23 agosto 2003

El caluroso verano del río Bistrica

Hoy, como todos los viernes, llegará el convoy de ayuda humanitaria de las tropas italianas al enclave Gorazdevac, un antiguo poblado de la provincia de Kosovo, donde sus habitantes serbios llevan una vida de prisioneros. Si se alejan más allá de un área de dos kilómetros a la redonda, corren el riesgo de ser atacados por paramilitares albaneses. Cerca de Gorazdevac pasa el río Bistrica. En sus orillas, un adolescente y un niño del pueblo fueron asesinados la semana pasada, cuando un francotirador albanés abrió fuego sobre un grupo de muchachos serbios. Buscaban un poco de normalidad nadando en el río, pero la realidad de esa sociedad dividida no se toma vacaciones en este caluroso verano europeo.

A pesar de que la violencia no es nueva en esa localidad, la muerte de Pantelija Dakic y de Ivan Jovovic coloca un signo de interrogación acerca del futuro del ya largo proceso de paz. No debe olvidarse que Gorazdevac es una de las experiencias piloto establecidas por la comunidad internacional para garantizar un Kosovo multiétnico. Antes de la guerra había allí 2500 serbios, luego de los ataques de la OTAN sólo quedaron 700, y ahora, bajo la protección de las fuerzas internacionales, se había logrado que regresaran otros tantos desplazados.El gobierno de Serbia y Montenegro, que reclama mantener el estatus que tenía Kosovo en los tiempos de la Yugoslavia comunista de Tito y que nunca fue derogado (una provincia autónoma pero perteneciente a Serbia), llevó el caso del francotirador de Gorazdevac al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Allí reclamó que la guerrilla albanesa sea tratada como organización terrorista y que se investiguen sus lazos con los Cuerpos de Protección de Prishtina, formados por albanokosovares bajo supervisión de la comunidad internacional.

El incidente en el que perdieron la vida los dos muchachos serbios, se suma a una semana en la que también fueron atacados varios pobladores albaneses en la ciudad dividida de Mitrovica, lo que hace temer que se ingrese en otra de las cíclicas espirales de venganza que suelen asolar a la conflctiva provincia balcánica, actualmente bajo administración de Naciones Unidas.Para los más ancianos, este enfrentamiento étnico trae al recuerdo los viejos fantasmas del nazismo. Durante la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de Kosovo pasó a integrar la Gran Albania creada bajo ocupación italiana. Entre abril de 1941 y octubre de 1944, milicianos albanokosovares colaboraron con las tropas de ocupación cometiendo terribles masacres contra los serbios.

Fue célebre por su crudeza la brigada SS Skanderberg (foto), formada en su totalidad por albaneses. El agrónomo italiano Giovanni Lorenzoni escribió en 1941: “desde el mes de abril hasta el otoño los campos de Kosovo han sido sometidos a fuego y pillaje. Yo estaba allí: los incendios y los pillajes continuaron hasta mediados de octubre. No olvidaré nunca el pobre espectáculo que se ofreció a mis ojos el 18 de octubre cuando al bajar de las montañas del alto valle del Ibar vi una larga y lamentable columna de desplazados serbomontenegrinos”. Por otro lado, los nacionalistas serbios, los chetniks, eran quienes llevaban el mayor peso de la resistencia contra los ocupantes, en especial para evitar que los albaneses consolidaran su proyecto de la Gran Albania. Los partisanos antifascistas liderados por Tito, intentaron resolver esta situación políticamente, y nombraron en 1942 un Comando Supremo para Kosovo en el seno del Ejército de Liberación Nacional partisano. Terminada la guerra se produjeron, a su vez, sangrientos ajustes de cuentas en contra de los albanokosovares, pero la mayoría de los serbios que habían huído de Kosovo se quedaron en otras partes de Serbia. Así los serbios se vieron reducidos apenas al diez por ciento de la población en una tierra que consideraban el núcleo espiritual de su nación, por el recuerdo de viejas batallas medievales y por la existencia de varios monasterios de gran importancia para la religión ortodoxa.

Tito intentó contemplar esa doble realidad otorgando autonomía a los albanokosovares pero dejando esa provincia dentro de la jurisdicción de la República de Serbia. La constitución titista de 1974 otorgó a los kosovares su propio banco central, su policía, un sistema judicial y educativo autónomo, una Asamblea Provincial con representación en el Parlamento Serbio, y su propio partido comunista. Pero no les dio el carácter de república constitutiva de la Federación. Ya en 1978, Tito estaba convencido del fracaso de esta fórmula. El tiempo parece haberle dado razón a su pesimismo.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 21 de Agosto en 2003).

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