29 septiembre 2007

“Cada día los iraquíes tienen una cita a ciegas con la muerte”

La inseguridad cotidiana, la falta de servicios públicos, la presencia de escuadrones de la muerte impulsados por los ocupantes, el dilema entre resistencia armada y desobediencia civil, fueron parte de casi dos horas de conversación con el fundador de Musulmanes por la Paz, Sami Rasouli. Pero no todo es desesperanza. Entre 20 y 30 estudiantes iraquíes podrán culminar su carrera de ingeniería en Uruguay, a partir de marzo, si prospera un acuerdo que este ex profesor de matemáticas fue a sellar con la Universidad de la República.

ESTÁ TERMINANDO DE revisar su correo electrónico en el lobby del hotel. A simple vista se lo puede confundir con un hombre de negocios. Tal vez un viajante de comercio. Su gesto sonriente se parece a la fotografía que lo mostraba en la portada de una revista de Minnesota. Pero no es exactamente la misma persona. La diferencia va más allá de que ahora no calce el fez ni lleve en su mano derecha la bandeja con pan árabe. Entre aquella revista de un satinado luminoso y esta mañana gris de Montevideo hay un abismo más profundo que un cambio de vestuario. Un cambio de atuendo, por otra parte, natural para quien debió dejar su posición de exitoso empresario gastronómico para liderar una organización humanitaria en un país en guerra. El abismo que separa ambos momentos en la vida de Sami Rasouli es una fecha. El ejemplar de la revista de Minnesota con su foto es de agosto de 2001. La edición siguiente tendría en la portada el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. Un hecho que marcaría el final de la pax americana. A partir de entonces se abrió una nueva etapa histórica en la cual, entre otras turbulencias, el país donde nació este chiita casado con una mujer sunita, sería golpeado duramente por su país adoptivo. Luego de vivir treinta años en Estados Unidos regresó al Irak invadido y colaboró en la creación de Musulmanes por la Paz, una organización que describe como laica, pero que lleva en su nombre el signo cultural que identifica a la mayoría de los iraquíes.

Las posiciones de Rasouli son polémicas. Aunque su prédica permanente por la paz impide que comparta la resistencia armada, dice entender sus razones. Sostiene que los atentados cruzados entre chiitas y sunitas son provocados por los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel. Critica a Sadam Hussein por su régimen de partido único, pero reconoce los logros de su gobierno en salud y educación, así como su nacionalismo y panarabismo. No da demasiado crédito a las acusaciones de crímenes en masa cometidos contra la minoría kurda ya que, dice, no hubo una investigación realmente independiente sobre la responsabilidad de Hussein. Su testimonio, se esté de acuerdo o en desacuerdo con sus posturas políticas, brinda una oportunidad única de conocer, de primera mano, cómo es la vida cotidiana de un país en guerra. En especial cómo es la vida de los profesores y estudiantes universitarios de una sociedad cuya clase media “ha sido prácticamente destruida”.

-¿Qué lo trae a Montevideo?- Dos razones. En primer lugar, estoy aquí para contar mi historia. La historia de Irak. Los medios de comunicación internacionales, es decir, los medios estadounidenses, no brindan una verdadera visión de lo que ocurre en mi país. Y es en esos medios estadounidenses en los que se focalizan las coberturas de los periodistas que están fuera de Irak, y también dentro de Irak, ya que los medios iraquíes están financiados y controlados por el Pentágono. La segunda razón por la que estoy aquí es por algo por lo que mi organización y los estudiantes iraquíes estamos muy agradecidos, y es por el esfuerzo que se está haciendo a iniciativa de mi amigo Gregory Randall y de la Facultad de Ingeniería de Uruguay, para que se provean becas para los jóvenes que no pueden continuar sus estudios en Irak. Hemos venido entonces para formalizar un acuerdo que permita que esos estudiantes puedan finalizar su carrera.

-¿De qué manera la situación actual de inseguridad incide en el funcionamiento universitario? -De un modo terrible. Los estudiantes, al igual que los profesores, viven bajo las durísimas condiciones de una ocupación y encuentran sumamente difícil realizar su trabajo académico y científico, e incluso continuar con sus vidas. Sufren secuestros, asesinatos, y son forzados a dejar el país. Lo que les afecta es parte de una situación más amplia todavía ya que, lamento decir esto, la clase media en Irak ha sido prácticamente destruida. En los últimos cuatro años y medio se ha producido el desplazamiento de dos millones de personas que viven como refugiados dentro de su propio país, en tanto que otros dos millones y medio han debido huir a los países vecinos. Eso implica que los que estaban en un aula universitaria, estudiando o enseñando, ahora viven en tiendas de campaña. En el mejor de los casos están como huéspedes en casas de familiares o amigos, lejos de la zona caliente de los alrededores de Bagdad.

Las noticias de esta semana nos recuerdan que toda la zona sur, entre Bagdad y Basora, es un lugar muy inseguro. Los británicos finalmente han decidido dejar Basora, debido a la fuerte resistencia que han encontrado en esa población. El 2 de febrero de este año yo estuve en Basora. Cerca de las ocho de la noche me encontraba en la habitación de mi hotel mirando las noticias en la televisión, cuando todo el edificio tembló a causa de una gran explosión. Salté de mi cama y me asomé por la ventana. Vi a un hombre joven lanzando cohetes, no sé contra qué lugar, sólo se que en aproximadamente diez minutos lanzó más de quince cohetes. Llamé a la recepción y pregunté qué estaba pasando. El recepcionista me dijo que nada extraño, que esto ocurre todos los días. Simplemente era la resistencia iraquí que desde la clandestinidad estaba empujando a los británicos fuera de la ciudad.

-¿Cómo afecta esto la vida cotidiana de una familia promedio?-Cada vez que un niño iraquí va a la escuela o un adulto al mercado, cualquier cosa que salga a hacer el iraquí, cada día, está teniendo una cita a ciegas con la muerte. El momento y el lugar permanecen indeterminados. No se sabe cuándo o dónde. Es una cita a ciegas. Yo mismo en los últimos años he escapado a dos intentos de secuestro. He sido afortunado. Mi sobrino, sin embargo, no tuvo la misma suerte. Fue secuestrado y la familia recibió un pedido de rescate de ochenta mil dólares. No tenían ese dinero y debieron vender la casa, pero sólo obtuvieron cincuenta mil dólares y tuvieron que pedir prestados otros treinta. Pagaron y recuperaron a mi sobrino, pero perdieron todo aquello que habían construido en una vida de trabajo. El 21 de agosto, hace dos semanas, una integrante de nuestra organización fue asesinada en su casa, delante de sus hijos. Decenas de personas son asesinadas cada día. Tal vez por diferencias políticas, no sabemos por qué. Se trata de asesinatos cometidos por grupos clandestinos de tipo religioso, o del antiguo régimen, o de este régimen, o contratados por los ocupantes para desestabilizar el país y eliminar a los educadores y a los intelectuales.

