04 junio 2004

Cronograma de traspaso de poder en Irak

El proceso de traspaso de soberanía en Irak comienza a fin de este mes, cuando asuma el gobierno interino. En ese momento la presidencia estará en manos de Ghazi al Yauar elegido por el Consejo de Gobierno transitorio, supuestamente a contrapelo de los deseos de Estados Unidos. Este acto de independencia con respecto a las fuerzas de ocupación puede ser sólo una forma de darle al nuevo presidente mayor legitimidad ante la opinión pública local. En todo caso, los estadounidenses tienen la carta política del primer ministro, un chiita que trabajó para la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

El futuro presidente (foto) es originario de la norteña Mosul, y su tío es el jeque Mohsen al Yauar, jefe de la tribu de las Chammar. Esta tribu cuenta con tres millones de miembros, tanto de confesión suní como chiita, asentados en un territorio que abarca zonas de cuatro países: Siria, Arabia Saudita, Irak y Kuwait. Esta base tribal puede garantizarle al nuevo mandatario un canal de comunicación con las dos grandes ramas del islam presentes en Irak, a la vez que sus estudios de ingeniero en la universidad George Washington, y su próspera empresa de telecomunicaciones en Arabia Saudita lo hacen un interlocutor natural de Occidente.

Al Yauar deberá convocar a elecciones parlamentarias en el segundo semestre del año que viene y en el mes de diciembre de ese mismo año llamar a elecciones generales para que la ciudadanía elija a su sucesor. Antes de esto deberá lidiar con la difícil presencia de las tropas de ocupación, compuestas en su mayoría por marines, de las cuales tendrá el mando formal pero no real. En términos de seguridad su problema de mayor urgencia será desarmar a las milicias chiitas y sunníes, para lo que necesitará de todo el apoyo de las alianzas tribales de los chammaríes. Pero tampoco podrá olvidar el tema kurdo. Se sabe que Al Yauar es un decidido partidario de la integridad de Irak, por más que en su discurso defiende la autonomía de las zonas habitadas por los kurdos, pueblo que estaría representado en el nuevo gabinete con dos de los ministerios en teoría más importantes (aunque también más tutelados), Defensa y Relaciones Exteriores.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 12 de octubre de 2004)

==Segunda parte de tres

* 1- Crudo: el nuevo equilibrio
* 3- Casi un parlamento

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Crudo: el nuevo equilibrio

En enero de 2006 asumirá el primer gobierno iraquí electo democráticamente. Esa es la etapa final de la nueva versión del cronograma propuesto por Estados Unidos para la transición en Irak. Si ese dato se lee a la luz de los ataques de islamistas contra objetivos occidentales en Arabia Saudita, y su efecto sobre el precio internacional del petróleo, puede pronosticarse que del carácter de ese nuevo gobierno dependerá una parte del futuro del mercado de crudo.

Al-qaeda va tomando forma en base a los errores de la política de Washington, y se hace fuerte en el sitio donde el ala radical del islam mantiene una relación más ambigua con el poder estatal. Arabia Saudita no es un santuario al estilo del Afganistán de los talibán, pero es la cuna del wahabismo, fuente en la que abreban varias de las concepciones que pueden asociarse a las acciones terroristas. Expulsar a los occidentales de ese reino, no sólo tendrá el efecto de afectar las economías dependientes de la importación de petróleo, sino que significará tomar el control de un territorio donde están los dos lugares más sagrados para los musulmanes, la Meca y Medina. Ante la posibilidad de un recrudecimiento de las acciones destinadas a derrocar a la monarquía de ese apetecible país, Estados Unidos necesita un “plan B” para asegurarse el abastecimiento el día después de que se agoten sus propios pozos, algo que ocurrirá en 2010. El punto de inflexión se producirá, entonces, durante el mandato del nuevo gobierno iraquí.

Por más que se establezcan equilibrios para la participación de minorías, y por más que se hable de un acuerdo no escrito para que los sunníes mantengan la presidencia y los chiitas el cargo de primer ministro, está claro que en Irak, elecciones generales con voto universal se traducirán en un gobierno chiita pro iraní. Por eso el único “plan B” posible para Estados Unidos es apostar a Irán como factor de estabilidad, ya que toda política realista en la zona debe concentrarse en que el petróleo fluya hacia las refinerías de Occidente. Sobre todo teniendo en cuenta que China –considerada la potencia desafiante para mediados de siglo- ha tomado ventaja en el futuro control de los recursos petroleros de las repúblicas de Asia Central, dueñas de mayores reservas incluso que las que poseen los países del Golfo Pérsico.

