08 agosto 2003

El eco de los confines

La semana pasada Slobodan Milosevic se negó a comparecer ante el tribunal que lo juzga por crímenes de guerra, ya que estaba algo resfriado. Si bien ahora se encuentra bastante mejor, tampoco es seguro que aparezca en sala en los próximos días.

Sus abogados aseguran que no lo hará hasta que le garanticen que la sesión será televisada. Esta postura del acusado no le ha impedido al Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia seguir tomando declaraciones a los testigos. Ahora le ha tocado el turno a expertos en ciencias políticas, que intentan desentrañar cómo Milosevic fue desmontando, premeditadamente y en beneficio del nacionalismo serbio, la mecánica institucional titista que se basaba en el consenso y los balances entre las nacionalidades que componían la Federación. Tales fueron las opiniones sostenidas por el Dr Audrey Budding, especialista en temas internacionales de la Universidad de Harvad. Pero Budding no colocó toda la responsabilidad sobre los hombros de Slobo. Aseguró que la poca sensibilidad de los políticos croatas hacia la minoría serbia que habitaba en su territorio, ayudó a Milosevic a radicalizar en su favor a los serbios de la Krajina de Knin. Algo que ocurría hace exactamente trece años, en el agosto de 1990.

La Krajina, los confines militares, era el corazón de la identidad serbia dentro de Croacia. Una zona que en el siglo XVI formaba la frontera del Imperio Austríaco de los Habsburgo, y que estaba organizada militarmente para detener el avance turco. Según Claudio Magris (foto), “una larga franja autónoma que se extendía a lo largo de mil kilómetros, en defensa del imperio” y que era “el alma de la conjunción danubiana”. Desde 1690 se instalaron en la Krajina los serbios provenientes de las Grandes Migraciones, que llegaban desde su tierra ocupada por los otomanos, huyendo de la represión que seguía a cada insurrección independentista. En general eran migraciones provenientes de Kosovo, la patria espiritual de los serbios, y lideradas por patriarcas ortodoxos, lo que contribuía a dotarlas de un carácter místico.Los campesinos que vivían en Krajina no debían someterse a la servidumbre feudal, sino que sus obligaciones eran militares. Esto, sumado a la tolerancia de los Habsburgo con el ejercicio de la religión cristiana ortodoxa por parte de los habitantes de esas provincias, hizo de Krajina una suerte de nueva tierra prometida. Allí los serbios vivían en la zadruga, “la indivisa comunidad familiar de bienes y de sangre, la unidad indistinta de vínculos, afectos y propiedades”, citando a Magris, nuevamente. Cuando dos siglos más tarde los confines militares fueron eliminados por decreto imperial, los serbios ya habían fijado raíces. En 1931 eran más de la mitad de la población en 12 distritos de Krajina.

En 1991, sesenta años más tarde, todavía eran la mayoría absoluta en 11 de aquellas 12 comunas. Nunca tuvieron una convivencia fácil con sus vecinos croatas. Y esto ayudó a que la Krajina de Knin entrara en ebullición en el verano europeo de 1990. Hasta ese momento la constitución croata definía al país como “el Estado de los croatas, los serbios y otros pueblos y nacionalidades que aquí viven”. Pero el 25 julio de ese año, el nuevo parlamento croata eliminó la referencia a los serbios como pueblo constitutivo del país y les dio el estatus de minoría, a la vez que suprimía todo uso del alfabeto cirílico y se comenzaba el proceso de croatización de la lengua. Estas medidas, junto al regreso al escudo con el damero rojo y blanco que se asociaba con el emblema fascista de la Segunda Guerra Mundial, daban sustento a la propaganda anticroata de Belgrado, que agitaba el temor a la resurrección del Estado ustacha títere de los nazis. Al mismo tiempo, en una comuna que seguramente no fue elegida al azar, ya que se llamaba Serbia, una asamblea de miles de serbios declaraba el nacimiento de la Región Autónoma de la Krajina Serbia, en territorio croata. Era el comienzo de lo que poco más tarde daría lugar a la guerra de Croacia, clave en el proceso de desintegración de Yugoslavia.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 8 de Agosto de 2003).

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