28 mayo 2004

Reconciliación pop

El sistema de puntuaciones del festival Eurovisión premia más la afinidad entre países que la calidad de las canciones que allí compiten. El hecho de que los televidentes puedan votar por teléfono, ya sea fijo o celular, convierte al evento en un termómetro de las cercanías y prejuicios que existen entre los pueblos del Viejo Mundo. A nadie extraña, por ejemplo, que griegos y chipriotas se obsequien con las más altas calificaciones, independientemente de las virtudes del vocalista de turno.

Lo nuevo de este año, sin embargo, fue que las reacciones del público balcánico parecieron desmentir el estereotipo de los odios ancestrales entre las distintas nacionalidades que componen el espacio ex yugoslavo. Transcurrida casi una década del final de la guerra de Bosnia que enfrentó a todos contra todos, y algo más desde la escaramuza relámpago que determinó la independencia de Eslovenia, los resultados de la fiesta pop parecen sugerir que los nacionalistas radicales no miran televisión o están quedando en franca minoría en sus propias sociedades.

Gracias a que el público de sus vecinos –y ex enemigos- Croacia y Eslovenia le otorgaron la máxima puntuación posible (12 en 12), el representante de Serbia y Montenegro, Zeljko Joksimovic, alcanzó el segundo lugar en la edición número 49 de Eurovisión. Sólo fue superado por la explosiva cantante ucraniana Ruslana Lyzhichko (foto), que ganó con un tema adecuadamente titulado “Danzas salvajes”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 28 de Mayo de 2004)

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