13 enero 2006

La crisis después de la crisis

No hay una crisis humanitaria que sea peor que otra. Tampoco hay crisis humanitarias que puedan acotarse en el tiempo. Pese a estos axiomas, la información periodística y los reportes de las organizaciones internacionales trabajan en ambos filos de la navaja. Cada una con sus dinámicas, la prensa y la cooperación van estableciendo prioridades y contribuyendo a generar escenarios que brindan mayor o menor atención a determinadas regiones del planeta. Atención que luego se vincula al flujo o a la escasez de dinero para proyectos de reconstrucción, ayuda humanitaria y compromiso político. A contracorriente de ese ciclo, esta semana se conocieron dos informes, uno producido por una revista científica y otra por Médicos del Mundo, que intentaron mostrar una imagen precisa de lo que está pasando actualmente en dos situaciones que han experimentado, en diferentes momentos de su desarrollo, la sobrexposición y el olvido: el tsunami de diciembre del 2004 (con su efecto actual en la salud mental de las poblaciones afectadas) y la catástrofe humanitaria que vive la República Democrática del Congo.

De acuerdo con un documento de Médicos del Mundo sobre su trabajo en Sri Lanka, “el paso del tsunami actuó como una espoleta que reabrió las heridas mentales que miles de srilanqueses arrastran tras 50 años de conflicto civil. En las últimas fechas, las esperanzas depositadas en los acuerdos de paz entre cingaleses y tamiles han sufrido un grave retroceso con decenas de asesinatos, violaciones de los derechos humanos y agresiones a mujeres y niños por ambos bandos”. Agregaron que “en Trincomalee, distrito donde nuestra organización trabaja desde hace casi un año en un programa de salud mental, la tasa anual de suicidio consumado es del 2 por cada 1.000 habitantes, 200 veces superior a la española, y cada mes se diagnostican 20 nuevos casos de esquizofrenia”.

En la República Democrática del Congo, mientras tanto, se está produciendo una catástrofe humanitaria sin precedentes, aseguró en su número del 7 de enero la revista científica The Lancet. Luego de un profundo análisis que incluyó más de un año de trabajo de campo, los investigadores encontraron que ese país africano tiene una tasa de mortalidad mensual de 2,1 cada 1000 personas. Los números, que por sí solos pueden decir poco, ganan elocuencia si se piensa que esta cifra es un 40 por ciento mayor que la tasa de mortalidad que existe en la castigadísima zona del África subsahariana. Es decir, los congoleños están en una situación crítica incluso si se los compara con los más pobres de sus vecinos. Esto implica que cada mes, indica el informe de The Lancet, mueren en la República Democrática del Congo 38.000 personas que no habrían muerto si ese país tuviera las tasas de mortalidad de sus vecinos. Para los autores de la investigación, este defasaje se debe a las consecuencias del conflicto armado (que por sí solo ya había costado, entre 1998 y 2004, cuatro millones de vidas), por lo que “si todos los efectos de la violencia fuesen removidos, la mortalidad general del país podría descender hasta llegar a las tasas normales”.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 13 de Enero de 2006)

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