24 junio 2005

Plomeros polacos

El miedo al plomero polaco estuvo presente en la mayoría de los análisis que intentaron explicar el rechazo francés a la Constitución Europea. Con esa construcción imaginaria se hacía referencia al temor de los trabajadores franceses a una potencial invasión de obreros del Este de Europa que llegarían para quedarse con los puestos de trabajo de los nativos, amparados, supuestamente, en la nueva Europa que consagraba la Constitución rechazada.

Como todo temor, en especial cuando se trata de un temor estimulado políticamente, éste olvidaba que la presencia polaca en Francia tiene raíces históricas y culturales que van mucho más allá de una coyuntural búsqueda de empleos. Lo polaco y lo francés siempre han compartido una química que no puede explicarse solamente por la atracción de Napoleón por la condesa Walewska: desde la influencia de la obra del compositor Frederic Chopin hasta la celebrada trilogía del cineasta Krzysztof Kieslowski, buena parte de la cultura francesa tiene sus raíces en la vieja Polonia.

Tanto es así que los polacos decidieron tomarse el asunto en plan de broma y, tal vez amparados en la explicación freudiana que ve a la fobia como “evitación” de un deseo, utilizaron en su favor el estereotipo del temido plomero. El resultado puede verse en la página web de la Oficina de Turismo de Polonia*. Allí se publica un anuncio que muestra un plomero que con un eslogan en francés invita a visitar las atracciones turísticas polacas. Elzbieta Janek, directora de la Oficina de Turismo, desestimó que por el momento la imagen sea utilizada en forma de campaña masiva. Su explicación fue que "no tenemos presupuesto para ello, sólo contamos con un guapo fontanero y un paisaje detrás".

Al margen del golpe de efecto (“algunas revistas especializadas nos han dicho que la campaña era el golpe del año”, confesó Janek al corresponsal de El País), en Francia continúa el debate sobre el efecto que los trabajadores de la Europa ampliada podrían tener en el nivel y la calidad de empleo de los europeos occidentales. El tema llegó al Parlamento francés que estudia cómo reglamentar el encuadre legal de los nuevos trabajadores comunitarios independientes y evitar el llamado “dumping social”, una suerte de competencia desleal basada en utilizar los privilegios comunitarios para saltarse algunos principios del derecho laboral. Esta importación de mano de obra barata, que en algunas situaciones generaría efectos similares a los de la deslocalización pero ahora logrados sin necesidad de deslocalizar empresas, atentaría contra lo que los sindicatos europeos consideran “los pilares esenciales de la Europa social”: la calidad de los empleos y la seguridad de los trabajadores.

No todo el progresismo europeo está de acuerdo con esta mirada. Un artículo publicado en Liberation el jueves pasado bajo la firma de Denis Baupin, miembro del Consejo Nacional de los Verdes, postulaba que "la construcción de una mayoría progresista durable pasa por la reconquista de un imaginario europeo positivo, de una izquierda capaz de proclamar 'somos todos plomeros polacos', como supo decir 'somos todos judíos alemanes' en un mes de mayo más glorioso que este, en el cual el internacionalismo era todavía su horizonte".

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 24 de Junio de 2005).

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