado en el suelo, de espaldas a mí. Al acercarme, se volvió para saludarme con la risueña gentileza de los albaneses, y vi que tenía en brazos un cordero negro como el que yo había visto sacrificar en el Campo de la Oveja: y el significado de Kosovo me pareció meridiano.

“El cordero negro y el halcón gris habían trabajado aquí en comandita. En este crimen, como en casi todos los crímenes históricos y en la mayoría de los crímenes personales, habían sido cómplices. Tuve que venir a Yugoslavia, un país que vuelve fácil lo difícil, que aporta símbolos a lo no formulado aún intelectualmente, para aprenderlo. Había tenido ocasión de presenciar el sacrificio en su versión más repugnante y falsa, y en su sorprendente autoridad sobre la imaginación. En el Campo de la Oveja había aprendido cuán repugnante podía ser la creencia de que el derramar sangre animal redunde en un crecimiento personal, que haciéndole un regalo a la muerte recibimos un regalo de la vida. Había comprendido que esta creencia formaba parte de mí, porque era consustancial a la mente primitiva en tanto en cuanto daba una respuesta fácil a diversas dudas, y la mente primitiva es justamente la base sobre la que se apoya la mente moderna.

“Viendo ahora al cordero en su intento de sacar su pequeño y blando hocico negro de entre el endeble cobijo de los brazos atrofiados del anciano, no pude apartar de mí por más tiempo lo que era tan evidente. Ninguno de nosotros, occidentales o no, podía resistir la tentación de aceptar este sacrificio como un símbolo válido. En el fondo de nuestros corazones estábamos convencidos de que la vida era esto y nada más, que un hombre le rebane el pescuezo a un cordero encima de una roca para complacer a Dios y ganar la felicidad; y cuando la inteligencia nos decía que ese hombre estaba haciendo algo repugnante y carente de todo sentido, nuestra reacción no era desechar la idea como una pesadilla sino decir: ‘si está mal ser el sacerdote que sacrifica al cordero, seré cordero y me dejaré sacrificar por el sacerdote’. De ahí establecimos el principio de que la condenación era honorable para cosas inocentes, y concedimos que si hablábamos de bondad y recomendábamos la paz, lo siguiente era que nos rebanasen el pescuezo con un cuchillo”.

==Sexta parte de seis

* 1- Los Balcanes según Rebecca West (I)
* 2- Los Balcanes según Rebecca West (II)
* 3- Los Balcanes según Rebecca West (III)
* 4- Los Balcanes según Rebecca West (IV)
* 5- Los Balcanes según Rebecca West (V)

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

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20 septiembre 2001

Cría cuervos

Pocas cosas implican mayor margen de error para una potencia hegemónica que escoger los aliados correctos en cada rincón del mundo en el que siente que sus intereses están en juego. Un aspecto en el que Estados Unidos ha venido demostrando menor puntería que su antecesora, Gran Bretaña.

Basta citar el ejemplo de la última alianza realizada por los británicos, durante la Segunda Guerra Mundial. En esa oportunidad el primer ministro Winston Churchill (foto) optó por apoyar, en el escenario balcánico, a los partisanos comunistas de Josip Broz “Tito”, en lugar de sostener a los serbios monárquicos, que también combatían a los nazis con la táctica de la guerra de guerrillas. Lo hizo en parte por la mayor efectividad de los partisanos, y en parte debido a que los monárquicos aprovechaban la ocasión para practicar una limpieza étnica encubierta contra los propios yugoslavos.

Medio siglo después, Estados Unidos se equivocaría varias veces en ese mismo lugar del mundo. Su último traspié fue contribuir a fortalecer un movimiento guerrillero co-financiado por el tráfico de heroina y la trata de blancas, la guerrilla albanesa kosovar, la UCK. Considerados “combatientes por la libertad” hasta 1999, la UCK, apenas tuvo su oportunidad gracias al momentáneo vacío de poder que creó la campaña aérea de la Alianza Atlántica (OTAN), aplicó contra la población civil serbia la misma metodología de limpieza étnica que el ejército yugoslavo había aplicado sobre la población albanesa.

Una historia lejanamente similar a la que una década antes había ocurrido en Nicaragua, cuando el gobierno republicano de Ronald Reagan (foto) creó la contra dirigida por los mismos oficiales de la Guardia somocista que su antecesor demócrata, Jimmy Carter, había ayudado a derrocar quitándole su apoyo militar por las atrocidades cometidas contra la población civil y por el asesinato de un periodista estadounidense. Una contra que todavía hoy, con sus grupos remanentes que han perdido todo contenido político, sigue delinquiendo en las zonas más inaccesibles del país, jaqueando a los productores rurales con las armas que Estados Unidos entregó para defender a esos mismos productores del ‘azote’ de la reforma agraria.