==Primera parte de tres

* 2- El cronograma
* 3- Casi un parlamento

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 12 de octubre de 2004)

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12 septiembre 2003

Ryad-Tehrán

La focalización del discurso sobre el nuevo orden en una cruzada contra Al-qaeda, esconde la verdadera preocupación de Washington. Como se indicó en un comentario sobre el libro Guerra por los Recursos, de Michael Klare, en 2010 Estados Unidos terminará con sus reservas de petróleo, y unos años más tarde estará disputando con China el acceso –y tal vez el control- al crudo del Golfo Pérsico y de Asia Central. Por eso tenía que quitar a los talibán de suelo afgano, para evitar que siguieran con su proceso de islamización radical de las ex repúblicas soviéticas centroasiáticas. Y por eso el derrocamiento de Hussein. Ninguna de las dos jugadas tienen relación con Al-qaeda más allá de que esta red espectral sirvió de excusa en ambos casos.

El eje real de la preocupación de Estados Unidos para asegurar su acceso al petróleo y llegar con el mundo musulmán a una pax americana similar a la que tuvo con la Unión Soviética años atrás, pasa por Irán y por Arabia Saudita. Este último es el tradicional aliado de Washington detrás del velo islámico, mientras que los iraníes son el verdadero poder en ese tablero. Enemistados durante largo tiempo, el régimen moderado de Jatami realizó a fines de los años noventa una serie de acercamientos diplomáticos con la casa real saudí, fundados en el interés de consolidar una alianza que dejara el negocio del petróleo a salvo de las diferencias religiosas. Los saudíes tendrían la garantía de que Tehrán no colaboraría con quienes quisieran desestabilizar su monarquía, a cambio de un respaldo al liderazgo de Irán entre los islamistas radicales en detrimento de otros grupos no chiitas y teóricamente más cercanos al wahabismo saudí. El campo de pruebas de esa alianza sería Afganistán.

Paralelamente a las negociaciones diplomáticas “abiertas”, que se llevaron a cabo en el intercambio de visitas oficiales y durante peregrinaciones a Meca y Medina (ambas en territorio saudí) de gobernantes iraníes, se llevaban a cabo reuniones reservadas en territorio talibán. El tercer vértice de ese triángulo era la inteligencia pakistaní, real anfitriona de esos acercamientos.

Ante esta entente, una posición norteamericana sensata, a pesar del discurso republicano, debería ser más la de un pacto de civilizaciones que la de un choque, para usar la terminología que popularizó Samuel Huntington (foto). Si quiere lograr sus objetivos de estabilidad, seguridad interna y acceso al petróleo, tendrá que pactar con el ala moderada del chiismo iraní. Un indicio de este tránsito puede descubrirse detrás de las reacciones de los distintos actores durante las recientes crisis de Afganistán e Irak. Los pakistaníes apoyaron a Estados Unidos, los iraníes se mantuvieron al margen, y los saudíes se mostraron menos dóciles que en situaciones anteriores. Los primeros apuestan a ser el articulador regional en el área de Asia Central, los segundos están dispuestos a una pax americana si eso les permite consolidarse como el centro de poder en el Golfo (para lo que necesitan un Irak chiita), y los saudíes, que eran los aliados en apariencia más sólidos de Estados Unidos, están en la posición más difícil: necesitan contentar al wahabismo más radical alejándose del servilismo de antaño, pero a la vez no pueden arriesgarse a quedar fuera del entendimiento Washington-Tehrán; saben que son el aliado del pasado y que su única oportunidad de sobrevida es acordar con Irán de manera independiente.

De cómo se resuelva la posguerra iraquí dependerá buena parte de la suerte de este nuevo estado de las cosas. Los atentados del 11 de setiembre no tienen relación alguna con los actores de la negociación, si bien los envuelven con su nube de polvo y opacidad. Al-qaeda, por ahora, es una construcción funcional basada en el fuerte sentimiento antioccidental de una parte del islamismo. El riesgo es que al haberle dado cuerpo y estatus, la creación adquiera vida propia y se desplazace, por primera vez, al centro real de la escena. Por ahora se mantiene en los márgenes, donde siempre estuvo.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Dos años después del 11 S: El tablero global resignificado
* 2- El otro
* 4- Afganistán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

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05 abril 2002

El mundo árabe y sus matices (III)
El plan de paz saudí

El príncipe heredero de Arabia Saudita basó su plan en una fórmula que es tan sencilla en su enunciado como compleja en su aplicación: retirada total de Israel de los territorios que ocupó en 1967 durante la Guerra de los Seis Días y reconocimiento pleno del mundo árabe al Estado israelí y normalización completa de relaciones diplomáticas y económicas en Medio Oriente.

