31 diciembre 2008

50 años de la Revolución Cubana

El 1 de enero de 1959 se produjo el triunfo de la revolución cubana. Una semana después entraba Fidel Castro a La Habana, en su larga marcha desde la Sierra Maestra.

“Y, de repente, en torno a las once de la mañana, las estaciones de radio se concertaron. Una noticia, una sola, aún exenta de pormenores, exasperante en la reiteración de lo mismo, entraba en todas partes: Batista se había fugado de Cuba en la medianoche anterior y los fabulosos chivúos de la Sierra Maestra entrarían en La Habana aquel mismo día, en un épico estruendo de carros de asalto, tanques y caballos (…) Ahora, lo que casi era espejismo, cosa de conseja y romance, se nos ha instalado en lo cotidiano, haciéndose inmediato y comprobable”. (Alejo Carpentier, La consagración de la primavera).


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19 noviembre 2008

Inside Story - Crisis in DR Congo - Nov2008

Debate en los estudios de Al Jazeera. En inglés.


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21 octubre 2008

Emir Kusturica Le Temps des Gitans - punk opera

19 octubre 2008

Kusturica en Montevideo

Primero retó a duelo a un radical serbio por querer expulsar a los croatas del parlamento yugoslavo, y después defendió a los serbios contra los ataques de la otan y contra la parcialidad del tribunal de La Haya. Hizo una película guionada por un monárquico, Underground, en cuya entrelínea muchos vieron las tesis del destino manifiesto de Serbia, ejemplificadas en aquella escena final del trozo de tierra que se separaba, como posibilidad de una isla, del revenido Gondwana titista. Pero después hizo otra, La vida es un milagro, deliciosamente yugonostálgica. Primero se alió musicalmente con Goran Bregovic (criticado por los puristas, que consideraban que el músico de bodas y funerales hacía “demasiado mixed”) pero luego volvió a las fuentes y –sin llegar al punk de la primera juventud– la gran bestia pop balcánica empezó a musicalizar sus películas con una banda más auténtica, la No Smoking Orchestra.

Con Kusturica este 17 de octubre llega a Montevideo, inevitablemente, la complejidad de la ex Yugoslavia. Para ejemplificarlo basta el dato fundacional de su biografía: Kusturica es un serbio nacido –como yugoslavo– en Sarajevo. La capital de Bosnia-Herzegovina sigue siendo una ciudad dividida. La Berlín balcánica no tiene un muro de concreto sino de letras, ya que del lado bosniomusulmán se escribe en caracteres latinos, y en los barrios serbios se usan los caracteres cirílicos. No es artificio, los taxistas saben muy bien lo que es llevar un viaje de un lado a otro. Alfabeto, historia, religión: tres divisorias para una ciudad en la que lo poco en común es, paradójicamente, lo que siempre se ha dicho que la separa: el origen étnico de sus habitantes. Tanto serbobosnios como bosniomusulmanes son eslavos, sólo que algunos fueron obligados a convertirse al islam en los siglos de dominio otomano, ya sea por la fuerza de la espada o del recaudador de impuestos.
Ese país que por tres veces se llamó Yugoslavia (la monárquica primero, la socialista de Tito después, y la versión jibarizada de fines de los años noventa) ahora está separado en seis países más uno. Están Eslovenia, Macedonia, Croacia, Montenegro, Serbia y Bosnia-Herzegovina. Este último en la realidad son dos entidades: la Federación Bosnia (integrada por bosniocroatas y bosniomusulmanes) y la República Serbia de Bosnia (un país que, formalmente, no existe, pero que es muy real). También está Kosovo, pero eso es harina de otro costal.
En una combinación de ese tipo, en la que las fronteras separan de verdad, y donde un idioma de tronco común (el serbocroata) se ha venido destilando en el alambique del nacionalismo para extraer un idioma distinto por cada nuevo país, es lógico que los artistas, que trabajan con la sensibilidad y suelen ser más sensatos que los generales, estén hartos y se alejen de lo políticamente correcto. Kusturica no es una excepción.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 17 de octubre de 2008)

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12 septiembre 2008

Paradojas del no lugar

El territorio es más que un espacio geográfico o politico. También debe entenderse como el lugar donde la persona establece su red de relaciones simbólicas Si se permite forzar en algo los conceptos para hacerlos tocarse, el territorio es el lugar del capital social. Cuando la persona, al emigrar, se separa de ese territorio, ese vínculo empieza a ser cuestionado y reformulado. Las herramientas telemáticas que el emigrado usa para establecer su “participación en la deliberación colectiva sobre las opciones públicas” de que habla Putnam en sus estudios sobre comunidad cívica**, modifican la experiencia que hasta entonces tenía de este territorio.

Los emigrados leen más diarios de su país por internet que los que compraban en el quiosco, algunos parecerían estar más atentos a las cuestiones políticas que cuando participaban del tejido de sus sociedades, aportan de vez en cuando algún euro para proyectos sociales en su ahora lejana ciudad natal aunque nunca antes lo hubieran hecho, y sin duda se han vuelto partidarios más consecuentes de su equipo de fútbol. No están físicamente dentro de los límites políticos de su Estado-nación de origen, pero les sigue siendo posible tener una experiencia de lo real que nace, paradójicamente, en la potencialidad de representación de la virtualidad.

