29 marzo 2008

Minorías transversales

La ofensiva turca contra los kurdos en territorio iraquí, el aumento de la tensión por la independencia de Kosovo, y el surgimiento de nuevos reclamos independentistas en Bosnia tienen como denominador común el fuerte rol de las minorías cuando sus territorios atraviesan zonas bisagra entre potencias.

Los acontecimientos de las últimas semanas han tenido como protagonista uno de los talones de Aquiles del Estado-nación: su dificultad para negociar las relaciones con grupos que, siendo minoritarios en la globalidad del territorio, tienen una presencia demográfica e histórica fuerte en una zona del país. Los dos casos que han reaparecido en el menú informativo, el de Kosovo y el del Kurdistán, tienen la peculiaridad de que sus reclamos de independencia o autonomía se insertan en un “deseo territorial” potencialmente mayor, ya que tanto los albanokosovares como los kurdos de Turquía están en espacios demográficos que atraviesan varios países. Esta transterritorialidad, que ha estado acompañada a lo largo de la historia por distintos intentos de unificación, es lo que aumenta el carácter potencialmente “desestabilizador” de ambas crisis.

El peligro que encierran no está en su punto de inicio (la autonomía del Kurdistán iraquí actuando como locomotora ideológica para los kurdos de Turquía e Irán, o la declaración de independencia kosovar) sino en la cadena de reacciones que se producen por la alteración del “orden territorial establecido”. Un statu quo que, como suele ocurrir, ha sido una taracea trabajosamente elaborada por los juegos de poder de las potencias que han ido encajando una pieza junto a otra hasta crear un continuo que en los mapas parece “natural” y pierde su carácter de “creado”. Pero ni las potencias de ayer son las potencias de hoy, ni los pueblos originarios de ayer son los pueblos mayoritarios de hoy. Esa doble contradicción es la que vuelve más evanescente la materialidad de por sí leve de los límites fronterizos entre los países de zonas sensibles del mapa. Y como cualquier telediario enseña, esa sensibilidad tiene dos de sus puntos más altos en los Balcanes y en Oriente Medio.

Todo lo que ha estado ocurriendo alrededor de las crisis kosovar y kurda es significativo. La alianza rusa con Serbia y el liderazgo alemán del apoyo de una parte de Europa a los albanokosovares (véase número anterior de Brecha), pero también el renovado brío de los turcos en la persecución de supuestos rebeldes kurdos. Ese despertar de Turquía como actor de peso en el tablero internacional luego de su “domesticación” en el seno de la alianza atlántica (otan) que había servido para limar las aristas más ásperas de su recurrente conflicto con Grecia (véase recuadro), no puede leerse disociado de los cambios que se han venido produciendo dentro del sistema político y de la sociedad turca. En cierta forma, es un despertar que tiene un parentesco no demasiado lejano con el fin del letargo de Rusia luego de los golpes recibidos en el último round de la Guerra Fría. Rusos y turcos fueron protagonistas de primer orden de las crisis balcánicas previas a la Primera Guerra Mundial, y de hecho fueron las guerras contra los eslavos (apoyados por Rusia) las que determinaron el final de la influencia turca en Europa. De esa pulseada surgieron los bocetos del mapa europeo del siglo xx, que no tuvo una Turquía fuerte y que tuvo una Rusia transformada en Unión Soviética. Ahora es el mapa europeo del siglo xxi el que recibe las versiones fortalecidas de esos dos nuevos actores, que entran de lleno en la geopolítica euroasiática. Rusia con el peso que implica ser Rusia sumado a la llave del gas natural que genera la dependencia energética de Europa. Turquía con el desafío que implica su proceso de adhesión a la Unión Europea, llevando al edificio Carlomagno de Bruselas un megaactor completamente diverso a los actuales países miembros.

CAMBIO DE ROLES. Ya no es la Turquía otomana el hombre enfermo de Europa. Ahora es un país del que depende la estabilidad de buena parte de las relaciones entre Occidente y el variopinto mundo musulmán. El nuevo hombre enfermo, pero esta vez de América, el tambaleante Estados Unidos, tiene una necesidad vital de cultivar y aumentar las buenas relaciones con su aliado más importante. Turquía no es Pakistán ni Arabia Saudita, por lo tanto, siendo equivalentemente estratégico, es un aliado que debe mantenerse a todo costo. Aunque ese costo sean los aliados de ayer, los (para Washington) desechables y coyunturales kurdos de Irak. La principal diferencia de Turquía con los otros socios musulmanes de Estados Unidos es que se trata de una democracia estable que, pese a estar gobernada por un partido de corte confesional mantiene, un fuerte componente laico.

Los problemas de Turquía en términos de violaciones a los derechos humanos ni son pocos ni son nuevos. La primera tragedia colectiva del siglo xx, el genocidio contra los armenios, es una prueba más que evidente: por algo es tan grande el celo de Ankara en prohibir y castigar las menciones a ese episodio histórico. Cuando a finales del año pasado Turquía hizo su primera entrada en Irak para atacar a los kurdos, Gennaro Carotenuto destacó en su artículo en Brecha (número 1152) que para Estados Unidos se abría un problema diplomático y militar severo, y recordó que la canciller estadounidense, Condoleezza Rice, “casualmente se encontraba en la misma capital del Kurdistán iraquí, Kirkuk”. Rice apenas pudo decir que “Irak, Turquía y Estados Unidos tienen intereses comunes contra el pkk, pero sin arriesgar desestabilizar la región”.

En aquella ocasión los resultados para Ankara fueron, desde el punto de vista militar, modestos. Sin embargo, escribió en ese momento Carotenuto, el objetivo político inmediato parece haber sido más presionar a los aliados estadounidenses e iraquíes y sensibilizarlos a la cuestión del recrudecimiento de la actividad de la guerrilla que obtener resultados militares notables. La pregunta que cabe hacerse ahora es qué tan sensibilizados quedaron esos aliados, o, en la pregunta espejo, si quedaron suficientemente “insensibilizados” como para tolerar, ahora sí, una ofensiva militar que busque resultados militares más de fondo, en caso de que ese tipo de resultados puedan ser obtenidos en una ofensiva convencional contra una guerrilla habituada al terreno en el que se combate.

EFECTOS COLATERALES. La “visibilidad” del problema kurdo aumentó notablemente a raíz de la guerra de Irak. Divididos entre los territorios de Irak, Irán, Siria y Turquía, los nacionalistas kurdos aspiran a unificar en un Kurdistán independiente las zonas en las que son demográficamente mayoritarios. En sus vísperas, la revista brasileña Veja calificaba a Irak como “la Yugoslavia del mundo árabe”, por el polvorín étnico que representa. Y en ese escenario los kurdos eran la principal preocupación, para tirios y troyanos. Pero más todavía para turcos. Cuando todavía no habían entrado los rangers ni los marines a territorio iraquí, ya se había dado una concentración de tropas turcas en la frontera con Irak, algo que era visto por los analistas como una presión para evitar que los kurdos declaren una república del Kurdistán en la zona en la que son mayoría. El 17 por ciento de los iraquíes son kurdos: 4 millones de personas. Si ellos declaran un Kurdistán independiente, la estabilidad de la región se vería seriamente comprometida, con millones de kurdos viviendo en Irán, Siria y Turquía, en áreas que reclaman como parte de ese Kurdistán.

En marzo de 2003, apenas iniciada la guerra de Bush hijo contra Hussein padre, se comprendía que Estados Unidos, que lograría avances militares inicialmente rápidos, debería resolver “con celeridad el problema kurdo, si quiere evitar que la autonomía inevitable del Kurdistán iraquí se les vuelva un nuevo Kosovo”. La necesidad de esta celeridad estriba principalmente en la importancia de aplacar al imprescindible aliado turco (véase Brecha 903). Una semana más tarde ya era evidente que la verdadera importancia de los kurdos en este conflicto estaba en su potencial divisionista en el seno de los aliados de Estados Unidos. Como Turquía no está dispuesta a tolerar un Kurdistán independiente en su frontera, el tema kurdo puede ser el mayor dolor de cabeza en la inmediata posguerra (véase Brecha 904).