En el contexto de Medio Oriente, las historias de antiguos aliados vueltos enemigos tienen su figura más emblemática en el irakí Saddam Hussein. Luego que la revolución islámica iraní derrocara al principal protegido de Estados Unidos en la región, el sha Reza Palhavi, Irak invadió Irán seguro de contar con el sostén de Occidente. Hussein logró el apoyo de Estados Unidos, de Francia, y de la Unión Soviética (preocupada por la acción del Islam en sus repúblicas de Asia Central). El resto es historia: ocho años de guerra, uso de armas químicas por parte de Irak, un millón de muertos. Con el tiempo Saddam se convirtió en símbolo antinorteamericano, desencadenando la invasión a Kuwait primero (2 de agosto de 1990), la Guerra del Golfo después (enero-abril de 1991), y las draconianas sanciones militares y económicas que su población todavía sufre.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Las paradojas de una vieja alianza
* 2- Musulmanes radicales y moderados
* 3- Los talibán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2001)

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31 agosto 2001

La pasión compartida (I)

"Para una buena traducción literaria resulta esencial compartir la pasión creativa, habitar, aunque sólo sea por momentos y vagamente, los territorios de la imaginación que el autor original frecuenta", asegura Ramón Sánchez Lizarralde, traductor al español de la obra de Ismail Kadaré (foto), autor albanés varias veces candidato al Nobel.

La imagen de los albaneses que han estado brindando los últimos acontecimientos, es la de un pueblo sumido en el caos y la pobreza, golpeado dentro de fronteras por la caída de las pirámides financieras que evaporaron los ahorros de las capas medias, y golpeado fuera de Albania por los conflictos étnicos de Kosovo y de Macedonia. Las actividades de las mafias y la vinculación entre la guerrilla albanokosovar y el dinero proveniente del tráfico de heroina, colaboraron a levantar un velo de sordidez alrededor de lo albanés, un velo que en algunos países europeos disfraza, sólo a medias, el rechazo xenófobo. Películas exhibidas en Montevideo como L'América -del italiano Gianni Ameglio- o La eternidad y un día -del griego Theo Angelopoulous- reafirmaron parte de esa percepción. Pero esa es sólo una porción de la realidad. Albania, cuyos habitantes se consideran herederos de los antiguos ilirios, ha dado a Europa una de las voces más importantes del panorama literario actual: Ismail Kadaré, varias veces candidato al Premio Nobel.

"Perdurable" es el calificativo que elige para definirlo Ramón Sánchez Lizarralde, traductor al español de diecinueve de sus novelas, que obtuvo en España el prestigioso Pemio Nacional de Traducción. Esta entrevista con Sánchez Lizarralde no se detiene solamente en sus valoraciones sobre el autor de libros como El General del Ejército Muerto o El Palacio de los sueños, sino que también profundiza en la relación entre el traductor y el escritor, en las dificultades particulares que presenta la traducción de poesía, y traza un brevísimo panorama de la literatura albanesa actual.

¿Cómo se produjo su primer contacto con la obra de Kadaré y con la cultura albanesa?
-Mi llegada hasta Kadaré fue consecuencia de mi aprendizaje de la lengua albanesa y mi toma de contacto con la cultura de ese pueblo. Trabajé y viví en Albania durante cuatro años y medio, y tuve oportunidad de profundizar medianamente en el conocimiento de ambas. De manera natural, a medida que el proceso de reconocimiento iba teniendo lugar, me tropecé inevitablemente con la obra del más grande escritor albanés, Kadaré, que si me sirvió inicialmente como medio de asimilación de lo elemental, su lectura se fue transformando luego en algo de orden superior, o más sutil, hasta empujarme al empeño de traducirla. Personalmente, tuve oportunidad de conocer a Kadaré en los primeros años ochenta, aunque en aquel tiempo nuestra relación fue forzosamente superficial, y un tanto desconfiada. Pero fue con posterioridad, de regreso en España, donde concebí seriamente el proyecto de traducir las novelas de Kadaré al castellano (y de otros autores albaneses), y en consecuencia me sumergí, hasta conocerla suficientemente, en la extensa y brillante obra de nuestro autor.

