07 enero 2008

Jóvenes y guerra:
Aquiles era punk

Las guerras modernas se han caracterizado por involucrar cada vez más a las poblaciones civiles. Ya no son los ejércitos, sino las sociedades las que las sufren. Por el momento de sus vidas en las que llega el conflicto, los jóvenes viven las situaciones de guerra como una particular amputación de su futuro.

Aquiles, personaje central de La Ilíada, tenía 15 años cuando comenzó a pelear la guerra de Troya. Francisco Rivera, el “Zorro”, no había cumplido los 21 cuando lideró la toma de la segunda ciudad de Nicaragua durante la revolución sandinista. Apenas contaba con esa edad el poeta peruano Javier Heraud cuando fue ultimado en las selvas de Puerto Maldonado mientras intentaba iniciar un foco guerrillero. La guerra siempre ha involucrado a los jóvenes. Baste para recordarlo la tragedia de las Malvinas, que le costó una generación a la vecina Argentina.

Algunas de las situaciones esbozadas en este informe, mínimos apuntes superficiales sobre realidades más que complejas, tratan sobre los jóvenes que combaten; otras hablan sobre cómo las viven los civiles; en la mayoría se verá que los lugares de víctima y victimario se mezclan, o en otros casos se podrá identificar una extraña “normalidad” que a veces, como un flash, pasa por detrás de los jóvenes en conflicto. Flashes como el testimonio de uno de los sobrevivientes de la batalla de San José de las Mulas, en Nicaragua, que dijo a un periodista de El Nuevo Diario que lo estaba entrevistando: “Cuando empezaron a atacarnos todo eran luces trazadoras, como en la Guerra de las Galaxias, pero no estaba Yoda”. Flashes como la visión fugaz de un gigantesco póster de Madonna en la habitación de una muchacha macedonia que, bajo la atenta mirada de su madre, le prestó a Brecha una computadora para terminar un artículo del Cuaderno de los Balcanes publicado en 2002. Eran los días en que, afuera, se escuchaban las frenadas de los autos que escapaban después de hacer algún disparo aislado, coletazos de los enfrentamientos de esa semana entre albaneses y macedonios, pero ahí, adentro, como podría haber estado en cualquier pared de Montevideo, estaba el póster de Madonna. Tranquilizadora mentira de una normalidad imposible.

No se trata solamente de guerra. En las situaciones de violencia urbana se dan fenómenos similares. coav es un proyecto brasileño impulsado por Viva Favela. En el proceso de preparación de un trabajo sobre cómo los jóvenes viven su relación con el mundo de la violencia en las ciudades, coav entrevistó a Rachel Brett, para comparar los efectos de las crisis armadas en jóvenes africanos y cariocas. Entre las semejanzas que encontró Brett están la banalización, incentivo y “glamorización” de la violencia y las armas. Aquellos que las portan, dice Brett, son proyectados como héroes y modelos, especialmente para los varones. “Cuando un niño dice no, está sujeto a ser tildado de cobarde, traicionero, que decepciona a su familia, especialmente al padre”, explica.

KOSOVO. Si los jóvenes en general sufren la guerra, las jóvenes la sufren doblemente. La limpieza étnica en Kosovo fue acometida con igual celo por serbios y por albanokosovares. En cuestión de meses, apenas cambió la correlación de fuerzas, en el mismo año 1999 víctimas y victimarios intercambiaron papeles. Los paramilitares eran los principales responsables de lo que un reporte de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE) define con crudeza como “el uso de la violación como arma de guerra”. Este capítulo de la catástrofe humanitaria de Kosovo es el menos documentado. Tradicionalmente la sociedad albanokosovar tiene a la sexualidad como un tema en torno al cual se guarda un compacto silencio. “El estigma de la violación es tan profundo que se suele afirmar que una buena mujer debe suicidarse antes que continuar viviendo luego de haber sido violada.” El informe de la osce abunda en testimonios sobre violaciones masivas que generalmente tenían un patrón común: las fuerzas militares o paramilitares serbias toman una aldea, separan a los hombres de las mujeres, eligen las veinte o treinta jóvenes más atractivas y las someten durante cuatro días a una suerte de esclavitud en la que no sólo las violan repetidamente sino que también las obligan a realizar tareas domésticas como lavar la ropa de los soldados, limpiar los alojamientos militares o cocinar.

