25 enero 2002

Gran Hermano ruso

A Milan Kundera nunca le gustó 1984. Consideraba que si George Orwell quería denunciar el estalinismo de una manera tan burda, debería haber escrito un panfleto antes que una novela. El tiempo dejó esa polémica atrás y hoy, mientras intenta navegar su transición hacia la economía de mercado, Rusia construyó su Gran Hermano. Lo bautizó "Za Steklom 2: Posledny Bifshteks". Es decir, “Detrás del cristal 2: el último churrasco”. En ese popular reality show, doce jóvenes encerrados en una gran estructura de vidrio eran espiados por la audiencia rusa, tres veces al día. Los verbos están en tiempo pasado porque desde la madrugada del último martes, TV6, el canal que emitía este popular programa y que era la única cadena nacional independiente que quedaba en Rusia, fue sacada del aire por orden oficial. El silenciamiento de TV6 se suma a la nacionalización de ORT y a la operación que le quitó NTV al millonario Vladímir Gusinki, opositor al presidente Putin.

La interpretación de los hechos varía según quien los analiza. El dueño de TV6, el magnate de la prensa Borís Berezovski, dijo desde su autoexilio londinense que esta medida era una confirmación más de que en Rusia nadie puede decir libremente lo que piensa. El periodista Andrei Zolotov escribió en el Moscú Times, este miércoles, que hay quienes leen la medida como parte de una campaña del Kremlin para terminar con la influencia de los grandes grupos económicos en la comunicación masiva, aunque adelantó su temor de que, en un escenario futuro, la verdadera víctima sea la diversidad de opiniones. El Kremlin dice que no tiene nada que ver, ya que, formalmente, el cierre de TV6 fue dispuesto por el Alto Tribunal de Arbitraje de Moscú, que a pedido de un socio minoritario del paquete de accionistas del canal, hizo cumplir las disposiciones que ordenan la bancarrota de una compañía basándose en los resultados del último ejercicio económico. Viktor Shenderovich, una de las figuras más populares de la televisión rusa, se mostró asombrado de que se aplique contra la cadena una disposición burocrática que no se usa contra empresas de otros rubros que siguen operando a pesar de estar virtualmente quebradas.

La interna de este silenciamiento fue analizada por Yulia Latynina, columnista de Inside Rusia: si cuando se golpeó a NTV había unidad en el Kremlin, ahora el Presidente Putin está rodeado por dos bandos, uno que apoya la continuidad de TV6, y otro que quiere hacerse con la licencia para montar un canal progubernamental con incidencia de la Iglesia Ortodoxa. Más allá de los problemas de cúpulas, y si bien el Ministro de Prensa, Mijail Lessin, declaró que el presidente Putin le pidió que hiciera “todo lo posible por mantener a los periodistas de TV6 en el aire”, el verdadero perseguido parece ser el periodismo independiente. No en vano el equipo de TV6 es el mismo que perdió sus trabajos cuando el crack de NTV. El real Gran Hermano parecería ser otro, menos inocente y trivial que una batería de cámaras que registra la vida cotidiana de una docena de jóvenes que intrigan y fingen para no ser expulsados de una pecera.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 25 de enero de 2002).

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