04 marzo 2012

Mi vecino es una potencia

La necesidad de tener una mirada estratégica y comprender el mundo, no sólo el actual sino los escenarios de las próximas décadas. Lo inexorable del desarrollo de Brasil y la situación inédita de "ser vecinos, y por tierra, de uno de los centros mundiales". La posibilidad de una confederación sudamericana. La incidencia de la política doméstica argentina en su política exterior. Todos estos asuntos fueron parte de un diálogo con el politólogo Carlos Luján, especialista en temas internacionales.

—El mundo ha cambiado bastante en los últimos 20 años, desde aquel de la inmediata pos Guerra Fría con un solo centro en Estados Unidos, a esta realidad de múltiples centros.
—Sí, hoy vamos hacia una situación de multilateralismo atenuado. Digo atenuado porque no estamos en un mundo de veinte centros sino de cuatro, o a lo sumo cinco. En ese sentido el G 20 es un espejismo, por más que obviamente algunos de sus integrantes, como Argentina, lo viven como estar en la elite mundial. Con menos del 5 por ciento de la población mundial, 300 millones de personas, es muy difícil ser una potencia.

—¿Cuáles son los centros, entonces?
—Estados Unidos, China, India, luego Alemania con Europa...

—No Europa en tanto Unión Europea sino Alemania más el resto de Europa...
—... o una alianza francoalemana más el resto de Europa. Porque ¿qué son los polos o centros? ¿Son estados-naciones o son estados-naciones y sus regiones? Lo mismo pasa con el candidato a ocupar el quinto centro, que es Brasil. A mi modo de ver, para ocuparlo Brasil necesita a Sudamérica.

—¿Por eso el impulso que Brasilia le ha dado a la Unasur?
—Ahí hay una clave que podría sumar a 450 millones de personas, aunque me parece que no está totalmente definido en Brasil si el camino es Sudamérica o si el camino es Brasil en el mundo. Creo que las últimas elecciones mostraron diferencias importantes al respecto entre José Serra y Dilma Rousseff, que son explicadas razonablemente por el clivaje ideológico entre derecha e izquierda. Si bien ganó Dilma, que tiene una continuidad con la política más sudamericanista de Lula, es claro que también hay otra postura. Las diferencias serían entre si Brasil debe consolidarse y liderar Sudamérica, con lo que tendría un espacio que le permitiría ser un actor global, y las otras posturas que dicen que las relaciones deben ser mucho más fuertes con China o India y que el actor global es Brasil con sus 200 millones de habitantes y sus tasas de crecimiento altas, pero solo, aunque luego tenga acuerdos e incluso uniones aduaneras con el resto de Sudamérica.

—¿Cómo juega en eso Itamaraty? Porque vista desde Uruguay, la brasileña parece ser una diplomacia que tiene una política de Estado bastante consistente en relaciones internacionales.
—A mí me parece que la diplomacia brasileña todavía está procesando ese debate. Las políticas de Estado no se determinan en un momento y para siempre. Son construcciones colectivas que lleva muchos años procesar, y más en un país donde se tiene un cuerpo diplomático tan profesionalizado, hasta que en determinado momento se define "vamos para allá". Hoy me parece que no es obvio el rumbo. La prueba del nueve será lo que pase cuando haya alternancia de partidos en el gobierno, que la va a haber, ya sea en cinco años, en diez o en quince. ¿Esta línea se revierte o se mantiene? Esto tiene toda una gama de situaciones intermedias.

—¿Por ejemplo?
—De repente no es Brasil con Sudamérica o Brasil solo, sino Brasil con un Mercosur más Atlántico, ya con una Venezuela incorporada. En Brasil tampoco está claro qué sería lo mejor. Porque se puede decir "va a pasar esto pero lo mejor sería esto otro". No, ni siquiera eso está claro. Porque un liderazgo brasileño en Sudamérica tiene costos. Los demás países le dirán "muy bien, ¿ustedes quieren liderar?, ¿qué va a pasar con las asimetrías?, ¿cómo van a apoyar a los demás y qué es lo que piden a cambio?". Todo eso va a requerir unas dos décadas más de definiciones. Lo que me parece es que en un esquema u otro Uruguay está en una posición muy cercana a Brasil. En una construcción sudamericana estamos adentro. En el Mercosur ampliado estamos adentro. En algo que sea el Mercosur original también. E incluso uno puede decirse: ¿y si se llegara a dar que Brasil se corta solo? En esto me atrevo a hacer una hipótesis quizás un poco audaz: Uruguay es de los países que más condiciones tiene para ser de los que acompañen. Supongamos que mañana no se logra avanzar en un acuerdo Unión Europea-Mercosur y Brasil decide firmarlo solo, no es descabellado pensar que Uruguay se sumara, a diferencia de Argentina, que uno podría imaginar que estaría más distanciada. Obviamente hay que ver cuáles son las condiciones y si es beneficioso para el país. Hay un destino que va muy cerca de Brasil. Eso es una cosa que los uruguayos debemos empezar a pensar. Vamos a ser vecinos, y por tierra, de uno de los centros mundiales. Esa es una situación que nunca hemos vivido como país. Esto tiene sus cosas buenas y sus cosas de otro tipo, si no pregúntenle a México, o a Vietnam por su frontera con China. No es menor esto. Distinto es que se diga "vamos hacia un mundo bipolar entre China y Estados Unidos, con el resto de jugadores secundarios, es decir con un Brasil en la segunda división". Pero para lo que tenemos que prepararnos es para decirnos: ¿y si estamos realmente al lado de una potencia mundial, de uno de los cinco pesados aunque sea el menos pesado de esos cinco? Hay que estar preparados y preguntarse cómo se funciona en esa realidad. (...)

RUSIA Y JAPÓN

—¿Qué sucede con el resto de los países fuertes que no están en ese grupo de cinco que mencionó anteriormente?
—Si miro lo que me queda afuera de estos cinco está, por ejemplo, Rusia. Tiene armas nucleares pero tiene una economía que no está creciendo a los niveles de India o China, una población decreciente y una serie de problemas de vacíos territoriales sin una zona de influencia eslava importante. Eso no quiere decir que no tenga su importancia en el concierto internacional o que no pueda ser una potencia regional.

—También está Japón.
—Japón, tercera economía del mundo, hasta hace algo más de un año la segunda, pero con el problema de que no tiene una región de influencia, una tasa de crecimiento de población muy baja, problemas económicos. Esto le hace difícil dar el salto para ser uno de los polos o centros mundiales. Más bien me parece que la gran pregunta es hacia qué lado de la balanza va a caer, si en la zona de influencia China o en la de Estados Unidos. Esto último me parece lo más plausible. Si el centro del mundo es Eurasia, es como si Estados Unidos tuviera dos grandes "portaaviones": uno es Japón y el otro Gran Bretaña.

—El hecho de que China y Japón hayan comenzado a usar sus respectivas monedas para comerciar entre sí, ¿no implica un inicio de acercamiento? Es cierto que la historia entre ellos ha sido muy difícil.
—Cabría preguntarse si esa historia es más difícil que la que tiene con Estados Unidos, que el 6 y el 9 de agosto de 1945 le lanzó dos bombas nucleares, una en Hiroshima y otra en Nagasaki. Yo creo que la respuesta es que sí: es peor la enemistad entre China y Japón, a raíz de lo que ocurrió con la expansión imperialista japonesa...

—... con la masacre de Nanking, por ejemplo...
—... por ejemplo. Eso no implica que no puedan intensificar su comercio, pero no los veo en un programa de cooperación militar.

