18 noviembre 2005

El Silencio

El nombre de una película de Mohsen Makhmalbaf (foto) puede resultar premonitorio. El disparador de El Silencio había sido una frase que la abuela del realizador pronunciaba con insistencia: “el que escuche música irá al infierno”. Ahora parece que ha cambiado el arte que los iraníes más ortodoxos ven como satanizable y es posible que sea necesario poner al cine en el lugar de la música.

El gobierno del nuevo presidente de ese país del Golfo, Mahmoud Ahmadinejad, el mismo que el mes pasado sacudió el tablero internacional al llamar a la eliminación de Israel, ahora enfoca su artillería contra la cultura. En este caso no se trata solamente de munición verbal sino que se acompaña de actos de gobierno mediante los cuales, por ejemplo, se colocó al frente de la cartera de Cultura a un ex integrante de los servicios de inteligencia. El antiguo espía tomó posesión de su cargo dejando en claro el tono de su gestión: "lo que queremos nosotros es un cine y un teatro conformes a nuestras creencias religiosas". Algo que está alineado con la tesis central que lleva adelante su presidente para convertir a Irán en una potencia regional: “reavivar los valores de la Revolución Islámica para conseguir nuestros objetivos políticos, económicos y culturales”.

Es probable que el resultado sea el silenciamiento de las voces más creativas de la manifestación cultural que ha tenido en los últimos años una mayor proyección internacional. Si eso ocurre, los espectadores uruguayos, país en cuya capital se programa frecuentes ciclos de cine iraní, se contarán entre los daños colaterales de esta política teocrática.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 18 de Noviembre de 2005).

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