14 marzo 2003

El inevitable “no” de París

El presidente lucía tranquilo y hasta se permitía apelar a una ironía de bajo perfil desde el terreno de la gestualidad. Estaba sentado tras una mesa en un salón señorial que fue objeto de más de un paneo por el director de cámaras, como si se quisiera reafirmar un refinamiento que, a través de la exhibición del entorno, contagiaba al contenido de lo que se estaba diciendo. Las sillas de los dos periodistas estaban separadas de la mesa del mandatario, pautando a través de esa distancia que no se estaba ante una entrevista ordinaria. Era el presidente de Francia devolviendo a su nación el rol central que alguna vez tuvo en la escena política internacional.

Al otro día Le Monde tituló su editorial calificando las palabras de Chirac como “Un hermoso no”. Las implicancias de la postura francesa van más allá de una negativa puntual a la guerra sobre Irak y vienen de mucho más atrás. El propio carácter del “no” es algo “muy francés” para llamarlo de algún modo. A finales de los noventa, una campaña institucional sobre los homenajes al General De Gaulle habían llenado París con afiches que podrían integrar cualquier antología de la comunicación publicitaria. Dentro del afiche un niño miraba un afiche con la foto de De Gaulle y le preguntaba a un amigo, “¿y este quién es?”; a lo que el otro niño contestaba: “el que dijo no”. En ese No gaullista estaba toda una definición política y metafísica de Francia, oponiendo la Francia de la Resistencia a la Francia colaboracionista de Petain.

Con esa dualidad jugaba la diplomacia estadounidense cuando criticaba la oposición gala a una guerra contra Irak como un resabio de “la vieja europa”. Habían entendido todo exactamente al revés. El “hermoso no” que según Le Monde se pronunció la noche del lunes 10 por parte de Chirac era, tal como lo infirieron los periodistas que desde un segundo plano conducían la entrevista, un no “gaullista”. El gesto, más allá de las motivaciones políticas de fondo, si se lo analiza pura y exclusivamente como gesto, fue más allá de esta referencia totémica, y respondió, sin duda, al compromiso que implicó para Chirac el haber sido elegido con la impresionante unanimidad del 82 por ciento de los votos. La necesidad de cerrarle el camino al ultraderechista Le Pen, transfromó a Chirac, un conservador de derecha, en el presidente de la República.

Esta nota estaba, también, tras el discurso del lunes. El fondo de la cuestión podía ser otro, pero la forma estaba teñida de ese espíritu.Sin embargo, esta diferencia de postura entre Francia y Estados Unidos no es nada nuevo ni inesperado. Ya en febrero de 2002, el Comisario de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Chris Patten, polemizaba con el secretario de Estado Colin Powell sobre el uso de la fuerza. Patten expresaba el temor de que la guerra sobre Afganistán pudiera haber “reforzado algunos instintos peligrosos, por ejemplo, que la proyección de poder militar es la única base para contar con una real seguridad; que EEUU puede no apoyarse en nadie excepto en sí mismo; y que los aliados pueden ser útiles como una opción accesoria".

El experto en temas internacionales Robert Kagan, que puede ser calificado como uno de los partidarios de la “doctrina Bush” de anticipación preventiva, fue de los primero en anunciar el choque entre las diplomacias europea y estadounidense de cara a la resolución de las crisis internacionales como la que está planteada en Irak. En su artículo “Poder y Debilidad”, publicado en el número de junio de 2002 de la revista Policy Review, afirmó que Europa es profundamente multilateralista porque es militarmente débil, y que Estados Unidos es unilateralista porque es fuerte. En un análisis de Mariano Aguirre para Radio Netherland, aseguró que Europa se ha desarrollado durante la Guerra Fría al amparo de el poder militar norteamericano y que espera, en definitiva, que sea Washington quien intervenga y use la fuerza en casos como Bosnia o Afganistán. Pero, a la vez, quiere que Estados Unidos se pliegue a las reglas del multilateralismo. Según Fagan, el multilateralismo será para Estados Unidos "a la carta". En palabras de Aguirre, esto implica que sólo lo usa si lo necesita.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 14 de Marzo de 2003).

Etiquetas: , ,