-En su opinión, ¿existe una guerra civil en Irak?-No. Absolutamente no. Una guerra civil significa que hay vecinos peleando contra sus vecinos. Una ciudad contra otra ciudad. El gobierno de Estados Unidos desearía que hubiera una guerra civil, así pueden quedarse más tiempo. Por eso han estado provocando a la gente de Irak. ¿Cómo? Por ejemplo, el primero de mayo de 2003, el presidente George W. Bush desde una nave de guerra dijo “Misión cumplida” (foto). Ese mismo día la resistencia iraquí comenzó sus ataques contra el ejército de Estados Unidos y de su coalición alcanzando los 25 ataques diarios. Eso fue creciendo, al punto que hoy hay 125 ataques al día. El 5 por ciento de la población de Irak eligió oponerse a la ocupación mediante el uso de la violencia. El 5 por ciento de 25 millones de personas implica casi un millón y medio de combatientes. Pero el 80 por ciento de la población apoya a ese 5 por ciento.

-Pero ¿qué ocurre con los enfrentamientos entre milicias chiitas y sunitas?-No hay nada de eso. Veamos, en Irak hay entre 150 mil y 160 mil soldados estadounidenses. Ese es el ejército oficial. Pero a la vez hay entre 100 mil y 150 mil mercenarios, los llamados contratistas privados que trabajan en compañías que tienen la misión de ayudar al gobierno de Estados Unidos a consolidar su ocupación. Me pregunto, ¿qué es lo que están haciendo? Este año fui invitado a dar una conferencia en una universidad de Minnesota. En el panel estaba un ex soldado, que había dejado el servicio por desacuerdos con lo que su país estaba haciendo en Irak. Hablamos sobre los mercenarios y él me dijo que esos contratistas privados estaban ahí para hacer el trabajo sucio que el ejército no puede hacer. Si hacemos memoria, veremos que el número de mercenarios comenzó a crecer paralelamente a la labor de John Negroponte como embajador estadounidense en Bagdad. Un hombre que siempre mantuvo un perfil bajo ante los medios, pero que fue quien estableció los escuadrones de la muerte, la contrainsurgencia. A la vez están las fuerzas armadas del actual gobierno iraquí. En el país hay un 65 por ciento de desocupación, fueron destruidas todas las capacidades productivas, los únicos dos empleos que han sido creados fueron el de policía y el de soldado, creados para ayudarles a establecer su ocupación.

Son 300 mil los integrantes de las fuerzas de seguridad del actual gobierno iraquí. No son leales a los estadounidenses. No son leales al gobierno. No son leales a Irak. Son leales a sí mismos, porque tienen hambre, tienen que sobrevivir. Les pagan apenas unos doscientos dólares aunque el país es sumamente rico. Irak está flotando sobre un océano de petróleo y sin embargo siete millones de iraquíes están bajo la línea de pobreza. En ese contexto es que Negroponte (en la foto junto a Bush) y el actual gobierno planificaron golpear sobre personas del antiguo régimen. Cada día aparecen decenas de cadáveres, asesinados con un balazo y con los ojos vendados. ¿Quién lo hace?

-¿Quién lo hace?- Los escuadrones de la muerte, mientras el gobierno y los estadounidenses sólo observan. Los mercenarios atacan mezquitas chiitas y a la vez atacan mezquitas sunitas, para provocar el enfrentamiento. Intentan que los iraquíes se maten unos a otros, pero los iraquíes no caen en esa provocación.

-Según usted, entonces, esos atentados contra las mezquitas son provocados por los mercenarios.-Definitivamente. No es solamente mi opinión. Los iraquíes saben lo que ocurre. Cientos de académicos y científicos han sido asesinados. ¿Quién los mata? ¿Los iraquíes matan a sus propios profesores? ¿Por qué? Eso, sumado a la cantidad de niños que han debido dejar sus escuelas y huir del país, es terrible para el sistema educativo. ¿Qué clase de futuro espera al país?. Estados Unidos dice que está librando una guerra contra el terror. Pero esos niños que no reciben educación tienen más posibilidades de volverse extremistas. Hacerles eso, cortar así su educación y su futuro, es un crimen contra la humanidad. ¿Por qué hacen eso los estadounidenses? ¿Por qué generan ese flujo de refugiados y vacían las principales ciudades? Para que sea más fácil dividir el país en tres zonas (NdeR: una de las tesis para salir del empantamiento en Irak desempolvó un viejo plan británico de separar en tres al país, una zona chiita, otra sunita y otra kurda) . Pero los iraquíes no permitirán esa partición. Por eso la resistencia. Por eso los británicos han debido dejar Basora y por eso, inshallá, los estadounidenses también deberán irse.

Nosotros, como Musulmanes por la Paz, estamos contra la violencia. Pensamos que es mejor la movilización de cientos de miles de personas, sin armas, diciéndole a los estadounidenses que se vayan. Es verdad, la resistencia está haciendo la diferencia, no puede negarse, pero su camino toma demasiado tiempo. La movilización pacífica de cientos de miles de personas, empujando cada día a los ocupantes mediante la desobediencia civil, pienso que puede ser mucho más efectiva. ¿Qué estamos haciendo mientras tanto? Manteniendo a la comunidad unida.

En febrero de 2006 hubo un atentado contra la mezquita de Samarra. Nadie tomó represalias. Porque todos sabían quién estaba detrás: los estadounidenses, los israelíes. El propósito era claro. Se trataba de una mezquita chiita ubicada en un área sunita. Fue atacada con la intención de enfrentarnos unos contra otros. Pero los sunitas alojaron esta mezquita chiita durante trece siglos. No sólo porque los sunitas también reverenciaban a los imanes, descendientes del profeta Mahoma, cuya memoria eran honrada en esa mezquita, sino también por razones más terrenales. La enorme cantidad de peregrinos chiitas que siempre visitaron la mezquita de Samarra han sido una fuente de ingresos para los sunitas, que les vendían sus productos o los alojaban en sus hoteles.

-¿Quién provee a la resistencia con armas y dinero? ¿Tal vez los países vecinos como Irán o Siria? -Cualquier afirmación que provenga de Estados Unidos no es creíble para mi. Resulta obvio que los estadounidenses van tras Irán y Siria, porque es parte de su proyecto global para que el siglo XXI tenga un Oriente Medio bajo su controlado. Por eso Washington acusa a Siria y a Irán. Si nos preguntamos quién está detrás de la violencia en Irak, la respuesta es que son cuatro grupos: primero y principalmente los Estados Unidos, en segundo término la resistencia, en tercer lugar las bandas criminales que desde un comienzo han aprovechado la situación para saquear museos y secuestrar personas, y el cuarto grupo son las agencias de inteligencia extranjeras, entre ellas están, es cierto, las iraníes y sirias, pero también saudíes, rusas, francesas, israelíes y obviamente estadounidenses. Permitame que le cuente una historia. A fines de enero de este año entre cinco y ocho vehículos utilitarios de color negro, iguales a los usados por la CIA o por los mercenarios, ingresaron en el centro de Kerbala, a unas 60 millas de Bagdad. Los vehículos estaban repletos de combatientes, vestidos como estadounidenses, con armas estadounidenses y que hablaban inglés con fluidez. Atacaron el cuartel del ejército de Estados Unidos en esa ciudad, mataron cuatro marines, destruyeron dos vehículos militares y secuestraron a dos oficiales de muy alta graduación.