El territorio, entonces, para usar una de las formulaciones clásicas de Paul Virilio, se convierte en velocidad. O para decirlo en otras palabras, lo que antes era solo espacio, ahora también es tiempo.

Como se ha dicho por parte de Marcel Gés, el concepto clásico de territorio físico (desplazamiento y distancia) se sustituye por la transmisión y la interacción. “Este espacio global de interconexión de ordenadores capaz de generar relaciones simbólicas entre los individuos tiene la misma estructura cultural que el territorio real clásico” ***, agrega Gés en una afirmación quizás excesivamente tecnologizada, pero que da pistas para pensar ese nuevo vínculo en clave de ciudadanía.
Esa potencialidad es doblemente desterritorializada. Por una parte permite desanclar del territorio las interacciones que inciden en la trama de la comunidad cívica del país de origen del emigrado; pero a la vez, en ese espacio virtual el emigrado deja de estar atado únicamente a su referente nacional (es un uruguayo pero también es un sudaca en Madrid, un hispano en Nueva York, o un “italiano del extranjero” en Roma) por lo que ese nuevo espacio social, esa “nueva geografía electrónica desde la cual abordar y cuestionar la política y la cultura”, para seguir citando a Gés, es necesariamente global. Este abordaje no es ajeno al debate en torno a la idea de ciudadanía.

La sustitución de la distancia por la velocidad subyace en las opiniones de Bertran Badie acerca del debilitamiento del Estado-nación: "la distancia ha dejado de ser, como lo había sido durante siglos, un recurso del gobierno. La autoridad del Estado nación se basaba en parte en esa distancia, ya que daba un sentido al territorio nacional -justa medida de la comunicación posible dentro de una comunidad humana- y la función mediadora del Estado, en cuanto los individuos querían comunicarse entre sí" ****. Una transformación de estas dimensiones afecta, sin duda, la forma en que se entiende y se ejerce –o no se ejerce- la ciudadanía, y lo afecta de un modo que va mucho más allá del sufragio de las diasporas. Para entenderla no se puede dejar de tener en cuenta una paradoja de estos tiempos: esa en la cual el “no territorio” de lo virtual se vuelve el “lugar” en el que se mantienen (reformulados) los procesos complejos (sociales, económicos, políticos, simbólicos) que forman parte del ejercicio integral de la ciudadanía.

* RLB es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Udelar), Especialista Universitario en Inmigración (Universidad Pontificia, Madrid, España). El tema de este artículo es parte de su proyecto de tesis para la maestría en Ciencia Política (Udelar).

** Putnam, R.D: “The Prosperous Community: Social Capital and Public Life”, American Prospect, 13, 1993.

*** Gés, Marcel: "La cultura telemática y el territorio", en Revista La Factoría, n° 2

**** Badie, Bertrand: "El Estado-nación, ¿un actor entre otros?", en Label France n° 38



(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de setiembre de 2008)

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05 septiembre 2008

Crisis en Ucrania, sóviets en Estonia

Los dos aliados-rivales de la revolución naranja ucraniana de 2004, y que hoy gobiernan el país como presidente y primera ministra, volvieron a entrar en crisis. El presidente Victor Yuschenko acusó ayer a la premier Yulia Timoshenko de intentar dar “un golpe de Estado” técnico. Y como no hay mejor defensa que un buen ataque, amenazó a su vez con disolver las cámaras. Una situación que se vuelve más preocupante por el estatus regional surgido de la guerra del Cáucaso. Es sabido que Ucrania, junto a la mediática Georgia, está en el umbral de la alianza atlántica (OTAN) y si todavía no pudo entrar fue porque Rusia se opuso.

En un análisis para la agencia ria Novosti, Iliá Krámnik recordó que Occidente “cruzó el Rubicón” con los planes de emplazar el escudo antimisiles estadounidense en Europa y al alentar la independencia de Kosovo. En ese contexto situó la crisis georgiana, pero aseguró que la misma fue parte de algo más global: el resurgimiento de la vieja confrontación entre Rusia y Occidente. Al preguntarse dónde ocurrirá el próximo capítulo de esta teleserie (porque “ahora los acontecimientos de alcance mundial no son aquellos en los que estén implicadas 10 mil personas, sino donde se puedan reunir al menos diez cámaras de televisión”), arriesgó que puede ser “en el territorio ucraniano, donde se decidirá el destino no sólo de la flota rusa del Mar Negro, sino también la influencia de Moscú en Europa oriental”.

Lo que no puede obviarse cuando se mira hacia Kiev es que el presidente ucraniano estaba muy interesado en mantener la paz política interna para generar la imagen de una democracia estable y, por ende, de un aliado confiable para la otan. No parece casualidad que el combustible para los problemas con la premier se haya originado en leyes que facilitan la destitución presidencial, leyes que Timoshenko aprobó con los votos de sus aliados circunstanciales del Partido de las Regiones, que significativamente representa al electorado pro ruso del país.