-En el año 1998 usted dictó, en la Universidad Complutense de Madrid, una conferencia conjunta con Ismail Kadaré sobre los problemas de comunicación e interpretación entre un autor vivo y su traductor. ¿Cómo resumiría esos problemas en términos generales, y cómo se manifiestan en particular en su vínculo con Kadaré?
-Como dije entonces, a mi juicio esos problemas son diferentes en cada caso, dependiendo de múltiples factores de carácter personal, social, cultural, etcétera. El reto para el traductor consiste siempre en indagar con el máximo posible de profundidad y sutileza en las interioridades de su autor, en desentrañar sus herencias, sus procedimientos, sus pasiones literarias y lingüísticas, sus fobias y sus filias, sus puntos fuertes y sus flaquezas (todo ello por lo que respecta a la adecuada interpretación del texto). El medio supremo es, naturalmente, la lectura de la obra y su análisis, y nada puede sustituir nunca a este recurso. Ahora bien, cuando se trata, como es el caso, de un autor vivo, existe la posibilidad de acudir directamente a él, de lograr proximidad, confianza, un contacto que nos ayude y resuelva nuestras dudas e inseguridades. Eso funciona, a veces; otras, se convierte en una rémora. Todo depende de cómo sea el autor en cuestión, cuánto le importe el fenómeno de la traducción, qué ganas tenga de emplear su tiempo en tales relaciones, en qué medida sea sociable y dado a la comunicación, o discreto, o huraño. Y en parecida medida de cómo sea el traductor mismo. Finalmente, hay autores que en la lectura de sus propias obras, en determinados aspectos, particularmente lingüísticos, son menos lúcidos que sus lectores más atentos, es decir, sus traductores. Y otros que, por conocer mejor o peor la lengua a la que se les traduce, se creen en condiciones de establecer qué está bien y qué mal en la traducción, casi siempre con menguados resultados, si no catastróficos. En mi caso concreto, he procurado evitar, incluso teniendo una excelente relación de amistad con Ismaíl Kadaré desde hace años, recurrir a él para consultas directamente relacionadas con el texto. Prefiero que nuestras conversaciones literarias tengan que ver con los impulsos y las motivaciones que le llevan a la creación de sus mundos y sus personajes... Ello es así porque de ese modo averiguo las cosas que más me intrigan e interesan, y suelen ser de mayor fuste, pero también porque, en mi opinión, para alcanzar a hacer una buena traducción de literatura (es decir, de literatura relevante), resulta esencial compartir o al menos comprender la pasión literaria, creativa, habitar, aunque sólo sea por momentos y vagamente, los territorios de la imaginación que el autor original frecuenta; experimentar los vértigos que el proceso de creación literaria lleva necesariamente aparejados. Desde luego, esa peculiar relación ha venido dictada también por el carácter y el talante de ambos.

¿Qué dificultades y desafíos desde el punto de vista de la traducción presenta la obra de Kadaré en particular?
-Las dificultades o desafíos son de diverso orden. En primer lugar, se trataba y aún se trata de poner las primeras piedras del intercambio entre el albanés y el castellano (en la dirección indicada, pues en sentido contrario existía ya una mediana tradición de traslado de textos). Eso, teniendo en cuenta las diferencias culturales entre ambos mundos: religiosas, de costumbres, en cuanto al desarrollo social, por lo que se refiere a los influjos culturales respectivamente recibidos, etcétera. Por otra parte, no existía ni existe aún hoy ningún diccionario bilingüe que pueda ser considerado fiable de nuestras dos lenguas, y habrán de ser las traducciones hechas con rigor y seriedad las que sienten las bases para los que se hagan en el futuro. Si a ello se añaden algunas deficiencias de los propios diccionarios monolingües albaneses, se comprenderá cómo hube, poco a poco, de ir elaborando glosarios con cientos de palabras que no aparecían en ellos, catalogando soluciones léxicas, fraseológicas, etc. En otro sentido, el albanés es una lengua con relativa libertad interna para la creación de nuevos vocablos por diversos ocedimientos, cosa que no ocurre con el español. Sin embargo, nuestro autor es aficionado a esta clase de juegos de lenguaje en ciertas situaciones, con lo que coloca al traductor de sus textos ante serias dificultades. Téngase en cuenta, además, que la autoridad lingüística de un autor como Kadaré entre los hablantes de su lengua siempre será enormemente superior a la de quien, en su sociedad y su lengua respectivas, no es más que un traductor que -realice bien o mal estos "ejercicios creativos"- puede ser, con razón, calificado de aventurero por ellos. Finalmente, en lo que se refiere a la obra y los recursos lingüísticos utilizados por Kadaré, que es uno de los creadores, en literatura, del lenguaje ciudadano moderno, si bien me evitaba en buena medida problemas de terminología campesina, endiabladamente resistente al traslado, me planteaba otros que requerían soluciones arriesgadas.
Como es sabido, Kadaré asume y reutiliza la tradición homérica, esquiliana, la épica medieval. Ello me ha conducido a mi vez a la indagación en las traducciones españolas de los clásicos griegos y otros, y en la épica castellana (además de muchos otros autores de diferentes épocas, que me dieran la clave para poner pertinentemente en español lo que Kadaré expresa en su idioma pero que remite a herencias literarias de medio mundo). Por otra parte, por poner otro ejemplo significativo, el albanés posee gran número de términos de origen turco -muchas veces junto a otros relativamente equivalentes de procedencia latina, griega antigua o estrictamente albanesa-, y muchos de estos términos de origen turco fueron a su vez tomados del árabe. Todo ello lo usa Kadaré, y de forma nada inocente sino bien aguda, para adjudicar cargas sutiles a su propio lenguaje narrativo o al de los personajes que crea... La traducción de tales cargas culturales en esos casos es particularmente compleja, aunque el español -al contrario que la mayoría delas lenguas de Europa occidental- disponga también de un rico substrato producto del influjo árabe, que he debido explotar, si bien con tiento (la procedencia temporal y el grado de integración en la lengua literaria son diversos del caso del albanés) para intentar transmitir en nuestra lengua los matices que aparecen en la albanesa.

==Primera parte de cuatro

* 2- La pasión compartida (II)
* 3- Los albaneses en pocas palabras
* 4- Breve aproximación a Kadaré

Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2001)

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