—Siguiendo con "lo que queda afuera" de esos cinco centros que mencionó, ¿qué pasa con el mundo musulmán?
—Ahí el punto es cuáles son los candidatos a posibles centros. Uno de ellos es Irán, pero le falta población –70 millones de habitantes me parece que no son suficientes–, y le falta su región de influencia ya que es un país chiita, que es la minoría del mundo musulmán, apenas el 10 por ciento, rodeado de países sunitas. Por otra parte está Indonesia, el país del mundo con mayor cantidad de musulmanes, tiene 200 millones de habitantes pero no son árabes, por lo que le falta nuevamente una zona de incidencia. Arabia Saudita podría ser el otro candidato, pero además de tener una teocracia muy dura posee una relación especial con Estados Unidos que le dificulta las cosas.

—También es compleja la relación de Pakistán con Estados Unidos. Aunque tiene armas nucleares también aparece aislado geográficamente.
—Y con un vecino, como la India, muy poderoso. Si bien la gente dice "hay mil quinientos millones de musulmanes", no aparece una potencia que pueda constituirse en centro. Si se deja de lado el mundo musulmán y se mira hacia África, hay dos potencias regionales, Sudáfrica y Nigeria, pero no me parece que alguna de las dos calce los puntos para liderar al África sub­sahariana. Incluso tomando en cuenta el crecimiento exponencial de la población de Nigeria –que se dice que en 50 años puede llegar a los 700 millones de habitantes–, tiene condiciones de miseria y corrupción que la complican. Esto no quiere decir que si uno piensa en la media docena de potencias regionales no aparezcan estos dos países, y después sean muy relevantes a la hora de las alianzas; uno puede pensar que sería muy importante una alianza de Brasil con Sudáfrica en el eje del Atlántico sur.

LOS BRIC

—Volviendo a los cinco países que sí se vienen conformando como centros o polos, hay tres –China, India y Brasil– que integran el grupo llamado bric. Parecería entonces que este entendimiento es cada vez más importante.
—No todos los bric son iguales. No son un conjunto de centros que se unen. Es un error pensar que los bric pasan a brics cuando se les agrega Sudáfrica y luego bricsi al añadir a Indonesia..., me parece que es un error pensar que eso lo vuelve algo que pasa a ser cada vez más importante. Habría que pensar los equilibrios de poder y las alianzas. Cuanto más fuertes sean los cinco polos más van a pensar en sus políticas de alianzas con independencia de si los une el hecho de ser potencias emergentes, que es lo que une a los bric. En un estadio de desarrollo específico, como puede ser el de la década del 10, podemos asistir a acercamientos de estos tres polos y sus regiones que dicen "bueno, estamos emergiendo, entonces vamos juntos". ¿Pero por qué pensar que van a transitar el mismo camino de la mano en la etapa siguiente? ¿Qué une a la cultura de Brasil con la de China? Para empezar tienen diferencias notorias en términos de sistema político. Un integrante de las elites de Brasil, ¿con quién se siente más cercano en la forma de ver el mundo? ¿Con las elites chinas o con las elites europeas? China es un modelo de mucha libertad (hace una pausa)... de mercado, y nula libertad política. ¿Ese es un modelo que vamos a compartir? Una cosa es que se tengan relaciones comerciales muy intensas y se pelee por lugares en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y otra es decir "acá se comparten valores y visiones de fondo". No necesariamente uno se tiene que alinear con alguno de los polos emergentes para tener más autonomía de los polos que existen desde siempre.

(Entrevista de Roberto López Belloso publicada en Brecha el 3-II-2012. Para leerla completa haga click aquí. La foto es de Oscar Bonilla)

Etiquetas: , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

26 agosto 2007

El año que estaremos en peligro

CUANDO EL PODER de los actuales sectores dominantes del ejército pakistaní se erosione definitivamente, ese país de Asia verá la llegada al gobierno de un líder islamista. Esa –y no el programa nuclear iraní– es la encrucijada que aparece como más crítica en el horizonte del equilibrio internacional.
Una vez que eso ocurra, el escenario más optimista consiste en que el resto del mundo musulmán, especialmente a través de Turquía y Egipto, logre mantener al Pakistán islamista como un actor más de la política mundial. Ese Pakistán integrado al sistema global tendrá posturas urticantes al estilo del Irán de hoy, pero no pasará de las palabras a la acción, ni contra la vecina India ni contra Israel. Un escenario algo más sombrío muestra a Estados Unidos actuando contra ese régimen islamista y desmantelando rápidamente su capacidad de respuesta nuclear, pero enfrascándose en una guerra todavía más larga y sangrienta que la de Irak. En el extremo más pesimista está la posibilidad de que una agresión estadounidense desate una respuesta nuclear pakistaní.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 24 de agosto de 2007)

Etiquetas:


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

13 octubre 2006

Difícil vecindad

La opinión pública india está más preocupada por la reciente epidemia de dengue (que afectó incluso a los nietos del primer ministro) que por las revelaciones acerca de la complicidad paquistaní en los atentados ocurridos el 11 de julio en el sistema ferroviario de Mumbai. Nadie se asombra de que una investigación confirme lo que años de realidad y propaganda acostumbraron a imaginar. Y probablemente tampoco haya demasiada sorpresa en las revelaciones que se conocieron el miércoles pasado, cuando el abogado de los supuestos autores materiales dijo que las confesiones habían sido arrancadas bajo presión.

Del otro lado de la frontera, a juzgar por el espacio dedicado por los periódicos a los que puede accederse vía internet, los editores paquistaníes tampoco pierden el sueño por la acusación de sus vecinos. Están bastante ocupados en informar sobre el flamante libro de memorias de su presidente de facto, Pervez Musharraf, o en seguir las polémicas que ha generado, no sólo por su contenido sino también por los excesivos gastos que ha debido pagar el Estado para patrocinar una gira mundial de promoción en la que el autor se hizo acompañar por una comitiva de setenta personas. Sin embargo, más allá de lo que muestran los titulares de la prensa local, y contrariamente a lo que podría parecer a primera vista, la difusión del apoyo que los servicios secretos de Pakistán habrían dado a los autores de los ataques que mataron a 186 personas abre, paradójicamente, una oportunidad de mejora de las relaciones entre ambos países.

Uno de los caminos para prevenir conflictos, o para empezar a cicatrizar heridas, es el establecimiento de medidas de “confianza recíproca”. Medidas progresivas por las cuales se generan mecanismos de cooperación entre los aparatos armados de países que estuvieron enfrentados o cuya paz es frágil. Recientemente, como resultado de los esfuerzos de acercamiento entre India y Pakistán (por ejemplo durante la Cumbre de Países no Alineados realizada en La Habana), se estableció un esquema de cooperación de sus servicios de seguridad. Un mecanismo destinado a ir desmantelando el reflejo condicionado de las acusaciones mutuas, retórica que encuentra su criterio de verosimilitud en la historia de desestabilizaciones recíprocas con epicentro en la disputada región de Cachemira. Por eso, como primer paso de un deshielo progresivo, ahora se busca cambiar esa desconfianza por cooperación.

Cuando el jefe de policía de Mumbai dijo la semana pasada que su investigación permitió descubrir que los atentados de julio fueron planeados por el ISI ((Inter-Services Intelligence, agencia de inteligencia paquistaní) y realizados por el Lashkar-e-Toiba, un grupo islamista radical basado en Pakistán, se pensó que la reacción de los gobiernos sería una nueva escalada de declaraciones altisonantes. Pese a eso, y luego del esperable desmentido oficial paquistaní, el premier indio, Manmohan Singh, se comprometió a compartir con sus vecinos las pruebas que obtuvo la policía de Mumbai. “Los probaremos, a ver qué tan sinceramente están dispuestos a llevar adelante el compromiso que el president Musharraf y yo hemos firmado en nuestra declaración conjunta”, dijo, en referencia al acuerdo alcanzado en Cuba.