EMERGENTES. Del conflicto de Irak los kurdos emergieron como los únicos realmente ganadores, más incluso que los chiitas. Se libraron de Hussein, vieron a varios de los autores de ataques genocidas contra ese pueblo ser castigados, y obtuvieron una zona autónoma en la que hay una calma mucho mayor que en el resto del país. Fuera de Irak, sin embargo, el “ejemplo” de esa autonomía agudizó –si cabe– la represión y el control contra kurdos no iraquíes. En marzo de 2005 hubo una noticia que pasó casi inadvertida: la denuncia de Amnistía Internacional sobre la condición en que viven los kurdos de Siria. A pesar de que casi un 10 por ciento de la población siria es de origen kurdo, a los kurdos no se les permite educarse en su propia lengua. Según lo denunciado por el organismo defensor de los derechos humanos, “hay leyes que prohíben las publicaciones en idioma kurdo y la interpretación de música kurda”. Incluso, se agrega en el reporte, las personas que participan en acontecimientos culturales “como el Nawruz, el Año Nuevo kurdo” corren el riesgo de ir a la cárcel. En algunas instituciones oficiales está prohibido incluso hablar en kurdo. De acuerdo con ese reporte de Amnistía Internacional, en Siria se niega la ciudadanía y el pasaporte a más de 200 mil kurdos, lo que los vuelve “apátridas” y no les permite acceder, por su falta de estatus legal, a algunos derechos sociales y económicos básicos. No se les permite ser propietarios de inmuebles, tierras o negocios. No pueden ejercer como abogados, periodistas, ingenieros o médicos. A muchos no se les permite estudiar después de los 14 años ni recibir tratamiento en los hospitales públicos, agregaba la denuncia.

Cuando en agosto del año pasado se conoció la victoria de Tayyip Erdogan en las elecciones turcas, llevando al poder a un partido musulmán confesional, el diario The Guardian vaticinó que uno de los retos centrales del mandatario sería “resistir las presiones del ejército para ir contra las bases kurdas del pkk en el norte de Irak. Esto implicará una negociación paciente con el primer ministro iraquí, Nouri al Maliki, con los líderes kurdos del norte de Irak y mucha negociación por detrás de los escenarios con Washington”. O la presión castrense fue demasiado fuerte, o Erdogan perdió la presencia con Maliki. También está la posibilidad de que estuviera en lo cierto el diario británico cuando advertía que, incluso dándose las dos condicionantes (resistencia y paciencia), la acción militar seguiría sobre la mesa.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de febrero de 2008)

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10 agosto 2007

Turquía y el desafío demócrata-musulmán

Con 72 millones de habitantes, mayoritariamente musulmanes, aliada militar de Occidente y europostulante, Turquía es una pieza clave en el tablero internacional. La victoria electoral de un islamismo moderado que se reivindica como el espejo musulmán de la democracia cristiana es, para algunos, una crisis terminal de la laicidad. Otros analistas, sin embargo, la consideran un reflejo natural de la compleja vida doméstica del país.

NO HAY NADA que sugiera que Adana es la antigua ciudad de los hititas. A través de la ventana del hotel no se ve otra cosa que la mole gris de concreto de un edificio estatal. En la azotea ondea una bandera roja con la medialuna y debajo, casi tapando los tres últimos pisos, pende un enorme retrato de Atatürk. Tiene un cierto dejo transilvano y viéndolo detenidamente se tiende a pensar que en cualquier momento le asomarán dos pequeños colmillos. Pero eso no puede decirse en voz alta. Cualquier comentario ofensivo contra su memoria se castiga severamente. Mustafá Kemal Atatürk está considerado el creador de la Turquía moderna. Con él comenzó el proceso de occidentalización que hoy permite que la puerta de la Unión Europea esté, al menos, entornada. Bar Europa se llama, precisamente, el decadente refugio que en el tercer piso del hotel vuelve posible tomar una cerveza en un país en el que la religión musulmana impone la ley seca fuera de los circuitos turísticos. Esa lúgubre decadencia a media luz del bar Europa es la imagen que muchos turcos actuales tienen del occidente con el que soñaba Atatürk.

Aunque incluso aquí, en estos confines del interminable país, el rostro del prócer acompaña cada movimiento cotidiano, omnipresente en los afiches y cuadros que adornan oficinas y tiendas, la reverencia histórica por este santón laico ha perdido potencia electoral. En las elecciones del 22 de julio, presentadas incansablemente como una pulseada entre el modelo kemalista de un Estado no confesional y las tentaciones integristas del oficialismo, los laicos perdieron la partida.
El primer ministro Recep Tayyip Erdogan logró que su Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) alcanzara casi la mitad de los votos. Apenas se despejó la humareda de las acusaciones que acompañaron la campaña electoral, empezó a verse el rostro del nuevo AKP que terminó de delinearse luego de los comicios.

D
e acuerdo con Erdogan (en la foto con su esposa), se trata de una fuerza política que aunque tiene inspiración religiosa es esencialmente democrática. Algo similar a la democracia cristiana occidental, aclaró. Distintas figuras del gobierno, empecinadas en los paralelismos, aseguran que las principales similitudes deben buscarse en la formación política de la canciller alemana Angela Merkel. Un partido, el AKP, votado por los musulmanes en oposición al ejército (autoerigido en guardián de la laicidad) y al kemalismo tradicional, pero cuya segunda victoria electoral ha tenido “efectos colaterales” que seguramente disgustaron a los islamistas de línea dura. Por una parte, dentro del AKP se registró un crecimiento electoral de los sectores menos proclives a una injerencia de la religión en la vida política y, por otro lado, se produjo una mayor “visibilidad” parlamentaria de políticos kurdos.

ASUNTOS PENDIENTES. La resultante final de los comicios, no sólo no implicó un retroceso en las reglas de juego democráticas del país, sino que fue, a ojos de la prensa británica, “un mandato para la modernización”. Ese fue precisamente el titular de un editorial del diario The Guardian, que vaticinó que ahora “dos retos esperan a Erdogan. Tiene que resolver el asunto de la presidencia y se espera que aprenda de pasados errores proponiendo un candidato aceptable para todos. Tiene también que resistir las presiones del ejército para ir contra las bases kurdas del PKK en el norte del Irak.

Esto implicará una negociación paciente con el Primer Ministro iraquí, Nouri Al Maliki (foto), con los líderes kurdos del norte de Irak y mucha negociación por detrás de los escenarios con Washington. Incluso así, la acción militar todavía está sobre la mesa. No será fácil reformar un país tan extenso y variado como Turquía, pero Erdogan es el hombre correcto para el puesto”.

La clave está en poder situarse a la altura de su compromiso poselectoral, cuando dijo que gobernaría “para todos los turcos”. También desde Gran Bretaña, el Financial Times reconoce que “el AKP es ahora un partido conservador nacional –reequilibrando el poder desde la elite urbana occidentalizada hacia el corazón tradicional de Turquía en Anatolia- algo así como el equivalente musulmán a los demócrata-cristianos europeos”. Un contexto en el cual la clave es la moderación con la que Erdogan use el nuevo mandato, evitando imponer su programa en detrimento de la negociación y la búsqueda de la estabilidad. O como dice The Times: “el Primer Ministro debe resistir la tentación del triunfalismo”.

OTRA TURQUIA. Si desde el Reino Unido se mira con optimismo la realidad que emergió de las urnas, el punto de vista de la prensa italiana presenta algunos matices. “Estas elecciones han mostrado una Turquía dividida: casi la mitad de los electores han votado por Erdogan; la otra mitad, en su mayor parte de inspiración kemalista y apoyada por las bayonetas de los militares y las togas de los magistrados, desconfía de Erdogan, identificándolo con el riesgo de una deriva bajo la máscara de un islamismo moderado y pragmático”, publica La Stampa. El articulista opina que el triunfo del primer ministro se basa en una buena gestión económica y en la lucha contra la corrupción, pero advierte que “la vieja cuestión kurda sigue abierta, con el peligro de una posible intervención militar turca en el norte del Irak ,donde se reproducen los santuarios rebeldes de dicha etnia”.


