18 noviembre 2005

El caso congoleño

El tema de este informe adquiere en estos momentos mayor interés para el público uruguayo debido, entre otras razones, a la participación del país en misiones de paz en dos lugares que aparecen citados en todos los índices sobre fragilidad del Estado: Haití y la República Democrática del Congo. En varios de los reportes internacionales este país africano ocupa el segundo lugar en el índice de Estados frágiles. Según Foreing Policy, en la República Democrática del Congo “el hundimiento es visible desde hace años y se manifiesta en conflictos armados, hambruna, brotes de enfermedades y oleadas de refugiados”. La pregunta que se dibuja con mayor claridad en el momento de intentar analizar situaciones como ésta, es si existe alguna posibilidad de torcer ese rumbo.

BRECHA entrevistó a Jean Paul Marthoz, Director de Información de Human Rights Watch (HRW), quien se refirió a las posibles salidas que tiene la sociedad congoleña para comenzar un proceso de recuperación. La primera carta, en su opinión, se juega durante las próximas elecciones. “Visto desde Bruselas, que es una de las capitales desde las que se sigue con más atención la situación de la República Democrática del Congo, hay una gran esperanza de que con el proceso electoral se puedan dar los primeros pasos para recrear este país que en las últimas décadas no ha tenido una coherencia ni nacional ni democrática”, señaló Marthoz. El vocero de este organismo defensor de los derechos humanos dijo que “los últimos años han sido tiempos de fragmentación con guerras étnicas y con la intervención de países vecinos”. En ese sentido el país “es casi la caricatura de las crisis africanas de la última fase del poscolonialismo”.

Por eso la próxima elección tiene “que ser tomada muy seriamente” tanto por los actores locales como por la comunidad internacional, lo que implica “el aumento de los medios que se entrega a la Misión de Naciones Unidas (MONUC)”. Marthoz indicó que cuando desde HRW se ha criticado a la MONUC, la crítica siempre se hizo de manera constructiva, reconociendo el rol positivo de esta presencia internacional, “pero sin esconder las cosas que pasaron, como algunos casos de abusos sexuales o la pasividad de algunos momentos ante episodios de violencia”. Pese a esto, reclamó mayor coherencia de la comunidad internacional, en especial de la Unión Europea, en proveer más recursos financieros para reforzar a la MONUC para que tenga el número de soldados y el equipamiento necesarios para cumplir con su misión, lo que debe complementarse con “el mandato claro de poder intervenir de forma fuerte y firme contra todos los actores que tratan de obstaculizar el proceso electoral y el proceso de paz”.

El riesgo, según explicó Marthoz, proviene de la existencia de actores que no se benefician del proceso de paz. Como en muchos conflictos hay quienes sacan de la guerra sus recursos, en especial usando la violencia para generar zonas en las que ejercer el poder de manera arbitraria y controlar, así, sectores de la población que luego sirve a fines económicos. Es por eso, dijo el especialista, que la comunidad internacional tiene que tener una actuación mucho más firme. Esto adquiere vital importancia en el caso del Congo, ya que es un país en el que no se está ante las guerras étnicas tradicionales. Si bien “hay un elemento local muy fuerte, la participación de actores internacionales en el conflicto es obvia”, pautada por la presencia de los países vecinos que entraron en la disputa “para aprovecharse de los recursos mineros” congoleños. Agregó que también se tiene que perseguir “con dureza” a los actores privados negativos, mediante investigaciones internacionales sobre blanqueo de dinero, y siguiendo el rastro del tráfico de oro, diamantes y coltán. Pero así como están estos sectores privados negativos, Marthoz recordó que también existen sectores privados que tiene un rol muy positivo, en particular la sociedad civil organizada en torno, por ejemplo, a la defensa de los derechos humanos. La MONUC tiene un papel importante que cumplir en la protección de esta sociedad civil “que en estos años de masacres ha podido lograr al menos un nivel mínimo de protección para la gente”, dijo el experto.

==Septima parte de nueve

* 1- La fragilidad como amenaza
* 2- Dos enfoques
* 3- Seguridad para el desarrollo
* 4- Desarrollo para la seguridad
* 5- El riesgo
* 6- La polémica
* 8- Gamberros, desestructurados y sin ley
* 9- Fuentes

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en noviembre de 2005)

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05 enero 2005

El petróleo de África y los derechos humanos

La vinculación entre petróleo y violaciones a los derechos humanos no sólo ha estado presente en las cárceles estadounidenses en Irak, o en los centros de detención clandestina que han montado islamistas radicales en ese país. También en África, organizaciones no gubernamentales denuncian abusos de militares en zonas petroleras. El tema salió a la luz pública mientras se conocía el triunfo de la oposición en las presidenciales de Ucrania, y en momentos en que el sudeste asiático vivía su peor terremoto en las últimas cuatro décadas.

La existencia de ricos yacimientos de petróleo en África es una de las tantas paradojas de ese empobrecido continente. Esta semana, Human Rights Watch (HRW) dio a conocer un informe sobre torturas e impunidad en la zona petrolera de Cabinda, en Angola. Precisamente será en ese país y en Nigeria donde Chevron-Texaco realizará sus principales inversiones durante 2005, las que se enfocarán a proyectos de largo aliento.

Mientras tanto, las noticias vinculadas al éxito de la economía del Chad, que crecerá cerca del 40 por ciento, no pueden desvincular petróleo y derechos humanos, ya que el mantenimiento de ese crecimiento dependerá de que no se quiebre la frágil paz étnica que se vive en ese país.