Esta violencia se ejercía de “la manera más pública posible” a los efectos de aterrorizar a la población. “Cuando la violación se comete en un conflicto armado ésta se dirige a toda la sociedad y no sólo a la víctima individual”, sobre todo cuando son violadas gran cantidad de mujeres, las que en algunas ocasiones quedan incapacitadas para procrear y, en caso de pertenecer a culturas tradicionalistas como la albanokosovar, también incapacitadas para casarse y tener una vida familiar normal. Para los expertos de la osce “es claro que la violencia sexual fue usada como un instrumento de limpieza étnica siguiendo patrones similares a los que se utilizaron en Bosnia-Herzegovina”. Los violadores serbios les decían a las mujeres a las que acababan de agredir: “ya no son más albanesas, porque llevan en sus entrañas niños serbios”. En otras palabras, “la violación se usaba como un arma para anular la etnicidad de las mujeres”, concluye la osce.

BOSNIA. Los jóvenes no sólo han sido víctimas. También han tenido, a veces, el rol de victimarios. No se trata de los soldados casi niños accionando el gatillo y matando a otros casi niños, como ha ocurrido con frecuencia en las guerras africanas. Se trata de autores de crímenes de lesa humanidad, con todas las letras. Uno de los personajes más sanguinarios de la guerra de Bosnia, el bosniomusulmán Naser Oric (foto), tenía 25 años cuando asumió el mando militar de la guarnición de Srebrenica. En el expediente que le abrió el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia se puede leer que no sólo aterrorizaba a las aldeas de campesinos serbios, sino que también había instalado un régimen de terror dentro de la ciudad, donde regía con mano de hierro la vida cotidiana de los propios bosniomusulmanes. Las muertes, las torturas, las violaciones, se hacían por orden de Oric. Cuando el ejército serbio atacó Srebrenica para vengar los asesinatos de campesinos serbios a manos de Oric, el jefe bosniomusulmán prefirió escapar, y dejó a los suyos indefensos ante la venganza. Ocho mil jóvenes y hombres bosnios fueron ultimados por los serbios, en una masacre que se convirtió en un emblema de los crímenes contra la humanidad cometidos en los Balcanes.

LIBERIA. Frustrados, analfabetos, huérfanos y víctimas de abusos, tal es la situación de los nuevos jóvenes que tratan de volver a tener a una vida normal después de años de guerra, indica un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre ese país africano en el que los menores representaban el 37 por ciento de los combatientes de las distintas facciones enfrentadas. Ahora, afirma la oit, muchos de los 15 mil niños vinculados al conflicto bélico han evolucionado hasta alcanzar la edad adulta y son jóvenes desempleados.

El diagnóstico de la situación actual a la que se enfrentan esos jóvenes no es demasiado alentador. En el reporte de la oit puede leerse que sólo un 55 por ciento de los hombres, y en torno al 41 por ciento de las mujeres, son económicamente activos en la actualidad. Se estima que el 80 por ciento están desempleados, aun cuando se desconocen las cifras reales de desempleo y subempleo ocultos, en tanto que un 77 por ciento trabaja actualmente en el sector informal.

Otra investigación, en este caso de la organización no gubernamental Human Rights Watch (hrw), indica que el final del conflicto no ha significado el final de la guerra para la juventud liberiana. Muchos de estos ex combatientes, veteranos de guerra pero jóvenes en edad, han sido reclutados como mercenarios para pelear en otros países africanos, retomando el ciclo de violencia que los ha venido acompañando durante toda su vida. La vida de estos “guerreros regionales” está descrita en “Jóvenes, pobreza y sangre. La herencia mortal de los guerreros regionales de África del oeste”. Es un informe de 66 páginas elaborado por hrw a partir de entrevistas con cerca de 60 antiguos combatientes que consiguieron cruzar las fronteras para luchar en Liberia, Sierra Leona, Costa de Marfil y Guinea. Tal como indica Europa Press al resumir el estudio, hrw analiza también las bases de este fenómeno de “mercenariado transfronterizo” en África occidental, que no son otras que la incapacidad de los programas de desarme y desmovilización, a causa de la corrupción de sus gestores, para asegurar a los antiguos niños soldados un medio de vida adecuado.