Para otro diario italiano La Repubblica, hay también razones estructurales: “estas elecciones las ha ganado la otra Turquía, una pequeña y media burguesía, en gran parte mercantil y por ende moderada porque así lo exigen sus intereses, tendencialmente piadosa, acaso un tanto pacata, pero sin excesos. Esta Turquía no tiene la elegancia ni el estilo de la gran burguesía kemalista, pero tampoco es tan fea como la pitan los kemalistas. Ante todo, su Islam es el Islam turco, es decir el más maleable que ha sido capaz de producir la religión musulmana”. Pero no todo es blanco o negra. “El triunfo del AKP no cierra la partida con el kemalismo ortodoxo, que tiene casi un siglo de vida y debe ser reinterpretado. El AKP no es su hijo pero tampoco su enemigo”, concluye el citado periódico.

Un equilibrio en el que la figura de Erdogan tiene un rol clave. Un perfil de este político elaborado por Andrés Mourenza para el diario catalán El Periódico, recuerda que el actual premier debió pagar con cuatro meses cárcel en 1997 el haber declamado que “las mezquitas son nuestros cuarteles; los minaretes, nuestras bayonetas; las cúpulas nuestros cascos, y los creyentes nuestros soldados”. Pero a la vez su política actual ha sido rechazada por su mentor político, Erbakan (foto) , quien dijo que si Erdogan sigue con su actual política moderada “acabará directamente en el infierno”.

Pulse aquí para leer la segunda y última parte de este artículo: Antakya, mosaicos romanos, leones hititas.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 3 de agosto de 2007)

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Antakya: mosaicos romanos, leones hititas

Siguiendo desde Adana al sur se llega a una de las ciudades construidas a orillas del Orontes. Nada indicaría que se trata del río bíblico. Marrón y sucio corre domesticado dentro de un cauce de concreto, pero es el Orontes. Estamos a un paso de la frontera y la ciudad parece, en efecto, una frontera. Seis horas más allá queda Damasco. Las calles de tierra llevan al mercado. Un charco en el centro. Barro en todas partes. El minarete de una mezquita de provincia apenas se levanta por entre los tejados. Pero allí está lo que justifica venir desde tan lejos.

El sobrio aspecto del museo no anuncia la maravilla que contiene. Hacen pensar en aquella línea de Ezra Pound traducida por Ernersto Cardenal: “son como joyas sitiadas”. Sobre las paredes o debajo de las faraónicas claraboyas, están los mosaicos. Según los arqueólogos, son los mosaicos romanos mejor conservados del mundo. Eran los pisos de las villas de recreo de los altos funcionarios del Imperio que habitaban la vieja Antioquía, una de las ciudades más ricas del mundo antiguo. Son los únicos rastros de aquél esplendor. Neptuno rodeado de sirenas. Un joven cazador y guardas de pavos reales. Un rostro que parece de Alejandro Magno. La perfección de estas alfombras de piedra corta el aliento.

Casi escondidos en una sala lateral cuatro leones de piedra negra esperan que alguien les acaricie el lustroso lomo. Uno de los pares procede del siglo trece antes de cristo; el otro tiene cuatrocientos años menos. Artesanos hititas y asirios tallaron sus rostros amenazantes. Una mujer vestida con una larga túnica color beige y con la cabeza cubierta por un pañuelo de seda recorre las salas deteniéndose largo rato ante cada mosaico. Una imagen piadosa recortada contra las figuras paganas.

Más imágenes del museo

















(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 1 de junio de 2007 - Las fotos son tomadas del web de Dick Osseman)

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20 abril 2007

La aritmética del odio

Tres personas fueron asesinadas en una pequeña ciudad del este de Turquía. Les ataron de pies y manos para luego cortarles la garganta. Podría tratarse de un caso para las páginas policiales a no ser por el hecho de que las tres trabajaban en una editorial de literatura cristiana ubicada en una ciudad poblada mayoritariamente por musulmanes.

El episodio quedó relegado a un segundo plano en la información internacional. Seguramente porque ocurrió el mismo día en que más de 170 personas perdieron la vida en un atentado en Bagdad. Una vez más el miércoles pasado fue el día más sangriento de la posguerra iraquí. Aunque Washington no quiera hablar de guerra civil, el sustantivo posguerra va perdiendo su prefijo por la fuerza de los hechos a medida que se van descascarando las estrategias de seguridad de las tropas de ocupación y del gobierno iraquí. Las 170 veces que se repitió el más singular de los hechos –la muerte de una persona- es el filo cuantitativo del horror que se vive en el Irak pos Hussein. Cuando se deja de lado la letanía hipnótica de los números, las aristas más filosas pueden ser las recientes revelaciones de que grupos islamistas están usando adolescentes discapacitados como atacantes suicidas. Les prometen que si se inmolan por su fe, en el paraíso renacerán sin tener capacidades diferentes.

Las motivaciones religiosas que sirven para matar a decenas de personas en Bagdad también parecen haber estado en el trasfondo del triple crimen de Turquía. Las informaciones sobre el episodo dicen que la editorial ya había recibido amenazas de grupos islamistas que la acusaban de hacer proselitismo religioso mediante la impresión de biblias (el libro sagrado judeocristiano) .

La crónica de BBC consigna que Malatya es una ciudad conocida por el carácter nacionalista de sus habitantes. Un lugar en el que tiene sus raíces Ali Agca, quien en 1981 atentó contra el anterior papa de los católicos, Juan Pablo II. En Turquía el 99 por ciento de la población es musulmana aunque, en su mayoría, tienen una actitud tolerante hacia el cristianismo, como se pudo comprobar en la ausencia de incidentes de entidad durante la reciente visita del actual sumo pontífice católico, el papa Benedicto XVI.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 20 de abril de 2007)

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26 enero 2007

Crimen en la puerta del semanario armenio

Un periodista asesinado frente a las puertas de su periódico. La señal es clara. La bala que el viernes pasado acabó con la vida de Hrant Dink no se detuvo ahí. Sigue su curso y continúa amenazando. El autor intelectual del asesinato fue atrapado, pero aprovechó los micrófonos de la prensa para anunciar que ahora irán tras Orhan Pamuk, el reciente Premio Nobel de Literatura. En el velatorio de Dink, Pamuk acusó a las autoridades turcas de haber creado con sus sentencias judiciales el clima propicio para el atentado que le costó la vida al periodista.

Hrant Dink, turco de origen armenio, zoólogo diplomado y aficionado a la filosofía, fue ultimado por un extremista que lo acusaba de haber “insultado a Turquía”. No parece casualidad que la razón esgrimida por el homicida sea la misma que utilizaron varios tribunales para procesar al periodista en dos oportunidades. En octubre de 2005 Dink fue condenado por "denigrar la identidad turca". En julio de 2006 una corte de apelaciones confirmó la sentencia y un mes más tarde se le abrió una nueva causa por otro delito de opinión. Suficiente como para que Amnistía Internacional manifestara, en ese momento, que la sucesión de procesamientos implicaba “una constante de acoso judicial” en su contra “por expresar pacíficamente su opinión discrepante”.

La discrepancia de Dink con la historia oficial de su país era sustancial. El periodista defendía la existencia histórica del genocidio armenio, algo que las autoridades turcas se empeñan en negar. Pero el fundador y redactor jefe del semanario Agos tampoco era condescendiente con los armenios. En sus escritos llamaba a esa comunidad a dejar de focalizar todos sus problemas en los turcos y a pensar más en el bienestar de Armenia. Ver a los turcos como origen de todos los problemas sólo podía envenenar el alma armenia, decía Dink. Pero los fanáticos no saben leer. Así que no debe extrañar que Yasin Hayal hubiera decidido invertir unos 275 euros para pagar los gastos del atentado. Algo menos de la mitad fue el incentivo que le entregó al joven de 17 años que tiró del gatillo.