La angoleña Cabinda es un ejemplo de cómo estos dos factores pueden inclinar hacia un lado u otro la ecuación del crecimiento económico de un país. Desde fines de 2002, cerca de 30 mil soldados angoleños fueron movilizados en esa aislada provincia, que produce casi el 60 por ciento de las extracciones petrolíferas. En mayo de 2003, según indica HRW, el ejército prácticamente había derrotado al movimiento separatista Frente de Libertação do Enclave de Cabinda (FLEC), que desde hacía 40 años luchaba por la independencia de la región. La derrota militar del FLEC no fue obstáculo para que un importante contingente de soldados del ejército de Angola permaneciera en el lugar.

“A pesar de que el conflicto se ha terminado, los soldados angoleños continúan cometiendo crímenes contra los civiles de Cabinda”, dijo Peter Takirambudde, director ejecutivo de la División de África de Human Rights Watch. El directivo de HRW basó sus afirmaciones en una investigación de campo realizada en agosto de este año, cuando su organización entrevistó a civiles que habían sido detenidos arbitrariamente y torturados por los soldados angoleños bajo sospecha de ser combatientes rebeldes o simpatizantes de la guerrilla.

El informe recogido en el terreno indica que “algunos fueron detenidos por períodos bastante largos o en más de una oportunidad” y fueron encerrados en condiciones inhumanas a la vez que eran amenazados por los soldados de que se les cortarían los órganos genitales o serían violados. Las mujeres de la región, confirmando una tendencia ya comentada en estas páginas a partir de un informe de Amnistía Internacional, no sólo recibieron amenazas sino que fueron efectivamente violadas.

HRW recogió testimonios que indican que soldados angoleños acantonados cerca de las aldeas de Cabinda estuvieron implicados en casos de violencia sexual. Una mujer, por ejemplo, denunció haber sido raptada por militares y haber sido mantenida como esclava sexual de varios soldados durante un período de seis semanas.

Inversiones de Texaco

Angola deberá resolver estas denuncias de violaciones a los derechos humanos si no desea que interfieran con las anunciadas inversiones de Chevron-Texaco, ya que los reportes de organizaciones como HRW tienen mayor eco en Estados Unidos que en la propia sociedad angoleña. Peter Robertson, vicepresidente de Chevron-Texaco, ya anunció que el capital y el presupuesto que la compañía destinará a exploraciones en 2005 se ha establecido en 10 mil millones de dólares, y que el mismo se dirigirá, principalmente, a cuatro países o regiones: Angola, Nigeria, Kazajistán y el Golfo de México.

En Angola, la petrolera estadounidense va a seguir centrándose en las “actuales inversiones en campos de producción tras la reciente renovación de la concesión del Bloque 0”. Sus ejecutivos consideran que las operaciones en Angola y Nigeria son los dos principales proyectos de Chevron-Texaco a nivel mundial. Están entre sus objetivos estratégicos para el período 2006-2009 y se espera que tengan “un impacto significativo en el crecimiento de producción de la compañía”.

En Nigeria, sin embargo, el gigante no está solo. Un total de 23 petroleras han presentado sus ofertas para obtener las licencias de cinco bloques en la zona petrolífera común entre Nigeria y Santo Tomé y Príncipe. Según el gobierno nigeriano, se trata sobre todo de compañías petroleras “pequeñas”. Un informe de la agencia de noticias Afrol indica que, sin embargo, “sigue siendo confuso si la segunda ronda de presentación de licitaciones para las licencias en la prometedora zona común entre Nigeria y Santo Tomé ha sido o no un éxito”.

La primera ronda de ofertas, en 2003, también obtuvo un número relativamente grande de licitadores, pero en aquella oportunidad se decidió que la mayoría no contaba con las capacidades técnicas apropiadas para operar estos exigentes y profundos bloques. Nigeria y Santo Tomé esperaban en concreto que el gigante Exxon-Mobil ejercitase sus derechos preferenciales para los bloques restantes en la zona. La petrolera estatal brasileña Petrobras, aunque había sido invitada especialmente por las autoridades de Santo Tomé, no parece haberse interesado en licitar.

La oportunidad del Chad


Cuando en noviembre de 2003 el Chad recibió sus primeros ingresos petrolíferos, procedentes de una cuenta en Citibank London, se abría para el país una oportunidad soñada. Las primeras exportaciones de petróleo de Chad se habían iniciado en octubre de 2003, a través del oleoducto Chad-Camerún que se había inaugurado apenas tres meses antes. Según la agencia estatal estadounidense Energy Information Administration (EIA), en el mismo 2003 comenzaron a verse los primeros resultados, con un crecimiento del producto bruto interno del 9,3 por ciento.

Para este año 2004, sin embargo, esa cifra ha trepado hasta un casi irreal 39,5 por ciento, lo que hará que para 2005 la renta per cápita se duplique. Esas cifras pueden incluso mejorarse ante las elevadas posibilidades de nuevos descubrimientos de petróleo, como lo demuestra el interés de un consorcio malayo-estadounidense que busca hacerse cargo de tres yacimientos que tendrían unas reservas de 900 millones de barriles.

Esa oportunidad está atada al modo en que se gestionen esos nuevos ingresos y a la forma en que se logre evitar un nuevo estallido de violencia étnica en el país.

De Sudán al Chad

En África no es sencillo hablar de conflictos nacionales, ya que las fronteras de los estados no siempre responden a las lealtades étnicas o tribales de las poblaciones que los habitan. Por ese motivo, por ejemplo, cuando los especialistas se refieren a la violencia en la República Democrática del Congo, prefieren hablar de la zona de los Grandes Lagos más que limitarse a ese país en particular. En el caso de la crisis humanitaria de Darfur, sin embargo, las informaciones parecían concentrarse en esa zona de Sudán y olvidar cómo los enfrentamientos permeaban las fronteras sudanesas.

Considerada de alta prioridad por la comunidad internacional, en especial por el modo evidente en que la población civil y las organizaciones humanitarias eran rehenes de la acción de los grupos armados, la crisis de Darfur fue una de las pocas situaciones de violación de los derechos humanos en suelo africano que llegaron al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (en la foto guerreros junjawid, de Sudán).

