07 junio 2002

Senegal, entre los leones y el separatismo

Abdoulaye Wade puede jactarse de sus conocimientos futbolísticos. Antes de comenzar el Mundial de Fútbol, el presidente senegalés había anunciado que su equipo derrotaría a Francia por un gol a cero.El 31 de mayo “los leones”, como llaman al equipo africano, cumplió con los deseos de su mandatario. Tal vez por eso se lo vio tan sereno en las imágenes de los festejos en Dakar, de pie, envuelto en la bandera de su país, sosteniendo en una mano, a modo de cetro, una pelota de fútbol, mientras recorría las calles de la capital en un vehículo abierto rodeado por una multitud. Los asuntos de Estado, sin embargo, no son tan simples para Wade como una penca deportiva. Este político liberal, formado en La Sorbonne de París, derrotó en las elecciones de 2000 al histórico líder socialista Abdou Diouf , tras una larga, accidentada, pero inexorable carrera hacia el sillón presidencial.

Tres semanas antes de que Senegal sorprendiera al mundo futbolístico, los combates se habían recrudecido en la sureña región de Casamance. Si se mira el mapa senegalés se puede ver que el territorio de Gambia entra como una cuña desde el mar, pero sin la suficiente fuerza como para llegar hasta Malí, lo que produce un curioso efecto cartográfico que aleja al sur senegalés del centro del país. Agreguemos a esta figura, que el sur, hasta el comienzo de la guerra civil, era la zona más próspera, y que buena parte de su población no practica la religión musulmana que es mayoritaria en el resto de Senegal, y el resultado será una tierra fértil para el separatismo.

Liderada por el sacerdote católico Augustín Diamacoune Senghor, la guerrilla del Movimiento de las Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC), combate desde 1982 por la independencia de Casamance. Supuestamente la guerra civil estuvo alimentada durante toda la década de los ochenta por el apoyo y las armas que el entonces presidente de Guinea-Bissau, Joao Bernardo Viera, brindaba desde la frontera sur a los rebeldes. Los noventa mostraron una lucha intermitente, en la que se intercalaban los intentos de negociar la paz con los informes de organizaciones de derechos humanos que denunciaban la existencia de asesinatos en masa cometidos por los leales al gobierno.

La llegada al poder de Wade pareció alentar una solución negociada, pero hace menos de un mes se produjo una nueva escalada bélica. La semana pasada, los combates se concentraban en la pequeña ciudad de Diouloulou, localizada en la principal carretera que conecta el sur de Senegal con Gambia y, atravesando ese país, con el norte senegalés. En esa población, y en la cercana Diana, se rompió un frágil alto al fuego cuando una columna del MFDC mató a ocho militantes del partido de gobierno que se encontraban haciendo campaña para las elecciones municipales que se llevaron a cabo el 12 de mayo.

De acuerdo con informes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los enfrentamientos de mayo desplazaron a más de diez mil personas, que se encuentran como refugiados en la vecina Gambia. Uno de los más populares periódicos senegaleses, Wal Fajr (La Aurora), denunció que el rol de Gambia en el conflicto no se limita a lo humanitario, sino que estaría sirviendo como retaguardia al MFDC. Se basan en informes de inteligencia sobre la aparente facilidad con la que los rebeldes ingresan o salen del país vecino, y en la captura de varios separatistas con documentos de identidad expedidos por Gambia. Ese gobierno negó las acusaciones.

Desde el 31 de mayo, sin embargo, las primeras planas de los periódicos senegaleses han preferido concentrarse en el Mundial de Fútbol antes que en el conflicto, y teniendo en cuenta el partido del martes próximo, es seguro que esta semana en Dakar se hablará más de Uruguay que de Casamance.

Artículo de Roberto López Belloso. Publicado en Brecha el 7 de Junio de 2002.

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