La existencia histórica del genocidio armenio no es una teoría conspirativa, sino que goza de amplia aceptación entre la comunidad académica internacional. Como ya señalara Brecha en enero de 2000, el profesor Robert F. Melson, de la Universidad estadounidense de Purdue, afirma que el genocidio de los armenios a manos del gobierno turco fue “el primer genocidio total del siglo XX” y “el prototipo de los genocidios que se cometieron después”, incluido el Holocausto del pueblo judío. Entre 1915 y 1916, según indica un especial del diario español ABC, al menos un millón y medio de armenios, del total de 2 millones que vivían en los lindes del Imperio Otomano, fueron exterminados.

La versión turca, tal como expresó el diplomático Ayhan Enginar en abril de 2005, culpa a los armenios de haber cometido atentados en contra del Imperio Otomano desde comienzos del siglo pasado, los cuales continuaron durante la Primera Guerra Mundial. Esto incluía "masacres de población civil no-armenia con el fin de cambiar la demografía de las regiones donde vivían". La reacción del gobierno otomano, "como era de esperar en tiempos de guerra, fue realojar esta población en áreas del Imperio lejanas a las zonas de conflicto y de las fronteras", sostuvo Enginar. Y agregó: "durante este realojamiento de los armenios, en las condiciones de higiene y transporte del ano 1915 y mientras el país estaba en una guerra a vida o muerte, se produjo una gran pérdida de vidas humanas que naturalmente lamentamos".

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 26 de enero de 2007)

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Eyüp: la fantasía de otro

Abajo, en el corazón del barrio, está la mezquita. A su alrededor creció todo lo demás. Desde el momento en que uno de los hombres de confianza de Mahoma se hizo enterrar en el lugar, muchos religiosos lo han elegido como última morada. Y en consecuencia fue creciendo su carácter sagrado para los musulmanes. El cuidador de la mezquita tiene solamente una obsesión: que las mujeres se cubran cualquier parte del cuerpo que pueda resultar ofensiva para su idea de lo que debe ser un recinto de oración. Cuando lo logra, permite sin problemas que los forasteros deambulen por el lugar.

A principios del siglo pasado no era tan fácil para los occidentales adentrarse a través de la puerta cancel. En Supremas visiones de Oriente, denostado libro de memorias de Pierre Loti, el escritor francés se disfraza de turco para poder entrar a “los silenciosos patios de la mezquita de Eyüp, el lugar más sagrado de Constantinopla, y el único que les está vedado aún, rigurosamente, a los extranjeros”. Hoy cualquier visitante puede ver sin tantas restricciones lo mismo que entonces observó Loti “a través de la reja de bronce cincelado de una de las ventanas” que separa a los fieles del “gran catafalco cubierto de seda recamada de oro pálido y coronado por un enorme turbante”.

Lo pintoresco y lo místico

Las descripciones de Pierre Loti (foto) estaban empapadas de eso que a Orhan Pamuk más le molesta de Eyüp, un barrio con el que tiene una relación de amor-odio, al que escapaba en días de rabona pero al que no puede aceptar como plenamente estambulí. “Eyüp es tan perfecto como ilusión de lo encerrado en sí mismo, lo ‘oriental’, lo misterioso, lo religioso, lo pintoresco y lo místico, que me da la impresión de ser la fantasía oriental de otro adaptada a Estambul, una especie de Disneylandia turco-oriental-musulmana”, constata Pamuk en su libro Estambul.

En efecto, la impresión que deja cuando se lo visita es la de ser una imagen de lo que un occidental espera de Turquía. Pero tiene también otros rostros. Además de las mezquitas y el cementerio, Eyüp está sembrado de estructuras fabriles. Varias de estas naves están varadas y en pleno deterioro. Las menos han sido recicladas para propósitos culturales. Tal vez ese eco industrial hace que el sitio mantenga un cierto aire proletario, lo que sumado a su topografía hace pensar en el Cerro de Montevideo. Entre las calles de la zona llana de Eyüp es posible encontrar rastros de ese tipo de ritmo de vida que los ojos extranjeros suelen asociar con la autenticidad: ausencia de tiendas de recuerdos, gente en las esquinas que mira con curiosidad al visitante, restoranes y cafés poblados de clientes autóctonos.

Todo lo contrario a lo que sucede algo más arriba, en la colina, aunque sigamos en el mismo barrio. Más arriba está el lugar en que vivía Pierre Loti. Su casa es actualmente una cafetería para turistas con una espléndida vista sobre la ciudad, en la que además de tomar café a la turca se puede comprar desde postales hasta corbatas de seda con la grifa Pierre Loti. Un café-museo en cuyas mesas cubiertas de azulejos turquesa puede apoyarse, como antídoto, un ejemplar de Estambul y seguir leyendo a Pamuk: “ese maravilloso sueño oriental, que por su autenticidad tanto le gustó a Pierre Loti, hasta el punto de comprarse una casa e instalarse allí, a mí siempre me ha resultado repulsivo por su perfección sin adulterar”.

Un cristal diferente

Otros escritores turcos tienen una relación menos problemática con el barrio. Tal es el caso de Ilhan Berk (foto), un poeta activo en la segunda mitad del siglo pasado, del que se conoce una antología en español traducida por Clara Janés y editada por Visor. Traductor de Rimbaud y permanente innovador del lenguaje poético en lengua turca, Berk hace de la ciudad un personaje permanente de sus textos. También para Berk, Eyüp es sinónimo de autenticidad. Aunque se trate de una forma diferente que la que evoca Loti con la misma palabra. Berk no llegó a Eyüp como escala o estación de destino de una vida trashumante, como ocurrió con Loti. Para Berk, Eyüp es la autenticidad de lo cotidiano. De lo que estaba ahí. La misma pureza, pero sin que la filtre el cristal del exotismo. Un lugar al que Berk puede volver de manera recurrente y decir, “mirando con mis veintiséis años de entonces”, en uno de sus poemas más intensos:

“Y miro a Eyüp. Allí el agua parece agua.
Una casa parece una casa. Una hoja una hoja.
Y un papel y un árbol dibujan en torno la noche
delicadamente”.

Aunque el sitio que mira Berk se llame igual que el que sedujo a Loti, e incluso igual que ese que tanto molesta a Pamuk, es un sitio completamente distinto. Ante esos múltiples rostros de Eyüp, Pamuk se pregunta por qué es que “ese pequeño y maravilloso barrio al final del Cuerno de Oro” encanta y “satisface a todo el mundo”.

Pero el flamante Nobel no encuentra respuestas. “¿Puede ser porque se encuentra extramuros y por lo tanto carece de influencia Bizantina y de las capas de confusión que contiene el resto de la ciudad? ¿O por la mezcla de hermosos cementerios, árboles y casas? ¿Porque la noche llega pronto a causa de las altas colinas? ¿O es que Eyüp se mantiene lejos de la enormidad de Estambul y de su poderosa y enérgica confusión –de esa fuerza que incluye hasta la basura, el óxido, el humo, la suciedad y las grietas, fisuras, restos y ruinas- porque allí todo, hasta sus medidas arquitectónicas, se ha mantenido diminuto con una humildad religiosa y mística?”

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 26 de enero de 2007)

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29 diciembre 2006

Crónica de Turquía:
Filigrana de mármol

En Selchuk todo problema parece quedar a mil kilómetros de distancia. Los nidos de cigüeñas que aprovechan las ruinas de un acueducto romano coexisten con los evocadores restos de la basílica de San Juan. El aire tiene una brisa fresca de estación que parece colocado a propósito para agradar al forastero, venga del clima que venga.