Pero como un juego de engaños, mientras la atención se concentraba en la acción de los grupos armados en Sudán, y se tomaban algunas medidas para proteger a la población civil de ese país, las milicias paramilitares cambiaban su zona de influencia y comenzaban a poner en riesgo la estabilidad del vecino Chad. El tema tiene hoy una doble importancia. No sólo por el modo en que afecta a los habitantes de las zonas fronterizas, sino por el modo decisivo en que puede comprometer el despegue económico de ese país luego de los recientes efectos benéficos de la explotación petrolera.

Ya en setiembre de este año la situación de la seguridad en el este de Chad era calificada como “frágil” por trabajadores humanitarios que se desempeñan cerca de la frontera sudanesa. Según el Programa Mundial de Alimentos, que realiza labores de distribución de alimentos entre 180 mil refugiados darfuri en el este de Chad, la situación de los campamentos ha estado marcada por la “incursión de hombres armados y búsqueda de rebeldes”.

Un informe especial de la agencia de noticias Afrol indica que “no debe olvidarse que tanto las temidas milicias janjawid (acusadas de intentar provocar un genocidio en Darfur) como los grupos rebeldes darfuri sla y jem están aumentando sus operaciones en Chad, donde cuentan con apoyos locales y armamento. La población zaghawa es la mayoritaria en el este de Chad, y también un importante objetivo de las milicias janjawid. Los janjawid, por otro lado, se componen de los denominados ‘árabes’ en la región, que también viven a ambos lados de la frontera”.


(Publicado en Brecha en enero de 2005)

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14 julio 2004

Los jinetes armados de Sudán

La Liga Árabe está preocupada por la situación de Darfur. Más allá de la catástrofe humanitaria que mantiene alerta a la comunidad internacional, la Liga teme que ese antiguo conflicto le de a Estados Unidos un pretexto para intervenir en Sudán, y lo coloca como el tercer punto de su agenda, sólo superado por los temas palestino e iraquí. Lo cierto es que agitando ese fantasma, se busca controlar a las milicias árabes que están efectuando una limpieza étnica contra la población negra cristiana y animista.

La noticia del llamado de la Liga Árabe a que el gobierno de Sudán controle a las milicias Janjaweed, es un reconocimiento explícito de las denuncias que han venido realizando desde hace meses organismos defensores de los derechos humanos primero, y agencias de Naciones Unidas después. Darfur ha ingresado al mapa de la información internacional debido al riesgo de hambruna que pende sobre centenares de miles de refugiados, que han escapado de una guerra que lleva, con intermitencias, más de veinte años. Sin embargo, el hambre de los que escapan no es la única cara de una situación difícil de imaginar. También debe tenerse en cuenta que con motivo de la violencia étnico-religiosa ya han muerto un millón de personas en Sudán, y que día tras día, los que no han podido escapar se enfrentan a ataques constantes que provocan una cuota diaria de muerte y terror. Porque como se ha hecho costumbre en los conflictos modernos, no sólo se mata a los civiles, sino que también se emplea la quema de casas y la violación como un arma de guerra, utilizándola para aterrorizar a poblaciones enteras con una política de tierra arrasada. De ese modo, los grupos perseguidos se ven obligados a abandonar su territorio, y la limpieza étnica se consuma.

Santiago Tazón, en un análisis sobre Darfur, indica que allí se encuentra el punto más grave de la línea de tensión que divide África, trazando una frontera imaginaria entre un norte árabe e islámico y un sur negro de religión cristiana o animista. Para complicar las cosas un poco más, y como también ocurre en otros conflictos africanos, la divisoria no es sólo étnico-religiosa, sino también de formas de producción, ya que los árabes son pastores ganaderos y los negros son agricultores sedentarios. Una divisoria que reproduce la vieja división entre amos y esclavos en los tiempos de la esclavitud que se registraba en el interior de las tierras africanas. Tazón explica que las políticas oficiales de arabización “habían conseguido un Sudán más árabe e islámico, con asentamientos de tribus árabes dónde antes vivían sólo tribus no arabes”. Pero en la zona de Darfur las tribus negras de las etnias Fur, Zaghawa y Massaleet se resistieron a la arabización, y fueron encontrando en sus religiones, ya fuera cristiana o animista, una fortaliza para oponerse al avasallamiento que se les pretendía imponer desde el poder. No se trataba de definir qué dios sería adorado en los templos o de un asunto de raíz integrista como el que enfrenta a musulmanes y cristianos en Nigeria, sino que en Darfur estaba en juego la posesión de la tierra, que por el proceso de desertificación que vive Sudán se está volviendo cada vez un bien más escaso.

==Primera parte de cuatro

* 2- Testimonios
* 3- La situación actual
* 4- Apoyo oficial

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 14 de julio de 2004)

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11 junio 2004

Abuso infantil: oídos sordos

El documento de HRW, titulado "Oídos sordos", realizó entrevistas de campo con los niños y niñas que trabajan en las plantaciones salvadoreñas, y recopiló datos de otras fuentes. Cita un estudio del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la Organización Internacional del Trabajo, donde se afirma que hay unos 5.000 menores directamente empleados en la zafra de la caña de azúcar en El Salvador. Otros estudios han concluido que otros 25.000 están “indirectamente involucrados”, es decir “que acompañan a sus padres o familiares y les ayudan en los diferentes trabajos en la zafra".

Las investigación constata que la edad de los trabajadores comienza a los 9 años, en jornadas que comienzan a las cinco y media de la madrugada, aunque en muchos casos se deben agregar dos horas de caminata desde las humildes comunidades campesinas en las que habitan los niños empleados en labores que, aún para un adulto, resultan sumamente duras. “Hay un alto nivel de riesgo en el azúcar”, dijo Benjamin Smith, principal asesor técnico de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en El Salvador, citado por el informe. El experto señaló, entre otros riesgos, la acción directa de los rayos del sol, los accidentes con machetes y otras herramientas afiladas, y la inhalación de humo y quemaduras en los pies resultantes de la práctica de quemar la caña antes de cortarla.

