27 febrero 2006

El gran error

El ex presidente bosniaco, Alija Izetbegovic, lo llamó “nuestro gran error”. Siete años después de terminada la guerra de Bosnia, el campo de entrenamiento de Pogorelica volvió esta semana a los titulares de la prensa de Sarajevo. El motivo de este resurgir de las cenizas es el juicio que se viene siguiendo a sus responsables, incluido el ex jefe de inteligencia de los bosniomusulmanes, Bakir Alispahic.

El escándalo de Pogorelica incluye acusasiones de entrenamiento de terroristas, de asesinatos en masa cometidos contra refugiados croatas, de atentados contra iglesias católicas, y brinda detalles de un complot para asesinar al Papa Juan Pablo II durante su visita de 1997 a Sarajevo. Una caja de pandora que amenaza con salpicar a los aparatos de seguridad de varios países musulmanes, y que es vista con regocijo por los serbobosnios, ya que desde Banja Luka se evalúa que la existencia de una sentencia judicial probatoria de que los bosniomusulmanes cometieron crímenes de guerra y estaban ligados al terrorismo islamista, aliviaría la presión contra los serbios acusados de genocidio.

El caso Pogorelica sale a la luz en un mes signado por los escándalos. A principios de mayo, las fuerzas de la OTAN estacionadas en la dividida ciudad de Mostar encontraron tres enormes arsenales conteniendo nueve mil municiones para morteros de 120 milímetros y varias toneladas de pólvora, que eran guardadas por los bosniomusulmanes como un “seguro” para el caso de que fracasara la paz de Dayton. En plena ciudad, los sótanos de la telefónica, de una fábrica textil y de una tabacalera, alojaban una cantidad de explosivos suficiente para matar, en caso de accidente, a todos quienes vivieran en un radio de cinco cuadras a la redonda, y de herir gravemente al 80 por ciento de la población que habita a menos de un kilómetro y medio de cada arsenal.

Al hallazgo de estas armas se suma el no hallazgo de otras. Varios medios de prensa han acusado al partido gobernante, SPD, socialdemócrata, de realizar la curiosa maniobra de venderle a Israel las armas y municiones que Arabia Saudita había obsequiado a los musulmanes bosniacos. El gobierno se defiende diciendo que Israel fue sólo un intermediario y que el equipo militar tuvo como destinatario final a Camerún. Los acusadores contraatacaron indicando que lo que se le vendió a Camerún fueron 31 blindados de procedencia francesa, pero que eso no explica qué pasó con las armas saudíes.

De cara a las elecciones de octubre, los otros partidos de la arena bosniaca también deben enfrentar acusaciones de corrupción. El Partido para Bosnia-Herzegovina, SzBiH, fue señalado como receptor de 20 millones de dólares que habrían sido aportados por Pakistán para financiar una campaña electoral promusulmana. Mientras tanto, los nacionalistas croatas y los nacionalistas bosnios están intentando superar rupturas internas y escándalos de menor proyección internacional.

Por el momento, el juicio de Pogorelica amenaza con opacar el resto de los episodios. Para lograrlo tiene a su favor una supuesta vinculación con el terrorismo islamista en momentos en que la opinión pública occidental es particularmente sensible al tema. Situado a 40 kilómetros de Sarajevo, el campo de Pogorelica habría sido transformado en un centro de ejecuciones extrajudiciales al final de la guerra de Bosnia, y luego habría sido reciclado como lugar de entrenamiento de fundamentalistas islámicos, con la cooperación técnica de agentes del servicio secreto iraní, el MOIS. De Pogorelica también habrían salido los planes para colocar 23 minas antitanques debajo de un puente situado en el trayecto del papamóvil por Sarajevo, así como el intento de asesinar al autoproclamado presidente de una fugaz República Bosnia del Oeste. Estas sospechas forman parte de un voluminoso expediente que debió de haberse comenzado a tramitar el 16 de febrero de 1996, cuando el general estadounidense a cargo de los cascos azules en Bosnia firmó el escrito de acusación formal, pero que estuvo congelado durante más de seis años, tal vez por su enorme potencial de implicar a las primeras figuras de la arena política bosniaca.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha)

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