Hasta el absurdo mayor parece lógico: a pesar de las hermosas ruinas de Éfeso, el verdadero orgullo del lugar es una solitaria columna en un terreno baldío. Dicen que es el único resto del Templo de Artemisa, una de las siete maravillas de la antigüedad. Por las dudas de que sea demasiado poco para los visitantes, la municipalidad instaló una faraónica estatua de la deidad en la avenida principal. Es una réplica de la que se conserva en el museo local, y que la muestra alajada con un pectoral pleno de huevos de alabastro, atributo de quien era considerada por los griegos la diosa de la fecundidad y la caza. Para los fieles de cultos más actuales, a pocos minutos está la improbable “casa de la Virgen María”, timo para turistas en el que se detuvo el papa Benedicto XVI en su reciente y polémica visita a Turquía.

Pero todo lo anterior es accesorio. El verdadero encanto de Selchuk es Efeso. Una avenida de mármol rodeada de edificios de los que sobrevive lo suficiente como para evocar que estamos en una ciudad y no en un yacimiento. Desde la filigrana labrada de la biblioteca hasta el antiguo lupanar, pasando por un par de teatros y un extraño baño público en el que las letrinas están dispuestas de tal modo que podían mantenerse animadas conversaciones grupales mientras se cumplía con el rito de la fisiología.

La complejidad agazapada

Viendo Éfeso es imposible entender que alguien dude que Turquía es parte de Europa. La cercana mezquita de Selchuk es sólo una contradicción aparente. Pensar hoy una Europa sin mezquitas tal vez sea tan irreal como imaginar el perfil de Turquía sin las iglesias bizantinas. La Unión Europea quiere tener el enorme mercado turco dentro de Europa, pero no sabe cómo lidiar con sus peculiaridades, en especial en el capítulo de los derechos humanos. “Se han hecho grandes avances pero todavía hay un largo camino por recorrer”, repiten los técnicos europeos. “Las reformas han sido aprobadas por el Parlamento, pero todavía enfrentan grandes dificultades para ser llevadas a la práctica”, agregan. Difícil entender un país que en su interior oculta (no es metáfora) la existencia de decenas de pueblos.

Al volver desde el yacimiento, mientras cae la noche, es tiempo de probar el airán, un repulsivo refresco lácteo con sal. En el restorán, que semeja una tienda beduina, una multitud ocupa las alfombras y almohadones. Son los familiares de un niño que festeja su cumpleaños. Alguien, tal vez su padre, da un discurso aparentemente emotivo y al final rompe a cantar con una melodía repetitiva. Mirándola desde la arcadia que ofrece este cumpleaños familiar, la turca parece ser una sociedad feliz. Por detrás, sin embargo, permanece agazapado el eco de su complejidad, esa misma complejidad que la hace pendular entre el deseo y el rechazo en su relación con Europa.

Ficha mínima

Turquía tiene casi 780 mil kilómetros cuadrados (el 97 por ciento de los cuales están en Asia) y casi 70 millones de habitantes. Una importante cantidad de turcos viven en el exterior (los que viven en Alemania formarían una ciudad más poblada que Montevideo). Su capital no es Estambul sino Ankara. Es el único país de población mayoritariamente musulmana que integra la OTAN, la Alianza Atlántica. En su territorio habitan diversas minorías étnicas, con las que los turcos han tenidos relaciones difíciles a lo largo de la historia, siendo el más difundido el caso de los kurdos. Los derechos humanos y situaciones internacionales como la derivada de la invasión turca sobre la mitad de la isla de Chipre, complican el ingreso turco a la Unión Europea.

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(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de diciembre de 2006)

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Crónica de Turquía:
El eco y su barrera

Turquía quiere volver a ser Europa. En un tiempo ya lejano, sus costas sobre el mar Egeo eran lo que los griegos llamaban Asia Menor. Luego llegó la islamización del territorio y la construcción del Imperio Otomano que al final de la Primera Guerra Mundial daría lugar a la Turquía moderna. La historia reciente ha ido velando –de nuevo- los rasgos más laicos del rostro de esa sociedad compleja. Ahora Europa y Turquía se debaten juntas entre la mutua atracción y el mutuo rechazo.

El canto del muecín que llama a la oración golpea sobre el silencio y lo abre en dos, como una daga. Un grito desesperado que busca su propia confirmación en el grito con el que otro muecín le responde desde la mezquita vecina. La tela uniforme que era la ciudad hasta ese momento recibe el tajo. Los edificios, el tránsito, las personas que la habitan pierden pie y por un instante, aunque exteriormente no se note, todo se detiene y cae en un abismo de recogimiento. No importa que la ciudad haya incorporado el llamado a la oración como un reloj biológico. Aunque pasen los días es imposible acostumbrarse. Incluso aquí, en este experimento político que es la Turquía moderna, el llamado a la oración que se repite de una mezquita a otra actúa como un signo vital de la ciudad. En cierta forma esa confirmación de la fe que se produce cinco veces al día, y que es uno de los pilares del Islam, aparece a ojos del viajero como la forma más extrema de ese exorcismo permanente con el que Estambul negocia su identidad. Una ciudad construida en base a estratos de historia que se superponen unos sobre otros en el mismo lugar. Todo aquí parece poder ser leído de dos formas diferentes. Una ambigüedad propia de las fronteras, y que se mantiene incluso cuando la ciudad se traslada en sus habitantes.

Las oficinas de los expertos de la Unión Europea que redactaron un informe -el mes pasado- recomendando desacelerar el proceso de ingreso de Turquía, están ubicadas en el edificio Carlomagno de Bruselas. Una moderna construcción donde todo es de grandes dimensiones, excepto la cafetería, en la que hombres y mujeres impecablemente vestidos se abren paso a los codazos. A un par de paradas de tranvía está el Jardín Botánico. Ese es el sitio exacto en que la Avenida Royal –como si fuera el estrecho del Bósforo- divide el mundo en dos. Al sur está Europa. Al norte los barrios turcos, con sus jóvenes enfundados en camperas de cuero negro, mujeres con la cabeza cubierta, pequeños restoranes que ofrecen kebab, y tiendas que a pesar de aportar al erario belga son como sacadas de Sulthanamet, el casco viejo de Estambul.

Hay eco turco en Europa así como hay un eco europeo en Turquía. El sonido, sin embargo, todavía no fluye sin barreras.

Abluciones

Asia Menor es una franja de tierra helenizada que ahora forma parte de Turquía. Aunque esté formalmente en Asia es parte de la herencia europea del país. Queda a mitad de camino entre Estambul y Damasco, y puede llegarse en ómnibus o ingresando por mar desde las islas griegas del dodecaneso.

El servicio de la empresa Kamil Koch se encamina rumbo a Selchuk, ciudad que será la excusa para llegar al yacimiento romano de la antigua Éfeso. En el trayectoo pueden verse algunas casas y chacras. Nada diferente a lo que muestra el campo en cualquier parte cuando se lo mira desde la artificialidad de una ventanilla. Adentro de esa cápsula mecánica que es el ómnibus todo empieza a fracturarse. Lo distinto produce extrañamiento. El extrañamiento agudiza los sentidos. Entonces el tiempo se vuelve más lento y todo llama la atención. La música que escucha el conductor tiene un aire balcánico. Un hombre en el fondo fuma un cigarrillo sin que a nadie parezca molestarle. El guarda, después de controlar los boletos, pasa asiento por asiento y va volcando una medida de colonia en las manos en cuenco de los pasajeros que agradecen con naturalidad. Observando se aprende. Es necesario frotarse una mano contra otra y luego pasar el resto de la colonia por el cuello. En intervalos regulares se repite la operación de esa aromática ablución colectiva.

Bajo la niebla

El ómnibus se detiene para que los pasajeros vayan al baño o coman algo. A la entrada de las tazas turcas un anciano raciona en trozos el papel higiénico y lo entrega a cambio de una propina. Afuera, en un puesto callejero, una mujer vende unas finas lajas de pan especiado que calienta sobre una plancha como las que se usan en las chiviterías. Parece pan armenio, valga la paradoja. Según el reporte europeo, la vida de esta mujer turca no ha de ser fácil. Aseguran que si bien “se ha registrado un crecimiento en la atención pública al asunto de los derechos de la mujer, el respeto completo a estos derechos permanece como un problema crítico, particularmente en las áreas más pobres del país”.