Es un paso. Aunque las pruebas de lo ocurrido a mediados de año sean tan débiles como se sospecha, las heridas abiertas son muchas. Como ejemplo de todo lo que deberá dejarse atrás baste decir que este jueves, sin ir más lejos, una corte india procesó a dos nuevos acusados en el caso de otra serie de atentados en cadena, los ocurridos en 1993 con un costo de 257 vidas, también en Mumbai. De los documentos del veredicto, disponibles en la edición on line del The Times of India, se desprende que los autores y sus cómplices recibieron entrenamiento en Pakistán.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de octubre de 2006)

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

08 septiembre 2006

Todos los caminos conducen a Islamabad

Así como hubo un tiempo en que todos los caminos conducían a Roma, ahora parece que la vialidad de la conspiración tiene como referente geográfico a la capital paquistaní. Un tema del que no quiere hablarse cuando se habla de “guerra contra el terrorismo”, ya que Pakistán es uno de los aliados centrales de la administración Bush en el heterogéneo mundo islámico.

Recientemente, a raíz del confuso episodio en el que se desbarató una red que desde Gran Bretaña se disponía a cometer atentados masivos en el transporte aéreo, ese silenciamiento ex profeso se volvió más estridente. Tanto como para que la ex premier paquistaní, la carismática y polémica Benazir Bhutto (foto), decidiera ponerlo en evidencia. En declaraciones brindadas al Pakistán Today, Bhutto dijo, con cierta amargura, que cada vez que se detiene a los participantes de un complot como el que las autoridades británicas desbarataron el mes pasado, “todos los caminos parecen conducir a Islamabad”.

No se trata solo de la posibilidad de que grupos organizados obtengan inspiración y apoyo en las madrazas paquistaníes. Así lo afirma un análisis sobre la crisis nuclear iraní publicado el martes pasado en el periódico italiano Il Riformista, para el cual, en términos de armas de destrucción masiva, la verdadera amenaza para Occidente no es Teherán sino Islamabad. Mientras el gobierno iraní podría obtener en un plazo menor a una década una bomba atómica y, eventualmente, facilitar el acceso a ese armamento a grupos islamistas irregulares, Pakistán ya dispone de cincuenta cabezas nucleares fruto de su carrera armamentista regional con India. Por el momento el gobierno paquistaní, surgido de un golpe de estado, es aliado de Washington, pero ante la inminencia de elecciones libres se renueva el temor de que los partidos fundamentalistas alcancen el poder.

Bhutto, que ya fue primer ministro en dos ocasiones, se mostró dispuesta a olvidar sus diferencias con el gobierno militar y sumar su esfuerzo para construir "un clima político en el que las fuerzas moderadas puedan triunfar”, ya que “por el momento los partidos religiosos se están fortaleciendo y sus milicias, a pesar de haber sufrido reveses, están intactas”. Detrás del silencio oficial de Washington sobre el escenario de un triunfo electoral islamista en Pakistán, planea, probablemente, el recuerdo de la crisis que se vivió en Argelia luego de que el Frente Islámico triunfara en las urnas.

Por el momento el gobierno pakistaní continúa haciendo su trabajo de completar, en el mundo real, la derrota de los talibán que “ocurrió” hace cuatro años en el mundo de la propaganda. Lo cierto es que las milicias talib, que abandonaron el poder en Kabul luego del ataque militar de Estados Unidos y la Liga del Norte, continúan fuertes en el interior afgano y en zonas aisladas de Pakistán. El martes pasado los paquistaníes lograron un avance que demostró por qué en el Pentágono se los considera aliados estratégicos. No se trató de una victoria en el campo militar sino que ocurrió en el terreno minado de la política tribal. En Waziristan, uno de los lugares de repliegue de los talibán, los negociadores paquistaníes lograron poner de su lado a las autoridades tribales.

A cambio de que Islamabad disminuya sensiblemente la presencia militar del gobierno central, las tribus accedieron a expulsar a los militantes islamistas que se habían instalado en sus tierras. Pese a los anunciados éxitos de los marines en la provincia afgana de Kandahar, nadie duda que la clave para derrotar a los restos del régimen talib es minar su apoyo en las tribus de la frontera. La pregunta es si Washington está dispuesto a arriesgar en las urnas un aliado de esa importancia. Si a ese factor se le agrega el componente del arsenal nuclear de Islamabad, parece haber altas posibilidades de un triunfo electoral de los moderados, independiente de lo que pudiera llegar a decir el conteo de votos emitidos.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 8 de setiembre de 2006)

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

22 febrero 2006

Liderazgo regional

Aunque las declaraciones de la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleeza Rice, califiquen como "un avance importante" tener en Haití una misión de la ONU "encabezada por un líder regional como Brasil, y además contar con la participación de varios países de la región", a nadie escapa que en Washington se está mirando con mayor interés que en otros casos el desempeño brasileño en esta misión.

Es que como dijo el canciller del gobierno de Lula, Celso Amorim, "no es posible declararse en favor del multilateralismo y no actuar en ese marco cuando la oportunidad se presenta". ¿Qué ocurre si la situación de Haití desemboca en un resultado positivo? Será una ocasión de comprobar que los llamados “líderes regionales” pueden hacerse cargo de crisis muy complejas sin necesidad de participación de los poderes globales. Si por el contrario fracasa, la conclusión no será necesariamente la opuesta, ya que todo dependerá del grado del fracaso. Si se trata de un fracaso ordenado, en el que se cumplen algunos objetivos mínimos –como las elecciones del martes- y luego se produce una salida gradual de las tropas de paz, al menos se habrá demostrado que Brasil estuvo en condiciones de conducir una fuerza de paz con un importante componente subregional.

Si se analiza el peso real de Brasil en América del Sur, y se lo compara con el de otras potencias regionales de otras partes del mundo, se comprueba fácilmente que no hay rivalidad posible en esta zona del mapa, a menos que se eleve la mirada hacia México (un actor complejo, que no necesariamente debe ser visto como un seguidor incondicional de todas las pautas que dicte Estados Unidos en política exterior). Pero si la mirada se queda en el sur, el clásico Argentina versus Brasil es apenas una cuestión de balompié. Brasil tiene el 49 por ciento de la población sudamericana, genera la mitad del producto bruto y tiene un gasto militar igual al del resto de los países sudamericanos sumados. En los mismos rubros, Argentina debe conformarse con un 11 por ciento, tanto de la población como del producto bruto, y con un 7 por ciento del gasto militar. La relación es casi tan aplastante como la que tiene India sobre Pakistán. En África Subsahariana, sin embargo, la oposición entre Sudáfrica y Nigeria es mucho más equilibrada. Los sudafricanos son superados en población (21 % sobre 7) pero compensan con un mayor producto bruto (35 por ciento sobre 14). Así las cosas, si alguien se fortalece de un éxito en Haití será Brasil mucho más que Argentina o Chile, y si alguien puede llevar a la región a la cancha grande del multilateralismo, también será Brasil.

==Tercera parte de siete

* 1- Los Contradicciones del lejano y del cercano Norte
* 2- El pecado original
* 4- Apoyo y oposición
* 5- Desde Argentina
* 6- Características de la crisis
* 7- Matices de una Misión de Paz

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

Etiquetas: , , , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

12 septiembre 2003

Ryad-Tehrán

La focalización del discurso sobre el nuevo orden en una cruzada contra Al-qaeda, esconde la verdadera preocupación de Washington. Como se indicó en un comentario sobre el libro Guerra por los Recursos, de Michael Klare, en 2010 Estados Unidos terminará con sus reservas de petróleo, y unos años más tarde estará disputando con China el acceso –y tal vez el control- al crudo del Golfo Pérsico y de Asia Central. Por eso tenía que quitar a los talibán de suelo afgano, para evitar que siguieran con su proceso de islamización radical de las ex repúblicas soviéticas centroasiáticas. Y por eso el derrocamiento de Hussein. Ninguna de las dos jugadas tienen relación con Al-qaeda más allá de que esta red espectral sirvió de excusa en ambos casos.

