01 marzo 2002

Venezuela, la legitimidad cuestionada

La cobertura en directo que realizó CNN de la manifestación pro-coronel Soto, militar venezolano que pedía la renuncia del presidente Chávez, abandonó el tono “Guerra del Golfo” a que nos tiene acostumbrados la cadena de Atlanta (ese que asume al mundo como un sitio que sólo puede ser mostrado desde las azoteas de un hotel de Bagdad, sin improvisación y sin la vibrante “cámara al hombro” que tan buenos dividendos les dio a CBS y ABC el 11 de setiembre), y pasó a ser una aburrida espera, llena de sonido ambiente e inacción, en la cual una sorprendida presentadora esperaba que pasara algo a miles de kilómetros de distancia, donde un corresponsal hacía un puente con la transmisión de la televisora local Globovisión.

Esta inusual chapucería parecía darle la razón a uno de los aspectos que se destacaban en la última contratapa de Brecha: el escenario del coronel Soto, y de los militares que le siguieron en la exigencia de un cambio en la jefatura de la Nación, tuvo algo de prefabricado. Lo que está claro es que la asonada verbal logró una sobreexposición en los medios, fenómeno que tal vez no respondía tanto a una prestidigitación como a esa sensación que se ha generalizado en las redacciones y que dice que “Chávez no llega a fin de año”. En esa hipótesis lo que quería la CNN hispana era “su propio 5 de octubre”, para emular la fortuna de la CNN matriz que captó la toma del Parlamento serbio cuando solamente estaba filmando un acto de la oposición a Milosevic.

Por detrás, entonces, de esa visibilidad extrema, habría una confusión alrededor de lo no visible, que en el caso venezolano se centraría en una de las líneas de flotación de la democracia: la gobernabilidad. Mientras Soto se robaba las cámaras y Chávez (foto) guardaba un inusual (¿y expectante?) silencio, un foro académico organizado por la Universidad Central de Venezuela se preguntaba quién manda realmente en su país. La respuesta a esa pregunta, que el evento suavizó bajo el título de “dilemas de la construcción democrática”, puede dotar de sentido a lo que realmente está ocurriendo en ese país. Si atendemos a lo que se dijo en ese seminario, Venezuela sufre una desorientación generalizada de un sistema político en el que las élites tradicionales, hoy en la oposición, perdieron su capacidad de dar una respuesta clara en momentos en que las nuevas élites están demostrando su incapacidad de consolidar el poder en un contexto de recesión y descreimiento.

Lo que está cuestionado son las propias reglas de convivencia democrática. Un problema que nace desde el propio presidente de la república y que alcanza a la oposición, para sustituir al ausente debate político por una pulseada de cuarteles. Cuando los oficiales rebeldes se pronunciaron públicamente en contra de Chávez, la primera reacción de éste estuvo dirigida a la interna militar: “yo sé quién es quién en los cuarteles”. Una reacción lógica si seguimos el pensamiento de uno de los expositores en el seminario, Américo Martín, para quien Venezuela no tiene “ni una dictadura ni un sistema totalitario, sino un sistema democrático dirigido por un hombre que no es democrático”. El modo en que funciona esta paradoja puede comprenderse citando a otra de las participantes del foro, la politóloga Ana Julia Bozo: “Chávez ha demostrado en Venezuela que su actuación anti-institucional tiene el respaldo de una vasta mayoría de la población y ha argumentado que esa condición convierte sus actuaciones en democráticas en el sentido primario de esa acepción, gobierno con respaldo de la mayoría”. Curiosamente, la forma en que la oposición juega sus cartas no es muy diferente: a un militar mesiánico se le oponen nuevos militares mesiánicos, y al argumento de la legitimidad popular (últimamente cuestionada por las encuestas), se responde rodeando con una concentración a esos nuevos emergentes de uniforme y se los muestra por televisión.

(Artículo de Roberto López Belloso. Publicado en Brecha )

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