Nadie los detuvo y unos kilómetros afuera de la ciudad abandonaron dos de sus transportes con los cuerpos de los dos altos oficiales, a los que habían asesinado. En el lugar dejaron también sus uniformes, sus armas y sus equipos de última tecnología. Nadie supo nunca quien estuvo detrás de ese operativo. Una semana más tarde, en la ciudad comenzó a circular una versión que atribuyó el episodio a una operación de los iraníes. A través de esa acción, Irán le envió un mensaje a Washington. Si ustedes están en Irak, recuerden que nosotros también estamos en Irak. Pero nuestra presencia es más fuerte y efectiva. ¿Por qué eligieron ese momento para das ese mensaje? Porque diez días antes, cuatro o cinco diplomáticos iraníes habían sido secuestrados en el norte de Irak. Es decir que en estos momentos Irak es un campo de batalla en el que combaten extranjeros, pero los que mueren y sufren son los iraquíes.

-¿Cuál es su opinión sobre Sadam Hussein?-Sadam Hussein fue un dictador brutal, pero a la vez era sumamente nacionalista, un panárabe que quería ver unido al mundo árabe. Él era parte del Baas, un partido político fundado a fines de la década del 40 por un cristiano de Siria. Un partido que luego pasó a tener influencia en Irak traído por un ideólogo chiita. El símbolo del partido Baas es la búsqueda de un mundo árabe de carácter social, libre y unido. Es una filosofía secular que permite que cada quien tenga su propia opción religiosa. Por eso es que yo digo que hablar de una guerra civil entre sunitas (NdeR: el régimen baasista de Hussein era esencialmente sunita) y chiitas parece una broma. Yo soy chiita y estoy casado con una mujer sunita. ¿Por eso voy a matarla?. Saddam nunca fue sectario, pero aplastaba a cualquiera que le señalara sus errores. Estableció buenos servicios de salud y de educación, mantuvo niveles bajísimos de desempleo incluso durante la época de las sanciones internacionales. Sin embargo los medios de comunicación estadounidenses lo demonizaron. Su único problema era que quería un Irak de partido único.

-¿Qué recuerda del día en que su país fue invadido?-Es un recuerdo muy triste. En ese momento estaba en Estados Unidos. Mi pensamiento fue que el cowboy americano había robado el tren iraquí buscando el botín del petróleo.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 7 de setiembre de 2007)

Etiquetas: ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

13 octubre 2006

Difícil vecindad

La opinión pública india está más preocupada por la reciente epidemia de dengue (que afectó incluso a los nietos del primer ministro) que por las revelaciones acerca de la complicidad paquistaní en los atentados ocurridos el 11 de julio en el sistema ferroviario de Mumbai. Nadie se asombra de que una investigación confirme lo que años de realidad y propaganda acostumbraron a imaginar. Y probablemente tampoco haya demasiada sorpresa en las revelaciones que se conocieron el miércoles pasado, cuando el abogado de los supuestos autores materiales dijo que las confesiones habían sido arrancadas bajo presión.

Del otro lado de la frontera, a juzgar por el espacio dedicado por los periódicos a los que puede accederse vía internet, los editores paquistaníes tampoco pierden el sueño por la acusación de sus vecinos. Están bastante ocupados en informar sobre el flamante libro de memorias de su presidente de facto, Pervez Musharraf, o en seguir las polémicas que ha generado, no sólo por su contenido sino también por los excesivos gastos que ha debido pagar el Estado para patrocinar una gira mundial de promoción en la que el autor se hizo acompañar por una comitiva de setenta personas. Sin embargo, más allá de lo que muestran los titulares de la prensa local, y contrariamente a lo que podría parecer a primera vista, la difusión del apoyo que los servicios secretos de Pakistán habrían dado a los autores de los ataques que mataron a 186 personas abre, paradójicamente, una oportunidad de mejora de las relaciones entre ambos países.

Uno de los caminos para prevenir conflictos, o para empezar a cicatrizar heridas, es el establecimiento de medidas de “confianza recíproca”. Medidas progresivas por las cuales se generan mecanismos de cooperación entre los aparatos armados de países que estuvieron enfrentados o cuya paz es frágil. Recientemente, como resultado de los esfuerzos de acercamiento entre India y Pakistán (por ejemplo durante la Cumbre de Países no Alineados realizada en La Habana), se estableció un esquema de cooperación de sus servicios de seguridad. Un mecanismo destinado a ir desmantelando el reflejo condicionado de las acusaciones mutuas, retórica que encuentra su criterio de verosimilitud en la historia de desestabilizaciones recíprocas con epicentro en la disputada región de Cachemira. Por eso, como primer paso de un deshielo progresivo, ahora se busca cambiar esa desconfianza por cooperación.

Cuando el jefe de policía de Mumbai dijo la semana pasada que su investigación permitió descubrir que los atentados de julio fueron planeados por el ISI ((Inter-Services Intelligence, agencia de inteligencia paquistaní) y realizados por el Lashkar-e-Toiba, un grupo islamista radical basado en Pakistán, se pensó que la reacción de los gobiernos sería una nueva escalada de declaraciones altisonantes. Pese a eso, y luego del esperable desmentido oficial paquistaní, el premier indio, Manmohan Singh, se comprometió a compartir con sus vecinos las pruebas que obtuvo la policía de Mumbai. “Los probaremos, a ver qué tan sinceramente están dispuestos a llevar adelante el compromiso que el president Musharraf y yo hemos firmado en nuestra declaración conjunta”, dijo, en referencia al acuerdo alcanzado en Cuba.

Es un paso. Aunque las pruebas de lo ocurrido a mediados de año sean tan débiles como se sospecha, las heridas abiertas son muchas. Como ejemplo de todo lo que deberá dejarse atrás baste decir que este jueves, sin ir más lejos, una corte india procesó a dos nuevos acusados en el caso de otra serie de atentados en cadena, los ocurridos en 1993 con un costo de 257 vidas, también en Mumbai. De los documentos del veredicto, disponibles en la edición on line del The Times of India, se desprende que los autores y sus cómplices recibieron entrenamiento en Pakistán.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de octubre de 2006)

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

13 marzo 2006

Puerto Soledad, año 24

Fueron las guerras de una generación que llegó tarde a la Revolución Cubana y al conflicto de Vietnam. La Revolución Sandinista de 1979 y los combates por las Malvinas de 1982, se colaron por detrás de la cortina informativa de los telenoticieros de la dictadura uruguaya y trajeron sus imágenes de las guerras en diferido.