SAN JOSÉ DE LAS MULAS. Antonio pesa más de 120 quilos. No traslada su humanidad demasiados metros cada día, sino que casi siempre se mantiene al amparo de una mecedora, a la sombra de un árbol de mango, a la entrada de su casa. Es difícil imaginarlo como uno de los pocos sobrevivientes de la principal gesta de la Juventud Sandinista en los años ochenta. Hace más de dos décadas, cuando tenía poco más de 17 años, Antonio se alistó en un batallón como voluntario. Eran los tiempos en que se debía combinar la defensa militar con el trabajo político. Especialmente en algunas aldeas campesinas del norte, donde la población era particularmente permeable a la propaganda de la “contra”, ejército irregular armado por Estados Unidos. La creación de cooperativas, la entrega de tierras mediante una reforma agraria que tuvo ciertos momentos de improvisación, generaban una sensación de temor a lo desconocido. La falta de tacto de algunos dirigentes locales y el autoritarismo de algunas guarniciones militares, venían creando problemas en San José de las Mulas, una pequeña población cercana a la frontera norte.

Era un lugar relativamente tranquilo desde el punto de vista militar, por lo que el gobierno decidió relevar a la tropa allí acantonada y sustituirla por un destacamento recién creado, formado en su casi totalidad por jóvenes sandinistas. De inmediato comenzaron a dar clases en la escuela, a pintar y arreglar espacios comunitarios y a intentar ganar la confianza de los lugareños. En dos meses de estadía habían casi abandonado las previsiones militares, al punto de que no ocuparon las lomas que dominaban las afueras del pueblo. La contra vio una oportunidad para atacar, y ocupando esas alturas lanzó una ofensiva que superaba en cinco a uno el número de los defensores. El modo en que los jóvenes defendieron ese pueblo y la cantidad de bajas que sufrieron los convirtieron en una leyenda para la Juventud Sandinista.

ORIENTE MEDIO. Son habituales los estudios y reportajes sobre cómo los jóvenes de esta zona del mundo viven el conflicto palestino-israelí. A veces el acento se pone en las dificultades del ejército de Israel para reclutar soldados, otras se coloca en las dificultades que tienen los adolescentes palestinos para sustraerse a las políticas de reclutamiento de grupos armados. O incluso se profundiza en las razones que se dan a sí mismos los kamikazes palestinos de corta edad, que están dispuestos a cometer atentados (en muchas ocasiones asesinando a otros jóvenes, como es el caso de los ataques contra locales de diversión nocturna en ciudades israelíes) porque piensan que ésa es la mejor manera de servir a su causa. Uno de esos trabajos, sin embargo, tuvo la peculiaridad de concentrarse en cómo viven el conflicto aquellos que no tienen un “compromiso” con ningún aparato militar ni paramilitar.

Preguntándose qué ocurre con los “civiles”, unicef recogió historias de adolescentes como Omer, una niña de Haifa que reconoce la tensión que siente cuando está en sitios donde hay mucha gente, al punto de que, según el trabajo publicado por unicef, vigila con recelo a las personas que la rodean. “Me da rabia tener ese mecanismo de defensa”, dice. O como Julie, de Gaza: “Aquí no tengo futuro. Siempre estoy pensando qué voy a ser cuando crezca, adónde iré. Me gustaría ir a un sitio donde pudiera disfrutar de la seguridad y la libertad, y donde la gente no tuviera que estar pensando constantemente en la guerra”. En cambio, en los territorios ocupados donde vive actualmente, “escuchamos constantemente los ruidos de los aviones cuando bombardean, lanzan cohetes, y así por el estilo. También escuchamos las detonaciones de las bombas. Escuchamos constantemente los sonidos de los combates”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 14 de diciembre de 2007)

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08 julio 2005

Armas balcánicas para el Congo

Un estudio de Amnistía Internacional (AI) reveló el comercio de armas y municiones procedentes, principalmente, de Europa del este y los Balcanes, que tiene como clientes a los gobiernos de la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda y su posterior distribución a grupos armados y milicias de la región oriental de la República Democrática del Congo “que han participado en atrocidades constitutivas de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad”.

