16 diciembre 2005

La elasticidad de las urnas

El martes pasado el ex futbolista liberiano George Weah volvió denunciar fraude en las elecciones de su país. Candidato derrotado por la economista Ellen Jhonson-Sirleaf (foto), el Rey George no se conforma con su suerte y anuncia que sus seguidores bloquearán la toma de posesión. La noticia circuló de manera casi clandestina en la prensa internacional, contrariamente a lo que había ocurrido con la información sobre la campaña electoral. El interés que despierta un antiguo astro del balompié pugnando por la primera magistratura de un país africano es inversamente proporcional al que genera ese mismo candidato negándose a reconocer su derrota. Así como las noticias sobre la campaña casi no mencionaban el programa de Weah para sacar al país del abismo en que lo había hundido una guerra civil de 14 años, ahora no hay una sola línea que profundice sobre cómo habría ocurrido el supuesto fraude que denuncia Weah.

Esta ausencia no es un problema exclusivo de la dinámica de la información internacional. Ocurre que el concepto de elecciones limpias en los países que están saliendo de situaciones de crisis es un concepto elástico. No debería serlo. Pero lo es. En 1996 el candidato de derecha Arnoldo Alemán se proclamó presidente de Nicaragua, sucediendo a Violeta Chamorro y derrotando al sandinista Daniel Ortega. Al día siguiente de la votación se escucharon voces provenientes del sandinismo acerca de la existencia de irregularidades y reclamando el recuento de votos en algunas mesas. No fue difícil para la prensa acreditada comprobar lo acertado de esas denuncias. Las urnas eran de cartón y comenzaron a “desintegrarse” durante las largas filas que tenían que hacer los presidentes de mesa y delegados partidarios frente al local de la autoridad electoral. El fuerte sol de la mañana siguiente llevó a algunos a romper las urnas y usar sus cartones como improvisadas sombrillas, mientras los votos descansaban en bolsones de plástico. Otros, cansados por la larga espera, extendían el cartón de las urnas formando un tatami tropical sobre el que se tendían a dormir. A medida que pasaban las horas los delegados partidarios iban desertando y sólo quedaban los presidentes de mesa. En algunos casos un mismo funcionario cuidaba cinco o seis bolsones de votos de diferentes circuitos. Este periodista puedo ver, por ejemplo, cómo a plena luz del día varias de las bolsas eran cambiadas por otras, con un contenido más adecuado al gusto político del organizador de la maniobra. Aunque siempre se podía contar con los formularios del escrutinio primario, es evidente que luego de esa caótica entrega de urnas ya no sería posible hacer ningún recuento de votos.

No extrañó a nadie, entonces, que empezaran a aparecer las protestas sobre inconsistencias entre las planillas de los delegados partidarios y las cifras que iba difundiendo la autoridad electoral. Ni tampoco extrañó a nadie que se encontraran en el basurero municipal de Managua centenares de votos válidos, todos, casualmente, emitidos a favor del Frente Sandinista. A la noche, los observadores internacionales, encabezados por el ex Presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, felicitaron al país por la limpieza de los comicios. Una pregunta pertinente es si en una situación polarizada como la que vivía ese país centroamericano en 1996, Carter hubiera podido decir otra cosa.

Ahora la comunidad internacional pide que Weah reconozca su derrota y evite un enfrentamiento interno. En cierta medida, lo que sugiere aquella actitud de Carter es que hay veces en que la estabilidad y la limpieza electoral, dos dimensiones de la gobernabilidad democrática, parecen no poder alcanzarse de manera simultánea. Tal vez lo que ahora en verdad le están diciendo a Weah otros presidentes africanos (como el de Sudáfrica o el de Ghana) es que en esta elección de posguerra lo más importante es posicionar a las urnas como un componente de estabilidad, y que la limpieza electoral vendrá después. Una posición polémica que no siempre es fácil de digerir, especialmente para un candidato que siente que le arrebataron en la liga una victoria que dice haber obtenido en la cancha. En este punto hay otra pregunta pertinente: cómo lograr la estabilidad si no existe una limpieza de procedimientos que coloque a las urnas como el medio más eficiente para dirimir las disputas políticas de una sociedad. Por el momento lo que no existe es información clara sobre una investigación seria que desmienta o confirme las afirmaciones de Weah.


(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 16 de Diciembre de 2005).

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