La primera, mostrada con perfil bajo. Igual alcanzó para tatuar en las retinas las visiones fugaces de aquellos adolescentes, con gorra de béisbol y camisa escocesa, parapetados detrás de barricadas de adoquines mientras disparaban contra una tanqueta que maniobraba torpe en las calles de Managua. La otra, amplificada. Repetida en una tonalidad patriotera que hizo que sus sobrevivientes tuvieran que cargar con el peso de la derrota y, además, con el estigma de haber sido los peones de la aventura militar de una dictadura agonizante.

Este domingo se cumplen 24 años de aquella mañana en que los liceales uruguayos se enteraron que “las Malvinas son argentinas”. Una primera imagen, de la revista Gente, mostraba una fila de británicos con las manos en la nuca, caminando, prisioneros, en las calles de Port Stanley. La segunda imagen, propaganda perfecta, uno de los soldados argentinos jugando un picado con niños kelpers en esas mismas calles, sólo que en esa segunda foto ya se llamaba Puerto Argentino. Después vinieron las tapas de Tal Cual y Flash, que mostraban a Margaret Thatcher con bigote hitleriano y dientes de vampiro. La tragedia del hundimiento del Belgrano con sus decenas de marineros muertos. La leyenda de los gurkas. Las maniobras de los aviones y su aporte al vocabulario de aquellos años: Sea Harrier, Pucará, Exocet. La última foto de una montaña de armas entregadas el día de la rendición, y otra vez una fila de soldados vencidos, en este caso argentinos. La ciudad volvió a ser Port Stanley, aunque mejor hubiera sido que recuperara su nombre original, el que le habían dado los colonos franceses: Puerto Soledad.

El cuartelero

La guerra de las Malvinas duró hasta el 14 de junio de 1982. Fueron 74 días y casi mil muertos. Fue un intento desesperado de la dictadura argentina por ganar un poco de aire en su falta de popularidad. Una tabla de flotación patriótica para flotar un poco más en el mar embravecido de la crisis económica. La cara visible de esa jugada desesperada fue el General Leopoldo Galtieri. Definido por el periodista Ricardo Herren, del diario español El Mundo como “un mediocre que llegó a general sólo porque le tocó vivir tiempos excepcionales. Cuartelero, simplón, grandulón, rudo en sus maneras, se creía el Patton argentino por su parecido físico con el actor George Scott, que encarnó en el cine al famoso general de caballería de la II Guerra Mundial. Su desmedida afición al whisky escocés debió de contribuir a dar vuelo a sus fantasías”. Esa desprestigiada dirigencia colaboró a que los veteranos de Malvinas vivieran años de abandono. Los suicidios de unos 300 ex combatientes llamaron la atención de las autoridades y con el gobierno de Néstor Kirchner se han comenzado a revertir las cosas.

Palabra de Kelper

Un reporte de la BBC de Londres muestra una perspectiva poco transitada cuando se recuerda el conflicto. El punto de vista de los niños kelpers que estaban en la escuela cuando desembarcaron los soldados argentinos. Robert Wilkinson, que tenía 11 años en 1982, recuerda que “estaba bastante entusiasmado y miraba a cada rato hacia una de las puertas, porque los maestros y otras personas subían y bajaban, entraban y salían. Veíamos esas figuras acercándose a través del vidrio congelado de las ventanas y nos preguntábamos si serían soldados o algo parecido”. Y el testimonio se encuentra con aquella segunda foto de la revista Gente. “La tarde del 2 de abril nos pusimos a jugar al fútbol y uno de los chicos pateó una pelota que se fue por la esquina. Cuando la fueron a buscar se encontraron de golpe con dos marinos argentinos completamente armados. Mis compañeros estaban aterrorizados y comenzaron a retroceder. Pero los soldados eran realmente amigables”. Sea como sea, la guerra nunca es un buen recuerdo. “Yo llegué a apreciar a esos soldados que morían -relata Wilkinson- a esos pilotos que eran derribados y se perdían con sus aviones, y con ellos todos esos años de ir creciendo, de estudiar, años de encuentros, de matrimonios y de hijos. Fue una completa pérdida de vidas".


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en La Diaria en marzo de 2006)

Etiquetas: , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

26 febrero 2006

Nagorno Karabaj y Kosovo

En cierta forma puede calificárselo como el primer conflicto étnico de la era pos Guerra Fría, ya que surgió en pleno auge de la perestroika. Víctima de la zigzagueante política soviética de “nacionalidades”, el enclave de Nagorno Karabaj fue empujado al abismo a fuerza de decisiones administrativas. Habitado por armenios de religión cristiana, fue puesto bajo jurisdicción de Azerbaiyán, cuya población es mayoritariamente musulmana. Tres años antes de la caída de la Unión Soviética comenzaron los primeros problemas que luego derivaron en actos de “limpieza étnica”, incluyendo una recordada masacre cometida por azeríes en contra de mujeres armenias en la sala de maternidad de un hospital.

Esos antecedentes, y los largos años de una guerra civil que sólo se detuvo en 1994, iniciaron un complejo proceso de negociaciones que siempre se ha mantenido en un tercer plano informativo. Esta semana, una nueva ronda de conversaciones fue dada por terminada sin que se llegara a ningún acuerdo entre las partes. Tanto armenios como azeríes afirman que Nagorno Karabaj les pertenece. Por el momento Armenia controla el enclave y varias zonas cercanas, por lo que se vive en un estado de paz armada.

En la situación opuesta está el conflicto de Kosovo. El lunes 20 las delegaciones serbia y albanokosovar se sentarán ante una mesa de negociaciones que se instalará en Viena para tratar el futuro de esa provincia balcánica. Aunque también en este caso las partes comienzan con posiciones muy claras y en apariencia antagónicas, hay un mejor horizonte para la flexibilidad. Los kosovares de raíz albanesa parecen estar proclives a negociar una fórmula de autonomía, si es que abarca todos los aspectos de la administración de la provincia, y siempre y cuando no implique renunciar a la posibilidad de la independencia. Para los serbios, mientras tanto, la independencia de Kosovo resulta una hipótesis “impensable”, según lo afirmó el primer ministro Vojislav Kostunica. Desde Albania, el canciller Besnik Mustafaj aclaró –para despejar eventuales expectativas– que su país no tiene ningún interés en que se produzca una unión con Kosovo.