El sitio en internet de ese organismo defensor de los derechos humanos publica el reporte titulado “Democratic Republic of Congo: Arming the east”, que aporta datos sobre el papel que siguen desempeñando el traficante de armas ruso Victor Bout y sus asociados cercanos, a través de operadores locales, que han vendido en secreto armas a todas las partes en el conflicto de la República Democrática del Congo. En ese sentido AI reconoce que no necesariamente se producen violaciones evidentes a los embargos internacionales de armas, aunque luego en la propia región se registran los cambios de manos de armas pequeñas que son las principales responsables de la violencia contra la población civil.

El informe tiene revelaciones que seguramente despertarán polémicas en los países mencionados. Se dice, por ejemplo, que hay acuerdos de armas por diamantes “en los que están involucrados el gobierno de la República Democrática del Congo y empresas de la República Checa, Israel y Ucrania”. A la vez se presentan datos sobre la existencia en 2004 “de una red de tráfico de armas entre la República Democrática del Congo y Liberia y en la que participan empresas internacionales de transporte de mercancías”, y de la transferencia de más de 200 toneladas de armas a un grupo armado progubernamental en Kivu Septentrional por una empresa local, “utilizando aviones de una compañía sudafricana que abasteció a fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en 2003”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

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28 mayo 2005

Amnesty: situación de la mujer

La situación de la mujer ocupa un lugar destacado en cada uno de los resúmenes regionales del informe 2005 de Amnistía Internacional. En África, por ejemplo, se constató que en países como en la República Centroafricana, Costa de Marfil y Liberia, “las mujeres siguieron siendo objeto de violaciones y de otras formas de violencia sexual”, a pesar de que ya habían finalizado los conflictos armados. Los indicios obtenidos por el personal de AI demuestran que “la violencia ejercida contra las mujeres en las situaciones de conflicto y posconflicto era una violencia de género, así como una manifestación extrema de la discriminación y las desigualdades que sufren las mujeres en tiempos de paz, con amenazas a su integridad física y menoscabo cotidiano de sus derechos básicos”.

En Europa y Asia Central, AI asegura que “muchos gobiernos seguían considerando la violencia ejercida en el ámbito familiar como algo perteneciente a la esfera privada”, a lo que debe sumarse que la trata de mujeres y niñas con el fin de obligarlas a prostituirse siguió afectando a la mayoría de los países de la región, incluso a una provincia como Kosovo que está bajo el control y administración de las Naciones Unidas.

En América Latina se constató un panorama desalentador con la violencia sexual distribuida por casi todo el continente. En particular se citó el caso de Colombia, donde “todas las partes implicadas en el conflicto sometieron a las mujeres y las niñas a actos de violencia sexual, incluidas la violación y la amputación de los genitales”, persiguiéndolas “para sembrar el terror, vengarse de los adversarios y acumular ‘trofeos de guerra’”.

==Segunda parte de tres

* 1- Los derechos humanos siguen siendo una utopía
* 3- Migraciones

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2005)

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30 agosto 2003

El peor lugar del mundo

Un estudio del periódico londinense The Economist, publicado antes de que estallara el recrudecimiento de la guerra civil en Liberia, ya había revelado que en 2003 Liberia es "el peor lugar del mundo para vivir". A la guerra entre el gobierno y los rebeldes, se suma la animosidad entre al menos 16 grupos étnicos, y el aislamiento del régimen de Monrovia por parte de la comunidad internacional. Esta inestabilidad se produce en un contexto socioeconómico reflejado en datos que The Economist calificó como "estremecedores". Con una expectativa de vida de 48 años y una desnutrición que alcanza al 42 por ciento de la población, no extraña que de cada mil niños que nacen en el país, 147 mueran antes de cumplir un año de edad. Esta suerte de prospectiva de la catástrofe debería ser tenida en cuenta cada vez más como una "alerta temprana" que coloca el foco de atención en las regiones del mundo más vulnerables antes de que lleguen al noticiero de la tarde. Como muestra de la efectividad predictiva de estos informes de la publicación británica, cabe señalar que el país que mereció el señalamiento del "peor lugar para vivir en 2001" fue Afganistán. Meses más tarde el territorio era escenario de la primera guerra pos 11 de Setiembre.

