11 julio 2003

Los Balcanes: un mapa difuso

Aunque la fina ironía del escritor croata Miroslav Krleza fijó el kilómetro cero de los Balcanes en el lobby del lujoso Hotel Esplanade, de Zagreb, resulta arriesgado establecer un punto de partida tan preciso. Este espacio vital de tres religiones y doce pueblos difumina sus bordes sobre la Europa Central en uno de sus extremos y sobre Turquía en el otro.

Son balcánicos los ex yugoslavos, los albaneses, los rumanos y los búlgaros. Pero también los húngaros y los griegos, aunque no siempre les guste formar parte de ese conjunto. Lo que mejor define a esta península contenida por cinco mares son sus ríos. El Drina, el Vardar, el Saba y sobre todo el Danubio, forman el corazón de las montañosas tierras balcánicas, la Stare Planina.

Lugar de encuentro entre Oriente y Occidente desde tiempos del Imperio Romano, les ha tocado la suerte de toda frontera. Lo balcánico tiene algo de cada uno de los mundos que divide, pero no es ninguno de esos mundos. No en vano Julio Fuentes, periodista de raza muerto en Afganistán, se asombraba de que durante la guerra de Bosnia las mujeres musulmanas de la sitiada Sarajevo usaran el mismo perfume Paloma Picasso que estaba de moda en París.

El nombre de los Balcanes deriva de una palabra turca que significa montaña y esa es una de sus primeras paradojas, si se piensa que la construcción de las identidades nacionales balcánicas se hizo en oposición al dominio turco. Pero si forzamos un juego de lenguaje sin el menor valor etimológico, su nombre bien podría tener otra ortografía y haber derivado de la palabra eslava valka, que significa guerra, Porque la guerra ha sido una de las constantes del mundo balcánico. Guerras contra los poderes imperiales que quisieron anexarlos a su influencia, ya fueran Bizancio, el Imperio Otomano, el Imperio Austro-Húngaro, o las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Guerras en el marco de los efímeros reinos balcánicos medievales que tuvieron la osadía de disputar hegemonías cuando no tenían el músculo para hacerlo. Guerras en la búsqueda de un lugar propio dentro de un mapa que casi nunca ha sido entendido como compartible.

Los Balcanes son una falla geológica en medio de la historia. El Imperio Romano de Occidente terminaba en el Drina, en la actual Bosnia-Herzegovina, y allí comenzaba su mitad oriental. Era la frontera entre el catolicismo y la iglesia ortodoxa. Una línea divisoria que va a condicionar toda la historia posterior del espacio balcánico. En esa grieta al interior de la cristiandad se deslizará el Islam, como afirmó Predrag Matvejevitch (foto) en una acertadísima imagen.Y junto al Islam llegaría el Imperio Otomano, dueño de los Balcanes por quinientos años. En esa pulseada entre los turcos otomanos y los reinos cristianos estará el origen de esa confusión entre historia y mito que es evocada aún hoy para afilar los sables de los odios étnicos, las más de las veces sobre la piedra esmerilada del cálculo político o de intereses económicos. La lucha de la fe de Mahoma contra la fe de Cristo no sustituirá, sin embargo, el abismo que el cisma cristiano abrió como un hachazo entre los pueblos balcánicos. En pleno siglo XIX la Croacia católica seguirá enfrentándose a los turcos amparada en la monarquía dual de Austria-Hungría, en tanto que los serbios cristianos ortodoxos lucharán contra el turco con la esperanza puesta en la Rusia zarista, su Tercera Roma.

Todavía habrá grieta en los años de la Segunda Guerra Mundial, ahora dividiendo a los ustachi del estado fascista croata y a los partisanos eslavos que los combatían, en una herencia ideologizada de la pulseada austíaco-rusa. La grieta seguirá siendo frontera medio siglo más tarde en la guerra de Bosnia, ahora entre los partidarios de la Gran Croacia y los de la Gran Serbia. La historia y el mito se confunden. Las diferencias étnicas y religiosas no están solas. Las acompañan los campos minados que coloca entre los pueblos esa forma peculiarmente balcánica de asumir las mitologías: "Cada uno pretende tener raíces más profundas que el otro, razones más convincentes para apropiarse de los territorios vecinos: un Estado y un poder que zambullen en las brumas del pasado y que domina a las tribus dispersas de los alrededores. Los acontecimientos reales y sus representaciones ficticias se sustituyen unos a otros", explica Matvejevitch (foto), escritor nacido en Bosnia, tierra musulmana, hijo de una croata católica y de un ruso ortodoxo.

Cuando leemos las fragmentarias noticias sobre esa parte del mundo, que en pleno 2003 sigue produciendo información gracias al trabajo del Tribunal Penal Internacional, es bueno tener en cuenta esta permanente tensión entre historia y presente que siempre ha dominado la actualidad balcánica. Y recordar que así como el propio concepto de lo balcánico es difuso y fronterizo, también resulta difícil entender el juego circular de la responsabilidad de los unos y la desgracia de los otros. Esa ambigüedad es el signo distintivo de la tragedia balcánica.

Artículo de Roberto López Belloso, publicado en Brecha el 11 de Julio de 2003.

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