Puestas todas las cartas sobre la mesa, la solución de otorgar a la provincia una autonomía importante pero manteniéndola dentro de Serbia presenta dos caras de una solución que es triple. La tercer arista es la expectativa del ingreso de Serbia a la Unión Europea, por lo que los albanokosovares podrían convertirse en ciudadanos comunitarios y tendrían la garantía de que Belgrado debería cumplir con los estándares europeos en materia de respeto a los derechos humanos. Ya en 1999, en plena crisis balcánica, el escritor bosnio Predrag Matvejevic había dicho que la mejor solución para los pueblos balcánicos era vivir bajo un “arbitraje internacional”. En su opinión, el rol que en su momento cumplieron los imperios otomano y austríaco, que además de ser fuerzas de ocupación actuaron como elementos de contención ante los nacionalismos locales, podría en un futuro cumplirlo Bruselas, en un marco que fuera respetuoso de las soberanías y al que se llegara de común acuerdo. Por el momento, el protectorado de Kosovo, habitado en más de un 90 por ciento por personas de origen albanés, sigue siendo en los papeles una provincia serbia, aunque está bajo administración de las Naciones Unidas.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en febrero de 2006)

Etiquetas: , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

18 noviembre 2005

Gamberros, desestructurados y sin ley

La abundancia de términos para describir fenómenos similares no sólo genera problemas políticos, sino que también le quita el sueño a los traductores. El Parlamento Europeo, luego de un análisis de sus técnicos en cuestiones terminológicas, concluyó que la palabra castellana más adecuada para estos Estados no es “frágiles” sino “desestructurados”. Reconociendo la existencia de dos enfoques claramente diferenciados en el discurso internacional, el de “estados fallidos” y el de “estados que están fallando”, los técnicos recomiendan usar, respectivamente, “estados desestructurados” y “estados en procesos de desestructuración”, por considerar que “reflejan perfectamente los distintos matices de la terminología inglesa” y se ajustan a los enfoques que aparecen en documentos de la Cruz Roja Internacional y de la UNESCO.

Lo que desvela a los traductores es la altísima creatividad demostrada por la política exterior de Estados Unidos para generar nuevos conceptos, los que parecen responder a un interés de adaptarse a sus múltiples preocupaciones de seguridad más que a las necesidades de un diagnóstico preciso. El ejemplo más extremo de esta “creatividad dirigida” es el benjamín de estos conceptos/estigma: “populismo radical”, categoría incluida entre las nuevas amenazas para la seguridad, y que parece ser un concepto creado a la medida de un único país, Venezuela. Pero también el vecino más cercano a los venezolanos, Colombia, que siempre ha estado haciendo equilibrio en los bordes de los índices de fragilidad (muchas veces salvado a último momento de la categorización gracias al alineamiento de su actual presidente Alvaro Uribe -foto- con la política de seguridad hemisférica de Estados Unidos), tiene sobre su cuello el filo de las llamadas “áreas sin ley”. En este caso la fragilidad no sería de todo el Estado, sino que el problema se reduciría a la incapacidad de controlar ciertas porciones de territorio, lo que justificaría una colaboración puntual de Estados Unidos o de las potencias regionales para garantizar la seguridad en esas porciones de territorio donde el país ha perdido el monopolio de la fuerza legítima y la posibilidad de impartir justicia.

Estas fragilidades de moda recuerdan conceptualizaciones más antiguas, como la casi perimida categoría de los “Estados canallas” (o “Estados gamberros” para respetar el castizo de Taibo, autor citado en el cuerpo central de esta nota), que estuvieron de moda en los años noventa, y que definían a países como la Liba de Gadafi, la Serbia de Milosevic, o el desaparecido Irak de Sadam Husein. En una suerte de mutación, en la que no han sido ajenos los errores de los centros hegemónicos, ahora la comunidad internacional ya no tiene que lidiar con los “Estados gamberros” sino con “los gamberros sin Estado". Esas zonas inasibles del mapa político, en las que no hay una embajada sobre la que presionar ni un asiento en Naciones Unidas sobre el que centrar las acusaciones, son las que favorecerían el establecimiento de redes trasnacionales delictivas. Menudo problema en el que están embarcadas, por partes iguales, las agencias de seguridad y las de desarrollo.

==Octava parte de nueve

* 1- La fragilidad como amenaza
* 2- Dos enfoques
* 3- Seguridad para el desarrollo
* 4- Desarrollo para la seguridad
* 5- El riesgo
* 6- La polémica
* 7- El caso congoleño
* 9- Fuentes

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2005)

Etiquetas: , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

10 septiembre 2005

Los números de la guerra

La economía y la guerra han estado siempre ligadas. Es posible que la lucha por el control de recursos naturales sea el más verosímil de los paradigmas actuales que intentan explicar la persistencia de los conflictos. Pero más allá de esta relación, y dejando de lado incluso el evidente perfil de la industria militar como factor económico, los expertos que participaron del informe del PNUD sistematizaron el modo en que esos términos que habitualmente forman parte del vocabulario de los economistas pueden aplicarse a las sociedades que viven una guerra. El crecimiento, por ejemplo, es uno de los factores más afectados.

Según el Banco Mundial, un conflicto que se extienda por siete años implicará que el país involucrado pierda, anualmente, un promedio de 2,67 puntos porcentuales de crecimiento. Colombia dejó de crecer dos puntos cada año desde 1992, asegura otro estudio. O para ponerle precio, si eso fuera realmente posible, estar en guerra no le cuesta a un país en desarrollo menos de 54 mil millones de dólares. A esto se le suman las fugas de capitales (cercanas al 20 por ciento cuando hay riesgo potencial de conflicto) y las evidentes pérdidas en infraestructura. Estas cifras, que parece abstractas, adquieren un rostros y reflejan una sumatoria de dramas individuales cuando el informe constata, por ejemplo, que en el sur de Sudán el 40 por ciento de las familias perdieron todo su ganado en las dos décadas de guerra civil. Pérdidas que no son sólo económicas. En Sierra Leona, durante los enfrentamientos civiles, la mitad de las mujeres sufrieron algún tipo de violencia sexual.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Tres faltas que llevan al infierno
* 2- El peor conflicto
* 4- ¿Por qué ahí?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2005)

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

Tres faltas que llevan al infierno

La falta de seguridad, la falta de capacidad y la falta de legitimidad, son los tres pecados que llevan al infierno a varios Estados frágiles en los que la guerra, a veces prolongada por décadas, reduce sensiblemente las posibilidades de salir de la pobreza. Uno de los capítulos del Informe de Desarrollo Humano 2005, presentado el miércoles en Nueva York, analiza el costo social de los conflictos armados.

No es una carrera contra nadie más que contra sí mismo, por lo que muchos gobiernos y sectores opositores hacen jugar en las arenas políticas nacionales el ascenso o descenso de un país en el índice de desarrollo humano que, cada año desde 1990, encarga el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a un equipo independiente de expertos. Más allá de las situaciones previsibles, como el primer lugar en manos de un país nórdico, Noruega, y el último en manos de un país africano, Níger, el Informe de Desarrollo Humano es un instrumento de análisis y sistematización que ayuda a contextualizar las regularidades de la agenda informativa.

Aunque el Informe también se detiene en los progresos, como el caso de Vietnam, que en una década redujo la pobreza a la mitad y bajó en diez puntos la tasa de mortalidad infantil, las cifras negativas son las que golpean con más fuerza. Uno de los datos más impactantes que contiene el reporte de este año es la que indica que cada tres segundos muere un niño a consecuencia de la pobreza. “No existe indicador más poderoso —o preocupante— de la privación de capacidades que la mortalidad infantil y, sin embargo, cada año mueren más de 10 millones de niños antes de cumplir cinco años”, se lee en el primer capítulo.

