08 febrero 2007

Nigeria: la línea de la sharia

Después de la explosión de un polvorín militar en la capital nigeriana, que dejó tras de sí casi un millar de muertos, un episodio de violencia barrial parecía destinado a pasar desapercibido. Al comienzo la policía aseguró que los desórdenes étnicos sólo habían provocado una víctima, aunque ya ese primer día la prensa internacional hablaba de no menos de una decena de muertos. Ahora se sabe que este nuevo estallido de violencia racial ha causado casi un centenar de fatalidades y el éxodo de una parte de la población de Lagos. Los enfrentamientos que comenzaron el dos de febrero evidenciaron, una vez más, el profundo conflicto que divide a cristianos y musulmanes en Nigeria. Ese día, un joven de la etnia yoruba bajó sus pantalones y comenzó a defecar frente a una mezquita de Idi Araba, un barrio de Lagos. Como los yorubas son cristianos, ese acto biológico fue interpretado como una ofensa teológica, desencadenando violentos enfrentamientos entre las etnias yoruba y haussa, esta última de religión islámica.

Los problemas entre las dos religiones son casi endémicos en Nigeria, donde varias provincias del norte del país están bajo la ley islámica, la sharia, cuyos preceptos se han extendido a la justicia ordinaria y deben ser cumplidos incluso por los no musulmanes. Esta situación hace temer que se pueda producir una sudanización de los tribunales, y que lleguen al norte de Nigeria las dantescas sentencias de amputaciones por robo y lapidación por adulterio que son habituales en Sudán y que, según se denunció el viernes pasado, en el último trimestre ya afectaron a una decena de personas, incluyendo a una mujer embarazada, Abok Alfa Akok, que espera en su celda el momento de ser apedreada hasta la muerte luego de haber sido acusada de adúltera. Abok Alfa Akok, de etnia dinka, tiene dieciocho años y no habla una sola palabra de árabe, idioma en el que se desarrolló su juicio.

La aplicación de la sharia en una de las provincias norteñas de Nigera, Kaduna, fue la mecha que encendió los enfrentamientos interreligiosos de mayo de 2000, que dejaron setecientos muertos. Cristianos y musulmanos volvieron a enfrentarse en la provincia de Bauchi en octubre de 2001 por el mismo motivo, aunque esta vez la cifra de víctimas fue menor. Lo religioso se combina con lo étnico, dando por resultado un cuadro de violencia intertribal que no se reduce a enfrentar a los yorubas contra los haussas, sino que también provocó guerras de algunos meses entre los tiv y otros grupos menores. El ejército, por su parte, a veces se comporta con displicencia y otras, como en la matanza de Benue, aporta su cuota de terror.

La ciudad de Jos, uno de los puntos turísticos del país, estuvo alejada de la violencia hasta la primera semana de setiembre del año pasado. Aunque organizaciones no gubernamentales habían alertado de la conflictividad potencial del lugar, y habían llegado a realizar seminarios y talleres para aliviar las tensiones entre cristianos y musulmanes, el estallido de los disturbios que enfrentaron a ambos grupos sorprendieron a todos. Cuando las aguas se calmaron, después de centenares de muertes y miles de casas destruidas, la ciudad había quedado dividida. No se trata de un muro, como ocurrió en Berlín, ni de una alambrada de púas como sucede en la capital de Chipre. La divisoria es mucho más precaria, pero igual de efectiva. Se trata de una simple línea pintada en el pavimiento. La llaman “la línea de la sharia”, y mantiene a los cristianos alejados del barrio de Angwan Rogo, zona predominantemente musulmana.

Un cuadro de violencia que no es nuevo en un país en el que se combinan la intolerancia, el autoritarismo y la pobreza. Una pobreza que se vuelve paradójica si se piensa, por ejemplo, que desde 1958 el petróleo nigeriano ha reportado a la Shell treinta y ocho mil millones de dólares. No se trata de la única empresa beneficiaria de las riquezas naturales de Nigeria. La compañía Chevron planifica construir un polémico pero rentable gasoducto para llevar gas a Benin, Togo y Ganha; en tanto que este 25 de enero la Exxon anunció que acaba de descubrir petróleo en la plataforma continental nigeriana, novedad que podría reportar seis mil barriles diarios, según los expertos de de esta empresa basada en Texas.

(Artículo de Roberto López Belloso. Publicado en Brecha )

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