17 abril 2003

La cárcel

El procedimiento no es extraño. Cuando alguien intenta fugar de una prisión, la guardia tira a matar. Con la ejecución de tres personas que querían escapar de Cuba el régimen emite una señal clara, a medio camino entre la medida ejemplarizante y el manotazo de ahogado. El gobierno de ese país, a través de un juicio sumario de tres días, terminó por aceptar la más dura acusación que le hacen sus detractores: la Cuba de hoy es una cárcel.

Este once de abril a la madrugada, las balas del pelotón de fusilamiento desgarraron mucho más que el cuerpo de los tres condenados. Fue, probablemente, la sentencia de muerte a uno de los procesos políticos que tuvo mayor impacto en la historia reciente de América Latina. El tiro de gracia a los últimos espacios de legitimidad que el régimen conservaba ante la opinión pública internacional. Todo país es una construcción simbólica. Desde ese punto de vista, todo país es más de un país.

Cuando desde afuera de Cuba se debate acerca de Cuba, no se está poniendo en cuestión al régimen que juzga y condena a los disidentes, sino que lo que está en juego, tanto para quienes acusan como para quienes defienden, es esa construcción simbólica que emergió de la Revolución Cubana. La isla del Caribe es el soporte físico de ese significado, pero no es el significado, así como la palabra pan no es lo que nos quita el hambre. Un punto en el que la semiótica moderna se emparenta con algo que ya estaba presente en Aristóteles cuando establecía la relación entre la esencia de las cosas (“lo que puede ser comprendido y dicho de las cosas, aun cuando no estén presentes”, Eco dixit) y la materia de que están hechas. Esa relación/divorcio es la que lleva a las paradojas que se han podido observar en estos días: connotados cómplices de violaciones a los derechos humanos en Uruguay defendiendo a las víctimas del régimen cubano, mientras muchos de quienes sufrieron a la dictadura uruguaya parecen justificar los abusos de Castro. Pero no hay paradoja ni doble discurso. Ninguno, ni los defensores ni los detractores, está hablando de los muertos de este 11 de abril ni de los disidentes amordazados.

Ramona Copello Castillo lo dijo con la lucidez que sólo da el desgarramiento de una madre a la que acaban de matarle a un hijo: "Yo soy fidelista. Yo amo a mi patria. Pero ahora ya no amo a Fidel ni a la Revolución porque me fusilaron a mi hijo injustamente". Hay una Cuba que es la que surge de la Revolución de 1959 y que es la que defienden quienes bienintencionadamente acusan de servidores del imperialismo a los desesperados ciudadanos capaces de hacer cualquier cosa (incluso un secuestro a mano armada, o incluso -¿por qué no habrían de hacerlo?- aceptar la ayuda de Estados Unidos) con tal de escapar de la cárcel en que se ha convertido su país. Esa Cuba idealizada aún existe, pero se ha separado del referente concreto que la contenía. Hoy sobrevive en el territorio inmaterial de quienes todavía se sienten inspirados por aquel episodio histórico y sus corolarios de justicia social, pero ha perdido todo lazo de contacto con el régimen político que surgió de aquella Revolución.

Luego existe una segunda Cuba (por no hablar de las distintas Cubas del exilio), la Cuba que se concreta en un Estado que cercena las libertades de sus ciudadanos y que es capaz de matar a quien intenta escapar de su perímetro. Ambas conviven como siamesas y muchas veces no saben que son dos organismos diferentes. La Cuba de hoy parasita a la Cuba de los años sesenta, y aquella mítica Cuba arrastra pesadamente los crímenes del régimen actual, como si tuviera la culpa. La semiótica, que no es otra cosa que una explicitación de lo que toda persona sabe y usa intuitivamente para comunicarse, puede ofrecer algunas pistas sobre los límites entre una y otra, y puede sugerir que no hay contradicción real entre defender a Fidel y criticar a Castro. Mientras tanto, los juicios sumarios continúan su curso y el número de presos políticos en las cárceles cubanas aumenta.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 14 de Abril de 2003).

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