Como es fácil suponer, esa masacre silenciosa no es ajena a las desigualdades entre zonas del mundo. El África Subsahariana no sólo es la porción del mapa en la que se registran mayores índices de mortalidad infantil, sino que es el lugar en el que ese indicador aumenta con mayor rapidez. Allí nacen el 20 por ciento de los habitantes del planeta, pero allí mueren el 44 por ciento de los niños víctimas de la mortalidad infantil. Una realidad que se produce a pesar de que el estado de desarrollo científico permite decir al PNUD que “hoy en día es posible prevenir prácticamente todas las muertes en la infancia”.

==Primera parte de cuatro

* 2- El peor conflicto
* 3- Números
* 4- ¿Por qué ahí?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2005)

Etiquetas: , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

13 diciembre 2003

Lejos de Bagdad

Montevideo se ha vuelto una ciudad del trópico. Las noches cálidas tuercen inesperadamente su rumbo y esas nubes en las que nadie había reparado hasta hacía un momento se quitan la máscara en un abrir y cerrar de ojos. Primero es una brisa suave. No alcanza el tiempo para disfrutarla que ya golpea, con violencia, arrastrando a su paso todo lo que permanece distraído. Una caminata lunar inflable daba vueltas sobre sí misma por el medio del césped mientras la tela que cubría los parlantes sólo permanecía atada por uno de los vértices y se agitaba, desbocada. El conjunto no pudo terminar su retirada, por lo que no fue posible, esa noche, comprobar el efecto real de eso de lo que todo el mundo habla en la ciudad: hasta el mejor plantado en su cinismo sufre un nudo en la garganta con la despedida de esa murga. La política ya no hace reír. Los carnavales de ahora son la crónica de eso en lo que se está convirtiendo esta ciudad del trópico, y que los informes internacionales llaman “nación disgregada”. La diáspora. Suele ocurrir después de una guerra o de una catástrofe natural de proporciones bíblicas. Acá el clima cambió por la aceleración imprevista de esa combinación de factores que dos sociólogos, padre e hijo, llamaron el largo adios al país modelo. Ya somos, finalmente, pobres como todos.

* * * * *

La CNN estaba cubriendo la llegada de un huracán a la Florida, y en medio de las calles desiertas y las palmeras que parecían quebrarse por la presión de la tormenta, había una figura solitaria sentada frente a la rambla de Miami, empapándose con las olas que ya se levantaban varios metros. Dos bomberos lo sacaron de esa peligrosa y absurda situación. Cuando ya estaba en terreno seguro el periodista le preguntó qué hacía en ese lugar mientras todo ser sensato estaba encerrado en su casa. “Quería ver cómo era un huracán”, contestó, disgustado por la interrupción, sosteniendo en sus manos un termo y un mate. Ahora ya no hay que ir tan lejos para presenciar y sufrir los nuevos sacudimientos. Enseguida del viento viene la lluvia. Violenta. Diluviana. Traspasa las ranuras y se cuela, invasiva. No hay forma de cubrirse. Las ventanas, que estaban abiertas para conjurar el calor sofocante que precede a las tormentas, se golpean con fuerza mientras el agua se desborda.

* * * * *

No lo despertó el tabletear de la ventana del comedor ni el ruido de los truenos. Lo que lo sacó del sueño fue el llanto de su hijo. Miró resignado el mar de agua en que se había convertido la mitad de su apartamento, cerró las ventanas, y levantó a su hijo de la cuna. Lo tranquilizó acurrucándolo suavemente contra su pecho, y cuando el niño volvió a dormirse, lo acostó junto a él, a su cama. Con la cabeza sobre la almohada, escuchaba la furia de la tormenta y veía cómo el reflejo de los relámpagos iluminaba el cuarto. Una angustia inexplicable comenzó a invadirlo. Se imaginó que no estaba allí, en su casa. O sí estaba. Pero eso que lo aturdía no era una tormenta, sino la guerra. La ciudad estaba siendo bombardeada y él no podía hacer nada para proteger a su hijo. Sólo esperar, acurrucado en la cama, con el corazón en la boca, y rogar que ninguna bomba diera en el blanco. Sí, era a él a quien buscaban los proyectiles. Inmóvil, podía sentir su propio temblor en la calurosa noche.

* * * * *

Al otro día lo contó en la oficina. Todos lo entendieron. No lo compadecieron ni le palmearon la espalda ni le dijeron mucha cosa. Lo entendieron desde esa forma de la comprensión que nace del haber vivido experiencias similares. Es el miedo. Inexplicable. Pero real. Colectivo e íntimo a la vez. En los sesenta estaba el miedo a la bomba. Era un miedo que se conjuraba desde la apelación a un proyecto, o al menos a una visión del futuro. Después ese miedo se fue extinguiendo. Quedó, a lo sumo, como una cuestión reservada a los europeos. Allá ellos y su Chernobyl. En esta banda del Atlántico lo sustituyó la convicción de que aquí no podía ocurrir. No a nosotros. Granero del mundo, vendedores de corned beef en cada una de las guerras pasadas, campeones del mundo en pasar desapercibidos. Pero también esa certeza desapareció. Se fue en el largo adios del que hablaban Carlos y Fernando Filgueira. En su lugar se instaló una duda que parecía provenir de lo más oscuro. ¿Por qué no iba a ocurrirnos a nosotros? No es que esta guerra importe más que otras. Ocurre que esta es nuestra primera guerra en desamparo.

* * * * *

El otro trópico, el verdadero, se toma las cosas con más calma. Nadie sale con paraguas porque cuando se desata la lluvia más vale dejarla correr, para que pase más rápido. Jeremías sobrevivió a diez años de guerra con una filosofía parecida. “Combates combates, lo que se dice combates, había pocos, la mayoría de los muertos cayeron en emboscadas”, contaba. Y del análisis se desprendía el método: “por eso no hay que ir ni muy adelante ni muy atrás, siempre en el medio de la columna, y sin hacerse el héroe, que eso no sirve para nada”. Escucharlo era como escuchar de nuevo aquellas palabras de Dora María: “acá la guerra la ganamos los cobardes, a los valientes los mataron enseguida”. Un exceso de modestia para la mujer que dirigió la toma de León.
En Nicaragua todos tienen su anecdotario. Hay quien prefiere la épica de los años de la guerrilla, otros aseguran que la verdadera estatura trágica de lo que ocurrió en ese país está en lo que vivieron los jóvenes movilizados en el Servicio Militar Patriótico. Para acercarse a esa faceta no había nada mejor que escuchar a Noel Irías, probablemente el único de los periodistas nicas que podría haber descollado en su profesión en cualquier parte del mundo. Murió con poco más de treinta años y nunca escribió el libro que debió haber escrito sobre sus años en la guerra. No los vivió como reportero sino como conscripto. Una de sus historias hablaba de un compañero de pelotón, un niño rico de Managua que nadie sabía cómo lograba estar siempre atildado e impecable incluso en medio del barro de la montaña. Todos se burlaban y hasta le habían pegado la peor etiqueta que puede recibirse en esa sociedad patriarcal y violenta: maricón. Un buen día al niño rico le diagnosticaron lepra de montaña, una enfermedad que era la pesadilla del campesino y, por lo tanto, del soldado. Un mal que se va comiendo partes enteras de la cara hasta dejar al paciente completamente desfigurado a menos que se someta de inmediato a una batería de inyecciones. En esos años de bloqueo, el tratamiento era escaso y costosísimo, así que quien tenía la desgracia de contagiarse la lepra de montaña, no podía hacer otra cosa que resignarse y volver con la cara mutilada. Una ganga para una guerra que costó cincuenta mil muertos y que dejó a casi media generación en silla de ruedas. Pero el personaje de esta historia era un niño rico, así que sus padres mandaron a traer del extranjero el tratamiento completo y se lo enviaron de inmediato. Le llegó un día que estaban acampando junto a una aldea miserable. Una niña de no más de cuatro años tenía, también, lepra de montaña. El niño rico no lo pensó ni un momento. Le devolvió las inyecciones al médico y le pidió que se las pusiera a la niña campesina. Nunca nadie volvió a tratarlo de maricón.