Estas tareas además de ser peligrosas son ilegales, ya que El Salvador ha ratificado los principales instrumentos que protegen a la infancia. La Convención sobre los Derechos del Niño prohíbe que los niños desempeñen cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo. Según recuerda HRW, el trabajo infantil en el cultivo de la caña de azúcar también puede considerarse "una de las peores formas de trabajo infantil", según las disposiciones del Convenio 182 de la OIT sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación.

Abusos en el Congo

Los abusos contra menores no son una exclusividad de El Salvador. Como “vergonzosos secretos sexuales en la República Democrática del Congo”, titula la cadena británica BBC su informe sobre abusos a menores en ese país. Elaborado por la periodista Kate Holt, se basa en testimonios de niñas que habitan el campo de desplazados de Bunia, las cuales en algunos casos son a la vez madres. “ Si voy a ver a los soldados por la noche y duermo con ellos, a veces me dan comida, tal vez una fruta o un pastel”, explica una niña de 13 años cuyo testimonio abre el reporte de la BBC.

Lo que allí se afirma es muy delicado, ya que, como destaca Holt, no se trata de soldados que integren las milicias rebeldes, de las que existe un amplio prontuario de abusos sexuales contra población civil. Lo alarmante es que los soldados a que se refiere la niña son algunos de los cascos azules de Naciones Unidas que supuestamente están a cargo de la protección de sus derechos.

La periodista británica cita declaraciones de una niña, Faela, quien dice que “es fácil llegar a (algunos) soldados de la ONU. Nosotras saltamos la valla cuando oscurece, a veces una vez por noche, a veces más”. Durante una estadía de cinco días en el campamento, Holt entrevistó a unas 30 niñas, “la mitad de las cuales admitieron que cruzaron los límites adentrándose en las instalaciones de la ONU”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en junio de 2004)

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08 septiembre 2003

La otra guerra del petróleo

Cuatro compañías petroleras han detenido sus tareas por “el deterioro en las condiciones de seguridad”. La producción de crudo ha caído en un diez por ciento debido al conflicto. No nos referimos a Irak, sino a Nigeria, el sexto exportador mundial de petróleo. Este país africano, que extrae del delta del río Níger dos millones de barriles cada día, vive una triple inestabilidad cuyos factores no siempre pueden tomarse de manera aislada. Por una parte, hay una frágil institucionalidad que ha experimentado largos períodos de gobiernos autoritarios, por otra parte existe un profundo conflicto religioso derivado de la instauración de la ley islámica en varios estados del norte del país, a lo que se le debe sumar un tercer eje de tensión, la violencia étnica entre tribus rivales.

Esto último está en el centro de la crisis que ha llevado a la Total Fina Elf (francesa) y a las multinacionales Chevron, Texaco y Shell, a suspender sus actividades en el país. Según informaciones provenientes tanto de la agencia independiente afrol News como de la cadena británica BBC, los ijaws y los itsekiris se han enfrentado por un diferendo de mecánica electoral con olor a petróleo. Este 19 de abril se realizarán elecciones generales en Nigeria, y desde comienzos de año se está diseñando la ubicación de las mesas y los tamaños de las circunscripciones. En un país con fuertes clivajes étnicos, como es Nigeria, esta operación es más importante que la propia campaña electoral, ya que de cómo queden equilibradas las aldeas de cada tribu dentro de una circunscripción depende de qué etnia sea el candidato que logre cada banca, lo que luego se reflejará en términos de equilibrios parlamentarios. Los ijaws dicen que este intento de marginarlos de los centros de decisión legislativos, tendrá como consecuencia que se queden con las manos vacías en el reparto de las ganancias petroleras, a pesar de que son la etnia mayoritaria en la zona de la que se extrae. La discusión llevó a los enfrentamientos armados, y hasta esta semana los muertos ya habían llegado a los sesenta. Los itsekiris aseguran que las milicias ijaws están incendiando sus aldeas y atacando indiscriminadamente a hombres armados y civiles indefensos, incluyendo mujeres y niños, en lo que podría ser un intento de limpieza étnica pre-electoral.

Las versiones sobre quién está enfrentándose con quién, difieren según la fuente de información que se utilice. Para la BBC, los combates son entre milicias armadas de ambas etnias, mientras el ejército se mantiene al margen. La cadena británica indica que el actual Presidente de la República, Olusegun Obasanjo (foto), está reticente a usar la fuerza para imponer el orden, ya que quiere evitar descontrol y matanzas como las del año 2000, las cuales afectarían sus posibilidades de reelección. Para Afrol News, sin embargo, las fuerzas armadas sí están tomando parte, y no precisamente de manera imparcial sino favoreciendo a la etnia itsekiri, tal como acaba de ocurrir en la aldea de Okerenkoko. Los itsekiris ya fueron protagonistas de otros enfrentamientos en el delta del Níger, que se registraron en febrero por el mismo diferendo del tamaño de las circunscripciones, esta vez en la ciudad de Warri y teniendo como rivales a los urhobo. Por el momento la tensión permanece, aunque el vocero del Ejército, Onwuamaegbu Chukwuemeka, aseguró que los militares están retomando el control del terreno.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en setiembre de 2003)

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30 agosto 2003

El peor lugar del mundo

Un estudio del periódico londinense The Economist, publicado antes de que estallara el recrudecimiento de la guerra civil en Liberia, ya había revelado que en 2003 Liberia es "el peor lugar del mundo para vivir". A la guerra entre el gobierno y los rebeldes, se suma la animosidad entre al menos 16 grupos étnicos, y el aislamiento del régimen de Monrovia por parte de la comunidad internacional. Esta inestabilidad se produce en un contexto socioeconómico reflejado en datos que The Economist calificó como "estremecedores". Con una expectativa de vida de 48 años y una desnutrición que alcanza al 42 por ciento de la población, no extraña que de cada mil niños que nacen en el país, 147 mueran antes de cumplir un año de edad. Esta suerte de prospectiva de la catástrofe debería ser tenida en cuenta cada vez más como una "alerta temprana" que coloca el foco de atención en las regiones del mundo más vulnerables antes de que lleguen al noticiero de la tarde. Como muestra de la efectividad predictiva de estos informes de la publicación británica, cabe señalar que el país que mereció el señalamiento del "peor lugar para vivir en 2001" fue Afganistán. Meses más tarde el territorio era escenario de la primera guerra pos 11 de Setiembre.