El eje real de la preocupación de Estados Unidos para asegurar su acceso al petróleo y llegar con el mundo musulmán a una pax americana similar a la que tuvo con la Unión Soviética años atrás, pasa por Irán y por Arabia Saudita. Este último es el tradicional aliado de Washington detrás del velo islámico, mientras que los iraníes son el verdadero poder en ese tablero. Enemistados durante largo tiempo, el régimen moderado de Jatami realizó a fines de los años noventa una serie de acercamientos diplomáticos con la casa real saudí, fundados en el interés de consolidar una alianza que dejara el negocio del petróleo a salvo de las diferencias religiosas. Los saudíes tendrían la garantía de que Tehrán no colaboraría con quienes quisieran desestabilizar su monarquía, a cambio de un respaldo al liderazgo de Irán entre los islamistas radicales en detrimento de otros grupos no chiitas y teóricamente más cercanos al wahabismo saudí. El campo de pruebas de esa alianza sería Afganistán.

Paralelamente a las negociaciones diplomáticas “abiertas”, que se llevaron a cabo en el intercambio de visitas oficiales y durante peregrinaciones a Meca y Medina (ambas en territorio saudí) de gobernantes iraníes, se llevaban a cabo reuniones reservadas en territorio talibán. El tercer vértice de ese triángulo era la inteligencia pakistaní, real anfitriona de esos acercamientos.

Ante esta entente, una posición norteamericana sensata, a pesar del discurso republicano, debería ser más la de un pacto de civilizaciones que la de un choque, para usar la terminología que popularizó Samuel Huntington (foto). Si quiere lograr sus objetivos de estabilidad, seguridad interna y acceso al petróleo, tendrá que pactar con el ala moderada del chiismo iraní. Un indicio de este tránsito puede descubrirse detrás de las reacciones de los distintos actores durante las recientes crisis de Afganistán e Irak. Los pakistaníes apoyaron a Estados Unidos, los iraníes se mantuvieron al margen, y los saudíes se mostraron menos dóciles que en situaciones anteriores. Los primeros apuestan a ser el articulador regional en el área de Asia Central, los segundos están dispuestos a una pax americana si eso les permite consolidarse como el centro de poder en el Golfo (para lo que necesitan un Irak chiita), y los saudíes, que eran los aliados en apariencia más sólidos de Estados Unidos, están en la posición más difícil: necesitan contentar al wahabismo más radical alejándose del servilismo de antaño, pero a la vez no pueden arriesgarse a quedar fuera del entendimiento Washington-Tehrán; saben que son el aliado del pasado y que su única oportunidad de sobrevida es acordar con Irán de manera independiente.

De cómo se resuelva la posguerra iraquí dependerá buena parte de la suerte de este nuevo estado de las cosas. Los atentados del 11 de setiembre no tienen relación alguna con los actores de la negociación, si bien los envuelven con su nube de polvo y opacidad. Al-qaeda, por ahora, es una construcción funcional basada en el fuerte sentimiento antioccidental de una parte del islamismo. El riesgo es que al haberle dado cuerpo y estatus, la creación adquiera vida propia y se desplazace, por primera vez, al centro real de la escena. Por ahora se mantiene en los márgenes, donde siempre estuvo.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Dos años después del 11 S: El tablero global resignificado
* 2- El otro
* 4- Afganistán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

Etiquetas: , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

07 junio 2002

Las cajas chinas de Cachemira

La palabra escalada adquiere su real significado cuando se analizan los temores acerca de la situación de Cachemira. De los habituales intercambios de declaraciones diplomáticas y disparos aislados entre India y Pakistán, se puede pasar al enfrentamiento abierto y al uso de armas nucleares. En ese contexto, Rusia y China juegan sus cartas, mostrando fortalezas y debilidades.

La forma en que China asume su influencia creciente en la esfera internacional no sólo carece de vedettismo, sino que se encuentra en las antípodas del protagonismo de marquesina. Como intentando pasar desapercibida, China juega sus cartas en silencio. Cada vez más, sin embargo, resulta recurrente que los analistas se pregunten acerca de la postura china en cada uno de los principales asuntos de la agenda internacional. Para China, Cachemira no es un asunto más, sino que es un tema que está en su área de influencia directa. No solamente tiene frontera con ambos contendientes, sino que esa frontera se encuenta, precisamente, en la zona de Cachemira. Tradicional aliado de Pakistán, el gobierno chino ha iniciado en los últimos años un acercamiento a India.

Este 15 de mayo, el canciller chino, Tang Jiaxuan (foto), se reunió en Islamabad con el presidente paquistaní, Pervez Musharraf. El comunicado con el que el Ministerio de Relaciones Exteriores chino daba cuenta de ese encuentro, es revelador de la postura de ese país en el conflicto: “en el presente, mientras la situación tanto regional como mundial experimenta cambios importantes y profundos, los efuerzos hechos por China y Pakistán para consolidar su amistad y buena vecindad, y profundizar su mutuo beneficio y cooperación, no sólo toman en cuenta los intereses estratégicos comunes de ambos países y pueblos, sino también los intereses de estabilidad de Asia del Sur”.

Un párrafo típico de la diplomacia china. Una introducción sumamente genérica, tras la que se reafirma el contexto de amistad, se hace expresa mención a que se tienen intereses estratégicos comunes (entrelíneas: seguimos siendo el aliado estratégico de Pakistán), pero se remata la frase con lo que realmente se quiere decir y que se sabe disgustará al aliado. Si Pakistán no debe tomar en cuenta sólo sus intereses sino también los de la estabilidad regional, esto significa que deberá estar dispuesto a hacer consesiones a India. Una postura quiebra la incondicionalidad china a favor de Pakistán, pero a la vez, al reafirmar que Pakistán y China tienen intereses estratégicos comunes, evita alinearse directamente con la posición india.

Nueve días más tarde, Tang Jiaxuan telefoneó a su par indio, Jaswant Singh (foto), y le informó de lo hablado con Musharraf. El círculo de la dimensión pública de la política china hacia Cachemira se cerraba: dejaba en claro que si bien mantenía su alianza con Pakistán, esta no era una alianza a cualquier costo, sino que estaba subordinada a la estrategia china de la coexistencia pacífica en Asia del Sur; y a la vez, aseguraba que no hablaría con Pakistán a espaldas de la India.
Este rol de contención jugado por Pekin, fue lo que le dio al primer ministro indio, Atal Behari Vajpayee, el margen de maniobra necesario para desairar los recientes esfuerzos mediadores del mandatario ruso Vladimir Putin, a pesar de que el presidente pakistaní había anunciado su disposición a iniciar un diálogo bilateral directo.

==Primera parte de siete. Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 7 de junio de 2002

* 2- La soledad rusa
* 3- Ménage-à-trois
* 4- Los cinco principios
* 5- Irán entra a escena
* 6- El miedo nuclear
* 7- Contexto

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Cachemira: Ménage-à-trois

Si bien Pakistán fue uno de los primeros países en establecer relaciones diplomáticas con el régimen de Mao Tse Tung, un año y medio después de proclamada la República Popular de China, los vínculos entre ambos países se enfriaron durante los primeros años de la década del cincuenta, fundamentalmente debido al alineamiento de los paquistaníes con Occidente.

Todo cambió en los años sesenta. En 1961, Pakistán votó en la Asamblea General de Naciones Unidas a favor de Pekín en el diferendo sobre la restauración del estatus legal de China, y un año después comenzaron las negociaciones limítrofes que culminaron en 1963 con el pasaje a control paquistaní de las áreas en disputa. Durante los siguientes años de la década se produjeron las visitas a Pakistán del premier Zhou Enlai (foto) y del presidente Liu Shaoqi, y ambos países continuaron votaron juntos en las principales decisiones que debió tomar la Asamblea General de Naciones Unidas. Esta luna de miel diplomática estuvo basada en intereses comunes de ambos Estados en el tema Cachemira. En 1962 China mantuvo una guerra de limitado alcance con la India, debido a ese asunto, y en 1965 quien entró en combate contra la India fue Paquistán.