* * * * *

De cada vida podría escribirse una tragedia. Sobre Ramón Rivera, que era el encargado de llevar a los padres de Jalapa el telegrama sobre la muerte de los conscriptos. Sobre el muchachito que era Testigo de Jehová y que se negaba a usar un arma pero que igual lo mandaron al frente, sólo que desarmado; todos lo agarraban de punto, menos “un lumpen de San Judas” -Noel dixit- que lo tomó bajo su protección y le enseñaba malas palabras y mañas para defenderse, hasta que un día mataron a su protector, y el protegido se olvidó de Jehová, agarró un fusil en medio de la balcera y ya no lo soltó más. O sobre el balazo que un capitán le pegó a un camarógrafo porque lo filmó llorando desconsoladamente, abrazado a dos casi niños de quince años que acababan de morir en una emboscada y que esa tarde habían llegado a su batallón. Todas historias que quedan escondidas debajo de los cables de las agencias de noticias y de las páginas de los historiadores, que colocadas una junto a otra forman una crónica de un heroismo no buscado. Pero una crónica que no resiste discurso, por lo que no debe ser contada. Sólo la épica podría narrarla pero en la guerra desnuda no hay épica posible, porque la épica depende de esa noción de lo grandioso que nace del triunfo o de la derrota que es vivida como triunfo, y en la guerra desnuda no hay vencedores. Todos pierden algo. A veces no se dan cuenta de qué es lo que han perdido hasta que nacen sus hijos en una tierra extraña y empiezan a olvidar. Historias vividas por quienes hubieran preferido no vivirlas. Imágenes que se quedan como esculpidas. Un primer plano de las manos heladas de un muchacho asustado en Puerto Argentino. Una mujer, hermosísima, muerta en la nieve en Yugoslavia. Eslabones de una corriente subterránea que está presente en esa inexplicable conexión del padre que vive una vigilia en Montevideo como si fuera un habitante de Kabul, o de Londres, o de Dresden, o de Stalingrado. Una corriente que es, en sí misma, sin necesidad de palabras que la expliquen, una descripción del miedo. La más real y pura de las sensaciones que despierta la guerra. Su sinónimo. El miedo. Aunque estemos lejos de Bagdad.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha)

Etiquetas: , , , , , , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

25 septiembre 2003

Conflictos: ¿por qué ahí?

Además de que la guerra vuelve más pobre a un país, cuanto más pobre es ese país más posibilidades tiene de entrar en guerra. Lo que establece un círculo vicioso difícil de superar. Un lugar donde la renta per cápita es de 600 dólares anuales, tiene la mitad de probabilidades de sufrir un conflicto que otro cuya renta per cápita anual es de 250 dólares. Esto vuelve a la pobreza una de las explicaciones de por qué algunos países parecen ser propensos a la violencia. Sin embargo, como es obvio, esta condición habitual no alcanza por sí sola para dar una explicación satisfactoria al surgimiento y persistencia de los conflictos.

El reporte del PNUD sostiene que, en la actualidad, las guerras no suelen reflejar fracasos en las relaciones entre Estados, sino que frecuentemente se derivan de los fracasos al interior de los Estados, y de la incapacidad de éstos de manejar los potenciales enfrentamientos entre grupos distintos de su población. A la combinación de pobreza y desigualdad, se añaden como factores de riesgo la debilidad de la institucionalidad democrática, las crisis económicas regionales, y aquellos cambios sociales que provocan tensiones entre las élites. Nada de esto explica una guerra por sí solo, pero la ocurrencia simultánea de estas situaciones ayuda a empujar un país al abismo de una guerra civil. Esto derivó en la tríada de carencias que la Comisión Estadounidense sobre Estados Frágiles y la Seguridad Nacional resumió como factores catalizadores de un conflicto armado: falta de seguridad, falta de capacidad y falta de legitimidad.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Tres faltas que llevan al infierno
* 2- El peor conflicto
* 3- Números

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2005)

Etiquetas:


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

29 agosto 2003

Bombas en Bombay

La explosión de dos bombas en la ciudad de Bombay hicieron mucho más que mostrar la actualidad de la tensión entre las comunidades hindúes y musulmanas en ese país. Mostraron, en cierta forma, lo filosos que en ciertos contextos pueden resultar temas que hasta los años previos a la extinción del mundo bipolar se creía confinados de la arena de los conflictos internacionales. Asuntos vinculados a las tradiciones, el patrimonio histórico, la religión, o la cultura en un sentido amplio, hacen estallar enfrentamientos que trascienden los marcos del Estado-nación y que se puede confundir con fenómenos novedosos. Apenas se bucea mínimamente en a historia reciente, se descubre, tras los ropajes de los conflictos ideológicos de la oposición Este-Oeste, o a la sombra de éstos, la textura de problemáticas directamente vinculados a estos clivajes de lo simbólico.

Baste recordar, por ejemplo, el estallido de odio en el Nagorno Karabaj de los tiempos de la Perestroika, cuando milicias de musulmanes azeríes tomaron por asalto un enclave armenio, masacrando a su población y demostrando un siniestro detenimiento en articular con una caligrafía medieval un mensaje claro. Lo inexplicable de aquél episodio en el que, por ejemplo, los atacantes se ocuparon de abrir los vientres de las mujeres armenias que esperaban para dar a luz en la maternidad del hospital del lugar, hoy nos resultaría igualmente repulsivo como entonces, pero ya no lo tildaríamos de inconcebible, sino que rápidamente lo encasillaríamos bajo el concepto de "limpieza étnica".

Por eso hoy, puede leerse sin mayor asombro que un grupo fundamentalista coloque dos bombas en una ciudad de India, en lugares especialmente concurridos, como forma de argumentación paracientífica con la que se pretendería responder a un informe arqueológico sobre un templo anterior al siglo XVI.

