03 febrero 2006

Lo que ocurrió en Portugal

El titular sobre el triunfo de la derecha en las elecciones presidenciales portuguesas del pasado domingo encierra muchos matices. El resultado era previsible, por más que persistía cierta incertidumbre respecto de si el socialista independiente Manuel Alegre podría forzar una segunda vuelta y retrasar la victoria de José Cavaco Silva (foto), lo que finalmente no logró. La complejidad del tema comienza por un punto que no por repetido deja de ser relevante: el candidato de derecha rechaza adjudicarse dicha etiqueta. Continúa por el margen de la victoria de Cavaco Silva, que si bien superó la mayoría absoluta fue más estrecho de lo que esperaba un sector del espectro político que lo votó. Ese sector de la opinión portuguesa auguraba una victoria aplastante de su candidato que permitiera no sólo obtener el sillón presidencial sino comenzar a colocar las bases para una revisión de régimen de gobierno.

Portugal, como es sabido, tiene un régimen parlamentario, por lo que el nuevo presidente tendrá poderes relativamente escasos en el marco de un gobierno que está encabezado por un primer ministro, el socialista José Sócrates. Una victoria aplastante de Cavaco en contra del partido del primer ministro hubiera sido el primer paso para reclamar, desde sectores de la derecha, iniciar el camino hacia un fortalecimiento constitucional de las atribuciones y de la figura del presidente.
Desde la prensa portuguesa se ha dicho que los socialistas probablemente hayan ganado más de lo que perdieron. Y ese es otro de los matices del resultado del domingo.

Un artículo de opinión del Diario de Noticias, titulado "El viejo PS, el nuevo PS", afirma que el segundo lugar obtenido por Alegre es una señal de que el socialismo de aparato fue derrotado por la generación del pragmatismo. El editorial no se concentra en presentar a Manuel Alegre como vencedor sobre Mario Soares (el candidato oficial del Partido Socialista, a la postre tercero), sino que sitúa al actual primer ministro José Sócrates como vencedor sobre ambos. "Matando dos pájaros (conejos, dice el refrán portugués) de un solo tiro, el líder socialista (Sócrates) reformó compulsivamente el soarismo y a la vez demostró que sólo él logra, en los tiempos que corren, vencer a la derecha".

En el mismo periódico, que tiene la sana costumbre de presentar en su página de opinión versiones contrapuestas, otro editorialista, Vicente Jorge Silva, opina que aunque Cavaco Silva será quien se coloque la banda presidencial, comparte el triunfo con Alegre, ya que éste demostró el divorcio entre las élites partidarias y el sentir de los electores. En opinión de este segundo editorialista, ni Sócrates ni la derecha pueden ser vistos como ganadores, sino que el triunfo correspondería a una suerte de “espacio de disenso” de los ciudadanos que se habría dado en ambos lados del espectro político (recuérdese que Cavaco Silva exhibió patente de independiente durante su campaña). La imposibilidad de considerar triunfador a Sócrates estaría dada por su fracaso en alinear el voto socialista detrás de Soares, en tanto que las dificultades de ver a la derecha orgánica como beneficiaria directa de la victoria de su candidato se basan –según Silva- en la complejidad de dibujar un claro perfil opositor ahora que su presidente deberá cohabitar con el primer ministro socialista.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 3 de Febrero de 2006)

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