29 junio 2007

Con Macri desembarca el estilo Sarko

Dinámico, mediático, frontal, eficiente, descontracturado. Son algunas de las virtudes que le asignan sus partidarios. Más cerca del glamour de Silvio Berlusconi que de la olvidable chatura de José Aznar, la irrupción de Nicolás Sarkozy en la cancha grande de la política le quitó el polvo a la derecha europea. El triunfo en la capital argentina de Mauricio Macri (foto) es el primer reflejo criollo del efecto “Sarko”. Como contracara, y tal vez como parte de la explicación, la versión a la izquierda de ese dinamismo arrollador, que tuvo en Tony Blair su mejor exponente europeo, declina luego de una década de vaciamiento.

La figura política de Mauricio Macri se parece a un holograma. Está la imagen casi al alcance de la mano, pero cuando se intenta tocarla sólo se encuentra el vacío. Por eso cuando se analiza su triunfo electoral en la capital argentina la mayoría de los analistas deben recurrir a paralelismos. Poner en su lugar el cuerpo (ideológico) y la trayectoria (público-privada) de otros para que haya algo que tocar cuando se estira la mano hacia el holograma Macri. Cuando se quiere definir ese vacío en términos de ideología se recurre al presidente francés, Nicolás Sarkozy, quintaesencia de la joven derecha europea. Esa que al decir del presidente de la Cámara de diputados de Italia y líder de Refundación Comunista, Fausto Bertinotti, convence en Europa mejor que la izquierda porque al menos es portadora de una idea potente (“mala pero fuerte”) de sociedad. Y cuando lo que se quiere definir es la trayectoria de Macri, el paralelismo se construye con la figura del ex premier italiano Silvio Berlusconi, el empresario exitoso dueño de un equipo de fútbol de primer nivel que saltó a la política de un modo arrollador.

Pero más allá de los modelos europeos, también en América Latina hay una camada de políticos-empresarios que pueden emparentarse con el nuevo jefe de gobierno porteño. Entre ellos se destaca Sebastián Piñera (foto), principal referente de la oposición chilena y principal accionista del Colo-Colo. Piñera es más berlusconiano incluso que Macri, si se tiene en cuenta que es propietario de Chilevisión y que buena parte del éxito empresarial de Berlusconi está asociado con los medios de comunicación. Otros parientes latinoamericanos de Macri son menos conocidos internacionalmente pero presentan un parentesco más cercano, como es el caso del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, que además de dirigente de un popular equipo de fútbol ecuatoriano comparte con Macri los consejos del mismo asesor de campaña.

No es que los políticos empresarios sean una novedad en la región, pero se trata de casos que tienen puntos en común, en enfoque, trayectoria e imagen, con esa derecha europea que se sitúa en el arco que va de Sarkozy a Berlusconi.

EL MÚSCULO DE SARKOZY. Comparar la “ola azul” de Sarkozy con la “ola azul y oro” del presidente de Boca Juniors no es solamente un intento de encontrar lo que se esconde bajo la superficie plástica de un candidato aséptico (cuyo discurso, al decir de Página 12, parece venir “embalado en ese plástico que les ponen a las valijas en los aeropuertos”). Fue precisamente en ese diario argentino donde un artículo de Sandra Russo, ampliamente difundido en la blogósfera del Río de la Plata, no sólo comparaba a Macri con Sarkozy, sino que encontraba una similitud esencial en las motivaciones de los votantes de ambos políticos. Russo dejaba fuera de su análisis la “moderación” que el ex ministro del Interior francés y el empresario argentino habían mostrado en campaña, ya que votantes y candidatos establecen un pacto no escrito por el cual se sabe que la piel de cordero de los tiempos electorales no es nunca la real. “La gente vota recordando”, decía la analista con indudable acierto. “Los franceses votaron a un tipo que los protegerá, de la manera que sea necesaria, aun con la fuerza, de la invasión de negros”, escribía Russo, para luego agregar que en la Capital Federal argentina, donde hay un 10 por ciento de pobres y un 2 por ciento de indigentes, “los negros vienen de otra parte. Vienen del conurbano, donde se apiñan, donde se multiplican, donde sobreviven. Vienen a cartonear o a atenderse en los hospitales públicos. Vienen a cirujear, a vender porquerías en los semáforos o en el mejor de los casos a hacer changas irregulares en construcción o servicio doméstico”. Es de esa invasión interna que los votantes quisieron defenderse con Macri.