La primera reacción de Estados Unidos fue de esepticismo, aunque pronto modificó su postura y pasó a brindarle su apoyo, al igual que la Unión Europea. También hubo señales positivas desde tiendas israelíes y palestinas. Una receptividad que despierta sospechas en algunos analistas pro-palestinos. En un artículo publicado en el diario argelino Le quotidien d’Orán, K. Selim hace la siguiente reflexión: “Demasiada unanimidad en torno a una iniciativa que no sobresale precisamente por su singularidad. Porque ‘la iniciativa’ del príncipe Abdallah no tiene nada de novedosa; en sí misma, constituye el núcleo de las propuestas árabes y palestinas, es decir, ‘paz a cambio de territorios’. La propuesta que el príncipe Abdallah pretende ‘sacar de su cajón’ es un clásico de las posturas árabes: retirada total [israelí] de los territorios ocupados, Jerusalén incluida, a cambio de una normalización plena. Cosa que Israel ha venido rechazando durante décadas con el apoyo de Estados Unidos”.

Una mirada menos escéptica puede encontrar dos aspectos que justificarían la acogida positiva que recibió la propuesta de Abdallah (foto). Uno parte del contexto de escalada de violencia en que se encuentra el conflicto, que genera la necesidad real de una vía de escape que saque el problema del campo bélico y lo sitúe nuevamente en la mesa de negociaciones. El otro aspecto es de la identidad del autor de la propuesta. Por un lado resulta confiable para Estados Unidos, debido al papel tradicional de aliado que ha jugado Arabia Saudita para Occidente. Pero por otro lado, el príncipe Abdallah, al ser heredero del trono saudita, es el futuro custodio de los lugares sagrados del Islam. Y más allá de los discursos encendidos del islamismo radical, que considera que la familia real saudí traicionó al Islam al permitir la presencia de un ejército infiel en tierra sagrada, el príncipe Abdallah sigue siendo un árabe que ha dado señales favorables a la causa palestina.

En el camino que siguió la propuesta de Abdallah puede rastrearse el olfato político de alguien. Para los críticos del príncipe heredero, tanto la idea como la trayectoria son parte del juego de Estados Unidos, que vuelve a usar a los gobernantes saudíes como peones de su ajedrez en Medio Oriente. Para quienes se alejan de esta teoría conspirativa, Abdallah mostró un amplio conocimiento de ambos mundos: sorprendió a Occidente poniendo su propuesta en la mesa de debate desde las páginas de un medio de gran prestigio, como el New York Times, pero que no deja de ser un medio de prensa, por lo que pudo evitar dar demasiados detalles. Después que había obtenido el apoyo occidental, y que los bandos en conflicto habían manifestado su beneplácito, negoció con los demás países árabes algunos puntos específicos. Cedió a las presiones de Siria para incluir los altos del Golán, contempló la necesidad libanesa de no dejar de lado el tema de los refugiados palestinos, pero al final del camino se había asegurado el apoyo de esos países, además del de Egipto y de Jordania.

==Tercera parte de cuatro

* 1- El mundo árabe y sus matices (I)
* 2- El factor sirio-libanés
* 4- Dos miradas sobre Oriente Medio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en abril de 2002)

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El mundo árabe y sus matices (II)
El factor sirio-libanés

No todo el mundo árabe se sitúa del mismo modo ante el tema palestino. Egipto, que acaba de suspender relaciones diplomáticas con Israel, tiene muy presente el peso histórico de la paz firmada por el ex presidente Saddat con ese país, y que durante un tiempo marginó a los egipcios de la Liga Árabe. El otro gran jugador, Arabia Saudita, debe conciliar su intención de liderazgo regional con el estatus de aliado de Estados Unidos y cargar sobre sus espaldas con el peso de haber servido de base para los ataques contra Irak durante la Guerra del Golfo.