==Sexta parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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Guinea

Si Costa de Marfil es el santuario de los rebeldes del MODEL, Guinea es la principal base de operaciones del LURD. La presencia en Guinea de tropas de este grupo guerrillero liberiano ha sido ampliamente documentada por grupos de observadores independientes, pero el gobierno guineano continúa apoyándolos como una forma de desestabilizar al presidente Taylor. Un factor adicional de inestabilidad para la situación interna de Guinea es la presencia de 100.000 refugiados procedentes de Sierra Leona, Costa de Marfil y Liberia. Esto exige de parte de la comunidad internacional un doble esfuerzo: por un lado, garantizar que los campos de refugiados no se vuelvan santuarios de los grupos guerrilleros, pero por otro continuar prestando la asistencia humanitaria que necesitan los refugiados que no están involucrados con ninguna de las partes en conflicto. La protección incluye evitar que los civiles sean reclutados a la fuerza por los grupos armados, y que las mujeres sean sometidas a esclavitud sexual por parte de las tropas irregulares liberianas.
Un panorama regional que permite ver la guerra civil liberiana en una perspectiva similar a la que ya se utilizara desde estas páginas para entender el conflicto de los Grandes Lagos (que incluye a la República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi y Uganda). No son guerras internas entre países con ocasionales apoyos del exterior. Son disputas regionales de poder, en las que la política y los enfrentamientos étnicos se utilizan como pantallas, o a lo sumo como aditivos, para las pugnas por el control de los recursos naturales.

==Quinta parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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Costa de Marfil

El oeste de Costa de Marfil está, según un reporte de Human Rights Watch, al borde del precipicio. Mirado desde este país vecino, el potencial desestabilizador del conflicto de Liberia puede resumirse en la palabra impunidad. Los grupos rebeldes liberianos que usan Costa de Marfil como santuario, vienen siendo protagonistas de abusos contra la población civil del país "anfitrión" que incluyen ejecuciones sumarias, violencia sexual, trabajo forzado, y un sistemático saqueo de las propiedades.
Buena parte del área oeste permanece en situación volátil, amenazada no sólo por el conflicto que se desarrolla al otro lado de la línea fronteriza, sino también por las propias divisiones de la sociedad de Costa de Marfil, alimentadas "por años de manipulación de las tensiones étnicas y políticas", asegura el organismo defensor de los derechos humanos. Los principales blancos de esta situación son los refugiados liberianos que llegan a ser vistos, de manera muchas veces caprichosa, como sospechosos de integrar bandos enemigos o de ser simpatizantes del gobierno de Taylor

==Cuarta parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 5- Guinea
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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El factor Taylor

El principal objetivo declarado de los bandos opositores es el derrocamiento del presidente Taylor. De acuerdo con un artículo de Sarah Left publicado por The Guardian, este objetivo es perfectamente consistente con el carácter regional del conflicto: el apoyo que Taylor ha brindado a los rebeldes de Guinea, Costa de Marfil y Sierra Leona, se ha transformado en un verdadero dolor de cabeza para esos gobiernos, que ahora no dudan en pagarle con la misma moneda, financiando y apoyando a los liberianos que tratan de quitarlo del poder. Las prohibiciones impuestas por la comunidad internacional en 1990 a las ventas de diamantes desde Liberia, probarían el involucramiento de Taylor en la dinámica perversa de la guerra de Sierra Leona, donde las peores atrocidades fueron cometidas de manera paralela con la explotación minera por parte de los señores de la guerra, en especial por parte del Frente Unido Revolucionario, aliado sierraleonés de Taylor. La responsabilidad de Taylor en crímenes contra la humanidad cometidos en Sierra Leona, le valieron un procesamiento por parte de un tribunal internacional.
Liberia no ha vivido una realidad demasiado diferente que la de su vecino Sierra Leona, país que actualmente se encuentra saliendo trabajosamente de un crudo conflicto interno. Geepu-Nah Tiepoh, consultor de una agencia canadiense de desarrollo, demostró la responsabilidad doméstica de Taylor -que comenzó incluso antes de su llegada a la presidencia liberiana- en la estructura de saqueo que ha ido colocando los recursos naturales en manos de los principales protagonistas de los enfrentamientos. Las riquezas financiaban la guerra y con el tiempo invertían con ésta los roles: de ser medio pasaban a ser fin, y la guerra iba perdiendo sus motivaciones políticas y se iba volviendo un contexto favorable para la explotación ilegal de los recursos, lo que tornaba casi imposible cualquier esfuerzo de paz.

==Segunda parte de seis

* 1- Liberia: otro capítulo de una guerra regional
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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Liberia: otro capítulo de una guerra regional

Como ocurre con otros conflictos africanos, la guerra civil en Liberia sólo puede ser entendida si se la analiza en el escenario regional. La lucha entre las facciones rivales de esa ex colonia de libertos, está relacionada con los enfrentamientos que han tenido lugar en Sierra Leona y en Costa de Marfil, y con la inestabilidad interna que amenaza a Guinea.