La barrera del idioma impide mantener una conversación. Tiene cerca de setenta años. Seguramente su vida no se verá afectada por el ingreso del país a la Unión, si es que finalmente se produce. En la distante frontera oriental, mujeres incluso más jóvenes que ella están todavía lejos de recibir los beneficios del proceso de adhesión. Ahí todavía se producen los llamados “crímenes de honor”, cometidos por hombres que reciben de sus comunidades una suerte de “derecho” sobre la vida de su esposa. O también los numerosos suicidios impulsados por las familias de la mujer caída en desgracia, que lo más que están dispuestos a hacer por ella es garantizar -ante el marido- que la mujer se quitará la vida en el seno del hogar paterno. O los otros suicidios, recurso extremo para librarse de un matrimonio forzado por la costumbre de los arreglos familiares.

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(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de diciembre de 2006)

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24 noviembre 2006

La persistencia de lo simbólico

El episodio es fuertemente simbólico, en especial para la Europa balcánica. La capital turca, Estambul, todavía es nombrada por los pueblos cristianos ortodoxos con el nombre bizantino de Constantinopla. Ciudad-símbolo de un imperio que duró mil años y que todavía se considera vigente en algunos territorios autónomos, como es el caso de la provincia griega del Monte Athos. Pero si Constantinopla era el emblema de la cristiandad oriental (símbolo canonizado en el martirio de su último emperador, Constantino Paleólogo, que murió al pie de sus murallas defendiendo la ciudad del avance otomano), el símbolo de Constantinopla era la basílica de Santa Sofía.

Tan importante resultaba ese edificio como encarnación del matrimonio de lo terrenal con lo celestial, que luego de tomada la ciudad en 1453, los conquistadores turcos intentaron “exorcizarla” agregándole cuatro minaretes y convirtiéndola en mezquita colocando en su interior dos enormes medallones con los nombre de Alá y de Mahoma. Con el advenimiento de la Turquía moderna, los planes de secularización impulsados por Attaturk eliminaron su carácter de mezquita y la transformaron en museo en 1935. Pese a su nuevo “ecumenismo laico”, si es permitido acuñar ese término, la iglesia de la Sagrada Sabiduría (que eso significa en griego el nombre Agia Sofía) sigue siendo una cápsula de tiempo que insinúa lo que fue Bizancio.

Una vez en su interior se comprende que los cristianos del siglo sexto consideraran la obra de Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto como un milagro en sí mismo. ¿Cómo era posible que se sostuviera esa enorme cúpula que parecía estar suspendida del cielo? Los arquitectos debieron resolver problemas técnicos que nunca se le habían presentado a ningún constructor. Para sus contemporáneos resultaba evidente que tenían que haber contado con la ayuda divina, intermediada, sin duda, por el sagrado emperador. El rosado de la fachada, los mármoles del interior, la fineza de las columnas y los capiteles labrados que sostienen las delicadas galerías laterales; generan un efecto estético que por sí solo alcanzaría para justificar la permanencia de su leyenda. Pero todavía quedan los mosaicos.

Hay que subir al piso superior, atravesando unas escaleras con aspecto de túneles arcaicos, para llegar a dos grupos de imágenes de la liturgia cristiana. El rostro en éxtasis de la Virgen. La despeinada cabellera de Juan el Bautista. Su belleza es tal que los otomanos, a pesar de estar embebidos del ímpetu de los conquistadores, no se atrevieron a destruirlos. Los taparon con una capa de estuco, como si supieran que la posteridad sería más generosa que su presente con esas imágenes. Es probable que al ocultar la obra maestra, estuvieran haciendo uno de los primeros actos de museística, aislando los mosaicos de su carácter religioso, y preservando su componente artístico.

Esta semana la noticia pudo pasar inadvertida, o apenas ser mencionada como un tardío efecto del “discurso de Ratisbona”, con el cual el Papa Benedicto XVI despertó la ira de una parte del mundo musulmán en setiembre de este año. Unos cincuenta islamistas que integran la formación de extrema derecha conocida como “Partido de la Gran Unión”, ocuparon el miércoles último la basílica de Santa Sofía. Lo hicieron en rechazo al arribo del pontífice católico a Turquía, previsto para este martes 28.

Al simbolizar en Santa Sofía el rechazo al Papa (algo que en sí mismo es un error teológico ya que la cristiandad ortodoxa considera herética la pretendida autoridad superior del Papa católico) están reafirmando la persistencia de la potencia simbólica de Constantinopla. A pesar de que hayan transcurrido cinco siglos y medio desde el momento de su caída.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 24 de noviembre de 2006)

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09 julio 2004

Cuaderno de los Balcanes II:
El viejo nombre de Tito

En las zonas de frontera no suele tenerse demasiada simpatía por quienes están del otro lado. En la vieja Salónica, sin embargo, ni siquiera se reconoce que haya un otro allí afuera. Entre dos macedonias, la griega y la ex yugoslava, y a un paso de una tercera, la búlgara, se desarrolla esta última nota del segundo cuaderno de los Balcanes.

Capital del norte griego, Tesalónica es una vibrante ciudad europea en la que el sonido tecno que sale de los bares de moda contrasta con la bucólica imagen cilíndrica de la torre blanca, una postal medieval rodeada de palmeras que esconde un pasado sangriento. No hay belleza inocente cuando la arquitectura está cargada de historia. Orgullosamente griega, Tesalónica no perteneció formalmente a Grecia sino hasta el declinar del imperio otomano y fue allí donde nació, paradójicamente, el más turco entre los turcos: Mustafá Kemal (foto), que con los años sería llamado Ataturk, padre de la Turquía moderna. Más allá de algún recordatorio formal de la museística local, la ciudad lo ha borrado de su álbum de familia.

Por contraste, en Tesalónica es posible cruzarse con varias de las iglesias ortodoxas más hermosas del norte griego, y sus calles guardan el eco de las voces del sefarad que trajeron a estas tierras el sonido del español antiguo, cuando los judíos fueron expulsados de la península Ibérica por los Reyes Católicos. Toda esa herencia están dispuestos a aceptar sus habitantes, aunque la refieren con una cierta displicencia, como si no le dieran el estatus de lo histórico y la tomaran apenas como parte de un pasado reciente, casi periodístico.

La verdadera historia, la única que consideran digna de su genealogía, procede del reino macedonio de Alejandro Magno, el más universal entre los antiguos griegos. En ese origen a mitad de camino entre el museo y la mitología, está la causa de la terquedad con la que los macedonios griegos se resisten a nombrar el país que tienen al otro lado de la frontera. Como en todas partes, también aquí es una larga avenida la que separa el centro y la estación de trenes. Una avenida que va despojando a la ciudad de su belleza marítima de inspiración egea, y a medida que la obliga a recorrer su elongado trayecto la va volviendo más y más balcánica.

En la boletería no quieren venderme el pasaje. No hay tren que vaya a Macedonia ya que aquí estamos, precisamente en Macedonia. No es un problema de idioma. Recién cuando le doy el nombre de la ciudad, Skopje, el funcionario finje entender lo que en verdad había entendido desde un comienzo y me vende el boleto. En la casa de cambios de la estación es imposible conseguir dinares macedonios. ¿Dinares yugoslavos?, pregunta el cambista. No, dinares macedonios, le respondo. Hace un gesto de desaprobación y niega conocer esa exótica divisa, a pesar de que es la que se usa en el país que está al otro lado de la línea divisoria. Tiene cotización para cualquier otra moneda menos para esa. Porque no existe. No la moneda, el país no existe.

==Primera parte de cuatro

* 2- Maldita vecindad
* 3- Pella
* 4- Skopje

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 7 de julio de 2004)

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03 abril 2004

Chipre: líneas de muerte

Que las lenguas son más portadoras de significado que lo que sus hablantes podemos captar mientras las usamos es algo que siempre ha quitado el sueño a los traductores. No es necesario recurrir a la línea final del Hamlet de Shakespeare (The rest is silence) para sostener esta afirmación; tal vez alcance con la sonoridad serbocroata que hace que se confunda fácilmente “me duele” con “te quiero”, algo que genera en los Balcanes más de una broma sobre dentistas.