Pero ni Egipto ni Arabia Saudita viven el tema tan de cerca como lo hacen Siria y el Líbano. El primero mantiene con Israel la disputa por los altos del Golán (un área de 1250 kilómetros cuadrados, ocupada por Israel en 1967) y está a cargo de parte de la seguridad del territorio libanés con una presencia de 20 mil soldados, en tanto que el Líbano tiene en su territorio entre 150 mil y 250 mil refugiados palestinos viviendo en casas precarias o en tiendas de campaña.

Por eso la importancia de esa visita casi teatral de Assad al Líbano. Las veintiun salvas de cañones estaban llamando la atención sobre un tema que Siria sólo podía volver explícito en Beirut. Visitando a su aliado menos de un mes antes de la cumbre de la Liga Árabe, que se celebraría precisamente en esa ciudad, el presidente sirio estaba dando la señal que debía ser leída por alguno de los jugadores clave del tablero árabe. La identidad del destinatario del mensaje se aclaró cuando el príncipe heredero saudí explicitó que su propuesta de “paz por territorios” incluía los altos del Golan.

Por si hubiera quedado alguna duda luego de los movimientos de salón de su presidente, Siria mostró sus cartas dos días antes de la realización de la cumbre de la Liga Árabe de este 27 de marzo, ahora inequívocamente. El día 25, un cuarto de millón de sirios manifestaron en las calles a favor de los palestinos y en contra de Israel y de las políticas estadounidenses en la región. Las palabras del analista Robert Fisk de que “nada, absolutamente nada, ocurre en Siria sin permiso del gobierno”, quedaron confirmadas por el hecho de que los estudiantes y los empleados públicos tuvieron el día libre para poder concurrir a la demostración.

==Segunda parte de cuatro

* 1- El mundo árabe y sus matices (I)
* 3- El plan de paz saudí
* 4- Dos miradas sobre Oriente Medio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en abril de 2002)

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El mundo árabe y sus matices (I)

El verde es el color del Islam. Pero el mundo árabe, que no es todo el Islam, muesta más de una tonalidad. La presentación del plan de paz saudí “paz por territorios”, y los juegos de tablero que le siguieron, revelaron algunos de estos matices, que forman parte de las relaciones de poder al interior de la Liga Árabe.

El plan “paz por territorios” fue anunciado por el príncipe Abdallah, heredero al trono de Arabia Saudita, días antes de la cumbre de la Liga Árabe que se desarrolló en Beirut a fines de marzo. Apenas se produjo el lanzamiento de la idea, a través de un artículo de Thomas Friedman, analista del New York Times, comenzaron a registrarse diversos apoyos a su propuesta, la que luego de una modificación aparentemente menor, fue hecha suya por tirios y troyanos. Pero ni los apoyos fueron unánimes, ni los cambios que introdujo el príncipe Abdallah en las trastiendas de la cumbre de Beirut fueron mero maquillaje.

Una de las principales dificultades para analizar las diferentes tendencias que existen en el variopinto escenario árabe en relación a temas trascendentes, como el conflicto de Medio Oriente, es la escasez de una masa crítica de análisis independientes procedentes del interior del propio mundo árabe. De ahí el éxito de la cadena Al-Jazeera, cuyo suceso no se debe solamente a la transmisión de los videos declamatorios de Osama Bin Laden, sino, fundamentalmente, a la construcción de una voz independiente dentro de un esquema de medios de comunicación que suelen estar controlados por los gobiernos; en cierta forma la independencia de Al-Jazeera nace de una lógica no occidental, ya que sólo puede alcanzarse gracias al apoyo de un gobierno, el de Qatar. Con menor proyección masiva, periódicos como Le quotidien d’Orán o Al Quds al-Arabi, también aportan su cuota de miradas críticas en un entorno que no las tiene en abundancia.

Como paliativo de esa escasez, frecuentemente es necesario recurrir a los artículos de especialistas occidentales, o atar los cabos sueltos que unen hechos aparentemente menores con ciertos giros de política internacional que, si no se establece ese vínculo, pueden verse como sorpresivos. Un ejemplo fue la visita que el presidente sirio, Bashar el Assad, realizó al Líbano el domingo tres de marzo. Una mínima referencia a los aspectos protocolares de un encuentro entre dos jefes de estado pudo ser leída, días más tarde, como la explicación de la trayectoria que llevó a la principal modificación que sufrió el plan de paz saudita que intentaba resolver la crisis palestino-israelí.

==Primera parte de cuatro

* 2- El factor sirio-libanés
* 3- El plan de paz saudí
* 4- Dos miradas sobre Oriente Medio

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en abril de 2002)

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