20 enero 2006

El fragmentado encanto de la actualidad

La cartografía de las noticias de la semana dio por resultado un planisferio fragmentado en el que se destacó la aparición de diferencias entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en relación con Irán.

Mientras China y Rusia recomiendan prudencia, Estados Unidos y Europa se muestran proclives a instrumentar sanciones si el país del Golfo Pérsico no abandona el programa nuclear que reinició unilateralmente la semana pasada (ver Brecha del 13 de enero). El diferendo se centra en la presunción occidental de que el programa nuclear cuestionado pueda tener fines bélicos, aunque el gobierno iraní asegura que se trata de un esfuerzo pacífico vinculado exclusivamente a su matriz energética. El canciller ruso Sergey Lavrov (foto), que la semana pasada se había sentido decepcionado casi en un terreno personal debido a los pasos dados por Teherán, ahora reflotó la posibilidad de que el espinoso enriquecimiento de uranio se haga en territorio de la Federación Rusa. Pese a la importancia de la crisis, es casi seguro que no ocupará los comentarios de las personas después de hojear el diario o mirar el informativo.

Poco rusos, por ejemplo, prestarán atención a la posición de su país con respecto a Irán, ya que el tema excluyente de sus preocupaciones de seguro es la ola de frío que afecta a su capital en el límite de los 37 grados bajo cero. Tampoco será un asunto de alto interés para los japoneses, que deberían mirar con cierta atención como evoluciona China, su gravitante vecino, en la agenda internacional. Los japoneses estarán más pendientes de los análisis económicos sobre cómo afectará su vida cotidiana el desplome de la bolsa de Tokio originado en una empresa de internet que maquillaba sus números para mejorar el desempeño de sus acciones. De hecho, tampoco en China se piensa demasiado en Irán, ante el impacto de la noticia de una nueva víctima mortal de la gripe aviar, que elevó a seis el número de personas fallecidas por esa enfermedad en el país asiático.

Los europeos, por su parte, seguramente leyeron con más atención otras noticias. Ya sea la que trataba sobre un posible resurgir de su Constitución común, que había quedado en suspenso luego de la negativa del soberano francés, u otra de menor destaque sobre un fraude por internet que afectó al portal tributario británico. Esta última información, originada en The Times, fue reproducida en casi todos los países de la Unión. Los piratas informáticos se hicieron con un botín de más de 22 millones de euros abordando uno de los barcos insignia del gobierno electrónico inglés, el portal de Hacienda británica usando para ello su propio portal de Internet. Para lograrlo usurparon la identidad de 13.000 empleados ferroviarios y solicitaron en su nombre pequeñas cantidades de dinero que les correspondían a los trabajadores. Como es sabido, es difícil que la cartografía de las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos coincida con la de la sala de titulares.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 20 de Enero de 2006).

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