Esta ambigüedad no le debe de haber hecho ninguna gracia a los que trabajaron por la reunificación de Chipre, ya que luego de cinco años de negociaciones establecieron lo que en la jerga diplomática y comercial se conoce como “dead-line” y que aunque se traduce como “fecha límite”, significa literalmente “línea de muerte”. Se intentó tomar el “tiempo real” del conflicto chipriota (que tiene treinta años sólo en su fase más reciente) y colocarlo en el marco de las necesidades de los tiempos de la eficiencia a que la comunidad internacional parece estarse volviendo tan afecta. Tras cinco años de zurcido y collage, de escuchar e incorporar o excluir las aspiraciones de los líderes de las dos partes en que se dividió la isla a consecuencia de la invasión turca de los años 70, Naciones Unidas produjo un aceleramiento del final de las negociaciones, y elaboró un plan federal de reunificación que permitiría que las dos zonas de Chipre volvieran a ser un sólo país. Pero el proceso, que según se demostró en los hechos no estaba maduro, fue apurado con la excusa de la “dead-line” de que si se aprobaba antes de fines abril el nuevo Chipre ingresaría a la Unión Europea como país unificado.

Las reacciones negativas al plan de los líderes de ambas comunidades debieron haber dado una luz de alerta para seguir trabajando en el texto y postergar el llamado a las urnas. Sin embargo se confió más en el “dead-line” de la diplomacia que en el tiempo real que los negociadores de las partes involucradas estaban leyendo en los estados de opinión de sus representados. El resultado fue que la zanahoria del ingreso a Europa no fue suficiente, y que el 75 por ciento de los grecochipriotas rechazaron el Plan Annan. Aunque el 65 por ciento de los turcochipriotas lo aprobaron, cada comunidad tenía poder de veto, por lo que ahora Chipre, el único oficialmente reconocido, que es el de origen griego, ingresará a la Unión Europea sin su parte norte.

==Segunda parte de dos

* 1- El No de Chipre

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 3 de abril de 2004)

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El No de Chipre

Cuando se da una mirada a la información internacional parece que todos los hechos ocurrieran en un mismo tiempo. Sin embargo, ese tiempo artificial de la “actualidad” no se corresponde con ninguna de las realidades que en él se describen. Así lo ponen de relevancia episodios como el referéndum sobre la reunificación de Chipre o la inminente ampliación de la Unión Europea.

Treinta años de separación no fueron suficientes para que las comunidades greco y turcochipriotas decidieran vivir juntas, así como las décadas de opresión que vivieron bajo Saddan Hussein no bastan para que los iraquíes vean a las tropas estadounidenses como libertadoras. Ambas comprobacioness ocurrieron en la misma semana y es posible leerlas en páginas contiguas de la información, pero las dos provienen de una deriva histórica que no tienen en común nada más que el hecho de que son narradas en el mismo flash de actualidad. Se parecen, eso sí, los números que las miden y que revelan que ambos rechazos, al bordear la proporción de los tres cuartos, pueden considerarse estados de situación contundentes. El 76 por ciento de los grecochipriotas votaron por el No en el referéndum por la reunificación de su isla el pasado domingo, y una encuesta de Gallup de esta semana indicó que el 77 por ciento de los iraquíes consideran a los marines y sus aliados como fuerzas de ocupación.

Que ambos episodios revelen los ilusorio del tempo que encarna la necesidad de relatar lo que ocurre en el mundo en el marco limitado de un periódico o un telediario, tiene que ver, en última instancia, con ese “pacto de ilusión” que establecen el periodismo y el lector para que se pueda compartir una lista de temas que componen el “estar enterado”. Nada particularmente novedoso. Sin embargo lo que tienen de peculiar las negativas grecochipriota e iraquí, es que esos “tiempos reales” que reflejan los estados de opinión mensurados tanto por el referéndum como por la encuesta, están en contradicción con los ritmos que parece manejar la comunidad internacional, ya sea a través de un largo operativo diplomático en Chipre o mediante la fuerza de las armas en Irak.

* 2- Líneas de muerte

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 3 de abril de 2004)

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15 agosto 2003

La mirada turca

Las crónicas turcas han conservado la memoria de la batalla de Kosovo vista desde el lado de los vencedores. Como corresponde a la tradición, el historiador otomano Neshri, cronista al servicio de Murad, comienza su detalle narrando el revés inicial de las fuerzas turcas: “Los arqueros de los fieles lanzaron sus flechas desde ambas orillas. Numerosos serbios se pusieron de pie como si fueran montañas de hierro. Cuando se hizo un pequeño claro en la lluvia de flechas, ellos comenzaron a moverse, y pareció como si las olas del Mar Muerto estuvieran rugiendo...De pronto los infieles arreciaron contra los arqueros del ala izquierda, los atacaron de frente y, habiéndolos dividido, los hicieron retroceder. Los infieles destruyeron también otro regimiento y se pararon detrás del ala izquierda...Así, los serbios empujaron completamente ese flanco, y las confusas novedades del desastre comenzaron a difundirse entre los turcos bajando su moral...Bayazet, con el ala derecha, se había movido tan poco como la montaña que tenía a su lado. Pero vio que era muy poco lo que faltaba para que el Sultán perdiera todo su ejército”.

Si recurrimos al libro de Kadaré (foto) Los tambores de la lluvia, que trata de las campañas de los turcos contra los albaneses en el siglo XV, es posible recrear la difícil tarea que tenían los cronistas imperiales. Acompañaban al ejército en las más duras condiciones, y debían afinar su imaginación para equilibrar la verdad histórica con la necesidad vital de agradar a sus señores. Escribe Kadaré: “Mevla Chelebi, el cronista, se detuvo a cincuenta pasos de la tienda del pachá...Mientras seguía con la mirada a los oficiales superiores, buscaba los epítetos con que habría de describirlos en su crónica, si todos demostraban valor y arrojo en el combate. Pero dichos calificativos eran extraños y débiles y, en su mayor parte, ya habían sido empleados por sus antecesores. Además, si descartaba los que tenía reservados al comandante en jefe, su número se veía aún más reducido, por lo que tenía que reflexionar mucho antes de emplear cualquiera de ellos en forma aislada. Tenía algo así como un puñado de alhajas que debía prodigar con mesura sobre aquellos combatientes sin nombre”.

Veintiseis años después de aquél libro escrito en 1972, Kadaré vuelve a introducirse en un campamento otomano en la víspera de una batalla decisiva. Esta vez no lo hace en la piel de un cronista sino en la del preceptor del hijo del Sultán. Su objetivo es mostrar uno de los aspectos de la batalla de Kosovo que las crónicas de la época no registraron: ese fue más que un choque entre dos ejércitos, fue un choque entre dos mundos que se desconocían, y que luego de ese combate empezarían una pulseada en la que no dejarían de atraerse y de repelerse. Fue un choque que le dio a la península su nombre actual, Balcanes, montaña en lengua turca. La primera vez que los pueblos diversos de la ex Yugoslavia tenían un nombre común, éste provenía del idioma del enemigo. A Kadaré no el pasa inadvertido ese hecho: “Antes incluso de poner pie en ella, los turcos bautizaban de tal suerte la península y a sus pobladeres, y ese nombre parecía amoldárseles lo mismo que las escamas nuevas al cuerpo de un viejo reptil (...) se dieron cuenta entonces de que, divididos como habían estado, nunca habían llegado a ponerle nombre a su península (...) Ahora ya era demasiado tarde para hacer algo y sería en esas condiciones, sin nombre colectivo alguno, incluso con la denominación que les había impuesto el enemigo común, como deberían marchar hacia la guerra y la derrota”.

==Octava parte de nueve (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2003)

* 1- Poesía épica serbia: La saga de Kosovo
* 2- La batalla
* 3- El rol de la épica
* 4- El contexto histórico
* 5- La venganza
* 6- La mirada albanesa
* 7- La caída del reino de Serbia
* 9- Fuentes

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28 marzo 2003

Actores ¿secundarios?

