15 febrero 2002

Madagascar, entre el fraude y los fantasmas

¿Es legítimo un fraude electoral para evitar la llegada al poder de un político de inspiración nazi? Esa es la pregunta que, según la mejor de las hipótesis, se hizo a comienzos de año el gobierno de Madagascar. Pero también es posible que la pregunta haya sido otra: ¿es legítimo acusar de nazi al candidato opositor para justificar así un fraude electoral a favor de un presidente que va por su quinto mandato?. Todo parece indicar que, en cualquier caso, la respuesta fue positiva. Dentro de dos semanas Madagascar debería celebrar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre el actual mandatario Didier Ratsiraka y el opositor Marc Ravalomanana, alcalde de Tananarive, la ciudad capital. El martes pasado la Organización de la Unidad Africana pidió al gobierno que postergue la votación hasta que los comicios tengan las garantías mínimas de legitimidad. Esta intervención y la mediación de una figura internacional de primer orden, que según el Madagascar Tribune podría ser el exPresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, serían las claves para acercar las posiciones en una crisis que lleva semanas de protestas pacíficas. El 9 de enero, más de doscientos mil opositores se congregaron en la plaza 13 de Mayo para manifestar contra lo que consideran un fraude electoral. Según sus partidarios, Ravalomana ganó la presidencia con más del 75 por ciento de los votos. Las cifras oficiales indicaron que el 16 de diciembre Ravalomana obtuvo poco más del 44 por ciento, por lo que se habilitó el mecanismo de la segunda vuelta. El llamado “consorcio de observadores”, formado por representantes de la sociedad civil y líderes religiosos, indicó que el candidato opositor superó la barrera del cincuenta por ciento de los votos, pero agregaron que lo hizo por menos de un punto porcentual.

Didier Ratsiraka, que en su momento fuera gobernante del Madagascar socialista, está buscando su quinto período presidencial, lo que le permitiría superar las dos décadas y media al frente de esa enorme isla del Océano Índico y seguir ostentando su título actual de “padre de la nación”. Si se lo compara con su rival, se entiende rápidamente que ambos líderes no podrían ser más distintos. Ravalomana es un benjamín de la política; multimillonario, devoto cristiano, sin un partido político que lo respalde, cultiva la imagen moderna de un empresario eficiente que se lanzó al ruedo para cumplir una promesa tan simple como efectiva: trabajo para todos.
El debate entre estas dos figuras excluyentes del panorama político de Madagascar empezó a ensuciarse desde un comienzo. Las acusaciones más duras que los oficialistas han lanzado contra Ravalomana lo comparan con Hitler, en tanto que las más suaves lo califican de “colonialista y racista”. El peligro de estos “cargos” aparentemente más blandos, es que refieren a una herida real en el tejido étnico del país.

Ravalomana (foto) es de etnia merina, y aunque su campaña no tuvo un foco étnico, analistas locales aseguraron al diario francés Le Monde que el triunfo del ex alcalde podría ser visto por los merinas como “una revancha histórica”. Los merinas, corazón de la realeza pre-colonial, se consideran a sí mismos como la élite del país. Fueron alfabetizados por misioneros ingleses y entraron rápidamente en contacto con los colonizadores franceses, lo que les permitió dominar los puestos coloniales reservados a los locales. Esta situación contribuyó a enriquecerlos y, en consecuencia, la combinación de saber, puestos burocráticos claves y dinero, les colocó realmente en una posición de poder al interior de la isla. Los procesos de descolonización implicaron también, en algunos casos, un reacomodamiento al interior de las relaciones interétnicas de los nacientes países africanos. En Madagascar, la independencia alejó a los merinas de su sitial de privilegio. El estado del antiguo palacio real, en ruinas desde que un incendio lo destruyó en 1995, simboliza esa decadencia. Pero las imágenes de la BBC que a comienzos de mes mostraron las multitudinarias manifestaciones a favor de Ravalomana, pronostican que en una segunda vuelta con garantías es probable que un merina vuelva a sentarse en el sillón principal de un palacio, en este caso el palacio presidencial.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 15 de Febrero de 2002).

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