13 mayo 2005

Servidumbre

En cuentagotas, de tanto en tanto alguna noticia se escapa de la red de lo habitual y da cuenta de grupos de esclavos que fueron liberados en alguna hacienda brasileña, o incluso de inspectores de trabajo asesinados al borde del camino por las mafias de traficantes de personas. No son casos aislados. Aunque es difícil de cuantificar cuántas personas se encuentran en esa situación en el país vecino, un estudio revela que los brasileños obligados a trabajar en esclavitud son unos 25.000.

La OIT además de denunciar la esclavitud viene llevando a cabo campañas puntuales para acabar con esta práctica. Una de ellas se concentra en Brasil. El sitio web del organismo internacional constata que allí los trabajadores del sector de la explotación forestal y de los centros de producción de carbón a partir de la quema de árboles, así como los de las haciendas ganaderas, “siguen siendo víctimas del sistema de trabajo forzoso basado en la deuda y en la explotación. Al tiempo que aumenta la deforestación, se incrementa la servidumbre por deudas. Con la tala de los bosques y las selvas se crean haciendas ganaderas. Las personas en situación de servidumbre por deudas derriban árboles y se ocupan del ganado”.

La OIT narra en su informe que el caso típico de esclavitud es el de los trabajadores que contraen deudas y son reclutados por contratistas llamados “gatos”. A menudo los gatos eligen los territorios más pobres de Brasil y, muchas veces, las personas que firman los contratos deben desplazarse cientos de kilómetros para trabajar en zonas de explotación forestal o en haciendas ganaderas, y se les dice que tienen que pagar deudas en concepto de transporte. En otros casos –continúa indicando la investigación- los trabajadores son directamente “comprados” en residencias, donde posiblemente han acumulado deudas contraídas por concepto de alojamiento y consumo de alcohol. Así las cosas, “el gato salda las cuentas y el trabajador debe pagarle con trabajo: el único capital con que cuenta”. El esclavo termina viviendo en haciendas donde se suelen alimentar una vez al día, lo mínimo para recuperar sus fuerzas, y viven en condiciones tan precarias donde las enfermedades y las heridsas son habituales, pese a lo cual no disponen de acceso a la asistencia médica. Así se configuran situaciones en las que la persona llega a estar sin cobrar por años, y en las que, como ocurre en los centros de producción de carbón, hay familias enteras sometidas al trabajo esclavo.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de Mayo de 2005)

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