Se suponía que Liberia sería un buen lugar para vivir. A medio camino entre la utopía y el oportunismo, fue fundada en 1847 por ex esclavos que regresaron al África desde Estados Unidos. Muchos de ellos habrán imaginado que ese regreso al continente de los ancestros sería una forma de comenzar una nueva vida luego de la esclavitud sufrida en las ex colonias británicas. Su capital fue bautizada Monrovia en homenaje al entonces presidente norteamericano, Monroe. Pero pronto comenzaron a surgir divisiones entre los recién llegados y los habitantes nativos de las tierras en las que se fabricó el nuevo país. Una frontera al interior del entramado social que se mantuvo en el tiempo, reservando para los "americanos" los privilegios políticos y económicos. Esa profunda división social incidió en la forma en que se establecieron los agrupamientos y las lealtades durante la vida independiente del país, y estuvo presente en los distintos golpes de timón que cambiaron las correlaciones de fuerza en distintas etapas de lo que, visto en perspectiva, parece ser una larga y recurrente guerra civil. Se calcula que sólo en los últimos catorce años han muerto violentamente 200.000 liberianos, en tanto que un millón y medio debieron abandonar sus hogares.

La situación actual indica que luego del mes de enfrentamientos que han seguido al fracaso del proceso de paz y que han costado casi un millar de muertos, los principales grupos rebeldes aparecen como actores locales de un juego de poder regional que prácticamente abarca el conjunto del África Occidental. La guerrilla más fuerte, la LURD (Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia), opera desde sus bases en Lofa, dentro de Liberia, y desde Guinea. El segundo grupo armado opositor, el MODEL (Movimiento para la Democracia en Liberia), parece tener centros de apoyo en Costa de Marfil. Se supone que cada uno de estos agrupamientos rebeldes controlan un tercio del territorio, dejando el tercio restante en manos del gobierno, ocupado por Charles Taylor, que supo ser en su momento un líder guerrillero como los que ahora le enfrentan. Esta internacionalización del conflicto parece verse confirmada por el modo en que estalló la nueva fase de los combates en marzo de 2003, con incidentes que no provenían del centro del país sino de las tres zonas fronterizas: de Bo Waterside, lindera con Sierra Leona; de Ganta, limitando con Guinea; y de los poblados de Toe y Zwedru, a un paso de Costa de Marfil.

==Primera parte de seis

* 2- El factor Taylor
* 3- El fracaso de junio
* 4- Costa de Marfil
* 5- Guinea
* 6- El peor lugar del mundo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 30 de agosto de 2003)

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17 julio 2003

El cambiante espesor de la cartografía

Aunque estén dibujados en un papel, los mapas no son planos. Tienen un espesor aluvional que va construyéndose cada día en la agenda informativa internacional. En ese cambiante relieve hay momentos en que se ven más unos países que otros. No hay día en que el mundo sea el mismo que el anterior. Ayer existía Pakistán, por ser vecino de los afganos, hoy su lugar lo toman Irán o Corea del Norte, y mañana será Indonesia. Pero ese mapa cambiante de la actualidad no sólo depende de la evolución de los acontecimientos, sino también del punto del globo en que viva el observador. No hay ciudad desde la que se vea el mismo tramo de mundo que desde otra. Por vecindad, intereses económicos, o hechos puntuales como la integración de las misiones de paz, los uruguayos ven con nitidez zonas del planisferio que para los daneses o los vietnamitas resultan inexistentes.

Desde hace algunas semanas, África ya no queda tan lejos. La presencia de los cascos azules uruguayos puso a la República Democrática del Congo en el cono de visibilidad que se alcanza desde Montevideo. A casi nadie le son ajenos nombres como Bunia o Ituri. Un tajo abierto en la frente de un niño soldado congoleño para que la cocaína que se pone sobre la herida haga un efecto más rápido y profundo, es sólo una de las historias de horror que se cuentan en las barracas de los cuarteles y que ya comienzan a filtrarse, extendiendo al resto del tejido social algo de lo que debieron ver desde sus destacamentos las fuerzas de paz del Batallón Uruguay IV. Además, el Congo llega a nuestro horizonte cotidiano acompañado de la percepción de que eso que allí pasa no ocurre porque sí (ya se habló en estas mismas páginas del rol de las mafias que trafican con el coltán, un mineral imprescindible para las telecomunicaciones), ni se circunscribe exclusivamente a las fronteras de un país.

En otras palabras, hace que buena parte de la sociedad coloque la mirada sobre África. Ahora se combate en Burundi. Es difícil leer esa noticia al pasar. Se quiere saber un poco más. Se sigue leyendo. O se pone un poco más de atención al reporte de la BBC. En Burundi combaten los hutus contra los tutsis. Se recuerda entonces que ésos eran los bandos en pugna en los tiempos del reciente genocidio en Ruanda. Y eso trae a la mente lo que se había leído sobre el Congo, que en verdad se trataba de una guerra internacionalizada en la que estaban involucrados, entre otros, Ruanda y Uganda. Se pone un mapa sobre la mesa. Se ven todos esos países rodeándose entre sí.

Se recuerdan las palabras de Madeleine Albright. ¿Qué habrá sido de esta mujer nacida en la vieja Checoslovaquia, secretaria de Estado de William Clinton? Es inevitable sentir que en sus manos el barrio era más seguro que ahora. Madeleine Albright dijo que el mundo no se estaba dando cuenta, pero que en la región de África que comparten la República Democrática del Congo, Uganda, Ruanda y Burundi, estaba peleándose la Primera Guerra Mundial africana. La habían originado una combinación de intereses económicos y políticos que se servían de los odios tribales y de la chapucería del trazado de las fronteras para poner los recursos naturales en manos de las mafias trasnacionales.