Si bien en los setenta se mantuvo la alianza sino-paquistaní, sobre todo en el campo de la cooperación científico-tecnológica, base del poder nuclear de Pakistán, fue en la segunda mitad de esa década que se dieron los primeros pasos hacia la normalización de las relaciones entre China e India. En 1976 ambos países volvieron a acreditar embajadores ante uno y otro gobierno, y en 1979 los cancilleres intercambiaron visitas. Recién a fines de 1988, con la visita a Pekín del primer ministro indio, Rajiv Gandhi (foto) , fue que las relaciones bilaterales “ingresaron en una nueva etapa de desarrollo”, para usar el lenguaje vago pero cargado de entrelíneas que es tan habitual en los comunicados de la cancillería china. A partir de entonces ambas partes comenzaron a resolver sus problemas limítrofes, y acordaron colaborar en la estabilidad de la región, lo que, en otras palabras, implicaba quitarle presión a la cuestión cachemir.

En pleno proceso de desintegración de la Unión Soviética, tradicional aliado de la India, el premier chino Li Peng concurrió a India y estrechó definitivamente los vínculos. Luego de este viaje, las delegaciones de cada país en las sucesivas visitas que intercambiaron, incluyeron a los ministros de Defensa. Un detalle trascendente que demostró que la normalización no quedaba limitada a lo protocolar, y cuyos efectos cristalizaron en 1994 con la firma de un acuerdo para el mantenimiento de la paz y la tranquilidad en la frontera sino-india.

==Tercera parte de siete

* 1- Las cajas chinas de Cachemira
* 2- La soledad rusa
* 4- Los cinco principios
* 5- Irán entra a escena
* 6- El miedo nuclear
* 7- Contexto

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 7 de junio de 2002)

Etiquetas: , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Cachemira: La soledad rusa

A Occidente le conviene sugerir, o directamente invocar, una continuidad entre la vieja Unión Soviética y la Rusia actual. Así ganan trascendencia hechos recientes como los compromisos sobre el desmantelamiento parcial y embalage provisorio de armas nucleares, que firmaron el presidente ruso Vladimir Putin y el mandatario estadounidense George W. Bush, o los acuerdos entre el ejército ruso y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Pero cuando el nuevo inquilino del Kremlin intenta, por inocencia o descuidismo, poner a jugar esa continuidad en el tablero de las relaciones internacionales, la realidad le gana la partida al marketing político. Una cosa era la influencia del poder soviético, que dictaba la partitura para uno de los dos polos de poder mundiales, al que encarnaba, y otra muy diferente son las posibilidades que tiene la problematizada Rusia actual de influir fuera de fronteras.

Ese abismo quedó en evidencia con los fracasados intentos de Vladimir Putin de contener la escalada del conflicto de Cachemira. Putin buscó la semana pasada, sin suerte, reunir cara a cara a los líderes de India y Pakistán durante una conferencia internacional realizada en Almaty, capital de Kazajistán. Los tics de la era bipolar amplificaron los efectos mediáticos de su fracaso: la trascendencia que solían tener las jugadas de política internacional provenientes de Moscú, alimentó una expectativa que chocó con el desaire del primer ministro de India. El jefe de gobierno ruso quiso enmendar el papelón, invitando a ambas partes del conflicto a reunirse en la capital rusa, pero volvió a quedarse con las sillas vacías. Este último fracaso era bastante más previsible que el anterior: si las partes no habían aceptado encontrarse en el contexto de un foro que no tenía a Cachemira como tema, mucho menos iban a reunirse en un escenario montado especialmente, lo que hubiera implicado, en los hechos, un inicio formal de negociaciones de distensión.

El fracaso fue mayor si se piensa que la mesa estaba servida para el éxito de la iniciativa del mandatario ruso. El encuentro de Almaty fue la primera Conferencia de Interacción y Creación de Medidas Confianza en Asia (CICA), un intento de replicar a nivel asiático lo que en 1975 comenzó como Conferencia y hoy está institucionalizada como Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE). Institución emblema de los modestos ejercicios de diálogo diplomático entre los dos bloques durante los años de la Guerra Fría, la OSCE tenía como misión evitar, en el terreno político, que la enemistad Este-Oeste derivara al campo militar, por lo que tomaba muy en cuenta el ajedrez diplomático soviético. Por otra parte, entre los diecises países fundadores de la CICA, están varias ex repúblicas soviéticas, entre las que Putin podía esperar encontrar el contexto adecuado para que su liderazgo regional adquiriera los ribetes de liderazgo mundial que le habían negado otras crisis anteriores, como la de Kosovo, por ejemplo, en la que Rusia nunca logró posicionarse seriamente como el contrapeso eslavo de Occidente. Y finalmente, la garantía del suceso de la mediación de Putín en el tema Cachemira, parecía sostenerse en la actitud del presidente paquistaní, quien había asegurado su voluntad de reunirse con su contraparte indio.

Esta garantía clave fue, paradojalmente, la mejor evidencia de la pérdida de la influencia del Kremlin, incluso en los asuntos asiáticos. Históricamente, y en trazos gruesos, Estados Unidos y China habían apoyado a Pakistán, en tanto que el aliado estratégico de los soviéticos en el área era la India. Diez años y medio después de disuelta la Unión Soviética, quien desaira el intento mediador de Moscú no es Pakistán, sino la propia India. La exigencia del primer ministro indio para negociar cara a cara, es que Pakistán deje de brindar su apoyo a los guerrilleros islamistas que luchan por una Cachemira musulmana, y que los diálogos se lleven a cabo en uno de los dos países interesados, lo que incluso inhabilita a futuro la intentona de Putín. Inmersa en una difícil situación que puede llevarla a la guerra nuclear, la India prefiere mantener una posición de fuerza, obligar a Estados Unidos a presionar sobre Pakistán, y que la distensión corra por cuenta de la discreta diplomacia china.

==Segunda parte de siete. Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 7 de junio de 2002.

* 1- Las cajas chinas de Cachemira
* 3- Ménage-à-trois
* 4- Los cinco principios
* 5- Irán entra a escena
* 6- El miedo nuclear
* 7- Contexto

Etiquetas: , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Diplomacia china: Los cinco principios de la coexistencia pacífica

La diplomacia paquistaní no se quedó de brazos cruzados, y en diciembre de 1996 logró un encuentro de alto nivel en Islamabad, ocasión elegida por China para tranquilizar a su tradicional aliado y, a la vez, comprometerlo con su política de estabilidad. El mecanismo elegido fue sumamente inteligente: la cancillería china declaró que había elegido a la capital de Paquistán para lanzar “la primer sistematización detallada de la política china para el sur de Asia”.

Esta política incluía las bases para una distención indo-paquistaní, y una estabilidad general de la zona basada en los llamados Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica: respeto mutuo de la soberanía y la integridad territorial, compromiso mutuo de no agresión, no interferencia en los asuntos internos de los demás, igualdad entre los países, beneficio mutuo y coexitencia pacífica.

Cuando los presidentes Jiang Zemin y Farooq Ahmad Khan Leghari posaron para la foto que los mostraría estrechando sus manos en señal de reafirmación de la vieja amistad, estaban cristalizando los esfuerzos de veinte años de estrategia diplomática que lograban colocar a China en el eje del equilibrio regional. Casi un guiño: no se estaba lanzando el comienzo de una política, sino que se estaba cosechando el resultado de la misma.