La parte oeste del espacio que ocupaba la ex Unión Soviética está evidentemente en zona de turbulencia. A veces las señales son casi insólitas. Tal es el caso de dos pequeñas aldeas bálticas que el miércoles proclamaron el “resurgimiento del poder soviético” y manifestaron su disposición de “separarse de la Estonia burguesa”, según informó ria Novosti. Si bien los hastiados aldeanos pidieron el reconocimiento de Rusia, no es demasiado probable que esta iniciativa provoque en el corto plazo ninguna crisis internacional. (Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 5 de setiembre de 2008)

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15 agosto 2008

Georgia: fantasmas balcánicos

En un perfecto inglés, el presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, dio su conferencia de prensa con la adrenalina de un líder occidental: intenso y controlado a la vez, motivado a defender derechos más que territorio, y dispuesto a competir en niveles de rating con los mismísimos Juegos Olímpicos de Beijing. Era difícil evitar compararlo con aquel Tony Blair de los viejos buenos tiempos.

Una y otra vez repitió que lo que estaba ocurriendo en Georgia, ante la respuesta militar rusa, era peor que lo ocurrido en los primeros días de las guerras balcánicas. Incluso el jueves, después de pactado el cese de hostilidades gracias a la intervención del mandatario francés Nicolas Sarkozy, Saakashvili acusaba a Rusia de violar el alto al fuego y realizar una “limpieza étnica” en tierras osetas. Era el retorno del fantasma de aquel gran fracaso de Occidente, cuando en plena Europa se cometieron atrocidades que parecían desterradas por la fuerza de la evolución. Al otro lado del Atlántico, su par estadounidense de seguro recordaba con embarazo la apoteósica visita a Georgia en 2005, cuando calificó a aquel país como “un faro de libertad”.

Sin embargo, apelar al paralelismo con los Balcanes no pareció ser una buena elección de los asesores de imagen del mandatario georgiano. Es cierto, en Georgia ocurrió algo muy similar a lo que pasó en la ex Yugoslavia, pero no es muy factible que Occidente quiera reconocerlo. Un territorio donde casi el 90 por ciento de la población es étnicamente homogénea, con lazos culturales directos con un país fronterizo, quiere independizarse del Estado-nación al que los límites políticos le han obligado a pertenecer. Eso, que suena tan kosovar, es lo que ocurre con la rusófila Osetia del Sur. Peor aun, entre Osetia del Sur y Georgia ni siquiera están los fuertes lazos históricos que unen el territorio kosovar a la identidad espiritual de Serbia. La principal diferencia entre ambas “crisis espejo” es que Occidente, que apoyó a los albanokosovares contra los serbios, ahora sostiene la postura contraria y se pone del lado de la “integridad territorial”. O sea que los líderes de Occidente no deben de querer ni oír hablar de los Balcanes cuando se trata el tema sudosetio. Moscú ya lo había advertido: el precedente de apresurarse a reconocer la cuestionada independencia de Kosovo alentaría separatismos similares. No en vano España fue tan reticente en seguir el entusiasmo europeo pro albanokosovar.

En el influyente diario The Financial Times, el canciller ruso Sergei Lavrov recordó que Osetia del Sur “ha disfrutado de una independencia de facto desde hace más de 16 años”, y añadió que “nadie puede sorprenderse, por tanto, de que Rusia respondiera a este asalto injustificado (de las tropas georgianas) lanzando una incursión militar en Osetia del Sur. Ningún país del mundo se quedaría de brazos cruzados mientras asesinan y echan de sus hogares a sus ciudadanos. La respuesta de Rusia ha sido completamente proporcional al ataque de Georgia contra los ciudadanos rusos y sus tropas de mantenimiento de la paz. El presidente georgiano, Mijail Saakashvili, ha afirmado que ‘salvo que el mundo entero la detenga, Rusia podría enviar sus tanques a cualquier capital europea mañana mismo’. Está claro que Georgia quiere que esta disputa se convierta en algo más que en un corto y sangriento conflicto en la región”.

La edición alemana del mismo periódico publicó un editorial que confronta esta visión de Moscú: “Cuando comiencen las negociaciones habrá que trazar una línea roja. Rusia tiene que retirar a sus tropas de los territorios separatistas. Tiene que quedar claro que Georgia es ahora más pequeña, pero que sigue disfrutando de todos los derechos de un Estado independiente. Por extraño que suene: la pérdida definitiva de Abjasia y Osetia del Sur podría terminar siendo una ventaja para Georgia. En los últimos años, estas dos regiones han sido, ante todo, una pesada carga para el país”.

Al cierre de esta edición, pese al cese formal de los combates, la zona se mantiene en riesgo. Los próximos pasos podrían ser las declaraciones de independencia en cadena de Abjasia y Osetia del Sur, las dos repúblicas rusófilas que formalmente pertenecen a Georgia.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de agosto de 2008)

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