Ahora se pelea en Burundi. Es lógico pensar que se trata de otra batalla de esa misma guerra. La capital, Bujumbura, ha sido asaltada por los rebeldes del Frente de Liberación Nacional (FNL). Recién va poco más de una semana de combates, pero ya han muerto 170 personas. Los rebeldes son de la etnia hutu, igual que el 85 por ciento de la población. El ejército intenta detenerlos. La mayoría de los oficiales, al igual que la clase dirigente del país, es de la etnia minoritaria tutsi. Los eternos rivales de los hutus. En abril, un plan de paz que propiciaba un gobierno mixto, con un presidente hutu, parecía haber encontrado una mecánica institucional para salir de la crisis y había sido aceptado por la principal guerrilla, las Fuerzas para la Defensa de la Democracia.

Sin embargo, el menor de los dos grupos hutus alzados en armas, el FNL, quiere la renuncia incluso de este presidente hutu en el gobierno de coparticipación étnica. Sólo aceptarán un régimen sin presencia tutsi de ningún tipo. Este 14 de julio, el Burundi Quotidien anunciaba que los combates se habían extendido a las zonas de Gihosha y de Rohero. Nombres de una geografía destinada a extinguirse en la efímera atención de la opinión pública. Apenas una delgada capa en la cambiante cartografía de la información. Nadie anunciará desde ningún portaviones el final de esta larga guerra de los Grandes Lagos.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 17 de julio de 2003 )

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18 mayo 2003

La conexión Uganda

La zona de Ituri estaba bajo el control de 7.000 efectivos del ejército ugandés, los cuales se retiraron como parte del proceso de pacificación del país, y fueron sustituídos por 400 cascos azules uruguayos. Esta diferencia de fuerzas fue vista con preocupación por “observadores” citados por el diario sudafricano Sunday Times. El artículo también se refirió a “fuentes diplomáticas occidentales” que manifestaban el temor de que el vacío de poder produjera un genocidio, lo que coincide con los argumentos por los cuales Uganda no quería retirarse de Ituri.

Sin embargo, el gobierno congoleño tiene otra visión de las cosas. El Ministro para Asuntos de Paz, Vital Kamerhe, acusó a Uganda de doble discurso, y consideró que las declaraciones de funcionarios de ese país sobre la posibilidad de un baño de sangre étnico, no hicieron más que empeorar la situación. “Uganda no quiere abandonar Ituri –dijo Kamerhe- ellos han inflamado las tensiones diciendo que los lendu podrían asesinar a los hemas”, lo que en su opinión habría colaborado al ataque preventivo de los hemas sobre los lendu.

El Presidente de Uganda, Yoweri Museveni (foto), no se quedó en silencio ante estas tensiones en la zona que hasta hace poco tiempo estaba bajo control de su país, y criticó la debilidad de Naciones Unidas. Dijo que las fuerzas de paz estacionadas en Ituri están haciendo “turismo aventura” y deberían regresar a su país ya que son “inútiles”. Las duras declaraciones del mandatario, publicadas en el periódico ugandés The Monitor, no parecían estar dirigidas a los cascos azules uruguayos en particular, sino que criticaban en términos generales las limitaciones del mandato de la misión de paz. En su lugar, Museveni propuso crear un contingente de tropas de varios países africanos que tuvieran las manos libres para involucrarse en los combates si eso llegaba a ser necesario para el restablecimiento de la seguridad en la zona. Aunque con matices, el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, sucesor y correligionario de Nelson Mandela, opinó de manera similar. Solicitó al Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, que la organización autorice a los cascos azules “a ser más agresivos en la defensa de civiles”, o que abra el camino para una fuerza de intervención africana.

Las motivaciones de ambos mandatarios parecen ser diferentes. Mientras Mbeki (foto) está comprometido en el proceso de paz como uno de los principales apoyos de la ONU en la región, las palabras de Museveni tuvieron la apariencia de una respuesta indirecta al llamado a responsabilidad que le hizo Annan al gobierno ugandés. Annan reclamó que Uganda utilice su influencia política sobre las milicias que están peleando en Ituri, para obligarlas a respetar el alto al fuego. El portavoz del Ejército de Uganda, el Mayor Shaban Bantariza, pidió sarcásticamente que alguien le explique cómo es posible influenciar a dos bandos que están peleando. “Lo que debe hacerse es pelear, no hacer lobby”, se respondió a sí mismo. Negó que sus tropas estuvieran en la zona, y devolvió la responsabilidad a Naciones Unidas: “lo que se necesita es sumar fuerza con influencia, la ONU dispone de ambas, por lo tanto pueden usarlas”. También del lado sudafricano, los mandos militares hablaron con mayor libertad que su mandatario. Billy Masethla, asesor en seguridad del presidente Mbeki, dijo al Sunday Times que “el mandato de Naciones Unidas es suficiente como para autorizar a los cascos azules a usar la fuerza, pero no ha sido implementado de la forma requerida”. El embajador congolés en Sudáfrica salió al cruce de estas declaraciones e indicó que la misión de paz ha sido muy útil, pero que tienen las limitaciones de su mandato, lo que hace que las fuerzas en conflicto sepan que los cascos azules no están autorizados a disparar.

Sin embargo, estas presiones diplomáticas de los países de la región, sumadas al ya mencionado “fantasma de Ruanda”, pueden llevar al Consejo de Seguridad a modificar ese mandato de un momento a otro. Analistas locales, como Carolyne Nakazibwe, periodista del The Monitor, presumen que la solución se encaminará más a autorizar el envío de una fuerza africana de despliegue rápido que no tenga las manos tan atadas como los cascos azules, lo que infiere del toque de alerta de Annan relativo a evitar una catástrofe humanitaria en Ituri.