Espejo de Sarkozy, el político argentino esconde el músculo y esgrime la eficiencia. “A los cartoneros hay que transformarlos en recicladores industriales. Hay que ponerlos en espacios cerrados donde ellos mismos, con guantes y barbijos, hagan la separación de residuos”, afirmó en una entrevista con el diario Perfil. Una imagen de quirófano casi ingenua que no puede ser creíble (ni siquiera en tiempos electorales) si no viene acompañada de su sombra: invertir en seguridad. Pero la sombra tampoco tiene su explicación adjunta. Un holograma no se construye con largas fundamentaciones sino con eslóganes. Invertir en seguridad “porque la seguridad es libertad, progreso y dinámica”. Así de simple.

LA PIEL DE BERLUSCONI. Los medios europeos prefirieron asociar el desconocido nombre del político argentino con la figura ya arquetípica de Silvio Berlusconi, encarnación del ménage à trois de política-fútbol-empresas. Así lo hizo un editorial de El País de Madrid (“Millonario y conservador, como el ex primer ministro italiano, y dueño también de un poderoso equipo de fútbol”), y con ese recurso se despacharon también varias agencias de noticias, entre ellas afp. El perfil que traza Rafael Morales en la prensa de Islas Canarias es ilustrativo de esta asociación: “Lo primero a destacar de aquel personaje es su parecido con la trayectoria del italiano Silvio Berlusconi, y no sólo porque ejerza como multimillonario y dueño de un club de fútbol importante, sino también por su profunda capacidad para acumular fortuna gracias a la corrupción propia y la de los políticos que cortejó durante toda la vida su padre Franco Macri, importante industrial ítalo-argentino. Carlos Menem es para la familia Macri lo que Bettino Craxi fue para Berlusconi, refugio político principal y al mismo tiempo beneficiario de sus fechorías”.

En Terra Magazine, Ezequiel Fernández asegura que “Macri adoptó a Berlusconi como modelo de presidente de fútbol. Pero su referente político no fue Berlusconi, sino el también derechista Nebot (foto), que ya lleva dos mandatos seguidos como alcalde de Guayaquil. Nebot primero y Macri después adoptaron como estratega de sus respectivas campañas políticas al ecuatoriano Jaime Durán Barba. Pero tal vez, más que Durán Barba, fue el fútbol, en ambos casos, una enorme ayuda a la hora de ganar votos”. Pese a esto Nebot no pudo alcanzar la presidencia de su país. Perdió con el iracundo Abdalá Bucaram, otro ex presidente del Barcelona de Guayaquil.

INTANGIBLE. Un holograma es una proyección. La luz atraviesa un soporte, una placa holográfica, que se parece a un negativo fotográfico pero que tiene la peculiaridad de permitir que el objeto registrado en la placa se vea en el espacio en tres dimensiones aparentes. Es como si estuviera ahí, pero sólo es imagen. Si Macri es el holograma, la placa a través de la cual se proyecta la luz es su partido, el Pro. En la placa no hay una única imagen del objeto proyectado, sino múltiples, lo que permite que luego se vea tridimensionalmente. Una multiplicidad que no es fácil de tocar pero que aparenta ser la más concreta de las cosas. Al explicar su partido, Macri explica cómo funciona un holograma: “Es una propuesta posmoderna de gente común que se hartó de los guitarreros, que quiere ‘al pan, pan y al vino, vino’, y que no se casa con una corriente ideológica. Se casa con soluciones prácticas de cada problema. Es un partido posmoderno, por lo tanto, no se puede definir ideológicamente”. Concreto, pero imposible de tocar. Como los zapatos de Macri, que no tocan el barro.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 29 de junio de 2007)

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