En Londres, los memoriosos de la Foreing Office, mientras miraban la foto de ambos mandatarios en la prensa británica, seguramente se habrán lamentado de no haber aceptado a tiempo la poco conocida propuesta estadounidense elaborada inmediatamente después de la guerra sino-india. Buscaba resolver el problema de Cachemira con una partición definitiva, consagrando la soberanía india en el sector bajo su control, y creando un nuevo Estado en el otro sector. En las rondas de alto nivel que se llevaron a cabo en aquella oportunidad, los chinos estuvieron de acuerdo, pero británicos y soviéticos se opusieron, por lo que la iniciativa fracasó antes de adquirir suficiente visibilidad pública.

==Cuarta parte de siete

* 1- Las cajas chinas de Cachemira
* 2- La soledad rusa
* 3- Ménage-à-trois
* 5- Irán entra a escena
* 6- El miedo nuclear
* 7- Contexto

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 7 de junio de 2002)

Etiquetas: , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

India-Pakistán: el miedo nuclear

Todos los días la prensa india publica algún artículo sobre la posibilidad de una escalada en el conflicto de Cachemira que lleve al enfrentamiento nuclear entre India y Pakistán. La revista India Times publicó, en la portada de su última edición, una ilustración en la que ficciona una explosión nuclear sobre una ciudad india.

En el diario pakistaní The News, Najum Mushtaq calificó de “surrealista” la carrera nuclear entre las dos naciones asiáticas. Culpó a “las elites militares” de haber descontextualizado el debate en Asia del Sur, poniendo en peligro la seguridad regional para mantener sus privilegios. En una línea de opinión similar, el analista Olivier Immig, del Instituto de Estudios del Sur de Asia, aseguró que el riesgo de choque nuclear es bajo, ya que “la amenaza de utilizar armas nucleares es una señal del presidente Musharraf para que el Ejército sepa que puede confiar en él”, y desactivar a los sectores castrenses descontentos con su política de acercamiento a Estados Unidos durante la guerra de Afganistán.

==Sexta parte de siete

* 1- Las cajas chinas de Cachemira
* 2- La soledad rusa
* 3- Ménage-à-trois
* 4- Los cinco principios
* 5- Irán entra a escena
* 7- Contexto

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 7 de junio de 2002)

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

11 enero 2002

Cachemira: Paramilitares indios

Human Rights Watch (HRW) asegura que en las zonas de Cachemira controladas por la India, se producen habituales violaciones a los derechos humanos, tanto por parte de los militantes musulmanes que luchan por la independencia y que históricamente han tenido apoyo pakistaní, como por parte de las fuerzas de seguridad indias y sus grupos paramilitares. Las acusaciones son concretas, e incluyen casos documentados de ejecuciones sumarias, violaciones, tortura y desapariciones, cometidas por ambos bandos.

Además de los cuerpos militares y de policía formalmente constituídos, la India ha creado milicias irregulares de apoyo. Se trata de los Comités de Defensa Comunitaria (que actúan en las zonas de Doda, Udhampur, y áreas fronterizas), y de los destacamentos llamados “renegados”, formados por ex islamistas que se han pasado al lado enemigo, en muchos casos -documentados en base a testimonios- obligados por medio de torturas aplicadas durante meses en centros de detención más o menos clandestinos. Sobre los “renegados”, Human Rights Watch indica que “aunque el gobierno de India niega rutinariamente cualquier responsabilidad por las acciones de estos grupos, los mismos son organizados y armados por el ejército de India y por otras fuerzas de seguridad, y operan bajo su comando y protección”. El reporte de HRW agrega que el gobierno de India “los usa principalmente para asesinar e intimidar miembros de organizaciones militantes islamistas y grupos políticos, dirigiéndolos en especial contra el partido pro-pakistaní Jamaat-i Islami”.

Amnistía Internacional, en tanto, denunció que en la zona de Cachemira controlada por la India se producen, diariamente, al menos una o dos muertes imputables a violaciones a los derechos humanos, incluyendo decenas de ejecuciones extrajudiciales cada año, 23 de las cuales fueron reportadas por la prensa en el pasado verano austral. Quince de esos casos involucraban directamente al Grupo de Operaciones Especiales de la India. Amnistía Internacional indica que los guerrilleros islamistas también son responsables de asesinatos selectivos, y agrega que en muchos casos, como en la masacre de Chittisinghpora, que costó la vida a 36 personas, no se sabe de cuál de los bandos provino el fuego. Algo que no debe extrañar en una zona en la que la población civil se encuentra literalmente “sitiada”, tal como se ha calificado la situación de distritos como el de Doda, campo de batalla de una verdadera guerra irregular. Son frecuentes los episodios en los que campesinos inocentes son asesinados por la guerrilla por negarse a darles comida, contracara de otros hechos con un mismo final: campesinos ejecutados por paramilitares indios porque se sospecha que sí le dieron comida a la guerrilla.

La responsabilidad central, para Amnistía Internacional, recae sobre el clima general de impunidad en el que se mueven los grupos armados irregulares y estatales. Al clima volátil también contribuye el discurso oficial de las autoridades indias. El Ministro Farooq Abdullah (foto) ha declarado públicamente, y más de una vez, que las áreas en las que existe presencia islamista deben ser “saneadas” y sus militantes “eliminados”. Para que no queden dudas, el 15 de enero del año pasado explicó que se debe matar a los islamistas “ya que no hay espacio suficiente en las cárceles”. El bando opuesto no se queda atrás. El líder guerrillero de Hizb-ul-Mujahideen (Partido de los mujaidines), Syed Salauddin, amenazó con matar indiscriminadamente a las familias de los soldados indios si éstos seguían matando musulmanes.

==Quinta parte de seis

* 1- Sube el volumen de una guerra silenciosa
* 2- La interna islamista
* 3- El juego de las potencias
* 4- Cachemira: Radiografía de los separatistas
* 6- La carrera nuclear

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Cachemira: Radiografía de los separatistas

Los más de 120 grupos guerrilleros que operan en Cachemira se dividen en dos grandes tendencias: la favorable a la independencia de Cachemira y a la unificación de las zonas que están actualmente en poder de la India y de Pakistán, y la que busca una unión a Pakistán de la Cachemira India. Los primeros son herederos de los tiempos de la descolonización y actualmente están representados por el Frente de Liberación de Jammu y Cachemira (JKLF), creado en 1977 por veteranos del movimiento que se formó en 1965 casi con el mismo nombre pero con una letra más en la sigla: Frente Nacional de Liberación de Jammu y Cachemira (JKNLF).

En su página en internet, el JKLF deja en claro su posición: “el tema de Cachemira no es una disputa territorial entre Pakistán y la India, es una cuestión de independencia nacional para más de trece millones de personas que están listas a ejercer el inalienable derecho de autodeterminación que se consagra en la Carta de las Naciones Unidas”. A renglón seguido agregan que no aceptarán que Jammu-Cachemira sea integrada a ninguno de los Estados que actualmente los ocupan. Aseguran que las bases sobre las que se fundará el nuevo país que pretenden crear, serán las libertades fundamentales, la democracia, la justicia social, el Estado de bienestar, el respeto a los derechos humanos, y la no discriminación en base “a creencias, casta, sexo o cultura”, en lo que puede ser visto como un intento por marcar distancia tanto de los hindúes como de los islamistas de inspiración talib.

El ala islamista está formada por decenas de pequeños grupos, entre los que se cuentan el Hizb-ul-Mujahideen (Partido de los mujaidines), el Al-Barq (Relámpago), los Allah-Tigers (Tigres de Alá), los Dukhtaran-e-Milat (Hijos del islam), la Jammat-ul-Mujahideen (Comunidad de los mujaidines), el Harakat-ul-Ansar (Movimiento de los compañeros del Profeta), y el Harakat-ul-Mujahidee (Movimiento de los mujaidines), y el Jaish-e-Mohammad.

