Las innumerables muertes de Anna Politkovskaya

“Si quiere usted seguir trabajando como periodista, deberá trabajar servilmente para Putin. De lo contrario, le aguarda la muerte, la bala, el veneno, o un proceso judicial: cualquier cosa que nuestros servicios especiales, los perros cancerberos de Putin, estimen oportuno”. La frase, a la que ahora resulta casi una falta de pudor calificar como premonitoria, fue escrita en 2004 por la periodista rusa Anna Politkovskaya.
El sábado pasado, en la entrada de su apartamento del centro de Moscú, la encontró la bala que la estaba esperando. Más de una bala. Disparadas en el pecho y en la cabeza. Probablemente disparadas por un hombre de campera liviana y gorra con visera, según las imágenes de las cámaras de seguridad del edificio. Hace dos años la había encontrado una taza de té envenenado, pero pudo salvarse a último momento. Respondió al veneno con una crónica en la que ponía en evidencia al FSB, el Servicio Federal de Seguridad, heredero de la vieja KGB, y con una gira internacional promocionando ‘La Rusia de Putin’, un libro en el que ataca con dureza al mandatario de su país. A las dos balas no puede responder por sí misma, pero sus compañeros de redacción han organizado una investigación independiente, y la revista en la que trabajaba, la Nóvaya Gazeta, ofreció un millón de dólares de recompensa por quien ayude a detener al asesino.
Pero esta no fue la primera muerte de Anna Politkovskaya. Ni siquiera la segunda, si tomamos en cuenta el episodio del envenenamiento. Tampoco la tercera, si se incluye en la lista el falso fusilamiento a que la sometieron oficiales rusos en 2001, cuando la detuvieron de manera clandestina. Aquella vez salvó su vida porque dos hombres informaron de su detención. Pero aun salvándose, esa momentánea “desaparición” de hace cinco años siguió aumentando la cuenta de las veces en que Anna Politkovskaya tuvo que morir, ya que los dos hombres que le ayudaron fueron asesinados en represalia.
En su libro “La vergüenza rusa”, centrado en el conflicto checheno, la periodista cuenta que sus investigaciones “han costado la vida a bastantes personas que desde entonces forman parte de mi biografía. También ha ocurrido que asesinasen no sólo a la persona que habló conmigo, sino también a algunos miembros de su familia. En el haber de mi cuenta de periodista figura un muchacho de quince años, asesinado junto con su madre, Marja, una activista del pueblo que recogía información sobre los crímenes de guerra cometidos contra los habitantes del lugar. ¿Saben ustedes cómo vivir con esta carga? Yo no sé”.
==Primera parte de dos
* 2- La mano que mece el gatillo
(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de octubre de 2006)
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