==Sexta parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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Guinea

Si Costa de Marfil es el santuario de los rebeldes del MODEL, Guinea es la principal base de operaciones del LURD. La presencia en Guinea de tropas de este grupo guerrillero liberiano ha sido ampliamente documentada por grupos de observadores independientes, pero el gobierno guineano continúa apoyándolos como una forma de desestabilizar al presidente Taylor. Un factor adicional de inestabilidad para la situación interna de Guinea es la presencia de 100.000 refugiados procedentes de Sierra Leona, Costa de Marfil y Liberia. Esto exige de parte de la comunidad internacional un doble esfuerzo: por un lado, garantizar que los campos de refugiados no se vuelvan santuarios de los grupos guerrilleros, pero por otro continuar prestando la asistencia humanitaria que necesitan los refugiados que no están involucrados con ninguna de las partes en conflicto. La protección incluye evitar que los civiles sean reclutados a la fuerza por los grupos armados, y que las mujeres sean sometidas a esclavitud sexual por parte de las tropas irregulares liberianas.
Un panorama regional que permite ver la guerra civil liberiana en una perspectiva similar a la que ya se utilizara desde estas páginas para entender el conflicto de los Grandes Lagos (que incluye a la República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi y Uganda). No son guerras internas entre países con ocasionales apoyos del exterior. Son disputas regionales de poder, en las que la política y los enfrentamientos étnicos se utilizan como pantallas, o a lo sumo como aditivos, para las pugnas por el control de los recursos naturales.

==Quinta parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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El fracaso de junio


En junio de este año la situación liberiana parecía encaminada a un acuerdo de paz. Sin embargo, la mesa de negociaciones fue sustituida por el campo de batalla. El analista ghanés Wellington Geevon-Smith, hizo una disección página a página del borrador que no llegó a alcanzar acuerdo entre las partes, y aisló algunos de los puntos más espinosos, que si bien no pueden ser calificados como las causas últimas de la guerra, sí pueden ser entendidos como los principales obstáculos a la paz. Como suele ocurrir en todo proceso de paz que fracasa, el más importante de estos disensos está vinculado con el desarme de las fuerzas en conflicto. El borrador de trabajo indicaba en su página 14: “la Fuerza Internacional de Estabilización conducirá el desarme de todos los combatientes, incluyendo los paramilitares, pero excluyendo las Fuerzas Armadas de Liberia". En los hechos, según el artículo de Geevon-Smith publicado en The Perspective, esto no iba al fondo de la cuestión, ya que la división entre los militares y paramilitares es más formal que real, por lo que nunca sería aceptado por los rebeldes. Mantener intocadas las estructuras del Ejército sólo implicaba reasignar a los paramilitares bajo un paraguas de legalidad. Una garantía de que el proceso de paz fracasaría antes de empezar a implementarse.

==Tercera parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 2- El factor Taylor
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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El factor Taylor

