20 abril 2007

La aritmética del odio

Tres personas fueron asesinadas en una pequeña ciudad del este de Turquía. Les ataron de pies y manos para luego cortarles la garganta. Podría tratarse de un caso para las páginas policiales a no ser por el hecho de que las tres trabajaban en una editorial de literatura cristiana ubicada en una ciudad poblada mayoritariamente por musulmanes.

El episodio quedó relegado a un segundo plano en la información internacional. Seguramente porque ocurrió el mismo día en que más de 170 personas perdieron la vida en un atentado en Bagdad. Una vez más el miércoles pasado fue el día más sangriento de la posguerra iraquí. Aunque Washington no quiera hablar de guerra civil, el sustantivo posguerra va perdiendo su prefijo por la fuerza de los hechos a medida que se van descascarando las estrategias de seguridad de las tropas de ocupación y del gobierno iraquí. Las 170 veces que se repitió el más singular de los hechos –la muerte de una persona- es el filo cuantitativo del horror que se vive en el Irak pos Hussein. Cuando se deja de lado la letanía hipnótica de los números, las aristas más filosas pueden ser las recientes revelaciones de que grupos islamistas están usando adolescentes discapacitados como atacantes suicidas. Les prometen que si se inmolan por su fe, en el paraíso renacerán sin tener capacidades diferentes.

Las motivaciones religiosas que sirven para matar a decenas de personas en Bagdad también parecen haber estado en el trasfondo del triple crimen de Turquía. Las informaciones sobre el episodo dicen que la editorial ya había recibido amenazas de grupos islamistas que la acusaban de hacer proselitismo religioso mediante la impresión de biblias (el libro sagrado judeocristiano) .

La crónica de BBC consigna que Malatya es una ciudad conocida por el carácter nacionalista de sus habitantes. Un lugar en el que tiene sus raíces Ali Agca, quien en 1981 atentó contra el anterior papa de los católicos, Juan Pablo II. En Turquía el 99 por ciento de la población es musulmana aunque, en su mayoría, tienen una actitud tolerante hacia el cristianismo, como se pudo comprobar en la ausencia de incidentes de entidad durante la reciente visita del actual sumo pontífice católico, el papa Benedicto XVI.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 20 de abril de 2007)

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