==Cuarta parte de ocho

* 1- Sitiados por el fantasma de un genocidio
* 2- El fantasma de Ruanda
* 3- Agricultores vs ganaderos
* 5- Asuntos de familia
* 6- Una tarea difícil
* 7- Un escándalo geológico
* 8- Mosaico de conflictos

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en mayo de 2003)

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28 diciembre 2001

Escenario 2002: Yemén y Somalía

Luego de la desmaterialización de Bin Laden en las montañas de Tora-Bora, la difusa guerra contra el terrorismo necesita volver a ajustar el foco. Estados Unidos amenazó a Somalía, en tanto que Yemén comenzó su operación de “lavado de imagen” con un raíd militar contra tribus acusadas de proteger a militantes de Al-Qaeda.

Por detrás de los titulares acerca de los pasos para instalar en Afganistán algún intento de normalidad, dos noticias permiten intuir hacia dónde apuntarán las cámaras a comienzos del nuevo año: el gobierno de Yemén atacó supuestas bases de militantes islamistas en su territorio el 18 de diciembre, en tanto que Estados Unidos anunció que Somalía podría ser su nuevo blanco en la campaña para desarticular las redes fundamentalistas que amenazan intereses occidentales.
Nada para sorprenderse.

En Yemen y Somalía existen grupos que han estado ligados a Bin Laden desde mucho antes del atentado contra las Torres Gemelas. Además, ambos países guardan similitudes con el Afganistán talib en que se refugió el millonario ex saudita: fuerte influencia tribal, existencia de grupos radicales activos, un gobierno que no controla completamente su territorio ni tiene el monopolio de las armas, una historia reciente con violentos episodios antinorteamericanos, pobreza, recursos naturales, importancia en los esquemas de tráficos ilegales, una situación geopolítica estratégica.

Yemen tienen aun otra semejanza con Afganistán: la existencia de un importante contingente de islamistas que pelearon su “guerra santa” contra un ejército comunista de un país que ya no existe, en este caso Yemen del Sur, y que luego se transformaron en incómoda mano de obra desocupada para sus antiguos mentores. Estos antiguos mujaidines suelen encontrar refugio en las tribus semi-autónomas que controlan porciones del fragmentado país. Cuando un jefe tribal acepta proteger a una persona, queda obligado a cumplir su palabra incluso en el caso de que el Estado lo conmine a entregar al huésped. Los recientes combates, aunque fueron presentados como choques entre el gobierno y Al-Qaeda, en verdad enfrentaron al ejército con la tribu Abida, que se negaba a entregar a cinco sospechosos de pertenecer a la red terrorista.

En una ponencia presentada al coloquio “Islam y cambio social” que organizó la universidad suiza de Lausanne, Elham Manea analizó las relaciones tribu-Estado, y subrayó que ahí está el eje del dilema político en el Yemen contemporáneo. Tribus con un poder fuertemente centralizado en su jefe, con una ancestral animosidad en contra del Estado, y con una percepción de la identidad nacional como algo ajeno al concepto de soberanía estatal. Una realidad que genera amplias zonas que son “tierra de nadie”, tanto en el mapa como en la lealtad de los ciudadanos.

==Primera parte de cinco

* 2- La sombra de Osama
* 3- Islamismo yemení
* 4- Osama: el mito necesario
* 5- Yemen: el factor petróleo

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha en diciembre de 2001)

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15 septiembre 2000

Ruanda: los expedientes del genocidio

Este 18 de setiembre comenzarán dos nuevos juicios por crímenes contra la humanidad en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. En uno de los procesos se acusa a tres ex jerarcas que actuaban en la provincia de Cyangugu; en el otro se trata de periodistas que enfrentan cargos de incitación al genocidio. La masacre de los tutsis a manos de los hutus, ocurrida en 1994, costó la vida a más de medio millón de personas.

Acosados por las milicias hutus, decenas de tutsis se refugiaron en la catedral de Cyangugu. Sabían que estaban en un callejón sin salida, pero creyeron avizorar una luz de esperanza cuando el alcalde de la ciudad en persona se presentó en el templo, y se ofreció a escoltarlos hasta un lugar más seguro. Confiaron en él y fueron conducidos a un estadio, el Kamarampaka, en el que el alcalde los dejó en manos de autoridades civiles y militares. Allí, varios de los refugiados tutsis fueron fusilados en base a una lista que las autoridades ya tenían preparada. Aquel alcalde se llama Emmanuel Bagambiki (foto), y seis años después del episodio del estadio Kamarampaka está detenido en Tanzania y este 18 de setiembre será juzgado por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (ICTR, por sus siglas en inglés) por crímenes contra la humanidad.

Otras tres personas involucradas en el llamado “caso Cyangugu” compartirán el banquillo con Bagambiki. Se trata de Andre Ntagerura, Ministro de Transporte en 1994, y que autorizó el uso de vehículos oficiales, en especial ómnibus, para llevar armas y milicias a la ciudad de Cyangugu; y de Samuel Imanishimwe, que era el jefe militar de Cyangugu y dio las órdenes a sus tropas para que éstas cometieran las ejecuciones en masa de que se los acusa.

Ruanda es un pequeño país del centroeste de Africa, de menos de 25 mil kilómetros cuadrados y con fronteras con Uganda, Tanzania, Burundi y el Congo. Sus más de siete millones de habitantes son en un 84 por ciento hutus, en un 15 por ciento tutsis y en un 1 por ciento pigmeos. Los problemas entre hutus y tutsis no se limitan a Ruanda; también están en el centro de la guerra civil que afecta a la vecina Burundi, y a la que se intenta poner fin aprovechando el impulso que significó la reciente visita a ese país del presidente de Estados Unidos Bill Clinton.

==Primera parte de siete

* 2- Periodistas y religiosos
* 3- Víctimas de segunda
* 4- Cien días de horror
* 5- Criminales de guerra
* 6- Otros tribunales
* 7- Jurisdicción universal

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha 15 de setiembre de 2000)

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