08 marzo 2002

¿Xenofobia de entre casa?

En el bar del Barrio Sur acaba de terminar el partido de fútbol que, como todos los fines de semana, congrega frente al televisor a los mismos parroquianos. Con el pitazo final el paisaje sonoro cambia. Ya no se escuchan esas inconfundibles exclamaciones de cuando una pelota se estrella contra el travesaño, ni los insultos al juez. Ahora los comentarios son más distendidos y nuevamente empiezan a escucharse los ruidos de las sillas que se arrastran mientras los clientes van abandonando el bar y se preparan para volver a casa. Hasta que una frase dicha a voz en cuello sacude la modorra del domingo: "Están bravos estos bichos ¿eh?... cada vez hay más". El supuesto "bicho", un peruano que entró a comprar cigarrillos, no se da por aludido. O lo disimula.

El episodio sirve para reanimar la charla. Uno habla de cómo "nos quitan el trabajo", otro aporta que "en la pesca ya no hay lugar para los uruguayos, son todos de éstos", y no falta el que asegura que los andinos "están todos en la joda". El área comprendida entre el Barrio Sur y la Ciudad Vieja, especialmente entre las calles San José y Maldonado, es un ejemplo de las dificultades que tienen para convivir el nuevo Uruguay y sus nuevos inmigrantes. Quienes previenen contra la xenofobia de "entre casa" podrían obtener buen material escuchando las conversaciones de los tradicionales bares de esquina, pero si se desvía la mirada hacia los nuevos bares, los bares "de peruanos", el material que se obtiene le serviría a los críticos del multiculturalismo. Con las cortinas metálicas cerradas a cal y canto, con una pequeña abertura por puerta, iluminados con una luz mortecina, algunos bares regenteados y disfrutados por inmigrantes de origen andino, como el que hasta hace pocos meses estaba en Andes casi San José, parecen un calco de las cantinas de barrio limeñas. Son, en una primera mirada, sórdidos ejemplos de una tendencia a la guetización. Cuando se hila un poco más fino se puede ver en ese autoencierro un reflejo, o una reacción, ante el soterrado rechazo del entorno. Si se hila más fino todavía, y se concurre al mismo bar del televisor y los parroquianos, se puede comprobar que a otras horas y en otros días el rechazo del entorno remite: algunas de las mesas están ocupadas por grupos de amigos o matrimonios peruanos.

No hay nada mejor que la realidad, y su complejo juego de facetas, para prevenir contra la filosofía barata de domingo por la tarde. En todo caso, la queja de que "los de afuera" vienen a quedarse con los puestos de trabajo que corresponderían "a los de acá" no sólo es un argumento viejo, sino que es un argumento que también se aplica con los nacidos dentro del mismo país. En el año 2000 se produjo en Maldonado un debate que llegó a la Junta Departamental a raíz de un manifiesto de vecinos, algunos de ellos medianamente influyentes, que pedían que los empleos municipales se reservaran preferentemente "a los oriundos". En un departamento aluvional como Maldonado, que siempre atrajo a uruguayos de otras ciudades con su promesa de empleo zafral en la industria turística o de la construcción, no es fácil saber qué significa exactamente ser "oriundo", provocando una minipolémica sobre cuántos son los años de residencia fernandina que se necesitan para considerarse un digno hijo de la ciudad de la Cachimba del Rey. Pero no faltaron quienes se tomaron el tema más en serio y señalaron al manifiesto, sin demonizarlo, como un ejemplo del daño que la crisis económica puede hacerle a una comunidad. El debate sobre la multiculturalidad y la xenofobia no parece ser, después de todo, una discusión sobre la otra orilla del océano.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 8 de Marzo de 2002).

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