Turquía: Este es el verdadero aliado de Estados Unidos en Medio Oriente, no Israel. O para decirlo en otras palabras, Israel es parte del problema, Turquía es parte de la solución. Los turcos integran la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN), son un país con mayoría de población musulmana pero con un régimen de gobierno no integrista, sino laico, y en su suelo se encuentran bases de tropas estadounidenses consideradas estratégicas por el Pentágono. La dificultades de Washington para conseguir el uso de territorio turco para lanzar su invasión mecanizada sobre Irak, demostró que no se trata de un aliado dócil. La opinión pública deberá acostumbrarse a una exposición mediática cada vez mayor de este país.

Los kurdos:
A nadie le importa, en verdad, la tragedia de este pueblo asiático sin patria. Divididos entre los territorios de Irak, Irán y Turquía, aspiran a unificar en un Kurdistán independiente las zonas en las que son demográficamente mayoritarios. La represión que han sufrido por parte de Hussein (atroz en momentos en que el mandatario iraquí todavía no había caído en desgracia ante Occidente, y muy limitada en los últimos años, en los que incluso han gozado de importantes niveles de autonomía), no ha sido demasiado peor que la que han experimentado los kurdos de Turquía, por lo que no puede tomarse con seriedad el argumento de que se quiere acabar con Hussein para proteger a esta minoría. La verdadera importancia de los kurdos en este conflicto, está en su potencial divisionista al seno de los aliados de Estados Unidos. Ya quedó demostrado que Turquía no está dispuesta a tolerar un Kurdistán independiente en su frontera, por lo que el tema kurdo puede ser el mayor dolor de cabeza en la inmediata posguerra.

Irán: El principal y más sólido centro de poder dentro del mundo islámico no árabe, guarda relativo silencio a pesar de que se está librando una guerra en su propia frontera. Este perfil bajo puede deberse a que se le reserva el rol principal en la escena del nuevo orden regional que emergerá de esta guerra. Está claro que el Irak pos-Hussein será un Irak chiita. Una negociación a tiempo y generosa con Irán por parte de Estados Unidos, puede ser la mejor diplomacia preventiva. Washington sabía que Hussein caería indefectiblemente. Podía caer por la presión popular de una revolución chiita al estilo de la que llevó al poder a Jomeini, o caer como ocurrirá ahora, derrocado por una acción militar estadounidense que abre las puertas para la hegemonía chiita en el Golfo Pérsico. Es una jugada arriesgada, pero la única posible. Tampoco es algo nuevo. Recordemos el rol que le cabía a Egipto antes de las guerras con Israel, y su situación actual de barrera contra el fundamentalismo. Esto apuntala un juego de equilibrios que, desde el punto de vista económico, elimina el riesgo de que el petróleo caiga en manos de un Medio Oriente integrista, ya que convierte en socios a los propios integristas. Desde una perspectiva política, permite pactar, al menos provisoriamente, con el sector moderado del ala dura del islamismo, una aparente paradoja que puede actuar como frágil garantía contra el terrorismo, teniendo en cuenta, por ejemplo, el carácter chiita de Hezbollah.

==Tercera parte de cuatro

* 1- El discreto encanto de la confusión
* 2- Factores en juego
* 4- Karma para armar

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 28 de marzo de 2003)

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26 agosto 2000

"Robo de atletas"

El presidente del Comité Olímpico Cubano, José Ramón Fernández, ve la situación de un modo diferente que Niurka Montalvo. Para Fernández la naturalización de deportistas representa un liso y llano "robo de atletas", por lo cual calificó la postura de algunos países desarrollados que "despojan de sus talentos a naciones pobres", como idéntica al acto de quitarle "parte del alma a un ser humano". España rechazó tajantemente estas acusaciones y anunció que revisará los convenios deportivos de cooperación con Cuba.

La olimpíada que se extendió entre 1996 y 2000 estuvo marcada para los cubanos por un recrudecimiento de lo que denominaron un "asedio intolerable" a los deportistas de ese país, encaminado a tentarlos con suculentos contratos para que abandonen la isla. Siempre de acuerdo a fuentes cubanas, este acoso tuvo uno de sus puntos más altos en los Juegos Panamericanos que se desarrollaron en Winnipeg (Canadá) en 1999. Uno de los últimos capítulos de esta saga ocurrió en julio de este año, cuando solicitaron de asilo en Costa Rica cuatro integrantes de la delegación cubana que participaba en el pre-Mundial de fútbol de salón, deporte que se juega en equipos de cinco.

Consciente de esta realidad, el canciller cubano Felipe Pérez Roque, integrante del círculo de dirigentes más cercanos al mandatario Fidel Castro, pidió a los 241 atletas que concurrirán a Sidney que se comporten "como patriotas y combatientes revolucionarios". Les advirtió que "recibirán fuertes presiones, intentos de comprarlos, caro o barato, propuestas tentadoras. Cada cual deberá decidir con su conciencia si se vende y se pone a las órdenes de los enemigos de su pueblo o si recuerda en el momento crítico que nosotros no somos nada, si no es como parte de un pueblo con dignidad y vergüenza".

En una postura distinta a la cubana, el gobierno de la República Popular de China aceptó que la única mujer de ese país que logró una medalla de oro en atletismo compita en Sidney como estadounidense. Yueling Chen (foto), medalla de oro en caminata de 10 kilómetros en Barcelona 1992, fue autorizada el 10 de agosto a integrar la delegación de Estados Unidos a pesar de que hace menos de un año que obtuvo su nueva ciudadanía.

Entre los atletas de primerísimo nivel que participarán de estos Juegos Olímpicos hay uno que ya experimentó el cambio de bandera. Se trata de Naim Suleymanoglu, "el Hércules de bolsillo", ganador de 26 medallas de oro en campeonatos mundiales, que intentará convertirse en el primer levantador de pesas de la historia en ganar cuatro oros olímpicos. El hoy turco podría, en realidad, estar buscando su quinta coronación, pero no pudo participar en los juegos de Los Angeles 1984 debido a que su antiguo país, Bulgaria, se plegó al boicot soviético.

Más allá de las polémicas en torno al cambio de bandera y al "asilo" o "deserción" -según cuál sea el cristal con que se lea el fenómeno-, Cuba buscará ser noticia en Sidney por sus éxitos deportivos. Esta verdadera potencia latinoamericana cuenta con 116 medallas en su historia, la amplia mayoría de ellas logradas luego del derrocamiento del dictador Fulgencio Batista que marcó, en 1959, el inicio de la Revolución Cubana liderada desde entonces por Fidel Castro. Dos de sus deportistas fueron incluidos por la agencia AP en la selecta lista de las máximas estrellas que participarán de estos Juegos Olímpicos: el boxeador Félix Savon, oro olímpico en 1992 y 1996, considerado el sucesor del legendario Teófilo Stevenson (foto); y el beisbolista Omar Linares, tenido por los expertos como el mejor jugador amateur del mundo en ese deporte.

A esta pareja habría que sumar al récordman de salto alto Javier Sotomayor, dos veces campeón mundial y oro olímpico en 1992, que podrá participar luego de que se le redujera la pena por haber dado positivo por cocaína en un control antidoping efectuado en los Juegos Panamericanos de 1999. En Atlanta 1996, Cuba logró medallas de oro en beisbol y volley femenino, así como cuatro medallas de oro en boxeo (y tres de plata), que se sumaron a las preseas de plata logradas en atletismo y natación, y a la de bronce en triple salto, por citar algunas de las destacadas participaciones cubanas en los últimos Juegos Olímpicos.

==Tercera parte de ocho

* 1- No todo lo prohibido se puede hacer
* 2- La veté porque era mía
* 4- Enemigos en la villa olímpica
* 5- Aborígenes y drag-queens
* 6- Timor Oriental
* 7- Sobornos
* 8- Ecos de Vietnam

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en agosto de 2000)

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