Este último se atribuyó el ataque suicida contra el parlamento de Cachemira, que el 1 de octubre del año pasado costó la vida a no menos de 25 personas. Por su parte, el Movimiento de los mujaidines fue, según la BBC, el responsable del minado de un camino por el que iba a pasar una tradicional peregrinación hindú. Otros grupos, como el Harakat-ul-Ansar, han sido señalados por cometer asesinatos indiscriminados de civiles de religión hindú. El periódico Washington Post escribió que, en muchos casos, los atacantes combinan el uso de armas de fuego con los golpes de hacha.

==Cuarta parte de seis

* 1- Sube el volumen de una guerra silenciosa
* 2- La interna islamista
* 3- El juego de las potencias
* 5- Cachemira: Paramilitares indios
* 6- La carrera nuclear

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Cachemira: la interna islamista

Los grupos islamistas se encuentran activos, principalmente, en los distritos de Rajouri, Punch, y Doda. Reclutan sus fuerzas en la Cachemira india pero también en la Cachemira pakistaní, en el propio Pakistán, y en otros países musulmanes. Antes de la crisis desatada por los atentados del 11 de setiembre contra Estados Unidos, se hablaba con insistencia de la presencia de combatientes afganos reforzando las columnas rebeldes.

Los vínculos con los talibán son también de enfoque religioso. En la capital de Jammu-Cachemira, Srinagar, los grupos islamistas conocidos como Harkat-ul-Mujahideen y Jaish Mohammad, no se han limitado a realizar acciones contra las fuerzas de seguridad indias, sino que han atacado a civiles musulmanes que se apartan de una lectura estricta del Corán. El periódico Express India ha dado cuenta de casos en los que se ha disparado contra jóvenes musulmanas por vestir jeans, o de atentados contra operadores de televisión por cable acusados de propagar un estilo de vida occidental.

La misma fuente asegura que el grupo Jaish Mohammad ha formado sus militantes en la misma red de madrasas (escuelas coránicas) de las que surgieron los talibán. Esta red fue fundada en 1947 por el movimiento paquistaní Jamiat-e-Ulemai-Islam (JUI), liderado por Maulana Samiul Haq, un ex senador pakistaní (foto). El JUI en ese entonces era fundamentalista y luego, al convertirse en partido político, se transformó en integrista: ya no sólo propone una lectura de la religión apegada a los fundamentos de la letra, sino que también busca darse los medios políticos para llevar esa visión teológica a una forma de gobierno.

A mediados de los noventa, con la caída de los mujaidines afganos a manos de los talibán, el tablero del islamismo radical dio un giro no sólo dentro de Afganistán. El JUI había sido dejado de lado durante la “guerra santa” contra los soviéticos, ya que sus rivales dentro de la interna islamista pakistaní, básicamente los movimientos Jammat-e-Islami y Hikmatyars Hizb-e-Islami, habían monopolizado la ayuda a los combatientes afganos. Pero el JUI esperó su oportunidad pacientemente.

El experto Ahmad Rasheed escribió en su libro “Talibán, Islam y el nuevo escenario en Asia Central”, que el JUI aprovechó ese tiempo para reforzar sus madrasas en el “cinturón pashtún” (llamado así por la presencia mayoritaria de habitantes de esta etnia en una zona de Pakistán), y desde ahí brindar educación gratuita y alojamiento a miles de refugiados afganos, entre los que nacería el núcleo central de los talibán. Según el libro de Rasheed, en 1999 había no menos de ocho ministros del gabinete talibán, y docenas de gobernadores de provincias, comandantes militares, jueces y burócratas afganos de alto rango, que se habían graduado en la madrasa de Dar-ul-Uloom Haqqania, que dirigía el líder máximo del JUI, Maulana Samiul Haq.

Cuando sus protegidos se hicieron con el control de la mayor parte de Afganistán, la línea dura del JUI reforzó su posición en la interna pakistaní y la aprovechó para aumentar su incidencia en Cachemira a través del impulso que, de cara a los militantes de base, implicaba el triunfo talibán. Una de las muestras del impacto que tuvo el ascenso talibán en el escenario del islamismo radical pakistaní de mediados de los noventa, fue que en 1997, poco después de la toma de Kabul, la madrasa de Dar-ul-Uloom Haqqania recibió quince mil solicitudes de ingreso para sus cuatrocientos lugares disponibles.

Al apoyar a Estados Unidos en su campaña antiterrorista de 2001, el presidente laico de Pakistán caminaba menos en falso de lo que parecía a la distancia. En cierta medida, cuando una parte del islamismo pakistaní toleró la intervención estadounidense en Afganistán, estaba ajustando cuentas a la interna y tratando de ganar terreno en las pugnas de poder dentro de los movimientos independentistas de Cachemira.

==Tercera parte de seis

* 1- Sube el volumen de una guerra silenciosa
* 2- El juego de las potencias
* 4- Cachemira: Radiografía de los separatistas
* 5- Cachemira: Paramilitares indios
* 6- La carrera nuclear

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en enero de 2002)

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Sube el volumen de una guerra silenciosa

India y Pakistán volvieron a incrementar la tensión alrededor del disputado territorio de Cachemira, donde en poco más de medio siglo ocurrieron cuatro guerras. Una pulseada entre dos rudimentarias potencias nucleares con efectos en la estabilidad regional y en la interna islamista. Cada día, en Cachemira, mueren dos personas por violaciones a los derechos humanos.

Alguna vez Cachemira fue llamada “el valle feliz”. Hoy ostenta un rótulo muy diferente. Se le llama “el campo de batalla más alto del mundo”. Cada vez que se producen escaladas bélicas suelen morir más soldados por el frío que por el fuego enemigo. Pero aún en los momentos en los que reina una tregua aparente, la acción militar no se detiene. Ciento veinte grupos guerrilleros islamistas, algunos de ellos independentistas, otros favorables a una unión territorial a Pakistán, se enfrentan con medio millón de soldados de la India. La población civil, aseguran los organismos defensores de los derechos humanos, está sitiada.

El problema de Cachemira comenzó en 1947, con el Acta de Independencia India. En ese momento nace la India moderna, en un territorio que era colonia británica, y se crea Pakistán para albergar zonas mayoritariamente musulmanas. Cachemira, cuya población era musulmana en un 80 por ciento, quedaba encerrada entre ambos Estados. El Acta le concedió la opción de pasar a integrar uno de los dos países. La explicación de lo que pasó luego depende del cristal con que lo mire el historiador de turno. India y Pakistán tienen visiones diferentes de un mismo proceso. Si se intenta leer los hechos de la manera más desapasionada posible, se puede decir que el entonces gobernante de Cachemira, el maharaja Hari Singh, inicialmente estaba a favor de la independencia de su territorio, pero más tarde, argumentando una amenaza tribal procedente de Pakistán, decidió adherirse a la India a cambio de asistencia militar y de un prometido referendo.

Esto estuvo en el origen de la primera guerra de Cachemira, que entre 1947 y 1948 enfrentó a la India y Pakistán. En 1965 hubo una segunda secuencia de fuertes enfrentamientos. En 1971 se produjo la guerra por la independencia de Bangladesh, que redibujó la línea de demarcación en Cachemira. Luego de casi tres décadas de frecuentes escaramuzas, varias de ellas libradas en el glacial de Siachen, todavía no demarcado oficialmente, comenzó la pulseada nuclear. Ghauri fue un guerrero musulmán que en el pasado conquistó parte de la India. Ahora, el espectro de Ghauri dejó los libros de historia y su nombre pasó a denominar el misil nuclear de rango medio (foto) creado por Pakistán en abril de 1998. En mayo de ese mismo año se realizaron las pruebas nucleares subterráneas tanto de la India como de Pakistán, que transformaron a los dos enemigos en potencias nucleares. Ya con el arsenal atómico a disposición, en 1999 se libró la que algunos denominaron la cuarta guerra de Cachemira, y que consistió en la incusión de una columna de al menos cuatrocientos islamistas, y su posterior expulsión por parte de una combinación de helicópteros artillados, bombardeos y fuego de infantería indio.

