27 febrero 2006

Filipinas: daños colaterales

Una adolescente apunta su AK 47 directo a la cámara. Cintas rojas y amarillas adornan el arma. Ella viste sobriamente de azul pizarra y lleva una cantimplora al cinto. La imagen de la miliciana abre una serie de fotos sobre uno de los campamentos del brazo armado del Partido Comunista Filipino (PRWC), el Nuevo Ejército del Pueblo.

La galería de imágenes la completan varios grupos de rebeldes ensayando desplazamientos militares en la selva, reuniones de discusión política, escenas de cocina, un médico revisando a un niño, una peña con guitarra. Escenas que parecen tomadas de la Centroamérica de los años setenta, pero que reflejan un conflicto que si bien ya lleva 36 años de duración, se sigue desarrollando en nuestros días. Durante la semana pasada se produjeron varios enfrentamientos entre el ejército filipino y la guerrilla comunista, desmintiendo la inminencia de un anunciado acuerdo de paz.

Si se da crédito al informe del Comité Central del PRWC fechado el 29 de marzo de este año, los insurgentes dispondrían de 130 frentes guerrilleros distribuidos en 800 municipios de 70 provincias. Con ese contingente se piensa sostener una guerra “contra el imperialismo de Estados Unidos y el régimen títere de Arroyo”. Según Luis Jalandon, principal negociador del Nuevo Ejército del Pueblo en varias de las más recientes conversaciones de paz, Estados Unidos estaría utilizando la excusa de la guerra contra el terrorismo para recuperar sus bases militares en ese país, que fueron suprimidas por parte del Senado filipino en 1991. Jalandon asegura que Abu Sayyaf, el supuesto brazo de Al-Qaeda en esa parte de Asia, es “un grupo pequeño de bandidos que sólo tiene entre 60 y 80 miembros, creado por la CIA y sus aliados dentro del ejército Filipino en 1991 para desestabilizar el Frente Moro para la Liberación Nacional”.

El intento de vincular al Frente Moro con la organización de Bin Laden comenzó a fracasar en agosto del año pasado, cuando las autoridades, ante la falta de pruebas, retiraron los cargos contra dirigentes del Frente Moro acusados de participar en atentados con explosivos en la ciudad de Davao.Tanto el Nuevo Ejército del Pueblo como el Frente Moro, figuran en los informes de Amnistía Internacional como víctimas y a la vez victimarios. El organismos defensor de los derechos humanos señala que la guerrilla comunista ha recurrido a homicidios ilegítimos y toma de rehenes, a la vez que el grupo musulmán ha utilizado a civiles como escudos humanos. Miembros de ambas insurgencias, en especial del Nuevo Ejército del Pueblo, han sufrido detenciones arbitrarias, “desapariciones”, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Salvo alguna mención aislada de algún enfrentamiento particularmente numeroso en víctimas, esa guerra sucia, cuyos episodios más recientes parecen haberse alimentado por la sombra de la guerra contra el terrorismo, seguirá siendo demasiado periférica como para ocupar la agenda informativa que da cuenta del estado del mundo. RLB

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha )

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