El principal objetivo declarado de los bandos opositores es el derrocamiento del presidente Taylor. De acuerdo con un artículo de Sarah Left publicado por The Guardian, este objetivo es perfectamente consistente con el carácter regional del conflicto: el apoyo que Taylor ha brindado a los rebeldes de Guinea, Costa de Marfil y Sierra Leona, se ha transformado en un verdadero dolor de cabeza para esos gobiernos, que ahora no dudan en pagarle con la misma moneda, financiando y apoyando a los liberianos que tratan de quitarlo del poder. Las prohibiciones impuestas por la comunidad internacional en 1990 a las ventas de diamantes desde Liberia, probarían el involucramiento de Taylor en la dinámica perversa de la guerra de Sierra Leona, donde las peores atrocidades fueron cometidas de manera paralela con la explotación minera por parte de los señores de la guerra, en especial por parte del Frente Unido Revolucionario, aliado sierraleonés de Taylor. La responsabilidad de Taylor en crímenes contra la humanidad cometidos en Sierra Leona, le valieron un procesamiento por parte de un tribunal internacional.
Liberia no ha vivido una realidad demasiado diferente que la de su vecino Sierra Leona, país que actualmente se encuentra saliendo trabajosamente de un crudo conflicto interno. Geepu-Nah Tiepoh, consultor de una agencia canadiense de desarrollo, demostró la responsabilidad doméstica de Taylor -que comenzó incluso antes de su llegada a la presidencia liberiana- en la estructura de saqueo que ha ido colocando los recursos naturales en manos de los principales protagonistas de los enfrentamientos. Las riquezas financiaban la guerra y con el tiempo invertían con ésta los roles: de ser medio pasaban a ser fin, y la guerra iba perdiendo sus motivaciones políticas y se iba volviendo un contexto favorable para la explotación ilegal de los recursos, lo que tornaba casi imposible cualquier esfuerzo de paz.

==Segunda parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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Liberia: otro capítulo de una guerra regional

Como ocurre con otros conflictos africanos, la guerra civil en Liberia sólo puede ser entendida si se la analiza en el escenario regional. La lucha entre las facciones rivales de esa ex colonia de libertos, está relacionada con los enfrentamientos que han tenido lugar en Sierra Leona y en Costa de Marfil, y con la inestabilidad interna que amenaza a Guinea.

Se suponía que Liberia sería un buen lugar para vivir. A medio camino entre la utopía y el oportunismo, fue fundada en 1847 por ex esclavos que regresaron al África desde Estados Unidos. Muchos de ellos habrán imaginado que ese regreso al continente de los ancestros sería una forma de comenzar una nueva vida luego de la esclavitud sufrida en las ex colonias británicas. Su capital fue bautizada Monrovia en homenaje al entonces presidente norteamericano, Monroe. Pero pronto comenzaron a surgir divisiones entre los recién llegados y los habitantes nativos de las tierras en las que se fabricó el nuevo país. Una frontera al interior del entramado social que se mantuvo en el tiempo, reservando para los "americanos" los privilegios políticos y económicos. Esa profunda división social incidió en la forma en que se establecieron los agrupamientos y las lealtades durante la vida independiente del país, y estuvo presente en los distintos golpes de timón que cambiaron las correlaciones de fuerza en distintas etapas de lo que, visto en perspectiva, parece ser una larga y recurrente guerra civil. Se calcula que sólo en los últimos catorce años han muerto violentamente 200.000 liberianos, en tanto que un millón y medio debieron abandonar sus hogares.

La situación actual indica que luego del mes de enfrentamientos que han seguido al fracaso del proceso de paz y que han costado casi un millar de muertos, los principales grupos rebeldes aparecen como actores locales de un juego de poder regional que prácticamente abarca el conjunto del África Occidental. La guerrilla más fuerte, la LURD (Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia), opera desde sus bases en Lofa, dentro de Liberia, y desde Guinea. El segundo grupo armado opositor, el MODEL (Movimiento para la Democracia en Liberia), parece tener centros de apoyo en Costa de Marfil. Se supone que cada uno de estos agrupamientos rebeldes controlan un tercio del territorio, dejando el tercio restante en manos del gobierno, ocupado por Charles Taylor, que supo ser en su momento un líder guerrillero como los que ahora le enfrentan. Esta internacionalización del conflicto parece verse confirmada por el modo en que estalló la nueva fase de los combates en marzo de 2003, con incidentes que no provenían del centro del país sino de las tres zonas fronterizas: de Bo Waterside, lindera con Sierra Leona; de Ganta, limitando con Guinea; y de los poblados de Toe y Zwedru, a un paso de Costa de Marfil.

==Primera parte de seis

* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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