Actualmente Cachemira está dividida en dos zonas, una bajo control de la India y otra en manos de Pakistán. La zona india se llama Jammu-Cachemira, ocupa dos tercios del territorio, la habitan siete millones setecientos mil personas, y tiene por capital la ciudad de Srinagar. La parte pakistaní se llama Cachemira Azad, su capital es Muzaffarabad y su población son casi tres millones de habitantes. Se calcula que, desde 1989, los combates en Cachemira tuvieron un saldo de 30 mil muertos.

==Primera parte de cuatro

* 2- El juego de las potencias
* 3- La interna islamista
* 4- Cachemira: Radiografía de los separatistas
* 5- Cachemira: Paramilitares indios
* 6- La carrera nuclear

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 11 enero de 2002)

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

India-Pakistán: La carrera nuclear

En las elecciones que se celebraron en la India en los últimos días de febrero y a principios de marzo de 1998, triunfó una coalición del ala derecha del partido Bharatiya Janata, logrando 270 de los 547 escaños en disputa. Su política internacional es clara. Debido a su peculiar posición geopolítica, la soberanía de la India sólo se puede defender con bombas nucleares.

El 19 de marzo de 1998, en unas declaraciones que en teoría debían ser tranquilizadoras, el Primer Ministro Atal Behari Vajpayee (foto), dijo que la India sólo utilizaría bombas nucleareas en caso de ser necesario. Dos días más tarse el Ministro de Defensa Georges Fernándes anunció en una conferencia de prensa que Nueva Delhi podría tomar la decisión de usar bombas nucleares en caso que así lo decidiera su Consejo de Seguridad Nacional “después de una revisión estratégica y geopolítica exhaustiva”. Para estar preparados para esa decisión, el país adquirió una nueva supercomputadora "Param 10,000", capaz de simular pruebas de explosión nuclear. Una inversión millonaria en un país con doscientos millones de personas bajo la línea de pobreza.

Dos semanas después, el 6 de abril, Pakistán prueba su misil interbalístico intermedio "Ghauri", con 1.500 kms de alcance, capaz de acabar con las principales ciudades de la India en caso de que se le coloquen ojivas nucleares. La acción de su enemigo le dio el pie al comandante de las Fuerzas Armadas Indias, General Ved Malik, para solicitar a su gobierno artefactos nucleares y misiles para contener la amenaza paquistaní.

El tablero sigue moviéndose. El 4 de mayo, el Ministro de Defensa de India declara que China es la "amenaza potencial número uno" de su país. Y una semana más tarde India lleva a cabo 3 pruebas nucleares en Pokhran. Pasan otros cinco días y, el 13 de mayo, nuevamente India lleva a cabo 2 pruebas nucleares de mayor potencial .
Las reacciones pakistaníes fueron virulentas. El ministro paquistaní de Asuntos Exteriores declaró estar dispuesto a responder “con creces y con efectos devastadores a cualquier ataque por parte de India”.

La ex primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto (foto), fue más lejos todavía; escribía el 16 de mayo: "la respuesta que se necesita es un ataque militar preventivo para neutralizar la capacidad nuclear hindú". El 28 de mayo de ese año, Pakistán ya había realizado sus cinco pruebas nucleares. Los dos enemigos que se disputan Cachemira, están en condiciones de destruirse mutuamente y por completo.

==Sexta parte de seis

* 1- Sube el volumen de una guerra silenciosa
* 2- La interna islamista
* 3- El juego de las potencias
* 4- Cachemira: Radiografía de los separatistas
* 5- Cachemira: Paramilitares indios

(Publicado en Brecha en enero de 2002)

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Guerra contra el "terrorismo":
el juego de las potencias

El 27 de diciembre de 2001, con la actualidad internacional dominada por la evaporación de Bin Laden en las cuevas de Tora Bora,0 luego de que Estados Unidos acabara con el régimen afgano de los talibán, Gaïdz Minassian escribió un artículo en Le monde diplomatique en el que analizaba cómo esa crisis afectaría el equilibrio de poderes en el conflicto de Cachemira. Su conclusión fue que la posición pakistaní saldría debilitada, a pesar del levantamiento de las sanciones internacionales y del acercamiento a Occidente en apoyo a su lucha antiterrorista. La línea argumental de Minassian se basaba en la existencia de nexos entre la organización de Bin Laden, Al-Qaeda, y los rebeldes islamistas de Cachemira apoyados por Pakistán. Este factor se suma al juego diplomático de la India, que ha multiplicado su cooperación con Occidente, ha relanzado sus lazos con Rusia, y ha intentado consolidar su flamante acercamiento a China, tradicional aliado de Pakistán. “Considerando que la lucha contra el terrorismo es universal -escribió Minassian- Nueva Delhi ha hecho saber a Occidente que esa lucha antiterrorista pasa por aplastar al separatismo en Cachemira”.

Esta fragilización de Pakistán en el plano internacional va de la mano de su potencial debilitamiento al interior, ya que los sectores pro-talibán no le perdonarán fácilmente su apoyo a Estados Unidos. Si bien más adelante analizaremos este factor interno del islamismo pakistaní, es posible que el gobierno, en manos de una cúpula militar laica con una legitimidad frágil, ya que accedió al poder por medio de un golpe de Estado, vea con buenos ojos un aumento de las tensiones en Cachemira para desviar el foco de la atención hacia un enemigo exterior. En esta hipótesis, Pakistán descontaría un apoyo de Estados Unidos en una eventual contienda contra India. Algo que, para Minassian, no está tan claro: “Rusia, Irán y China encontrarían en este eventual conflicto indo-pakistaní un terreno concreto y favorable para su cooperación cuadrilateral, lo que pondrá a Estados Unidos frente a un dilema: apoyar a Pakistan pero chocar contra una Rusia que se ha mostrado como pro-americana desde la guerra de Afganistán, o abandonar a Pakistán y correr el riesgo de perder un aliado en provecho del eje potencialmente rival de Rusia-Irán-India-China”.

Por ahora todo son especulaciones. Aunque China ha guardado silencio, el vocero del gobierno pakistaní lo ha anunciado públicamente: China se ha comprometido a “apoyar a Pakistán ante cualquier eventualidad”. Lograda la paridad nuclear entre ambos contendientes, el bando pakistaní parece querer inclinar la balanza con la fuerza de las alianzas. Una Rusia debilitada y un Estados Unidos vacilante por sus propias necesidades de aliados dentro del mundo musulmán, pueden transformar a China en el as en la manga.

Para quedar satisfecho, al menos por el momento, Pakistán tiene exigencias concretas. Quiere que India disminuya significativamente su presencia militar en los 3.100 kilómetros de frontera común. A cambio, y a tono con su postura en el conflicto afgano, está dispuesto a ofrecer colaboración para detener a los militantes islamistas responsables del atentado contra el parlamento indio que en diciembre pasado provocó catorce muertos. Para India esto es insuficiente. Reclama más detenciones y el cese de todo apoyo a los rebeldes. Mientras tanto continúa con sus propias medidas militares y policiales en Cachemira. La más reciente fue cortar las líneas telefónicas internacionales y prohibir el acceso a Internet.

==Segunda parte de seis

* 1- Sube el volumen de una guerra silenciosa
* 3- La interna islamista
* 4- Cachemira: Radiografía de los separatistas
* 5- Cachemira: Paramilitares indios
* 6- La carrera nuclear

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de enero de 2002)

Etiquetas: , , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo