31 diciembre 2010

Las transformaciones de la década: después del 11S

por RLB

Los atentados contra objetivos civiles en el corazón de Occidente, la llegada a la “jerga de actualidad” de algunas palabras como “islamista” y la resignificación de otras como “fundamentalista”, un nuevo “enemigo” más parecido a un gas que a un bloque, la comprobación de que las posguerras son más costosas en vidas que las guerras mismas, los hitos que se resumen en fechas escritas en clave (11S, 11M, 7J). Signos de un siglo nuevo que demasiado pronto comenzó a diferenciarse del anterior.

Roberto López Belloso

CUANDO EL 23 de marzo de 2001 la estación espacial MIR cayó hacia la Tierra y se desintegró al ingresar en la atmósfera, muchos pensaron que lo que se estaba deshaciendo eran los últimos jirones del siglo XX. Hija tardía de la supremacía espacial soviética, su desaparición podía ser un símbolo del adiós a un siglo pautado por la Guerra Fría. Ese razonamiento, sin embargo, encerraba una interrogante difícil de despejar. Si aquello que más caracterizó al siglo pasado recién comenzó a prefigurarse en el año 17, ¿no será algo apresurado hablar del signo de los nuevos tiempos a menos de noventa días de inaugurado el futuro? Unos meses después se tuvo la respuesta. Los atentados del 11 de setiembre de 2001 ya son recordados como el inicio del siglo XXI.
Lo cambiaron todo. El enemigo global, las vulnerabilidades, el modo de viajar. Era la primera vez que la entonces potencia hegemónica recibía un ataque de esas características. Se hicieron paralelismos con el bombardeo japonés sobre la flota estadounidense anclada en Pearl Harbor, pero ahora los aviones no era enemigos, sino propios, y no había ningún territorio al que dirigir claramente las represalias. Aviones de pasajeros tomados en vuelo por un puñado de islamistas se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York y contra el Pentágono de Washington DC, en tanto que un cuarto cayó a tierra, tal vez en medio de la lucha por el control de la aeronave entre los secuestradores y algunos pasajeros. Las cámaras de televisión mostraron la inverosímil imagen de los aviones impactando en los dos emblemáticos rascacielos y, minutos más tarde, cómo la parte más reconocible de la más célebre “línea del horizonte” colapsaba y se volvía una nube de polvo y escombros.
La sospecha, hermana siamesa del miedo, miraba a los propios como extraños. Cualquier avión podía ser un misil encubierto, cualquier pasajero un secuestrador.

AL QAEDA. Los atentados de setiembre de 2001 trajeron también algunos nombres propios. El más repetido fue (sigue siendo) el de Osama bin Laden. Un millonario yemení que fuera aliado de Washington en su lucha contra los soviéticos en el frente afgano y que ahora estaba apuntando su mira contra sus antiguos patrocinadores. Protegido primero por los talibán, el inasible (y supuesto) cerebro de los atentados se habría mudado a una cueva paquistaní luego de la invasión de Afganistán. El juego de alianzas también debió resetearse. Con Bin Laden llegó otro nombre, Al Qaeda. Intraducible por más que tenga traducción. ¿Cómo llamarla “La red” que es lo que significa en árabe? Pronto se demostró que era una organización de nuevo tipo. Un gas, podría decirse, tomando la metáfora prestada de la forma en que los teóricos del neoanarquismo definían el poder a fines del siglo pasado. Como un gas era difícil de ver y mucho más de atrapar. Quedaba entonces, sin traducir, asociada para siempre a momentos que se resumían en fechas jibarizadas: 11S por Nueva York 2001, 11M por Madrid 2004, 7J por Londres 2005.
¿Eran ataques realizados por Al Qaeda o esa organización gaseosa e inasible era más bien un marco general, una inspiración para células relativamente independientes que actuaban de manera tan descentralizada que casi no tenían contacto con un centro imposible de localizar? Muchas veces quedaba la sensación de que Al Qaeda, una organización de los tiempos de la Internet 2.0, era combatida por Estados Unidos con métodos de una era anterior, cuando la metáfora del enemigo era algo tan concreto y palpable como “un bloque”, una “cortina de hierro”, un “muro”.
Los atentados, el miedo, el enemigo, todo era de nuevo tipo. Sin embargo se los combatía con el reflejo de otros tiempos. Y se mezclaban las barajas. El presidente Bush tenía una vieja cuenta pendiente con Saddam Hussein, y con la excusa de armas de destrucción masiva que nunca aparecieron derrocó al hombre fuerte de Bagdad. En una ceremonia realizada en la cubierta de un portaviones decretó “misión cumplida”. Otro de los signos de esta primera década sería la confirmación de que las guerras no son tan costosas en vidas y recursos como la gestión de las posguerras. Estados Unidos, que ya se había empantanado en Afganistán, se empantanaba todavía más en Irak.

NUEVOS ACTORES. En paralelo con aquellas imposibilidades, Washington veía cómo el tablero global se resignificaba también en otros terrenos. El multilateralismo llegaba de la peor manera para sus intereses ya que no nacía de su conducción sino que se afirmaba ante su debilidad como potencia hegemónica. Para Estados Unidos el mundo no sólo era un lugar más inseguro. También empezaba a ser ajeno. China ya no era el gigante que avanzaba con pie de seda sino que ahora no caminaba solo. La primera década ha visto al gigante asiático coordinar sus pasos con Rusia, India y Brasil en el grupo BRIC, y ya no es tan adecuado hablar solamente de “potencias emergentes” sino de la consolidación de un multilateralismo en casi todos los planos.
Esos nuevos actores no sólo pesan económicamente sino que no se limitan a sus supuestas “zonas de influencia”. Esa es otra de las transformaciones de estos años. Si se excluye la serie de crisis de seguridad surgidas de los atentados de 2001 y sus sagas de Afganistán e Irak, y se deja también de lado el recurrente diferendo palestino-israelí, la nueva problemática de esta primera década ha sido Irán.
El régimen de los ayatolás puede ser visto como un “estudio de caso” de los nuevos fenómenos de este siglo. Por una parte, sirve como una muestra más de la miopía de Washington a la hora de tejer su política de alianzas.
Como ya se dijo en estas páginas (Véase Brecha, 10-IX-10) citando una investigación de Michael Axworthy (Irán: una historia desde Zoroastro hasta hoy. Ediciones Turner, Madrid, 2010), profesor de estudios de Oriente Medio de la Universidad británica de Essex, lo primero que se olvida cuando se recurre al axioma de Irán como integrante del “eje del mal” es que el gobierno de ese país condenó públicamente los atentados del 11 de setiembre. No sólo los sectores reformistas sino incluso su ayatolá máximo. Lo otro que se deja de lado es que no se trata de una sociedad de fanáticos religiosos, ya que sólo el 1,4 por ciento de los iraníes concurren todas las semanas a la “oración de los viernes”, en la que –a veces– la fe se mezcla con la agitación política.
Axworthy asegura que esa reacción no fue sólo oficial, sino que en las calles de Teherán tuvieron lugar vigilias en solidaridad con las víctimas de los atentados, en parte porque el antioccidentalismo de los iraníes es menor que el de otras poblaciones de la región. El analista se asombra de que Washington haya cometido la torpeza de agudizar su retórica antiiraní luego de ese gesto, y sobre todo después de la oferta iraní de mediación en Afganistán, primero, y en Irak después, un ofrecimiento que en su momento se conoció como “Gran pacto” ya que incluía una posible solución a la crisis nuclear y el reconocimiento de facto del Estado de Israel.

¿PROFECÍA AUTOCUMPLIDA? Si sólo se pusiera el foco en Irán sería posible ver las transformaciones de la década como un conjunto de posibilidades desperdiciadas. En los primeros años del nuevo siglo se vio el avance del reformismo que pareció dar cuerpo a una sociedad de nuevo tipo. Un régimen en el que una forma peculiar de democracia podía coexistir con una teocracia. ¿Acaso una democracia adaptada a Oriente Medio? Al menos un intento diferente al de aquellas “libertades” impuestas por dinastías nacidas de un sargento erigido en monarca por las potencias coloniales, como había ocurrido en la Persia de los Phalevi.
Impulsado por los votos de las capas medias educadas de las ciudades, por los jóvenes y por las mujeres, un clérigo reformista, Muhammad Jatami, avanzó durante el primer lustro del siglo XXI hacia una sociedad cada vez más tolerante y abierta.
Estados Unidos no lo entendió. Lo acosó con su retórica, le puso las cosas difíciles en el frente exterior sin detenerse a pensar que no las tenía fáciles en el ámbito doméstico. Esos factores, sumados a una mala situación económica y a la poca simpatía con la que la teocracia más tradicional veía las reformas, abrió las puertas para que Majmud Ajmadineyad (foto) llegara al poder en 2005.
Irán ahora sí desafiaba directamente a Occidente, su presidente negaba el derecho de Israel a existir, dudaba de que alguna vez hubiera ocurrido el Holocausto de los años de la Segunda Guerra Mundial, y retomaba en un camino que parece ser sin retorno el programa nuclear iraní.

MÁS NUEVO TODAVÍA. En ese contexto, en enero de 2009 llega a la Casa Blanca el demócrata Barack Obama. Mulato, con parte de su infancia pasada en un país musulmán, defensor de los derechos de tercera generación, con un estilo más dinámico y progresista que el de su antecesor, provocó una ola de esperanza de cambio en todo el mundo. Sus primeras señales fueron el anuncio, ahora con fecha, de la retirada de las tropas estadounidenses de Irak y la promesa del cierre de la cárcel de Guantánamo, donde personas acusadas de pertenecer a grupos islamistas son detenidas sin las garantías del debido proceso. El mundo con el que se encuentra Obama no se parece en nada al que tuvo por delante el anterior presidente demócrata, Bill Clinton. Y no sólo por Wikileaks. Aquella Guerra Fría que había dado lugar a una pax americana con Estados Unidos como potencia hegemónica, ya tiene sucesor en la “lucha contra el terrorismo”, y la fugaz hegemonía ha sido sustituida por un mapa de múltiples actores influyentes (uno de ellos, emergente es cierto, pero cada vez más consolidado, nuestro vecino Brasil). El Golfo Pérsico y los países del “eje del mal” que luego conceptualizaría Bush no pueden ser vistos solamente como el objetivo de ataques quirúrgicos con los que distraer a la opinión pública de algún escándalo de faldas. Ahora, para Obama y su canciller (Hillary Clinton, esposa de Bill), es un casillero mucho más problemático en un “tablero global” que parece haber dejado atrás las dinámicas del siglo XX.

UNA NUEVA FORMA DE VOLAR. Antes de llegar al mostrador de la aerolínea una funcionaria de seguridad hace las preguntas de rutina. ¿Armó el equipaje usted mismo? ¿Lo tuvo siempre a su lado? ¿Alguna persona le dio algo para llevar? No hay nada más aburrido que un diálogo en el que las dos partes saben lo que van a decirse. Al recibir las respuestas esperadas la funcionaria muestra una cartilla con fotografías de elementos prohibidos. Hay armas, cuchillos, productos en aerosol, y hasta un paquete de dinamita como esos que usaba el Coyote para intentar dar caza al Correcaminos. El viajero se siente un poco de regreso en el jardín de infantes, y mientras niega con un movimiento de cabeza piensa que no es serio tratar como párvulos a los potenciales secuestradores aéreos.
Después de recibir el primer visto bueno, hacer un tramo más de fila y obtener el pase de abordar, llega el momento de un control de seguridad un poco más adulto. Es cierto que mal de muchos consuelo de casi todos, pero es inevitable sentirse un poco destratado cuando hay que quitarse los zapatos y el cinturón y seguir caminando. Con una mano es necesario asegurar el pantalón y con la otra quitar la computadora portátil de su estuche. En ese precario equilibrio se pasa por un escáner. En algunos aeropuertos se trata de los polémicos aparatos que permiten que el empleado de seguridad vea a través de la ropa de los pasajeros. Tal vez por eso en los países árabes, o en la India, hay filas separadas para hombres y mujeres. Las parejas occidentales se desconciertan ante esa costumbre y aquí también parecen de nuevo en el primer día de clase, torciendo el cuello y poniéndose en puntas de pie para no perder contacto visual, aunque sepan que ambas filas confluyen en el mismo lugar. Cuando los viajeros optan por un reclamo de igualdad de género lo único que obtienen es retrasar a los demás, y no hay equidad que resista decenas de voces clamando para que alguien haga algo para regresar a los herejes a la bifurcación dispuesta por el patriarcado. A fin de cuentas el avión no va a esperar porque a un par de nórdicos se les ocurra que es discriminatorio para una mujer ser revisada por otra mujer mientras a su marido lo revisa un hombre. Unos metros más adelante se comprende un poco mejor la separación por sexos. Al final del escáner, tal vez por la poca fe en ese fetiche occidental que es la tecnología, en India espera un control adicional: el viejo y artesanal cacheo para buscar armas escondidas entre la vestimenta. Son el equivalente oriental a las revisiones integrales que se hacen en algunos países centrales, supuestamente realizadas al azar pero con un azar que suele tener predilección por las fisonomías más alejadas del WASP (blanco-anglosajón-protestante, según la sigla en inglés). Herencias del miedo a que se repitan los atentados del 11 de setiembre o los ataques contra Mumbay de noviembre de 2008.
En cuanto a aquellas viejas costumbres de abrir la cabina para que algún niño pueda mirar los controles de la aeronave, parecen ser cosa tan del pasado que ya se duda de que alguna vez hayan sido algo más que un mito.

PALABRAS MUTANTES. Las palabras también comenzaron a mutar. Tras los primeros balbuceos de la retórica se empezó a intentar nombrar lo nuevo. Estaba claro que no era políticamente sostenible cargar las culpas sobre una religión en su conjunto, por lo que se empezó a hablar de “fundamentalistas”. El concepto, aunque anterior, quedó instalado y fue tomado incluso por quienes se opusieron a las simplificaciones iniciales. Había fundamentalistas entre los que participaron y se alegraron por los atentados, pero también entre los que pedían una nueva cruzada como forma de castigo. Las acciones de la administración Bush, primero con el derrocamiento del régimen talib en Afganistán y sobre todo después con la guerra contra Irak, mostraron lo acertado de esa doble presencia de los merecedores de este término.
Otra palabra que ingresó en el dominio público fue “islamistas”, para a esa minoría de fieles islámicos que a su fundamentalismo le aplicaban una radicalidad tal que los hacía cometer o justificar atentados.
Y por último, aunque estuviera al principio, la palabra “terrorismo”. Difícil vocablo. Contaminada por el uso que hicieron las dictaduras de derecha o los gobiernos estadounidenses que la concedían generosamente a los movimientos de liberación nacional de los años sesenta y setenta, aun a sabiendas de que la acepción de aplicar el terror como método no podía aplicarse tanto a esas guerrillas como sí a los mecanismos con los cuales se las combatía. Por eso, a medida que se producían los procesos de redemocratización la palabra terrorismo era resignificada y ya no se la pronunciaba sola, sino que pasó a aceptarse que había existido algo llamado “terrorismo de Estado”. Los gobiernos estadounidenses ya no tenían el rol de asignar el calificativo a quienes les convenía, sino que sus aliados de aquellas décadas pasaron a ser señalados, sobre todo en los noventa y a principios de los años 2000 como los ejecutores de las políticas de terrorismo de Estado contra opositores de izquierda e integrantes del movimiento popular. Entonces llega el siglo XXI y la palabra terrorismo parece retomar –en la prensa, en los discursos, en los comentarios– su solitaria acepción original, aunque no pierda del todo su retrogusto.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30-XII-2010)

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13 octubre 2010

Las innumerables muertes de Anna Politkovskaya

(Cuatro años después de publicada esta nota, el presunto asesino de la periodista rusa, el checheno Rustam Majmúdov, sigue libre, y aún no se ha avanzado sustancialmente sobre los autores intelectuales. El órgano encargado de la investigación asegura que las indagatorias continuarán hasta febrero de 2011). Desde San Petersburgo, el presidente ruso Vladimir Putin aseguró que investigará el asesinato de Anna Politkovskaya hasta lograr su esclarecimiento. Tiene sobrados motivos para hacer esas declaraciones ya que ha sido señalado uno de los sospechosos. La periodista asesinada el sábado pasado era una de las voces más críticas contra la política del Kremlin en el Cáucaso. Al momento de morir, estaba preparando un informe con pruebas sobre las torturas en Chechenia.

“Si quiere usted seguir trabajando como periodista, deberá trabajar servilmente para Putin. De lo contrario, le aguarda la muerte, la bala, el veneno, o un proceso judicial: cualquier cosa que nuestros servicios especiales, los perros cancerberos de Putin, estimen oportuno”. La frase, a la que ahora resulta casi una falta de pudor calificar como premonitoria, fue escrita en 2004 por la periodista rusa Anna Politkovskaya.

El sábado pasado, en la entrada de su apartamento del centro de Moscú, la encontró la bala que la estaba esperando. Más de una bala. Disparadas en el pecho y en la cabeza. Probablemente disparadas por un hombre de campera liviana y gorra con visera, según las imágenes de las cámaras de seguridad del edificio. Hace dos años la había encontrado una taza de té envenenado, pero pudo salvarse a último momento. Respondió al veneno con una crónica en la que ponía en evidencia al FSB, el Servicio Federal de Seguridad, heredero de la vieja KGB, y con una gira internacional promocionando ‘La Rusia de Putin’, un libro en el que ataca con dureza al mandatario de su país. A las dos balas no puede responder por sí misma, pero sus compañeros de redacción han organizado una investigación independiente, y la revista en la que trabajaba, la Nóvaya Gazeta, ofreció un millón de dólares de recompensa por quien ayude a detener al asesino.

Pero esta no fue la primera muerte de Anna Politkovskaya. Ni siquiera la segunda, si tomamos en cuenta el episodio del envenenamiento. Tampoco la tercera, si se incluye en la lista el falso fusilamiento a que la sometieron oficiales rusos en 2001, cuando la detuvieron de manera clandestina. Aquella vez salvó su vida porque dos hombres informaron de su detención. Pero aun salvándose, esa momentánea “desaparición” de hace cinco años siguió aumentando la cuenta de las veces en que Anna Politkovskaya tuvo que morir, ya que los dos hombres que le ayudaron fueron asesinados en represalia.

En su libro “La vergüenza rusa”, centrado en el conflicto checheno, la periodista cuenta que sus investigaciones “han costado la vida a bastantes personas que desde entonces forman parte de mi biografía. También ha ocurrido que asesinasen no sólo a la persona que habló conmigo, sino también a algunos miembros de su familia. En el haber de mi cuenta de periodista figura un muchacho de quince años, asesinado junto con su madre, Marja, una activista del pueblo que recogía información sobre los crímenes de guerra cometidos contra los habitantes del lugar. ¿Saben ustedes cómo vivir con esta carga? Yo no sé”.

==Primera parte de dos

* 2- La mano que mece el gatillo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de octubre de 2006)

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10 septiembre 2010

Irán, las complejidades de un peso medio


A pesar de los nueve años transcurridos, Estados Unidos continúa empantanado en Afganistán, el primer país sobre el que se dirigieron las represalias por los ataques del 11 de setiembre de 2001. En el cercano Irak las cosas no le fueron mejor, como lo sugiere el anuncio del fin de las acciones militares, realizado hace dos semanas por el mandatario estadounidense Barak Obama. Los territorios sobre los que se desplegaron aquellas tormentas, tan desiertas en resultados, tenían realidades bien distintas a la iraní. Integrante del “eje del mal” conceptualizado por la administración Bush, Irán es un Estado bien constituido, con una larga tradición burocrática, un sistema político relativamente sano y, dentro de sus reglas peculiares, democrático. Pese a esto, la insistente pulseada por el programa nuclear iraní, las agresivas declaraciones antisemitas de su presidente, la represión de manifestaciones opositoras y la permanente postergación de los derechos de la mujer, hacen de Irán uno de los protagonistas más polémicos de la región.

Como suele suceder con los axiomas mediáticos, en el caso de Irán hay mucho de información fragmentada. Los fenómenos -la teocracia, el sentimiento antioccidental, el surgimiento de Ahmadinejad y el aparente ocaso del reformismo, el distanciamiento entre las capas medias y el gobierno de los ayatolás- se presentan como si emergieran desde esa nada que son los titulares del día. Sin embargo no puede entenderse a Irán sin pensar en la complejidad de una sociedad donde la interpretación teocrática del Islam convive con capas medias más laicas que el promedio de la región, o sin recordar el rol que le cupo a las potencias europeas primero y a Estados Unidos después en la formación del Estado iraní moderno. Esto para no hablar de cómo influye en la actualidad el recuerdo (o el olvido) de la herencia clásica de una Persia que tampoco fue monolítica, sino que fue el resultado de diversas dinastías que gobernaron el imperio –a veces poderoso, a veces tan frágil como un castillo de naipes- con improntas políticas, culturales y religiosas muy distintas.

CONTRADICCIONES INTERNAS Lo primero que se olvida cuando se recurre al axioma de Irán como integrante del “eje del mal”, es que el gobierno de ese país condenó públicamente los atentados del 11 de setiembre. No sólo los sectores reformistas sino incluso su ayatolá máximo. Lo otro que se deja de lado es que no se trata de una sociedad de fanáticos religiosos, ya que sólo el 1,4 por ciento de los iraníes concurren todas las semanas a la “oración de los viernes”, en la que –a veces- la fe se mezcla con la agitación política. Estos datos provienen de Irán, un imperio de la razón, un libro de 2007 que acaba de ser editado en español con el inadecuado título de Irán: una historia desde Zoroastro hasta hoy (Ediciones Turner, Madrid, 2010).

El autor de ese ensayo, Michael Axworthy, profesor de estudios de Oriente Medio de la Universidad británica de Essex, asegura que esa reacción no fue sólo oficial, sino que en las calles de Teherán tuvieron lugar vigilias en solidaridad con las víctimas de los atentados, en parte porque el antioccidentalismo de los iraníes es menor que el de otras poblaciones de la región. El analista se asombra que Washington haya cometido la torpeza de agudizar su retórica anti iraní luego de ese gesto, y sobre todo después de la oferta iraní de mediación en Afganistán primero y en Irak después, un ofrecimiento que en su momento se conoció como “Gran pacto” ya que incluía una posible solución a la crisis nuclear y el reconocimiento de facto del Estado de Israel.

¿Cómo explicar entonces que ese mismo Irán es el que en 2005 votó por Mahmud Ahmadineyad? Si el libro de Axworthy tiene una virtud cardinal es la de no temer presentar las distintas contradicciones de la vida política iraní. Sí, votaron por Ahmadineyad, pero el otro candidato, el que Occidente veía como la esperanza de continuidad del reformismo, Hashemi Rafsanyani, era visto como ejemplo “de lo peor del corrupto compadreo del régimen”. Y Ahmadineyad también tenía sus virtudes. En primer lugar “se pateó las zonas más deprimidas del país, donde hacía años que no habían visto a un político, y puso el dedo en la llaga de los problemas económicos y sociales”. En cuanto a su entusiasmo religioso radical, no debe olvidarse que algunos laicos también lo votaron ya que por primera vez les daba la oportunidad de votar por alguien que no era un mulá.

LA TEOCRACIA La República Islámica es una novedad política para el Islam, al punto que en 1979 muchos líderes religiosos consideraban el concepto que está en su base poco menos que una exageración (por no decir una herejía). Aquél país surgido de la revuelta que derrocó a un monarca que había sido simpatizante del fascismo y que se había transformado en un aliado clave de Estados Unidos en la región (al menos hasta la administración de Jimmy Carter) fue “el resultado ienludible de la acción de las masas, y sus consecuencias inmediatas, que no a largo plazo, la expresión genuina de la voluntad popular”, explica Axworthy. Una revuelta que no fue ajena a la Guerra Fría, ya que tuvo como uno de sus protagonistas al partido Tudeh (de tendencia comunista). Cuando el ayatolá Jomeini regresó de su exilio francés para hacerse cargo de la situación impulsó su concepto de velayat-e faqih, que muy simplificadamente, consistía en aplicar la ley islámica a los asuntos terrenales, algo que “nunca contó con el respaldo unánime de los ulemas iraníes”. Luego de eso, el jomeinismo no sólo transformó el Estado, sino también la religión, subordinándola al poder político y limitando la pluralidad imperante en el chiismo hasta el momento.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en el semanario Brecha, de Uruguay)

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06 septiembre 2007

Putin: tensión dinámica

“Tal vez su próximo paso, tras despojarse de su camisa, sea despojar a la Constitución de algunas de sus cláusulas, a fin de buscar otra reelección”. El comentario, de un programa radial moscovita citado por la agencia ap, es parte de la cadena de reacciones que despertó la publicación de unas fotografías sobre las vacaciones siberianas del presidente ruso. Las imágenes, que lo muestran con el torso desnudo, dieron pie tanto a la sátira política de la oposición como al triunfalismo pos soviético de la prensa oficialista. Es como si hubieran regresado los tiempos de Charles Atlas: quien quiera dejar de ser un alfeñique de 44 quilos puede seguir el programa de ejercicios que publica el Komsomolskaya Pravda para tener una musculatura como la del mismísimo Vladimir Putin.

Con las energías renovadas por sus caminatas al aire libre, el líder que insufló un nuevo espíritu de potencia a la vieja Rusia no se limita a fomentar la nostalgia por los años del método Atlas, ese que en plena Guerra Fría llegaba al Río de la Plata en las contratapas de las revistas de historietas. En sintonía con la época naive en la que sólo se necesitaban 15 minutos diarios para seguir el curso de “tensión dinámica” por correspondencia, el impetuoso inquilino del Kremlin ha decidido reformular la historia que se enseña en las escuelas de su país. Si Charles podía transformar a un lector del Hombre Araña en un forzudo de circo, los pedagogos de Vladimir bien pueden retocar la imagen de un archivillano.

Los nuevos textos, aprobados para el próximo año lectivo, reivindican diversos aspectos de la era soviética. Ahora Stalin ha dejado de ser un criminal y se ha convertido en “una figura contradictoria”. La historia no es un mecanismo de autoflagelación sino que debe fomentar el patriotismo, justifican los nuevos historiadores. Patriotismo a gran escala, como la presentación en sociedad, el miércoles 22, de una gigantesca bandera rusa de 400 metros cuadrados desplegada a orillas del río Moscova. “La autoridad de nuestro país aumenta, la autoridad de nuestra bandera nacional también”, dijo a la agencia Ria-Novosti el político nacionalista Boris Gryzlov comentando el estreno del lienzo tricolor.


EL GARROTE Y LA ZANAHORIA. En Praga la política exterior del Kremlin despierta cualquier efecto menos la risa. Basta levantar la vista desde los muelles del Voltava para ver un enorme metrónomo rojo que ocupa el lugar en el que antes estaba una faraónica estatua de Stalin. La semana pasada los políticos checos no necesitaron de ningún símbolo urbano que les recordara la difícil relación con el “gran hermano del este”. El martes 21 el Kremlin amenazó a la República Checa con la posibilidad de tomar represalias militares si comete el “grave error” de alojar en su territorio un escudo antimisiles impulsado por Estados Unidos. La advertencia no pudo ser más directa. Ocurrió por boca del jefe del Estado Mayor ruso, Yuri Baluyevski, y fue hecha directamente al ministro de Defensa checo, Martin Bartak, durante un encuentro en Moscú.

Alardes de fuerza a tono con las declaraciones de Putin del mismo 21, cuando prometió volver a convertir a su país en una gran potencia en términos de industria militar aeroespacial. Y a tono también con los episodios que se venían sucediendo en los días anteriores, como la bandera de titanio plantada en el Polo Norte o la reanudación de los vuelos de los bombarderos rusos de largo alcance que, según algunas versiones, ensombrecieron el espacio aéreo británico.

En una especie de juego bipolar tradicionalmente conocido como táctica del garrote y la zanahoria, el Kremlin aplicó un bálsamo inmediatamente después del puñetazo. Propuso que el ex gobernador del banco central checo, Josef Tosofsky (imagen), sea el nuevo director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Hemos llevado a cabo extensas consultas con colegas de otros países y estamos seguros de que la mayoría quiere un director general que sea elegido de manera competitiva, por sus cualidades profesionales.” La afirmación del Ministerio de Finanzas ruso está en sintonía con el reclamo que Moscú realizara recientemente junto con China, India y Brasil, de que se terminara con el reparto tradicional de poder en los organismos financieros internacionales, que reserva la máxima jerarquía del Banco Mundial para Estados Unidos y del fmi para Europa.

Los checos, sin embargo, no aceptaron el cumplido y mantienen su apoyo a Dominique Strauss-Kahn, el socialista francés que es candidato oficial europeo y que fue impulsado por el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. La candidatura de Tosofsky tiene entonces la paradoja de no contar con el apoyo del propio país del economista.

A principios de agosto la pulseada entre Putin y Sarkozy no sólo los enfrentó en términos de candidaturas al fmi, sino que el galo también tuvo su episodio de fotografía deportiva. En ese campo, sin embargo, no salió muy bien parado. La revista L’Express reveló ayer jueves que la instantánea de Sarkozy remando, también a torso descubierto, que publicara Paris Match el día 9, fue retocada por computadora para esconder los quilos de más que, a modo de flotadores naturales, exhibía el presidente remero

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 24 de agosto de 2007)

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13 abril 2007

Handke en Kosovo: La tierra de los deseos opuestos

Aunque bastante opacada por las crisis de Oriente Medio, la situación de Kosovo está nuevamente en el centro de la agenda de la comunidad internacional y se ha convertido en un nuevo escenario para que Rusia y Estados Unidos exhiban sus diferencias. Mientras tanto, un escritor austríaco decidió donar el importe de un premio literario a los habitantes de una aldea serbia asolada por el fantasma de la limpieza étnica.

Peter Handke, autor de libros como El miedo del golero ante el tiro penal y de guiones como el de la película Alas del Deseo, que dirigió Wim Wenders, estuvo el sábado pasado en Velika Hoca, uno de los pocos enclaves serbios que quedan en Kosovo. El motivo fue donar a los campesinos del lugar la suma de 50 mil euros, el equivalente a la dotación del premio Henrich Heine, uno de los principales galardones literarios en lengua alemana.
Handke, que había ganado el premio en la cancha de las letras, lo perdió luego en la liga de la política, ya que el reconocimiento le fue retirado por las protestas de varios intelectuales alemanes, incómodos por la postura pro-serbia del escritor. Un grupo de seguidores de la obra de Handke, sin embargo, reunió la suma y se la entregaron con el nombre de "Premio Heinrich Heine alternativo de Berlín".
Esta pulseada de entrecasa de la cultura germana es el reflejo de otra de mayor escala, que tiene como escenario al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y como protagonistas a Estados Unidos y Rusia. El primero (al igual que la Unión Europea) apoya el plan del Representante Especial del Secretario General de la ONU, Martti Ahtisaari, que tiene como punto de llegada la independencia que desean los albanokosovares, mientras que los rusos rechazan cualquier medida que no cuente con el consenso serbio. Como es sabido, Kosovo es formalmente una provincia de Serbia, aunque está bajo administración de la ONU desde 1999. En ese año la OTAN bombardeó la ex Yugoslavia y obligó a Belgrado a abandonar ese territorio, habitado en un 90 por ciento por personas de etnia albanesa. Tras la victoria de la OTAN, la guerrilla albanesa realizó acciones de limpieza étnica contra la minoría serbia, en venganza por ataques similares sufridos durante el gobierno de Slobodan Milosevic.
Ahora estadounidenses y rusos se acusan mutuamente de que sus posturas en torno a Kosovo pueden volver a desestabilizar los Balcanes (ver recuadro Tesis&Antítesis).
Mientras esto ocurre en las esferas diplomáticas, la situación en el terreno muestra señales preocupantes, como fue el reciente ataque con lanzagranadas contra un monasterio medieval ubicado en Kosovo. Las poblaciones circundantes y otros enclaves de la minoría serbia siguen siendo, en la práctica, ghettos aislados en los que sólo la presencia de las fuerzas militares de la OTAN impiden los ataques de algunos sectores albanokosovares que postulan retomar la limpieza étnica como camino hacia la independencia. Hacia esas aldeas fue que se dirigió Handke la semana pasada

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de abril de 2007)

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17 noviembre 2006

Temores mutuos

El presidente ruso Vladimir Putin lo había advertido en la Cumbre europea de octubre: en Georgia “podría ocurrir un baño de sangre”. Ahora la situación tiene nuevos elementos que la vuelven todavía más peligrosa. El 99 % de los osetios del sur proclamaron esta semana la independencia de esa región ubicada en territorio georgiano. El gobierno central y la comunidad internacional rechazaron suretensión. Georgia dobló la apuesta y acusó a Moscú de estar detrás de un plan de desestabilización contra su país, plan mediante el cual estaría apoyando a los separatistas sudosetios, quienes pretenderían unirse a Osetia del Norte, esta última en territorio ruso. Pero la crisis no se reduce a un referéndum supuestamente ilegal y a un cruce de acusaciones entre países vecinos. Varias cartas están siendo sopesadas por detrás de los recientes episodios de Osetia del Sur. Tanto por parte de quienes promovieron el referéndum como de quienes rechazaron sus resultados.

Una de las cartas es la agenda de la cumbre de la Alianza Atlántica (OTAN) a realizarse en Letonia los próximos 28 y 29. En el encuentro de Riga (al que no concurrirá el saliente Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Runsfeld) se piensa insistir en la “oferta de un diálogo intensificado” para estrechar lazos militares con Georgia, según declaró el Secretario General de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer. Esto, evidentemente, incomoda a Moscú, que sigue viendo cómo la Alianza Atlántica amplía su presencia en una amplia franja de territorio que tradicionalmente ha sido zona de influencia rusa. Pero el estrés circula en ambas direcciones.

Occidente también está preocupado por recientes informaciones de inteligencia acerca del liderazgo ruso en la formación de un supuesto “cártel del gas”. Un artículo del Financial Times del martes 14, cita un reporte en el que se da cuenta de los primeros plazos para un acuerdo entre Rusia, Argelia, Qatar, Libia, las repúblicas del Asia Central e Irán, para usar sus recursos energéticos como medio de presión política. Al otro día, un análisis de Francesca Sforza en La Stampa otorga verosimilitud al rechazo de Rusia a esta acusación, debido a la diversidad, a veces contradictoria, de “los intereses que ligan a Rusia con el grupo de países del presunto cartel del gas”.

Pero Europa no sólo tiene planes militares para Georgia. También parece reservarle un rol político de importancia en la consolidación de su influencia sobre las ex Repúblicas Soviéticas. En ese sentido resulta sintomática la presencia del canciller georgiano en una reunión de alto nivel realizada en Bruselas esta semana para destrabar el diferendo entre Armenia y Azerbaiyán sobre el enclave de Nagorno Karabaj (foto). Para la Unión Europea el papel de Georgia está claramente definido en un documento que firmaron el lunes pasado, en el que las partes se comprometen a fortalecer los lazos de cooperación en base a “los valores comunes europeos” y a impulsar una serie de reformas democráticas en el Cáucaso.

No es un avance menor, si se tiene en cuenta que el vértice georgiano de este triángulo podría obtener la solución a un conflicto que se remonta a 1991, y que no habían logrado anteriormente los oficios diplomáticos de Estados Unidos y Rusia sumados. Solución que reafirma el rol de la Unión Europea como actor de primer orden en el Cáucaso, pero que también permitiría a Georgia desactivar las intenciones separatistas de osetios y abjasios (ver Brecha del 18 de agosto), ya que consolidaría el principio de integridad territorial de los países. No debe olvidarse que el conflicto de Nagorno Karabaj tuvo su “causa ocasional” en la declaración de independencia realizada por la mayoría armenia que vivía en esa zona del territorio de Azerbaiyán. Siendo artífice de un acuerdo sobre Nagorno Karabaj, Georgia estaría “predicando contra el ejemplo”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 17 de noviembre de 2006)

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13 octubre 2006

La mano que mece el gatillo

“Anna Politkovskaya vivía en el corredor de la muerte. Se sabía sentenciada, pero no conocía la fecha de la ejecución”. No podría haberse dicho mejor que como lo dijo el periodista español José Antonio Guardiola. Aunque se conocía la sentencia, queda la duda de quien ordenó apretar el gatillo. Las primeras acusaciones apuntan contra los servicios secretos y los grupos parapoliciales cercanos al Kremlin. Incluso una versión señala la coincidencia del crimen con el cumpleaños número 54 de Vladimir Putin, indicando que podría haber sido un macabro regalo de un sector de la mafia rusa. Cada vez más, sin embargo, gana espacio la teoría de una conexión chechena. Un artículo de la Nóvaya Gazeta citado por agencias internacionales indica que “o bien ha sido la venganza de Ramzán Kadírov -primer ministro checheno, foto- sobre quien Politkóvskaya escribía a menudo, o bien de los que quieren que las sospechas caigan sobre él”.

En la entrevista que Guardiola le hizo hace un año, cuando Politkovskaya fue a España a recoger el premio Vázquez Montalbán, dijo sentir que la situación chechena había sido abandonada por la prensa internacional. “Es una guerra congelada. A nadie le preocupa. Es una especie de guerra enquistada en la que a diario se echa en falta la vida de soldados y civiles que no sólo mueren, sino que también desaparecen. Ése es el gran problema de esta guerra en la que la gente desaparece sin dejar rastro. He estado viendo reportajes sobre Irak y sobre Israel, he escuchado a periodistas comentando estos actos terroristas, pero en Rusia nadie lo comenta. En Rusia las víctimas se consideran normales. La postura oficial es que debe haber víctimas y la postura de Occidente… No entiendo por qué es como es. No entiendo a Occidente todavía”.

Fuentes: Para realizar este artículo fueron consultados trabajos de los periodistas Magdalena Bandera (El Periódico, Barcelona), Sol Alameda (El País, Madrid), José María Pérez (La Vanguardia, México), José Antonio Guardiola (TVE)

==Segunda parte de dos

* 1- Las innumerables muertes de Anna Politkovskaya

(Publicado en Brecha el 13 de octubre de 2006)

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01 septiembre 2006

La seda y el uranio

La visita que la semana pasada realizó a dos ex repúblicas soviéticas el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, es el corolario de la más reciente ofensiva de la llamada “diplomacia de la seda”. Se trata de la atención política y comercial que Tokio tiene colocada sobre Asia Central con el objetivo de abrir rutas para productos que hoy son tan preciados como lo era la seda en tiempos de los hermanos Polo y su famoso sobrino: petróleo y uranio.

Precisamente, uno de los resultados concretos de esta gira, la primera de un jefe de gobierno japonés, fue el acuerdo firmado con Kazakhstán para proveerse de uranio. Aunque Japón no está solo en la carrera por el uranio kazajo. Según recuerda Kyoko Hasegawa en un artículo publicado en el Industry Week, la principal empresa nuclear rusa ya tiene un acuerdo con Kazakhstan para comercializar uranio en conjunto, una alianza que reviste carácter estratégico para la estatal Kazatomprom, ya que el socio ruso se encarga de tratar el mineral volviéndolo uranio enriquecido y aumentando su valor. Kazakhstán también aloja en su subsuelo la octava reserva petrolera del mundo. En ese campo China se aseguró un oleoducto que le proveerá de un sexto de sus necesidades de petróleo, en directa competencia con Estados Unidos, ya que Washington consiguió construir una ruta segura para que el petróleo del Caspio evite pasar por Rusia e Irán.

La siguiente escala en el viaje de Koizumi lo llevó a pisar suelo uzbeko, donde también obtuvo buenos resultados. Según destacan los cables de agencias internacionales, el presidente anfitrión, Islam Karímov (foto), aseguró que "Uzbekistán está dispuesto a ofrecer a Japón sus materias primas, especialmente el mineral de uranio". Pero no es uranio todo lo que reluce. El historial negativo de uzbecos y kazajos en el campo del respeto a las libertades civiles ha enturbiado en algo los éxitos diplomáticos japoneses. Hugh Barnes, del Foreign Policy Centre, calificó el acercamiento japonés como “puramente pragmático” y, en declaraciones a la BBC británica, se manifestó escéptico sobre el efecto positivo que esta “apertura al mundo” pueda traer para los derechos humanos en la región.

Más allá de esto, lo cierto es que Japón está tan sediento de minerales estratégicos para su matriz energética como lo están China y Estados Unidos. Desde 2004 el interés japonés viene generando foros internacionales para poder manifestarse en un ambiente de cooperación donde el carácter de donante principal que tiene Japón para varios proyectos de desarrollo en Asia Central (2500 millones de dólares desde la caída de la Unión Soviética) se conjugue con su intención de asegurarse recursos naturales. Sin embargo, también en este campo corre en desventaja en relación con Rusia y China, países que lideran el cada vez más influyente Organización de Cooperación de Shangai.

Una búsqueda de incidir en las codiciadas ex repúblicas soviéticas que para los japoneses parece algo casi tan difícil como fue para los chinos llevar adelante la expedición del General Qiang, a quien el emperador Wu, de la casa Han, envió con cien guerreros de elite a establecer, en el siglo II, una alianza contra los hunos y volvió diezmado. El otro lado de la moneda es que Qiang trajo de su frustrada campaña militar un mapa con posibles acuerdos comerciales que volverían al imperio más fuerte que las armas. Koizumi, cuyo mandato culmina el 20 de setiembre, parece empeñado en dejar no sólo el mapa de la ruta del uranio, sino también en firmar los primeros acuerdos con los socios más incómodos, para evitar ese trago amargo a quien lo suceda, y permitirle pilotar a Japón en su otra singladura estratégica del presente: la búsqueda de un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 1 de setiembre de 2006)

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18 agosto 2006

Más que un cruce de palabras

El territorio que durante buena parte del siglo pasado ocupaba la Unión Soviética está salpicado de conflictos. La indefinición de las fronteras nacionales, la coexistencia de repúblicas independientes con federaciones de repúblicas y con zonas más o menos autónomas, alimenta las pretensiones soberanistas de grupos étnicos o religiosos que son mayoritarios en algunas regiones. El enfrentamiento abierto o latente origina silenciosas migraciones internas en las que grupos relativamente numerosos de personas abandonan aquellos lugares donde son minoría, lo que no hace otra cosa que consolidar la pretensión de exclusividad de quienes los expulsaron, alimentando la recurrencia de situaciones cercanas a la limpieza étnica.

Una de esas crisis de bajo perfil es la de Abjasia, una provincia georgiana que desde el final de los años ochenta viene reclamando su independencia, y en la que más de la mitad de su población fue desplazada por la violencia nacionalista. Esta semana el ejército de Georgia ocupó posiciones en la franja de terreno que sirve de frontera de facto entre ambas entidades. El hecho no es menor en el equilibrio de poderes al interior del espacio ex soviético, ya que esa falta de resolución territorial de las fronteras y de las soberanías pone en riesgo la existencia de bases militares de Rusia en su área de influencia. Un riesgo que hace ganar verosimilitud a las acusaciones de que Rusia estaría apoyando bajo cuerda a los separatistas. Mientras Georgia no acepte con entusiasmo las bases rusas en su territorio, razonan los analistas afines a esta teoría, el mantenimiento de la integridad territorial georgiana estará lejos de ser una prioridad para Moscú. Hay un punto en contra de este razonamiento: el factor checheno.

No sólo el separatismo es una palabra riesgosa para Rusia, sino que una buena parte de los sectores abjasios favorables a la independencia son musulmanes suníes. Por el momento las declaraciones sobre la crisis están siendo emitidas por los jerarcas militares rusos que integran un contingente de pacificación. El tono, pese al carácter de fuerzas de paz, dista de ser conciliador. El general ruso Valery Yevnevich, por ejemplo, fue quien anunció en rueda de prensa la presencia de 2500 soldados georgianos en la zona desmilitarizada, despliegue cuya explicación por parte de Georgia fue calificada por el general ruso como "una excusa". Moscú tuvo un rol protagónico en la finalización de la guerra civil, que se extendió, con intermitencias entre 1992 y 1998. Ahora ese alto al fuego puede venirse abajo, ya que el movimiento de tropas georgiano coincide con declaraciones de dirigentes abjasios, concretamente de su canciller, de que nunca volverán a formar parte de Georgia.

Abjasia fue independiente hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue ocupada por la Rusia zarista en un proceso de conquista que llevó casi cincuenta años hasta dominar los últimos focos de resistencia. En 1931, el premier soviético de entonces, José Stalin, de origen georgiano, decidió que Abjasia formara parte de Georgia. El proceso de sometimiento cultural de los abjasios que comenzó entonces (con el uso obligatorio del idioma georgiano como medida emblemática) fue decididamente revertido en esta última década (durante la cual el idioma georgiano pasó a ser ilegal). La lengua, que junto a la religión es uno de los factores claves de la identidad en las zonas de conflicto, siempre ha sido, para georgianos y abjasios, mucho más que un cruce de palabras.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha, el 18 de agosto de 2006)

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22 julio 2005

La guerra como explicación

El Instituto Real de Asuntos Internacionales dio a conocer el lunes 18 un informe en el que asegura que la red islamista Al-Qaeda resultó beneficiada por la guerra de Irak. Además de convertir a Gran Bretaña en un blanco potencial para ataques como los del 7 de julio, la campaña angloestadounidense contra el país del Golfo "dio un impulso a la propaganda, al reclutamiento y a la colecta de fondos de la red Al-Qaeda, creó una grave división en la coalición y ofreció a los terroristas vinculados a Al-Qaeda a la vez un blanco y un terreno de entrenamiento, al tiempo que desvió recursos que podrían haber sido empleados en apoyar al gobierno de Karzai (actual mandatario afgano) y en llevar a Ben Laden ante la justicia".

Esta opinión es compartida por la mayoría de los británicos, según los demuestra una encuesta publicada el martes por The Guardian. El 75 por ciento de los ingleses no sólo cree que hay un vícnulo directo entre la guerra en Irak y el 7-J, sino que el mismo porcentaje piensa que esos atentados eran inevitables y que probablemente se repetirán. Esta porción de la opinión pública no es unánime en cuanto a la responsabilidad del gobierno. Sólo el 33 por ciento culpa de los ataques a las políticas del Primer Ministro Tony Blair, y un porcentaje similar sólo le endosa una responsabilidad “pequeña”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de julio de 2005)

==Quinta parte de cinco

* 1- Londres: los extremos de la culpa
* 2- Inteligencia cuestionada
* 3- La nada
* 4- Al-Qaeda

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Londres 7-J: Al-Qaeda

Esta concepción de terroristas “inspirados” más que dirigidos por Bin Laden da una idea más cercana a la realidad de lo que es Al-Qaeda. Su nombre, como es sabido, significa literalmente “la red”. Sin embargo, para utilizar un símil caro a los pensadores libertarios de fines del siglo pasado, Al-Qaeda, igual que el poder, más que una red es un gas. Algo que se filtra por las rendijas de lo protegido. Por eso los atentados “llegaron de la nada". Que es lo mismo que decir “no hay grupos con intención ni capacidad de atentar en Reino Unido”. Porque no hay grupos. Hay descontento (en eso tiene razón el JTAC), que amparado en una visión violenta del islam puede fácilmente transformarse en odio (en eso tiene razón Falacci), lo cual hábilmente manipulado por el círculo cercano a personajes como Bin Laden (en eso tiene razón Bush) o por los juegos que irresponsablemente ponen en marcha los servicios de inteligencia occidentales (en eso tiene razón Irán), dan por resultado una sumatoria que, para darle algún nombre, podemos denominar Al-Qaeda.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de julio de 2005)

==Cuarta parte de cinco

* 1- Londres: los extremos de la culpa
* 2- Inteligencia cuestionada
* 3- La nada
* 5- La guerra como explicación

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Londres 7-J: La nada

Si se exceptúan los párrafos de mayor impacto del reporte publicado por The New York Times, se comprende que el reporte del JTAC no era una completa chapucería. Aunque equivocado en desestimar la inminencia de una amenaza interna, retrató con bastante claridad esa “nada” de la que llegaron los atentados. Un artículo aparecido en la edición del miércoles de The Guardian resume el documento del JTAC destacando que alertaba sobre el profundo desencanto de los jóvenes de la comunidad musulmana británica con “el doble estándar” de la política exterior occidental, que en el contexto de Oriente Medio favorecería a Israel en detrimento de los países musulmanes. Esa desilusión se acentuó luego del 11 de setiembre de 2001, cuando los jóvenes musulmanes británicos percibieron que su gobierno dejaba la política de “hostilidad pasiva” contra las causas islamistas –que ya de por sí les generaba rechazo–caracterizada por la inacción en temas como el de Cachemira, y pasaba a una “hostilidad activa” como ocurrió en el caso de las guerras de Afganistán e Irak.

Los fragmentos del informe que cita The Guardian dan un sentido diferente al párrafo que circuló a través de las agencias de noticias. Es cierto que el JTAC escribió que no había grupos que quisieran o pudieran atentar desde adentro del país. Pero también es cierto que esa frase era complementada con la aclaración de que “buena parte del foco de nuestra preocupación actual está en el amplio rango y gran número de redes de extremistas e individuos aislados que en el Reino Unido están inspirados por Al-Qaeda, pero no necesariamente afiliados a ésta, o son enteramente autónomos”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de julio de 2005)

==Tercera parte de cinco

* 1- Londres: los extremos de la culpa
* 2- Inteligencia cuestionada
* 4- Al-Qaeda
* 5- La guerra como explicación

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Londres 7-J: Inteligencia cuestionada

The New York Times reveló un documento elaborado por el Joint Terrorist Análisis Center (JTAC) en el que se aseguraba que, a junio de este año, no existían "grupos con intención ni capacidad de atentar en Reino Unido". La fecha de su elaboración es tres semanas anterior a los atentados de este 7 de julio, tal como se ha encargado de resaltar la prensa internacional que se ha hecho eco de la poca puntería de la inteligencia británica. Pese a esto, el analista de Seguridad de la BBC, Gordon Carera, recordó que según sus fuentes “el servicio de inteligencia británico, MI5, advirtió en diversas ocasiones que existía una ‘seria y sostenida amenaza’ contra el Reino Unido por parte del terrorismo internacional y aseguró que varios intentos de atentados previos habían sido oportunamente detectados y detenidos antes de su concreción”. Otro experto en el tema, el ex agente Crispin Black, cirticó la falta de capacidad de los servicios anglosajones para adaptarse al nuevo tipo de amenazas que implican los grupos islamistas. Citado por la agencia AFP, Black señaló que sus ex colegas ponen un excesivo acento en el aspecto tecnológico de su profesión, descuidando cuestiones más artesanales como la obtención de información en el terreno. Sea como sea, todas las autoridades con competencia en la materia han aceptado la falla en la percepción del grado de amenaza a que estaba expuesto el país. Tal vez era tan obvio el carácter de blanco potencial de Gran Bretaña que la vigilancia comenzó a volverse rutinaria. O tal vez, como dijo el ministro del Interior británico, Charles Clarke, “estos atentados llegaron de la nada”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de julio de 2005)

==Segunda parte de cinco

* 1- Londres: los extremos de la culpa
* 3- La nada
* 4- Al-Qaeda
* 5- La guerra como explicación

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Londres 7-J: los extremos de la culpa

Mientras el Ministro del Interior británico dice que los atentados de Londres “llegaron de la nada”, Irán sugiere que tras las bombas estuvo la mano de la CIA. En las antípodas del chiísmo iraní, y con un polémico punto de vista, la periodista italiana Oriana Fallaci también responsabiliza a Occidente, en especial a una Europa “que con su blandura, su inercia, su ceguera y su servilismo ante el enemigo se está cavando su propia tumba”. Entre ambas miradas extremas, los analistas siguen buscando respuestas y una conexión clara de los ataques del 7 de julio con Al-Qaeda. La opinión pública ya dio su veredicto: dos tercios culpan a la participación de su país en la guerra de Irak.

La prensa británica actualiza diariamente el balance de las investigaciones sobre los atentados contra el sistema de transporte de Londres que el 7 de julio costaron la vida a más de medio centenar de personas. La constante de ese seguimiento es que la zona de “lo que se sabe” está compuesta por una acumulación de detalles sobre la biografía y los desplazamientos de los kamikazes. Por el contrario, la zona de lo que se ignora todavía aloja los elementos clave de la operación. Puntos ciegos que dan pie a todas las especulaciones. En ese terreno, la hipótesis más incómoda fue planteada por el Ministro de Información de Irán, Ali Younesi, quien según un artículo publicado por La Nación de Argentina en base a cables de las agencias ANSA y AP, consideró "no improbable" que los servicios secretos de Estados Unidos e Israel hayan tenido participación en los atentados con la intención de que "los británicos entiendan que la lucha contra el terrorismo debe ser coordinada".

La falta de experiencia y trayectoria de los suicidas, los errores que cometieron y que permitieron su rápida identificación, el posible engaño de que habrían sido objeto por quien los condujo a la inmolación diciéndoles que podrían salvarse, y la visita a escuelas coránicas pakistaníes convenientemente fotografiada, alimentan esta teoría. Yoseuni, seguramente en el marco de una operación de inteligencia iraní que aprovechó el flanco débil que por ahora presenta el esclarecimiento del 7-J, sostuvo que “algunos miembros de Al-Qaeda están hoy seguros en Gran Bretaña y en algunos países árabes”, razón por la cual, los servicios estadounidenses e israelíes “están enfurecidos con la inteligencia británica”, lo que le llevó a plantear que “no es improbable que hayan organizado los atentados en Londres para hacerles entender que la lucha contra el terrorismo debe ser transparente y coordinada, y que los británicos no pueden adoptar una política diferente de las de Estados Unidos e Israel”. Toda teoría de la conspiración debe basarse en algo más que razonamientos, y la de Yoseuni dice partir de los testimonios de unos 3000 integrantes de Al-Qaeda que fueron "identificados, arrestados, expulsados o procesados” debido a su presencia en Irán, de los que actualmente hay 200 en prisión.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 22 de julio de 2005)

==Primera parte de cinco

* 2- Inteligencia cuestionada
* 3- La nada
* 4- Al-Qaeda
* 5- La guerra como explicación

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13 julio 2005

Los musulmanes bosnios

Luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001 mucho se ha hablado sobre los musulmanes de Bosnia. La guerra de 1992 trajo a esa comunidad de raíz laica los ecos de la yihad, y hay pruebas sólidas de que islamistas radicales que habían hecho escuela en el Afganistán de los años de la ocupación soviética estuvieron combatiendo del lado de los bosniomusulmanes.

En la zona balcánica son habituales las investigaciones periodísticas más o menos serias (casi siempre políticamente intencionadas) que ligan a las autoridades políticas o militares de la Federación Musulmana de Bosnia con el entorno de Bin Laden. Pero los habitantes de la alguna vez multiconfesional Sarajevo representaban un enfoque tolerante del Islam (que en muchos casos era un clivaje cultural más que religioso) que los maniquismos de este nuevo siglo han comenzado a limar.

El escritor ex yugoslavo Predrag Matvejevic, bosniocroata, asume esa realidad con amargura. Luego de la guerra, dice el autor del Breviario Mediterráneo, "los países musulmanes han reconstruido casi todas las mezquitas incendiadas y han erigido otras en los lugares más prestigiosos.Pero las condiciones implícitas en este tipo de apoyo chocan a veces con las tradiciones más profundas del Islam bosnio. Un laicismo bosnio cada vez más frágil por la agresión de los hermanos eslavos intenta, a duras penas, oponerse a estos influjos externos. Probablemente en Bosnia y, más en concreto, en Sarajevo, Europa haya perdido una batalla decisiva contra el islamismo integrista”.

==Cuarta parte de cinco

* 1- Srebrenica: el riesgo de la simplificación
* 2- Efectos
* 3- El factor Oric
* 5- Exodo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en julio de 2005)

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12 septiembre 2003

Ryad-Tehrán

La focalización del discurso sobre el nuevo orden en una cruzada contra Al-qaeda, esconde la verdadera preocupación de Washington. Como se indicó en un comentario sobre el libro Guerra por los Recursos, de Michael Klare, en 2010 Estados Unidos terminará con sus reservas de petróleo, y unos años más tarde estará disputando con China el acceso –y tal vez el control- al crudo del Golfo Pérsico y de Asia Central. Por eso tenía que quitar a los talibán de suelo afgano, para evitar que siguieran con su proceso de islamización radical de las ex repúblicas soviéticas centroasiáticas. Y por eso el derrocamiento de Hussein. Ninguna de las dos jugadas tienen relación con Al-qaeda más allá de que esta red espectral sirvió de excusa en ambos casos.

El eje real de la preocupación de Estados Unidos para asegurar su acceso al petróleo y llegar con el mundo musulmán a una pax americana similar a la que tuvo con la Unión Soviética años atrás, pasa por Irán y por Arabia Saudita. Este último es el tradicional aliado de Washington detrás del velo islámico, mientras que los iraníes son el verdadero poder en ese tablero. Enemistados durante largo tiempo, el régimen moderado de Jatami realizó a fines de los años noventa una serie de acercamientos diplomáticos con la casa real saudí, fundados en el interés de consolidar una alianza que dejara el negocio del petróleo a salvo de las diferencias religiosas. Los saudíes tendrían la garantía de que Tehrán no colaboraría con quienes quisieran desestabilizar su monarquía, a cambio de un respaldo al liderazgo de Irán entre los islamistas radicales en detrimento de otros grupos no chiitas y teóricamente más cercanos al wahabismo saudí. El campo de pruebas de esa alianza sería Afganistán.

Paralelamente a las negociaciones diplomáticas “abiertas”, que se llevaron a cabo en el intercambio de visitas oficiales y durante peregrinaciones a Meca y Medina (ambas en territorio saudí) de gobernantes iraníes, se llevaban a cabo reuniones reservadas en territorio talibán. El tercer vértice de ese triángulo era la inteligencia pakistaní, real anfitriona de esos acercamientos.

Ante esta entente, una posición norteamericana sensata, a pesar del discurso republicano, debería ser más la de un pacto de civilizaciones que la de un choque, para usar la terminología que popularizó Samuel Huntington (foto). Si quiere lograr sus objetivos de estabilidad, seguridad interna y acceso al petróleo, tendrá que pactar con el ala moderada del chiismo iraní. Un indicio de este tránsito puede descubrirse detrás de las reacciones de los distintos actores durante las recientes crisis de Afganistán e Irak. Los pakistaníes apoyaron a Estados Unidos, los iraníes se mantuvieron al margen, y los saudíes se mostraron menos dóciles que en situaciones anteriores. Los primeros apuestan a ser el articulador regional en el área de Asia Central, los segundos están dispuestos a una pax americana si eso les permite consolidarse como el centro de poder en el Golfo (para lo que necesitan un Irak chiita), y los saudíes, que eran los aliados en apariencia más sólidos de Estados Unidos, están en la posición más difícil: necesitan contentar al wahabismo más radical alejándose del servilismo de antaño, pero a la vez no pueden arriesgarse a quedar fuera del entendimiento Washington-Tehrán; saben que son el aliado del pasado y que su única oportunidad de sobrevida es acordar con Irán de manera independiente.

De cómo se resuelva la posguerra iraquí dependerá buena parte de la suerte de este nuevo estado de las cosas. Los atentados del 11 de setiembre no tienen relación alguna con los actores de la negociación, si bien los envuelven con su nube de polvo y opacidad. Al-qaeda, por ahora, es una construcción funcional basada en el fuerte sentimiento antioccidental de una parte del islamismo. El riesgo es que al haberle dado cuerpo y estatus, la creación adquiera vida propia y se desplazace, por primera vez, al centro real de la escena. Por ahora se mantiene en los márgenes, donde siempre estuvo.

==Tercera parte de cuatro

* 1- Dos años después del 11 S: El tablero global resignificado
* 2- El otro
* 4- Afganistán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

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Al-qaeda: "el otro"

En ese contexto, la propia conceptualización de Al-qaeda como enemigo poderoso y omnipresente, es una jugada de doble filo. Por una parte contribuye a crear un “otro” digno de los golpes que el inasible y dislocado islamismo radical asestó en el pasado y que ocasionalmente irá asestando en los próximos años. Ponerle una sábana blanca encima al espectro lo convierte en fantasma y permite, en cierto modo, corporizarlo, lo que entraña el riesgo de volverlo real. No puede atacarse un espectro así como no puede usarse una maquinaria militar como la estadounidense para perseguir terroristas, por lo tanto, si se concentran bajo un “nombre-red” las variopintas y dispersas formas del islamismo radical, se crea la ilusión de un enemigo poderoso. De ese modo se generan acciones espectaculares como los bombardeos sobre Afganistán, se derrocan regímenes débiles como el talibán o el baas iraquí, y se genera un escenario familiar para una opinión pública acostumbrada a las guerras que se realizan en el marco del estado-nación.

Pero nada de eso es cierto. Ni Al-qaeda es una poderosa red, ni Bin Laden tiene a su disposición miles de terroristas suicidas sembrados en cada rincón del globo, ni Afganistán ni Irak eran las verdaderas retaguardias de los autores de los atentados de las Torres Gemelas, ni el islamismo radical puede entenderse en los marcos conceptuales del Estado-nación. Es sabido que para evitar ataques futuros, Estados Unidos depende más del FBI que de la Infantería de Marina, y que tiene que mirar en las mezquitas de Londres o Frankfurt antes que en los campos del “eje del mal”. Es sabido, además, que el islamismo radical se desarrolla en términos locales y globales, a través de las lealtades tribales y de la llamada “comunidad de creyentes”, sin darle la menor importancia a las soberanías nacionales. ¿Dónde está, entonces, el verdadero eje de la política estadounidense?

==Segunda parte de cuatro

* 1- Dos años después del 11 S: El tablero global resignificado
* 3- Ryad-Tehrán
* 4- Afganistán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de setiembre de 2003)

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Dos años después del 11 de Setiembre:
El tablero global resignificado

Con sus ataques sobre Afganistán e Irak, y con sus amenazas acerca del “eje del mal”, Estados Unidos no está reforzando su seguridad ni vengando los atentados de hace dos años. Lo que está haciendo es reconfigurar los equilibrios globales de cara al mayor reto que puede tener una potencia hegemónica: mantener su hegemonía. Para eso, pactar con Irán aparece como la solución menos onerosa.

Ayer volvieron a verse en todos los canales de televisión las imágenes de los atentados del 11 de setiembre de 2001. Una vez más el contrapicado del bombero mientras el avión se estrellaba contra el edificio. Una vez más la explosión y las oblicuas columnas de humo saliendo de las dos torres. Una vez más el desplome del primero de los rascacielos y la desesperación de quienes escapaban de la avalancha de polvo y escombros que se desbordaba calle abajo. Junto con esos dos emblemáticos edificios se cayeron también los últimos vestigios del siglo XX. Los cambios en el tablero político internacional, tenían finalmente su correlato simbólico. El atentado disparaba su sentido en múltiples direcciones, construyendo una polisemia que los encargados de construir el discurso de la política exterior estadounidense anclaron con rapidez.

Una política exterior que estaba definida en sus líneas generales aún antes de la toma del poder de George W. Bush, como surge de diferentes documentos analizados en estas mismas páginas, y que puede resumirse en la doctrina de la guerra preventiva. Una forma bastante poco metafórica de nombrar el mecanismo flexible pero decidido de ir eliminando las potenciales amenazas antes de que adquieran una fortaleza preocupante. Un concepto polémico, pero capaz de generar una atención tan fuerte que sirve para oscurecer los otros ejes de la política exterior de la que es parte. Estados Unidos quiere pacificar las fronteras de su recién estrenada hegemonía unipolar –fronteras que no pueden delinearse con la rígida agrimensura del siglo XIX-pero a la vez necesita consolidar su acceso a recursos naturales clave y adquirir una influencia más sólida en zonas de la escena internacional con las que no está completamente familiarizado, como el mundo musulmán.

==Primera parte de cuatro

* 2- El otro
* 3- Ryad-Tehrán
* 4- Afganistán

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

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11 septiembre 2003

Dos años después del 11S: Afganistán

En las montañas de Afganistán, según los cables de las agencias internacionales, la aviación norteamericana continúa bombardeando posiciones de los talibán. Parece una noticia vieja que se hubiera extraviado en medio de la hyperinformación de los años de la lejana cacería de Bin Laden, pero está fechada este 31 de agosto. Una semana más tarde, al menos 60 personas morían en distintos enfrentamientos a lo largo y ancho del país, 15 de ellas en un atentado contra un ómnibus local. En los campus universitarios siguen produciéndose disputas entre estudiantes de la etnia tayik y de la etnia pashtun, y en varias provincias el imperio de la ley es una lejana utopía. La vida cotidiana de las ciudades, sin embargo, ha cambiado bastante. Las radios no sólo han vuelto a trasmitir música, sino que varias de las dj’s son mujeres. Fuera de la seguridad de los estudios de las emisoras o de los salones de fiestas en los que se celebran las bodas de los afganos adinerados, la situación no es tan fácil para los músicos. Un reporte de Rahimullah Samander y Shahabuddin Tarakhel para el IWPR, recogía testimonios de músicos que habían sido golpeados y que habían visto como sus instrumentos eran destruídos por musulmanes enfurecidos que añoraban la estricta ley islámica de los talibán. Mowlai Khwahar Zad, un imán de la mesquita de Tara Khel, uno de los poblados en los que se produjeron los incidentes en contra de músicos, justificó los hechos indicando que las celebraciones escandalosas son inaceptables para los hombres de fé.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

==Cuarta parte de cuatro

* 1- Dos años después del 11 S: El tablero global resignificado
* 2- El otro
* 3- Ryad-Tehrán

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15 abril 2003

El dilema del Pentágono

Con menos dinero disponible, el dilema del Pentágono era mantener la capacidad militar de atender las obligaciones presentes –se está hablando del mundo pre Torres Gemelas- y limitar drásticamente o suspender los programas de investigación y modernización, o por el contrario reducir el personal para pagar los costos del desarrollo de nuevas armas. De la forma de responder a este aparente callejón sin salida se pueden extrapolar las diferencias entre las políticas de defensa de los demócratas y de los republicanos. Al momento de producirse la disputa electoral entre Gore y Bush, eran los republicanos quienes estaban más alineados con las respuestas que los militares proponían para el dilema entre las necesidades del presente y las del futuro. El Panel de Defensa Nacional clamaba por que se asumiera una estrategia de transformación que dejara de gastar dinero en escenarios de baja probabilidad, para utilizarlos en una estrategia que redujera los riesgos de seguridad a largo plazo.

La duda sobre qué escenarios eran los efectivamente más probables en el futuro, se despejó definitivamente con los atentados a las Torres Gemelas. Fue esta coincidencia entre los intereses de la línea dura del Pentágono y los efectos que produjo el 11 de Setiembre, lo que alimentó las teorías que veían cierta complicidad entre los servicios de seguridad estadounidense y los terroristas suicidas que estrellaron los aviones sobre Nueva York y Washington. Probablemente esas teorías no fueran ciertas, pero hasta cierto punto eran verosímiles.

Para los autores del documento que venimos analizando, el dilema entre los gastos de defensa para el presente o para el futuro, no es tal. Su posición es doblar la apuesta. Se tiene que gastar para ambos desafíos. La única solución, entonces, es aumentar el presupuesto militar. Y la única forma de aumentar el presupuesto es tener una guerra de por medio. No sólo hay que poder enviar tropas a las operaciones de mantenimiento de paz, dicen, o establecer un perímetro de defensa para disuadir a China de atacar a Taiwán, también se debe estar preparado para tener las fuerzas más modernas y eficaces para más de una guerra a gran escala. Faltaba, entonces, una guerra de verdad. Algo no demasiado fácil de conseguir en un mundo unipolar. Tal vez, desde este punto de vista, el viejo aliado Saddam Husseim (foto), terminó ofreciendo su último servicio a quienes ayudaron a consolidarlo en el poder.

Una vez más, las entrelíneas del documento pueden alimentar suspicacias. No sólo hay que mantener el rol de garante de operaciones de paz y modernizar el ejército para una posible guerra a gran escala, también hay que reforzar las defensas del propio territorio. ¿Contra otros ejércitos convencionales? No. Reforzarlas contra “poderes granujas” que puedan utilizar armas de destrucción masiva poco costosas, o incluso cabezas nucleares y misiles balísticos. Ya desde ese momento, se pre-anunciaba el “eje del mal” al que Bush hijo haría referencia en ejercicio de su mandato. Dice el documento de Donnelly: “No podemos permitir que Corea del Norte, Irán, Irak, u otros Estados similares, minen el liderazgo americano, intimiden a los aliados de América, o amenacen el propio territorio americano”.

==Tercera parte de siete

* 1- Un nuevo siglo americano
* 2- El precio del liderazgo
* 4- Programa “Futuro”
* 5- Fuerza Aérea Espacial
* 6- Soldados del mañana
* 7- Cuatro misiones de futuro

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en abril de 2003)

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