En este punto es imposible no recordar lo que Jean-Arnault Dérens y Catherine Samary escribían acerca de la producción académica balcánica. Ellos no confían en la historia de producción local a la hora de analizar las crisis yugoslavas, ya que en la región “la historiografía está movilizada por los discursios nacionalistas para legitimar pretenciones exclusivas”. Los distintos enfoques “seleccionan hechos reales” y en menor medida se apoyan “en mentiras patentadas” o “toman distancia buscando la luz adecuada” para lograr el claroscuro que convenga a los diferentes intereses nacionales. En otras palabras: “el debate histórico adquiere demasiado a menudo el aire de un extraño pugilato”. Algo, que por otra parte, no parece ser exclusivo de esa región: “prácticamente no existe pueblo que no proceda a una reescritura gloriosa e idealizada de su pasado; las derrotas se vuelven victorias, personajes a veces legendarios se transforman en los padres fundadores de la nación moderna, episodios míticos adquieren un estatus de actos fundadores de la patria".

Visto desde esta perspectiva, es probable que un informe arqueológico sobre un templo del siglo XVI adquiera la suficiente importancia política como para que un grupo fundamentalista esté dispuesto a matar por ello. Sobre todo porque ese informe puede permitir "datar" la pre-existencia de una comunidad en un lugar con respecto a otra. La arqueología, y a su través la dimensión histórica de la religión, pasa a transformarse en una cuestión política.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de agosto de 2003)

Etiquetas: , ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

15 agosto 2003

La responsabilidad o la fuerza

Vieira de Mello era uno de los principales críticos de la política estadounidense hacia Irak, no por la virulencia de sus comentarios –siempre medidos- sino por su insistencia en ver las situaciones puntuales como expresiones de una crisis del sistema internacional, y por el hecho, sobre todo, de que esa mirada proviniera del funcionario elegido por Kofi Annan para dirigir procesos tan delicados como los de Kosovo, Timor Oriental, y ahora Irak. Para Vieira de Mello el verdadero dilema del orden global era si el eje de las relaciones internacionales se colocaría en la responsabilidad o en la fuerza. Desde su punto de vista, la guerra de Irak ofrecía una oportunidad inmejorable para visualizar con claridad los riesgos de resolver inadecuadamente esa cuestión. En el mes de abril de este año, en dos oportunidades, por escrito en un artículo publicado en El País de Madrid, y en el fragor de una entrevista en vivo concedida al incisivo Tim Sebastian de la BBC, el hombre de confianza de Annan explicó que la respuesta a esa duda estaba en darle un rol protagónico a la defensa de los derechos humanos.

Este miércoles, a las tres y media de la madrugada, la BBC retransmitió la entrevista con Vieira de Mello. Ásperamente, sin la sonrisa protocolar que lucía en las imágenes de archivo que acompañaron las noticias de su muerte, este funcionario internacional graduado en Filosofía defendió ante las preguntas de Sebastian el rol de Naciones Unidas en la reconstrucción de Irak. Reiteró que el destino de Irak debe quedar rápidamente en manos iraquíes, y que una parte central de la misión de la ONU es garantizar ese proceso. Con unos días de diferencia, en el artículo publicado en el diario español, vaticinó un único camino para enderezar el rumbo en la escena internacional. “La preponderancia militar de Estados Unidos y Gran Bretaña no debe inducirnos a pensar que la estabilidad internacional pueda garantizarse por la fuerza. Si el sistema internacional quiere basarse en algo distinto al poder, los Estados tendrán que volver a la institución que construyeron: Naciones Unidas”.

Pero su visión de la ONU distaba mucho de ser utópica: “Esta institución se enfrenta a una grave crisis. Debemos encontrar formas de resolverla o afrontar consecuencias terribles. Los debates acerca de Irak antes de la guerra y ahora en el período subsiguiente han demostrado que las potencias del mundo son incapaces de hablar entre sí en un lenguaje común”. Líneas más abajo, en el mismo artículo, el diplomático brasileño elegido por la Asamblea General como Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se preguntaba si existía “una forma de renovar, o de redescubrir, un lenguaje común que nos pudiera sacar del actual punto muerto”. La única forma de encontrar una respuesta positiva, era cambiar “de forma radical la relación entre la seguridad y los derechos humanos”.

Apelando a ejemplos de las frustraciones vividas por la comunidad internacional en África y los Balcanes, llamó a reconocer que “ha llegado la hora de que todos los Estados redefinan la seguridad global, para situar los derechos humanos en el centro de este concepto. Al hacerlo, todas las naciones deben ejercer su responsabilidad de manera acorde con su fuerza. Sólo entonces los Estados responsables, en lugar de los meramente fuertes, serán capaces de aportar una estabilidad duradera a nuestro mundo”.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Entre el error y la puntería
* 2- ¿A quién le sirve el atentado?
* 4- La otra bomba

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

Etiquetas: ,


Pulse­ aquí para leer el artículo completo

28 marzo 2003

Karma para armar

La conflictividad consuetudinaria de Oriente Medio se debe a la combinación de dos factores que aparentaban bendecirlo y que se han convertido en una pesada carga para su estabilidad: petróleo y religión. Dos elementos que hacen que la atención internacional oscile entre el Golfo Pérsico y Jerusalén, y que a veces sea difícil distinguir cuál de las dos motivaciones es la que está primando en determinada crisis.
La necesidad de controlar el petróleo, factor estratégico para la economía de las sociedades industrializadas, motivó a occidente a involucrarse en la política interna de los países de la región, alentando el surgimiento de gobiernos aliados o directamente dóciles. Esta vinculación llevó al establecimiento de lazos que del terreno de lo político y lo económico derivaron a lo cultural. Este paso en falso, colaboró a que el petróleo se encontrara con el elemento central de la identidad de los pueblos de Oriente Medio, la religión, y se produjera entonces el punto de crisis. Uno de los casos más emblemáticos es el de Irán. Un gobernante pro-norteamericano, el Sha Reza Palevi, pone en su contra al clero chiita debido a sus medidas de occidentalización de las costumbres. Esto sirve como disparador de un conflicto multicausal, que da como resultado la primera revolución islámica de los tiempos modernos, e instala en el poder a una teocracia integrista.

Esta coexistencia de petróleo y religión es lo que ha permitido que los diferentes conflictos de la región (el del Líbano, el árabe-israelí, el de la cuestión kurda, etc) encuentren vasos comunicantes y se potencien mutuamente, al punto que no se pueda considerar uno de ellos sin tomar en cuenta los demás. En ese sentido, y debajo de sus múltiples velos, esta guerra sobre Irak aparece como el primer intento integral de resolver la cuestión de Oriente Medio. Para bien o para mal. Todo depende de la forma en la que Estados Unidos juegue sus cartas, por más que hasta ahora no ha demostrado ser particularmente hábil. Cuando la batalla por Bagdad haya llegado a su fin, se verá si detrás de la guerra preventiva había diplomacia preventiva, o si tenían razón quienes le daban a la acción militar rasgos fancamente caricaturescos.

==Cuarta parte de cuatro

* 1- El discreto encanto de la confusión
* 2- Factores en juego
* 3- Actores ¿secundarios?

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 28 de marzo de 2003)

Etiquetas:


Pulse­ aquí para leer el artículo completo